The Drip, Michael Gullo · Español

The Drip by Michael Gullo, in Español. The whole translation on one page.

English

Capítulo 1 – jueves, 2 de noviembre de 2023

“No puedo.”

“¿No puedes qué?”

“Michael, simplemente no voy a hacerlo. No voy a pasar de vivir en una obra a vivir en la siguiente. No lo voy a hacer.”

“Stef, No tenemos el dinero para tu visión, mudarnos a Sevierville, poner tu cepillo de dientes En el vaso e ir a O.P. Jenkins por el sillón.”

“No es ninguna visión, Michael. Este no es mi hogar. Cometimos un error al venir aquí, y quiero volver a casa.”

“Lo sé, pero no es tan fácil --- Ya llegaremos. Te lo prometo.”

“Llevamos diez años aquí, y tú llevas prometiendo que nos regresaríamos casi todo ese tiempo.”

“Es el dinero, Stef.”

“Michael, no es eso, y lo sabes. Te tomó un año excavar y terminar unos cimientos que ya llevan otro año terminados. Dos años y yo viviendo con unos cimientos afuera de la ventana del comedor. Estoy pensando en pintarle una H roja enorme a esa cosa y decirle a todo el mundo que es el helipuerto.”

“¡Ah, chingao, sí! Tú consigue las brochas, yo me lanzo a Sherwin Williams.”

“Michael.”

“Ya sé, mi amor. Pero yo no me quedo quieto. Patrick para encontrarnos terreno barato, y el señor dice que podemos ir a verlo, y el precio es bueno, pero no tenemos el dinero para construir una casa completa nueva y terminar esta también. Todo está metido en esta de aquí.”

“Y ese es el punto. Te has gastado cada centavo que teníamos en los últimos diez años atornillándole cosas a esta casa, y ahora costó más de lo que jamás nos van a dar por ella.”

“No se podía vender.”

“¿Qué mercado es ese?”

“El mercado inmobiliario. Estuvo estancada 430 días antes de que la compráramos – porque nadie busca una casa de tres recámaras y cuatro pisos. Pagamos casi la mitad del precio porque No se podía vender.”

“Excepto a ti.”

“¿No te acuerdas de las primeras visitas, esos primeros meses? ¿James, Karen, todos con miedo de bajar en carro al lago por temor a quedarse atascados?”

“Está bien, arregla la fosa séptica. Echa un camino de entrada - ¿pero de quién fue la idea de remodelar tres recámaras para hacerlas seis? ¿De quién fue la idea de arrancar la cocina y poner un santuario toscano de chef? ¿Y por el amor de Dios, qué te poseyó para desconectar todo eso de la red?”

“Otra vez lo de los paneles solares no. Mira, compramos este lugar soñando con toda la familia en el muelle, motos acuáticas, flotadores, carnes asadas, y la verdad es que está demasiado lejos para todo eso.”

“Está bien, entonces la vendemos.”

“De ahí la obra.”

“No, Michael. La obra son ocho años.”

“Siete.”

“Y medio.”

“No todo fue idea mía. La economía de Hardin Valley cambió. Pusieron la escuela y las miles de casas, y este lugar pasó de ser un campamento en el lago a una finca multigeneracional de once acres con seis recámaras.”

“Pero no lo es. Tiene seis recámaras, sí, pero las camas están viejas, la decoración no combina, y 1990 quiere que le devuelvan su azulejo del baño.”

“¿Acabas de agregarle algo a mi lista de remodelaciones?”

“No, Michael. No puedo vivir así. Seis recámaras, Michael. Seis. Ni siquiera las decoramos. Cachivaches viejos en cada rincón. Y el sillón; sí, quiero un sillón nuevo. O sea, arañazos de gato y patas de perro. Los cojines están percudidos. Tiene el polvo de tablaroca de noventa y seis proyectos encima. Ya no lo aguanto.”

“Espera, ¿todavía voy por la pintura?”

“Y el sótano. ¿Quién demonios literalmente cava un hoyo junto a la casa con un tractorcito de jardín – un tractorcito de jardín, Michael? ¿Quién cava un hoyo junto a los cimientos, excavando cada pulgada a lo largo de toda la casa, zapatas y todo, y luego le corta un hueco con sierra al muro de concreto de los cimientos para poner una puerta nomás porque el condado no contaba esa recámara sin una segunda salida?”

“Pero ya había ampliado la fosa séptica para seis recámaras. Tenía que hacerse, es lo único que digo.”

“Sí, ve por la pintura. La puedo usar para el contorno de gis del cadáver.”

“Está bien, entonces ponemos este lugar en venta.”

“Y luego se vende, ¿y dónde vivimos?”

“Supongo que podríamos rentar un departamento unos meses.”

“¿Unos me --- estás hablando en serio?”

“Stef, estás muy alterada.”

“¿Alterada? Compraste cuatro carros el último año, y diste cada uno a cuenta porque no eran exactamente lo que querías,”

“Pelea limpio.”

“Estoy peleando limpio – por mí. Compraste cuatro carros en un año. El Audi era demasiado chico. Luego la Rivian demasiado incómoda, y de vuelta a un Audi pero distinto, y ahora ni siquiera puedo atravesar la cochera hasta mi propio carro porque tu Hummer de pendejo presumido está literalmente pegada contra la pared para que puedas cerrar la cochera.”

“Ándale. Eso no es justo. Tengo que tener un eléctrico. Tenemos energía solar. La gasolina sale gratis.”

“¡Eres imposible! Eres Wabi-Sabi con acento de Brooklyn, y a veces nomás hay que sacar las chingaderas adelante.”

Capítulo 2 – sábado, 4 de noviembre de 2023

Primera semana de noviembre, 2023. Dripping Springs Road Seymour, Tennessee. Una GMC Hummer EV 2024 verde mate, Three-X avanzando muy despacio frente a las casas rodantes y las casonas de ladrillo de un solo piso, estilo rancho, de principios de los setenta, que empezaron con una familia joven hace todos esos años, pero que ahora habitaban los bisabuelos ya viejos de la clase media alta de Knoxville. Frente a los pequeños ranchos familiares privados de ganado Black Angus. Pasa deslizándose junto al deshuesadero del Viejo Teague con sus camionetas oxidadas y su maquinaria de construcción. Hasta hay un autobús escolar sobre bloques y una o dos casas rodantes madreadas en peor estado todavía que el pinche chiquero desvencijado, alguna vez color guinda y ahora deslavado por el sol, desde el cual Lonnie está sentado mirando al ridículo armatoste raspar por la carretera. La maldita cosa sonaba como un avispero zumbando hasta meterse en sus pesadillas. El conductor invisible tras el polarizado oscuro, pero Lonnie lo puede ver. Lonnie conoce al tipo. Lo ha estado esperando desde que pusieron el letrero.

Hace ni dos semanas los había visto cavar los hoyos para los postes del letrero enorme, del tamaño de una hoja de triplay, impreso comercialmente, Acreage for sale – Dwight Price. Otro tipo de la ciudad que se cree muy chingón. Acres, decía el letrero. Acres quería decir una sola cosa. Acres quería decir fraccionamientos y gente y tráfico y ruido y fuereños con su dinero y sus hijos y sus cambios. La mente de Lonnie vio a este hombre en la nave espacial mientras le pasaba de largo. Podía ver su reloj de oro descansando sobre el volante. Podía ver su camisa planchada. Podía ver sus estúpidos zapatos de suela lisa y brillosa. Lo podía ver. Otro pez gordo rodando por los tranquilos caminos rurales de América echándole el ojo a los cerros y las cañadas, planeando cómo cortar todos esos árboles latosos de todos esos bosques y nomás retacar tantas casas como le alcancen sus dólares. Lonnie lo vio, cómo no.

El problema es que algunos de esos octogenarios se habían ido antes de cumplir los ochenta a esa recompensa por la que rezaron todos esos años de domingos en Dupont Baptist. Y ahora sus hijos de la alta, con los que Lonnie había ido a la escuela, ellos tenían algo mejor, y no les servían para nada los quince acres de su mamacita aquí en el monte cuando ella se murió. Pero Lonnie no se había largado. Se había quedado. Tenía a su propio muchacho aquí, por muy inútil que sea. Y su muchacho también tenía una bebé aquí, una niñita preciosa de nueve meses que es la luz de toda la vida de Lonnie. De la mañana a la medianoche esa bebé es lo único que brilla en todos sus días. Lo único con lo que sueña es con caminar estos cerros y cañadas con ella, cazando, pescando, dándole de comer a la familia como él siempre lo había hecho. Como Cody debió haberlo hecho con él.

Pero aquí viene Dwight Price con todas sus ideotas. Tiene que ponerse un letrerote que dice, Acreage For Sale. No dice, granja ni casa ni rancho, dice acres. Y eso quiere decir una sola cosa. Seguro como la mierda aquí vienen los fraccionamientos. Sí, con los años las matriarcas y los patriarcas se fueron muriendo , y les dejaron su pedacito a los hijos, y los hijos se mudaron o se lo vendieron a familias que encajaban. Y de vez en cuando un tráiler nuevecito de carga ancha subía por el valle y gente nueva se metía en una casa rodante buena y limpia. Una o dos veces, sobre todo por allá abajo rumbo a Ellijoy, construyeron una casa nueva en el terreno, pero nada fuera de tono con el resto de nosotros. Pero esa pinche cosa no va de tono con nada por aquí. Y el tipo de adentro no va a poner ninguna Clayton Homes Double Wide, tampoco.

Perdido en sus pensamientos, había dejado pasar a la Hummer. Y aunque todavía oía esas llantas estúpidas, se subió a la troca que le había prestado Jed después de que por fin le quitaron la licencia el año pasado por su tercer DUI, con la esperanza de alcanzar a la maldita cosa en el Exxon del Wye. Pa’llá va. Se va a parar en el Wye. Se va a sentar ahí con su teléfono y le va a hablar al viejo Dwight, tranquilo, sin dejar ver que quiere comprar toda la calle. Y Dwight también le va a seguir el juego, porque sabe que este tipo acaba de terminar allá abajo en Hardin Valley, y necesita terreno pa’ levantar la siguiente pa’ que no se seque la llave del dinero.

Arrancó luego luego también. Sí, echa un humito delgado y le traquetea esa válvula, pero esto es una troca. Hace un ruido de verdad. No es ese pinche zumbido estúpido, tampoco. ¿Puedes creer que lo hicieron a propósito? Su mente se le volvió a desbocar. Ahí estaban, un par de esos burócratas meones del dinero y sus perritos falderos corporativos lambiscones sentados comiendo a costillas del contribuyente, inventándole problemas a cada solución. “¿Y si algún ciego quiere cruzar la calle?” pregunta el del gobierno. “No le entiendo,” contesta el enfermo. “¿Y si no oye el motor?” Y ahí estaba, el nacimiento de la estupidez. Hacen que esas cosas zumben y ronroneen y piten y toda clase de ruidos de pendejos nomás pa’ que algún menso de la ciudad no lo atropellen porque no tiene sentido común pa’ quedarse en la banqueta hasta que vea pa’ los dos lados.

“¡Ay, Mierda!” Ladró al agarrar esa curva demasiado rápido. Casi se estampa de lleno en la parte de atrás de esa pinche Hummer de mierda justo ahí en el punto ciego que sube a ese bosque espeso que esconde el hoyo de pesca de Lonnie. Justo en la casa del abusador de niños. Ahí hay una historia. No mames, este tipo, es un delincuente sexual registrado. Igualito que todos esos que nomás tenían que largarse del pueblito de América. Tienen que largarse de este lugar viejo y aburrido y conectarse a la vida de la ciudad, este se perdió en el camino. Y este tipo no nomás se perdió en el camino. Este vato encontró una puerta abierta entre la realidad y y un mundo de fantasía para el que los demás no tenemos imaginación. Le agarró el gusto a los niños. Quién sabe – a lo mejor se topó con una de esas páginas porno, y le gustó lo que vio. O a lo mejor el tío Harry no podía tener las manos quietas, y el chamaco lo heredó de a buenas. Como sea le agarró el gusto, y va y lo prueba él también, pero es una trampa, y lo agarraron tratando de ponerle las manos encima a un niño. 2008 fue eso. Y aquí estamos, el final del ‘23, y no nomás ya anda suelto en la calle estos últimos diez años. Es terrateniente. La historia no acaba ahí, tampoco. Es cómo llegó a ser dueño del terreno lo que le llena esa tercera dimensión.

2022, ya lleva un rato afuera. Trabaja pa’ su papá. Vive con su Mamá. Esos dos divorciados. Y no me lo vas a creer, este tipo tiene esposa. No tengo idea cómo consigue esposa con unos antecedentes así, tan públicos como son. No hay escasez de páginas web y sitios de alerta y pantallas de computadora con esos puntitos rojos por todo el mapa que enseñan dónde viven estos abusadores. Tienen que registrarse con el estado, el condado, la ciudad. Tienen que ver a un agente cada cierto tiempo y probar que no andan metiéndose con niños. Cómo diablos una buena mujer conoce a un hombre así, con antecedentes como un espectacular de neón de advertencia, ¡aléjate! Y se enamora. Y no nomás enamorada. Tienen una bebé. Y tienen dos de esos perros Rottweiler también. Aquí es donde la historia se pone interesante, y cómo llegó a ser dueño de ese terreno. Como dije, Mamá lo compró. Él vive con Mamá. Una gran familia feliz. El toquetea-niños, mamá, la esposa inmigrante, la niñita bebé, y esos dos perros. Pues, un día, está mamá cuidando a la bebé en la sillita mecedora, y esos perros la atacan y le arrancan la garganta, y se muere. Y sabemos todo esto porque así fue como los encontró la policía. La bebé gordita y feliz en la sillita rodante y esos dos perros, con el hocico cubierto de sangre. Y es una historia real también. Él leyó todo al respecto en todos los archivos en línea el año pasado cuando vio ese Mitsubishi rojo en la entrada y buscó en el registro de impuestos. Encontró que la propiedad acababa de cambiar de manos.

Pues esa Hummer se estaba metiendo justo a esa misma entrada del toqueteador cuando por poco estaciona su troca en el asiento de atrás. Pero no Lonnie. Nel, Lonnie es un chingón pa’ manejar. Apenas tuvo que pisar el freno y darle un toquecito al volante a la izquierda. Apenas si se subió a la doble línea amarilla – suavecito como hielo. Ese cabrón seguro ni vio que casi pasa – a lo mejor iba en su teléfono o contando dinero o alguna pendejada. Lonnie siguió manejando como si nada. Dio la vuelta en el Community Center y volvió a pasar despacito. ¿Qué andaba haciendo este tipo aquí abajo? Vino a comprar acres, y aquí va subiendo el cerro a invadir el lugar de pesca de toda la vida de Lonnie.

Capítulo 3 – sábado, 4 de noviembre de 2023

“Hey, Michael. ¿Qué onda?”

“Hey Phil. ¿Stef está ocupada o qué?”

“Aquí estoy. Estás en la bocina del carro.”

“Entonces, nada de groserías, entendido.”

“¿Dónde andas?”

“El GPS dice que estoy a un minuto.”

“¿Cómo es?”

“Ya estamos muy lejos de la red de carga, Toto. Pero el teléfono jala bien.”

“¿Cómo es la calle?”

“Es, este… Un tractor viejo oxidado que ha estado a media parcela desde que la granja quedó en barbecho. Es un panteón familiar cercado adentro de un potrero de vacas.”

“¿Nos podemos saltar la versión poética?”

“Nel. Es una reja de Hierro oxidada hasta parecer encaje. La parte que voy pasando ahorita es un deshuesadero de los dos lados del camino, que obviamente corta justo por en medio de su propiedad. Pero la chatarra, está como pegada a la orilla del camino, como a un pie o dos para atrás. Es casi como una línea de gis, de un lado una insignia del cofre de una troca de mil novecientos-quién-sabe dice, White y luego abajo Super Power – no te miento.”

“¿De qué estás hablando?”

“Es una compañía vieja de trocas – el punto es que las ruedas y todo lo demás, están como en esta línea perfecta imaginaria a todo lo largo del frente de los dos lados. Hay una veleta y el infaltable buzón abollado a batazos, un congelador horizontal. Hay el cascarón de una caseta telefónica sin la mitad del vidrio, y el directorio está ahí adentro colgando de la cadena.”

“¿O sea, toda la calle?”

“No, Nomás esta parte. O sea este tipo tiene una lancha de pesca en la línea – bocarriba, llena de agua de lluvia y lirios. Hay una chimenea de piedra…”

“No entiendo. ¿Así es todo el camino?”

“A eso iba. No, entonces entré por atrás como dijimos, o sea por el Condado de Blount y todo eso…”

“¿Cómo estuvo la Pellissippi?”

“Te voy a decir una cosa, este Super Cruise está bien chido. Lo prendí, y nomás dejé que el carro manejara…”

“Me refiero al tráfico.”

“Ya sé a qué te referías. Había tráfico, pero prendí el Super Cruise, y estaba viendo para todos lados y veo las caras de todos los conductores mientras le echaban una primera mirada a esta cosa en su hábitat natural.”

“Sí, te gusta tu carro. ¿Pero qué tal el vecindario?”

“Pues, hay mucho Tyvek deslavado y trabajo sin terminar.”

“Ah, entonces es como nuestra casa.”

“¡Auch!”

“Cállate, Phil.”

“No tenemos nada de Tyvek, mi amor. Es como cualquier vecindario pobre de generaciones muy lejos del camino principal. Porches a medio empezar con ese aire de lo-hice-a-mi-manera, patios llenos de hierba – no hierba en el pasto. Es como si alguna vez echaran herbicida, todo el terreno se vería como este de aquí donde el perro está amarrado a una estaca y nomás queda lodo. Pero también hay orgullo de ser dueño – espolvoreado por ahí.”

“O sea igualito que en casa.”

Suspiro. “Debiste haber venido.”

“No podía. Tenemos a esta señora agarrada, y este era el único día que podíamos conseguir que firmaran la orden.”

“Ya sé, pero debiste haber venido, es lo único que digo.”

“¿Cuánto te tardaste?”

“Pude haber venido una hora después, y lo verías en persona.”

“…En el carro… En altavoz.”

“¿Esto es un pleito doméstico?”

“Cállate, Phil.”

“Me tardé una hora más o menos.”

“Debiste haber venido.”

“Debiste haber esperado hasta mañana.”

“Ni loco. ¿Y si este tipo cambia de opinión?”

“Si…”

“No importa. Ya estoy aquí.”

“¿Cómo es?”

“Igualito que en el Street View. Es un camino de terracería, bien enmontado. Hay un letrerito de hierro de Posted salpicado de óxido. Hay un terreno de vecinos de generaciones al lado. Dos casas rodantes, una nueva más para atrás del camino, bien cuidada con un porche con mosquitero. Hay una estaca de lindero con un listón rosa bien deslavado, el nudo pudriéndose al sol. Ya me bajé.”

“Okey, háblame cuando te vayas.”

“Hace mucho que nadie sube en carro hasta acá. La reja se acaba de caer cuando la estaba abriendo.”

“¿Hay reja?”

“No como nuestra reja. Definitivamente no hay un sistema de interfón que llegue hasta la casa. Era como una puerta de ganado o algo así – la cadena y el candado oxidados hasta quedar trabados. El poste nomás se cayó cuando traté de abrirla.”

“Voy a empezar a empacar.”

“¿Eh?”

“Lo rompes, lo compras. Ahora no queda otra más que mudarnos.”

“¿Mudarnos a qué? Estoy tratando de subir por la entrada, pero sube una loma hasta una vuelta a la derecha, y está todo lodo y una caída empinada de quince pies a un arroyito murmurando.”

“¡¿¿Hay un Arroyo??!”

“No te emociones mucho. Esta es la parte de la servidumbre de paso, y el camino – si se le puede llamar así – está bien deslavado. Ni esta cosa puede pasar eso.”

“¿Entonces, qué quiere decir eso?”

“Quiere decir que tengo que salir en reversa y estacionarme a un lado del camino pa’ poder subir caminando.”

“¿Entonces no nos echamos para atrás?”

“No, mi amor, no nos echamos para atrás, todavía lo vamos a comprar, pero la servidumbre necesita mucho trabajo. Si no tuviera cámara de reversa aquí, ya me habría ido barranca abajo por…. ¡Jesús!...”

“¿Por Jesús?”

“Hay una curva en el camino justo antes de la entrada, ¡y este vato casi estaciona una troca, se veía como recién salida de ese deshuesadero, justito en mi asiento de atrás! Pisó el freno a fondo, jaló el volante. Lo estaba viendo en la cámara. Dejó una libra de llanta en el camino, y casi se lleva el buzón del otro lado de la calle. Esa es otra cosa que noté. Todos los buzones están de un solo lado de la calle. Vamos a tener que cruzar el camino para recoger nuestra propaganda.”

“Esa es la parte rural de la ruta de correo rural. Vecinos ayudando a vecinos – decoran su frente con buzones.”

“Hey.”

“Hey.”

“Eso fue rápido. Ya no te puedes echar para atrás. Le rompiste la reja al señor.”

“Sí, lo rompes, lo compras. Lo entendí a la primera.”

“¿Alcanzaste a verlo todo?”

“No, llegué hasta esta bifurcación en la servidumbre, y el camino de la izquierda no se veía bien así que me fui a la derecha, al bosque.”

“¿Nomás te metiste así al bosque al azar?”

“No, había una bifurcación en la servidumbre. Lado izquierdo, zarzal, lado derecho bosque.”

“El bosque está bien.”

“Pero no lo está porque creo que me fui por el lado equivocado, y caminé como cuarenta y cinco minutos. Luego me tuve que regresar. Y el lado correcto, que es el lado izquierdo, no se ve correcto.”

“¿Qué tiene de malo?”

“Pues, no puedo pasar por ahí para empezar. Está todo lleno de zarzas de Zarzamora, y es loma arriba derecho. No puedo ver dónde estaría el estanque.”

“¡Me encantan las zarzamoras!”

“A todos, y también a los osos, que de hecho sí hacen sus necesidades en el bosque.”

“¿Viste alguno?”

“Caca, sí. Osos no. Pero hay un montón aquí arriba, eso te lo aseguro.”

“Bienvenido a los Smokies.”

Lo que de verdad quiero ver es el estanque, pero hoy no puedo pasar. Ya es tarde por mi caminata de hora y media.”

“Dijiste cuarenta y cinco minutos.”

“Cuarenta y cinco de ida, y luego de vuelta, luego las zarzas. Ya voy saliendo por la servidumbre.”

“Suena como que vas caminando.”

“Ya va a estar oscuro cuando llegue a la casa.”

“Suena como una caminata pesada.”

“No está tan mal. Está enmontado. Mucho agacharse y escurrirse entre las ramas.”

“¿Seguro que es eso? Suena a algo más.”

“No empieces. Sí, estoy fumando, y no, no me lastimé el pulmón.”

“No es para tomárselo a juego. Si esa bula se revienta mientras andas allá arriba en el bosque como un tonto tú solito…”

“Stef. Estoy bien.”

“Y de paso andas fumando.”

“Entonces cuando entras a la entrada, el vecino está justo ahí. O sea como tres pies separan las entradas.”

“Qué cambio de tema tan suavecito. Suena como que te está costando.”

“Las entradas están cerca, pero hay esta barranca entre las propiedades; una pendiente bastante empinada en una parte.”

“¿Le hablamos a Brittany mañana nomás para que te escuche?”

“Stefanie, estoy bien.”

“No suenas bien.”

“Tú vente para acá mañana, ayuda a encontrar ese estanque, y entre los piquetes de bichos y el zarzal, y este pinche juego de Twister de ramas atravesadas en el camino, si no terminas sin aire, le hablo a Brittany para una visita en el lugar aquí mismo en el camino de lodo, y me levanto la camisa, y ella me puede decir que tengo la respiración agitada y el corazón acelerado por el ejercicio, y me dejas en paz para que te pueda contar de este letrero de Se venden zarzamoras.”

“¿De qué demonios estás hablando?”

“Hay este letrero de triplay. Es como media hoja de triplay. Está viejo, como curtido…”

“No te oigo.”

“Está viejo y gris oscuro. Está recargado contra la segunda casa…”

“No te oigo.”

“No puedo hablar fuerte. Estoy justo en la parte apretada de las propiedades, y no quiero molestar a nadie. Definitivamente no están acostumbrados a que haya nadie por acá, y un tipo con mi voz.”

“Sí, van a salir a tiros.”

“Qué chistosa. Tengo dos voces. Fuerte y todos me oyen.”

“Fuerte como el demonio, y más bien mascullando.”

“¿Cómo te fue con el juez?”

“Phil y yo fuimos hasta el Condado de Jefferson, y salimos de ahí en cinco minutos. Jura usted que todo esto es verdad a la…. Bla bla bla. Conseguimos nuestra orden, y vamos a recoger a esta señora a primera hora el lunes.”

“Estás bien enferma.”

“Es una criminal. No me siento mal.”

“Y no deberías sentirte mal, pero te prende.”

“Nos pasamos un año entero cada vez en estos casos, y trabajamos día tras día armando el caso…”

“Tengo una llanta ponchada.”

“¿Cómo que tienes una llanta ponchada?”

“Me subí a la troca y el monito en la pantalla dice que tengo 3 llantas en los 60 y una en 29. Ponchada.”

“¿Está ponchada?”

“No sé. Necesitaba descansar. El monito dice que está ponchada. Moví los espejos, y se ven bien. Pero la llanta trasera del lado del pasajero está marcando veintinueve libras.”

“Pues ve a revisar.”

“Ya voy. Y definitivamente está baja. Parece que le pasé por encima a algo, como un pedazo de metal o algo así, pero está en el costado justo arriba del dibujo de la llanta. Está saliendo como un fierro de cárcel que lo metieron hasta el fondo y lo retorcieron un montón de veces hasta que se rompió… Tiene como esta forma de sacacorchos, pero es metal plano – era metal plano.”

“Eso es ridículo, ¿quién te iba a picar la llanta?”

“Ni idea, pero aquí no la puedo cambiar. Estoy estacionado medio metido en la cuneta y la hierba gruesa justo en la curva. Alguien ya pasó por ahí como si fueran carreritas de autopista, y se está yendo la luz.”

“Está esa gasolinera en el Wye. ¿Puedes llegar hasta allá?”

“No sé qué tan lejos está. Entré por atrás, acuérdate.”

“Pues, no está lejos.”

“Me voy a ir despacito a ver si llego. Casi todo es de bajada de todos modos. Déjame colgar y concentrarme.”

“Háblame cuando llegues.”

“La de refacción es fácil de encontrar, pero no tengo idea de dónde está el gato.”

“Ya no estás en Knoxville, ahora es el Condado de Sevier. Siempre puedes convencer a alguien de que te preste uno.”

“Esta cosa pesa diez mil libras. No estoy seguro de que mucha gente tenga el gato que se necesita para levantar esto – ¿y si le pido al tipo que me picó para empezar?”

“Nadie te picó la llanta. Te pasas la mitad del tiempo manejando fuera del acotamiento con esa cosa. Seguro agarraste un clavo.”

“Esto no es ningún clavo. Déjame colgar para concentrarme.”

“Trata de mantenerla entre las líneas. Lástima que no agarraste la oferta de dos por uno cuando me compraste ese inflador de llantas para mi cumpleaños.”

“Hay este Community Center precioso por acá abajo, justo enfrente de una iglesia de las de antes como una capilla… Te va a encantar este lugar.”

“Háblame cuando llegues.”

“Ya quiero enseñarte esto mañana. Vengámonos por acá y comemos en Chapman.”

“Ok, ve a arreglar tu llanta.”

Capítulo 4 – sábado, 4 de noviembre de 2023

Camino arriba se alza una iglesia Bautista. Al otro lado del camino, bajo las ramas entrelazadas de los árboles centenarios se alza el Community Center. La iglesia nació aquí dentro. Así era con los rebaños pequeños en aquel entonces. Surgen como una congregación joven que se reúne en la escuela o en algún lugar a la mano, y crecen y juntan los fondos, y construyen una casa de iglesia. Estos dos edificios centenarios son parientes en cierto modo, uno nacido del otro, ninguno olvidando sus raíces. En medio de ellos, en el porche del frente, recargada en una escoba de paja Kear’s, Mernie Newell, con toda la pinta de haber brotado de la tierra junto con el porche en 1907. Vieja, curtida, sus manos habiendo gastado la laca de muchas escobas, ni un nombre en un mango, toda una industria ida con la época en que hacer una cosa era la manera en que vivía una región entera. Junto con ella, su juventud se había descarapelado como la pintura de las paredes de tablas, todavía con su propia clase de belleza, esa que existe en unidad complementaria con lo que la rodea, la belleza que no nace de la simetría sino de la igualdad de los pesos asentados sobre la tierra que a la vez los levantó y cargó el peso de sus vidas. Un poco encorvada, un doctor lo diagnosticaría, seguro, pero el término le haría poca justicia pues es una sola cosa la que mejor lo nombra. El tiempo cambia las cosas de una vida de lentos desgastes acumulados y los arreglos hechos para ellos a la intemporalidad de aprender las lecciones.

“¿Quién es ese, Emma?”

“¿Quién es qué, Mamaw?”

Emma, más joven. Le encanta su tiempo con Mernie, perpleja ante el edificio, haciendo cuentas en su mente del catálogo de gente a la que podría pedirle que se ofreciera de voluntaria para raspar y pintar las tablas del Community Center igual que lo había hecho con la iglesia el año pasado. Están Connie y Rose, y hasta el viejo Joad pagó la pintura. Se pregunta si podrá encontrar a alguien que cambie estas puertas del frente. Aparta la vista de la puerta de acero pintada con primer que había estado pensando que estaba tan fuera de lugar.

“Esa es la troca de Jed, pero no es él el que la maneja.”

“Ese es Lonnie. Jed se la emprestó cuando le quitaron la licencia.”

“Lonnie está bien. Pero no me cae bien ese muchacho suyo – tiene la mala maña de encontrarse las cosas de otra gente antes de que siquiera sepan que les faltan”

“ Yo creo que nomás se está dando la vuelta.”

“Mientras no sea ese muchacho.”

Son dos puertas distintas, no de épocas distintas; las dos son blancas. Las dos son de acero, sin ventana. Pero una vino con el marco, y la otra claramente la colgaron de las bisagras que ya estaban puestas. No eran las mismas puertas, y curiosamente ni siquiera estaban en el mismo hueco como debería estar una puerta doble. Son dos puertas completamente distintas en dos huecos completamente distintos, lado a lado como si siempre hubieran estado así, dos pies de tablas entre ellas. Y aun así dan al mismo cuarto abierto en el mismo lugar. El esfuerzo que costó insiste en otra época. Son del mismo color, pero no del mismo grado de deslave por el sol. Y tienen el mismo uso, pero una presencia distinta. Hay una razón. Siempre hay una razón. ¿Las colgaron el mismo día? ¿Quién hizo el trabajo? Más que nada, ¿quién organizó el trabajo? Ese es el verdadero culpable aquí. Si ella hubiera estado aquí ese día, serían distintas. Para empezar combinarían. Y de ninguna manera serían de acero como el baño exterior de alguna gasolinera. No pertenecen aquí. A lo mejor podría conseguir que alguien donara unas puertas como debe ser.

Y así se fue el día, Mernie barriendo por todos lados, Emma preocupándose por el trabajo que hace falta. Mernie barriendo adentro, Emma palomeando los servicios que hay que conseguir donados. Las sombras de las ramas se movían por el estacionamiento, una vez apuntando para acá y luego apuntando para allá. Los vecinos pasaban en carro por enfrente para un lado y para el otro, y algún venado o guajolote raro se alertaba o llamaba desde el monte de atrás. Los pájaros piaban en las copas de arriba, y un Oso Negro se escabulló por el patio de un lado sin que nadie lo notara. Así había sido por generaciones. Desde allá en aquellos tiempos cuando enmarcaron esas dos puertas por primera vez. Y Emma tiene razón. Siempre hay una razón, y la razón de estas era sencilla. Los tiempos eran otros cuando este edificio brotó, hasta el nombre del pueblo era otro, No se convirtió en Seymour sino hasta 1909 cuando le cambiaron el nombre a la estación del ferrocarril en honor de Charles Seymour, Ingeniero en Jefe del Knoxville, Sevierville Eastern Railway. Antes de eso era, Newell’s Station y este Community Center era, Pickens School House, y esas puertas eran las puertas separadas de los niños y de las niñas, y Emma sí que tenía razón, se habría empecinado como el demonio en cambiar eso si hubiera estado aquí cuando se hizo el trabajo. Venían cambios. Siempre venían. Venían con el tiempo. Y las horas pasaron, igual que siempre habían pasado. El edificio construido para separar a los niños y las niñas en el umbral es ahora por donde pasa en fila toda la cañada para que la cuenten como una sola.

“¿Qué es eso?” llamó Mernie desde el porche donde le estaba dando una segunda pasada. De verdad quería hacer los escalones.

“¿Qué es qué?” Y entonces lo oyó. El sonido de ruedas pesadas de carreta rodando por el camino. Se volteó. “Es una troca, supongo.”

“¿Está descompuesta?”

“Quién sabe.”

“No oí el motor. Nomás apareció ahí, rodando despacito.”

“Sí suena como que está descompuesta, y se mueve como si la gravedad la fuera bajando por la loma.”

“Las ventanas son como espejos o algo así. No se ve quién maneja.”

Y entre dientes, apuesto que él sí podría comprar un par de puertas que combinen.

Capítulo 5 – domingo, 5 de noviembre de 2023

“Y ahí estaba, justito ahí. Como si hubiera salido de volada de por la casa del viejo Teague, se salió arrastrándose de esa caja de tráiler grandota. No oí nada hasta que oí esas llantas. Pero la seguí. Se metió en’la vereda del hoyo de pesca con esa cosa. Tumbó la cerca y se metió derechito como si fuera el dueño. “Cody, ¿me estás oyendo?”

“Sí, Pa, unos extraterrestres verdes grandotes salieron del tráiler de troca del viejo Teague.”

“¿Otra vez andas con la pipa, muchacho?” Pinche muchacho no escucha, de ninguna manera. No le importa la tradición ni la historia ni la cultura. Las raíces del muchacho son hondas como el cable de tierra de la cerca del ganado, y aquí está él, todo respondón.”

“Apá, está oscuro y es tarde, y tú aquí afuera gritando. Y no hay ningún cable de tierra en una cerca de ganado, Pa. Sí te estoy oyendo, nomás que no tienes nada de sentido.”

“¿Yo no tengo sentido?” Así es él, sentado aquí en mi casa, casa que yo pago…

“Tú no la pagas, Apá. No has pagado la renta en dos años desde que yo y Meghan nos vinimos a vivir. Ahora la pagamos nosotros.”

“Tú no pagas ni madres. La paga la mamá de ella porque la embarazaste.” Pinche chamaco siempre respondiendo. Consigue un día de trabajo, consigue mota, y ahora fuma y me contesta. “¿Por qué no te metes en tus asuntos?”

“Apá, tú eres el que llegas cojeando con una espina metida en’l culo.”

No se puede meter en sus asuntos. Eso es lo que está mal. No puede escuchar cuando yo’stoy tratando de decirle algo pero mejor me salgo y les digo a los árboles…

¡Órale, Y ahí están! nomás como lo dije desde arriba en la cañada en la mañana. “Cody, ¿no viste estos Pérsimos aquí afuera en la terraza? Los pisoteas todos con esas botas de suela lisa.” Pinche chamaco, se consiguió unas botas, tienen la bandera, y se cree muy ’Mericano. No hay ninguna bota con bandera que te haga ’Mericano. Son tus raíces las que deciden eso, y yo le di las raíces al muchacho, y él anda por ahí con sus pantalones de mezclilla mugrosos metidos en’esas botas pa’ que todo el mundo vea que tiene bandera. A lo mejor debería enseñar esa cuenta de cheques que tiene mejor, dejar el estado de cuenta ahí en el mostrador pa’ que todo el mundo tenga que ver que está sobregirado, y esas botas buenas pa’ nada se supone que costaron Noventa dólares allá en Tecova’s, pero acaban costando ciento cincuenta y cinco porque estaba sobregirado cuando las cargó, y encima se atrasa en pagar, así que le cobran treinta y cinco y treinta y cinco más. “Cody, ¿estás sordo?”

“No, no estoy sordo, pero tampoco te estoy haciendo caso. Lo único que haces estos días es hablar y hablar. Deberías meterte en tus asuntos en vez de andar hablando de que yo me meta en los míos.”

Siempre respondiendo. “Trato de contarle lo que encontré allá arriba en la cañada, y no escucha. “Tráeme un cuchillo pa’ partir uno de estos bebés aquí. ¿No quieres saber?”

“Apá ya partí uno cuando trajimos a la bebé del doctor. No se sabe si es cuchillo o tenedor o cuchara ni nada de esas pinches semillas. Es fruta. Tiene semilla. No se ve ningún cubierto adentro.”

“Dame ese cuchillo. Nomás no sabes escogerlos. A lo mejor agarraste uno de esos que llevan toda la semana tirados debajo de la banca. Yo también los vi, pero esos no son. Fue anoche la primera helada, y son todos estos oscuros de aquí que aplastaste hasta hacerlos jalea antes de que los echáramos en’el tazón los que dicen el tiempo. Llega la primera helada, y luego el calor del sol la tarde siguiente, y ahí están, todos caídos en’el suelo de un jalón. Esos agrios todavía no han visto la helada, esos, no enseñan nada.” Pinche bueno pa’ nada no puede entender por qué esos han estado debajo de la banca. Han estado ahí toda la semana. Si sirvieran pa’ algo los ratones ya habrían agarrado uno y lo habrían arrastrado pa’dentro de la casa por esa rendija de ahí que le dije que arreglara.

“¡Cody! ¿Te vuelves a salir pa’cá? Puedo ver la luz de la cocina por esta rendija en esta puerta de lo grande que está ya. Mira nomás, dice Phillips ahí mero en el foco. ¡Rendija tan grande que puedo leer el foco, Cody!” Y anoche la primera helada fuerte, y tiene una bebita en la casa, y en vez de comprar madera pa’ los marcos y molduras, “tú andas consiguiendo botas de Tecova’s que no puedes pagar.” Y tampoco es tenedor. La semilla es cuchara. “Sabes que eso quiere decir nieve, muchacho, y un hoyo en la casa que se puede leer un foco a través. Los zapatos lisos lo dicen todo. Igualito que allá arriba en esa cañada. El hombre tenía suelas lisas como te digo, Cody. “¿Me estás oyendo?” Igualito que ese traje de Hummer allá arriba, se consiguió un todoterreno grandote, malote y brilloso. Sabes que lo busqué en las interredes. Se supone que gruñe y ruge y se trepa a cualquier pendejada. Tiene ruedas atrás que dan vuelta y una placa protectora hecha de una aleación bien elegante por debajo. Pero no pudo pasar ese deslave ni subir hasta nuestro pinche hoyo de pesca.

“Cody, ¿me estás oyendo? Llevo toda la noche tratando de contarte lo que vi allá arriba en la mañana.

“Apá, no me importa lo que viste allá arriba. Dijiste que ese hombre vino de Knoxville a comprar el terreno que está en venta por el lado de Ellijoy. Se fue pal otro lado, a lo mejor nomás tenía ganas de mear. Además de todo eso, no puede llegar ni cerca de ese estanque con el viejo Wiggins cuidando esa cosecha de Zarzamora con tantas ganas. Cada Otoño se sube allá a tumbar todas esas zarzas, la Primavera siguiente, la cosecha es doble. Ya hasta no puedo subir pa’ pescar.”

“Pero bueno pa’ la cacería. Viene él, tumba todas esas zarzas, y yo me subo la loma tan campante. No hace falta retorcerse entre todos los arbolitos ahogados de Madreselva. Nomás pasas caminando por las zarzas tumbadas.”

“Sí, eso sí me gusta.”

“¿Por qué no puedes arreglar esta puerta?”

“Siempre tienes que empezar. Yo no soy carpintero. ¿Por qué no le dices a tu amiga Kerry King que arregle esa puerta?”

“Le he pagado renta aquí a la Señora King desde que tú no eras más grande que Layla ahí adentro, y fue ella la que nos dio de comer en la puerta de atrás de la iglesia todas esas veces también. Nos mantuvo la luz más veces de las que puedo contar.”

Este chamaco no tiene raíces. Cree que nomás porque la mamá de ella les paga la renta pa’ que vivan aquí y no tengan que vivir con ella en el fraccionamiento, ella tiene derecho a vivir en la mugre. Tiene derecho a decirle a la buena de Kerry King que se venga pa’cá con un martillo y unas tablas a arreglar esta puerta que dejó que se pudriera del marco pa’ empezar. Igualito que esas zarzas, el viejo Harry Wiggins de setenta y nueve años, y tiene un buen negocito con esas zarzamoras. Saca el letrero cada año, se sube la loma, junta las moras, saca las charolas de fruta que ha estado guardando todo el año, y vende moras tan rápido que no alcanza a juntar suficientes. Y aquí está este respondón hocicón que consigue un día de trabajo y va y se compra botas sobregirado, y habla mal de la gente que trabaja pa’ ganarse la vida.

“Cody, pon atención. Esta es la parte que importa. Prueba que no tenía ganas de mear. Salgo en la mañana antes de que salga el sol porque tengo que caminar, no me puedo estacionar ahí en la entrada. Tengo que caminar…”

“Sí, esa parte ya la dijiste, Apá.”

“Pinche chamaco, siempre respondiendo. Y tampoco quiero pasarle encima con la troca al letrero. Puedes saber mucho de un hombre si le agarras todos los cambios de peso en el paso. Y tengo razón también. Trae zapatos de suela lisa. ¿Me estás oyendo, Cody?”

“¿Oyendo? ¿Cómo no voy a oír? Jed te oye desde su tráiler en el patio de atrás. Tiene que subirle a la tele pa’ oír por encima de tus gritos. Te oyen por todo el valle. ¿Qué chingados te importa tanto la suela de sus zapatos?”

“Jed no molesta. Problema de Jed allá arriba en su loma, se pone muy creído. No le importa que esa tele despierte a Layla. Sabes mucho de un hombre por lo que trae en los pies. Este hombre no tiene dibujo en la suela. Viene subiendo en’el monte, y trae zapatos de suela lisa hechos pa’ alfombra de oficina no pa’ estos cerros. Están hechos pa’ lucir, no pa’ trabajar.”

“Tú tienes dibujo en tus zapatos, Apá, y no tienes trabajo.”

“Hijo de tu… ¡Te estás pasando! Sale la luz, y ahí estoy yo en el trabajo a primera hora de la mañana cuidando que este valle esté seguro, y ahí están esas huellas; una pesada y una un poco más ligera. Una señal segura de que cojea al caminar, y también se para mucho.”

“A lo mejor nomás estaba viendo alrededor. Primera vez ahí, primera vez que lo sintió.”

“Sí, supongo que eso suena. Me acuerdo de la primera vez que lo sentí.”

“Da escalofríos como el demonio esa primera vez.”

“La historia es así cuando está en esos lugares como está allá adentro. Pero eso no lo explica. Esto era diferente a pararse por el escalofrío. Esta parada es diferente. Se para porque se queda sin aire, sobre todo de regreso. Pero lo mejor, el viejo Wiggins va tarde pa’ limpiar las zarzas este año.”

“Tiene tiempo, todavía no se congela.”

“¡Te acabo de decir que anoche fue la primera helada!”

“Tiene tiempo. Ni cerca de una helada fuerte todavía.”

“El viejo Wiggins va tarde es el punto, y esas zarzas amenazan todavía más sin esas hojas. Espinas cafés, endurecidas. Nadie quiere caminar por ahí.”

“Entonces se da la vuelta y se baja caminando.”

“No, muchacho, déjame contarlo.”

“Ándale pues, sígale.”

“Chamaco hocicón. Por eso no sabe nada, interrumpe a cada paso del camino. Entonces, no puede ir a la izquierda, y se carga a la derecha por culpa de esas zarzas, y se va loma arriba en la bifurcación, y se cansa. Lo sé porque se sienta en ese Cedro que se cayó atravesado en el camino. Se sienta ahí y patea y columpia los pies más que un poquito, y se mete otra vez en’esos montes del otro lado de la vega todo pal lado equivocado de nuestro estanque.”

“¿Entonces toda tu preocupación y el hombre ni llegó al estanque? Tú eres el que se pasa.”

“Muchacho, debería. No, nunca llega al estanque, pero tampoco nomás estaba meando. Se regresa caminando todo el camino, y ni una señal de que se parara a mear en un árbol.”

Capítulo 6 – viernes, 15 de diciembre de 2023

“¿Cody?”

“Sí.”

“Habla Tanner.”

“¿Por qué hablas como si estuvieras cobrando deudas? Sabes que soy yo, igual que yo sabía que eras tú.”

“Sí.”

“¿Y?”

“Estaba pensando. Este. Pues he estado trabajando para un tipo camino arriba de donde vives. Es un trabajo grande. Este. Entonces estamos…”

“¡No mames! ¿Es el tipo que tiene la Hummer eléctrica verde? No me digas que es él.”

“Sí, ¿por?”

“Mi Pa ha andado con los ojos pelones todo el mes por ese tipo. ¿Cuándo empiezo?”

“¿No quieres saber de qué es el trabajo?”

“Nel. Pa ha andado doblando las tablas del porche todo el Invierno desde que vio esa cosa subir rodando por el valle. si empiezo a trabajar pal tipo de la Hummer, su loca cabeza se va a ir derechito por encima del barandal.”

“Sip,por eso te hablé, para darte un trabajo y echarle rencor a esa guerra estúpida que traes con tu papá.”

“…Ya es bastante malo que compró el lugar de pesca, ya es bastante malo que no es de por aquí. Ya es bastante malo que Apá está seguro como la mierda de que están construyendo toda clase de aeropuerto allá arriba…Ha estado vigilando las solicitudes de permisos con el condado. Fue hasta allá abajo…. Si voy y me consigo trabajo con el tipo, va a (perder la pinche cabeza.).”

“Lonnie no es mal tipo. ¿Por qué siempre te le vas encima así?”

“Fue hasta allá abajo al juzgado, de tantas ganas que tiene de saber.”

“Bueno, okey. Entonces, este, hiciste buen trabajo conmigo en lo de mi Abuela, y vives justo calle abajo, y él tiene mucho que excavar.”

“¿Excavar? ¡Ah, chingao, sí, me apunto!”

“Bueno, este. Pues no dijo que tú ibas a excavar. Me preguntó si conozco a alguien…”

“¿Y el viejo Cody te vino a la mente? Me conmueves.”

“¿Te conmuevo, ja? Qué tal, no quería andar cortando árboles, desramando, metiendo la cadena por debajo y levantando el pulgar mientras él está sentado en la cabina con calefacción fumando.

“Igualito como dijo Apá, es flojo. Déjame preguntarte, ¿ese tipo trae zapatos de suela lisa?”

“¿De qué chingados hablas con eso de zapatos de suela lisa?”

“Ah, de nada nomás jugando, ¿eres el único tipo que contrató?”

“Él está ahí en la máquina, pero tiene esta cosa con su pulmón.”

“¿Está enfermo?”

“Está raro. Habla de esta cosa en su pulmón que se podría reventar o algo así, pero fuma como si tuviera que fumárselos antes de que el camello se largue con la cajetilla.”

“¿Que el camello se largue con la cajetilla? ¿De qué chingados estás hablando?”

“Ni idea. También habla raro. Se me ha de estar pegando.”

“¿Entonces te tiene en lo pesado, ahorcando la cadena, y él lo arrastra?”

“Más o menos así es la cosa.”

“¿Y tú crees que el viejo Cody quiere estar allá afuera levantando un tronco mientras tú manejas la cadena pa’ que él se lo lleve arrastrando y apile los troncos pa’ cortarlos pa’ madera de la casa?”

“Los estamos triturando.”

“¿Triturando? ¿Estás hablando en serio?”

“Sip, tiene una trituradora forestal Fae nuevecita allá arriba, y hemos estado triturando la madera.”

“¿No le dejaste nomás triturar todos esos Álamos y Robles Blancos y toda esa buena madera pa’ construir y pa’ quemar?”

“No es mi madera. Yo hago lo que me dicen.”

“Lambiscón.”

“Nel. Empleado. Él dice apila los troncos y amontona las ramas, yo apilo los troncos como él dice, y amontono las ramas en la misma dirección pa’ que él pueda pasarle la trituradora a los montones.”

“Sabía que había oído una trituradora jalando pero estos cerros, hacen que suene más como por el lado de Ellijoy, no aquí abajo.”

“Paga bien. Paga como debe ser. Y no juega con el dinero. Nos compró desayuno o comida o las dos cosas por lo menos cuatro veces esta semana.”

“¿Pero nomás está desperdiciando la madera?”

“Pues… no la está usando si eso es lo que quieres decir.”

“¿Crees que me deje agarrar la leña?”

“No sé.”

“¿Y tiene todo ese Álamo y Roble allá arriba, perfecto pa’ madera de casa y molduras, y nomás lo está triturando?”

“No está cortando roble. En serio, es súper protector con las maderas duras y lo grande. No te puedo decir cuántas vueltas y partes angostas le ha metido al camino nomás pa’ dejar un árbol más grande o algo especial.”

“¿Hay camino?”

“Más o menos. Hemos estado regando grava y tirando una línea loma arriba hasta donde la presa está deslavada.”

“Lo sabía. Le dije a Apá apenas este octubre que más nos valía encontrar cómo arreglar ese vertedero, o no vamos a tener hoyo de pesca el Verano que viene.”

“Sip, está justo ahí donde el vertedero sale por el lado de atrás a media loma. Yo no he venido a pescar aquí arriba en unos años, pero se veía que el vertedero se estaba llevando el lado de atrás de esa presa.”

“Eso es lo que le dije a Apá. ¿Entonces andas allá arriba ahorita?”

“Sip. El día ya casi se acaba, y quería arreglarme contigo antes de irme el fin de semana.”

“¿Vas a pescar?”

“Estamos literalmente a mediados de diciembre, Cody.”

“Pero el estanque todavía tiene agua, ¿no?”

“El estanque todavía está casi lleno, pero él está pensando en meter un vertedero completamente nuevo por el costado donde se junta con la loma en vez de ahí en medio pa’ que no se vuelva a deslavar el medio.”

“¿No que dijiste que está enfermo?”

“¿Qué?”

“Dijiste que está enfermo. No hay ningún hombre enfermo que pueda hacer esa clase de trabajo de tierra.”

“No sé, Cody. Me preguntó si conozco a alguien, y todavía está recibiendo mensajes en Facebook en el anuncio que puso su esposa.”

“¿Tiene título?”

“Nel, pero está ahí arriba en Seymour Speaks Out.”

“Es 15. Me caería bien sacar un dinerito pa’ Navidad.”

“¿Puedes venir el lunes?”

“Pero no puedo trabajar los fines de semana por Layla. Meghan está de mesera.”

“No ha pedido fines de semana.”

“Todos piden fines de semana.”

“Este tipo es un poco diferente.”

“Nomás se está portando bien es todo.”

“Este, no estoy seguro.”

“¿Entonces tiene una trituradora nuevecita, o – como más nueva?”

“No, digo nuevecita – minicargador también, y una excavadora.” “Ya sabía del minicargador y la excavadora. Apá estaba ahí cuando los entregaron.”

“Apuesto que tú lo sabes todo.”

“¿Qué se supone que quiere decir eso?”

“Sé que ustedes dos ratas de la cañada han andado allá arriba en las tardes cuando se paran las máquinas.”

“¿Ratas? ¿Por qué no podemos ser mapaches o un roedor que tenga algo de estilo?”

“Okey, ratas está duro, pero ustedes dos no son ningunos mapaches.”

“¿Por qué no? Nos escabullimos bastante bien, y nos trepamos a los árboles, bueno Apá ya no, y nos camuflamos, no nomás pasamos caminando por en medio del campo como una pinche rata pendeja de cuatro-ululadores.”

“¿Qué chingados es un cuatro-ululadores?”

“Uno de esos búhos grandotes, Búho Barrado.”

“Dijiste rata.”

“Rata es lo que se come el búho.”

“Tiene cámaras de monte allá arriba.”

“Cámaras de monte. ¿Viste bien esas cámaras? Quién sabe cómo les quedaron las pilas al revés.”

“Cody, no ando buscando ningún problema allá arriba.”

“No soy yo, es Apá. Quería ir a pescar una última vez, así que se sube allá y me dice que les volteó las pilas.”

“Es diciembre, Cody.”

“No está bien. Te dije que la mente del hombre está en llamas por este yanqui.”

“No vengas aquí arriba a causar problemas, Cody. Ya no estás fumando, ¿verdad?”

“Chale, no.”

“Más te vale que no, su señora es policía. Y este tipo, no es --- normal.”

“¿Qué no es normal?”

“Le encuentra la lógica a las cosas, como cosas complicadas. Se sienta y se queda viendo un rato, caminando de un lado a otro, fumando, sentado en el asiento de ese minicargador con la calefacción prendida. No nomás va un paso adelante, ya anda construyendo la iglesia completa de ver una tarjeta postal.”

“Así son esos ricos. Siempre haciéndose que tienen el secreto que va a hacer que la mentira se trague fácil.”

“No es eso.”

“Siempre haciéndose que el dinero es la parte fácil y que tú estás quebrado trabajando pa’ ellos nomás porque nadie te ha dicho el secreto todavía. Y aquí estás tú escuchando, y lo dicen como si fuera magia, gasta menos de lo que ganas.”

“Pues, Cody, esa parte es cierta.”

“¿Cómo voy a gastar menos de lo que gano, si el dinero ya está gastado antes de que siquiera lo gane?”

“Eso suena a problema tuyo.”

“¿Problema mío? Es problema de todos. Nadie gana lo que tiene que ganar pa’ salir adelante en este mundo.”

“Cody, pensé en ti porque vives justo calle arriba. Sabes manejar una máquina. Trabajaste bastante bien en lo de mi abuela conmigo, y sé que necesitas el dinero.”

“Esa parte es cierta.”

“Este es buen dinero. Como, bien bueno.”

“¿Cuánto paga?”

“Me empezó en dieciocho, pero me subió a diecinueve la segunda semana. Y esta semana, ando manejando por todos lados pa’ conseguir un tanque de diésel y un remolque pa’l tanque y una bomba, y manejando por todos lados...”

“¿En tu troca?”

“Sip, pero me subió a diecinueve-cincuenta pa’ cubrir la gasolina y el desgaste.”

“Chingao, esa troca ya está bien desgastada.”

“En eso tienes razón.”

“Aun así, la chatarra todavía tiene uso. Nomás hay que echarle el tiempo.”

“no está tan mal. No es como esa chatarra junto a tu casa.”

“Sí, el viejo Teague, le gustan bien jodidas. Pero quién sabe cómo hace que las chingaderas jalen.”

“Sí, nomás el tiempo suficiente pa’ que alguien le pague por ellas.”

“¿Y qué tal esa Hummer? ¿Ya te dejó manejarla?”

“Claro, no está apegado a ella. Está llena de lodo de pies de obra y cajetillas de Camel. El vato fuma un montón. Me pone a manejarla hasta Kodak Harley Davidson pa’ cargarla y cargarla.”

“Espérate, ¿el pez gordo te deja ir a sentarte en el estacionamiento todo el día a cargar esa cosa?”

“Eso es un mito.”

“¿Qué es un mito?”

“Se tarda veinte minutos, y si la quiere llena hasta el tope, es como cuarenta y cinco. No se tarda todo el día. Ese último veinte por ciento es lo que más tarda.”

“¿Entonces, el lunes?”

“Sí, el lunes. Y acuérdate, estás trabajando para mí. Él es el jefe, pero yo firmo los cheques.”

“¿Cheques? ¿No paga en efectivo?”

“No, no es en efectivo Me mandó al condado a sacar una licencia de remodelación, Me mandó con su abogado y me abrió un par de cuentas de banco en Truist, y el banco se encarga de todos los impuestos de nómina y las retenciones y…”

“¿Retenciones? Yo no pago impuestos.”

“Con razón te lo gastaste antes de tenerlo.”

“Nomás no necesito ninguna retención, y ese ‘fica’ o como se llame, no va a haber nada de Seguro Social en cuarenta años cuando lo pueda sacar.”

“Es cheque o nada. ¿Todavía lo quieres?”

“Lo agarro. El lunes. ¿A qué hora?”

“Yo empiezo a las ocho. Me gana en llegar todos los días. No tengo idea cómo. Maneja una hora desde Hardin Valley todas las mañanas y ya está ahí fumando y tomando de esa taza de café antes que yo cada vez. Llegaba más y más temprano cada día, y ahí está él, esperando.”

Capítulo 7 – viernes, 15 de diciembre de 2023

Emma todavía no ha encontrado la combinación, ese código secreto cuando su cabeza y su momento vivido se juntan en el orden exacto para resolver el rompecabezas del Community Center. Cómo conseguir que lo pinten, cómo conseguir que cambien esas puertas. Pero aquí está, estacionada enfrente, Mernie en el asiento del copiloto. Piénsalo lo suficiente, y algo va a ceder. En el asiento de atrás, la bisnieta de Mernie, Bernice, le dicen Bernie por Mernie bebé. Y como todas las chamacas de su edad, está en su teléfono. Pero no es como todas las chamacas de su edad. Es Mernie con la piel lisa. Si no es una doble, es la viva encarnación de lo que una doble aspiraría a ser. Es sabia y de voluntad fuerte y curiosa; Curiosidad no solo por la respuesta a la mano, sino en busca de la siguiente pregunta y de toda la red de preguntas y respuestas que salen de la exploración. No es sabelotodo por horas ganadas en la tarea, es inteligencia artificial sin todos los cumplidos fingidos. Es Claude y Copilot y Gemini en uno solo con conciencia moral y conciencia.

Se Graduó de la prepa antes de tiempo a los quince, y decidió no ir a la universidad, optando en cambio por educarse sola. No por ninguna connotación negativa, sino por la simple conclusión de que se enseñaría mejor a sí misma sin moverse de su lugar (alusión al confinamiento en casa – necesita una señal en algún lado) sin todos los embudos de cerveza y los exámenes que, más que poner a prueba lo que sabe el estudiante, están diseñados para poner a prueba si la institución le enseñó al estudiante y le dio las experiencias correctas. A Bernice no le interesan esas experiencias. Lo único que necesita son Mernie y Emma. Sin embudos de cerveza.

“Entonces contesto el teléfono,” ha estado diciendo Emma, “¡y es Lonnie Norman! Aquí estoy yo trabajando para cuadrar el presupuesto de la iglesia, tratando de encontrar unos cuantos dólares, comprar una rifa o algo de capital semilla de repostería para arrancar un a-darle con ese Community Center. Y viendo esos libros, le estoy pidiendo al señor una señal. Y en eso suena mi teléfono, y es Lonnie Norman de toda la gente.”

“Dios obra de maneras misteriosas,” intervino Mernie.

“Claro que sí. Pues, ya sabes cómo soy. Tengo uno en la línea, y le clavo el anzuelo. Ni lo pienso, si es una Trucha grande y sana o una anguila. Le clavo el anzuelo y lo saco. Y el pobre Lonnie aleteando en la playa abriendo las agallas tratando de entender cómo fue que llamó para un chisme del yanqui de allá arriba en la vieja cañada del Sendero, y lo agarré.

Bernice se metió, “Nunca pregunté, ¿Por qué le dicen La Vieja Cañada del Sendero?”

Mernie tomó la pregunta de la estudiante, “Nomás le dicen así por aquí los que saben la historia.”

“Entonces, es folclor.”

“Claro, es saber de la gente, pero también es más que eso. Es historia de verdad que pasó por la lavada del hombre y del tiempo que lo formó. La historia sale seca del tendedero con un aroma fresco de Primavera de más de lo que tenía la historia cuando entró a la lavada. A veces es menos, y algunas manchas nomás no se quitan, como gasolina en un trapo. Esa no solo es una mancha para siempre, sino que también apesta.”

“Okey, pero las palabras del nombre, son un anagrama de algo más grande”

“Es más grande, cómo no. ¿No lo es siempre?”

“Ahí está.”

Mernie arrugó la nariz, “Esa troca vieja ahúma todo el valle.”

Emma siguió con la connotación, “No era así cuando la tenía Jed.”

“Viene bien rápido. Casi espera uno que esa carcacha no se va a parar antes de meterse al edificio.”

“Lonnie no maneja muy bien. ¿Alguna vez has ido detrás de él? Se sale de las líneas más que Bernie aquí con su primer libro para colorear.”

Bernie les echó una mirada de reojo exagerada, “Miren quién habla. Yo me voy en el asiento de atrás porque allá adelante mi cara queda muy cerca del camino.”

Los ocho pies aterrizaron en el asfalto del estacionamiento más o menos al mismo tiempo; Lonnie con el paso cortado de un hombre con propósito, Bernie con la soltura de la juventud, Mernie planeando dónde ponerse como Emma traza sus siguientes pasos con Lonnie. Lo había traído hasta aquí, y ahora ya en tierra, el hombre en forma competía con la realidad de él y con la idea de zafarse de su propio anzuelo.

“Señorita Mernie.” Lonnie asintió.

“Lonnie. Hace mucho que no te veía.”

“Sí, señora pero me siento curado de la ausencia con usted aquí y ahora.”

“Lonnie, hablas con palabras domingueras cuando andas con las señoras,” intervino Emma.

“Señor Norman,” asintió Bernie.

“Nada tan formal, Bernie chiquita. ¿Cómo te ha ido estos últimos meses?”

“Todavía necesito un banquito para alcanzar la repisa de arriba de la alacena, pero todo lo demás está bien.”

Todos se rieron por lo bajo

“Pues, Emma, supongo que te preguntarás por qué te hablé.”

“Eso es un hecho…”

“Pues, sabía que si alguien tenía el chisme de ese yanqui de allá arriba…”

“Espérate, antes de que nos des toda tu interrupción sobre ese tema, te cité aquí por una razón.”

“Parece que los dos traen sus razones,” dijo Mernie. “Pero ya está empezando la lluvia, y no prefiero mojarme mientras ustedes dos se ahogan en sus motivos.”

“Sí, señora, vamos a meterla bajo el techo en ese porche.” Ofreció Lonnie con prisa.

“Lonnie, mira esas tablas allá arriba. ¿Las ves?”

“Sí, señora. He estado pensando en ellas desde que me pidió que nos viéramos aquí. Pensé, seguro, anda reclutando un equipo pa’ limpiar algo como cuando invitó a Cody esa vez pa’ la limpieza de la carretera.”

“Pues, Lonnie, ¿y tú te viniste derechito cuando te sugerí que nos viéramos?. Qué lindo de tu parte. Bendito seas.” Emma lo engatusó, pero por dentro, sabía exactamente de qué limpieza de carretera estaba hablando Lonnie porque esa sí había sido idea suya, agarró el teléfono con el Sheriff Hodges y la organizó ella misma. Ella no había conseguido a Cody, el juez sí, y aquí está Lonnie creyéndose el cuento de ese muchacho explicando cómo se ofreció de voluntario.

“Sip, sabía que traía algo entre manos, y yo andaba allá abajo en la Co-op consiguiendo propano pa’l calentador ayer en la tarde, y pasé por aquí, y me llamó la atención. Y seguro, Emma sugiere que nos veamos aquí al día siguiente en vez de nomás hablar por teléfono de ese yanqui pa’ que pueda llenar su lista de ayudantes. A lo mejor quiere raspar y pintar el community center.

“Y te viniste derechito. Qué lindo eres.”

“Pues, sí vine, pero tengo que decir, ya no soy mucho de escaleras estos días. Pero Cody. Ese muchacho sí sabe pintar.”

Y ahí estaba, ese arrepentimiento carcomiéndola de haberse bajado del carro ahora en casa y aterrizado en el muelle apestando el lugar a pescado.

“¡Pues, qué maravilla! Mira nomás, Mamá ya tienes tu primer recluta.” Intervino Bernice. “Y a la primera llamada también. Si te pones a buscar en esas libretas de direcciones tuyas, seguro vas a tener este lugar arreglado en un dos por tres.” Levantó la vista hacia Lonnie, “Señor Norman, ¿por qué no me da el número de Cody para apuntarlo aquí en las notas del proyecto?”

Lonnie se acomodó, “La verdad sea dicha, Bernie chiquita, Cody no anda muy al día con los teléfonos. Nunca se sabe cuándo pagó el recibo o perdió la condenada cosa . ¿Qué tal si nomás apuntas el mío pa’ las notas?”

Mernie masculló, “Ay, por favor.”

“¿Qué dijo, señora?”

Señaló, y como otra oración contestada, esta sonó cierta. “Ese oso sentado allá a un lado como si estuviera de chismoso.” Y el tema de Cody se cayó.

Emma llenó el hueco rápido, “Entonces tienes curiosidad por la familia que compró la cañada del sendero.”

“¿Es una familia?”

“Sí, la cañada del sendero, volvamos a eso. ¿Por qué le dicen así?” Picó Bernice.

Emma se metió, “Órale, giro en la trama, en realidad me tocaba a mí.”

“No te saltes las cinemáticas, Mamá, el lore es importante, ¿No es eso lo que siempre dices?”

Ya, ustedes dos. Es el Sendero de las Lágrimas, mi vida. Mira, todas esas historias en la escuela y los letreros históricos, son de la Batalla de Boyd’s Creek y de la marcha de verdad de los Cherokee – y de todos esos otros – y de la reubicación, pero no piensan en qué los metió a todos en esas columnas rumbo al oeste ni en cómo fue que juntaron a todos esos indios para empezar. Tampoco vas a encontrar la Cañada del Sendero en tu teléfono de ia.”

“Sip,” Lonnie se adueñó del reflector, “Tienes que ser de aquí pa’ saber la historia de esa cañada.”

“La cañada sacó su nombre de la gente que se escapó,” siguió Emma. “Estos eran sus terrenos de caza. Sabían que esa cañada era una fortaleza natural, escondida y defendible.” Miró a Lonnie.

“Sip, tenían a las mujeres y a los chamacos allá abajo en el valle sanos y salvos, y pusieron a los guerreros arriba en las crestas de vigías pa’ los soldados de Boyd’s Creek de John Sevier.”

“Y así se quedaron, y el folclor dice, que ellos son los dueños de toda el área allá arriba cerca de la cuatro-cero-siete hoy en día,” terminó Emma.

Para Lonnie la historia necesitaba más. “Es una ironía de fantasmas que un hombre de nombre Boyd, la mera imagen del mal, sea el hombre dueño del terreno que marca la única entrada al lugar en el tiempo presente.”

“Pues, Lonnie, ya paró la lluvia,” ofreció Mernie, “y necesito regresar a la casa a empezar con la cena.”

“Espérese, nomás una cosa. ¿Dice que era una familia la que se va a mudar allá arriba?”

“Pues, Lonnie, no dije exactamente eso. Estaba resumiendo y yéndome rápido con el tema. La verdad no sé más que tú, ’cepto que todos esos camiones de volteo han estado yendo y viniendo y entregaron unos tubos de drenaje que tuve que esperar detrás en el tráfico porque no tenían a nadie allá afuera en el camino que me avisara que la curva ciega estaba libre.”

Y así nomás se acabó, ocho pies menos en el pavimento, y los carros ya idos también, y la tierra volvió a sostener su encargo.

En el carro, Emma, Mernie y Bernie también sostenían su carga.

“Mamaw Mernie, conoces a Lonnie desde hace mucho, ¿verdad?”

“Ya lo creo. Vivimos en este valle mucho tiempo, yo y él, desde cuando tu abuela recién se casó, antes de que tu abuela tuviera a tu mamá aquí. Lonnie trabajaba en la maderería con tu abuelo, el papá de tu mamá. Lonnie era más joven que él, y Lonnie era un buen hombre en aquel entonces. Lo conozco desde hace mucho. Pero como hace veinte años, su esposa se muere de cáncer y lo deja solito con el bebé, y cierran la maderería, y empieza a tomar y ha batallado desde entonces. Fue un buen hombre por mucho tiempo, y nomás cambió.”

“El teléfono dice, que el registro más antiguo que se conoce de gente paleo en el área data de hace 10,000 años y se encontró en Buckingham Island en Boyd’s Creek, que a su vez saca su nombre de un comerciante de Virginia al que mató una banda de Cherokee.”

“¿Quién necesita universidad? Nuestra niña tiene un Samsung.”

Mernie se rio, “Tiene más que eso, tiene 10,000 años de humanos repitiéndose.”

“Entonces cuéntame de Cody”

“Cody es el monstruo debajo de su propia cama,” empezó Mernie.

Emma alzó la ceja, “Cody es ese chamaco que nunca dejó que algo como el miedo o el sentido común lo detuviera de una mala decisión. ¿No te acuerdas de él?”

“No, sí me acuerdo de él, pero nunca estuvo realmente en la ventana de contexto activa. Yo estaba en primer año, y él estaba en – en su último año. Me acuerdo que no se graduó.”

“Pues, yo sí me acuerdo de él,” dijo Emma. “Me acuerdo del mundo a su alrededor. Nunca conocí al muchacho, pero fue tema de conversación más veces de las que puedo contar. Y lo de la graduación. Era de esperarse, pero me acuerdo de Cody en particular porque la Señora Wiggins era su orientadora escolar. Y se volcó en ese muchacho. Siempre decía que era listo, pero por más que le intentaba, nunca pudo llegarle. Un día estábamos hablando de ustedes los chamacos, todos ustedes, y como hacía tan seguido sacó el tema de Cody Norman. Y así es como lo conozco. Lo he visto por ahí, claro, pero fuera de intercambiar las cortesías, nunca crucé palabra con Cody.”

“Pues, aquí está tu gran oportunidad.” Interrumpió Mernie.

“Ya sé, Mamá, pero estos equipos hay que escogerlos bien. Escoges la manzana equivocada, y cuando menos te das cuenta, tienes un edificio a medio pintar y la madera se va a pudrir donde se raspó la pintura.”

“¿Manzana, ja?”

“Sí, echa a perder – “

“Ya sabía lo que querías decir.”

“Total, la Señora Wiggins, esta vez, está en el Lady’s Club, y está preocupándose por los chamacos, como siempre – ustedes los chamacos eran nuestro tema favorito – pero ahí va y está otra vez con el tema de Cody. El muchacho tenía su propio tema entero. Como sea, está preocupada porque ya sabe quién no se va a graduar este año, y Cody está en la lista. Y quién sabe cómo nomás le rompe el corazón. No conoce al muchacho; no tiene ninguna conexión especial con la familia ni con la historia. Ni siquiera tiene un reflejo en su propia familia que tenga los mismos problemas que la familia de él, y eso es raro estos días. Todo el mundo tiene drogas y cárcel en algún lado del árbol genealógico. Pero Betty no. Quién sabe cómo, este muchacho le levanta un salpullido que nomás no se puede rascar. Llevaba trabajando con él los cuatro años, y prueba este programa y aquella técnica, y nos cuenta todo el tiempo. Y este día, el día que salió la lista, lo describió en una sola oración, ese muchacho no nomás toma malas decisiones, las colecciona como premios. Y cuando se trata de escurrirse de las consecuencias, tiene más trucos que el bolsillo de un payaso – pero no esta vez. Y así es como lo describió.”

Capítulo 8 – lunes, 18 de diciembre de 2023

Hoy es distinto. Se acerca a la entrada como lo ha hecho diez cientos de veces antes. Pero esta vez es distinto. El acotamiento de The Chicory Blue ya no está, pero eso es de esperarse. Solo quedan la planta caída y las cabezuelas de semilla de cardo del año que viene. “Va a ser buena cosecha el año que viene,” pero algo como el miedo le golpeó.

Todas las diez de los cientos de veces que había caminado esta caminata, esas flores siempre marcaban el lindero, la primera sensación de él. Su floración matutina, solo presenciada por los pocos privilegiados. Abiertas para la mañana — la achicoria cierra sus flores para la tarde, así que el azul que bordea el camino al amanecer ya no está para cuando la mayoría de la gente maneja de regreso a casa, y media cañada nunca la ha visto florecer porque pasan por ese tramo a la hora equivocada. Una orilla de camino llena de flores que se esconden de cualquiera que lleve un horario normal. La cosa ha sido hermosa en el mismo acotamiento por cien años y solo la gente madrugadora y los insomnes y los hombres que salen de una noche pesada saben que está ahí. Belleza con un horario que nadie fijó, guardándose sus propios secretos, cerrando su changarro antes de que el mundo despierte lo suficiente para mirar.

Llega a tiempo, pero las flores se fueron hace mucho junto con el bálsamo que son para su inseguridad. Por todos los años que han pasado, los incontables días de pesca allá arriba en Trail Holler, esas flores habían sido una especie de medicina. Un último jalón de la pipa para darle fuerza a ese último tramo. El tramo con más contraste con la cañada misma. El tramo de los Wiggins.

Y dio la vuelta para hacer la subida. La podía sentir ahí en sus ventanas, hoy no era distinto, detrás de todas esas persianas y sombras – mirándolo – juzgándolo – y esa vieja frase, “No nomás puedes tener esperanza, también tienes que chingarle.”

“Eso enseña lo que sabe. No hay chinga como darle de comer a la necesidad.”

Aquí arriba en esta cañada, Cody no es el chamaco pa’ componer de por allá abajo. Aquí arriba no le pueden decir lo que es. Él se los enseña.

“Apá no es ningún rastreador. Sabe que soy yo el que agarra el venado cada año. Sabe que soy yo el que pesca la mayoría de los pescados. Sabe que no es mi culpa. Es la suya.

Arriba en esta cañada, el lugar donde esa costura invisible le olvida las humillaciones que lo juzgan de una mirada y lo moldean en la consecuencia completamente aparte de ello, el golpeteo sin fin de que lo pesen y lo midan y lo encuentren falto. Justo pasando la vieja casa de los Wiggins, se deslava. Pero no antes. Es como si la familia montara guardia sobre la entrada. Cada vez que pasa este punto, cada vez, el alivio está aquí. Es como una cascada que atravesar caminando, y lo lava de lo que se queda atrás.

Aun con las ramas podadas, aun con el camino de grava que ahora se estira hacia el túnel de , nada lo está mirando ahora. Todavía no.

Y tampoco se ha ido todo, el cálculo, la maquinación, los planes y las intrigas, todo el tren de carga retumbante de agravios y la maquinaria para cuadrar las cuentas.

“Arriba en esta cañada ella se esconde detrás de sus persianas, no se puede dejar agarrar viéndome subir por encima de ella. Ella allá abajo en su tráiler – hablándome todos esos años como si ella lo hubiera logrado, y yo no lo voy a lograr también si no la escucho – y ahí está ella, en tráiler igualito que yo.

Y Apá también. Todos son iguales. Les voy a enseñar.

Y el plan se fue armando como siempre pasa cuando vas subiendo hacia la idea por el lado de abajo de la escalera.

“Ese viejo chiflado cree que sabe leer el rastro. Sabe leer los pesos, las pausas. Se hace como si pudiera contar los respiros que dio un hombre mientras aterrizaba la huella. Cree que él consigue el venado que nos da de comer un mes. Cree que él consigue los Tupinambos y las Nueces y la Ensalada de Poke. Soy yo el que consigue esos ajos de monte que tanto le gustan con la carne.

Cree que es él el que se mete a esos edificios viejos a sacar el cable, pelar el cable, vender el cable. Soy yo el que lo mantiene.

Yo saco la chatarra, y yo saco las nueces de la cañada también, y yo saco el ginseng. Y todo eso soy yo. No él.

Y se hace como que sabe leer el rastro. Voy a leer ese rastro yo mismo, sacar una lectura más cierta aquí casi dos meses después de la que él jamás sacó esa mañana del día siguiente cuando me la leyó del libro de mentiritas de su mente.”

Pero hoy no lo haría. Hoy marcharía loma arriba, cada paso un paso más cerca. Un paso más cerca de lo siguiente peor. Un día más cerca de sacar adelante el trabajo que le va a quitar su único lugar para desahogarse de todo. Hoy va a mirar hacia atrás con el ojo de su mente a The Chicory Blue y preguntarse si alguna vez la va a volver a ver de la misma manera, como el verano pasado antes de que empezara todo esto. Se va a preguntar, si alguna vez siquiera la va a ver como apenas esta mañana con la flor ida hace mucho pero la promesa en la semilla. Todo este afán, toda esta carga sin bastarse con su propio peso; pero cada paso es un paso más cerca del trabajo de un hombre nuevo. Y conforme la troca de Tanner, apareció a la vista donde debería estar el zarzal de zarzamoras del viejo Wiggins, así llegó el pavor a plena vista.

“¿Este es el tipo? ¿En serio? Este tipo con el abrigo de su esposa y… ¿esos son tenis?” Se voltea hacia Cody, “En serio, carnal. ¿Es una broma?” Luego hacia Tanner, “Este tipo no lleva ni dos dormidas desde su último buen jalón.” Hacia Cody, “Di la verdad, traes una pipa despostillada en el bolsillo, ¿verdad?”

Tanner ladea la cabeza, “Te dije que es diferente.”

La sonrisa de Michael se abrió paso, y extendió la mano, “Bienvenido a bordo. ¿Crees que puedes mantenerte fuera de la cárcel el tiempo suficiente para que construyamos este lugar?”

Una risa nerviosa, y lo pensó, “Creo que sí. ¿Cuánto se va a tardar?”

“¿A mi manera? Eso es tiempo. Muuucho tiempo.”

Le echó el ojo a los zapatos Dansko de Michael. “Tengo tiempo.” Esos no son de suela lisa. Los veo ahí mero en sus pinches pies.

“Sí, ¿cuánto tiempo fue?”

Esos tienen dibujo. Sabía que Apá estaba diciendo puras mamadas.

“¿Eh?”

“Nada carnal, a veces los chistes son nomás pa’ mí.”

“Ya veo.”

“¿Qué sabes hacer?”

“Me sé esa 35p de allá, y el minicargador.”

“Sí, se ven calientitas, ¿no? Fuera de estar sentado en tus nalgas moviendo tu palanca, ¿qué sabes hacer?”

“Trabajé pa’ Ball homes.”

“O sea que sabes cambiar la pregunta. ¿Qué tal el trabajo de pala? ¿Le sabes a la pala?”

“Sí.”

“¿Sabes con qué lado del martillo pegarte en el dedo?”

“Tengo unas cuantas ideyas, sí.”

“¡Chido! Okey, entonces Escucha, Tanner, nos conseguí madera el fin de semana, y arrastré un remolque hasta el estanque. Hoy empezamos a construir un cobertizo abierto, para salirnos del frío y calentarnos. Agarra mi tarjeta y ustedes dos lánzense a Tractor Supply. Traje una troca llena de herramientas, pero se me olvidó la escuadra rápida. Consigan una escuadra rápida y un abrigo y unas botas para este tipo. No lo puedo tener aquí arriba viéndose así si pasa el inspector.”

“No tiene que hacer todo eso.”

“Es la responsabilidad que viene con ser humano, Cody. No puedo cargar mis mejores insultos y dispararlos por la ventana del carro si tú te estás congelando las nalgas y yo estoy todo calientito y a gusto.”

“¿Cómo supo que es el abrigo de mi esposa?”

“Compa, el abrigo es rojo, y no tienes cara de electricista.”

Capítulo 9 – lunes, 18 de diciembre de 2023

“Buenos días. Saliste temprano hoy.”

“Empezamos ese cobertizo hoy.”

“¿Llegó el nuevo?”

“Qué bueno que preguntas.”

“¿Tan mal?”

“Le volví a ganar a Tanner en llegar, así que eso fue un punto a favor, pero este nuevo es inimaginable.”

“Buen comienzo. Esto va a estar buenísimo. Siempre te quedas corto cuando estás a punto de exagerar a lo grande, inimaginable.”.

“Lo único grueso en este es lo negro en sus veintidós dientes – digo dientes de veintidós años… Es nomás un chamaco, y sus dientes van a estar en un vaso en la mesita de noche antes de los treinta.”

“¡Qué asco!”

“Estoy aquí arriba acomodando cosas en la parte de atrás de la troca, en pánico porque no encuentro la escuadra rápida, y sé que la traje, y oigo voces allá abajo en la troca de Tanner, y levanto la vista, y vienen caminando hacia mí, y demasiado cerca para caerme de la impresión.”

“Prometedor.”

“Ah sí, prometedor, de verdad. Entonces aquí viene el pelo sucio de Einstein de este personaje de caricatura, pero dibújale una sarta de conejos y un pato echado al hombro y una botella de aguardiente saliéndole del bolsillo de atrás.”

“Qué de…”

“Espérate, hay más. Todo eso y luego imagínate un aura de holograma de barrio bajo con todo detalle flotando alrededor de él como la nube de polvo de Pig Pen. Tiene las coyunturas todas flojas del cristal y se ven frágiles. Me da miedo pasarle una escalera por temor a que se derrita y se escurra de ella.”

“Le sacaste el seguro de accidentes de trabajo a Tanner, ¿verdad?”

“Sí, lo sacó. Pero el seguro de incapacidad no es nada al lado de este tipo.”

“¿Entonces de vuelta al anuncio de Facebook?”

“No. Lo contraté.”

“¿Qué demonios?”

“Tienes que verlo, mi amor. Es como Einstein sí, pero con ojos de Manson. Estoy hablando con él, y se va a algún lugar lejano por un segundo, luego regresa, y se vuelve a ir. Y yo estoy haciendo eso que hago, como insultarlo hasta la madre.”

“Sí, eso a todo el mundo le encanta.”

“Entonces, estoy haciendo el numerito, ya lo conoces.”

“Sí, ya lo conozco.”

“Entonces, le digo, di la verdad, traes una pipa de cristal en el bolsillo, y este tipo está bien ido, o sea un diálogo de fantasía completo consigo mismo, y luego, chasquido de dedos, de vuelta otra vez. Estuvo bizarro.”

“¿Sabe que andas armado?”

“¿Con qué? No hay pistola que tenga el remedio para este tipo. Es un buscavidas como todos los demás. Diez pasos adelante pero en el paso dos ya se salió del camino.”

“No vas a traer a este a la casa, ¿verdad?”

“Esa es nomás la introducción, mi amor, se pone mejor.”

“El problema es que contratas a esta gente, y yo no tengo tiempo para que me entrevisten cuando encuentren tu cuerpo en una fosa poco profunda.”

“Poco profunda, este tipo dice que se sabe esa 35p de allá.”

“¡Ay, Cristo! O sea que cuando te meta seis pies bajo tierra, se va a robar el equipo, y voy a tener que contratar a los de Blalock’s para que terminen el trabajo de tierra.”

“Claro, pero también hay un humano cagado de miedo ahí adentro debajo de todo ese disfraz. No te miento, este tipo sube por la entrada, y trae puesto el abrigo de invierno de su esposa.”

“Qué triste.”

“Es el condado, mi amor, y esta es la comunidad de Dupont. Capital del cristal de una geografía mucho más grande que el estado. Lo compramos, ahora tenemos que romperlo, No se puede huir de esta mierda. Hay que enfrentarla de frente,”

“Y aquí estás tú, a la mitad del guion del siguiente episodio nuevo de mil maneras de morir, y él ni lo sabe.”

“Ah, yo sí lo sé”

“Cavaste un hoyito con un tractorcito de jardín una vez, y ahora crees que puedes convertir treinta y ocho acres de ladera que nunca nadie ha tocado en Shangri-La

“Eran mil doscientos pies cúbicos de tierra excavada, Stefanie, y la tuve que mover un cucharón a la vez regándola por toda la propiedad para que no quedara un montón tan grande como toda la casa y igual de alto. Eso son noventa y cinco camiones de volteo regados un cucharoncito verde de tractor a la vez, e invisibles a simple vista ya que pegó el pasto – porque tuve el sentido común de guardar la tierra de capa en un montón mientras regaba primero lo anaeróbico.”

“No se te olviden las huellas de lodo de los Dansko por toda la casa durante cinco meses mientras lo hacías.”

“Stef, no me estás dando suficiente crédito, Sí, es un hoyito con un tractor verde, pero se te olvida que cavé junto al muro de cimientos vivo de nuestra casa habitada, durante el Invierno , excavé 150 pies de un tendido de 500 pies de línea de servicio de dos-ceros de tres hilos, 240 voltios, 100 amperes al muelle, una línea de agua de 1” y fibra óptica de enterrado directo – todo eso colgando en el aire durante tres meses mientras lo hacía y sin apagar ni un minuto el elevador de la lancha.”

“Y otra cosa, ¿a quién demonios se le ocurre que tiene que haber una regadera al aire libre en un muelle en pleno Invierno?”

“Te estás perdiendo lo milagroso por fijarte en lo práctico. Hice todo eso con un tractorcito de jardín. Es como sacarle el tornillo a una caja de rompecabezas dorada con un cuchillo de mantequilla, y aun así quedarte con el premio de adentro.”

“Premio, una regadera en el muelle.”

“Eres imposible.”

“O sea, Cavaste un hoyito una vez, y ahora estás allá arriba en un bosque del que el tiempo geológico se olvidó desde el deslave que hizo ese estanque, y jamás una pala tocó esa tierra, y ahí vienes tú, a comprarte una flotilla de maquinaria pesada y a domar al tecato de la calle de abajo.”

“Y mira ese hoyo hoy. Es un búnker forrado de concreto, completamente funcional, con techo de concreto, todo el equipo solar y su propio baño completo con agua caliente…”

“No se te olvide el minirefri, Pat Robertson.”

“El punto es…”

“El punto es que ya tienes bastantes broncas allá arriba y una bolsa de herramientas no sirve pa’l trabajo – en más de un sentido, y no puedes nomás embolsar a un tipo que trae problemas de a de veras, y casi seguro un pasado de a de veras… Dame su nombre. Lo voy a investigar.”

“Este, no le pregunté el nombre. Cody, pero…”

“¿Me estás tomando el pelo?”

“Casi ni importa, pero tienes razón. Lo consigo.”

“Lo consigo. Dios nos ampare.”

“No todo es mi culpa Stef. Así es el trabajo. Lo compramos. Ahora hay que domarlo. Tenemos el dinero para construirlo nosotros mismos…”

“Ni loca…”

“Paciencia. Me refería a hacer el camino y la presa y el drenaje y lo solar y la infraestructura. Ya acepté lo del contratista. No volvamos a pasar por todo eso. Pero que sepas - tengo el, te-lo-dije, cargado y listo pa’ dispararlo desde debajo de la cama más tarde, cuando creas que me tienes contra las cuerdas.”

“Mi rey, yo no necesito cuerdas. Nomás necesito la red de cazar mariposas. Estás loco de remate.”

“¿Yo? Tendrías que ver a estos dos tratando de voltear esta base para el cobertizo. Me tengo que ir. Van a aplastar a alguien.”

“Qué onda, chamacos. Parece que andan en apuros.”

Tanner habló primero, “Tantito.”

“Cody, cuidado con la orilla de ese marco. Va a lastimar el árbol.”

Ignorando el evidente raspón en la corteza, “Está nomás recargado suavecito. Nomás recargado”

Michael se inclinó, “El marco se ve bien. Pesa un chingo el hijo de su madre, eso sí. Déjenme atorar esta esquina pa’ que lo giren y lo volteen. Bien. Bien. ¡Aguas!”

La plataforma de doce por dieciséis pies se estrelló contra el suelo de barro rojo, y Cody dijo, “Yo no soy carpintero.”

Michael alzó una ceja, “Esa cosa dice que sí.”

“Pues no.”

“Mira esto. Ese triplay de abajo pesa cuatrocientas libras nomás él, la doble banda de dos por ocho y las vigas del piso; ha de pesar seiscientas libras, y ustedes acaban de armar eso, y lo voltearon, y se estrelló contra el suelo en una sola pieza bien firme.”

“Es el triplay,” señaló Cody. “Esa madre tratada a presión es bien fuerte.”

“Sí, eso es. Pones los tornillos bien firmes, y los pones en los lugares correctos, y alternaste las juntas…”

“Yo nomás le di al taladro. Yo no soy carpintero.”

“Sí, ya lo dijiste, pero tú armaste la cosa, y ahí está.”

Tanner interrumpió la porra, “Con, este, la cubierta de arriba, ¿seguimos con los tornillos de tres pulgadas?”

“Sí, pero tienen que marcar las vigas con el hilo de gis y pasar la marca al costado. No pueden confiar en que los tornillos de la banda les señalen las vigas debajo del triplay una vez que esté puesto porque esos son tornillos de la banda de afuera, y no están…”

Cody se metió, “Ya veo. Sí. Si ponemos el triplay, esos tornillos de la banda de al lado no cuadran, y vamos a fallar…”

“Exacto, compa. Buen ojo. Entonces, ¿por qué no se van a calentar a la troca de Tanner mientras bajan a comprar de comer? Llévense mi tarjeta. Siéntense en algún lado y coman algo calientito.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Qué onda?”

“Los muchachos se fueron al grill a comer hace como una hora. Aquí arriba se nos está congelando la cola.”

“¿Ya terminaron el cobertizo?”

“Bueno, se va a tardar un rato. Pero sí armaron la base de la plataforma.”

“¿Nada más?”

“Sí, es lo normal. Tuvimos que subir todas las herramientas desde ese lodazal que hicimos allá abajo pa’ estacionarnos. Cuesta arriba de ida y de vuelta con viento y nieve y tornados y eso.”

“Suena espeluznante.”

“Sobrevivimos.”

“¿Te estás cuidando?”

“Lo más que puedo. Ya le hice una abolladura con forma de nalgas al asiento con calefacción, seguro.”

“¿Y sí saben lo que hacen?”

“Sí, más o menos. Seguro trabajaron con el papá y el abuelo, y cobraron un par de cheques en alguna obra desde que se graduaron, pero seguro tienen más horas de carretilla que de Teorema de Pitágoras.”

“¡Matemáticas! Me salgo.”

“Literalmente eres policía de impuestos.”

“Sip, pero a-cuadrada más b-cuadrada es un rotundo C-nos vemos.”

“Hace mutis por la izquierda, Stefanie la sabionda. Ya vienen subiendo la loma.”

“¿Los haces caminar?”

“¿Hacerlos? Ya bastante costó subir esta cosa hasta acá. Tanner trae una Reading vieja y madreada, y Cody maneja esos Shoe-baroos. Él ha de tener la mejor tracción de todos.”

“Llámame cuando salgas.”

“Te amo.”

“¡Amor!”

Tanner llegó primero a la ventana, “Hijo, esa loma no parece gran cosa hasta que la caminas diez veces.”

“Seis veces.”

“¿Qué?”

“La caminaron seis veces.”

“Claro que las contaste.”

“se sintió como diez.”

“Habla. Y otra queja más. Luego armamos un buzón de sugerencias.”

Tanner se rio, “Auch.”

Cody cambió su peso de pie, “¿Está bien calientito el asiento ahí adentro?”

“Auch, Auch.”

“Ya se me está haciendo costra de tanto ver lo que se tardan con ese cobertizo.”

“Meh.”

Al mismo tiempo, “Cállate, Tanner.”

“Culeros.”

“Bueno, tenemos un marco firme, le pusimos cubierta, y lo volteamos. ¿Alguien quiere adivinar por qué?”

Cody frunció una ceja, “Ya lo dijiste, pa’ que se deslice cuando lo tengas que mover.”

“¿Eso dije?”

“¿Te diste en la cabeza con el lado equivocado del martillo?”

“Auch.”

“Auch es poco. Al compa de Stef, Phil, le toca entrenar a la Liga Pequeña, y a mí me toca entrenar a un equipo de a pura comida en aluminio, auch y requete-auch.”

Cody miró a Tanner.

Tanner se encogió de hombros, “Te dije que era diferente.”

“Bueno, tenemos un marco, y le pusimos cubierta a un lado, y ahora traigan el hilo de gis – tornillos de tres pulgadas – No les va a gustar escuadrar esa cosa, así que saquemos las cuerdas de la troca. Tanner ven acá.”

“Entonces, este, ¿quieres que traiga el triplay?”

“No, nomás súbete acá. Lo que vas a hacer es poner una hoja de triplay en esta esquina, pero nomás vas a atornillar este lado corto.”

“Entonces, pongo el triplay. ¿De qué lado pa’ acá?”

“Okey, buena pregunta. Este es el lado corto del marco. Es el que menos se va a flexionar, así que el lado largo del marco es el que se va a torcer más fácil.”

“Cuerdas.”

“Bien, dobla una a la mitad, luego dale la vuelta al árbol que tiene el raspón.”

“Auch,”

“Auch de a de veras. Pero creo que ese de todos modos lo vamos a tener que tumbar, nomás lo dejé ahí por si acaso. Pero aunque no tuviera una cortada grande en la corteza, a lo mejor lo tendríamos que quitar nomás pa’ mover el cobertizo después.”

“¿Lo ves, o te lo tengo que explicar como a una ia obtusa?”

“¿Qué es obtuso?”

“A veces la pregunta se contesta sola.”

“Auch.”

Cody se volteó, “Y ahora te haces como que lo sabías desde siempre.”

“Y ahora los dos lo saben. Obtuso, un adjetivo que principalmente significa lento para entender, falto de agudeza o sensibilidad. Geometría, un ángulo que mide más de noventa grados.”

Al mismo tiempo, “diferente.”

“Por favor dejen esa caja a escuadra. Ahorita voy, bien trepado en mi asiento, con los pies calientitos, los nervios de punta.” Miró hacia atrás por encima del hombro, “Noventa grados.”

Cody le dio la vuelta al árbol con la cuerda, “Nada de obtuso, entendido, jefe.”

“Bro, tenemos que hablar de algo.”

“Jala más fuerte, eso. ¿De qué tenemos que hablar?”

“La paga. Es dieciocho. ¿O sea que retienes una semana?”

“Pues, Sí va con una semana de atraso, pero él ya me había dicho de esto cuando le dije que ibas a venir. Me dio efectivo pa’ pagarte por día la primera semana.”

“¿Tipo, paga por día?”

“Sí, me dio efectivo.”

“¿Qué le dijiste pa’ que hiciera eso?”

“No le dije nada. Él nomás sabía.”

“Eso no es diferent.”

“Es diferente. Y nos subió a veinte, y ya.”

“¿Veinte y qué?”

“Veinte, y ya. Nos subió la paga a veinte la hora. Dice que eso es todo por un rato, pero si le agarramos la onda hay un poquito más.”

“Este cuate está raro.”

“Diferente.”

“Nel, raro. ¿Por qué se anda guardando todas esas colillas en la bolsa?”

“¿Colillas?”

“Sí, fuma tanto que podría echarle esmog a todo el valle, y trae la bolsa llena de colillas. ¿Se las fuma luego o qué?”

“Este, pues. Creo que nomás no las quiere tirar al suelo.”

“Raro.”

“Diferente.”

“Es camuflaje.”

“Pues, te entiendo, pero no ando buscando broncas aquí arriba, bro, Es buena gente.”

“Algo no cuadra con él. Y yo creí que dijiste que iba a hacer mantillo esos troncos.”

“Los troncos no, las ramas, la maleza.”

“Podría sacar una fortuna por todo ese Poplar de allá arriba. He andado vendiéndole Pino a los turistas, pero ese Poplar me deja vender aquí en el valle.”

“Pues, eso no es asunto mío. Si quieres el Poplar, tienes que pedirlo tú. Él te lo da. A lo mejor hasta te lo sube al remolque con la mini-excavadora.”

“Yo no ando de limosnero.”

La voz de Micheal irrumpió en la escena desde dentro de la troca, “Ya me voy, muchachos. Tengo que estar de vuelta en Hardin Valley a las cuatro hoy.”

(Nunca se le ocurre a cody que podría portarse como buena persona y conectar a Michael con el contacto que tenga en mente pa’ sacarle buena lana a ese poplar.)

(Porque lo regalado no cuenta, solo cuenta lo ganado a costa de algo, y los caquis en el porche son lo regalado por excelencia, gratis, en casa, y bajo los pies, porque una cosa que no cuesta nada es una cosa que él no puede valorar.)

Capítulo 10 – lunes, 18 de diciembre de 2023

“Hola.”

“Hola.”

“No puedo creer que llegué tan temprano a la casa. ¿Cómo te fue hoy?”

“Quítate esos zapatos y siéntate.”

“Estos son los limpios, los dejé en el garaje en la mañana, ¿Amy ya publicó la casa?”

“Le llegaron las fotos esta mañana, y me acaba de mandar mensaje que ya está arriba.”

“¿Balones de fut?”

“Sip, todas las fotos estiradas. Nunca me habría dado cuenta si no me hubieras enseñado todas esas casas.”

“Es increíble, ¿verdad? ¿Cómo diablos los mejores agentes de bienes raíces de la zona no ven que las fotos de este tipo están todas deformadas?”

“Política.”

“Una historia tan vieja como el robo. Si tienes el apellido correcto, ya no importa lo que hagas, es una especie de genialidad de pedigrí.”

“Lo veo todos los días.”

“Yo, ni siquiera puedo contratar a un par de cuates allá en The Drip de jornaleros sin que me hagas sacar seguro de incapacidad, de accidentes de trabajo, por el amor de Dios nos sacaste seguro de Casa Habitación En un terreno donde el cobertizo apenas se empezó hoy.”

“¿Qué tanto avanzaron?”

“Levantaron tres muros de montantes. Ese tal Cody es algo serio. Entonces estamos levantando los muros, y él como que, ¿qué no se supone que primero pones las piezas de arriba antes de pararlos?”

“No entiendo.”

“¿Te acuerdas cómo construimos tu she shed con el armazón del techo metido directo en los montantes del muro pa’ sacar el ángulo? Por eso pudimos volar el techo tan lejos por encima del porche…”

“Sí, me encanta. Pero dijiste que este lo vas a tener que mover, ¿no lo va a complicar ese techo?”

“Aquí está el anuncio.”

“¡Ay, hombre! De veras ustedes dos aventaron todas nuestras chácharas en los gabinetes, ¿verdad? No encontré esa bolsa de herramientas en una semana.”

“Esa fue Amy. Yo soy inocente. Buen intento.”

“No me puedes culpar. Sé que fuiste tú.”

“En serio, ¿y si se vende?”

“No se va a vender. Nada se vende en Invierno, además mira ese precio. Está altísimo.”

“Es el precio, a-que-no-te-atreves, eso seguro.”

“Si nos acercamos siquiera a eso, me compro cinco bolsas de herramientas y pongo una en cada lugar. Una arriba, una aquí abajo. Una…”

“No escondí tu bolsa de herramientas a propósito.”

“Bien sabes que sí.”

“¿Qué hacemos si se vende?”

“No sé. Supongo que rentamos un departamento o algo y empezamos a construir la casa nueva rapidito.”

“Apenas puedo pasar mi carro por la servidumbre de paso. ¿Cómo demonios vas a subir cuadrillas de construcción y materiales allá, y todas esas revolvedoras de concreto que tenías desfilando por aquí cuando estabas construyendo el helipuerto?”

“A lo mejor le podemos subir el precio si al final vamos por esa pintura.”

“Kitty ya está muy vieja pa’ vivir en un departamento. Ha tenido gatera y once acres toda su vida.”

“Y una reserva infinita de Ardillas listadas.”

“Y ese trono de tocón que mantiene en orden su pequeño reino salvaje.”

“Vamos a tener que mover esa cosa junto con la gata.”

“Necesitarías un arenero.”

“Mujer, yo no voy a tener arenero. Primero me voy a vivir a ese cobertizo que están construyendo.”

“Tu sueño más salvaje.”

“Sip, así soy yo; trabajé toda mi vida pa’ vivir como vivimos pa’ poder vivir En un cobertizo de herramientas con una gata. No se va a vender en Navidad, así que por lo menos hay una semana.”

“Michael. Tu numerito de tipo rudo también me da confianza, pero yo no voy a vivir en un cobertizo de herramientas.”

“Nunca me imaginé que lo harías. De todos modos rentaríamos el departamento pa’ ti y Clover. Esa perra dormiría en un tubo de alcantarilla mientras tú estés ahí.”

“Clovvver. Sí, estamos hablando de ti. No te preocupes, bebé, no voy a dejar que ese señor malo nos meta en un desagüe.”

“Ha tardado mucho en llegar, y ese lugar es nuestra oportunidad. El trato de la vivienda estudiantil se cierra el veintisiete, y es un mundo feliz. El dinero paciente nos trajo hasta aquí, con los arrendamientos triple neto de los terrenos pero ya estoy harto de pagar impuesto sobre la renta del Estado de Nueva York y predial y el impuesto escolar y el del condado y el de la ciudad. ¡Es una locura!”

“Y la contabilidad, uf.”

“Somos dueños de una mansión que no queremos, seis recámaras que se sienten tan poco nuestras que es poco más que un lugar pa’ ir a hacer popó bajo techo. Entonces el trato se cierra el veintisiete, y le puedo dar trabajo a ese dinero para el martes siguiente, dos de enero. La renta ya no va a entrar, así que necesitamos pagos de dividendos rápidos…”

“Eso no lo entiendo.”

“Sí, cómo no, a-cuadrada más b-cuadrada le brota de la boca veinticinco años después de la prepa que se la sembró ahí nomás pa’ fregarme por dar demasiada información, y los porcentajes sencillos no los entiende.”

“Era una causa noble.”

“Hmpf, entonces el martes el dinero se estaciona en la cuenta de Schwab, y llamo para abrir la LMA.”

“Eso no me gusta.”

“¿Lo dije mal? ¿Prefieres en Español?”

“Nunca habíamos pedido dinero prestado así.”

“Nosotros no, pero yo sí.”

“Sí, y lo apostaste todo, todo el montón al rojo.”

“Y sin eso, nunca habría arrancado ese terreno, lleva veinticinco años pagando las cuentas, nuestras propias cuentas todo ese tiempo también.”

“Esto es diferente.”

“Es esto, o le metemos una hipoteca a la casa.”

“¡Ah, eso sí que no!”

“Entonces queda decidido, Stef. Nuestra casa es nuestra casa, y la venta de nuestro terreno se acaba de volver nuestro ingreso.”

“No, Clover, mi amor, no nos vamos a quedar sin casa.”

“No, no todo. Seguimos cobrando la renta de los otros tres, hasta que se venda eso también. Pero la idea de construirlo con el ingreso no se puede. Algo tenía que ceder, y me fui por el apéndice.”

“¿Apéndice? Es la mitad de nuestro ingreso.”

“Te asignaron ese torniquete en tu chaleco por algo, Stef, pa’ que en el peor de los casos, lo que importa se salve.”

“Es un desmadre.”

“Es limpio. Estacionamos el dinero. Adelantamos la casa nueva con la LMA, y pagamos la LMA cuando vendamos esta casa.”

“Sí, ¿qué podría salir mal? Las famosas últimas palabras de cada delito grave clase-a que archivo, tomé prestado de la cuenta del impuesto sobre ventas pa’ pagar ese Lamborghini latoso. Y hasta habría funcionado si no fuera por ustedes, realidades entrometidas. Y no es que sean criminales de entrada, es que tienen esa mente de pieza de rompecabezas que los lleva de sabiondos derechito a un problema del que luego no encuentran cómo salir.”

“No es delito pedir dinero prestado, Stefanie.”

“No lo ves. El Lamborghini no es el delito. Es que el delito sale de no tener más remedio que pagar el carro ahora que…”

“Okey, eso se descarriló. Volvamos a la tierra. Ya no soy criminal. Ni siquiera me han parado en treinta años.”

“Ahí está la cosa. Nadie es criminal hasta que entra la matemática de la desesperación.”

“Mi amor, no soy nomás yo jalando este hilo. Aquí abajo en Hardin Valley estamos gordos, tontos y felices, la casa pagada, valiendo el doble, sin deudas, pero nuestra familia está en el Condado de Sevier, y eso es una hora de ida y otra de vuelta pa’ un cafecito, ya no digamos una cena de cumpleaños todavía media hora más lejos en Gatlinburg. Sin contar los cientos de esas cenas en los últimos diez años en que les hicimos voltear los ojos hasta dejarlos ciegos con nuestros anuncios de la mudanza inminente que ya venía.”

“O sea que ahora es mi culpa que vayas a ir a la cárcel.”

“No, es tu culpa que yo esté manejando una cuenta de acciones, un pabellón psiquiátrico, y la remodelación de toda una montaña desde el asiento delantero de una minicargadora mientras veo a Auch y Requete-auch calentarse las manos metiéndolas por delante de los pantalones entre tornillo y corte de sierra. Y luego me pasan la herramienta pa’ que les enseñe una cosa o la otra y a mí también se me hacen las manos de huevos huecos. Todo ese tiempo, ando picoteando y rascando la pantalla del teléfono pa’ encontrar el regalo de Navidad perfecto pa’ la mujer que amo porque el Ty Beanie Baby del Stop and Rob de la calle de arriba no tenía ese je ne se quoi que yo esperaba que expresara mi amor.”

“Ayyyy, ¿qué me compraste?”

“No te voy a decir ni madres. Y nomás pa’ que no se te ocurran ideas brillantes, me paré en el Home Depot de camino a la casa, y compré un buzón pa’l diseño de jardín del vecino de enfrente pa’ que el camión de Prime sepa exactito dónde entregar mi premio. No vas a agarrar la caja antes de que yo llegue.”

“Okey, okey, entonces cabe en un buzón.”

Capítulo 11 – martes, 19 de diciembre de 2023

“Okey, entonces traigan el nivel…”

“No traje nivel.”

“¿Cómo se les ocurre a ustedes dos que vamos a cavar un hoyo, meter un poste de cuatro por cuatro y encajarle el buzón sin un nivel?”

“Yo no soy carpintero.”

“Sí, eso ya me quedó claro ayer, Einstein el Loro Texano.”

“Auch,”

“No hay manera de que sobreviva a esto. No hay manera. Pónganle los números. Los veo loma arriba.”

“Pero está chueco,.”

“Igual que tú. Pónganle los números y súbanse caminando. Cabroncitos. Se les olvida el nivel, ¿eh?”

“Creo que de veras quiso decir caminando.”

“Sí dijo, nada de viajes en el cucharón, ayer, pero luego nos bajó manejando en la mañana.”

“Así son esos cuates. Unas reglas pa’ mí y otras pa’ ti.”

“No es eso, Cody.”

“Es eso. Él no quería la molestia esperar que bajemos toda la loma caminando, así que a la primera rompe su propia regla, se hace la vida fácil.”

“Aunque así fuera, eso me hizo la vida la mitad de difícil de lo que tenía que ser porque no tuve que bajar cargando todas las palas y los postes y el buzón – la caja, Además se llevó todo eso de regreso, así que, ganamos, medio ganamos.”

“¿Te acuerdas de Wiggins?”

“Sí, era mi orientadora.”

“La mía también. No puedes nomás tener esperanza…”

“También hay que chingarle. Esa fue la pendejada más grande del mundo.”

“Pero es cierto.”

“Ella vive ahí mero.”

“¿Tipo, ahí, ahí?”

“Sip, en ese tráiler… Pero ella le decía esa estupidez de chingarle a cuates como yo, lo único que hago es chingarle.”

“¿Chingarle?”

“Pues, sí. Chatarreando, jornaleando.”

“No es chingarle cuando siempre vas atrasado.”

“Es chingarle cuando es chingarle. Yo le chingo.”

“Vender chingaderas pa’ poder rasparle a la piedra no es chingarle.”

“Claro que te apuesto las nalgas que eso es chingarle. Ándale, ráspale la piedra a un tecato. Dime que no le estás chingando”

“No creo que eso sea lo que ella quiso decir.”

“Ya no fumo, de todos modos.”

“Sí, ya mencionaste que no eres carpintero.”

“¿Qué?”

“Olvídalo.”

“Mira, ahí hay un oso.”

“Oh – Es como si no estuviéramos aquí.”

“Sabe que estamos aquí, apuéstale.”

“Le voy con todo. Hermoso.”

“¿Qué onda con lo de los viajes en el cucharón?”

“Es el seguro.”

“¿Él dice que es el seguro?”

“No, el seguro está a mi nombre. Ahí lo dice.”

“¿Por qué te lo puso a ti?”

“Ya te dije. Me mandó con el abogado, armé una compañía, me pagó la licencia de remodelación. El abogado abrió cuentas de banco, y arregló que ellos se encargaran de la nómina. Lo único que hago es checar entrada en el teléfono, subir los datos el martes, y me, nos, pagan el viernes.”

“Yo nunca tuve un jale así, que pongo mis propios horarios.”

“No es realmente un jale. Es mío.”

“¿Cómo que es tuyo?”

“Es mío. Todo está a mi nombre, el nombre de la empresa.”

“Puras mamadas.”

“No, de a de veras. Lo hice todo con el abogado.”

“¿De dónde sacaste el dinero pa’l abogado?”

“Él lo transfirió a la cuenta después de que armamos todo. Yo le hice un cheque al abogado.”

“¿Esto es una estafa o qué;.”

“Si lo es, es una buena.”

“¿Cómo va a ser buena? Este cuate se agarró tu buen nombre, y anda creando corporaciones y a ti te enjareta el delito.”

“No es así. Te estoy diciendo. Lo hice todo con el abogado.”

“Abogado mis nalgas. ¿De dónde sacaste a ese abogado?”

“Él…”

“Sip, ya lo sabía. Es una estafa. Lo regalado es tranza, Tanner.”

“Pues, este, sigámosle. Todo es una estafa. ¿Qué quiere?”

“Quiere una casa y quiere pagar tarifa de jornalero pa’ tenerla.”

“¿Y? ¿Tú no?”

“Es nomás un nodo nuevo, compa.”

“¿De qué demonios estás hablando?”

“Un nodo nuevo. No nomás está contratando mano de obra pa’ construir una casa a su manera barato, está contratando algo con lo que puede presumirle a sus amigos lo listo que es. Mírenme, no nomás contraté mano de obra y trabajo barato, soy tan listo, que los hago dueños.”

“¿Cómo es eso un nodo o lo que sea?”

“Un nodo compa, como decía Wiggins. Un nodo. Una estaca en el suelo. Un lugar nuevo pa’ poner una cosa nueva cuando no cuadra con las viejas.”

“Qué demonios.”

“Tipo, si eres tan listo que creas información nueva, no puede ir con la información vieja, así que te consigues un nodo nuevo.”

“Yo nunca recibí ese sermón de ella. A mí me dio un montón de folletos de oficios y chingaderas.”

“Entonces, es tu red, tipo. Tus asociados.”

“Sí, justo lo que nos hacía falta - tus asociados.”

“Tú eres uno de mis asociados.”

“¿Se van a subir acá ustedes dos? Ya sé que se mueren de ganas de volver a ese cobertizo, pero ya que estamos aquí, les quiero enseñar la presa.”

“Yo quiero ir a ver ese puente que tú y Peter andan construyendo”

“Ah, creíste que me refería a un recorrido por la obra.”

“Otra vez no.”

“Entonces cierra ese hocico y mira esto. ¿Ven cómo sale el agua del tubo del vertedor?”

“No estoy ciego.”

“Tiene vista, no puede ver. Escucha entonces si vamos a hacer un recorrido por tus sentidos, intenta oír. Es nomás un hilito, pero el agua que sale por debajo va constante al arroyo.”

“Ya lo veo,” dijo Tanner.

“Bien, y lo soltaste antes de que Cody pudiera hacerse el chistosito con el punto.”

“Auch.”

“Eso es lo que sigue. Tenemos que construir un cobertizo. El frío no nomás viene, ya llegó, y necesitamos un lugar pa’ trabajar.”

Cody miró hacia la excavadora, “Entonces tenemos que desenterrar ese tubo y meter uno por donde la ladera de la montaña se junta con la presa.”

“Intuición, el sexto sentido. Casi gemelo de las mamadas. Ya sé que Tanner te contó de este proyecto.”

“Hijo, uno no puede tener un respiro contigo.” Cody se rio.

“Tú tienes un montón de respiros, como cuando escupes ese tabaco asqueroso por todos lados donde estamos tratando de trabajar, o qué tal que la única razón por la que pones atención es pa’ calcular cómo saltarte el nivel. Que yo no mencione esas,” Con el acento de Cody, “Esos son respiros.”

“Auch.”

“¿Todo eso lo sacaste en un día de trabajo?”

“Eso y más.”

“Diferente.”

“Auch. Entonces esto es lo que sigue. Tenemos que echar a andar ese cobertizo hoy. Primero,” Interrumpe su propio pensamiento, “Ándenle, patitos, síganme,” mientras camina alrededor del estanque hacia la obra, “Lo primero que tenemos que hacer hoy es marcar las líneas pa’ la línea del techo. Vamos a marcar el lado del desagüe a 9 pies y el otro lado ya está a diez pies, pero revísenlo porque nomás usamos los montantes en bruto…”

“Además ya tenemos la solera de abajo ahí puesta.”

“Buen ojo, Cody. Entonces marquen diez pies del otro lado. Luego es A-cuadrada más B-Cuadrada igual a C-cuadrada.”

“Me salgo.”

“Sí, él no es carpintero.”

“No hay bronca. Sin ángulos, a lo mejor tampoco puede sacar la altura ni el desarrollo… así que vámonos con esto. Cody, agarra esa tabla. Hagan de cuenta que estas son las marcas que acabo de adscribir…”

“¿Qué chingados significa adscribir?”

“¿Prefieres que use esta tabla pa’ enseñarte el ángulo y te madree con otra, o esta puede hacer doble función? No eres tonto como todos creen. Nomás tienes cuidado de interrumpir en el momento justo pa’ que la información no se meta.”

“Auch.”

“¿Me vas a traer así todo el Invierno?”

“Es una escala. Entre más tonto te pones, más de estas tengo cargadas. Así que tú decides, la neta. Yo preferiría empezar el techo de este cobertizo y volver al puente.”

“Sentarte en tu troca calientita, más bien.”

“Claro, podría hacer eso, pero entonces cómo le harías pa’ resolver este cobertizo y apurarte pa’ ir a sentarte en esa excavadora calientita pa’l trabajo de la presa.”

Tanner añadió, “Y yo podría dejar de congelarme las nalgas mientras ustedes dos se miden la verga,”

“Te lo prometo, Cody es el más vergón. Sostén esta tabla arriba. Lo que haces es sostenerla ahí en la marca de la línea alta y la marca de la línea baja, y rayas una línea, así. Ese es tu ángulo. También hay un transportador de ángulos en la troca. Mil maneras de sacar esto.”

“Ok, entonces ponemos la banda, y luego cortamos los montantes por encima de la nueva línea del techo de este lado bajo.”

“Sip, le ponemos cubierta con ese CDX de media pulgada, y nos salvamos de la lluvia de mañana. Ya me voy. ¿Pueden con esto?”

“Sip, ve a sentarte en tu Hummer calientita. No se te olvide el calentador del asiento.”

“Yo no uso esa cosa. Me hace sentir como si trajera el pañal cagado.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Cómo va todo allá arriba?”

“Tiene sus momentos. Por lo menos llegué antes que Tanner otra vez – pero apenitas. El vato llegó rodando a las 7:30, dos minutos después de que me estacioné.”

“Buen intento, chamaco.”

“Y Cody salió en la cámara de la entrada como cinco minutos después de eso.”

“¿Ya le dijiste?”

“Nel, esa me la guardo en la bolsa. Pero sí escarbé tantito pa’ asegurarme, y tienes razón, A lo mejor sí es su papá. Hasta habla igualito que el tipo.”

“Es Norman.”

“¿Quién demonios es Norman?”

“No, Norman, Cody, 1221 Dripping Springs Road.”

“Lo voy a investigar.”

“Entonces, estoy ahí sentado en la troca, él llega rodando, por poquito se da en la cabeza con la ventana del copiloto pa’ ver si yo llegué antes que él o no.”

“Las imágenes. De veras hacen que mi tarde se pase volando.”

“Tú vas a poder seguirme el paso.”

“Entonces, Llegaron. Están trabajando. ¿Qué hay en la agenda?”

“Es clase de Geometría pa’ los brillantes. Tan pinche listos que la teoría no se les puede colar. así que andamos rayando con piedras en la madera donde van las líneas y cortando el ángulo con un bejuco.”

“¿De qué demonios estás hablando?”

“A veces los chistes son nomás pa’ mí.”

“¿Qué – hay – en – la – agenda?”

“Ah sí, la agenda. Cubierta del techo hoy. Le eché el anzuelo a Cody con lo de la presa. Pobre chamaco cree que va a estar en la máquina desenterrando tubo.”

“Sí contrataste a esta gente pa’ hacer el trabajo, Michael.”

“Sí, cuando conozcas a este cuate, vas a entender que va a pasar un buen rato antes de que lo deje escarbar la corona y la parte de atrás de una presa viva que contiene más de doscientos setenta y cinco mil galones de agua.”

“Claro que sabes cuánta agua hay ahí. ¿También contaste los peces?”

“Todavía no. Entonces, con Seguro de Accidentes o sin él, yo voy a estar en el asiento cuando se le abra la brecha a la presa.”

“¿Brecha?”

“Sí, brecha. El deslave de hace millones de años claramente hizo la cosa. Eso se ve, pero la corona la acondicionaron en algún momento hace muchísimo. Tiene un tubo de alcantarilla adentro.”

“¿Cómo sabes todo eso?”

“Los tubos de alcantarilla son…”

“Sabelotodo, el deslave.”

“Porque no se ve natural, pero está asentado como si siempre hubiera estado ahí.”

“O sea que no sabes que fue un deslave de hace un millón de años.”

“Casi se puede ver dónde le falta la tierra a la ladera de arriba.”

“¿O sea que estás adivinando?”

“Ándale pues, adivinando. El punto es que la cosa está aquí, tiene un tubo de alcantarilla donde alguien trató de controlar el agua con los años pa’ la pesca,,,”

“Ahí vas otra vez, pa’ la pesca.”

“Santo Dios, ¿estás redactando preguntas de interrogatorio pa’ un caso?”

“No.”

“Eso es exactamente lo que estás haciendo. Estás sentada en tu escritorio, y estás redactando preguntas de interrogatorio pa’ algún testigo o sujeto, y la actitud se está desbordando sobre la-presa-que-está-en-la-agenda.”

“Yo soy la que hace las preguntas.”

“Qué linda. Entonces, es Introducción a la Presa, Techo del Cobertizo, Yo y Peter, y el buzón por supuesto.”

“¿Es una joya?”

“Es una gema en bruto en la naturaleza salvaje con una entrada que no estoy convencido de que UPS vaya a intentar subir.”

“No me puedes regalar un terreno sin casa en Navidad. Tiene que tener una casa. Entonces, digamos, ¿pa’ mi cumpleaños?”

“¿Cuál cumpleaños? No el de los cuarenta y dos. A lo mejor el de los cuarenta y tres.”

“Ni de chiste se tarda año y medio.”

“Puede ser. No tengo camino de entrada. No tengo cavado el hoyo de la cimentación. No tenemos contratista, no tenemos dinero a la mano, no tenemos fosa séptica, electricidad, agua, y ni siquiera tenemos mis herramientas aquí todavía pa’ construir ninguna de esas cosas. Ni siquiera tenemos un plano de la casa. Les estoy pagando a estos cuates y todos los materiales de mi propio ingreso ahorita”

“¿Es un inflador de llantas?”

“Auch.”

“Ahí está en la página tres, Los Delitos Menores de Michael y Cómo los Va a Pagar, Inflador de Llantas.”

“Ya entrado en gastos, pedí veinticuatro paneles solares, un inversor y cuatro baterías. Bill va a subir la semana que entra a poner unas cámaras mejores, y necesito internet pa’ esas. No es todo el sistema, claro, pero nos arranca, y metí el pedido en 2023, así que podemos reclamar el crédito fiscal del 30% antes de que se venza.”

“Internet y luz en la misma semana. Cada día más cerca de los cuarenta y dos.”

Capítulo 12 – miércoles, 20 de diciembre de 2023

En 2014, Michael contrató a una compañía de perforación direccional para hacer unos trabajos en la casa de Hardin Valley. El dueño hizo bien el trabajo, y lo contrataron dos veces más. Las tres veces, el trabajo fue bueno, pero el ambiente era una agonía. El dueño menospreciaba y regañaba a sus empleados delante de él. Era una crueldad verdadera y sincera, no con la mira puesta en el crecimiento del empleado como uno encontraría en una obra, sino esa crueldad que solo puede verse en la alegoría de patear a una perra acorralada, ella gimiendo de agonía ante la impotencia de la siguiente patada que seguro vendría. Intenciones tan crueles que describirlas como la cosa egoísta que eran sería patear a la perra una vez más.

Entra el reemplazo, Chris Gibson Directional Drilling. Un hombre en su propio rincón, pateándose a sí mismo. Chris llegó a Hardin Valley con la versión de perforación direccional de una carcacha de Las Uvas de la Ira, cargada no con un cuidado deliberado por la carga entre los muebles, sino en una carrera desesperada por volver a subirlo todo y largarse hacia la pipa que no esperaba en los estantes de la máquina sino en el lado del cobro del cheque.

Cuando Chris llegó por primera vez, Chris estaba limpio, pero su gente no. Cinco años de proyectos después, enfermos de malilla todos, y para el sexto año, Chris también.

Solo el hombre con pecado puede detener la mano de la piedra, y Chris encarnaba ese dicho, y eso lo derrumbó. Detener la mano engendró pecado por el perdón que habría de venir. Y para un hombre con la conciencia culpable, el perdón era el perro al que nunca se le podía acabar de acariciar del todo.

Para Chris, el fracaso en el camino no era el sendero al éxito, sino el éxito de cada pavor de la desesperación. Chris no solo coleccionaba tropiezos como premios, los curaba en vitrinas de vidrio estrellado y cerraduras forzadas – donde, habiendo perdido la llave, Chris en su esfuerzo interminable por repetir sus errores había metido la mano y vuelto a probar la pieza antes de devolverla a la exhibición.

Diciembre de 2023, entra Chris Gibson, Curador, la misma carcacha, una cuarteadura nueva atravesando el parabrisas. Y con él llega la prueba absoluta de que este terreno jamás tendrá luz municipal, una negativa que solo se volvió más cierta por la propia respuesta de Gibson ante la cosa. Si este hombre no está dispuesto a intentar ganarse un fracaso nuevo, entonces la cosa no se puede hacer. Todo Roca, dice.

Capítulo 13 – jueves, 21 de diciembre de 2023

“Entonces, eso lo decide. Tres semanas adentro, y ahora tienes que llamar a Sevier County Electric pa’ cancelar el permiso.”

“Michael, no seas pesimista. No es una pérdida total. Sin eso, no tendríamos domicilio.”

“Cierto, y sin el buzón, no vendría en camino mi licencia de manejo renovada con la estrellita y el registro de votante, y…”

“Encima de todo eso, ya estás en las listas, bebé. Tu citatorio pa’ jurado va a llegar cualquier día.”

“Imagínate. Las ruedas de la justicia dictadas por mí.”

“Todo mi trabajo duro, deshecho.”

“Aterrador. Además ya podemos sacar nuestro permiso de fosa séptica. ¿Llamaste al científico de suelos?”

“Ese buzón está bien ocupado. ¿Es un reloj nuevo pa’l trabajo? G-Shock. Verde menta. El que tiene la fecha. No el modelo de este año, el del año pasado. Está en Amazon.”

“¡Ay, hermano!”

“Te va a ver allá mañana a primera hora.”

“Entonces metimos una cita antes de Navidad.”

“¿Cómo se veía Chris?”

“Estuvo feo. Los muchachos estaban desempacando todo el equipo solar. Cody lo subió en la minicargadora…”

“¿Lo subió?”

“Era un camión de caja enorme, sin plataforma elevadora. Yo andaba con Peter, y el chofer llamó haciendo berrinche, que no subía por esa entrada. Entonces, conseguimos las horquillas justo a tiempo ayer, y Cody bajó por las cosas.”

“Frágil, dice, Calcomanías grandes verde neón…”

“Naranja.”

“Calcomanías grandes Naranja de frágil. Y mandas a Cody a recoger, ¿cuántos paneles dijiste?”

“¿Quién está contando esta historia, Stefanie?”

“Tú no, Señor parábolas y despistes. Yo voy directo al grano. Cody baja por la entrada que un chofer profesional no se atreve a intentar, y va manejando mi minicargadora…”

“¿Tu minicargadora?”

“Shh, esta es la versión corta, y no quiero perder el tiempo con tus interrupciones…”

“¿Mis interrupciones? Yo estaba contando lo de Chris, y tú me secuestraste mi historia solar con esta farsa disfrazada de noticia.”

“Entonces Cody va bajando por la entrada, a medio camino de su casa con mi máquina, y lo mejor que puede pasar es que nunca se dé cuenta de que podría nomás seguirse de largo con ella.”

“Nada de esto pasó.”

“Ah, sí pasó. Entonces recoge mis paneles solares que prometen meterme a mi casa nueva pa’ mi cumpleaños cuarenta y dos. - Paneles solares de vidrio en horquillas de tarima que va manejando Cody. ¿El mismo Cody que puebla casi cada uno de tus pesares y sarcasmos? ¿Ese Cody, con mis paneles solares de vidrio?”

“Pues le va bastante bien con una pipa de cristal.”

“¿Alguna vez has visto una de esas cosas en su hábitat natural? Casi todas las que veo están estrelladas y rotas. En fin, me interrumpes. Cody en modo conejo en la– ¿por qué les dicen a las velocidades tortuga y conejo? O sea, ¿es un John ---Deere?”

“Algo traes ahí.”

“Entonces Cody llega, y oigo los pedazos de vidrio sonando adentro del marco de madera y el plástico de emplayar.”

“Ese cuate es un peligro.”

“Y ahí viene Chris, suena como un avión estrellándose subiendo por la entrada.” Tenías que ver su parabrisas. Era como si alguien le hubiera aventado un oso. Una cuarteadura de lado a lado, la esquina de arriba del lado del chofer estrellada como estrella – claramente otro incidente aparte,”

“Tarjeta de circulación vencida, licencia suspendida o revocada. Un letrero rodante de párame-por-favor…”

“Okey, ¿o sea que ahora también estás contando el lado de Chris?”

“Contextualizando.”

“Entonces, Su hermano, acuérdate el que tuvo sarna aquella vez, que conseguiste que Brittany te recetara permetrina? Va atrás con las herramientas. Te lo juro por dios, desmayado.”

“Sabes que eso ya está en mi expediente médico, sarna.”

“Eres una cochina, pero eres una Dama Sureña comparada con esa novia o esposa o lo que sea loca de remate en el asiento del copiloto como siempre. Con la capucha puesta, las costras de la cara no del todo escondidas. Y él se baja…”

“Yo iba a la mitad de mi historia de Cody. ¿Qué dijo del panel solar?”

“Pues, yo voy a la mitad de mi historia del futuro de Cody, y me dio demasiado miedo cortar el plástico, así que me fui con la escena de Chris.”

“Chris. Cody. Futuro. Entendido.”

“Se bajó de la troca.”

“¿Cuál troca era?”

“La blanca. El parabrisas estrellado de la roja fue el tema de nuestra última escena de Chris.”

“Ya, ya. Pero no la Land Rover.”

“Ya se me había olvidado esa cosa. No, esta era la pickup.”

“La de las llantas lisas de diferente tamaño y con los hilos de fuera. Pero sí consiguió llantas nuevas usadas. Supongo que esas se rindieron en algún punto entre el jale de perforación de la pandemia y el encore de hoy en The Drip.”

“Ya vi lo que estás haciendo, metiéndote en mi descripción, pa’ avanzar la trama porque sientes que no tienes suficientes líneas.”

“A lo mejor si me preguntaras cómo me fue en el trabajo, no tendríamos este problema.”

“Sí te pregunto, pero nomás contestas, es confidencial.”

“Te cuento todo.”

“Espérate, dilo otra vez, no creo que la grabadora haya agarrado todo el sentido.”

“Si estás en mi jurado, nunca me van a condenar.”

“Entonces, Chris se baja.”

“¿Anda drogado?”

“Yo no hablo en parábolas y despistes, hablo en interrupciones y arranques de nuevo.”

“Parábolas.”

“Nel, es como si yo estuviera en el banquillo, y tú tratando de hacerme caer. Lo peor es lo bien que funciona. Todos estos años, sé que viene, y aun así funciona.”

“Ahora sabes cómo me siento, cabrón.”

“Chris se baja.”

“Eso ya lo dijiste.”

“Y un cometa bajó del cielo y borró todas mis miserias en un destello de luz.”

“Por lo menos eso fue rápido. La luz tuvo suerte de no tener que sentarse a oírte divagar diez minutos repitiendo una y otra vez, Chris se bajó. Y sin llegar nunca a ningún lado con eso.”

“¿Qué vamos a cenar?”

“Ayy, no te rindas. Ya le paro. Te lo prometo.”

“Entonces Chris se baja, y como que, señalando a su hermano, ¿puedes creer a este cuate? Puede dormirse donde sea.”

“Yo, me estoy preguntando si el tipo siquiera está vivo. No manches, está tendido a lo largo de la plataforma oxidada y grasienta. Literalmente está atravesado encima de un agujero que da directo al chasis al aire. Y está noqueado. O sea noqueado. Nos fuimos pa’ atrás mientras nos saludábamos, y yo estoy parado a dos pies literales de su cara, y está roncando como estertor de muerte, de a de veras secreciones terminales. Y tiene la cabeza mitad adentro y mitad encima de la orilla de una cubeta aplastada como si hubiera empezado como una especie de almohada, así que el sonido se amplifica también. La esposa está mirando por la ventana de la cabina, un espectro por derecho propio, la única prueba de que está viva es que una de las costras de la cara está supurando, y sus ojos alcanzan a ver el tamaño de la piedra que viene al final del cheque que Chris está a punto de ganarles. Diría palabra de Scout, pero no puedo meter a esos niños en esta escena, ni siquiera como cuento de advertencia. Entonces estoy a punto de ir por el Narcan cuando se despierta como - fue igualito que si yo ya – fue igualito que en la tele.”

“Igualito que en el trabajo. Vuelven de golpe en un respiro que ha estado esperando siglos pa’ cobrar vida. Y esos pinches ojos.”

“Sí – perdón - Fue así. Pero yo no le había dado – no había sacado el Narcan. Nomás volvió de golpe. Y ahí está Chris, nomás hablando. No sé qué demonios estaba diciendo. A media frase de alguna pendejada, que la baliza está descompuesta o lo que sea. Las siguientes palabras que oigo, ¿tienes pilas D? Y se supone que yo nomás debo volver en mí. Y estamos a mitad de resolver un problema, y hasta eso está mal. Tengo suerte de tener un cargador de teléfono en la troca aquí arriba. Es como si no estuviera viendo a su alrededor. Es el bosque. Hay un cobertizo, una troca, algo de maquinaria pesada y un cobertizo a medio terminar. Al hermano del vato se le acaba de morir y volver a la vida frente a mis ojos, y este cuate me está preguntando si necesito alguna otra perforación, no tan profunda esta vez. Y yo estoy perdido.

¿Cómo que?

Pues, Es pura roca, Michael, por poco pierdo la cabeza tratando de pasar.

¿Qué?

La pesqué, la empujé de regreso, y agarré una rosca, tuve suerte. ¿Tienes otras perforaciones? Esa no la puedo sacar.

Y vuelvo en mí. Resulta que lleva la última hora allá abajo en la servidumbre de paso, montó la máquina, empujó unas cuantas perforaciones, y se rindió. Según esto subió la perforadora caminando por la entrada, y por eso nunca oí tronar la grava. Oí el motor de tren de la cosa, pero creí que era nomás ese viejo yonque, y que el tipo había resucitado algún motor de tren muerto hace mucho que yo no había visto detrás de los tráileres o algo. Resulta que era Chris en la entrada tratando de ganarse una piedra sin tanto saludo y tanta cosa. Y ahora está loma arriba, Perforadora en el remolque, esposa en la ventana, y el hermano poniéndole cinta canela nueva al mango de la baliza.”

“Más o menos así es.”

“Sip. Si este hombre no quiere intentar la perforación, no se puede hacer.”

Capítulo 14 – viernes, 22 de diciembre de 2023

“¿Cómo le haces?”

“¿Cómo le hago qué?”

“Todavía está casi oscuro, ¿y otra vez llegaste antes que yo?”

“No me estás acusando de dormir aquí, ¿verdad? Me viste dar vuelta a la derecha pa’ la entrada mientras venías subiendo por el camino.”

“No, dormir aquí no, pero ¿sí duermes?”

“Adivinaste, soy vampiro.”

“¿Quién es ese?”

“Ni idea. ¿Monstruo de grava?”

“¿Qué qué?”

“Grava crujiendo, no esperas a nadie… monstruo.”

“Raro.”

“Es Cody, ese es el carro de su novia.”

“¿Novia? Tiene un bebé. ¿Y dos mujeres? Todavía estoy tratando de entender cómo consiguió a la primera.”

“No, Meghan. No están casados.”

“¡Ah, jijo! Hice que mi vieja me trajera temprano, y ustedes dos ya estaban aquí antes que yo.”

“Al gusano madrugador le toca la tierra húmeda.”

“¿Qué?”

“¿Eh?”

“Nada. Soy raro. Ustedes dos llegan temprano. Yo llego temprano. Es el último día antes de Navidad, el fin de la primera semana completa de Cody, y no la regó - Aquí están esos veinte que te debo, Tanner. Tenías razón –“

“Auch.”

“¿Apostaste en mi contra, jefe? Eso duele.”

“El día todavía es joven. Vamos a desayunar. Cody, tú manejas mi carro.”

“No puedo. ¿No tengo licencia?”

“Tanner, ¿Cómo confirmaste su permiso pa’ trabajar sin licencia?”

“¿Qué?”

“¿Qué ese formulario no pide identificación? Y, Cody, súbete atrás – manejar a mi obra el miércoles sin licencia de manejo. ¿Qué te pasa?”

“¿Cómo?”

“Puedes estacionarte en el hueco donde el camino se abre en Y, pero yo lo veo todo, muchacho.”

“No viste que no tengo licencia.”

“Auch.”

“¿Por qué no tienes licencia?”

“¿Nunca saqué una?”

“¿Qué demonios?”

“¡Órale! ¿Está prendido? Ni lo arrancaste.”

“Ja, no. Eso a mí también me agarró la primera vez que me puso de chofer.”

“Me mareó tantito, no esperaba moverme.”

“¿Chofer? ¿A esto le llamas ser chofer? Esto es manejarle a Mr. Magoo. Usa el acelerador.”

“Está bien baches.”

“¿Te parezco frágil?”

“--- ¿Voy a la derecha o a la izquierda?”

“Pues, Cody no nos invitó a desayunar a su casa, así que supongo que a la derecha. Vamos a sentarnos y comer unos huevos.”

“¿IHOP?”

“No, Seymour Grill. Viene el científico de suelos, y tengo que regresar.”

“A Meghan le encanta ese lugar, Pero está bien pinche caro.”

“No te preocupes por eso, yo invito.”

“Pero el bebé come gratis. Eso está chido.”

“¿Por qué no sacaste la licencia?”

“Tengo demasiadas multas.”

“Espérate, ¿qué? Nunca tuviste una, ¿verdad?”

“Pues, sí, pero eso no quiere decir que no maneje.”

“¿O sea que manejaste sin licencia y te multaron?”

“Un montón.”

“¿Manejaste sin licencia, te agarraron y te multaron, y luego volviste a manejar y te pusieron otra multa, o te pusieron un montón de multas una sola vez?”

“Me paran mucho.”

“Espérate. Tú – tiempo presente… No tu pasado. Entendido. ¿Entonces ahora no te dejan tener licencia?”

“No, ahora sí. Nomás tengo que hacer el examen otra vez.”

“¿Otra vez? Mira, nomás suéltalo, la revelación serpenteante al revés un dato desmintiendo el dato de antes, la línea base moviéndose todo el tiempo, es una migraña con café frío.”

“¿No entiendo la pregunta?”

“¿Crees que no veo lo que estás haciendo?”

“Es mi propia jugada. Hacerse el tonto lo justo, que la información salga demasiado cara. Además es buena. Ella cae cada vez.”

“Tengo que hacer el examen.”

“Manejaste el miércoles.”

“Sí.”

“Yo no me rajo, Cody.”

“¿Por qué importa?”

“Importa porque yo lo digo.”

“Quién hizo…”

“Nel. Buen intento. Ahora yo lo voy a contar.”

“Okey, papá,”

“Auch.”

“¿Y ese auch?”

“Chiste privado.”

“Tanner, cállate. Cody aquí cree que tiene con qué descarrilar mi línea de indagación.”

“¿Línea de inda-qué?”

“Qué lindo, cabeza de mierda. Otro buen intento. Entonces, ahí estás tú, todos los demás tienen licencia, y tú como que, yo no necesito ninguna licencia, ya llevo dos años manejando, y todavía no la he necesitado. Pero te pararon por primera vez, sabrá dios de quién era el carro, y…”

“El carro de la abuela.”

“Manejando el carro de la abuela, demasiado chico pa’ tener licencia. ¿Te lo robaste?”

“No es robar”

“¿Tenías permiso?”

“No.”

“Ahí está, te lo robaste.”

“No me acusaron de robármelo. El cargo fue uso no autorizado.”

“¡Chin! Me agarró. ¿Viste eso Tanner?”

“Sip, lo vi. El chamaco es bueno.”

“Cody, cabroncito, podrías dirigir el Vaticano con tantas distracciones y medias verdades…”

“Yo…”

“Ni de pinche chiste. No me vas a volver a interrumpir. Entonces ahí está Cody, manejando el carro de la abuela.”

“Técnicamente, no estaba manejando. Me agarraron en el Weigles. La abuela no sabía que yo traía el carro, y lo reportó robado.”

“¡Jesucristo! Manejando. Al Weigles. Espérate, ¿qué necesitabas en el Weigles?”

“Necesitaba ’baco.”

“¿Qué chingados es ’baco?”

“Tabaco pa’ mascar.”

“Gracias, Tanner. Y qué bueno que lo dijiste tú porque este payaso habría contestado con una pregunta…. ¿Qué es ’baco? ¿Por qué contestas con una pregunta? ¿Por qué haces la pregunta, quién no sabe qué es ’baco…. Y vueltas y vueltas. Ojalá este vato nunca tenga que llamar al 911, los carros van a ser cascarones oxidados en el cruce antes de que admita que sabe la ubicación.”

“Auch.”

“Ouch, tal cual, es pura agonía. Entonces, aquí está Cody, en la escena de sus varias aprehensiones…”

“¿Aprehensiones?...”

“Policías pidiéndole ver su licencia, retorciéndoles la mente hasta dejársela toda arrugada antes de que lleguen siquiera al grano, cambiando de forma y haciéndolos bola hasta que nomás se rinden y lo mandan a su casa caminando en vez de pasarse el mes siguiente tratando de escribir el reporte. ¿Cuántas veces fue, Cody, que te pararon y se rindieron sin darte una multa?”

“Un chingo.”

“Estaciónate enfrente, Tanner. Entonces, el chofercito aquí se rima su camino hasta sus corazoncitos tiernos, y lo dejan ir, pero no todos. Seguro como la mierda que alguien lo paró más de una vez, más de unas cuantas veces. Le pararon el culo tantas veces que el dueño de ese carro lo pararon más de una sola vez porque los polis ya se acostumbraron a esa nave y a encontrar a Cody adentro.”

“Está Christy, nomás agarren el gabinete de enfrente. Yo me quedo aquí afuera a fumar. Pídanme un café, una Coca y un jugo de naranja.”

“Te dije que era listo. Ya te tiene bien calado.”

“¿De qué hablas? Lo traje tartamudeando como pendejo todo el camino.”

“Tartamudeando, a lo mejor, pero se mueve bien en las cuerdas, y yo no le diría pendejo con lo que vi en el sparring.”

“Pendejo. Bro. Yo no me robé el carro de la abuelita. ¿Y qué es eso de que los carros se oxidan en el crucero? El vato no puede decir derecho lo que quiere decir, así que inventa nubes de imágenes.”

“Y tú dices mentiras.”

“Lo mismo. Nubes de imágenes. Igualar la energía.”

“Pero te estás imaginando la energía.”

“¿Cómo así? ¿Qué le importa a ese señor mi estatus? Esto es un jale. Él necesita un hombre que maneje una máquina. Yo necesito lana. Trato.”

“Pero no estás manejando una máquina.”

“No, porque él es el que miente.”

“Espérate. Yo soy el que te contrató. ¿Estás diciendo que yo mentí y te dije que ibas a estar en una máquina?”

“Nel, carnal, yo nomás.”

“Quiubo, chamacos. Gracias por las bebidas, Tanner.”

“Yo las pedí.”

“Ah, gracias, Cody. Pero yo le dije a Tanner que lo hiciera. Me gusta que se sigan mis instrucciones.”

“Qué de…”

“No me vengas con qué-de. Di una instrucción, y esperaba que se siguiera. Jugo de naranja, Coca, café.”

“De hecho, dijiste café, Coca, jugo de naranja.”

“Mira, pinche mocoso. Eres listo. Más listo que nosotros dos juntos, pero lo que tienes de listo es lo que te falta en usar la información que puedes juntar con esa pinche mentecita enferma que tienes.”

“Bro…”

“No me digas bro. Escúchame. Te voy a decir cosas que no quieres oír, pero qué bueno que Tanner te tiene atrapado en esa esquina del gabinete para que no puedas salir corriendo de oírlas. Tienes un cerebro hecho para la NASA y una actitud hecha para una larga vida de sufrimiento en llamas. ¿Viste a ese hombre morirse en la caja de esa troca ayer? ¿Viste a esa mujer? ¿Viste que su hermano quiere baterías, y lo único que me pregunto es para qué es la batería? ¿Tiene un DEA en algún lado que necesita carga?”

“Qué chingados es un…”

“Ni se te ocurra. Ni lo pienses, carajo. Te tumbo tres de tus dientes negros apestosos aquí mismo en esta mesa si te pones a jugar conmigo ahorita. Eres un pinche culerito, y aunque no te conozco, conozco el mundo, y conozco a los culeritos como tú bien bonito. Tengo un doctorado en cagadas como tú. Y una cosa que sé es que no llegaste a esta edad en la vida y yo soy la primera persona que te ha tratado de ayudar. Todo este pinche juego son años de ti rechazando esa ayuda a toda costa. Te crees muy chulo. Veo tu sonrisita de limpiaculos cuando contestas, un chingo, y si crees que no vi que lo de la abuelita era puro cuento, te toca otro diente. No es que tengas una seña. No, eso sería un truco de feria, encuentra la seña, descubre el blof. No, hijo de la chingada. Es peor que eso. Tienes una pinche enfermedad. No puedes parar. Si estás hablando, estás distrayendo. Hablaste. Lo de la abuelita no era mentira hasta aquí mismo en esta pinche mesa cuando te encogiste tantito porque sabes que no estoy jugando contigo. Te parto la madre aquí y ahorita porque tú y yo sabemos que cuando la sueltas así, no importa si te tienes que morir en el acto, tienes que respaldar tu palabra. Así que sábelo. Si te pones de hocicón conmigo un segundo más en esta mesa - no me importa allá afuera – en esta mesa, en este lugar, en este momento, si te pones de hocicón una vez, vas a tener que probar esa idea mía del 911, pero vas a tener un ceceo babeado mientras le cuentas tu versión al Sheriff.”

“Entonces, Este, No me lo dijiste a mí, lo dijiste en general.”

“No lo digas, pinche hijo de tu madre. Tú dices Ouch, y me muero aquí mismo. Gracias por las bebidas, Cody.”

“De nada.”

“Entonces no tienes licencia, pero ahora sí te dejan sacar una, y lo único que tienes que hacer es el examen escrito y el de manejo, y ya eres conductor con licencia. ¿Cuál es el atorón?”

“Más que nada, Es la lana.”

“Voy a ignorar la evasiva. No lo puedes evitar. ¿Cuánta lana?”

“Pues, debo $79 del último pago de las multas, y El examen cuesta $30, así que $109.”

“¿Y ese es el único atorón?”

“Simón.”

“Cuando salgamos de aquí, vamos a cruzar la calle, y te doy $120 del banco, y ustedes dos me dejan en el… en. Me dejan. Tanner te lleva a que hagas tu examen.”

“Ahora, Oucher. Te toca a ti. Algo para que lo pienses porque soy un hijo de puta que juega sucio. ¿Te acuerdas del día que armamos Master Craft Construction and Excavation?”

“Pues, Sí.”

“¿Te acuerdas palabra por palabra como aquí el pendejete se acuerda del pedido de bebidas?”

“Palabra por palabra, no. Pero sí me acuerdo.”

“¿Te acuerdas que te dije que esto no está pensado solo para ti? ¿Y cómo separé esa declaración de la plática sobre los ayudantes, y cómo no quiero mediocres, y que no sugirieras a alguien que no agregarías a tu negocio como socio?”

“Este…”

Capítulo 15 – viernes, 22 de diciembre de 2023

“Hola.”

“Hola.”

“¿Ya se te congeló el culo?”

“Apenas se está calentando.”

“Frío, aguanieve, tormenta en el horizonte, viento entrando, cada canal de noticias tiene a algún pobre pendejo parado en una esquina mientras el camión de salmuera pasa a cuadro, y este güey se está calentando.”

“Me estoy quemando.”

“¡Jesús! ¿Quieres decir?..”

“No, el pulmón está bien.”

“Te oyes bajoneado.”

“Sí, un poco.”

“No me hagas sacártelo a jalones. Estoy hasta el cuello en una solicitud de orden aquí, un tipo tiene catorce vehículos registrados, y cada uno tiene un estilo distinto de evasión fiscal. Uno tiene título de chatarra, el otro dice que pagó cinco mil por una F-250 de dos años, el siguiente lo registra como regalo sin impuestos.”

“¿Qué pasó con los tiempos en que un tipo tenía la decencia de encontrar un patrón de hechos y apegarse a él para que la pobre detective no tuviera que pasarse todo el día escribiendo oraciones detalladas y pudiera nomás copiar y pegar?”

“¿No que te sentías bajoneado?”

“Tú eres mi rayito de sol.”

“¡Ay, Cristo!”

“Llevé a los muchachos a desayunar.”

“Hasta ahora, según el plan.”

“Sí, según el plan. Pero luego el cabroncito suelta una bomba.”

“¿No lo quiere?”

“No, eso todavía no lo sé. Resulta que el tipo no tiene licencia.”

“¿Me estás jodiendo? Revisamos todo su historial. Lo primero que dije fue que fue un dolor de culo encontrarlo porque nunca ha tenido licencia, y yo no tenía su seguro social para la búsqueda de antecedentes penales.”

“Este.”

“Este, dice. Estoy muy ocupada para eso. Entonces, no tiene licencia. ¿Cómo cambia eso lo de asociarse con Tanner?”

“Me agarró desprevenido. Me fui por las ramas.”

“¿Tú?”

“Me fui bien por las ramas.”

“Cuéntalo.”

“Me fui en modo agresivo total. Me metió en una centrífuga, y agarré lo primero que pude atrapar – me abrí paso a madrazos por la pared de la cosa, y salí disparado encabronado.”

“¿O sea, encabronado?”

“Siete.”

“Ah, o sea frustrado, decepcionado de ti mismo, culpa de él. Entendido.”

“¿Eso está en el libro de las faltas menores? Suena a que ya lo tienes catalogado.”

“Otro libro. Este es el libro del Antiveneno,”

“¿Estamos en la misma relación? ¿Qué es el libro del antiveneno? Dice que está ocupada, pero tiene tiempo no solo de escribir dos libros sino también de memorizarlos.”

“Manuales del propietario.”

“---Entonces, ando medio encabronado. Estoy afuera fumando para calmarme, y los muchachos están adentro agarrando mesa…”

“¿Seymour Grill?”

“Sí, llegaron a The Drip como a las 7:20. Me metí justo cuando Tanner va dando la curva, White Reading clarito a través de la neblina del valle del humo matutino de las estufas de leña.”

“Por poquito.”

“Buen intento, chamaca. Lo tenía amarrado, pero cuando llegué al cajero para sacar el efectivo, había un carro enfrente de mí – qué probabilidades, a las seis de la mañana, y ya hay un carro en el cajero.”

“Apuesto a que eso les encantó, eso sí.”

“Todavía no se los di. Nos distrajimos tanto en el grill, y si dejaras de interrumpir, lo sabrías.”

“Ah, un segundo – revisa el estante – Cómo Va a Pagar Por Eso, Volumen Tres – Índice – mal genio mal dirigido… Mejor cálmate.”

“Algunos se casan con una muchacha como su madre. Yo --- Te tomo a ti, Stefanie.”

“Tienes tu propio catalogito por allá.”

“Simón. Entonces se me olvidó el bono de Navidad, pero eso lo cubro cuando regresen del condado de Blount.”

“¿A qué fueron al condado de Blount?”

“Si no estuvieras interrumpiendo, ya lo sabrías. Entonces, tiene multas en plan de pagos. Debe setenta y nueve del último pago de multa, y luego le dan el recibo para presentarlo para el examen.”

“Así no es como… Sigue.”

“Más o menos ese es el tamaño del asunto. Así que le di 120 dólares, y los mandé a arreglar eso – en horario de trabajo, claro, y yo estoy aquí sentado esperando al de los suelos. Cuando regresen, vamos a desempacar estas cosas solares.”

“Eso es un día completo. Mantenme al tanto.”

“¿Lo conseguiste?”

“Bro, pagué el último pago de la multa.”

“Este, Ni de chiste ya hiciste el examen.”

“Fui a apuntarme para el examen, y me dijeron que todavía no me puedo apuntar.”

“¿Por qué no?”

“Tengo que esperar diez días.”

“Ok, entonces, ¿qué hay de la sociedad?”

“Directo al grano, ¿eh?”

“Pues, ¿quieres que me ponga a bailar alrededor como tú?”

“Un poco de baile es educación. Nomás un pasito de dos tiempos antes de decir la mala noticia.”

“--- ¿es eso la cosa?”

“¿Qué?”

“¿Estás haciendo la cosa? ¿Diciéndolo así para hacerme sentir mal?”

“No, nomás dilo y ya sácalo.”

“Yo ---.”

“Bro, nomás dilo. De todos modos yo no quería estar en la corporación. Tú quieres comprarte esa mamada de rico, adelante, pero yo no.”

“Cody, yo no estaba diciendo nada de eso.”

“No eres tú de ningún modo. Es ese yanqui que te mete palabras en la boca. Hablarme así. Le tumbo los dientes si alguna vez me habla así.”

“Mira, aquí estoy a la defensiva.”

“¿A la defensiva? Ves, hablas igualito que él.”

“¡Cody! ¡Ya párale a esta mamada!”

“Déjame salir, me voy caminando.”

“¿O sea que ahora eres mi novia? ¿Se me olvidó nuestro cumplemes? Párale a esta pendejada. No es que tengamos que estar juntos. Está claro que eso no va a funcionar. Pero tú – no tenemos que rechazar el regalo. Sácale tu propia corporación. El vato está repartiendo cosas que le dan a uno una oportunidad, en vez de nosotros en el valle, somos del valle.”

“Tomar también es jugarle chueco. Nomás cambia a quién se lo juegan.”

“Sí, más o menos. Mira, carnal. Todo esto está a mi nombre. Piénsalo. Si él le habla al banco mañana, quiere saber el saldo o hablar de un pago. Le dirían, ¿y tú quién chingados eres? Le dirían. No. El chavito detrás del mostrador no va a perder su chamba aunque sepa quién echó a rodar la pelota primero. La pelota rodó lejos de él hacia mi derecho a la privacidad, mi propiedad. El título soy yo, y es mío.”

“Te agarré la onda, pero estás hablando puros nudos, adverbios conjuntivos completos y preposiciones de más, estás construyendo lenguaje en vez de nomás decir la cosa, pasar a la siguiente cosa.”

“Siguiente cosa. No te cae bien este tipo, ¿verdad?”

“No es que no me caiga bien. No me cae, pero tampoco sirve pa’ nada.”

“Espérate, ¿cómo llegas a ese total, sin subtotal?”

“¿Qué chingados estás diciendo, me devuelves las preposiciones?”

“¿Qué es lo que no sirve?”

“Viene acá arriba en su carro bien llamativo, tiene sus máquinas nuevecitas, no deja que nadie se suba. Me dijo, estás llenando todo el interior de lodo.”

“¿Cómo le metes lodo, si no te puedes subir?”

“No te hagas pendejo. Te pone a acarrearlas pa’ todos lados igual que a mí.”

“Tú la usas todo el tiempo. Te puso a traer los paneles solares apenas ayer - ¿Fue ayer?”

“Fue ayer. Pero aparte de eso, nomás me dejó manejar la Ex pa’ acomodar ese armazón, se encabronó porque le pegué a un árbol. Me dejó triturar la maleza pa’ que pudiera estacionarse cerca del cobertizo. Me dejó regar tantita grava pa’ que pueda entrar el correo. Fuera de eso, no me ha dejado usarla.”

“Cody, llevas aquí cuatro días, y todos construyendo un cobertizo. ¿De qué te quejas, de que no te deja sentarte en el asiento y detener la tabla para el techo?”

“No es eso. Las codicia. Como si valieran más – como si fueran demasiado buenas pa’ mí.”

“No creo que sea eso. Cuando armamos la corporación, dijo que cuando terminemos la obra las herramientas son mías...”

“¡Ja! Ahora sí sé que es pura mamada. Ningún hombre va a regalar máquinas nuevecitas.”

“Pero el dinero no es mamada. Me paga tal como quedamos. Y paga las cuotas y el teléfono y el seguro. Es mucho más que veinte la hora cuando el dinero cae en la cuenta. Y veinte la hora es más de lo que he ganado en cualquier otro lado – más de lo que gané con cualquier hombre que me ha pagado como costo de mercancía vendida.”

“Entonces, ¿te da corporación, buena paga – todavía menos de lo que le paga a los de Blalock, mucho menos – y ya no eres un producto que se vende?”

“Todos estamos comprados y pagados. Apuesto a que él también. El dinero hizo eso, no Michael.”

“¿Pastelitos? ¿Qué chingados?”

“¿Y velitas?”

“Sí. Flojo, ya sé, pero cuando se fue el científico de suelos, fui al Wye y compré unos Hostess y un paquete de velitas de cumpleaños – y estos sobres para tarjetas de regalo. Son quinientos dólares para cada uno de bono de Navidad. Y antes de que ustedes cabrones me digan raro, escúchenme. El cobertizo hubiera costado diez mil con un constructor de cobertizos, y lo construimos por poquito menos de ocho mil, materiales incluidos. Eso son dos mil ahorrados. Mil es su parte. Y yo me puedo imaginar a ustedes comprándoles cosas chingonas a sus familias para Navidad.”

“Este, no sé qué decir, carnal. Gracias”

“Sí, gracias, patrón. Eso es…. Eso es muy considerado.”

“¿Y las velitas?”

“Eso es el cumpleaños de Cody. Dieciséis años y sacó su primera licencia. ¡Felicidades, muchacho!”

“Este –”

“Sí, llegué allá, y pagué lo que faltaba de la multa. Pero… Como siempre, hay un sistema. Hay que esperar diez días pa’ agendar el examen.”

“este, ¿Todavía nos podemos comer los pastelitos?”

“Ay, hombre. Lo siento, vato. Qué mala onda – de a de veras mala onda.”

“Sí, ouch – ¿pastelito?”

Cody estiró la mano, arrancó una velita – “¿qué sigue?”

“Lo que sigue es largarse de aquí para Navidad. Les da a ustedes dos un par de horas sin contar para ir a comprarles una sorpresa a las señoras.”

“Eso me late.”

“Mientras andan por ahí, platíquenlo. ¿Conocen a alguien más en quien confíen para trabajar? Necesitamos tres. Ese es el mejor diseño por ahora. Tres vatos.”

“Podría tener a alguien en mente. Tú conoces a Rusty, Tanner.”

“Sí, es buena gente.”

“Definitivamente necesita la lana. ¿La misma paga?”

“Simón. Todos ganan la misma paga.”

“¿Quién es ese?”

“Suena a que vienen despacio.”

“A esa servidumbre de paso le falta trabajo.”

“La sacamos de un camino de venados y del lecho de un arroyo. Le volvemos a entrar el martes. También tenemos que darle a esos paneles solares. Cody puede encargarse del camino con la skid, y nosotros podemos subirnos con los paneles.”

“Es el camión del correo.”

“¡Mis cerraduras!”

“¿Para el cobertizo?”

“Sí, pero ya verás.”

“Es una caja muy grande para una cerradura de cobertizo.”

“Son todas las cerraduras para el cobertizo, el taller que viene, la casa. Todas de una vez. Pero todo es para una sola cosa. La llave. La llave de nuestro hogar por venir es el regalo de Navidad de Stefanie.”

(Me aturde hasta giros estrellados)

Capítulo 16 – viernes, 22 de diciembre de 2023

“Amor.”

“Amor.”

“¿Cómo te fue hoy?”

“Bien. Todo sobre mí como me gusta.”

“Por tu llamada sonaba a que todo se trataba de esconder el cuerpo.”

“El cuerpo no – aunque sí enterré tantita vergüenza. Chris anduvo rudo ayer, y hoy yo fui Paul Bigler. Fui cruel y enojón y sin provocación – no de veras.”

“Es Autoprovocado, Michael”

“Sí, eso es. Nomás me puse tan acelerado por este chamaco que lleva conmigo cuatro días. Me saca de quicio sin ninguna razón que él pudiera dejar de actuar aunque quisiera. Por más que lo intentara.”

“Él es tú.”

“Ni madres. Este chamaco es un desastre.”

“Tú eres un desastre.”

“---Verdad.”

“Pero, eres un desastre distinto. Te llevas a estos hombres en tu sidecar, y los manejas por tu parábola de carreteras y caminos, pero se te olvida que tú construiste el GPS antes de cerrar los ojos y dejarlo correr.”

“Este – lo del sidecar y todo eso lo entendí, pero el GPS…”

“Okay, mira. Tuviste a James West, Chris Fernandez, Fifi, Dan, Sara, y así y así; y a David Lawson. Que Dios me ayude, pensé que habías aprendido tu lección con él. Pero no, aquí estás, un proyecto más, y entran los chamacos problemáticos.”

“No todos son problemáticos, La mayoría nomás son gente buscando trabajo cuando yo estoy buscando trabajadores. La mayoría son buena gente con mentes demasiado complejas para la vida de diario de un T.R.A.B.A.J.O. común. Y lo de David Lawson no fue mi culpa.”

“Michael, el chamaco literalmente te llamó a las 6:30 de la mañana, que fueras a darle un aventón a él y a su novia de quince años porque se estaban fugando, el papá es policía, tú llegas a la esquina de un fraccionamiento donde están parados después de caminar toda la noche – ¿me estás oyendo, Michael?”

“No necesito revivir esto.”

“Ay, sí lo estás reviviendo, bebé.”

“Genial, ahora es el sketch de Jerry Seinfeld.”

“Sí, así es…”

“Y aquí viene Cramer…”

“Y tú. En toda tu divina sabiduría, ¿le dices que no al chamaco? ¿Cuelgas y le hablas a su papá?...”

“Sí. Le hablé.”

“Sí, le hablaste desde la troca camino a recoger al chamaco. ¿Y qué te dijo? Te dice que el papá de la muchacha lleva dos horas llamando buscando a su hija. Y tú – ¿qué haces? ¿Le hablas al 911? Nooo, Michael no. Michael lo tiene controlado. Michael….”

“Le hablé a Emily, Stefanie. Le hablé. Le hablé inmediatamente después de subir a esos chamacos a la troca, y le dejé un mensaje de voz diciéndole que tenía a los chamacos, y que los iba a llevar al Annex.”

“No, Michael. Los recogiste. Los llevaste a la estación de policía, buen trabajo. Lo que no ves es que ese padre anda allá afuera buscando a su niña que se escapó a media noche con un muchacho problemático, un muchacho en el que te estás volcando porque tú fuiste un muchacho problemático, y crees que los puedes salvar a todos porque tú no te fuiste por el caño. Crees que los puedes cargar en tu espalda y…”

“¿Este es el discurso motivacional? Tú tampoco eres consejera. ¿No es a eso a lo que ibas, a que yo no soy consejero? Que no sé lo que estoy haciendo, y que mejor deje de andar jugando con estos chamacos, o alguien va a salir lastimado? Pues, noticia de última hora, ya están lastimados. Estoy tratando de darles esperanza”

“Así que sí me oyes. Al menos eso, y lo dijiste por mí así que me ahorro el aliento. Pero oye esto. Tuviste suerte. ¿Qué tal si ese padre se paraba en el mismo momento que tú y veía a su hija de quince años subiéndose al carro de un hombre adulto a las siete de la mañana? Claro que le hablaron a Emily. La Jefa de la División de Delitos Mayores llega a la escena de justo ese tipo de balacera.”

“¿O sea que es la silueta de gis?”

“Yo marco las jugadas como las veo, y tú juegas lo que marco. Mi objeción se mantiene. Sigues contratando a esta gente - vatos que nadie escogía para los quemados.”

“Los vatos con tiempo, dinero, reputación, vatos que tienen cosas que hacer y a sus propias familias en juego, no quieren a esta gente, y la gente que sí contrataron está harta de pagar el flete del hombre olvidado. El hombre llegó a trabajar. No es bueno para eso, y tampoco anda tan contento, y Dios sabe que le haría falta un baño, pero ha estado ahí todos los días.”

“Bien, prueba B. ¿Y todas estas cajas de Amazon? ¿Cuál es cuál para que pueda envolver tus regalos y no llegues a lo de Mamaw como un vagabundo de cajas? Veintiocho cajas, por Dios santo.”

“Tienes dos días para envolverlas.”

“Amo a este hombre, amo a este hombre, amo a este hombre.”

“Claro que sí. Es buena onda. Hubieras visto a esos dos cuando les solté tus mil dólares.”

“¿Mis mil?”

“Fue tu idea. Andabas toda preocupada de que ellos – Cody – no tuvieran dinero a la mano para gastar tan pronto después de empezar a trabajar. Eso fue todo tuyo. No te hagas como que no me llevaste a tu trampita. Yo celebrando que nos ahorramos nuestro primer dólar de salir de mi ingreso, cada centavo de esta obra hasta ahora.”

“No me culpes de que tengas la conciencia culpable.”

“Culpable – me toca como a la perdiz del peral, y mientras tanto yo repartiendo cinco anillos de oro a los hombres a los que ya les pago…”

“Espérate, ya tenemos casos en la agenda. Acepta que también fue idea tuya, y pasamos a la recompensa.”

“Bien. Estaban bien emocionados, y cuando los mandé a hacer sus compras de Navidad, nos tocó el doble bono. El equipo se está juntando después del trabajo, y yo llego temprano a casa a verte envolver mis regalos.”

“Fantástico. Compra veintiocho regalos y me deja envolverlos para que a él le den el crédito por el trabajo. Clic, clic, clic. Proceder al pago.”

“No todos son regalos. La mayoría es para The Drip. Como esto – una correa de remolque para cuando vuelvas a atascar ese Sentra en el lodo.”

“Al menos supiste ponerla en la caja de herramientas de la skidsteer, no como el inflador de llantas.”

“Ah, el venerable yugo en mi cuello, el inflador de llantas que te ha salvado el culo una docena de veces desde entonces.”

“Cumpleaños, Michael. Era mi cumpleaños.”

“27 de abril de 1982, señora.”

“No cuándo… buena esa. Casi caigo.”

“Era una causa digna. Y mira esto, fieles a la temporada pusieron papel de empaque de más en la caja para proteger la cosa de las sacudidas de la gente metiche-como-tú.”

“Ese papel es para que la gente como tú lo envuelva, menso.”

“O para parar el sangrado. Esta también trae cosas de The Drip. Y estas dos ya las conozco. Son comida de Kitty, como siempre.”

“Esta promete.”

“Ahí va, sacudiendo la caja.”

“No tiene nada.”

“Dame eso. Me encanta esta cinta. El mundo ha estado esperando toda mi vida esta cinta de empaque. Mantiene cerrada caja tras caja, pero le picas con un dedo chato y, zip, se abre. Esta tiene diez bolsitas de aire. Es mía para envolver.”

“Aquí hay papel.”

“Esta es de Tommy.”

“¿La clavadora?”

“¡Simón, calibre dieciocho, bebé! Y esta definitivamente es la batería. Esas las puedes envolver tú.”

“Es un honor.”

“¿A quién engañas? No puedes llevar al Yanqui con la pila de cajas de Amazon abiertas y tarjetitas con nombre en plumón a Navidad.”

“Son muchos años; ahora eres El Yanqui Bueno.”

“¿Y cómo crees que lo logré? Montado en tus habilidades para envolver, así.”

“¿Y ahora qué?”

“Entonces, ya tenemos la casa en venta…”

“Esto no, Es Navidad.”

“Ni siquiera es la noche antes de la noche antes de Navidad.”

“Bueno, ya pasó el horario de oficina.”

“Línea de ayuda las veinticuatro horas.”

“Por el amor de Dios. Quiero saber qué hay en esta, no en la de tu mente interminable.”

“Ah, esa. Esa ha estado aquí toda la semana. Dice Dillards por todos lados, Stefanie. Esa era para, darte una lección.”

“toda la semana, darme una lección, como un mafioso.”

“Como mafioso no, estos cerros me corrieron hasta acá derechito desde allá atrasito, pa’ acá abajo. Me resbalo por esas lomas y cañadas en cuanto me entero de que tú ’tás aquí esperándome.”

“No tienes oído pa’ eso, muchacho.”

“Ustedes no tienen el monopolio de lo Redneck, chula. Mismos cerros, otro Invierno”

“Se ve bien invernal allá afuera ahorita. Apuesto a que los del quitanieves de sal ya están estacionados y a medio video de Prime. Pero la señora de las noticias sigue allá afuera, manteniéndonos al tanto de los peligros de la fiesta Tormentageddon 2023.”

“¿Cuál es el pronóstico?”

“Podrían ser hasta seis pulgadas en el valle.”

“Ah, eso es en serio por acá. Apuesto a que en The Drip caen diez. Terminamos el cobertizo justo a tiempo. Ese inversor y las cosas estarían allá afuera congelados en el lodo si no fuera por esos chamacos.”

“Sí, diez en los cerros, dijo. Le pasó al güey congelado de Gatlinburg con decoraciones navideñas de pueblo de esquí de fondo y todo.”

“Qué raro, nomás no se siente como Navidad, pero ese es el árbol más bonito que has hecho.”

“Se va a ver fantástico con todas estas cajas de cartón debajo si no ordenamos esta pila.”

“Ha sido un mes ocupado – al día – El cierre, grava, arreglar el deslave, recortar el juego de Twister, más grava, dos máquinas nuevas, dos hombres nuevos, un cobertizo, solar en la casucha, y todos los mapaches se acomodan para una larga siesta de Invierno.”

“Este, ¿mapaches?”

“Sip. Huellas por todos lados allá arriba. Garantizado que tenemos uno inspeccionando para el certificado de ocupación en este mismo minuto, resguardado del frío, acurrucado en la esquina, con su cabecita chula recargada en el inversor. Aprobado.”

“¿Cómo llegamos de que yo abriera un regalo de Dillards a un reporte del clima, un resumen de cumplemes envuelto en un certificado de ocupación de mi criatura del bosque favorita?”

“Me dijiste mafioso, y francamente eso no sonó a contrición.”

“Contrición. Este güey quiere una alocución, un mea-culpa estilo Jersey, y dos cartas de amor por sacudir una caja – un par de veces.”

“Ahí está, lo admite, su señoría. Declaración espontánea. Solicito un veredicto del juez.”

“Nomás dime. Qué es.”

“Eso no suena a lección aprendida.”

“Aprendí. Aprendí. ¿Qué es?”

“Te hago un cambio. Necesito que entiendas el plan. Me escuchas, y el regalo es tuyo antes de tiempo.”

“Volvió el mafioso. Quédate con la caja. Ya sé el plan. Vendes la mitad de los arrendamientos en Nueva York. Vivimos del ingreso de los tres que quedan. Lo que se saque va a una cuenta administrada de acciones y califica automáticamente para un préstamo sin amortización de hasta sesenta y cinco por ciento del valor total de la cuenta. No pedimos más del cincuenta por ciento de eso, lo que deja margen de tiempo para terminar la obra nueva y vender, y lo que se saque de eso liquida el préstamo de la obra nueva. Pedimos prestado dinero que tenemos, y pagamos prime más como tasa de interés por los siglos de los siglos amén hasta que cerremos el préstamo con la venta de la casa.”

“Pues. Okay… Y nunca hipotecamos nuestro hogar. Si las cosas se tuercen, pagamos el préstamo ad nauseam. Hogar a salvo. Efectivo apalancado.”

“Sí, todo eso ya lo entendí. Justo hasta que alguna pieza del rompecabezas llega pisoteando mientras tienes demasiado tiempo libre en esa skidsteer y todo el plan cambia. Ahora dame esa caja.”

Capítulo 17 – martes, 26 de diciembre de 2023

“Buenos días, Cody. Estoy impresionado.”

“¿De qué estás impresionado?”

“A Tanner no es fácil ganarle.”

“Siempre fue un lambiscón.”

“¿Crees que la nieve lo atrasó?”

“Seguro.”

“¿Cómo te fue en Navidad?”

“Bien.”

“¿Primera Navidad con un bebé que sonríe, y fue bien?”

“Fue Navidad.”

“Entonces cuéntame de este tal Rusty.”

“Rusty y yo somos amigos desde hace mucho.”

“Tienes veintidós, Cody. Tengo pelusa en las bolsas de los pantalones más vieja que tú.”

“No es mi culpa que estés viejo. Hace mucho es mi frase. No hay necesidad de que narres mi historia igual que siempre dices sostén el taladro derecho.”

“Tú no eres carpintero. Entendido. Rusty o Navidad. Esas son las preguntas sobre la mesa.”

“Entonces Rusty trabajaba pa’ un vato que conocemos, y me consigue un jale allí. Yo nomás un chamaco. Como de diecisiete.”

“Diecisiete, entendido. ¿Por qué es este el vato para nuestro equipo?”

“Pues, Rusty arregla lo que sea. Si tiene ruedas, Rusty lo arregla.”

“¿Ves un taller mecánico en el lodazal que yo no estoy viendo? Construir una casa. Esa es la cosa aquí.”

“Pues, Patrón, hay un chingo de trabajo de tierra acá arriba entre esa presa y la media milla de camino que tienes planeada. Hay que mover todos estos árboles y cortarlos y mandarlos a algún lado.”

“Esos nomás los estamos apilando.”

“Cierto. Pero la pila está bien alta.”

“Cody, concéntrate. ¿Por qué es Rusty el hombre para este trabajo? Antes de que llegue. Suéltalo.”

“Pues, no tengo su solicitud de empleo. Tú preguntas si conozco a un vato, y Rusty me vino a la mente.”

“Te vino a la mente, pero ¿por qué?”

“¿A quién estás entrevistando aquí? Rusty llega al rato, y le puedes preguntar todo eso a él.”

“Ahí viene Tanner – gracias a Dios.”

“Tanner conoce a Rusty.”

“No te estoy preguntando por Rusty. Lo que busco es por qué escoges a Rusty.”

“Oí la pregunta. Y también la contesté. Arregla lo que sea.”

“Las máquinas son nuevecitas, Cody.”

“Ese tractor de jardín no.”

“Ese ya vio sus mejores días, pero nomás tiene dos años.”

“De eso se trata. Las cosas se rompen trabajando un jale como este.”

“Entonces, le hablamos a un mecánico cuando lo necesitemos.”

“Rusty no es nomás un mecánico.”

“No me digas.”

“Sí te digo.”

“¿Rusty maneja máquinas además de arreglarlas?”

“Claro que sí.”

“Buenas.”

“Buenos días, Tanner.”

“Bro.”

“Este, ¿ahora tú también me ganaste?”

“Le entro a la acción. Aquí nomás calle arriba, pensé ni modo que este vato llegue a las 7:10. Iba saliendo por la puerta, y ahí va la Hummer pasando por la ventana de la cocina.”

“Tanner, ¿conoces a este tal Rusty?. El ceceo babeado de aquí me trae volando como tecolote cazando ratas.”

“¿Cazando? Definitivamente no puedes llegar tarde – te pierdes toda la locura temprana, y luego andas perdido todo el día.”

“Rusty no está bien. Sabe cosas, pero no está bien. Puede manejar una máquina de cincuenta mil libras colgando de una ladera con correas de remolque y una grúa, martillar piedra de cabeza pero inclinada justo para que no se salga el aceite, mandarle un mensaje a su vieja, se le olvidó guardar la leche, si se la podía guardar. Un hombre normal vomita nomás de pensarlo. El vato no está bien. Pero eso sí, se avienta unos pedos. Eso sí hay que reconocérselo.”

“Vato. Contesta tu teléfono.”

“Hola.”

“Hola.”

“Pensé que me iba a buzón.”

“Perdón – historia de Cody.”

“¿Navidad?”

“Logística – pero tu llamada llega justo a tiempo.”

“No empieces conmigo, muchacho.”

“Hoy todos se imaginan a su propio Michael. Cody cree que él es sospechoso, y tú estás segura de que es una queja.”

“Te conozco. Voy en camino. Tuve que recoger a Clover en la estética, y sacar las cajas del árbol y guardar todos los regalos. Puse la llave en una cadena para no perderla.”

“¿Como un collar?”

“Sí. Usé ese que compramos en Milán cuando necesitaba…”

“Entonces, la llave está en un collar – un collar importante. ¿Con recuerdos y eso?”

“Pues sí. Te pusiste toda chillona cuando me lo diste.”

“Entonces no va en el libro de las faltas menores. Estaba seguro de que el inflador de llantas ya tenía compañía.”

“Ya tenía compañía. Literalmente se te olvidó mi cumpleaños. Ese ya estaba ahí.”

“Llevábamos dos meses saliendo, Stefanie. Dos meses.”

“Cumpleaños, Michael.”

“27 de abril de 1982, Señora.”

“¡Cristo! ¿Y qué tal The Drip? ¿Qué hay allá arriba?”

“Qué bueno que preguntas.”

“Ay, hermano.”

“Entonces, mi equipito de quemados. Conoces a Cody y a Tanner…”

“Sí, a esos los conozco.”

“Entra, Rusty. Qué nombre. El vato se para, un carro guía verde pasto de Crayola. Pintado con aerosol. No mames. Llamaste justo cuando venía entrando.”

“¿Con aerosol? ¿Todo?”

“Ah, no. Todo no. No. Este aerosol está casi igualito al color original, y se ve donde la pintura vieja se había quedado en el primer como si se le hubiera pelado con la velocidad, pero la única manera de que esta cosa pase de sesenta y cinco millas por hora es si la tiras de un avión.”

“¿Es el Taurus o el LeSabre?”

“LeSabre, bebé. Lujo Buick. Ninguna ventana estrellada, las llantas se ven bien. Todos los reflectores se ven intactos. Pero pintado a mano, claramente. O sea como una niñita que se pintó sus propias uñas de los pies porque mamá no la estaba vigilando bien, todas las manijas y emblemas y molduras – todas ahí, debo agregar – todas pintadas de dorado para combinar con los rines, que claramente traían ese detalle en los rayos allá en 1992 cuando esta belleza salió de la agencia.”

“Carro guía, Fentanyl 500. Entendido.”

“No he terminado.”

“Llego en un ratito. Lo veré yo misma.”

“Amor.”

“Amor.”

“Quiubo. Tú eres Rusty. Yo soy Michael.”

“Mucho gusto.”

“Dale tiempo. Y también masticas tabaco, veo. Pero deberías tener cuidado de escupirlo por la ventana del carro; los chorreados por la puerta pueden echar a perder el acabado.”

“Sí, cómo no. Cody le atinaste - Primero los insultos.”

“¿Qué, no hubo apuesta, Cody? Al menos yo y Tanner pusimos dinero en juego.”

“No había apuesta que hacer. Todo mundo sabe que tú no empiezas como ningún hombre normal.”

“Bueno, ¿al menos puedes encontrar algún lugar pa’ escupirlo que yo no tenga que andarlo pisando por todos lados con la suela?

“Esa taza de café se ve bien.”

“¡Bien! Veo que te contó de los sentimientos.”

“Dijo que eres medio sentido.”

“Apuesto a que así lo dijo, también.”

“Tantito distinto.”

“¿Cuánto tiempo llevas de conocer a Cody?”

“Mucho tiempo.”

“¿Alguna vez lo has visto ser franco y honesto?”

“Cody es demasiado honesto a veces.”

“Cuando lo vuelvas a decir, agrégale mientras no sea de él la verdad que se cuenta.”

“Pero es un cabrón chistoso.”

“Ese hocico listo que lo hace un problema al final del camino es todo el trabajo acá arriba.”

“Va a encajar perfecto.”

“¿Te contó de la estructura de pago?”

“Sip, veinte la hora, cheque con W2, efectivo diario la primera semana. Y me late esa idea de la corporación.”

“¿También te contó de eso?”

“Ya vi lo que hiciste ahí. Sabes que el ten ninety-nine es una trampa, así que es un W2, pero no quieres el papeleo, así que se lo echas a Tanner, ahora es su problema.”

“Lo ves, ¿eh? Se pone mejor. Ahorita Tanner es el jefe, tiene que mantenerlos a todos al día y llevar también la mamada de la incorporación. El plan es que todos ustedes se lleven una parte de la cosa, y cuando menos te das cuenta ya tienes suficiente sentido común para cerrar la ventana de esa carcacha para que no se salga el olor a mota con una policía en camino para pasar aquí el día.”

“Híjoleee, Bro, Ya te cargó.”

“No te cargó. Lo que eres es un pendejo que llega a un trabajo nuevo, recién grifo, que te sale como una nube de pedo…”

“Nube de pedo – este vato te tiene bien calado, Rus.”

“Oye, Cody Cousell, cálmate por allá. Al menos él no se está rascando la infección del cachete de la nalga que se sentó en la pipa de crack del bolsillo de atrás.”

“Ouch.”

“Ahh, ¿Tanner? ¿Tú también te estás formando para una patada?”

“Nel, nomás que tú estás aquí hablando de más – mientras tanto ni de chiste el carro de Stef sube esa carretera de hielo si Cody no se sube a la skid y le pasa una raspada a la nieve.

“Buen punto.”

“Pongámonos las pilas antes de que el tráfico la apisone. Viene grava. Y lo solar no se instala solo.”

“Híjoleee…”

“Ni lo intentes, Rascón --- Veo que vienes muy serio, Tanner. ¿A lo mejor andas medio sentido porque estoy agregando gente a tu feudito?”

“---"

“Ya hablamos de esto. Lo tomas o lo dejas. Este trabajo viene con socios, Socios. Cuando menos te das cuenta, todos ustedes tienen suficiente sentido para poner al dueño del terreno a trabajar y arrancar el día.”

“Mío, dice.”

“Sí, Tanner. Dije que es tuyo. Y Lo es. Cada uno de ustedes tenía que escoger a un hombre. Yo te escogí a ti. Tú escogiste a Cody. Cody escogió a Rusty. El equipo está listo. Cody súbete a la skid y adelgaza esa nieve --- ¿Sabes poner el bote en flotación?”

“Más le vale. Yo le enseñé.”

“Ya vi lo que hiciste ahí, Rusty. El maestro reclama una revisión en el asiento. No te vas a subir a esa máquina oliendo a granero de cártel. Te necesitamos allá arriba en la presa para los armazones.”

“¿Armazones?”

“Arriba de la presa. Hoy vamos a poner unos cuantos paneles solares, sacar algo de corriente para el cobertizo. Tanner, tenemos suficientes dos por cuatros, ¿verdad?”

“Hay dieciocho.”

“Los veo allá arriba en un minuto --- Rusty, sube ese trineo de barrio a la Y chiquita que va hacia el bosque allá.”

“Sale.”

“No estoy diciendo que esté bien que vengas acá arriba grifo con mota en tu carro…”

“No estoy grifo. Tengo tres niñitas, y fumo en el carro. La mayor de nueve, y ella sí --- sabría.”

“Mira, yo nunca tuve hijos, pero mi mamá tenía una guardería. Pasé mucho tiempo con los de después de la escuela. En fin. No tengo hijos. No tengo voz en eso.”

“Sí.”

“Stef es una gran señora. Ha visto de todo. Pero tienes que entender que el trabajo viene con obligaciones…”

“Ah, sí.”

“No. Más te valdría escupir en el café que interrumpirme ahorita. Dejo entrar a cualquiera. No filtro a los pendejos. Pero lo bueno lo guardo arriba. Tú subes lo pendejo arriba, y tienes problemas. Ahora estás arriba. Stef está arriba. Yo pregunto después allá arriba…”

“Ah, ya sé. Escuché la grabación.”

“¿Cuál grabación?”

“Cody tiene una grabación de ustedes en el desayuno el otro día.”

“¿Como una grabación de voz en el teléfono?”

“Sip”

“¡Bien! No pensé que fuera capaz. Ahora lo único que tengo que hacer es conseguirla y ponérsela en loop en los audífonos de las voces de su cerebro todo el santo día, y a lo mejor madura de una chingada vez.”

“Buena suerte con eso.”

“En fin, cada ser humano en la vida de ella es un asociado conocido suyo. Ahora tú estás en su vida.”

“Entiendo.”

“Y esa osa también está en su vida. Mírala.”

“¿Por qué le dices osa?”

“Nomás una corazonada – No es de hueso grande, pero está gorda como si estuviera preñada.”

“Eso es mucho para – adivinar.”

“Interpolando. Mete el carro en el huequito, cierra las ventanas, y nos vemos arriba en la loma.”

“Nomás tengo que decir, ceceo babeado, eso estuvo bien frío.”

“Ve a mover el carro.”

“Oye Tanner, ¿cómo te fue en Navidad?”

“¡Estuvo increíble! ¡Nos comprometimos!”

“¿Qué?”

“Bueno, ya llevamos rato comprometidos, pero le compré un anillo.”

“¿Un anillo, anillo de a de veras? ¿Dónde?”

“Zales. No es enorme, pero teníamos lo extra para el depósito, y…”

“Entonces, oye, todavía no tenemos este terreno emparejado.”

“Sí, puedes decirle a Rusty que suba la ex…”

“No, este terreno no, el terreno de los sentimientos. Y Rusty me acaba de soltar una mamada, y ahora tú estás todo – adulto.”

“Jesús, no tienes el terreno para esto, ¿verdad?”

“Sí lo tengo. Nomás que no… Todavía vamos en la etapa de chingarnos y de apodos culeros y tú tienes a mi caballo brincando de a1 a h8.”

“¿Qué chingados?”

“Es que… Felicidades, carnal. Al rato encuentro mi lengua bífida, y le seguimos.”

“Trato Gracias, carnal. Ya sabes.”

“Ya sé.”

“Esa loma está - cabrona”

“Es nomás tu primera vez, Rusty. Tanner la hizo diez veces un día la semana pasada.”

“Así que, sí. No se te olvide nada allá abajo. Este vato no tiene compasión.”

“Voy a tomar nota – de eso.”

“No está tan mal.”

“Tú camínala.”

“La acabo de caminar, compadre, y además traigo una bolsa de aire del tamaño y la forma de una botella de cerveza en el pulmón.”

“Ouch.”

“No tanto. Nomás molesta contra las costillas.”

“¿Cómo te dio eso?”

“Te vas a sorprender de saber que soy fumador.”

“Sí, qué sorpresa. Lo olí subiendo por la entrada.”

“¿Por encima de toda esa mota?”

“Ouch.”

“Entonces, Tanner aquí ya tiene la idea. Me leyó la mente o algo. Necesitan dos armazones para este arreglo, van a llevar dos paneles cada uno. El siguiente paso es ir a ese cobertizo, medir los paneles en el patio de enfrente, y vámonos.”

“¿Viste algunos Mapaches ahí adentro de paso?”

“¡Ah, Quiubo, amor! No te oí entrar.”

“Es porque no entré. Caminé.”

“¿Atascada?”

“Bien atascada.”

“Muchachos, esta es Stefanie.”

“No se ve mala.”

“Ese es Tanner – dice que necesita cita con el dentista.”

“Mucho gusto, Stef.”

“Hola Tanner.”

“Este Es Rusty.”

“Hola Stef. Mucho gusto.”

“Hola, Rusty. ¿Esa nave tuya allá abajo huele como si te estacionaras en un invernadero de mota?”

“Ella también es distinta.”

“Qué chulo, Tanner. Bien distinta. ¿Ya tienen esto controlado? Bill va a estar aquí como en dos horas, y tengo que ir a cerrar un trato por esos tubos de alcantarilla y regresar antes de que llegue.”

“El mismo Bill de siempre, nomás un sitio de obra nuevo al que llegar tarde.”

“Amén. “Muy bien. Vamos para abajo a probar la correa de remolque nueva.”

“Ya estoy en eso. Cody estaba limpiando los Alpes, y ahorita está allá abajo, me va a sacar.”

“Dale.”

“Si me estás esperando, estás reculando.”

“Qué es eso siquiera… Olvídalo.”

“Increíble que limpiaron estos caminos tan rápido.”

“Sí. Entonces, sabes que no hay manera de que yo agarre a uno de esos vatos pacheco allá Arriba, y que soy lógico, ¿verdad?”

“Sí. Pero son chamacos. Difíciles de asustar.”

“Si no es el miedo o el sentido común, más te vale recordárselos seguido.”

“Te oigo.”

“Órale, frenos.”

“Ay, mi ayudantita va en el carro. Estoy casi seguro de que estaría muerto y enterrado hace años si no estuvieras ahí en el asiento del copiloto diciéndome frenos y vueltas y aguas y esas cosas.”

“¿Por qué das vuelta aquí?”

“John Sevier Highway.”

“He estado en este condado toda mi vida y nunca he venido por aquí a Asheville Highway.”

“Entonces recárgate y disfruta el paseo, Sidecar.”

“¿Seguro que esta gente está abierta?”

“Solo hay una manera de averiguarlo.”

“Sí, la otra manera es llamar – por teléfono – antes de que pongas mi vida en tus manos sin necesidad – eso es un Alto.”

“Altopcional.”

“Que Dios me ayude.”

“Oye, esa es mi frase.”

“La mía lleva la D mayúscula, compadre. Línea directa.”

“Ese es el problema de ser Católico, tengo una lista entera de gente a la que tengo que llamar primero antes de molestar a Dios con mis pendejadas.”

“Kathleen Madigan. ¡Esa sí que es chistosa! Pensé que estabas dormido.”

“Esa parte sí la agarré.”

“Voy a ir a esa Dupont Baptist este domingo.”

“Deberías probar también Dripping Springs Baptist.”

“A lo mejor… Qué chingados, no te puedes parar a media calle.”

“Mira eso.”

“Es una obra. Michael, carretera. Tienes que manejar.”

“Eso hago. Esperando el tráfico que cruza.”

“¿Desde la mitad de la carretera?”

“No es una interestatal. Número de ruta.”

“Pero eso no quiere decir pararte en el carril – y sin direccional.”

“Hazme el examen después. Mira ese lugar. Es justo lo que andamos buscando.”

“¿Qué? ¿Cómo? No te puedes meter nomás a la entrada de alguien.”

“Todavía no es de alguien. No hay puertas, no hay ventanas, y esa troca dice que aquí hay trabajadores.”

“Entonces nomás vas a – Michael, espérate.”

“Ahorita regreso.”

“Vas a estar justo a mi lado.”

“Entonces, apúrate.”

“Buenos.”

“Buenos.”

“Eres el dueno, o solo que?”

“Ayudante, El patron esta abajo.”

“Aquí?”

“Si.”

“El patrón está abajo.”

“¿Nomás vas a…”

“Ándale.”

“Hola, el ayudante me dice que te encuentraria aquí bajo.”

“Que hay?”

“Estuvimos conduciendo, y vimos la casa y quisimos verla.”

“El dueño no esta, pero vive en la casa en la esquina.”

“El dueño vive en la casa de la esquina.”

“Nunca me canso de verles la cara cuando empiezas a hablar español.”

“Yes, ees a surprise. He no look like he speak Spanish. Donde aprendiste?”

“¿Ahora quién está sorprendido?“

“Este casa, me encanta.” “¿Hay algún plano por ahí?”

“Por supuesto, upstairs.”

“El plano está…”

“Sí, eso sí lo entendí, Juan.”

“Ay.”

“Que si eres el contratero?”

“Soy el contratisto, si.”

“Puedo sacar un photo de este plan?”

“Si – Vas a constuir una de estas casas?”

“Creo que sí – ¿ves esto, cariño? Houseplans.net. No mames. Yo buscando al arquitecto, y es un plano de molde sacado del internet.”

“Si, ess online plan. Cheap. I build three already.”

“¿Es en serio?”

“En serio, si.”

“Acabo de aprender a decir seriously en español, En sario.”

“Casi.”

“Thees guy, he teach you. Where you learn?”

“La escuela, amigos, oreja.”

“thass a good oreja.”

“Gracias, carnal. Quanto tiempo tiene aquí en este lado?”

“Catorce anos.”

“Tu también hablas bien el Ingles.”

“I get a lot of practice.”

“Ya jala.”

“¿Podemos echar un vistazo y darnos una idea?”

“Si, Si, Make yourself home.”

“¿Acabamos de encontrar nuestra casa?”

“No tan rápido.”

“Espérate, lo único que pediste fue un porche al frente grande, hondo y ancho, y ese porche le da toda la vuelta a la casa.”

“Sí, pero eso es estilo lodge.”

“Eso está fácil. Pones armaduras tipo puente sobre los muros de carga, las cargas con los postes de adelante y de atrás, y le quitas el travesaño. Zas, ya no es lodge.”

“Lodge.”

“No, no lo es. Es una iglesia, pero no es un lodge. Le tomé foto al número del mapa en el plano. Agárralo y búscalo.”

“Ya lo hice. Le dicen casa de lago.”

“Eso es porque el frente es de un nivel, y atrás se ven dos niveles con el sótano con salida. Por eso está perfecta para la ladera donde la tenemos que construir. El techo está un poco complicado, y las armaduras tipo puente, esas las voy a tener que mandar a calcular con un ingeniero, pero la compañía de las armaduras se encarga de todo eso. De ahí en adelante es puro palo y ladrillo.”

“No.”

“¿Qué?”

“No, No, NO. Tú no vas a construir la casa.”

“Eso ya lo decidimos. Nomás estoy repasando el rollo en la cabeza para cuando entrevistemos a los contratistas.”

“¿Por qué das vuelta a la derecha?”

“No tenemos tiempo para tubos de alcantarilla. Te quedaste veinte minutos parado en la terraza platicando con Phil y Jen y yo qué sé quién más. Haz como que no estás decidida conmigo.”

“No decidida.”

“Decidida.”

Capítulo 18 – martes, 26 de diciembre de 2023

“Quiubo, Bill.”

“Quiubo, Stef.”

“¿Mediodía, Bill? Oscurece a las 4:30, y este cuate llega a mediodía.”

“Tenía a Peanut. Ella está más bonita que tú.”

“Los dejo que se arreglen. Tengo que guardar el árbol y hablarle a Fifi para que venga a bajarlo al sótano.”

“¿Cómo está el Fifas, Stef? Me cortó el pelo antes de Navidad, pero no dijo que te iba a ayudar.”

“Es que todavía no sabe. Lo agarro con la culpa de la tradición. Le sumo la bula de Michael y la caja de Amazon que el Señor Compra-Con-Cuidado le compró, y ya lo tengo envuelto.”

“¿Me compraste algo, compa?”

“Te compré tu propia caja de Amazon, Bill.”

“Ya me voy, Amor.”

“Te quiero.”

“Ay, qué lindos.”

“Cállate, Bill.”

“Uy, llegó la hostilidad. Me preocupaba que no te diera tiempo de instalarla antes de que yo llegara.”

“Bill, él es Tanner.”

“Qué onda, Bill. Mucho gusto.”

“¿Este es el Dan versión dos punto cero?”

“De hecho, Dan llamó…”

“¿Llamó por Navidad?”

“No, Bill. Tú vas a encajar perfecto por aquí.”

“Las interrupciones son la clave, Bill. Aquí Pantuflas se descontrola con una interrupción.”

“Eso fue una suposición, el ingrediente especial de Bill. Le echa ese cizañeo a todo. ¿Pantuflas? ¿Ya tengo apodo?”

“O sea, que ya tienes tres.”

“¿Y esa caja de Amazon? ¿Ya me la das?”

“Ahorita mismo, Bill. Está en mi troca.”

“¡Ay, qué bien!”

“Tanner, ¿ustedes pueden con esto?”

“Sip, paneles medidos, Marco a escuadra. Los paneles en la caja para cuando regreses.”

“Confianza a la par de la fe. Regreso en cuarenta y cinco minutos.”

“Ay, qué chamba tan grande.”

“De bocado en bocado, compa.”

“De cigarro en cigarro, querrás decir.”

“Manejo. Fumo.”

“Sí, qué gozo. Deberías manejar menos.”

“¿Te molesta el cigarro, Bill?”

“No nomás a mí. A tus pulmones. Te va a matar. ¿No te arrepientes?”

“Te prometo que de todos modos me iba a morir. Y desde luego no me voy a morir arrepintiéndome de cada treinta minutos de mi vida.”

“¿Qué chingados?”

“Piénsalo bien, Bill. Fumé cuarenta y dos años. Fumé treinta cigarros al día. Eso es uno cada treinta minutos. Cada treinta minutos de mi vida me hice a un lado cinco minutos de paz. Eso son dos horas y media de reflexión tranquila cada día de mi vida. Son miles de personas conocidas en un corrillo de dos pies cuadrados, platicando con un perfecto desconocido junto al que tú tuviste que pasar de largo. Cuando mucho, compartieron un saludo con la cabeza. Cuando pasaste de largo, te lo perdiste. Te perdiste esa hermandad, esa noticia, esa idea. Lo más importante, te perdiste a la humanidad en reposo. Nos congelamos juntos. Compartimos paraguas. Nos retorcimos para caber en la rayita de sombra. Y sobre todo encontramos un terreno común. ¿Alguna vez viste que se armara un pleito de hockey en un corrillo de fumadores? Platicábamos de nuestras vidas, de los Giants, de nuestro momento antes del destierro. Conocí banqueros y abogados, y gente sin casa. Conocí gente de todos los caminos de la vida en esas bolitas, y lo único que creo que nunca conocí fue el arrepentimiento. Resolví mil problemas en esos momentos. Salí de debajo de la sombra del obstáculo, y estando apartado de él, encontré un punto de vista completamente nuevo y lo resolví, a media fumada. Hice operaciones de bolsa en esos descansos. Conocí viejas. Viví una vida entera en esos momentos que tú ves como que me están matando. Fumar me presentó a más humanidad que cualquier otra cosa en la tierra, y yo he recorrido el mundo, Bill. Y te lo llevo un paso más allá. Te reto a que encuentres una patología final que se acerque siquiera a dar tanto a cambio. De hecho, yo les sugeriría a todos los hombres, mujeres y niños de la tierra que hicieran lo mismo. Si no puedes fumar, haz burbujas. Me vale lo que hagas, nomás detente unos minutos cada treinta minutos de tu vida y sal del crisol. No, Bill, no me arrepiento. Le doy gracias a Dios por ello.”

“¿Tienes burbujas?”

“Nel. Y tampoco se gorrean fácil. Por lo menos hasta que le agarras el modo.”

“O sea, que estás construyendo una casa nueva desde la misma nube de humo y con tres cuates nuevos.”

“Sip.”

“Pues se ven --– constantes.”

“Constantes. Y te tomaste tu tiempo para decirlo. Son buenos muchachos, en general.”

“¿Pero pueden construir una – casa?”

“Cualquiera puede hacer cualquier cosa si se juntan, si aprenden juntos y enseñan juntos y compiten juntos y piensan juntos con la misma meta en mente.”

“No puedes armar un equipo de fútbol americano sin atletas.”

“Bueno, no en el sentido literal, pero en el sentido amplio. Si una persona humana quiere algo, se autoselecciona.”

“Una persona humana –“

“Sí, Bill. Una persona humana, a diferencia de ti, una persona culera ve un punto de fricción y en vez de ayudar a lijar la parte alta, saca el cerillo que ha estado guardando en la bolsa justo para la ocasión.”

“O sea, que estás construyendo la casa nueva con…”

“No me ningunees a mis chamacos, Bill.”

“Eso te lo dejo a ti, coach.”

“Esto es lo que hay allá afuera, Bill.”

“Ah, ya sé. He estado tratando de contratar, pero no encuentro a nadie que me alcance para pagar.”

“La misma historia, diez años después. Los contratas para que te alcance para pagarles.”

“No es tan fácil.”

“Las cuentas son así de fáciles. Ahorras para eso. Un empleado cuesta dos mil horas al año más gastos. Escoges una tarifa por hora, le sumas cincuenta por ciento y ahorras lo suficiente para comprarte a alguien.”

“Órale, comprarte a alguien.”

“Está feo, pero es cierto. Los empleados son producto. Se los vendes a tus clientes como cualquier otra cámara.”

“No es tan fácil encontrar a alguien.”

“Sí lo es. Publica donde tu tipo de empleado busca chamba. El mundo que trabaja encuentra chamba donde el mundo publica chambas, o por amigos que encontraron chamba donde el mundo publica chambas.”

“No es tan fácil.”

“Para ti sí. Es mi chamba la que está difícil para contratar. Las chambas como esta no se publican en esos lugares, así que lo que me llega son las sobras informales de Facebook y sus amigos.

”

“Tanner se ve bien. Rusty es de los que quieren quedar bien. No alcancé a ver al cuate de la minicargadora, pero se me hizo conocido.”

“Ya lo creo. Hay una docena en cada fila por aquí.”

“¿Y adónde chingados vamos?”

“Pues necesitamos internet, o no podemos tener cámaras que me avisen cuando hay alguien, y todavía no puedo meter un DVR con fibra óptica y todo el sistema de Hardin Valley. Necesito todo lo mismo sin toda la infraestructura.”

“¡Ay, qué bien! Ring. Este va a ser un día fácil.”

“Ya quisieras. Cat’s Ass Holler es mucha belleza y mucho rechazo.”

“¿Qué chingados?”

“He estado aquí arriba todos los días, de sol a sol…”

“¿Y en un mes lo único que tienes es ese caminito y un cobertizo?”

“Ahí está mi compa, Bill. Le enseñas dónde te duele y no saca el hielo. Te pica el moretón.”

“Un buen cizañeo es su propia cataplasma.”

“Compa, tú eres cualquier cosa menos servicio médico de la cañada.”

“¿Y ya conociste a los del rancho?”

“Eso dice él. Ahí no hay cizañeo de caldo espeso.”

“Nomás pregunto.”

“Nomás pregunta, dice. Bill, acabas de salir de allá. ¿Viste a alguno de los del rancho?”

“Sí, también ya te tienen bien medido.”

“¿Tú crees?”

“Sí, Pantuflas, eso creo.”

“Bájate. Nomás bájate de mi carro. Métete a la tienda. Sé amable con el señor. No parece que haya visto a otro ser humano más cerca que la puerta del Starbucks en todo el día.”

“Sí se ve medio solito ahí dentro. Apuesto que va a desear haber cerrado la puerta cuando te toque a ti.”

“¿Dónde está Tanner cuando lo necesito?”

“Tanner está en el Drip y es lo bastante listo para no decirle Cat’s Ass Holler.”

“Aquí está mi cartera, ve arrancando con el cuate. No tenemos mucho tiempo.”

“Oiga, ¿quiere el plan ilimitado?”

“Te oí, Bill.”

“No sabía si ya me alcanzabas a oír, así que le eché tantito de más.”

“Estuvo perfecto, compa. ¿Ese es el router?”

“¿Te alcanzan los RJ45?”

“Es lo más que tienen. Uno.”

“¿En existencia, o en todo el mundo?”

“Hola, soy Lamont.”

“Michael.”

“Eso es lo mejor que va a conseguir en esa zona. Allá arriba nomás hay 4G.”

“En mi teléfono me agarra 5G seguido.”

“Seguido. No podemos vender los planes de 5G en esa zona porque la cobertura es irregular.”

“¿El 4G aguanta el Ring?”

“Claro que sí.”

“Envuélvalo.”

“Quiubo, Tanner. Ya te adelantaste, por lo que veo.”

“Sobró tiempo. Te tardaste más de cuarenta y cinco minutos.”

“Sí, Teníamos que acabar, las niñas salen a las 2:30.”

“Okey, Rus. ¿Y tú pasas por ellas?”

“Sí, Nomás por la chiquita ahorita, todas están de vacaciones, pero la chiquita va a la guardería, así que ella sí tuvo escuela.”

“Apúntalo en el horario, Tanner, ¿okey?”

“Ya lo hice mientras te esperaba. Qué bueno que te acordaste, eso sí”

“¿Normalmente pasas por las tres?”

“Sí, ajá. Ahorita está allá abajo.”

“¿Allá – abajo - ?”

“Sí, no molesta nada. Nomás m’espera a que salga y nos vamos pa’ la casa.”

“Ay, qué tal, yo tenía que hacer eso con Peanut.”

“¿Le pusiste Peanut a tu hija?”

“Placey, pero para mí es Peanut.”

“Sí, conozco a un cuate que le dice Peanut a su niña. Éramos vecinos, ’n cuando recién me mudé, pensé que estaba loco porque salía afuera gritando, Peanut, Peanut, y yo nunca había oído que nadie se llamara Peanut. Sé que George Costanza le quería poner a su hijo, Seven…”

“Ándale, ya te agarró. No puedes dejar que Rusty arranque con una historia. No tienen fin.”

“Chinga tu madre, Cody.”

“Lo oí arrancar mientras andaba en la mini, y supe que tenía que venir a rescatarlos a ustedes.”

“Tú eres Cody. Yo soy Bill.”

“Quihubo, Bill. Toda la semana pasada estuvimos hablando de ti. Échenle ganas, dejen listo esto pa’ que venga su amigo.”

“Gracias, Bill.”

“De nada, Tanner. En defensa de Michael, el cobertizo sí tiene que ser impermeable para el equipo.”

“Visita del amigo.”

“Qué lindo, Cody. Ahora – ¿dejaste la mini prendida antes de subir?”

“Sí. ¿Ya acabamos con ella?”

“Hiciste buen trabajo con la nieve. Si lo hubiera hecho yo, habría grava en todos los montones de nieve, y partes peladas en la entrada.”

“Por eso a los dueños los tenemos lejos de las máquinas.”

“Suerte con eso. Si en la chamba hay una máquina y una pala, ten por seguro que yo me agarro el asiento, y tú te ganas las ampollas.”

“Sí, Cody ya tiene ampollas – en la veeerga.”

“Chinga tu madre, Rusty…”

“Espérense. ¿Acabamos de des-evolucionar? Sentí algo ahí. Bill, ¿tú lo sentiste?”

“Yo nomás digo, vine a trabajar. Y por mi Amazon.”

“Okey, Cody ve a engrasar esa máquina y a sacarle el lodo. Rusty ayúdale a Tanner cinco minutos. Tanner me fijé que los paneles no están en la misma orientación. Sácame esos dos rapidito y ponlos con las etiquetas de la placa hacia abajo, hacia el suelo. Bill abre la compuerta.”

“¡Hora del Amazon!”

“Ahí está, compita. Ándale, ábrela.”

“Está grande. ¿Qué me compraste?”

“Ándale.”

“--- ¿Cámaras- Ring?”

“Fíjate bien. También te compré los accesorios del panel solar, compa.”

“Pero. A Fifi le compraste un regalo.”

“Yo no le compré nada a Fifi. Stefanie se compró un regalo a sí misma cuando te preparó el mismo caldero de bruja de hervir y menear que tú meneas cada vez que te metes con ella.”

“Auch.”

“Así es. Te dije que tiene colmillos. Y puedes apostar las nalgas que le voy a reportar esa cara que pusiste cuando llegue a la casa y quiera la repetición completa del remate. Quédate quieto. Tengo que sacar una foto para el archivo.”

“Sí, eso fue bien frío.”

“No tan frío. Tu regalo está detrás del asiento del copiloto, compa. Envuelto por Stef y todo.”

“¿Por lo menos es de Amazon?”

“Son diez cámaras, Bill. Ese es el premio aquí. Cinco planeadas para hoy, tres son obligatorias. Le puse un listón al árbol allá abajo en el lindero donde se junta con el camino. Busca la estaca de deslinde del vecino. Está ahí mismo. Usé su listón para marcar el árbol, el listón está amarrado justo donde lo quiero, y el nudo apunta adonde quiero que apunte.”

“¿Allá abajo?”

“Sí, Bill. Es pintar por números. Esa es la número uno. La número dos va en el cobertizo arriba de la puerta. La lógica dice adónde apunta. La tercera va aquí mismo detrás de estos paneles. En este árbol. Rusty va en tu equipo. Yo y Tanner nos apuramos a meter lo solar.”

“Apurarse, dice. Dos horas de comida.”

“Híjole, jefe, nada de esto pasa si no tenemos internet. Espero no haberte atrasado.”

“Sip, Dan dos punto cero.”

“No, Dan sabría mejor que clavar una espada en el suelo, retarme a alegar.”

“Nel, nada de alegar, nomás que se acabe el descanso.”

“Se me ha de haber olvidado que ya había checado. Perdón. Entonces ya volteaste los paneles. Trae la caja blanca del cobertizo.”

“¿El Desconectador?”

“- sí, ese. Al doble.”

“Abrí una lata de mierda aquí, ¿verdad?”

“Nah, nomás una demostración al doble por si se te vuelve a olvidar tu lugar.”

“Auch.”

“Cállate, Bill. Te dije que la cámara del lindero va primero, no esa.”

“Nomás pensé, como ya estoy aquí.”

“Tú piensas, yo sufro.”

“Tú sufres, así se ve (desde aquí).”

“Todo es punto de vista, compa. Ya en serio. Esa de allá abajo es la alerta temprana. Esta es más bien una cámara de bichos. La del cobertizo es defcon 5. En ese orden. Te ruego si hace falta.”

“Alerta temprana, silo de lanzamiento, cámara de bichos. Como digas, jefe.”

“No hay manera de que sobreviva esto. No hay manera.”

“Okey, Tanner. Estos son de corriente directa, y la corriente directa depende de una polaridad estable para que la energía pueda viajar entre positivo y negativo. Normalmente se aterrizarían a tierra con estructuras de metal enterradas.”

“¿O sea, que no los vas a aterrizar?”

“No de la forma tradicional. Por hoy, instalamos y esperamos lo mejor.”

“¿Neta, me estás chingando?”

“No, Rusty, no te estoy chingando. De hecho, casi los reto a que junten carga en el marco y hagan de cerco eléctrico para ganado con el pinche menso que intente robárselos de la obra.”

“¿Lo dices en serio?”

“¡Ja! Supongo que nunca lo sabremos, pero esta es una conexión en serie, que multiplica el voltaje. Cuatro paneles, 200 voltios. Pruébalo y me dices si te agarra mañana cuando le pegue el sol.”

:”¿Lo dices en serio? ¿Estás haciendo un cerco eléctrico para ganado con tus paneles solares?”

“Okey, okey. Me dijiste que sabes bastante bien de corriente alterna, así que hice una pruebita. Entiendes lo básico. Ahora déjame explicártelo. Cada uno de estos son dos paneles solares, y cada uno va a tener su propio Desconectador. Van a llegar al final de esta perforación directa de doscientos treinta y cinco pies que Chris nos empujó para no regresarse a su casa con las manos vacías. Van a llegar al cobertizo en una caja de metal antes de entrar al inversor híbrido, que va a compartir tierra con esa caja combinadora. El centro de carga de corriente alterna, por supuesto, va a ir aterrizado de la forma tradicional.”

“Este, pues, ya veo lo que estás haciendo ahí.”

“Sí, pues mira esto --- Epa, Rusty tienes que tener cuidado ahí. En cuanto conectemos estos son doscientos voltios de potencial, como un enchufe de secadora de doscientos cuarenta. Lo mejor es nunca agarrar la electricidad. Tocas con el dorso de la mano. Agarrarte de ese marco para recuperar el aire no es precisamente seguro.”

“Ok, pues, son las tres PM. Nos queda hora y media.”

“Sí, Tanner. Con el tiempo encima. Conecta los paneles, negativo a positivo y cuando acabes vas a tener dos cables – sorpresa, negativo y positivo. Atornilla esas cajas desconectadoras al marco y conecta el cable negativo a la terminal negativa, y luego el positivo. Rusty y yo vamos al cobertizo a desempacar el inversor y el centro de carga.”

“No hay problema.”

“Este, pues ya quedó.”

“Buen trabajo, Tanner. Tres dieciocho, está bien. Ve a la parte de atrás de mi troca. Agarra los dos carretes de cable de doscientos cincuenta pies, pégales las puntas con cinta a la cuerda guía, mete los carretes en un palo, dile a Cody que jale la cuerda de este lado, y ya tenemos cable de los arreglos – si es que les podemos decir así – al cobertizo.”

“Entendido.”

“Mientras tanto, yo y Rusty ya desempacamos este inversor y lo colgamos en la cornamusa. ¡Este cabrón está bestial! Yo atornillo el centro de carga a los montantes mientras él desempaca las baterías y las apila. En cuanto ustedes dos pasen el cable, pónganle capuchones a esta punta y manténganlos fuera de la nieve. Regresen a los desconectadores, conecten el cable nuevo en las zapatas de abajo, y vengan para acá. De regreso, hay un tramo de cable de servicio para remolque hecho bola en la Hummer. Tráiganlo.”

“Va.”

“Un millón de años, nada más que fauna y fogatas de gente de paso, y nosotros instalando electricidad a la velocidad de la luz.”

“Sí, cómo no.”

“¿Sabes?, allá en el norte esa combinación de palabras expresa una duda extrema. Aquí abajo, es acuerdo total. ¿Aquí los excusados también se jalan al revés?”

“¿Qué?”

“Nada. Tú síguele desempacando esas. Ponlas una encima de otra en una pila cuando acabes.”

“¿Ya hay luz?”

“No, Bill, pero ya pasamos el cable, Tanner está haciendo las conexiones en los desconectadores, y yo y Rusty ya desempacamos el equipo.”

“También ya colgamos el inversor en la pared.”

“Teniente Obvio.”

“Es Capitán.”

“Nel, y tienes suerte de que no te degradé hasta soldado raso obvio. Hablando nomás por interrumpir.”

“Pura chamba, por lo que veo.”

“Pura prisa, Bill. Son las 3:35, y tenemos una hora para armar un banco de baterías, conectar los cables, instalar un contacto desde el centro de carga e instalar el router. No puedo esperar hasta el miércoles que viene a que vuelvas a estar disponible.”

“De hecho puedo Mañana en la tarde. Tengo que instalar unas cámaras para mi prima allá en el Centro Comunitario, y puedo subir después de eso unas horas.”

“¿Tu prima es dueña del centro comunitario?”

“No, está en el consejo escolar. El distrito escolar es dueño del centro comunitario.”

“Ándale, conozco a Emma.”

“Cody, ¿de dónde saliste?”

“Jalé el cable, y aquí he estao parao y no me has dao instrucciones.”

“No sabía que estabas ahí.”

“Soy un hijo'e su madre bien escurridizo.”

“Bill, pon esa cámara arriba de la puerta para que tengamos por lo menos dos funcionando esta noche.”

“Voy a necesitar a Cody otra vez.”

“¿Otra vez?”

“Sí, le pedí que me subiera en el cucharón de la minicargadora para poder poner la cámara del lindero bien alta.”

“Nada de paseos en el cucharón, pero subidas en el cucharón, eso no lo dije, así que no se rompió ninguna regla. Rusty, ve a la troca y tráeme el contenedor azul. Ahí están las barras colectoras y los cables para estas baterías. Prendemos en veinte si todo sale bien.”

“Sí, Cómo no.”

“Cody, como pienso que las reglas generales se vuelven cliché, hago reglas específicas. Así que la subida en el cucharón la dejo pasar porque dije, nada de paseos. No dije nada de subidas. Así que esta vez me voy con el cliché. Nada de pendejadas peligrosas a menos que sea yo el que las haga o por lo menos el que supervise directamente las pendejadas peligrosas, no por eso de reglas para mí y reglas para ti, sino responsabilidad para mí, y yo escojo cuándo mi responsabilidad se arriesga.”

“No es tu responsabilidad. Es el nombre de Tanner.”

“Compa, tienes razón, pero estás completamente equivocado. Me han demandado cien veces por cosas que nunca hice. Yo soy dueño del terreno, y el inquilino o el trabajador o el cliente está haciendo lo que hace, pero yo soy uno de los bolsillos. Soy el único bolsillo duro. El terreno es el pago. La responsabilidad siempre es mía. Yo soy el cable de tierra, Cody. Y yo escojo cuándo cargo la carga. Y Bill, ya llevamos doce años trabajando juntos, y amigos todo ese tiempo, sabes que no me gusta la responsabilidad por la decisión de otro.”

“Okey, entonces – ¿me prestas a Cody para que me suba en el cucharón y pueda alcanzar arriba de la puerta?”

“Yo superviso.”

“Ojete.”

“Pues, Ya está todo conectado. ¿Quieres venir a revisarlo?”

“Nel. La caja tiene los símbolos de positivo y negativo, tienes suficientes neuronas para ganarme en llegar al trabajo, y a este centro de carga le falta cablear. Yo conecto las barras colectoras.”

“¿Y yo?”

“Rusty, ¿cuándo fue la última vez que fuiste a ver a la bebé?”

“Voy corriendo pa’ abajo, ahorita.”

“Tanner, Ya ves que ya tengo el knockout. Agarra un conector de cable y pasa ese tramo por ahí. Corta ese pedazo de cable más largo para puentear el neutro.”

“¿Pero este no es un subtablero?”

“Pues, sí, pero eso es después. Ahorita es el principal.”

“Nadie nunca me explicó esa regla completa. O sea, ¿qué no el neutro ya está puenteado por la caja de acero a la que van atornillados directo tanto la tierra como el neutro?”

“Versión rápida. Más o menos. Pero el cable entre las zapatas de abajo es un camino de menos resistencia que el acero pintado. Esa menor resistencia asegura que un cable que toque metal bote la pastilla cuando haga arco. Además, obliga al sistema y a la varilla de tierra a tener la misma referencia de voltaje, lo que ayuda cuando caen rayos cerca.”

“Tanner, cuando le enseñé a este cuate hace doce años, no podía ni conectar un apagador, y ahora míralo.”

“Enseñaste. Órale. Esa es una manera de ver que aprendimos al mismo tiempo arreglando ese sistema de pesadilla que instaló Aries.”

“En serio, Tanner, los instaladores solares le dejaron una casa de luces parpadeantes, bombas de pozo quemadas, unidades de clima. Puedes arruinar todo tu mundo si haces esto mal.”

“O sea, poner atención, entendido. Gracias, Bill.”

“Okey, pues no tenemos tiempo para excavar, perforar, meter tubo, conectar esto. Vamos a meter el cable por la puerta de enfrente y conectarlo en caliente aquí mismo en estas zapatas.”

“¡Santo cielo! ¿Lo dices en serio?”

“Sí, Bill hablo en serio. El sol ya casi se fue. Tenemos luz ambiente. Los paneles probablemente están dando un diez por ciento de lo de la placa. Eso es como ciento sesenta Watts. No alcanza ni para cocinar un huevo. Lo chupas y lo pegas. Quiero luces verdes en las piezas en cinco.”

“Ya quedó el tablero.”

“Saca esa pastilla, el Romex, el contacto, el recorte de la caja de trabajo de la tina y ármamelo. Yo conecto el centro de carga de este lado.”

“Todavía no tienes instalada la varilla de tierra.”

“Sí, es lo primero mañana en la mañana. Esta noche necesitamos un router. Los paneles no dan jugo en la noche. De todos modos vamos a estar jalando de las baterías.”

“Este, Es tu responsabilidad.”

“¡Ja! Ahí te agarró, jefe.”

“Ya deja de decirme así, Bill.”

“Okey, Pantuflas.”

“Dios me ayude. Bueno, Tanner mira aquí adentro, ves las zapatas, marcas claras, Línea 1, Línea 2, Común y Tierra. Yo conecto estas. No se requiere puente. Interesante, eso sí…. Si no tuvieras el centro de carga conectado, y nomás estuvieras tratando de cargar baterías o algo con los paneles, aquí sí necesitarías ese puente del neutro.”

“Entendido. ¿Entonces qué fue todo eso con Rusty y el cerco eléctrico? El riesgo nomás es si hay un corto en el cable, ¿no?”

“Más o menos.”

“Dices mucho, más o menos.”

“Más o menos. El mundo es así nomás. Es un lugar de más o menos.”

“Voltaje, mortal. Más o menos. Entendido.”

“El peligro prioritario de ese arreglo como está ahorita no es su potencial de dar toques, sino lo fácil que es llevárselo. Mi instinto me dijo que debía hacerle corto a uno y aterrizar el otro.”

“Me imaginé.”

“Sí, buen trabajo de palero ahí. Gracias.”

“El gusto es todo mío.”

“Ya quedaron apretadas las zapatas de las baterías. Conecta los cables solares aquí y aquí, el positivo es el positivo y el negativo te lo imaginas.”

“Lo chupas y lo pegas. Listo.”

“Yo no chuparía esos, compa. La luz se está yendo, pero ahí hay mucho más que un chiste de batería de nueve voltios. Bill, ¿ya le pusiste esos dos tornillos a esa cámara?”

“Nomás estoy despegando la etiqueta del QR.”

“bájate y saca a Cody de la máquina y vamos a prender a esta criatura.”

“Sí, Oye, ya me tengo que ir – aquí en un ratito. Le traje un snack después de la escuela, pero tiene hambre.”

“ay Caray, Seguro también está aburrida.”

“Tantito.”

“Okey, niños son las 4:20 – no lo digas, Rusty. Ahí va --- luces verdes de batería --- sistema encendido. Se tiene que normalizar. Cuando arranquen los ventiladores, ya estamos --- Luces verdes, entrada de corriente directa --- y, ahí está. Tanner, subimos esta pastilla de corriente alterna, y ese contacto ya tiene corriente. Bill conecta el router --- Ahí está. ¡Por primera vez en la historia, la cañada tiene luz!”

Capítulo 19 – miércoles, 27 de diciembre de 2023

“Buenos días.”

“Buenos días.”

“¿Segura que ya es mañana?”

“Hoy, Michael.”

“Se siente como mañana.”

“Fue un día largo. Siéntate.”

“Tengo que hacer el café. Fue el día más increíble de todos, pero me gané cada minuto.”

“Ya lo hice. Nomás aprieta el botón. No sé cómo dormiste con tu teléfono sonando toda la noche.”

“Es la única razón por la que estoy despierto a tiempo. Le pedí a Bill que me pusiera la app de Ring en el teléfono, y creo que prefiero dejar que las máquinas se vayan caminando. El préstamo me exige tenerlas aseguradas de todos modos, así que en realidad qué se pierde.”

“Ya entiendo, los préstamos a plazos mantienen el puntaje de crédito. Lo que no entiendo es por qué pides el dinero prestado y al día siguiente pagas las cosas hasta dejarlas en casi nada.”

“Dos cosas. El interés se carga al principio.”

“O sea que Es por el interés.”

“Literalmente empecé la frase con, dos cosas.”

“Mejor tómate un café.”

“Todavía no está.”

“A lo mejor sácalo antes, no sea que te parta la boca y necesites popote para tomártelo.”

“Estás chiquita. ¿Por qué tan violenta?”

“Andas de contestón.”

“Dos razones…”

“¿Dos razones de por qué andas de contestón?”

“El interés y la proporción de préstamo contra crédito. Compras un préstamo grande, pagas la gran mayoría, pero el valor del crédito sigue ahí. Cuando se liquida el préstamo, el valor del crédito baja esa cantidad, así que mantienes el préstamo abierto toda su vida con un porcentaje de un solo dígito de deuda real contra crédito.”

“Eso es mucho trabajo.”

“De hecho, es al revés. Compras dinero, lo pagas casi todo, y el pago final en la fecha de vencimiento. Está fácil.”

“Lo difícil es entenderle.”

“Nomás tuve que entenderle esa vez. No me lo tengo que recordar cada vez que compro algo.”

“¿Qué hay en la agenda hoy?”

“Lo primero, tenemos que terminar la instalación solar.”

“Llegaste radiante anoche… Santo cielo, ¿esa cámara va a estar sonando así todo el día?”

“Es esta rama enfrente de la cámara. Sopla el viento, se mueve la rama, y la cámara avisa. Aunque sí agarramos un par de mapaches.”

“¿Mapaches?”

“Mira, deslizas hacia abajo, le picas al aparato culpable, y se reproduce.”

“Ah, eso Sí es una rama.”

“Esta sí es diferente. ¿Nomás le pico?”

“Sip, disfrútalo. Me tengo que ir a lavar los dientes y la cara.”

“¿No te vas a bañar?”

“Me tengo que ir. Es día de la presa. Bill va a regresar, y me voy a llevar a los muchachos a la tienda de alcantarillas, para enseñarles de compras y ver si puedo suavizar mi postura de dictador con lo de la corporación y aun así subirlos al barco.”

“Si no, ¿Tanner los va a quedar como empleados?”

“Creo que sí, pero eso es responsabilidad por subordinados directos. Es diferente a ser copropietarios. No quiero lavarme las manos de la responsabilidad y echársela a un muchacho inocente.”

“Sociedad – menos responsabilidad. Entendido.”

“De eso se trata.”

“¿Pero Rusty sí está dentro?”

“Lo último que supe, eso sí, es que Cody seguía en un no rotundo.”

“¡Ay, sí hay mapaches! Nomás quiero acariciarles sus orejitas.”

“Ahorita regreso. Escoge uno, y yo hablo con él lo de las orejas.”

(Mapache, Coyote – eso va a ser un giro divertido. Stef abre un caso sobre la fauna.)

“¿Qué pasó, Tanner? ¿Nomás te rendiste? Son las 7:45. Mi café está helado de tanto esperarte. Y te perdiste el oso más grande que hemos tenido.”

“Pues, no. No me rendí, pero me imaginé que llegarías todavía más temprano nomás para ganarme, así que me tomé mi tiempo, pa’ darte una lección.”

“Me la aplicaste. Oye, andamos cargando un par de estacas y deberíamos clavarlas antes de seguir adelante.”

“Qué de…”

“El del deslinde viene mañana. Supongo…”

“Estás bien raro.”

“Diferente. Oye. Sé que ayer me puse duro con lo de la sociedad…”

“Tantito.”

“Sí. Pero con razón. Cody tiene que saber que el tren del billete tiene vía debajo. Una sola subida, rumbo a una sola dirección.”

“No está convencido.”

“Ya veremos. Pero tú tampoco estás convencido. Tienes una corporación, una licencia, una cuenta de banco, y tienes autonomía, y que yo empuje contra eso tiene que hacer rechinar las tablas.”

“Tablas, trenes. Te entiendo, pero no necesito las nubes de imágenes.”

“Sí, pues te veo. Sé, siento que tienes una cosa limpia, y meterle gente mancha tu cosa – y no me voy a hacer el bravucón diciendo, te lo dije antes de que escogieras a Cody, porque la mecánica de Cody no es tanto escoger sino considerar la necesidad de manos junto a la necesidad de un socio.”

“Eso sí se vio medio tramposo, decir que fue mi decisión justo después de que no me dejaste otra opción, pero me di cuenta. También vi el significado más hondo.”

“¿Más hondo?”

“Sí, contratar es un equilibrio. En cuanto contratas manos, te das cuenta de que también contrataste las complicaciones de la persona.”

“Definitivamente – llévalo un paso más allá. Tus contratados no son tus ayudantes, son tus socios. Te hacen, o te deshacen. Pero si no tienes manos, ya estás deshecho.”

“Ya lo veo.”

“Okey, ahora llevémoslo un paso más. Ahorita tú eres el mero mero. Y esa es una soga reconfortante. Se siente como que te está sosteniendo el cuello, pero entre más se te mueven los pies, más se tambalea el banquito, y todavía no estás listo para pararte solo.”

“Síguele.”

“Pues, ahorita vas sobrellevándolo bien, el banco hace el trabajo, y Deno hace lo legal. Tú atiendes los teléfonos y cotizas el seguro, y me das la factura. Pero ahorita tienes un solo nombre de obra, ni proveedores, ni clientes, ni compra de materiales, planeación, logística, cotizaciones, cuentas por pagar, cuentas por cobrar. Eres un cuate con una chamba que maneja su propia nómina y otros dos cuates que todavía no se han reportado enfermos o, Dios no lo quiera, que todavía no se han lastimado. No has comprado ni mantenido equipo, y ni siquiera has planeado un descanso para comer. Eres nuevo.”

“Nuevo.”

“Nuevo, pero no tonto. Ves lo que tienes en las manos, y la parte que más brilla es que es todo tuyo. Y eso no lo puedo desacreditar. De hecho, no lo había considerado cuando se me ocurrió toda la idea. Pero ahora sí, y ya lo pensé, y creo que tengo una solución. Podemos crear una nueva, y los tres pueden estar en ella, y tú te quedas con la original para llenarla después, lo que crea algo que se llama una empresa de anaquel, o puedes dejar entrar a los muchachos y empezar a enfrentar el mundo real desde ahorita. Ensuciar y abollar esta con todo lo que va a salir de meter a tres casi desconocidos en un matrimonio --- y esa es la otra estaca. Te comprometiste – se me olvidó decirle a Stefanie que te comprometiste con su bono de Navidad – ¿ves adónde iba con todo esto?”

“Sí, Cody y Rusty tienen que entrar, y tú necesitas que yo confíe en ti.”

“Y nunca vas a llegar al trabajo antes que yo porque nunca dejo de pensar en eso, que es el fin de la época de la corporación. Cuando llegues ahí, vas a saber a qué me refiero. Por ahora, el sol todavía no sale, pero los paneles solares ya están calientes. Saca el serrucho de punta de la parte de atrás de la troca, corta agujeros en el piso para el tubo conduit que vas a encontrar ahí, pasa los tubos por los agujeros. Usa los codos para subir a la pared de atrás. Lleva todo lo que hay en la troca al cobertizo. Tengo que ir a hablarle a Stef. Si no le cuento de esto, me mata.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Ya hay noticias?”

“Noticias viejas. Ahora escucha. No quiero tus chingaderas. Esto no es prueba de mis fracasos, sino prueba de los otros grandes momentos de ayer.”

“¡Ay, Dios! O sea que tú…”

“No, déjame contarlo.”

“Estoy en una junta de Teams. No tengo tiempo para tu – tu-idad.”

“Mi-idad. No hay problema. Tanner se comprometió con tu bono de Navidad. Okey, baaai.”

“¿Qué chingados?”

“Dijiste que sacara todo de la troca y lo metiera al cobertizo.”

“Pero nomás tuviste un minuto mientras yo estaba en el teléfono.”

“Causa digna.”

“¿Pero tenías que traer hasta la última basura? O sea, las cajetillas de cigarros, las bolsas de McDonald’s. ¿Eso es literalmente tierra del piso en un montón?”

“Pensé que era un buen detalle. ¿Vas a contestar tu teléfono?”

“Nel, es Stef, y ella tiene su propia lección que aprender.”

“Ándale, son un montón de cigarros. No puedo creer que te los fumaste todos en una noche.”

“Buenos días, Cody.”

“Iba a empezar con lo de las cámaras, y las cajetillas me descarrilaron.”

“Sí, ¿cómo entraste aquí sin que sonaran las notificaciones del Ring?”

“Les di la vuelta. ¿Vas a contestar ese teléfono?”

“No.”

“Mándala al buzón entonces.”

“Eso tampoco puedo, si no, no va a estar ahí sentada echando chispas con cada timbrazo.”

“Odio cuando mi vieja hace eso, que nomás sigue llamando hasta que contesto.”

“Son las 8:00. Rusty viene resoplando cuesta arriba y tenemos que conectar estos paneles para cargar las baterías. Miren aquí, vienen de fábrica al cincuenta por ciento, y tuvimos el router prendido toda la noche, así que las cuatro luces parpadeando significan cuarenta por ciento. Cuatro baterías son veinte Kilowatts hora, y tenemos como cuatro horas de sol con unos mil seiscientos watts de paneles…”

“Bro, contesta el teléfono o ya deja la clase de matemáticas.”

“O puedo comprar lo que quiero comprar, que es una mano entrenada en vez de un menso al que tengo que estar vigilando cada minuto porque no me escucha cuando le estoy diciendo cosas que quiero que sepa.”

“Nomás contesta el teléfono.”

“Pon atención Cody, o quédate tóxico. Tú decides. Las baterías están reportando como cuarenta por ciento. Eso es como doce kilowatts abajo. Si recibimos cuatro horas de placa…”

“¿Placa?”

“Buena pregunta, Tanner. Esa etiqueta que ayer pusiste hacia abajo se llama la placa. Tiene toda la información del panel. En este caso, la potencia declarada, la cantidad de electricidad que se supone que ese panel da en condiciones de prueba de laboratorio. Aquí hay más, y a eso voy a llegar, pero por ahora, ten en la mente que cada panel es de 425-Watts, de placa, así que si eso lo multiplicas por las horas de sol, te da…”

“Mil setecientos.”

“No del todo, Cody. Ese es el valor de placa de los cuatro paneles juntos. Cuando lo multiplicas por las horas de sol, como tres horas aquí en Invierno, en lo hondo de un valle con los paneles apuntando al Este-Sureste.”

“Este, tiene razón. Es mucha información.”

“Él no dijo eso, Tanner. Interrumpió con una respuesta medio equivocada. Y tú estás interrumpiendo por impaciencia.”

“Yo creo que es el teléfono.”

“Está bien - - - Hola mi amor, estás en altavoz con Cody y Tanner…”

“Y Rusty. Buenos días, Stef. Ya quiero verlo tratando de zafarse de esta.”

“Michael, yo….”

“Altavoz, mi amor.”

“Contigo me arreglo después. ¡Tanner, felicidades! ¿Lo tenías planeado, o fue espontáneo?”

“Espontáneo.”

“¿Cómo le hiciste?”

“Pues, ya lo veníamos platicando desde hace rato, y tú nos diste ese bono, y fuimos y dimos el anticipo, y ya estuvo.”

“¿Se puso contenta?”

“Pues, sí.”

“¿Lloró?”

“Tantito.”

“¿Tú lloraste?”

“¿Yo?”

“¿Qué dijo su mamá?”

“Estaba emocionadísima, claro.”

“¿Cuándo es la….”

“Mi amor, el interrogatorio.”

“Dije que contigo me arreglo después. ¿Ya tienen fecha?”

“Pronto. Ya lo veníamos platicando desde hace rato.”

“Mi amor, estamos en una junta de equipo, y tenemos electricidad en el piso y…”

“Contigo me arreglo después, baaai.”

“Ya te cargó la chingada, bro.”

“Sí, Cómo no.”

“Okey, escuchen. Con gusto los meto en el chiste de cómo voy a llevar todo el pleito a un beso y reconciliación mañana, pero por ahora tenemos que mover este cable, meterlo en tubo, conectarlo y ponerlo a cosechar electricidad. Todo el problema de palabras en el que estaba trabajando…”

“Eso lo explica. Era un problema de palabras lo que me tenía tan irritado.”

“Sí, cómo no.”

“Bro, odio los problemas de palabras.”

“Sí, niños. Cody, Tanner, y Rusty ganan cada uno veinte dólares la hora de parte de Michael. Michael pasó diez minutos tratando de enseñarles a Cody y a Rusty y a Tanner cómo calcular la producción solar y cuánto tardarían en llenarse las baterías. En vez de eso, Michael tuvo que desperdiciar otros diez minutos explicando que las matemáticas son la chamba. Si los tres hombres no dejan de interrumpir para que podamos seguir con el día, ¿cuánto les va a pagar Michael?”

Capítulo 20 – miércoles, 27 de diciembre de 2023

“¡Quiubo Bill!”

“Quiubo, Mamaw Mernie.”

“Quiubo, Bill.”

“Quiubo, Emma.”

“Quiubo, Tío Bill.”

“Quiubo, Bernie.”

“Ahora que ya quitamos de en medio a los Walton, tú vives aquí mismo en el pueblo, y nomás te veo dos veces al año.”

“Ya sé Emma. Te veo más en el súper.”

“Ya se está poniendo que tengo que inventarte trabajo nomás pa’ poder verte.”

“No me he perdido de mucho, eso sí. Sigues con las mismas mañas de siempre. ¿Qué me tienes planeado aquí en el Centro Comunitario?”

“Pues, Bill. Es por estas puertas. Me traen atormentada. Le Pregunté a todo el que conozco dónde están las originales y por qué están estas aquí, y ni un alma le atina a una suposición que valga. Eso sí, todos están de acuerdo, estas no pertenecen aquí.”

“Quieres decir que no combinan, y quieres que consiga unas puertas y se las ponga.”

“Pues, Bill, esa no era la idea, pero ya que lo mencionas. Después de que te ponga a instalar las cámaras, a lo mejor te puedo endulzar el oído para que me dones un par de puertas que sí combinen.”

“¿También ya estaba donando las cámaras?”

“Qué lindo de tu parte. Venir hasta acá a ofrecer tu trabajo de voluntario, y todavía le echas las cámaras al trato.”

“¿El trato?”

“Pos como ya sabes lo importante que es esto pa’ mí. Estas puertas me traen pensando – lo único que se me ocurre es que las pusieron por seguridad.”

“Sí, probablemente.”

“Nadie sabe. Aquí están, y si las voy a cambiar, necesito cámaras de seguridad que hagan el trabajo para el que creo que afearon el edificio en primer lugar.”

“Pos como ya sé, ¿eh? Veinticinco años de maestra, Fideicomisaria de la Iglesia, Funcionaria Electoral, y todavía lo bastante pueblerina para subirle al encanto cuando la estética está en juego.”

“Pues, Bill.”

“Debería pedirte que le hables a mi banco a ver si no los convences de donarme un par de meses de hipoteca.”

“¿Es Tennessee Mutual?”

“Ay, hermano.”

“¿Qué dijiste, mamá?”

“Ya me oíste.”

“Y esta vez ni siquiera necesitaste un oso.”

“Lonnie sabe las reglas. Tema pone de nervios, cambia el tema. Oso jala con un hombre como Lonnie. Ustedes dos, una dama necesita menos modales.”

“¡Esa movida me la sé! Michael le dice, no me hagas quedar como pendejo.”

“Sip, esa es, la versión con menos modales. ¿Quién es Michael?”

“Pues, Mernie, esa es la razón por la que pude venir a ver a Emma aquí tan de última hora. Mi compa Michael acaba de comprar ese viejo charco de pesca allá arriba del camino, y tiene problemas de seguridad, y necesita que vaya a instalarle unas cámaras.”

“Espérate, ¿conoces al que trae a todo el pueblo hablando?”

“Pues, sí. Es mi amigo. El que trae a todo el pueblo hablando, ¿eh? Ya lo creo que sí. Nomás espérate a conocerlo..”

“Sí que tienes una bola de amigos bien revueltos”

“Sí, Mamá tiene razón. Sí que tienes una bola bien revuelta. O sea que conoces al señor que compró Old Trail Holler.”

“Él le dice Cat’s Ass Holler – cuando Stefanie lo deja.”

“Ay, ¿también hay una Stefanie?”

“Uyy, Hay una Stefanie. Este es un negocio de seguridad señoras, el chisme lo van a tener que conseguir en otro lado.”

“Está bien, me gustarían cámaras adentro, pero la Comisión Electoral tendría algo que decir ahí, y andar pidiendo perdón así a lo mejor me sacaba en CNN en noviembre en vez de darle seguridad al centro.”

“¿Entonces todas las cámaras afuera?”

“Buena idea, Bill. Sí, nomás afuera.”

“Entonces, dos apuntando a la puerta, una en cada esquina aquí. ¿Quieres alguna apuntando hacia afuera?”

“¿Se puede?”

“Podría poner una para el estacionamiento, y a lo mejor dar la vuelta por atrás y esconder otra allá arriba en ese alero también.”

“Ay, ¿cámaras escondidas? Yo estaba pensando que unas cámaras grandotas dicen no pasar más que, ja, te agarré.”

“Okey cuatro cámaras de no pasar. ¿Y la tecnología?”

“Ya sé que esas son palabras mágicas pa’ ti.”

“Tecnología. ¿Quieres algo que tengas que estar vigilando, o quieres una cuenta?”

“¿No lo había pensado?”

“Qué lindo de tu parte. Bendito seas.”

“Aquí va lo corto. Puedo donar las cámaras de cualquier forma, pero tú tienes que decidir la tecnología. Opción uno, tienes que comprar un DVR de mil dólares y abrir una cuenta gratis que te avise cuando alguien active la alarma. O dos, tienes que abrir una cuenta con algo como Ring, y te va a mandar un aviso cada vez que alguien se acerque.”

“Bernie, ¿Cuánto cuesta una suscripción?”

“Ya lo estoy viendo, Mamá. Dice que te dan todas las cámaras que quieras aquí en un solo lugar por noventa y nueve dólares al año. La verdadera ventaja es que Ring tiene comunicación de dos vías.”

“Así es como te agarran, Emma. Te enganchan con esa ’scripción, y quedas atrapada de por vida.”

“Ya sé, Mamaw Mernie, y ese DVR son diez años de suscripción de un jalón, pero después es tuyo.”

“Si dura diez años,” se metió Bill.

“¿Qué sugieres, Bill?”

“Esto lo decides tú, Emma. Yo nomás las instalo y me sonrío cuando escojas en cuál de tus propias trampas te quedaste atorada.”

Capítulo 21 – miércoles, 27 de diciembre de 2023

“¡Ay, qué bien! ¡Eso se ve muy bien!”

“Quiubo, Bill.”

“Quiubo, Tanner.”

“Buenos días, Pantuflas.”

“Hola Bill, llegaste justo a tiempo. Acabamos el trabajo del cable hace cinco minutos, y te necesito de testigo.”

“¿Testigo? Normalmente soy tu coartada.”

“Déjate de pendejadas un segundo. Todos afuera.”

“Aquí, Jefe, siéntate en los escalones.”

“Bill, déjate de pendejadas era la señal.”

“Ya veo.”

“Muchachos. Es ahora o nunca. Todos saben lo que pienso. Esta chamba no es normal. Aquí no estoy haciendo algo normal.”

“Dilo otra vez.”

“Bill. Pendejadas. Escuchen. He hablado con todos ustedes de esto, pero nunca lo hemos discutido. Tanner sabe que es algo en serio, pero fuera de eso, ustedes dos nomás han tenido menciones y dictados. Así que déjenme explicarlo completito. He contratado a muchos cuates – Bill aquí fue uno de ellos. He contratado a muchos cuates a lo largo de los años. Ha habido veces que contraté dentro de una jerarquía establecida, y veces que contraté por efectivo, y casi todo lo que hay en medio. Necesito construirle a Stefanie una casa; probablemente vamos a conseguir un contratista general para la casa.”

“¿Por qué no la construyes tú?”

“Bill, cállate. Ahorita es contratista general.”

“Supongo que Stef no te deja.”

“El ingrediente especial de cizañeo de Bill, la suposición.”

“Bill, necesito un testigo, no preguntas de declaración. Aun con el contratista, de todos modos tengo que construir los caminos, construir el taller, construir lo solar, y ahora que Chris encontró roca a todo lo largo de la servidumbre, necesito un montonal de solar.”

“Ándale, no se te olvide la presa.”

“Sí, la presa. Y aun con un contratista, tengo que ahorrar un poco de dinero en algún lado, o nada de esto pasa. Así que tengo que excavar el asiento de la casa.”

“O sea que nos lo cuelgas a Rusty, a Tanner y a mí y de paso te ahorras una lana.”

“Dudo que me ahorre una lana, pero voy a gastar más despacio.”

“Codo. Nomás no quiere contratar y pagar lo que es.”

“Cody, ¿te hice algo que te ofendiera?”

“Nomás que tú quieres agarrar terreno, conseguir unos chamacos de aquí que hagan el trabajo, y todo el tiempo tú con tanto dinero…”

“Bájale…”

“No, ustedes los ricachones son todos iguales…”

“Cody. ¡Ya! Ahorita mismo. Tú no necesitas esto, pero Tanner y yo sí. Lo queremos.

“Bro, este es un juego de pendejos.”

“Espérense. Todos. No es un juego de pendejos, Cody – sea cual sea toda la carga que esa palabra tenga para ti. Es una jugada por el control. Tienes razón, podría contratar un equipo de terracería, y vienen y yo pago la cuenta, y la casa se construye, y ya quedé. Pero esto no es eso. Los equipos de terracería – todos – trabajan igual. Llegan, agarran un plan, y desmontan a matarrasa cualquier lugar por donde piensan ir. Lo cortan todo, todo de un jalón, y se van. Y eso tiene un precio, y tienes razón, el precio probablemente es mucho más alto que tú por el mismo producto, una cañada como paisaje lunar donde nomás las ratas van a seguir viviendo. Pero yo no estoy comprando ese producto. Estoy comprando de cucharón en cucharón, arreglar parte de una cosa y luego dejarla para ir a la cosa que la parte rota estaba sosteniendo, y termino la cosa rota, luego voy a arreglar la siguiente prioridad. Un día cortando árboles y al día siguiente no meter el camino para el que corté, sino regar el mantillo del día anterior en otro lado porque ahora que tengo el mantillo, puedo hacer un patio de cobertizo más limpio, menos lodo pegado al piso y congelado ahí, polvo que se chupa el inversor. Un día voy a escarbar un hoyo y guardar la tierra en el lugar provisional mientras despejo los árboles del permanente e instalo la fosa séptica, luego muevo la tierra - - - Eso no se lo puedes pagar a una compañía. A menos que crees la compañía. Y te digo otra cosa, cabroncito, una cosa es segura. Nadie más te va a escoger para su equipo con una actitud así. Y nosotros, ni siquiera te hicimos llenar la solicitud que de seguro es la mera maldición de toda tu pinche existencia jodida porque tienes una lista de malas referencias de trabajo que filtrar, categoría principal de búsqueda, cuál es más probable que diga la menor cantidad de pendejadas cuando contesten la llamada de referencias. Así que la compañía que yo habría contratado, esa compañía no te va a contratar a ti, de todos modos, así que más vale que agarres este jale, o te quedas con cero,. Cero, Cody, que, como ya calculaste y bloqueaste, es la respuesta al problema de palabras de esta mañana. Cero es lo que Cody va a sacar de esta obra de dos años que viene con unos cuates que confíen en ti y cuenten contigo y con los que tú puedas contar por una vez. Hombres que te necesitan en vez de pasarse todo el tiempo demostrando que tú los necesitas a ellos.” (Ni siquiera puedo dar el regalo de toda una vida sin – todo esto)

“Y por una vez te quedas ahí sentado en la pausa, con la boca bien cerrada, y nadie más habló tampoco, así que voy a terminar esto. El negocio es lo importante. Pero ya no tengo la fuerza para empezar uno nuevo estos días. Así que estoy haciendo lo segundo mejor. No puedo manejar una cuenta de nómina, y no puedo atender los teléfonos. Desde luego no puedo atender la oficina de recursos humanos.”

“Eso es un hecho.”

“Cállate, Bill… Buena esa, eso sí. Ya no puedo hacer esas cosas porque tengo otras cosas en marcha. Pero sí puedo contratar una compañía, y puedo pagar una factura, y puedo asegurarme de que el dinero esté bien cada semana. Y ustedes pueden aprender a hacer lo que a mí ya no me da la energía.”

“Entonces, si es un juego de pendejos como dice Cody, ¿dónde está el pendejo?”

“Yo no dije juego de pendejos así.”

“Esas fueron tus palabras literales.”

“Supongo que estoy haciendo la pregunta que él está diciendo; ¿cómo podría salir mal?”

“Esa es una buena pregunta, Tanner. No creo que pueda salir mal. Los necesito, hombres – pero Cody, yo andaba buscando a alguien cuando te encontré, y de seguro puedo encontrar a otro en el Weigles haciendo fila para comprar tabaco. Pero ese desconocido llenaría la necesidad y no haría nada por el deseo. Podría anunciar este negocio todo el día en Facebook, y la entrada no sería lo bastante larga para que los solicitantes hicieran fila de a uno. La necesidad es fácil, Cody. Ese abismo lo puedo llenar con una cucharita en la mano de cada hombre. Lo que no puedo llenar es el deseo. Necesito hombres para construir este lugar, y quiero que sean ustedes.”

“Nomás ya no quieres seguir buscando.”

“No te vas a dejar ganar, Cody. Me parece bien. Pero lo voy a decir otra vez. Este negocio es la chamba. La oferta es de veinte varos la hora, y tu panza no va a esperar a tu sabiduría. Así que, trabajas, te pagan. Carajo, la ley dice que aunque no trabajes, te pagan mientras estés empleado, te pagan. Esto lo hace todavía más fuerte. Si eres socio, y la compañía recibe el dinero de la oferta con una factura bien hecha y bien cumplida, ese dinero es tuyo, y no hay manera de que te corran.”

“Sí, cómo no. Oye eso, Cody. Pedro literalmente te corrió por hacer exacamente lo que tas haciendo ahorita.”

“Chinga tu madre, Bro. Tú fuiste el que me corrió.”

“Y tú juiste el que me contrató aquí.”

“Ya, muchachos, escuchen. No podemos descarrilar los hechos con viejos…”

“Yo no descarrilé nada. Rusty se hace como que ya decidió, y el otro día, era tan no como yo.”

“Cody, eres un pinche mentiroso…”

“¡Ya! Ya párenle. Cody está dentro. Nomás está peleando por salvar las apariencias. Lo ganamos con la estructura de pago.”

“¿De ónde sacas eso?”

“Tú mismo lo dijiste. Definiste lo del despido, y eso mostró tu traición, y cuando lo dijiste, mostraste lo que yo estaba diciendo, y eso te hace decir que sí. Ahora no te pueden correr, y seamos honestos, la paga es mejor de lo que mereces.”

“No eres tú el que me dice cuánto valgo.”

“Cody, más te vale preferir que sea yo porque estoy pagando arriba del mercado por un hombre que el mercado ya rechazó una docena de veces. No puedes nombrar una chamba que no hayas dejado o de la que no te hayan corrido.”

“Te haces como que sabes. Yo no te he contado mi historial de tra…”

“Cody, eres un hombre de veintidós años con una bebé en la casa, llegaste a trabajar ocho días antes de su primera Navidad con un fin de semana de aviso, me has peleado a cada paso - a un hombre que no intenta nada más que pagarte por un trabajo que el hombre necesita que se haga.”

“Tú el rico que mira pa’ abajo al pobre. Yo no te peleo. Te peleo que me pones palabras en la boca, me dices que digo que toy dentro. Yo no dije eso, pero aquí estás tú suponiendo – yo pensé que suponer era el juego de Bill.”

“Estás oyendo dos mensajes, Cody. Sí dije los dos, pero tú te haces como que lo único que dije es que tú estás bajo, y le agregas que yo digo que estoy alto. Y, si de veras hubiera dicho que estoy alto, tendrías razón en señalarlo. Pero no lo dije. Dije que tú estás bajo, y tu valor es alto, y te estás cortando con tus propias pendejadas, como he estado diciendo todo el tiempo.”

“Torciendo palabras.”

“No, Cody, torciendo el reloj. Estás dentro, y salvaste las apariencias. Estás bien. Nadie aquí piensa que te rajaste fácil ante el Yankee. Le enseñaste. Ahora, por favor déjame hablar con todos los demás – porque aunque te saques cuarenta mil dólares al año de la boca abierta de tu propia hija por no cerrar la tuya, estos hombres tienen que comprar mandado y tienen los mismos próximos treinta años de trabajo enfrente que tienes tú, y no están menos preocupados que tú por la estabilidad de la idea.”

“Sí, Cómo no.”

“Este, no me voy a sumar, Cody, pero sí tiene razón. Yo quiero esto. Y lo voy a decir más fino que él. Que tú también lo quieres lo prueba que no te fuiste. Te quedas ahí parado y salvas las apariencias, pero no te fuiste. Tu duda se ganó respuestas que yo quería oír, pero todavía tengo preguntas. Como, es una sociedad, está bien, ¿pero quién hace todo el trabajo?”

“Esa sí es una pregunta que puedo contestar derecho. Todos ustedes hacen el trabajo. Son un equipo de tres hombres, y a lo mejor piensan dividir la chamba según las fortalezas, y el escéptico, el práctico, y el soñador cada uno con su camino aparte, pero ninguno de ustedes es nomás uno de esos. Todos ustedes son el director ejecutivo, el vice, y el tesorero. Están demasiado nuevos para no serlo.”

“Bonita parábola, pero ahorita yo soy el que lleva las horas y las facturas y los impuestos y la nómina y el seguro y todo eso por fuera. Y todo eso después de que ya hice todo el día el mismo trabajo que todos los demás hicieron antes de irse a su casa.”

“Esto no es el Mago de Oz, Tanner. Cada Hombre de Hojalata recibe la paja, y todos ustedes necesitan tener los nueve nombres, cabeza de chorlito.”

“¡Ay, qué tal! De parábola a cuento de hadas. Antes también me hacía esta chingadera todo el tiempo.”

“Bill cállate.”

“Nel. El chamaco no lo ve, y tú no contestas derecho. Así que lo hago yo. Aquí estoy parado pensando que si él se hubiera encontrado este plan maestro de tres hombres hace diez años, cuando yo era el que estaba en tus zapatos, habría sido perfecto. En lugar de eso, aquí Pantuflas anduvo de puntitas por todo mi aprendizaje a puro tropezón y peligro. Esta vez veo que lo tiene todo bien pensado. Ojalá me hubiera tocado esa versión. Y por último, me formaría en esa entrada otra vez aunque no la hubiera, pero con este plan, casi me dan ganas de empezar de nuevo.”

“Esa sí es una reseña de Google. Y gracias, Bill. Y gracias por encarrilarme. Tanner pregunta quién hace el trabajo. La respuesta es todos ustedes. Se turnan. Tanner ha llevado los libros y las pendejadas estas últimas dos semanas con ustedes, y tres semanas con su propio papeleo también. Ya que estén todos registrados como uno solo, se pasan los libros, y le enseñan el modo al siguiente. Él se encarga unas semanas, y luego el que sigue. Y así todos aprenden lo básico de la función más básica de un negocio, pagar las cuentas.”

“Sí, tengo una pregunta. Ya tengo tres bocas abiertas en mi propio nido, y ya resuelto quién lleva los libros, lo que necesito saber es ¿de dónde sale la lana para los libros?”

“Ahí está lo bonito de todo esto. Mi manera lleva tiempo, mucho tiempo. Aquí tengo chamba para dos años si movemos las nalgas. Las facturas van amarradas a las horas en obra. La factura pasa el día de pago de la compañía a los socios, y ustedes se reparten según lo decidan. Pueden quedarse con lo de las horas, o pueden dividir parejo, pero esa es decisión de los directivos.”

“Supongo que eso lo votamos.” (Línea sin atribuir a propósito).

“Bueno, cabroncitos, aquí está. Si se quedan, tómense de las manos con sus socios - - - tómense de las manos. ¿Tú, Rusty , aceptas a Tanner y a Cody como tus legítimos socios?”

“Sí, acepto.”

“¿Tú, Tanner, aceptas a Rusty y a Cody como tus legítimos socios?”

“Sí, acepto.”

“¿Tú, Cody, aceptas a Tanner y a Rusty como tus legítimos socios?”

“Sí, acepto.”

“Se los dije. Ahora, Tanner, háblale a Deno. Está esperando que lo inviten a comer para juntarse con todos y hacer las enmiendas y eso. Llévalo a un lugar bonito. Stock and Barrel. Aquí está mi tarjeta.”

Capítulo 22 – miércoles, 27 de diciembre de 2023

“Ese Cody va a dar problemas.”

“Es listo. Bien listo. Trato de adelantármele, pero trae puestas esas botas de baile, y no le alcanzo la mano con tanto paso y tanta vuelta.”

“No lo puedes dejar llevar.”

“Tú intenta pararlo.”

“No lo haces tan mal. Yo ya juraba que se iba, y de repente lo tienes tomado de la mano con hombres en el lodo.”

“Epifanía.”

“Más bien que no te han diagnosticado, pero algo no anda bien.”

“Híjole, le atinaste, Bill.”

“Ah, quihubo Stef. ¿Cómo entraste?”

“Me subió la escoba, y aquí los encuentro a ustedes dos sentados de nalgas en el cobertizo, mi cuadrilla entera no se presentó. Y la meta era el cumpleaños cuarenta y dos.”

“Faltan cuatro meses, mi amor.”

“Se suponía que estabas en la tienda de tubos de alcantarilla con los muchachos.”

“Cambio de planes.”

“Ese es el sabor, cambios de plan.”

“O sea que pasas de camino a hacer compras con la familia, segundo día libre, faltan tres, ¿y lo primero que sacas es mi ética de trabajo construyendo tu casa?”

“Ándale, trabajando – de nalgas.”

“Planeando.”

“¿Dónde están los muchachos?”

“Van de camino con Deno a que les enmienden la compañía.”

“A ver, en cristiano; saliste de la casa hace tres horas. El plan era terminar lo solar, tubos de alcantarilla, y convivencia de equipo, luego pasar a reparar la presa. Imagínate mi sorpresa cuando en vez de eso te encuentro sentado de piernas cruzadas en una mesa, y a Bill en una silla de jardín – y ningún mapache en el inversor como prometiste.”

“Terminamos lo solar, y…”

“Empieza por el cambio de plan. Eso parece ser la noticia aquí. Deno. Dale.”

“Lo hubieras visto, Stef. Este cuate está sentado en el escalón de arriba del cobertizo. Yo aquí en el cobertizo, por encima de su hombro. Los muchachos, los tres formaditos en el patio. Michael dice, tómense de las manos, y como si estuvieran hipnotizados, lo hacen.”

“¿Como en círculo, tomados de la mano con Michael?”

“Nel, como niños en la dirección. Se acaba de aventar treinta minutos poniéndolos en orden, les da la visión, Cody rezongando como si hubiera lidiado con Michael toda la vida, Michael hablando con su propia personalidad en botas enlodadas. Es una fundición de mentes.”

“Tomados de la mano, Bill.”

“No le hagas caso a este hombre, mi amor. Ya sabes que sacó el caldero, y aquí llegas tú, con tu imagen de escoba, y ahora ya no sacó el cucharón para la sopa, sacó el remo de la lancha, y está meneando.”

“Pero lo que está meneando es contigo, y me gusta lo picosito. Síguele, Bill.”

“Entonces, aquí tienes tres hombres hechos y derechos, hombres de campo, hombres de construcción, sí, así que una broma agarra un poco de pista a pura fe, pero están tomados de la mano, y se nota – sienten cada callo. La pata sudada de Rusty, el qué-chingados-me-fui-a-meter de Tanner, los huevos de la hondonada de Cody. Está increíble. Se ve todo.”

“Bueno, ya te estás derramando. Michael, ¿de qué está hablando?”

“Va bien. Cuidado con lo que pides, que a lo mejor te lo dan. Síguele, Bill.”

“Entonces Michael los tiene agarrados, y lo sabe. Los tiene tomados de la mano, pero se ve que el lazo flaquea, y este cuate dice, Tú, Rusty, aceptas a Cody y a Tanner…”

“¡No, para! Para ahí mismo. ¿Me estás diciendo que hubo una boda, y a mí no me invitaron? Espérate, dime que Cody dijo, Sí, acepto.”

“Ay, mi amor, sí lo dijo.”

“¿Y ahora van con Deno a hacerlo oficial?”

“Sip.”

“¿Y todo esto, y yo no estoy en la lista de invitados?”

“Stef, fue una epifanía envuelta en serendipia envuelta en oportunidad…”

“Sí, la zona, ya sé.”

“Pero oía la cámara prendiéndose y apagándose sobre mi cabeza todo el rato, así que está en el Ring, garantizado. Mira.”

“No, en tu teléfono no. Quiero mi propia copia de esto. Nadie me va a creer cuando cuente esta historia. Necesito la versión Reelz. ¿Cómo se llama la app, Bill?”

“App Store, busca Ring. Mientras, ¿qué tenemos por aquí? Dijiste cinco cámaras.”

“Sí, Ándale. Quiero una allá por el estanque y una por acá cerca del puente.”

“Quietos, ahí mismo ustedes dos. Regresen para acá.”

“Conozco ese tono, Bill. ¿Qué hicimos?”

“Ya verás.”

“Michael, ya vi lo que pasó aquí…”

“¿De qué hablas?”

“Bill, ya vi lo que pasó aquí. Michael, con toda su sabiduría y encanto, se aseguró de señalar que no me gusta el nombre Cat’s Ass Holler, pero lo hace demostrando que tiene un control que nomás se imagina que tiene; me dice Cat’s Ass Holler a mí, y ves que me irrita. Y de algún modo crees que vienes precargado con la gracia que le doy a él por ser su amigo, y calculas que te vas a divertir un poquito, al estilo Michael…”

“¿Qué hiciste, Bill?”

“Aquí la Morgana le Fay chiquita, le puso Cat’s Ass Holler al wifi.”

“Ay, chingao Bill, esa está buena. Ahora quítaselo. Eres un niño.”

“Los dos son niños.”

“Yo soy adulto.”

“Técnicamente, como esta silla de jardín es un mueble, pero no es estable.”

“¿Entonces ya instalaste la app, o necesitas que Bill te la instale?”

“Necesitas los dos teléfonos. Tienes que mandar una invitación desde el de Michael…”

“Toma, hazlo tú. Michael, dale el tuyo, y yo lo vigilo como lechuza.”

“No parpadees, este cuate trae chistes.”

“Quihubo, chamacos. ¿Cómo les fue, Rusty?”

“¡Esas papas con pato están buenísimas!”

“Este, mortales más bien. No ha dejado de echarse pedos desde que salimos del restaurante.”

“Me tuve que aguantar todo el papeleo. Se me salió uno chillidito cuando me pidió la licencia.”

“Ándale, ya lo sabía yo. Hubieras visto al pobre Deno, que no está acostumbrado, y dice, qué bueno que no pedí los camarones, la mesera pasando justo cuando llega la peste.”

“No pensé que fuera a apestar.”

“Dale a un cuate el puesto de Presidente, y se imagina que su mierda no apesta.”

“Auch.”

“¿Y a ti qué te tocó, Tanner?”

“Tesorero.”

“Imagínate a Cody Norman, Vicepresidente.“

“Así que ya se fregaron todos. Están pegados con el dolor de la separación patrocinada por el estado colgando de un hilo. Si creen que divorciarse es un dolor de nalgas, espérense a que intenten disolver esta cosa.”

“No nos vamos a agarrar de la mano otra vez, patrón.”

“Nel, este se ha estado rascando los huevos todo el día, y no estoy seguro de no necesitar vacunas después de esta mañana.”

“Eso es lo que nos saltamos, unos shots. ¿Por qué no se me ocurrió cuando estábamos comiendo? La barra estaba ahí nomás.”

“A lo mejor sí se te ocurrió, pero mi plan está funcionando. El hombre agarra responsabilidad, el hombre madura y se da cuenta de que no puede manejar esa excavadora después de chupar en la comida.”

“¿Qué ando haciendo yo en la exca?”

“Sentado en las orugas para lo último del discurso.”

“Entonces, este, ya no más problemas de matemáticas.”

“No prometo nada. Lo principal que quiero que entiendan es que en la vida de todos modos tienen que trabajar. Y pueden conseguir un empleo y pagar las cuentas y si consiguen un mejor empleo, cuentas más grandes y montar la ola por los siglos de los siglos, amén, o pueden construirse su propio empleo. Y esas son las cuentas que enfrenta todo hombre que alguna vez puso su nombre en un negocio. Grande, chico, da igual. Empezó con un hombre que quería hacerse su propio empleo. Y esa decisión siempre se topó con la misma pared. ¿De dónde sale mi cheque? Y ustedes, muchachos, arrancan con esa ya resuelta. Su cheque por lo menos el próximo año sale de aquí.”

“Sí, cómo no.”

“Ustedes no son mis empleados, ustedes son la compañía que estoy contratando para trabajar esta obra, y voy a amarrar su pago a los veinte dólares por hora-hombre acordados más todos los gastos básicos del negocio, seguro de compensación, teléfono, comisiones del banco por manejar la nómina y los impuestos, todo eso. Ustedes se pagan lo que quieran, pero les sugiero mucho que se paguen menos.”

“Órale, patrón, yo entré a veinte, y no voy a agarrar menos.”

“Yo no soy tu patrón, el patrón eres tú. Yo nomás te doy un consejo. Su compañía va a vivir en una incubadora por lo menos un año, y al final van a haber tenido experiencias que nunca hubieran soñado tener. Van a construir con un presupuesto grande, y van a vivir cosas que nomás ser dueño de un negocio te puede enseñar. Y van a hacer todo eso sin aprenderlo a punta del cañón de la desesperación frente al que muchos hombres antes que ustedes se pararon como blanco de pelotón de fusilamiento.”

“Entonces, este, de eso podemos hablar después.”

“Esa es la idea. Tengo una sola regla. Y no estoy jugando. Y se me ha olvidado más de cómo hacer y cumplir y pagar mis amenazas que lo que todos ustedes juntos saben hasta este punto de su vida. Pagaré lo que sea por respaldar estas palabras, así que óiganme claro. Hay una cosa que todavía no saben, pero que van a descubrir muy pronto. El pago que se deben a ustedes mismos no es la única suma a la que tienen acceso. Cualquiera de ustedes en cualquier momento puede entrar a ese banco y vaciar todas las cuentas con nada más que una sonrisa y un número PIN, pero les prometo con toda la mala intención que he juntado en mi vida que van a pagar hasta el día en que se mueran si lo hacen. Yo los puse a ustedes a cargo del pescuezo del otro, y eso me hace a mí el responsable – no responsable por el dinero, sino responsable por la vida que el pinche tonto desfalcador dañó con su robo. No nada más van a ir a la cárcel por desfalco, sino que yo… Escuchen, no lo hagan. No jueguen conmigo en esto. Nunca he dicho nada más en serio. Lo que sea que ustedes se hagan unos a otros es mi culpa. Y voy a dejar entera a la víctima con sus nalgas.”

“Tú dices las amenazas en grande.”

“Ya sé, Cody. Tienes que salvar la cara, pero asegurémonos de que me oigas. No tienes que robarles a estos hombres. Ninguno de ustedes. Ahora son socios. Si ahorran y se preparan y se alistan para la vida como equipo, no va a haber necesidad, y aunque esa necesidad sí llegue, y la compañía no esté lista para cubrir el cargo, apuesto a que los miembros del equipo sí. Y todavía más, si es antes de lo que hasta ese grupo de apoyo puede dar, yo entro y ayudo. Yo los puse aquí. Les voy a ayudar a ayudarse unos a otros. Para eso son los amigos.”

(diez metros menos de lodo entre la troca y la tarea)

Capítulo 23 – jueves, 28 de diciembre de 2023

“Quihubo Amz, ¿qué pasó?”

“El anuncio lleva diez días arriba, y ni una llamada todavía. Creo que tenemos que bajar el precio un poquito.”

“Yo no bajo mi precio, amiga.”

“Diez días, y ni siquiera me ha caído una llamada.”

“Bueno, mira. Tu lógica más o menos tiene sentido. Ya se apagó el arranque del anuncio nuevo, y bajas el precio, sale el correo automático, y todos los agentes le echan una mirada fresca. El problema es que yo no bajo mis calzones de a un pelito a la vez – menos con todos los agentes jugando el mismo jueguito gastado. Yo subo mi precio, y me sale el mismo correo automático, nomás que esta vez el titular es aumento de precio, y todos los tiburones, que traen a este tipo de cliente en la punta de la lengua, que hubieran ignorado esa primera baja de precio, se ponen curiosos, tienen que ver qué le agregué para justificar el brinco. El mismo correo, y de veras hace algo.”

“¿Estás loco?”

“¿Stef me echó de cabeza?”

“Nel. La pista fue lo de subir el precio.”

“Sip, súbele cinco por ciento.”

“Michael, no le voy a subir el precio para espantar a todos los compradores.”

“¿Cuáles compradores? Acabas de decir que no te ha caído ni la primera llamada - diez días.”

“Le subes el precio y el teléfono va a empezar a sonar con mi corredor y mis amigos, preocupados por mi anuncio nuevo.”

“Tu corredor no es mi problema. Escasez, y el todopoderoso miedo-a-quedarse-fuera, nena. Y la próxima semana cuando me hables para que me baje los pantalones otra vez, el precio sube otro cinco por ciento.”

“No voy a hacer eso.”

“De hecho, sí lo vas a hacer. Es mi casa, y el brinco también lo justifico. Acabo de pedir noventa y ocho ventanas nuevas para toda la casa. Vienen incluidas en el trato.”

“Eso. Yo. No me puedes torcer el brazo así.”

“No seas marica. Esto siempre ha sido un anuncio de prueba. Lo subimos para tantear el ambiente.”

“Sí, el ambiente de bienes raíces, no la sala de estar del manicomio.”

“Auch. Pero espérate, hay más. Armé un guion para la propuesta. Te acabo de mandar un correo, Queremos financiamiento del dueño.”

“¡Qué chingados!”

“Óyeme. Ahora estamos en un club totalmente nuevo. Y justificamos el precio porque nosotros tenemos el pagaré, y encima de eso yo agarro puntos por el otro lado.”

“Ni de chiste Stef acepta eso.”

“¿Apostamos? Toda nuestra vida es dinero paciente.”

Capítulo 24 – jueves, 28 de diciembre de 2023

“Quihubo, soy Michael.”

“Roy.”

“Te apagamos la calefacción para que no sudes la gota gorda subiendo y bajando estos cerros con el receptor GPS.”

“¿Se te olvidó que la apagaste? Congelaste el estanque.”

“Son muchos cerros, y no quiero un levantamiento flojo.”

“Tampoco quieres a los muchachos congelados pegados a la Estación Total.”

“Va que va --- Tanner, olvídate de esa chapa de la puerta por ahorita y bájame estas nubes y deja entrar el sol.”

“Bonito cobertizo. ¿Dónde encontraste a esos cuates?”

“Ellos me encontraron a mí. Puse carnada en Facebook, y se metieron derechito a la trampa.”

“Ah, ¿no son una compañía de cobertizos?”

“Nel, pero sí parece que lo son, ¿verdad? Nomás un par de chavos listos.”

“Le hiciste mucho trabajo a esto aquí arriba. Vine a ver este lugar hace un par de años cuando pusieron a la venta el terreno de cerro abajo. Subí y vi el estanque, y quería los dos, pero no pude dar con quién era el dueño de este.”

“Un topógrafo que no puede encontrar a un dueño. Prometedor.”

“Qué chistosito, sí encontré al dueño, pero no lo pude agarrar por teléfono, y luego una señora compró el pedazo de cerro abajo antes de que yo pudiera localizar al dueño de aquí.”

“Yo tengo el problema contrario. No puedo agarrar por teléfono al dueño de la servidumbre. Me llevo muy bien con la señora que es dueña de este.”

“Yo nunca compraría un pedazo con una servidumbre como esa. Yo quería este y el pedazo de la servidumbre.”

“Estoy tratando de conseguir las seis acres, pero parece que la señora se murió. Ahora es del hijo. Lo encontramos en el juzgado, pero el número de teléfono no sirve.”

“Pues le hiciste mucho trabajo a esto aquí arriba, eso sí te digo.”

“Ya me lo dijiste.”

A Tanner, “¿Siempre es así?”

“Es diferente.”

“Cuando subí aquí aquella vez, tuve que caminar. Tú ya metiste un camino de entrada. Se me tiró un poquito el café, pero aquí estoy.”

“Trabajo hecho con amor.”

“Ya veo. Bastidores de dos por cuatro para los paneles solares; esa es una movida atrevida.”

“Prueba de concepto.”

“¿Probarlo?”

“Sip.”

“¿O sea que cuatro paneles solares, mil seiscientos watts levantan todo el lugar desde cero?”

“Esa es la esperanza. Probamos el sol, clavamos el Unistrut, y somos una cuadrilla moderna.”

“¿El inversor en el cobertizo?”

“Sip, las baterías también.”

“¡No manches! ¿Es un puente voo-swarz el que estás construyendo allá atrás?”

“Sí lo es.”

“Ya casi está. ¿Cuándo le quitas la cimbra?”

“Ya está trabado. Cascajo hoy, bordillos, grava. Va a estar listo esta semana. Se llevó un mes.”

“Sí es diferente, eso que ni qué. Compra tierra olvidada desde hace mucho y lo primero que hace, escarbar en el suelo congelado, picar una docena de piedras de cien kilos, acomodarlas y construir un arco de diez mil años que empieza un millón de años dentro de la historia de la hondonada.”

“Tratando de encajar.”

“¿Entonces qué hacemos aquí?”

“Bueno, necesito un levantamiento completo con los linderos estacados cada treinta metros, y necesito permisos de fosa séptica, así que también necesito un levantamiento del sitio para los campos sépticos.”

“¿En plural?”

“Sí. Voy a construir un taller allá, y necesito un baño adentro.”

“¿Entonces el puente es para llegar al baño?”

“El puente es – nomás lo primero. Todavía ni tenemos planos de la casa, pero ya que estamos aquí, podemos hacer el plano del sitio para la fosa séptica de la casa también.”

“Va, entonces levantamiento marcado y dos planos de sitio.”

“Y te pago un poquito extra para que le compres a la troca las luces rojas y la sirena si conviertes mi mala planeación en tu emergencia en la parte de los planos de sitio.”

“¿De cuánto tiempo estamos hablando?”

“Necesito los planos de sitio para la semana pasada, claro. No puedo sacar los permisos de la fosa séptica sin eso”

“Vi que salían las estacas de la servidumbre, y no estaban cuando yo andaba viendo, así que esas van a ayudar. Las marcas obvias en los árboles también me dejan listo.”

“Y aquí está el último levantamiento que tengo. El cuate que era dueño de este lote del lado norte era topógrafo, Rusk.”

“Pero él no hizo la servidumbre. Las servidumbres se registran con el Registrador de Escrituras. Lo busqué en la troca; se registró el año pasado.”

“¿Viste el Título?”

“Sip, apenas cambió de manos este año. Boyd, como la batalla.”

“Eso es lo que tengo yo. El terreno está baldío, el teléfono se va al buzón…”

“Llamadas spam. Ya nadie contesta. Yo te mandé al buzón cuando salió Athens. Yo no hago el condado de McMinn.”

“Cuando me mudé a Tennessee en 2006 para la universidad, me mudé a Athens.”

“Te ves un poquito grande para la vida de fraternidad.”

“¡Ja! Sí. Lista de pendientes antes de morir, sacar un título. Palomita.”

“Y ahora Seymour. ¿A qué te dedicabas de grande?”

“Desarrollo Comercial.”

“Ahí está. Nadie que pide un levantamiento ya tiene un levantamiento en la mano cuando llegas.”

“Gajes del oficio. Demasiada información, diez por ciento cierta.”

“Ese es mi trabajo. Desenredar la verdad. Empecemos.”

“Te doy el número de Tanner por si necesitas algo. Tengo una cosa en el pulmón, no puedo subir esos cerros a velocidad de chamaco.”

(Claro, una Torre está bien, pero cómo no querer a un Caballo.)

Capítulo 25 – sábado, 30 de diciembre de 2023

“Qué no dije yo que tenían la suela lisa y todo eso.”

“¡Eres un pinche mentiroso!”

“Pos no es cierto. Dije suela lisa, ándale, pero todo mundo sabe que lisa no quiere decir pareja.”

“Ja, también dijistes pareja, apá.”

“Mira, no me voy a quedar aquí parado pa’ que me acuses que estoy haciendo una bola entera de estambre sin tener algodón con qué hilarlo.”

“¿¿Hilar qué?? ¿Cómo que algodón? El estambre es de lana, Apá.”

“Y tampoco dije que esos zapatos no dejaran huella. Dije que dejan rastro como nomás un zapato de oficina lo deja.”

“No, tú dijistes lisa. Dijistes pareja. Tú lo dijistes, Apá. Lo dijistes clarito como esta grava que cruje bajo el pie, clarito como esta sombra es el sol y el árbol a la vez, clarito como ese ju-ju, uu, ju que está llamando refuerzos pa’ esa rata que de seguro tiene allá arriba en el campo. Estás llamando a la mentira pa’ que le haga paro a la mentira.”

“Muchacho, tienes la mente bien angosta.”

“¿Angosta? ¿Ta’s hablando en serio? ¿Quién fue el que vio el modo de meternos a esta hondonada? ¿Quién fue el que vio el modo de salvar el hoyo? ¿Quién fue el que ve lo que sigue y planea por adelantado?”

“Sí, cómo no.” Planear por adelantado, dice. Él que dice eso nunca ha planeado nada en todos los días de su vida. Se cae de espaldas en todo lo que tiene, y viene conmigo, con el plan en el pizarrón pa’ sacarnos un montón de lana, deshacernos de este gringo yanqui, y recuperarnos la hondonada de un jalón. “¿Cómo es que tú lo ves? ¿Cómo es que tú planeas todo eso?”

“¿Quién consiguió la chamba, Apá? ¿Qué tal eso?”

“Ese es él. Ese es Cody.”

“Te vio poner la cámara. Nadie es tan menso.”

“Menos este cuate.”

“¿Es el cuate de las baterías de la cámara de rastreo?”

“Sip. El papá, creo.”

“Sí, le sigue diciendo Deddy.”

“Ah, yo pensé que era un nombre.”

“Deddy. Es daddy, papi. Como en Smokey and the Bandit.”

“Ay chingao, yo pensé que estaba diciendo Daddy todos estos años.”

“Te’stoy diciendo, muchacho. No tienes el oído pa’ eso.”

“Ay Cristo. Me siguió hasta la casa.”

“Ha estado aquí todo el tiempo, nene. Nacido y criado en estos cerros.”

“Auch.”

“¿Por qué de repente dices eso a cada rato?”

“Da vuelta a la izquierda aquí. Estamos a dieciocho minutos. A lo mejor pueden sacar la minicargadora de ahí y llevarla a la casa y taparla con la basura antes de que lleguemos, pero no vinieron los dos nomás por una máquina.”

“Podríamos parar a comer y no alcanzarían a llevar esa excavadora a su casa antes que nosotros.”

“Eso es lo que no tiene sentido. Te digo, este cuate es filoso a su manera. Podría dirigir Colegate si no odiara tanto el producto.”

“¿Ves? ¿Apá? Hemos estado arreglando el vertedero. Y mira esas huellas de zapato lisas que tienen los circulitos que no mencionaste cuando sabías tanto. Se ve que anda por todos lados.”

Y tú también, mira esas botas de bandera. Andas por todos lados aquí, nomás que traes otras botas, ¿qué no? Te veo, muchacho, traes botas de trabajo, pero de mí no te escondes. Conocí ese andar en cuanto lo vi. Ese es el paso de Cody. Y también lo supe cuando llegó a la casa, con la bolsa llena de lana. Ningún hombre paga dinero el día uno pa’ que tengas que regresar el día dos, y él con esas botas de bandera. Están muy limpias pa’ andar todo el día en tierra recién cortada. Y yo pensando que el muchacho mentía con eso de que trabajaba, y aquí está, trabajando con botas de trabajo con suela nueva. ¿De dónde sacaste esas botas, muchacho? ¿Y por qué las escondes?

“¿Apá?”

“¿Qué. Muchacho?”

“Te’stoy diciendo que estás mal, y pones cara de que planeas aventarme al estanque.”

“Así es como haces. Agarras una cosa y la vuelves otra cosa, y estás mal en la primera, chueco en la que sigue. Aquí estás, echándole en cara a tu Apá como que yo invento señas…”

“Apá, sí lo haces. Deberías venir con una de esas advertencias, cada palabra o idea que te sale de la boca debería empezar, Había una vez.”

“Esa es la cámara del estanque.”

“No puedo ver eso. Voy manejando.”

“No, mi amor, vas a campo traviesa. Y si te le acercas una pulgada más a este cuate de enfrente, le voy a firmar la defensa con un Sharpie.”

“Mira quién habla, Michael. Manejé yo porque anoche tuve una pesadilla de todos los nombres en los buzones con forma de lápida volando a milímetros de mi cara.”

“Policía, con su chequeo de estado por radio, leyendo la pantalla de la MDT, echándole el altavoz al tráfico, la sirena a todo, y al mismo tiempo viendo un reel de un Golden Doodle, y no puede ver una cámara Ring que tiene dos ratas de hondonada en nuestra presa viendo el tubo del vertedero.”

“Y ahí se ve lo que sabes, esos tecolotes no están tocando la campana de la cena, están marcando su territorio, avisándole a otro tecolote, estas son mis ratas. Él no comparte”

“Había una vez, Apá. Se te olvidó el Había una vez.”

Este muchacho no tiene raíces. Todo mundo sabe que el llamado de anuncio del tecolote de cuatro ululatos y el llamado de pareja del de cuatro ululatos son diferentes.

“Apá, no hagas berrinche ahora, Y qué, no hablas Tecolote.”

“Cody, más te vale tener cuidado al jalar ese tubo de drenaje como dices”

“Soy el único que puede, Apá. Tanner no conoce esa máquina. La maneja de un lado a otro y le echa diésel, pero no es operador.”

“Más te vale tener cuidado, es todo lo que digo. Jala ese tubo, y como que se va toda la presa. ¿Ese hombre sabe eso?”

“Ese es mi trabajo, Apá. Yo soy el que tiene que saber el peligro en la tierra. Vamos a ver ese puente.”

“Quiero ver esas máquinas.”

“Apá, por acá.”

Ve que me voy pa’ acá, y él se va más adentro de la hondonada, y más le vale alcanzarme, no vaya a ser que agarre esa máquina y me largue.

“Apá.”

A lo mejor agarro uno de esos troncos de álamo al salir, pa’ tener calientita a Layla con leña que arde limpio. Pinche chamaco vende toda mi leña de la estufa, tengo que ir a pagar propano. Y no es barato tampoco.

“Apá.”

Todo lo que le quedaba de ese montón de lana que trajo a la casa, uno de veinte en el fajo, y tengo que comprar propano con eso, y de seguro va a notar que también se lo agarré. Pero esa nena necesita calor, y ese bueno pa’ nada no compra propano, vende un montón entero de mi leña de la estufa y no compra propano pa’ la nena.

“Apá, te vas por ahí como si tuvieras lo de los viejitos. El puente es por acá.”

“¿Ese cuate está hablando solo?”

“Parece.”

“¿Qué está diciendo?”

“Cree que puedo leer mentes – no puedo construir una casa, pero puedo leer mentes.”

“El volumen, idiota. Pícale al altavoz en la pantalla y escucha.”

“No puedo ver la pantalla, pero el botón fantasma en la imagen lo detecta como Smith y Gomez.”

“Pícale al botón.”

“Ya le piqué. Fíjate en el camino.”

“¿Por qué no hay sonido?”

“Ya no está hablando. Faltan seis minutos. Da vuelta a la derecha aquí.”

“Cody, ¿alguna vez te has preguntado por qué toda tu vida en dólares y centavos no suma ni lo que estas dos máquinas de aquí?”

“¿Qué dijo?”

“Duele ver a un hombre pagar todo ese dineral por una máquina y pagarle a un hombre una fracción de eso.”

“¿Qué quiere decir eso?”

“Pagan más por la máquina nueva. El mismo hombre nuevo, le pagan menos.”

“Nomás graba como treinta segundos.”

“El viejo Teague, tiene un bulldozer enfrente. Lo veo todos los días. Conozco ese bulldozer. Blalock pagó dos millones de dólares por esa máquina el día que me subió a la cabina a ganar diez dólares la hora moviendo la tierra que lo hizo millonario hoy. Aquí estoy yo. Ahí está ese bulldozer. Aquí, treinta años después, todo lo que he ganado junto, todavía no gano lo que ese bulldozer ganó el día uno de un jalón.”

“Apá, ese bulldozer no nomás apareció en el patio del viejo Blalock ese día costando dos millones. Fue juntando ese valor por todo el camino. El hombre compra tierra. El hombre saca mineral. El hombre diseña una máquina. El hombre compra el diseño. Muchas otras piezas En ese bulldozer también. Yo le saqué el cable hace años. Y hay mangueras y líquidos y…”

“Ya sé, Cody. Pero los pasos también hacen a un hombre. Procesos. Sistemas. Esa máquina no existe si no hay hombre adentro. ¿Y qué es lo que hace que valga un hombre si vamos a valorar tan alto al hombre que hace la máquina que la cosa gana valor, y el hombre no hace lo mismo, ganar valor por el camino?”

“Pues, Apá, tú todavía estás aquí, ese bulldozer no.”

“El bulldozer está ahí mismo en el patio.”

“Pero eso ya no es bulldozer. Y tú todavía eres hombre.”

“¿Cuál es el plan? ¿Me meto derechito, o armamos un LP/OP?”

“O sea, ya entendí el contexto. Hasta veo las - bájale, aquí mismo es - hasta veo las letras, puesto de escucha. Pero no vamos a asaltar el lugar.”

“La gente robándose tus cosas, y tú quieres negociar.”

“No negociar, tramar, planear. Reaccionar con sabiduría.”

“Michael, saben que las cámaras están aquí. La única razón por la que llegamos antes de que se vayan es porque ya veníamos de camino cuando aparecieron.”

“Pura suerte. Eso no obvia un plan como debe ser.”

“¿Obvia? Qué la.”

“Aquí LP/OP me va a romper los huevos por lo de obvia. Entonces, a estas alturas ya oyen las llantas en la grava.”

“¿Cómo sabes eso?”

“Estoy aquí todo el día todos los días. Las trocas vienen, las trocas se van. Las oigo en la grava mucho antes de que lleguen.”

“Entonces qué hago.”

“Saben que estamos aquí.”

“Subimos, igualamos la energía y vemos a dónde va.”

“¿Está saludando? ¿Es en serio ahorita?”

“Quihubo,”

“Quihubo.”

“¿Qué onda Cody? Hoy es sábado. Tú no eres carpintero – menos los sábados.”

“Nosotros. Yo. Meghan no entra a trabajar hasta las cuatro.”

“¿Entonces juntaste a tu compa, vienes a robarte mis chingaderas mientras esperas?”

“¡Ahora, óyeme bien, yo no soy ningún pinche ratero!”

“Calmado, Vago Mugroso. Y yo tampoco empezaría con eso, Sr. Norman. Las baterías de la cámara dicen otra cosa. Supongo que esta es la oportunidad de que llene los huecos.”

“Cody, yo vine aquí a ver a mi hijo trabajar. No vine aquí a que me hable así un yanqui que brinca a conclusiones como caballo de ajedrez.”

“Yo voy derecho – más bien como una Torre.”

“Aguas, Apá, es diferente.”

“Diferente sí es. Óyeme aquí…”

“Mire, Sr. Norman. Empezamos con el pie izquierdo. Estamos atorados en el pie que se extravió solo cuando entró a mi terreno echándole ojo a las cosas, todo el tiempo nomás preocupado de que esta hondonada está perdida para él. Lo vi ahí en el estanque. Usted vio la cámara en el árbol, bien visible y orgullosa, pero no vio la cámara en el pasto. Yo lo vi, y me lo guardé en la bolsa. Lo vi ahí, y vi su añoranza. Y si queremos empezar de nuevo, con gusto me siento con usted en una plática de caballeros sobre su muchacho aquí y todo el tiempo que le da miedo perder en este lugar increíble.”

“¡Puras pendejadas, Michael! Este cuate roba, y también son mis nalgas. Ni de chiste. Le das chamba a este cabrón. Le das una oportunidad. Arriesgas no nada más tus nalgas, sino las mías también. Ves a su apá subir aquí de noche como el depredador que dice su expediente que es, y… Conoces su historial tan bien como yo. Es un ratero, él y su hijo, y no le vas a aflojar – prefiero estar muerta. Voy a llamar…” El teléfono de Stef sonó apenitas más fuerte que la rabia que le zumbaba en los oídos, “Es Amy. La mandé al buzón”

“Tal como te dije, sábado. Siempre sacan esa pendejada de la visita de último minuto. Bajémosle un poquito…”

“No, nada de bajarle, Maquiavelo…”

“Maquiavelo, auch.”

“¿Qué es eso, ese auch..?”

“Evaluar, planear, reaccionar. ¿Te acuerdas? Tantea el ambiente.”

“Usted quédese ahí mismo, viejo, piense en una razón por la que no debería hacer lo que me dicen y dejar que ella lo meta al bote.”

- Stef, escucha, ¿vas a devolverle la llamada a Amy y reacomodar? No tienes que hacerlo, pero creo que querrías si tuvieras un segundo para pensarlo bien.”

“Tú, Cody. Esta no es una visita casual con Papi, están estudiando el lugar para robarlo. Y Stef a lo mejor está pensando en llamar a sus amigos e inventar cargos para sumarlos a tus dos faltas, la última rebajada de un cargo de Delito Grave, pero vas a desear que ese sistema te muela si te vuelves a meter conmigo.

“¡Michael! ¿Le ordenaste a Amy que anunciara la casa con financiamiento del dueño?”

“¡Ay, chingao!”

(El enojo siempre empieza con miedo.)

(Un tipo proporcional en la masa)

Capítulo 26 – sábado, 30 de diciembre de 2023

“Pásales un poquito cerquita con el espejo. Que se hagan a un lado.”

“Qué demonios, ¿esto nunca para?”

“¿Qué, parar?”

“¿Alguna vez te dices a ti mismo, ya estuvo suave? O sea, ¿alguna vez? Juegas tu juego, y tienes suerte de que los agarraste. Pero tienes que patearlos al salir por la puerta para que regresen a romper las ventanas.”

“¿Cómo que las ventanas?”

“¿Estás loco? Agarras al cuate en tu terreno, y es obvio que se está robando el equipo, y ni siquiera me dejas llamar a la policía.”

“¿Dejarte? No sabía que tenía ese tipo de poder. ¿Me dan como un control remoto o algo?”

“No me vengas con ángulos, Michael.”

“¿Ángulos? Nomás digo que no sabía que podía no dejarte hacer cosas. Yo pensaba…”

“Voy a orillar el carro y a madrearte con lo que encuentre. Te voy a hacer papilla, papilla literal, Michael.”

“¿Hay un botón en el menú para papilla? ¿Puedo pedir papilla a la carta?”

“Michael.”

“No te puedes parar a media calle, Stef.”

“Más te vale irte a algún lado. Asiento de atrás. Súbete al asiento de atrás.”

“¿El control funciona desde allá atrás? ¿Dónde está el botón de deja-de-estar-enojada-y-escucha?”

“Tienes una oportunidad. Te voy a escuchar, pero si te vas de lado, y no empiezas con qué demonios estamos haciendo con Amy, que viene de camino a nuestra casa a empezar a aventar nuestras cosas en gabinetes y clósets otra vez, te voy a…”

“Más le vale no tocar mi bolsa de herramientas…”

“Te voy a – ¿Tú sí? Amo a este hombre. Amo a este hombre. Amo a este hombre. Yo …”

“Entonces, una cosa a la vez. Amy. Dijiste dos horas, pero ¿a qué hora exactamente?”

“4:00 o 4:15.”

“¡Ay, chingao! Eso quiere decir que las ventanas de enfrente van a estar en pleno atardecer y esa mugre se va a ver…”

“¿Las ventanas? ¿Dejaste de tomarte las pastillas?”

“Las únicas pastillas que necesito son una dieta constante de mierda que manejar y una cinta métrica para el tamaño de la bolsa. Y este control. Esta cosa está bien práctica.”

“Necesitamos trapos húmedos de Swiffer.”

“Sal en el Publix, y yo me meto corriendo.”

“Trae flores para la mesa. Y para mí, porque eso es lo que hacen los cabrones cuando se les olvida que no son la única persona en el mundo con sentimientos.”

“Swiffers, flores, pilas.”

“¿Pilas?”

“Claro que sí, tengo que tener un juego de repuesto. Esta cosa se muere, y ya valí.”

“Nunca para.”

“Entonces, lo que pasó fue que estaba en la zona. Me llamó tal como dijimos que iba a llamar, Diez días exactos, y tú le atinaste a la de menos en esa. Con la Navidad de por medio, yo estaba seguro de que iba a estirarlo. Llama, y yo estoy en la máquina, la trituradora rugiendo, voy en el paso quince de una fantasía de taller, y ahí está ella, diez días, bla bla bla, y yo de, eres una marica…”

“¿Le dijiste marica? ¿Como, de lado?”

“Nelson. Con cara de palo, marica.”

“Tú no estás bien.”

“No es ella. Es la industria. Todos están psicópatas como si la cámara siempre estuviera prendida. Vives por la red, mueres por la red. La casa necesitaba chispa, no una baja de precio.”

“Ah, chispa sí tiene. ¿Cuándo pensabas mencionar los noventa mil dólares en ventanas para endulzar el trato?”

“Estaba en la zona. La zona, nena.”

“La zona.”

“Además, ya habías aceptado eso cuando nos vimos con el cuate de Marvin Window.”

“Eso fue antes de que pusieras a Patrick a buscar terreno y luego me emboscaras para que yo le hiciera la llamada al señor porque tiene ochenta y uno, y tú por teléfono suenas a estafa.”

“Entonces ya lo ves. Compramos el terreno. No tenía de otra más que vender este lugar. Y aunque consigamos un contrato, la inspección va a ir directito a esas ventanas, y zas, ya las tengo contestadas.”

“Nunca para.”

“Entonces, ya ves lo que pasó. Fue de buena fe. ¿Verdad?”

“Nunca.”

“Yo traigo las flores. Dos ramos”

Capítulo 27 – 30 de diciembre de 2023

“Quihubo, Amz.”

“¿Entonces cómo te fue? ¿Funcionó?”

“¡Ay, estuvo buenísimo! Yo de, piso el freno a media calle, y él cagándose de miedo.”

“¿Qué?”

“El cabrón ese de allá, yo con este control remoto, y el botón de sé-buena-conmigo. Huelo cómo se queman los circuitos, y lo mejor que se le ocurre es, se me olvidó. Me saqué estas flores del trato.”

“La marica eres tú. ¿Creíste que no iba a consultarlo con Stef antes de vender una hipoteca - en un contrato? Es un contrato, sabelotodo. Era buena idea, eso sí te lo reconozco; el teléfono no ha dejado de sonar, pero ni de chiste redacto un financiamiento del dueño sin hablar primero con Stef.”

“¡Ay, chingao!”

“Ay chingao, efectivamente. Y suerte encontrando tu bolsa de herramientas, Bolsa de Herramientas.”

“Buen trabajo, Amz. Estas son para ti. El burro pensó que yo quería flores para la mesa. Dice que lo siente por haberte dicho Marica.”

“Auch.”

“Ya llegaron. Actúen normal.”

“¿Qué están diciendo?”

“No sé, Stef; ese comedor no tiene sonido. Pero Amz los lleva para el frente. Les está enseñando dónde va la puerta de la Recámara Principal en la Planta Baja.”

“Nomás tú. En serio. Nomás tú anuncias una casa que tiene toda una obra en construcción y le quitas el marco a las ventanas de la cocina a media visita para que se vea en proceso.”

“Stef, compré noventa y ocho ventanas. ¿De qué otra forma lo saco natural? Vienen en el trato.”

“¿Y eso qué tiene que ver con el marco?”

“Bueno, pongan atención. Ya lo expliqué cuando ustedes dos estaban ocupadas regodeándose.”

“Yo pensé que te estaba dando un ataque de vandalismo, arrancando el marco de las ventanas nomás porque te ganaron un par de muchachas.”

“También hubo de eso, pero esto era placebo legítimo dirigiendo el manicomio. Quito el marco. Menciono las ventanas. Demuestro que estoy en eso como hombre con plan. Instalo las ventanas, el precio sube. FOMO, nena.”

“Ahí vienen.”

“Bueno, salgan. Sean amables.”

“Quihubo, muchachos.”

“Este lugar está increíble, carnal.”

“Gracias, Es trabajo hecho con amor.”

“Me Encantó lo del H, pero ¿eso era una silueta de gis?”

“Estaba practicando por si no empiezo y termino esa recámara este año.”

“¿Me prestas tu gis? Este también tiene una docena de trabajos empezados en nuestra casa. Soy Anna, Amy dijo que compraron un lugar en Seymour. De ahí eres, ¿verdad Stefanie, Es Stefanie, verdad?”

“Sip, Stef está bien. Ahora nomás tenemos que terminar este lugar, y me toca vivir en una obra en construcción totalmente nueva.”

“Esa es toda la idea. Lo anunciamos en Invierno con el precio bajo mientras yo trabajo, pensando que íbamos a tantear el mercado para la temporada de Primavera. Pero el pinche teléfono no ha dejado de sonar. Todos los días Amy llama para una visita, y tengo que guardar todas mis herramientas y esconder los materiales.”

“¿Lo estás haciendo tú solo?”

“No, tengo una cuadrilla de cinco, y vamos tachando la lista día con día.”

“Anna, tienes que ver este cobertizo para ella que le construyó a Stef. Necesito uno de estos.”

“Me voy a meter a la casa, Michael. Ha sido un día largo, y necesito barrer el polvo de tablaroca que dejaron por toda la cocina. Sábado. ¡Están trabajando los sábados!”

“No te preocupes, nena. Yo lo hago. Son muchas ventanas, y nomás tenemos tres semanas para alistarnos. Y empezamos la recámara esta semana. Ustedes disfruten el muelle, pero échenle un ojo a ese taller de bajada. Es mi sueño más loco.”

“No puedo esperar a verlo.”

(Los Swiffers fueron las costas del juicio).

Capítulo 28 – sábado, 30 de diciembre de 2023

“¿Ves eso, muchacho? Cobardes, esclavos de su dinero, todititos. Nos agarran ahí. Salen echando bala, pero en cuanto te paras por ti mismo, suelas lisas sale corriendo porque su dinero está en riesgo.”

“Apá, debería hacerte más caso del que te hago. Tenías razón sobre ese yanqui. Todo lo que hace es chueco, y me amenaza más de una vez, y aquí estamos frente a frente, y él se va corriendo con su vieja que viene a llamarlo.”

“Te dije, muchacho. Por eso me encargo yo mismo de subir a esa hondonada el primer día. Tú también tenías razón, muchacho. Suficiente seso pa’ meterte a su cuadrilla, ahora ya lo tenemos.”

“El mejor regalo de Navidad de todos, Apá. No quinientos varos, pero ese hombre necesita a Rusty, y Rusty dice que ese ten-ninety-nine me puso a pensar. Evasión de impuestos, y su vieja una policía de impuestos.”

“Hubiera estado bien que esa moto sí sirviera.”

“Arranca pegajosa pero bien en el taller del cuate.”

“Ese cigüeñal no se mueve. Se trabó.”

“Así es como agarraron a Pedro, con ese ten-ninety-nine.”

“No nomás eso le agarraron a Pedro. Lo agarraron traficando muchachas y drogas.”

“Pos sí, Apá, pero empezaron con ese ten-ninety-nine.”

“Pero este hombre no es ningún ninety-nine. Entonces, ¿cómo ayuda?”

“Pos, Apá, el ten-ninety-nine es una trampa, pero la trampa no es la forma, es la razón por la que escogió la forma.”

“Escogió regalar una compañía pa’ sacarle la vuelta a un impuesto. Eso es todo. ¿Lo ves, muchacho? No se fue como todos lo hacen normal, se hacen los que no saben, pagan la multa, la siguiente chamba. Lo hace porque ni siquiera quiere llenar la forma. Hace que ustedes muchachos llenen el papeleo.”

“Y ahora estoy adentro.”

“Ahora consigues las pruebas, y lo agarras bien agarrado. Él va a la cárcel, la esposa no puede mantener la mansión y se muda, y recuperamos nuestra hondonada. ¿Me estás oyendo, muchacho?”

“Apá, ¿no se sintió diferente ese camino de entrada?”

“Se siente invadido. Se siente como que ese hombre ahuyentó todos los rastros. Se siente como que los animalitos están más escasos. Se siente como subir ese camino, todo el camino pa’ arriba, y no hay rastro de que alguna vez estuvistes ahí. Se siente vacío.”

“Esto de aquí se va a sentir vacío, cuando se vaya Jed. ¿Seguro que se va?”

“Dice que se muda la primera semana de Marzo.”

“¿Se lleva su troca?”

“Dice que le haga un precio.”

“Más vale que sea buen precio.”

“Me empieza el Seguro Social en Marzo. A lo mejor me acepta en abonos.”

“Todos esos años de puro efectivo, no te va a tocar mucho.”

“La señora dice que me toca como cuatrocientos cincuenta.”

“Más de lo que tienes ahorita.”

“Si recuperamos esa hondonada, va a ser más de lo que necesito.”

“Los venados regresan cuando lo saquemos.”

“La zarzamora de Wiggin regresa. No me dijistes que le echó grava al zarzal. ¿Viste ese letrero allá abajo recargado contra la casa? Triste, muchacho. Ese viejo atendió ese mercadito veinte años o más ya, tiene clientes de siempre. (No el puesto de verduras de pagar a conciencia) Los de aquí tienen su propio zarzal, pero se paran y compran una charola, un minuto de convivencia. Eso es, muchacho. Eso es lo que hacen, esos yanquis. Le echan grava al rastro y te forman un recibo de impuestos tras otro, y te sacan de la única tierra que has conocido, y te ponen en las listas de la asistencia. ¿Me estás oyendo, muchacho?”

“Te’stoy oyendo, Apá. Viene pa’ acá, y hace como que echa raíces, y todo el tiempo lo único que hace es arrancar las raíces que estaban aquí antes de que nos echara el ojo. El hombre me dice que me da un futuro. Yo ya tenía uno. Viene aquí a decirme que el mío está mal, toma mi mano, te voy a enseñar el camino, y si no le haces caso, te tumba los dientes. Pones un pie fuera de la raya, te tumba otro. Y aquí estoy yo, pongo los dos pies, cubiertos de lodo en su terreno, de camino directito al asiento de esa máquina que tanto codicia, ¿y qué hace? No tumba ni madres. Se va corriendo porque su vieja le grita su nombre.”

“Tal como dije, le grita su nombre.”

“Tal como dijistes.” (Tú no pensastes nada de esto. Crees que sí, pero estás perdido sin que yo te lo piense a medias y te diga lo que quieres decir).

“Tal como dije.”

“¿Cuánto crees que se tarde sacarlos y recuperar la hondonada?”

“La ley es lenta, muchacho.”

“¿Ves todo ese Rose Pink allá arriba?”

“Ya lo vi. Lo veo cada año.”

“No, Apá, lo ves cada dos años. Ves esos esqueletos ahorita, esos son la flor de este año de hace dos años. Son como las Zarzamoras, Apá. Son bienales. Esos Rose Pink, están allá abajo ahorita, rasca bajo la nieve, esa bola de hojas ahí, verde, aguantadora, lista pa’l próximo Julio, y a lo mejor pa’ entonces recuperamos la hondonada, pero a lo mejor tarda una vuelta más, ese esqueleto que ves hoy, que hace su bola de hojas pa’ la helada del próximo invierno, y ese Julio que sigue brota, la hondonada es nuestra.”

“El Rose Pink sale cada año, pero tienes razón muchacho, ese esqueleto de hoy no va a florear la próxima temporada, es el esqueleto del Invierno pasado el que florea este año que viene. Se turnan. Mi turno este año, tu turno el que sigue. Y todo el tiempo lo único que veo es a tu mamá colgando esas rosas a secar cada año, porque esos amargos me asientan el estómago mejor que cualquier bebida rosa, y qué bueno que lo hizo, eras un bebé de calenturas, y esas Rosas funcionaban cada vez pa’ bajarte de sus miedos. El doctor me dio todas las pastillas y pociones del Walgreens después de que se fue, y ninguna funcionó ni la mitad de bien que el Rose Pink de tu mamá.”

“Apá, ¿ves ese montón de recortes de la construcción del cobertizo allá arriba?”

“Unos parecen madera de estiba de tan grandes.”

“Eso es lo que estaba pensando. ¿Por qué no nos subimos allá otra vez, esta vez entramos por atrás, nos metemos detrás de esas cámaras entrando por la Y del camino de entrada? Nos agarramos suficiente de ese recorte de marco que hice cuando corté esas tablas de ventana nomás tantito mal pa’ que no se puedan usar pa’l trabajo que hay, y las ponemos aquí encima de este hueco en la puerta. ¿Qué dices, vamos a hacer eso?”

Capítulo 29 – domingo, 31 de diciembre de 2023

“Quihubo, Amz, ¿Qué pasó?”

“Me acaban de llamar, y los Fatah hicieron una oferta.”

“¡Mi amor! Ven acá. Amy está en el altavoz.”

“No lo digas. Amy .”

“Quihubo, amiga. Estás sin casa.”

“Te dije que iba a funcionar.”

“¿Es en serio ahorita? ¿Acabas de vender nuestra casa, y te estás regodeando?”

“Nomás una vueltita de la victoria.”

“Stef, ignóralo. Es una oferta. No tienes que aceptarla. Y ya hablamos de esto. Ustedes se pueden quedar en mi renta de corto plazo un ratito…”

“Espérate, ¿ahora estoy casado con dos mujeres? ¿Cuándo esta renta de cor…”

“Nel, no. No, Michael. Ni te atrevas. Es hora de que te calles y dejes que los adultos hablen de esto. Amz, ¿cuál es la oferta?”

“Te la mando por correo.”

“Nomás dímela.”

“Michael, te dije que te callaras.”

“No te regodees, Michael – la oferta es el precio original.”

“¡Jaaa! Te dije. Súbele cinco por ciento, y mira nomás, nos acaban de ofrecer el precio original.”

“Michael. En serio. Tienes que callarte. Estoy trabajando en otra cosa con Amy.”

“Pero mira. Lo anunciamos exactamente por lo que tenemos metido. El aumento era por una ganancia chiquita en un mercado donde todos los demás están doblando y hasta triplicando, y la oferta final es por un par de miles menos de lo que pagamos, el precio de a-que-no-te-atreves.

“¿Para cuándo tenemos que salirnos, Amy?”

“La oferta tiene un cierre de treinta días.”

“¿O sea que tenemos treinta días para meter los once años que vivimos en esta casa en bolsas y cajas y ponerlos en algún lado?”

“Y ya no tengo que seguir construyendo este lugar.”

“Michael, ya sé que vas mil pasos adelante en tu mente liberada, pero yo sigo atrapada en el, y ahora qué.”

“Yo también estoy en el y-ahora-qué. Nomás que no me atoran las cosas fáciles, dónde vivir, cómo empacar, ¿a dónde van las cosas? Eso ya lo resolví todo y ya pasé a sacar mi computadora para pedir el plano de la casa en línea.”

“Eso no está decidido.”

“Decidido.”

“Amy, a lo mejor necesito una coartada. Cosas fáciles, dice.”

“Son las cosas fáciles. Tú y Clover se van con la idea del departamento, la forma que sea que tome, y yo y Kitty nos vamos al cobertizo en The Drip. Yo trabajo la obra en el sitio, y tú trabajas a los delincuentes desde un escritorio.”

“¿Y lo de empacar, listillo? No voy a empacar toda esta casa yo sola.”

“De hecho, Stef. Eso es parte de la oferta. Quieren saber de los bienes muebles. Ella dijo que esperan quedarse con los muebles y las televisiones y cualquier otra cosa que quieras vender. Dijeron, hagan una lista con precios, y hacemos un cheque aparte.”

“Bueno, ya quedan algunos muebles resueltos, pero ¿has visto las chingaderas de este cuate? Tiene 3 pares de jeans, cien pares de calcetines y calzones y diez camisas, y lo demás es un tráiler lleno hasta el tope, herramientas, tornillos, electrónicos, libros – Dios mío, los libros.”

“Eso no es justo. Tú tienes tus propios mil o más de esos.”

“Bueno, tenemos libros. Amy, aquí hay una vida entera de chingaderas. No creo que pueda empacarlo en un mes.”

“No hay problema, Mi Amor, traemos a los muchachos para acá, y empezamos a sacarlo de a un veinteañero a la vez.”

“¡Genial! Le pido, por favor no traigas a este a la casa, y ahí vienen. Pueden soltar el taladro y pasar sus huevos de hondonada a la vajilla de mi Mamaw.”

“Entonces, mientras ustedes dos empacan sus cosas, yo nomás me leo los detalles a mí misma. Quieren diez por ciento de enganche y cuatro por ciento de interés.”

“¡Eres una marica! ¿Cómo no empezaste con eso? Se rompió el trato. Diez por ciento. ¿Estás loca? Ni de chiste. Ni una oportunidad. No. Ni te molestes en contestar.”

“Calmado, Magilla. Es una oferta abierta. Haces una contraoferta.”

“Ya sé cómo funciona, Amy.”

“Ya sé que sabes. Y ahora que ya te calmaste, dilo.”

“Oferta por el precio completo, cierre rápido. Espérate, no dijiste inspección.”

“Sin inspección. Obra en construcción.”

“Ay, chingao. Este cuate es bueno.”

“Ahí está. Di lo demás.”

“Enterrar lo principal entre sorpresitas y soltar la bomba con lo que de veras pide, el enganche y la tasa. Qué lindo. Aun así, Lo quiere, o le hubiera puesto mucho menos cabeza. Bueno. Contraoferta. Quiero veinticinco por ciento de enganche, y quería seis punto cinco por ciento, pero acepto cinco. Saquemos sus estados financieros y veamos cómo se ve. Le cuelgo el cinco y aterrizo en seis cerrado si anda en la raya de ochocientos cincuenta.”

“Seis está difícil – su agente dice que es filoso, tiene el dinero. Nomás quiere conservar el capital para terminar las mejoras.”

“Eso me lo resuelve. ¿Me compra mi pagaré, y me mejora mi garantía? No se pone mejor que eso. Se va a la quiebra, y yo remato su patrimonio al mayoreo y mantengo el mío intacto.”

“Oye, J.P. Morgan. Bájate a la tierra. Todavía ni has visto la oferta, y ya estás en las escaleras del juzgado cantando las pujas.”

“Mi amor, vendimos la casa.”

“Todavía no está vendida.”

“¿Nos conocemos?”

“Bueno, ustedes dos. Les mando la oferta. Léanla. Me vuelven a llamar.”

“Adiós Amy.”

“Adiós, Amz. Mira, Stefanie, antes de que empieces conmigo, has de saber que tengo este control remoto aquí, y lo voy a usar.”

“Te lo voy a meter por el…”

“Pausa a Rabia TV.”

“¿Dónde-vamos-a-vivir?”

Capítulo 30 – lunes, 1 de enero de 2024

“Quihubo.”

“Qué --- ¿Cómo haces eso?”

“No pensé que fueras a regresar, Cody, como lo dejamos.”

“Yo tampoco. ¿Cómo haces que suene como que estás gritando desde allá, y estás aquí de este lado?”

“Yo también soy un hijo de la chingada bien escurridizo, Cody.”

“¿Dónde está tu troca?”

“Me estacioné cerro arriba en el cobertizo, y bajé caminando para averiguar por qué esta cámara no está avisando. Pasaste el otro día, y Stef pasó ayer.”

“Ya está sonando.”

“Estamos parados justo enfrente. Stef pasó el otro día por la grava, y ninguna notificación. La sensibilidad estaba muy baja.”

“Cuando Bill rompió esa rama, se metió a la cuenta. A lo mejor también ajustó la sensibilidad.”

“Sip, entonces dime, ¿qué le pareció la hondonada a tu papá?”

“Sigue enojado porque le dijiste ratero.”

“Es un ratero. Los dos lo son. Es el registro oficial.”

“Nomás sueltas las cosas. Sin calentar.”

“No hace falta el bailecito, Cody. La mentira más grande de todas es que el Sur tiene modales. El Sur está lleno de eufemismos y pendejadas, nadie le entra de frente a nada hasta que ya empezó el pleito.”

“Pues más te vale aprender a poner un poquito menos de acusación por delante.”

“No es una acusación, Cody. Eres un ratero, condenado dos veces. Yo nomás veo un Cody, y tú quieres que hable con dos, el Cody que crees que eres por lo que quisieras que nadie supiera y el Cody que está parado enfrente de mí con el expediente puesto.”

“Tengo expediente. Eso no hace que un hombre sea todo lo que es la única cosa que hizo la única vez.”

“No, Cody, eso sería cierto si el mundo no supiera que no te hiciste de un rastro de papeles sin que te advirtieran en el camino, y si no una advertencia, que casi te agarraran antes de que de veras te agarraran. A nadie lo agarran las únicas dos veces que hace algo.”

“Tú no sabes eso.”

“¿Ves? Esa es la cosa. Sí lo sé, y también lo veo en tiempo profundo. Te digo tú porque yo fui tú.”

“Todos ustedes son iguales. Creen que saben.”

“O sea, estás usando literalmente la misma lógica conmigo que yo uso contigo. Todos ustedes, dices, igualito que yo digo todos ustedes. Y le ves la falla a la mía, y ves la tuya como lo que tiene sentido.”

“Todos iguales.”

“No voy a hacer como que sé los hechos, pero viví la fórmula, y he pasado por ese taller cien veces. Live Bait pintado a mano con plantilla en letras rojas de sesenta centímetros encima de la puerta que obviamente fue de gasolinera. Estás en ese taller arrancando ese cable de las vigas, los tubos de avispa de lodo te llueven en los ojos cuando se suelta el cable. Ahí es cuando te agarran. Conoces ese taller. Ya habías estado ahí. A lo mejor trabajaste ahí una vez para una compañía, o es el lugar viejo de tu amigo. A lo mejor es de un pariente. Conoces ese lugar, lo que quiere decir que no le robaste a un lugar cualquiera por el que pasaste una vez en una caminata en frío para recoger una piedra nueva. Eso estaría bien, pero lastimaste a alguien que conoces. A lo mejor hasta eran cercanos.”

“Tú no sabes eso.”

“Sí lo sé, Cody. Y tú sabes que sí. No tengo los detalles porque no he hablado con el oficial que te arrestó, pero puedo hablar con él, y le puedo preguntar cuáles son los hechos del caso. Puedo llamar al fiscal que negoció el acuerdo de Delito Grave a Falta. Van a hablar conmigo, Cody. Ahora estoy adentro. Pero que te quede claro. No siempre lo estuve. Me metí a la casa de mi primo cuando me iba de pinta una docena de veces porque no le echaba llave a su puerta de atrás, y yo sabía eso porque me daba trabajo por día de chamaco. Me robaba el cambio suelto de la lata de cambio en su buró para comprar cigarros. Me metí a esa casa una docena de veces, y me llevé ese cambio cada vez. Me metí a la casa de mi mejor amigo un día porque eso es lo que andaba haciendo ese día. Llegué en una bicicleta, de veras no me acuerdo de dónde la saqué, pero a lo mejor me la robé. Lo único que sé hoy es que era morada, y no era el tesoro de nadie ni nada. Era una carcacha. La cadena funcionaba, las llantas tenían aire, y funcionaba, pero no era algo especial para nadie. Esa es la impresión que tengo aquí contándolo hoy. Me fui en esa bici a la casa de mi amigo a media mañana. Mi amigo vivía lejos, como a dieciséis kilómetros o más. Llegué, y me metí a la cochera porque sabía que ahí guardaban una llave, y entré. No me llevé nada, pero comí mientras estuve ahí. Me senté en su casa y me comí su comida. Y me fui, Cody. Me metí a un montón de lugares en mi niñez solitaria, y eso es lo que veo en ti. Por encima de todo veo soledad.”

“No, el solitario eres tú. Estás solo ahora, contratas hombres, les pagas para que sean tus amigos.”

“¿Ahora quién se salta el bailecito? ¿Eso es lo que ves? ¿Me ves como un hombre solitario?”

“Pos, sí. Vienes aquí con una lista de gente que ayudas, y la mayoría no funciona, y sigues dando. Y recoges a los que no te quieren, pero pagas tan bien que te tienen que aguantar. Andas buscando gente vulnerable, y te estás aprovechando de ellos. Dejas la lata del cambio porque ya no te hace falta, pero sigues robando. Das dinero por trabajo y te robas a la gente que te debe igualito.”

“Entonces, ¿ahora los dos llegan antes que yo otra vez? ¿Esto ya es costumbre?”

“Buenos días Tanner.”

“Quihubo, Tanner.”

“¿Qué hacen ustedes dos allá? Lo último que supe es que es día de tubos de alcantarilla.”

“Nomás estamos comprando amigos, ¿verdad, patrón?”

“Comprando… De veras extraño toda la locura. Vi a Rusty en la Wye, llega en un minuto. ¿Le entramos a la presa?”

“Hoy es día de presa. Subamos caminando al puente. El día de presa empieza ahí.”

“Es Año Nuevo. Año nuevo, nuevo retraso en la presa más o menos.”

“Ándale, ¿No vamos a jalar el tubo hoy?”

“No, amigo, no podemos empezar ahí. Primero necesitamos cincuenta camiones de volteo de tierra por la parte de atrás para estabilizarla.”

“¿Entonces, le hablo a Claiborne y conseguimos relleno?”

“¡Ay, chingao, no! Vamos a empezar a escarbar para el taller que va del otro lado de este puente. Hay que escarbar todo el pinche pie de esta montaña y sacar una plataforma nivelada de doce metros por dieciocho.”

“Vas a necesitar un camión de volteo.”

“Nel. Nomás te dejemos arrancado, yo y Tanner nos vamos a Smokey Mountain Trailers, y vamos a comprar un remolque de volteo y un remolque cerrado en la venta de Año Nuevo. Para cuando regresemos, ya habrás empujado la tierra sobrante a esta barranca de aquí, y vamos a tener un puente de tierra temporal desde donde escarbamos hasta este tramo de aquí de este lado. Vamos a llevar la tierra sobrante por un lado del estanque, damos vuelta hacia lo alto de la presa y la echamos por atrás.”

“Este, ¿y para qué es el remolque cerrado?”

“El remolque cerrado tiene dos usos. Nos hicieron una oferta por la casa de Hardin Valley este fin de semana, y nos tenemos que mudar en los próximos treinta días. Vamos a empezar con mis herramientas y dejar que el remolque sirva de cobertizo de herramientas porque estoy a punto de mudarme a ese cobertizo de allá.”

“¿Cómo le haces pa’ que tu vieja se mude a ese cobertizo?”

“Nel, Stefanie no. Todavía no la convencemos, pero mi destino se decidió en cuanto sonó el teléfono ayer.”

“Sí, Cómo no.”

“Eso sí, Rusty. Ya veo que otra vez llegaste al último.”

“Es un cerro grande.”

“Nomás te estoy cotorreando, compa.”

“¿Cómo vendiste tu casa en domingo?”

“Yo --- Aceptamos la oferta. Luego sigue el contrato. Luego la mudanza. No tenemos tiempo para toda la lección de cómo vender una casa ahorita. Este es el plan. Cody, agarra esa excavadora. Lo medí a ojo en mi mente. Tienes que subir este cerro con el cucharón cerro abajo deteniéndote contra el terreno hasta que llegues aquí. Escarba una línea derecha, Del ancho del tractor. Escarba hasta llegar a terreno nivelado. Echa la tierra cerro abajo. Rusty va a colocar esos dos pedazos de alcantarilla que tenemos de cuando hicimos el camino – los segmentos sobrantes en el patio de equipo.”

“¿Quieres decir el lodazal, patrón?”

“Sí, Cody, el lodazal. Ya llegaremos a eso.”

“Nomás preguntaba.”

“Nomás preguntabas, ¿ja? Bueno, Rusty, en cuanto coloques las dos secciones de alcantarilla en el cauce, vas a empezar a agarrar las sobras de Cody…”

“Yo no le toco las sobras a Cody.”

“Cristo, les acabo de decir a estos hombres que estoy a punto de mudarme a un cobertizo, y ellos están a punto de cavarme toda la tumba, y salen con chistes de genitales.”

“Dijo genitales.”

“Dios me ampare. Rusty va a agarrar las sobras con el cucharón, va a girar y soltarlas encima de los tubos de alcantarilla. No me encanta partir así por la mitad un tubo de alcantarilla, pero vamos a cavar rápido y largarnos de ahí antes de que la junta pueda deslavar el centro de la cimentación. Las primeras sobras forman la base de la cosa para que quede con la capa vegetal abajo… o sea que la capa vegetal va a ser el desperdicio que quede cuando levantemos el puente al terminar con él. ¿Preguntas?”

“Ijoles, tengo una docena de preguntas, pero por ahorita, agarro la exca, la subo moliendo por esta ladera, clavo hasta el fondo la cuchilla de mi barrena y me cavo una repisa a nivel. ¿Tiro las sobras por la orilla?”

“Este, ¿y yo qué?”

“Tú vienes conmigo. Tenemos que ir por los remolques. Ya arreglé todo. Tú entras, les das el cheque y me alcanzas en Hardin Valley. Te mando la dirección por mensaje.”

“¿Smokey Mountain Trailers en Lenoir City?”

“Ese mero. Te están esperando.”

Capítulo 31 – lunes, 1 de enero de 2024

“Amor.”

“Amor.”

“¿Llegó Cody?”

“Llegó.”

“¿Y qué tal?”

“Juzga tú misma. ¿A qué hora habla Amy?”

“Dijo que a las diez y media.”

“Llegué justo a tiempo. Entonces, me salgo de aquí a escondidas, y siento el silencio del carro eléctrico. El único ruido que sacude es la puerta del garaje traqueteando hasta su lugar arriba de mi cabeza. Está oscuro como el campo, pienso, y me voy por el camino del campo, una sola carretera entre yo y el monte, y lo único que veo son mis faros. Cuando veo el primer carro que me pasa, es casi como si me estuvieran invadiendo el espacio. Y manejo todo el camino hasta arriba y me estaciono junto al cobertizo. Nada de señal del teléfono en el patio de maquinaria, así le decimos ahora. Pero sonó al pasar junto a los paneles solares y cuando me estaciono en el cobertizo.”

“El mío también.”

“Entonces, voy caminando a la orilla del estanque de bajada, y se apagan los faros, y me equivoqué; esto es pleno mediodía comparado con The Drip. Oscuro. Estoy como a cien pies de la troca y del cobertizo, y mi teléfono está en la troca, y sé que está para allá, pero no la veo ni a ella ni a nada, y ese búho grita. Y este animal me está hablando a mí directamente, mío-mío, mío, mío. Lo compartimos, contesta mi mente. Voy caminando a la troca, y me imagino dónde está, pero estoy seguro de que me voy a topar con ella antes de verla. Y voy casi inclinado hacia adelante, casi con las manos por delante, y se quiebra una vara allá arriba en el cerro a mi izquierda. Y estoy otra vez en esa casa de campaña en Albany, sin techo otra vez, y no es nomás una sensación. Estoy transmutado. Estoy acostado en la casa de campaña, y el bosque está vivo a mi alrededor. Todo el lugar es un solo organismo, y yo camino entre sus células. Mi zapato quiebra un grano de arena, y lo oigo. Ecolocalización absoluta, y siento la troca en el aire, y estiro la mano, y en vez de lastimarme un dedo, estoy acariciando la curva seca del cofre, y siento la humedad en el aire, todo el cálculo del momento me cae encima. La troca está seca. El aire está húmedo. La aerodinámica secó el carro. Y vuelvo al momento, y sé dónde están las escaleras del cobertizo. Y me siento, y trato de recuperarlo, pero el momento ya pasó. Estoy en The Drip, y estoy en las escaleras, y necesito mi teléfono del carro para ver por dónde bajar al patio de maquinaria para entrar a la app de Ring y arreglar esa cámara.”

“¿Te echaste un ácido en la mañana?”

“Entonces, me siento y cierro los ojos, y escucho, y no logro recuperarlo, pero me quedo como tranquilo de que el momento sigue corriendo de fondo, un nivel abajo, y está en uno con este lugar. Hay osos en esos cerros de cerquita, y he visto mil huellas de Bobcat y Coyotes y Mapaches y toda clase de bicho este último mes allá arriba, y sé que uno de ellos, algunos de ellos me están mirando. Y volteo al cielo, y puedo ver. Las copas de los árboles están todas a mi alrededor, pero hay un túnel al cielo, nuestro cielo, mi amor. Estamos ciegos al mundo allá arriba en esa hondonada, rodeados por todos lados de laderas y árboles, y el cuarto de milla de camino de grava en curvas debajo del estanque es un sistema de alarma que ninguna compañía nos podría dar nunca. El sonido sube, atrapado por los cerros, y oigo todo antes de que siquiera se acerque.”

“Solo tú podrías hacer que lo espeluznante me suene de ensueño.”

“Es de ensueño. Mirando al cielo, se siente esta historia, y cuando empieza a entrar el azul sientes pasar el tiempo, y sabes de golpe que cada hombre y cada cosa que alguna vez se sentó en este lugar a lo largo de todos los tiempos, lo sintió también. Y bajé caminando en el alba que apenas rompía. Ya veo los árboles. Ya veo el suelo. Y todo cambia en la orilla de la presa cuando mis pies pasan del suelo del bosque al camino de grava. Se acaba todo. Lo único que oigo son mis pasos y mi respiración. Sé que todo sigue corriendo ahí de fondo, un nivel abajo, y sé que también conoce mi estado consciente. La compañía que sentí allá atrás sigue conmigo, pero nomás está haciendo lo suyo, grabando la grava, transcribiendo mi aliento, apuntándolo todo en el registro para la próxima. Y me inunda mi lista. Cámara, remolques, herramientas, contratos, excavaciones, lo anterior, qué tal si, y lo que sigue. Y esta maldita bula.”

“No es cosa de juego. Si esa cosa revienta mientras estás allá arriba en lo hondo del monte como un tonto, solito. ¿No puedes por lo menos dejar que los muchachos lleguen primero en vez de escabullirte de la casa a media noche…?”

“Estaba oscuro, no era media noche. Y yo iba a la mitad de mi historia de la mañana.”

“No me desvíes, Michael. Tú fuiste el que lo mencionó.”

“Un tiempo más sobre eso, Stef. Tenemos que salirnos de Hardin Valley, y yo tengo que construir esta casa. Me la paso sentado de nalgas todo el tiempo, te lo prometo. No levanto nada. No martillo nada. Lo más pesado que hago es subir y bajar ese cerro cien veces al día.”

“Seis veces.”

“Cámara, entendido. Tú también cuentas. Te prometo que vuelvo con el doctor cuando terminemos la casa. Entonces, arreglo la cámara…”

“Lo vi. Te ves medio escalofriante peleándote con esa cosa, medio oscuro detrás de ti. La mano tapando la pantalla, y la imagen de vuelta, pero ya movida. Tu cara de determinación.”

“Sabía que alguien me estaba mirando. Entonces, me toma unos minutos, pero hago funcionar la cámara, y luego oigo las Chevypatas de Cody subiendo por la entrada, y me agacho rápido detrás de ese Álamo. Ya sabes, el grandote justo cuando vas subiendo el cerro.”

“¿El que le pegó con la excavadora?”

“Sip, ese mero. Estoy detrás, y ya lo oigo junto al patio de maquinaria, y le digo seco, Oye, y casi se le sale el alma de su propio fantasma.”

“Eso es cruel.”

“Porque aquí mando yo, por eso.”

“Ajá, a la gente le encanta eso.”

“Entonces regresó. Y llega justo a tiempo para la carrera de llegada. Retomó donde nos quedamos, quiere una cuenta regresiva de diez segundos, y yo me voy directo con el bisturí. Eres un ratero, esta es la vida de un ratero, veo que eres un ratero, y te doy la oportunidad de ser otra cosa. Y como siempre, quedamos en no estar de acuerdo, y nos ponemos a trabajar. Me dijo solitario. Dice que pago por tener amigos.”

“Lo puedo ver.”

“¿Es en serio?”

“No está equivocado.”

“No quiero ser eso.”

“No es todo, pero algo hay de cierto. Mira nuestras cenas, Fifi, Bill, Deno. Todos gente que conociste pagándoles algo.”

“Deno es el tío de mi ex novia. Claro, hemos trabajado juntos, pero lo conocía diez años antes de hacer el primer negocio juntos.”

“Yo no conocía a Deno entonces.”

“James y yo fuimos pobres juntos. La prepa fue hace casi cuarenta años, y nunca un año perdido entre nosotros. Gervie es mi amigo de cincuenta años.”

“Y te metiste a robar a su casa de niño.”

“Y él se robó mi pecera. La vida es complicada.”

“Ahí está Amy. Contesta.”

“Acabo de mandar por correo el borrador de la oferta.”

“¿Ni un hola?”

“Nop, directo al grano. ¿Ves cómo sacude el momento?”

“Auch.”

“Michael, Ya párale.”

“¿Pararle a qué?”

“Párale de decir auch cada vez que alguien se anota un punto. Hola, Amz. Aguas, este hoy sí trae la pipa de las parábolas, de seguro.”

“Entonces qué va a ser, ¿ochenta medidas de trigo, o voltear las mesas?”

“¿Trigo? --- ¿te llegó mi correo?”

“Aquí lo tengo, Amz. No le hagas caso a este. Ya lo tengo cargando.”

“¿Ha estado así todo el día?”

“Toda su vida, amiga. Nunca para.”

“¿Y ahora quién es el que compra amigos?”

“En eso tienes razón. Él estaba en el cuarto como su agente, Judy, y yo machacando los detalles, y lo oigo de fondo, dile esto, dile lo otro, y al final nomás se la saltó y me habló directamente a mí. Preguntó si podíamos dejar que tú y él lo arreglaran.”

“No es la peor idea.”

“Es una idea pésima.”

“No. Que los principales se junten y machaquen los detalles y luego que los contadores machaquen el papeleo.”

“Conta….. Mira, si quieres hablar con el señor, hazlo AMA.”

“¿AMA? ¿Ahora eres doctora? Créeme, puedo vender una casa sin – ¿sabes qué?, sí. Armemos una llamada en conferencia. Ahorramos un poco de tiempo. Tanner llega en unos minutos, y necesito ir al grano.”

“Tú sabrás, es tu funeral.”

“Hoy no, no lo es.”

“Le marco a Judy. Espérame.”

“Michael, pórtate bien.”

“Me estoy portando bien.”

“Estás siendo grosero.”

“Estoy siendo avasallador, tal vez, pero ella me acaba de decir que el caballo está ahí mismo…”

“¿A quién le importa si el caballo está ahí o no? Ni siquiera has leído el contrato todavía.”

“No me hace falta.”

“¿De qué diablos estás hablando?”

“¿Ya estamos todos?”

“Sí, Amy. Aquí estoy, y Stef también.”

“Michael, habla Emam. Pensé que podíamos ir al grano y dejar los detalles listos rápido. Tengo citas hoy.”

“Fue buena idea. Debimos haberlo pensado y planeado un almuerzo hoy o algo.”

“Hombre, eso habría estado padrísimo.”

“Ya llegaremos a eso. Vas a necesitar un sherpa por buen rato con tu casa nueva. Hay un montón de cosas.”

“Yo también tengo esa sensación.”

“Entonces, tenemos que dejar lo básico. Tú escogiste un precio, y está bien. Pero el enganche está súper bajo, y de verdad necesito ver una tabla de amortización antes de poder escoger una tasa de interés. Las cuentas de cabeza dicen seis y medio, por ahí.”

“Seis punto cinco es muy alto. Eso es poquito más de ocho mil al mes de interés al principio.”

“Ocho-uno. Eso sería sobre uno punto cinco, así que ya contaste el depósito más alto.”

“Sí. Me quedé corto ahí. Perdóname, hombre. Tengo mucho trabajo que hacerle. La Principal en la planta baja es una cosa, pero quiero pisos nuevos, y voy a quitar toda la terraza y extenderla otros seiscientos pies. Necesito agregar dos cuartos abajo, uno para mi gimnasio y el otro para cerrar el porche debajo de la terraza. Estaba cuidando el capital. Es un trabajo grande, y no puedo dar más de veinte por ciento de enganche y tengo que mantener el interés abajo del cinco por ciento.”

“Cuatro punto noventa y nueve, entonces. Sé que tienes que pagarle a tu agente, pero veinte por ciento es bajo. Yo también le tengo que pagar a Amy.”

“Espera, el vendedor paga todas las comisiones de los agentes. Está en la segunda página.”

“No leí eso, y qué bueno que no. No te habría tomado en serio. Yo no voy con el sastre y le pago una comisión de transacción a su proveedor de lana.”

“Es lo estándar.”

“No lo es. Tú la contrataste. Tú le pagas. Yo contraté a Amy. Yo le pago.”

“Espérame.”

“Le piqué al botón de silencio. Le está preguntando a la agente cuál es la jugada, garantizado.”

“Eso no lo sabes.”

“Ah, claro que lo sé.”

“No la vayas a regar, Michael.”

“Es un punto importante. Yo no le pago al tipo que limpia el estacionamiento del Walmart para poder entrar a la tienda. Eso le toca a Walmart.”

“Oye, hombre. Ya regresé.”

“Qué onda.”

“Entonces, vamos a subir el precio de la oferta a uno, nueve, setenta y cinco para que también puedas pagar la comisión de Judy.”

“Oo-key. Claro, eso funciona bien.”

“Es todo lo que necesitamos para una oferta firmada, ¿verdad? Hoy escogí la compañía de Título, así que…”

“Sí, es todo lo que necesito. Stef, ¿tienes alguna pregunta?”

“¿Seguimos teniendo treinta días para empacar y mudarnos?”

“Sí. Nada de eso cambió.”

“¡Increíble! ¡Tenemos trato, Emam! Uno punto nueve siete cinco, cuatrocientos de enganche y cuatro punto noventa y nueve, de acuerdo.”

“Perfecto, hombre.”

“¿Te pasó Amy mi número? Llámame cuando quieras.”

“Se lo paso a Judy.”

“Es el 423-435-2241.”

“Gracias, hombre.”

“Okey, Amy, mándalo por correo en cuanto Judy lo envíe, y Stef lo firma, y quedamos.”

“¿Todo bien?”

“Todo bien.”

“Una cosa es segura, la oficina en la casa nueva es mía. Dejaste lodo de la hondonada por todo el piso de la recámara.”

“Seis recámaras, y ella escoge la recámara misma para su oficina.”

“Ya la tengo escogida. ¿Viste ese cuartito rinconcito en la esquina de enfrente junto a la cocina?”

“Decidido.”

“¿Es Tanner el que va entrando? ¿Por qué trae un remolque?”

“Lo compré por teléfono. Él fue por él.”

“¿Pero por qué?”

“Necesito dónde guardar mis herramientas si me voy a vivir a ese cobertizo.”

“¿Y por qué hoy?”

“Si nos vamos a mudar, ya no tengo que hacer más obra aquí, y puedo llevar mis chingaderas a The Drip y trabajar en serio.”

“¿Compraste un remolque para la mudanza porque el trabajo aquí ya estaba terminado, pero ni siquiera tenías todavía una oferta firmada?”

“¿Acaso no me conoces?”

“Hola, Tanner.”

“Hola, Stef.”

“Tanner, vamos a echar esa cosa de reversa hasta el sótano primero. Todas mis herramientas repetidas y la mitad de las porquerías que necesitamos están ahí. Luego el taller y el cobertizo del jardín. Agarra todas las escaleras, las palas, el rastrillo y el pico. No se te olvide el pico. Se acabaron las cubetas de levante para esos dos cabrones. Llena el remolque hasta que reviente. Si lo ves, y a lo mejor lo necesitamos, échalo.”

“Sin problema.”

“Mi Amor, este va a ser un día largo, pero tengo a Cody en la excavadora y a Rusty echando tierra a lo ancho del cauce, y Tanner y yo vamos por las herramientas ahorita. Voy a llegar un poco tarde, pero podemos celebrar después.”

“Es prematuro.”

“No te preocupes. Firma la oferta cuando llegue, y arranca este calendario.”

“Tú también la tienes que firmar.”

“Nel, nomás quieren confirmación por escrito. La oferta no es más que un trámite. Los dos vamos a tener que estar en el cierre, pero la pluma te toca a ti en esta.”

“Te llamo si quieren a los dos.”

“Si quieren a los dos, firma mi nombre con la derecha con un Crayola. Nunca lo van a cuestionar.”

“Tú no estás bien.”

“Oídos de dios.”

Capítulo 32 – lunes, 1 de enero de 2024

“¡Válgame, muchachos, sí que avanzaron! Cody, esa banca ya está toda. Está altísima, ¿verdad?”

“Sí, ¿por qué quieres que corte tan arriba y tan para atrás? Esto mide mucho más de cincuenta pies de ancho.”

“Primero tenemos que cortar la banca alta. Por lo menos cuatro pies de ancho por cuatro pies de alto, bajas un escalón, cortas otra banca, bajas un escalón, cortas otra banca, y nunca rebaso el límite de ingeniería para muros de contención. Más de cuatro pies requiere un plano con sello de ingeniero y un permiso.”

“¿O sea que estás construyendo una casa sin permiso?”

“No. Estoy construyendo un muro de contención legal antes de tener que pedir perdón, para que mis trabajadores puedan trabajar mientras yo escojo a la mamá pata.”

“Mamá pata, ¿de qué diablos hablas?”

“Es patitos en fila, Cody. Fuera de orden.”

“Tú estás fuera de orden, Rusty.”

“¿En serio? ¿Acabas de hacer un rebota rebota y en tu cara explota con una ladera? Pónganse atentos…”

“¿Dónde está Tanner?”

“La palabra clave ahí, Cody, era pónganse atentos. Si buscas el departamento de preguntas, está allá en el cobertizo con el buzón de sugerencias.”

“Bro, no paras.”

“Ese es mi POV también.”

“Dijo, POV.”

“¡No mames, Rusty! ¿Acabas de brincar a una categoría porno desde adentro de un pon-atención?”

“El bro vive en la cloaca. Ni siquiera lo puedo llevar con mi Abuelita”

“Muchachos --- Hay simplemente demasiado ahí para que yo lo desempaque todo. Pero eso, amigo mío, eso es una nube de imágenes. Rusty tan pervertido que no lo puedes llevar a la casa de la Abuelita a la que le robaste un carro.”

“Sí, está cañón.”

“Tienes una banca de arriba. ¿Está estable?”

“La máquina está allá arriba, ¿o no?”

“Una vez más. ¿Está estable?”

“Está estable.”

“¿Ya hay piedra?”

“Hay algo en el extremo este, se ve ese afloramiento como a cien pies pasando la orilla.”

“¿Pero nada adentro de la banca? ¿Ya pegaste con lajas de pizarra?”

“Nop, pura capa vegetal.”

“Entonces, si te dejo en la repisa que acabas de hacer, ¿está el terreno lo bastante estable para estirarte hacia abajo y cortar la banca que va a quedar debajo de ti – sin que te jales tú mismo por la orilla?”

“Sin problema.”

“¿Acabamos de tener una conversación de seguridad seria, completa y entera?”

“Parece. ¡Órale! Ahí va uno.”

“¿Un oso? ¿Dónde?”

“En la cresta. Ahí está.”

“Es como caricatura, ahí va nomás paseándose hacia solo Dios sabe qué.”

“Va pa’ ese claro de allá arribota.”

“¿Cómo le pegaste a este árbol de por acá? Tiene como doscientos cincuenta años, y le partiste su madre.”

“Me resbalé.”

“Tres veces te he subido a la máquina, y las tres veces has matado un árbol. Esta vez un Haya. ¿Te tengo que hacer prueba antidoping?”

“No me puedes correr…”

“Qué onda.”

“Qué onda, Tanner.”

“¿Qué no contestas tus mensajes? ¿Dónde quieres que estacione este remolque?”

“Olvídate de eso por ahorita y ven acá.”

“Qué onda, Tanner.”

“Quiubo, Rus.”

“Entonces aquí Cody acaba de demostrar lo que vale en una sola afirmación de hocicón. Me recordó ese viejo dicho del campo de entrenamiento que quería mencionar el otro día. Me dijo que ya no lo puedo correr porque ahora trabaja para sí mismo. Y eso me recordó que nunca terminé esa frase --- ¿listo, bocón? ¿Listo para oír el otro lado de tus ideas de pinche vago? Ya no te puedo correr – no sin correr a toda tu maldita cuadrilla. Así que ándale, ponte de cabroncito todo lo que quieras, pero sábete que no importa lo que hagas, tus socios también lo hicieron, y van a pagar junto contigo.”

“Eso no está bien.”

“Está exactamente bien, Rusty. Este trabajo es de ustedes, pero eso quiere decir de todos ustedes. Si corro a Servepro, todas las trocas de la compañía se van como si nunca hubiera pasado – no como este árbol. Estuvo aquí de centinela por lo menos doscientos cincuenta años. Generación tras generación de ardilla y mapache y toda clase de cosa voladora trabajaron mano a mano con él, cantidades de seres vivos que solo las estrellas del cielo igualan, y un día Cody se resbaló.”

“¿Qué quieres que haga con este remolque?”

“Todavía no, Tanner. Esto es importante. La interrupción ayuda, eso sí, porque me deja reajustarme de la agresión que va subiendo al tono que de veras quiero. Quiero que me oigas, Cody. Ese árbol estaba aquí en la Batalla de Boyd’s Creek, Dumplin Creek, el Tratado de Holston, la Ley de Remoción de Indios. Ese árbol es nuestra historia aquí. Lo aguantó todo, y un día tú te resbalaste.”

“Fue un accidente.”

“Los accidentes vienen con lecciones aprendidas, así que pon atención. Mira a tu alrededor. ¿Qué ves aquí en esta tierra de nieve derretida?”

“Es el monte.”

“Ves más que eso. ¿Ves una cosa a la vez, o todo como uno solo?”

“Mira, es un árbol. Lo pelé tantito.”

“No, Cody, ese árbol está muerto tan seguro como que estás aquí parado. Lo raspaste hondo y a lo largo del tronco. Medio anillaste a la pobre cosa.”

“¿Pobre cosa? Es un árbol.”

“No, Cody, es un organismo. Mira a tu alrededor. ¿Ves todas esas hojas cafés flotando por todos lados?”

“¿De qué diablos hablas?”

“Los arbolitos, los únicos árboles con hojas pegadas a las ramas. ¿Los ves? ¿Los oyes cascabelear con la brisa?”

“Sí, son Hayas, igualito que este, y ese árbol no está muerto, pero aunque lo estuviera, estos van a salir en su lugar.”

“Son Hayas, de a de veras, Cody, pero no sabes que se llaman rebrotes clonales de raíz. Son los hijos de este árbol, parte de él y aparte a la vez, y muchos se van a morir si no encuentran suficientes nutrientes en las raíces de su madre muerta.”

“Ese árbol no está muerto.”

“El árbol sabe que está muerto. Esta primavera le van a salir mil chupones del tronco, y este Verano va a florear más que nunca, y en septiembre va a tirar la cosecha de nueces más pesada que haya tirado jamás. Va a gastar todo su almidón en este solo año, y se va a empezar a morir el próximo Invierno. Va a sufrir. Va a batallar. Se va a ir secando mientras trata de curarse, pero está como muerto tan seguro como que estás aquí parado.”

“¿Y qué con todos esos árboles – este de por acá – con cicatrices, esos nudos, todas esas ramas quebradas allá arribota en el Álamo..?”

“No te pierdas este, Cody, aquí del otro lado del puente, Otra Haya, no tan vieja, pero se ven los arañazos de oso por todo el tronco. O mira, ve este álamo con la línea limpia y pareja de agujeros de pájaro carpintero bien espaciados alrededor de todo el tronco. O este, Castaño de Indias. Claramente sobrevivió a que este Nogal se le cayera encima y le rasgara la piel - diez pies de corteza arrancándose mientras caía contra el tronco. Tienes razón, los árboles sobreviven a cosas. Pero no sobreviven a que los anille la maquinaria pesada, y no todos sobreviven al daño. Mira a tu alrededor. Hay docenas, si no es que cien troncos en el suelo de esta ladera. Y esta Haya se les uniría en los próximos cinco o diez años si lo que sigue en la agenda no fuera lo que es.”

“¿Qué es?”

“Vamos a tumbar este árbol, sacarlo de mi miseria.”

“¿Por qué no lo dejamos parado y vemos si…”

“Mi miseria, Rusty. Buena pregunta, eso sí.”

“¿Entonces quieres que saque la motosierra del remolque?”

“Todavía no, Tanner, este árbol está protegiendo al Arce de los accidentes de Cody. Se queda parado hasta que terminemos de cavar por acá.”

“¿Dónde quieres el remolque?”

“Déjame dejar listos a estos, y bajo en un minuto.”

“Okey. Te veo allá abajo.”

“Cody. No es el fin del mundo. Como dijiste, es nomás un árbol. La banca se ve bien. Empieza la siguiente banca. Rusty, en cuanto tengas unos buenos dos pies de tierra encima de este tubo de alcantarilla, y puedas pasarle por encima con la mini cargadora, ven a verme a la presa.”

“Sí, ¿quieres nomás el cauce tapado? Yo pensé que íbamos a construir un puente de tierra a nivel.”

“Sí, pero Cody está cavando para abajo, y eso es peligroso, así que mi idea es que empiece esta excavación, y eso le da un montón de sobras aquí abajo que puede ir subiendo lo suficiente para parar la máquina encima del montón y cavar para arriba en vez de para abajo. ¿Lo ves?”

“Sí, me gusta.”

“Entonces, ese es el plan. Órale.”

Capítulo 33 – lunes, 1 de enero de 2024

“Bueno.”

“Michael, Herma-no. Tu dinero cayó aquí el viernes, y tu paquete de formularios cayó hoy. Te llamo para llenarlo todo y mandarlo.”

“Duran Bunch. Es Año Nuevo, ¿por qué estás trabajando?”

“Tú estás trabajando, ¿o no?”

“Cierto.”

“¿Cómo te voy a pedir manejar tu dinero si no trabajo por lo menos tan duro como tú?”

“Cursi, bro, pero no es mentira. Aunque te hayas puesto algún recordatorio en el teléfono para despertarte entre tragos de polvo Goody’s para la cruda, fuiste tú el que me llamó, no yo a ti. Esa chingadera va a quedar en tu expediente.”

“Shh, no le digas a nadie.”

“Okey, vamos a repasarlo. Yo me quedo con sesenta por ciento, y tú con cuarenta. Yo manejo el mío y tú el tuyo. Necesito ocho mil al mes de tu parte, libres, y quiero crecimiento. Tú haz lo que quieras menos perder.”

“Herma-no, saborea bien ese reparto. El sesenta, cuarenta se voltea antes del año.”

“Duran, te apuesto lo que quieras contra verrugas en la verga a que cierro este año con el doble de tu rendimiento.”

“Va esa apuesta, la cuenta Street-Smart-Edge contra la casa, y tú escogiste los porcentajes. A lo mejor si te hubieras ido con promedio ponderado en efectivo, tendrías chance, pero en terreno parejo, mejor ve comprando el ácido salicílico de una vez.”

“Claro que tú ibas a saber el tratamiento para las verrugas en la verga.”

“Y el tratamiento para el muerto de hambre que necesita que le preste dinero para construir una casa son tres formularios, CRA, Acuerdo de Opciones y Notificación de Margen. Te los mandé a tu bandeja de entrada.”

“Auch. O sea que tienes ciento cincuenta tickers en lotes balanceados alineados, diseñados para pagarme noventa y seis mil al año y hacer crecer la cuenta. Esa es una chingadera ambiciosa, Duran. ¿Lo tienes bajo control?

“Pues, yo no quiero verrugas en la verga, así que firma los formularios y me los regresas por correo. Empiezo a operar desde primera hora mañana.”

“Verrugas aparte, el tope del préstamo es como uno punto tres de los dos que acabo de depositar de la venta. Pero ese es el monto máximo del préstamo. La idea es no pedir prestado más del cincuenta por ciento del valor para protegerse de las llamadas de margen en un mercado a la baja. Apalancar el dinero, no la casa, pero el movimiento de tierra aquí va a costar uno punto tres él solito. Ya compré las máquinas, eso son doscientos cincuenta pagados de mi bolsa…”

“Otra vez no, bro. Lo tienes bajo control. Seiscientos cincuenta para empezar…. Seiscientos cincuenta de margen… ahí está el uno punto tres. Le vas raspando con el desgaste del sueldo, Si algún día vendes la casa, quedas listo…”

“Hicimos un trato este fin de semana, pero eso también lo regué un poco. Me tocó un pagaré del vendedor.”

“Chin, hombre. Ese es un buen instrumento.”

“Ojalá lo pudiera contar en mi año contra ti.”

“¿Cuánto sacaste, siete, ocho puntos?”

“Cinco.”

“¡Bro! ¿Qué diablos?”

“Sí. Tenía a un tipo. Me cubrí.”

“¿Te cubriste?”

“Tengo que vender esa casa, Duran. La necesito más cerca de la familia.”

“Sí, te entiendo.”

“Entonces, ¿van a rentar algo a corto plazo o una casa rodante o algo?”

“Nop. Me mudo al cobertizo que construimos la semana pasada”

“¿Ya tienes un cobertizo allá arriba?”

“Ya van mes y medio, así que sí. Entrada, cobertizo. Hoy empezamos a trabajar en el taller, y la presa está lista para rellenarla con las sobras.”

“¿Por qué construir el taller con el dinero tan apretado?”

“No compré los materiales del cobertizo, Duran. Necesito como doscientas cargas de tráiler de tres ejes de tierra para la presa, y eso lo saco de la excavación del taller.”

“Tengo que ir a conocer ese lugar…”

“Espérame, me está llamando Stef. --- Hola, Amor de Mi Vida. Espérame tantito, estoy con Duran. Te uno a la llamada --- ¿Están todos?”

“Hola, Stef. ¿Cómo estás? Oí que vendieron la casa.”

“Todavía no, Duran. Aceptamos una oferta.”

“¿Ya conociste a este tipo?”

“Ay, ya lo conocí. Oí que ustedes dos tienen una apuestita en los libros. Más te vale cuidarte. ¿Qué no conoces a este tipo?, acaba de firmar un contrato de dos millones de dólares con la izquierda y con un crayón.”

“¿Entonces dónde firmo todos estos formularios, Duran?”

“Es firma electrónica, Sepia, pero creo que puedes cambiar el color en un menú desplegable en la línea de firma.”

“Qué lindos ustedes dos. Lástima que no se puedan comprar acciones de Crayola. Nomás llamaba para ver cómo estabas, pero ya veo que estás bien entretenido. Te veo en la casa. Te quiero.”

“Amor.”

“Qué lindos.”

“Cállate, Duran.”

Capítulo 34 – martes 2 de enero

“Nunca pensé que iba a pasar. ¿Por qué tan tarde?”

“Sí, jefazo.”

“Sí, cómo no.”

“Les gané al trabajo. Estaba pagando en el Lowes cuando ustedes dos llegaron juntos como si hubieran dormido en la misma casa, y Tanner, te gané como por treinta minutos si cuentas la espera a que el de almacén me bajara el enfriador de agua.”

“¿Enfriador de agua?”

“Sí, enfriador de agua. Todavía no tenemos pozo, y tengo tres semanas y cinco días para equipar este cobertizo, o voy a acabar en el centro en el Marriott.”

“Se ve que es un poquito más que un enfriador de agua.”

“Es un comienzo. Métanlo todo al cobertizo, por favor --- Cody, veo que ya estás en la chamba y dándole. Oíste mis instrucciones de ayer, y estás perfectamente acomodado. ¿Suficiente frío para ti?”

“Sí, cómo no. Me estoy congelando las nalgas, pero Cody estaba temblando como perro mojado hasta que agarró la calefacción. Le tuve que amontonar un poco la tierra, pero él echó tierra para abajo unos minutos, y quedamos listos para cavar desde abajo.”

“Sí, es mucho más seguro. Casi me jalo yo solo por la orilla cuando enrosqué en una piedra grandota.”

“Ya veo. Está del tamaño de una cuatrimoto. Buena decisión. Bájate de la repisa y corta desde abajo.”

“Es una lata porque me llueve tierra encima, y me estoy quedando atascado con las sobras.”

“Sí, yo no sabía dónde tirarlas.”

“Está bien. Cody te dio un poco de ventaja para que no estés sentado esperando a que haya suficiente montón para acarrear. Esa pila te alcanza hasta la hora de la comida.”

“¿A dónde va – a la presa o al puente de tierra?”

“Necesitamos la presa rellena por la parte de atrás, y no podemos estar seguros de que esto alcance, así que lo vamos a ir acarreando hasta que esto blandito se compacte hasta la alcantarilla. Luego le metemos un pie nuevo de relleno a esto y de vuelta a cruzar para tirarlo por la parte de atrás de la presa.”

“¿Nomás lo tiro por la orilla donde sea?”

“No. Justo encima del lado de salida del tubo de desfogue. Quiero por lo menos diez camiones de volteo encima para que se quede tapado cuando levantemos la sección aquí arriba. Si el agua se cae dentro del tubo, lo quiero tapado por el lado de atrás.”

“Entendido. Justo por en medio. Rellenar el hoyo. ¿Quieres que lo compacte un poco en cuanto se vaya llenando?”

“Está cañón compactar allá atrás. Ese hoyo está feroz. Diez camiones de volteo son algo así como trescientos cucharones llenos de mini cargadora. A cuatro minutos ida y vuelta, son unos días de ir y venir. Esto va a tomar tiempo. Pero sí, compáctalo conforme la parte de atrás de la presa se vaya extendiendo y puedas bajar o por lo menos subir por detrás. Va para largo. Dale duro. Tengo que ir a ayudar a Tanner aquí a arrancar.”

“Va.”

“Entonces, saca los rollos de aislante afuera un minuto. Necesitamos instalar unos contactos y algo de iluminación.”

“Ya vi. ¿Dos rollos de Romex? ¿Quinientos pies?”

“Sip. Este lugar no va a usar todo eso, pero el Romex se acaba rápido.”

“Sí, ¿para qué planear los tendidos y sacar cuentas? Eso sería una tontería. Mejor comprarse el pasillo entero y surtirse.”

“Ya veo, el sabor del día es sarcástico.”

“Te diste cuenta, ¿eh? De veras te vas a mudar a este cobertizo. Creo que ya sabía que era cierto, pero - - - un aire acondicionado portátil – con calefacción. ¿Cómo le hacen siquiera?”

“Es magia, compa. Una válvula inversora.”

“De repente mudarse a un cobertizo el treinta de enero ya no se ve tan perturbado.”

“Ah, sí es perturbador. No te dejes engañar por el minirefri. Tengo que pedir por lo menos ocho baterías más y hacer que lleguen y balancearlas. Tengo que instalar tres veces más de solar, y tengo que aislar este lugar, o no hay cantidad de electricidad que lo mantenga lo bastante calientito.”

“Va a estar acogedor.”

“Hace diez años, esto no habría sido posible. Hoy lo voy a hacer con calefacción y aire y un refrigerador.”

“¿Y dónde vas a ir al baño?”

“Esa es la otra cosa de hoy. Ya salió el permiso del séptico, y Robby Giles viene a ver la ubicación. Podríamos tener instalado un sistema séptico de una recámara en unos cuantos días.”

“¿No se va a congelar el excusado?”

“Ese es el chiste. No tenemos agua, así que cada jalada de la cadena se va a echar con una cubeta. No queda agua para que se congele.”

“No me convence, pero ahí voy a estar mirando.”

“Por ahorita mira esa pila de material eléctrico. Me gusta cómo apilaste las categorías de chingaderas.”

“Día caro.”

“Ni un centavo tirado.”

“¿De veras necesitabas una planta?”

“Sip, sí la necesitaba. Es como mi canario de la mina. Si esa cosa se muere antes de que me mude, me toca Marriott, y algún tipo de casa temporal para Kitty.”

“Tenemos un pitbull.”

“Te diste cuenta, ¿eh?”

“Letrero de neón.”

“Auch.”

“¿Viste la cara de Stef el otro día cuando dijiste, auch?”

“Es tu culpa, cabroncito. Tú empezaste.”

“Oye, no me eches la culpa, eres fácil de programar. Así que es, Back to the howling old owl in the woods… Goodbye yellow brick road ”

“Chale, chamaco. Hasta le pusiste tema.”

“El cable amarillo me inspiró.”

“Entonces, de vuelta al cable amarillo en el cuarto, va aquí en estas pareeeeeedeeees.”

“No tienes trabajo de día, pero no te dejes engañar, lo tuyo no es cantar.”

“Nop. Decirles a los sabelotodo por dónde va el cable, eso es lo mío. Son dos circuitos separados que llegan a esta pared. Uno dedicado por si quiero la cafetera y el microondas al mismo tiempo, y justo al refrigerador se le prende el compresor. De este lado, dos circuitos otra vez, uno dedicado a la climatización. Necesito una lámpara de techo y ventilador con un apagador de escalera en la puerta y aquí en esta pared para poder prender la luz desde la cama.”

“¿Cama?”

“Futón. Pero no lo metemos hasta un día o dos antes.”

“¿Tienes otros contactos en mente?”

“Necesito estos dos contactos combinados con USB para cargar el teléfono y todo eso. O sea dos contactos de cada lado además de los que ya están trazados. Y un circuito dedicado aquí en medio de esta pared. Aquí es donde voy a poner la tele. Hay un tramo de coaxial por aquí en algún lado. Lo tenemos que pasar para abajo a través de la solera inferior del muro hasta debajo del cobertizo. Voy a hacer que me transfieran DirecTV a esta dirección y que me lo instalen aquí en algún momento justo antes de la mudanza.”

“Espera. Vas a tener HVAC, un refrigerador, un microondas, una tele, DirecTV, Internet, un celular. ¿Va a haber algún otro lujo en tu viaje de glamping?”

“Voy a tener mayordomo.”

“Qué chingados.”

“Crees que estoy bromeando. Pues, Jeeves, Tú vas a estar llenando mis cubetas del excusado para el excusado que pronto viene en el lodo. Vas a estar recogiendo mis garrafones de repuesto cuando vayas al Lowes, y todos ustedes van a estar limpiando mi piso diario porque es fácil para mí hacer que el lodo en el piso sea culpa de ustedes. Además, no tengo cómo cocinar, así que igualito que tú nos traes el desayuno a todos en los días de desayuno, te vas a pasar tu última hora de trabajo yendo por la comida que yo pida.”

“Nomás si a mí también me toca comida.”

“Trato.”

“Aunque podrías nomás comprarte un asador.”

“¡Ni madres! ¿Qué no has estado viendo a los mismos osos cruzando el terreno de un lado a otro casi a diario? Yo no voy a vivir en ningún cobertizo con un asador afuerita de la puerta. Y esa es otra cosa, Jeeves. También voy a necesitar que me lleves la basura al tiradero bastante seguido.”

“¿A Cody y a Rusty les va a tocar algo de estos quehaceres, Apá?”

“A Cody muy pronto le darían ganas de escupirme en el jugo de naranja, y Rusty tiene toda una familia en su casa. No estoy seguro de poder darles de comer a cinco bocas cada noche del menú de Ruth’s Chris.”

“¿En el centro? Si voy al centro de Knoxville por comida, también me llevo el plato de Emily.”

“¿Ahora andas en bienes raíces, renegociando después de cerrado el trato?”

“No, y no le puedes decir letra chiquita cuando tu mente era la única página. No me atrevo a leer esa cosa serpenteante.”

“En cuanto pases todos estos cables y montes los contactos, empieza a meter el aislante.”

“Qué bien, aislante.”

“por lo menos tiene cara de papel kraft.”

“¿Y eso qué importa?”

“Un lado de papel. Si no te sonas la nariz con el lado rosa, vas a estar bien.”

“Necesito esta chamba. Necesito esta chamba. Necesito esta chamba.”

“Qué lindo. En cuanto las paredes estén listas y las orillas de kraft engrapadas a los montantes, usa esa cinta y sella las juntas.”

“Contactos, aislante, cinta. Entendido.”

“Okey, dos cosas más. Necesitas un agujero en la pared aquí del tamaño y la forma de esta manguera de escape y de esta compuerta antirretorno.”

“¡Increíble! Me preguntaba en qué pila poner eso. Ya lo veo. Cuando la máquina está apagada, no hay flujo de aire, la compuerta se cierra.”

“Lo de afuera se queda afuera. Y esa compuerta es el truco. Este Midea Duo hace calefacción y aire, y tiene el escape y la toma en un solo tubo. El secreto es la compuerta de resorte. Se cierra de cualquier lado. Se para el flujo de aire, y las aletas de la compuerta brincan a su lugar.”

“El vagabundo más calientito debajo del puente. Mayordomo, HVAC con compuerta. ¿Cuánto subió el precio del cobertizo con todo esto?”

“Pues, el precio del cobertizo no subió. El Cobertizo ya estaba terminado. Esto es la adaptación. Aunque gratis no es.”

“¿Quién es ese?”

“Compa, yo tampoco lo veo todavía. Pero suena a troca grande. Seguramente Robby, el Seguroby.”

“No sabes cantar, no sabes rimar. Qué bueno que sabes usar una cinta métrica.”

“Robby Giles. Séptico.”

“¿Tú eres Michael? Yo soy Robby Giles. Marshall me dijo que necesitabas instalar un campo séptico.”

“Sip, y tú, tú eres todo lo que esperaba de una recomendación de Marshall Grays. Mírate nomás, hombre. Estás demasiado grandote para meterte en mi máquina, y esa cara.”

“¿Mi cara?”

“¿Te usaron de modelo para todas esas camisetas? Nunca había visto la cara de un hombre tan congelada en su lugar por su sonrisa feliz como la que veo aquí enfrente de mí.”

“Los dos venimos avalados por Marshall. Cada uno de los suyos es uno con el que ya no va a trabajar.”

“Quiero mucho a ese hombre.”

“Y él también te tiene en alta estima. Este sí es un proyecto de a de veras el que te conseguiste.”

“Nada que un verdadero hombre de tierra no pueda arreglar.”

“Ya vi ese camino que metiste. No pue’ ser trabajo de manos torpes dos mil pies de cuña de grava entre un cerro y un arroyo.”

“No dejes el cheque en el tablero de salida, va a salir rebotando con todos los baches de esos dos mil pies.”

“¿Cuántas puntas de flecha has encontrado?”

“¿Puntas de flecha?”

“Pos, sí. Todos estos cerros alrededor eran terreno de caza de primera allá cuando los Cherokee eran dueños de esta tierra.”

“Encontramos un alambique viejo. El tanque era pura costra, pero la línea del serpentín de cobre se veía clarita. Casi verde neón brillando debajo de la maleza.”

“Seguro hay mucho de eso aquí arriba si buscas.”

“Voy a estar al pendiente de esas puntas de flecha.”

“A ver la chamba.”

“Este puente nos pone del lado del séptico. Como puedes ver, los muchachos están rellenando la barranca para cruzar el arroyo. Vamos a tener un puente de tierra a nivel ahí para mañana.”

“Me senté a mirar a ese muchacho en la mini cargadora compactando tierra alrededor del deslave de la presa en ese tubo de alcantarilla. ¿Tienen suficiente tierra en este corte para rellenar el puente de tierra y el deslave de la presa?”

“La belleza de ser dueño de las máquinas. Cavamos el asiento del taller por etapas, tiramos las sobras por la parte de atrás de la presa, y cuando terminemos aquí, levantamos el puente de tierra y también lo tiramos. Nos toma unas semanas.”

“Eso costaría una fortuna si me lo pusieras a hacer a mí.”

“Así tampoco va a salir gratis, tres semanas de una cuadrilla de tres, el combustible – sin mencionar que tuve que comprar las máquinas.”

“Aun así, ese camino de un cuarto de milla paga las máquinas y hasta sobra.”

“No tanto, pero casi. Si le sumo el resto del camino, la presa y dos asientos de cimentación distintos – aquí y la casa que viene – se pagan solas.”

“¿Cuál es el otro asiento?”

“La casa.”

“Ah, entonces sí van a tener suficiente para rellenar la parte de atrás de la presa, de seguro.”

“Esa es la idea.”

“Entonces, llamé al condado, y conseguí tu permiso y el mapa que dibujaron. ¿Dónde ves que va esto?”

“Aquí mero. Medí ciento treinta pies para afuera, y lo tracé entre los árboles.”

“Ya lo veo. ¿Esa es una bota de hule vieja que quedó metida en el pie de ese árbol?”

“Parece. Nunca la había visto ahí.”

“Has de haber pasado justo al lado poniendo esa cinta para la línea de relleno.”

“Supongo que sí – la concentración, supongo.”

“Entonces, ¿pa’ qué me necesitas a estas alturas? Tú sabes cavar.”

“Pues, Robby. Sé cavar, pero no sé de sépticos. No conozco a los inspectores, y definitivamente no sé lo que no sé. Necesito un profesional, y ese eres tú.”

“Pos, ya veo que estás listo. ¿Cuándo vas a tener el puente de tierra?”

“Va a estar arriba y a nivel en unas horas.”

“Pos, Michael, puedo subir mañana con los materiales y la máquina. ¿Te funciona?”

“Marshall dijo que me ibas a caer bien.”

“Me dijo lo mismo a mí.”

“Te veo en la mañana entonces.”

“Voy por el tanque y la línea del campo hoy, ¿las ocho de la mañana es muy temprano?”

“Es perfecto.”

“Pos, te veo entonces.”

“Amor, ¿estás aquí?”

“Hola, estoy en el sótano.”

“¿Qué haces aquí abajo?”

“Estoy sacando estas cajas viejas para empezar a empacar mi she-shed mañana.”

“O sea, decidido.”

“Qué gracioso, aunque se caiga la oferta, no he ido allá a trabajar un día desde la Primavera, y de una vez puedo empezar por algún lado – además, dejé mi biblia en la banca de la iglesia, y quiero ir a esa Dupont Baptist este Domingo, y mi otra Biblia está en el she-shed.”

“Hay mucho trabajo de aquí a entonces. Los muchachos avanzaron un montón con la excavación del taller, mi Shangri-cobertizo tiene contactos y calefacción y aire. Pedí más solar porque necesito más batería si voy a usar el calentador, y el del séptico empieza mañana.”

“¿Cómo es?”

“Es el mismísimo codillo de puerco de los quelites.”

“Campirano, leído por el Yankee.”

“Nop, este tipo es tan campirano que tiene pasaporte especial.”

“¿Empieza mañana?”

“Dice que va por el tanque y las líneas del campo hoy y que va a estar allá arriba a las ocho.”

“¿Cuánto tarda?”

“Debería ser rápido. Seguro cava antes de la hora del refrigerio, y si meten a un inspector, vamos a tener sistema para temprano en la tarde.”

“No puede ser.”

“Sip, compré el excusado de regreso a la casa hoy. Compré una losa de adoquín para asentarlo.”

“Espera. ¿Vas a poner un excusado afuera?”

“Pues, sí.”

“Pues, sí, dice. Michael, estamos en pleno invierno.”

“Tengo tres semanas para dejar ese lugar listo para mudarme.”

“No te vas a mudar a un cobertizo, Michael.”

“Tengo que. Es propiedad compartida. Todo el condado tiene algún pariente cercano que iba a la letrina. Nunca voy a encajar si no lo hago.”

“Todo el condado no trae esa bomba de tiempo de bolsa de aire en el pulmón.”

“Quedamos en dejar eso para después de la obra.”

“No, tú quedaste.”

“Es la misma diferencia.”

“Diferente diferencia. Diferente gente, diferente momento. Diferente lugar.”

“A lo mejor, pero el séptico llega mañana, y voy a tener el excusado instalado para el sábado.”

“No vas a vivir en un cobertizo, Michael.”

Capítulo 35 – miércoles, 3 de enero de 2024

“Entonces, este, ¿es una milla de Romex de sobra y pedacitos de aislante para terminar el cobertizo en los huequitos?”

“Pues, sí. El Romex es fácil de guardar.”

“¿Eso dices, buena planeación?”

“Eso es. Planeado hasta el último pedacito. Hoy compramos los rollos del techo.”

“Cody dijo que el hermano de Meghan quiere horas.”

“¿Sí? Nos vendría bien un cuarto. ¿Se reflejó el depósito hoy?”

“Se reflejó ayer justo después de que lo transferiste.”

“Me gusta este sistema. Si me pasas la factura el lunes otra vez la semana que entra, pago la cuenta el mismo día, y ya tendremos una rutina. Nunca me imaginé que fuera a funcionar tan bien cuando abrí mi propia cuenta ahí.”

“¿Qué no para eso lo hiciste?”

“Pues, sí, pero no me imaginé transferir tan rápido de mi propio banco a Truist y luego a tu cuenta de nómina, todo en la misma hora.”

“Es un mundo digital. Empecé a enseñarle a Cody el sistema de facturas. No le interesa.

“Dale un día o dos. No es de papeleo.”

“Está tomando notas en el teléfono. De hecho mandándolas por mensaje. Notas del día. Mira, Cody, cavé cerro. 8. Rusty Cavé cerro. 8rh. Tanner, lambiscón, 8.”

“Por lo menos es chistoso. Pero no había pensado en eso. Necesitamos una computadora y una impresora para que ustedes se las vayan pasando entre ustedes. Agrega eso a la lista de compras del aislante del Techo.”

“Agregado.”

“Y lo chistoso está bien, pero estos son documentos corporativos. Te mando la lista de material por mensaje, y tú vas por las cosas. La computadora es el primer activo de tu compañía. Cómprala con efectivo del descansabrazos de mi troca. Ahí hay quinientos dólares. Compra una laptop económica y una impresora portátil. Guarda el recibo. Robby va llegando ahorita, así que retomamos esto después.”

“Buen día, Michael.”

“Quiubo, Robbie. ¿Siempre hueles así?”

“¿Apesto?”

“No, hombre, llegas caminando con esa sonrisa que hace bajar a todos los bichos del monte a oírte hablar, oliendo como si acabaras de salir de la canasta de ropa limpia, y uno se va a dar cuenta.”

“Con todo este humo de cigarro, me sorprende que huelas algo.

“Es medicina.”

“Ya puse a trabajar a mis muchachos, y ya se llevan bien con los tuyos. Cody nos prestó tu láser rotatorio. Los muchachos dejaron el de nosotros en la otra obra.”

“Puedes rayar una línea de corte con una piedra, pero no puedes trazar un drenaje inspeccionado con una plomada.”

“Ese es un remolque lleno allá abajo. ¿Qué no te da miedo que alguien suba en la noche y se lo robe?”

“Miedo no, pero hay cosas que obligan a apostar.”

“¿Por qué no te pones una cámara Ring como estas otras?”

“Tengo una caja entera, ¿ves? Nomás quisiera que cada necesidad viniera con su propia hora en la caja.”

“Cada día de tu vida tiene exactamente veinticuatro horas, ‘cepto dos; el día que naces y el día que te mueres.”

“Marshall me dijo que eres predicador.”

“Qué bonito cobertizo – aislante en un cobertizo de herramientas.”

“Próximamente, luces de porche y una silla de jardín.”

“¿Te vas a mudar aquí?”

“De hecho, vendimos la casa allá arriba por la de Marshall. y me voy a quedar aquí un rato hasta que construyamos ese taller. Voy a levantar unas paredes temporales en el taller cuando me meta ahí. Voy a construir un baño, y ya estaré en jauja, bien escondidito. Hasta entonces es una taza en el lodo, colgada de tu tanque y tu campo.”

“¿Mande?”

“Yo no soy ningún predicador. En cuanto esté tu drenaje, voy a instalar ese excusado allá afuera.”

“¿En el patio? Se va a congelar.”

“Todavía no tenemos pozo. Se le jala con la cubeta del estanque.”

“¿Me estás vacilando?”

“No, hombre. Tengo tres semanas y cuatro días para hacer este cobertizo habitable, y ese es el excusado. Faltan quinientas noventa y dos horas.”

“Pos, supongo que si ese cactus no se ha congelado todavía, supongo que tú también puedes sobrevivir.”

“Lo compré ayer.”

“A lo mejor cómprate un termómetro hoy.”

“Le mando mensaje a Tanner. Está en el Home Depot ahorita.”

“¿De dónde sacaste a estos muchachos?”

“Estaba esparciendo grava en la mini cargadora, día cinco, solo, con frío, tramando, maquinando, una neblina tan espesa que necesitaba el limpiaparabrisas…

“Todo lo mejor llega arriba de una máquina.”

“Amén. Estoy trabajando. Los pasitos hacen las metas, y la lista salía más larga que la tarea, y si nomás tuviera a alguien quitando esa maleza del camino mientras yo le echaba grava hacia allá, podría seguir sin parar.”

“La máquina es así.”

“Prendo un cigarro, y se me viene a la mente la costumbre de Facebook de Stefanie, y estoy rascando la pantalla con un anuncio para mandárselo. Ella es la gancho para eso. Conocimos todos los grados de pendejo allá en Hardin Valley conmigo de cabeza. Esta vez Stef da la cara.”

“Sí que chorreas Yankee.”

“Yankee bueno, dice ella.”

“Yankee.”

“Entonces le mando el texto del anuncio, y tres horas después, limpiaparabrisas apagado, sol arriba. De hecho tengo el aire acondicionado prendido en diciembre. Es como si hubiera salido de un brinco detrás de ese viejo Roble “

“Este lugar sí se siente especial así.”

“Y ahora, aquí estoy tratando de ver cómo hacer con una tabla o un tablón un escritorio sobre la barra de seguridad para llevar horas e impuestos de nómina y W2s y Seguro de Riesgos de Trabajo, y la idea me pegó como epifanía en plena cara. Mandarlo al condado. Que saque una licencia de remodelador, límite de veinticinco mil, acta constitutiva, cuenta de banco, mi abogado Deno le puede arreglar todo, y que lleve sus propias horas, que quite la maleza del camino. Yo le enseño lo básico, y quedo libre para echarle grava al siguiente pedazo de entrada.”

“¿Por qué no nomás pones tu propia compañía?”

“El mismo problema del escritorio. Tengo un montón de pilas y no me alcanza el espacio. Tengo propiedades que administrar, una casa que vender, una casa que construir, trabajo financiero…”

“Cigarros que fumar. El overol no va a oler a ropa limpia si me siento aquí todo el día.”

“Buena idea. Asegúrate de que mi mierda ruede cuesta abajo.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Cómo va todo allá arriba?”

“Qué bueno que preguntas.”

“¿Tan mal?”

“Para nada. Casi estoy vibrando de lo bien que va. Cody ya metió las bancas del muro, de arriba a abajo – las cuatro bancas.”

“Buen comienzo.”

“Pegó con unas lajas de pizarra, y un par de afloramientos chiquitos en la repisa de abajo, y pegó con piedra azul al fondo. Hay manantiales rezumando por todos lados. Vamos a tener que rentar un martillo rompedor, abrir una zanja al fondo del taller para desaguar, pero no antes de cavar tres pies de hondo a lo largo de toda la plataforma, bajarla hasta el nivel de arriba del puente.”

“No entiendo ni una palabra de eso.”

“Quiere decir que este lugar nomás sigue dando. Primer día en la tierra nueva, y estoy sentado en un tronco junto al estanque, me tomó cuarenta y cinco minutos llegar caminando de lo espeso que estaba. Fui y compré dos máquinas para abrirme paso a la fuerza. Tenía una hora de sobra, y encontré un cantero para ayudar con el puente que solo mi mente podía ver. Cinco días después, estoy sentado en esa mini cargadora, y Tanner se materializa. Ese fin de semana me sentí culpable por tener tiempo libre, y aparece un remolque lleno de madera. Llega Cody. Se construye el cobertizo. Luego el solar. Y ahora aparece una camiseta de la vida-es-buena por cara, salida del único golpe de suerte bueno que tuvimos en Hardin Valley, veinticuatro horas después de que froté la lámpara, y en un día el tipo ya tiene un drenaje cavado y un tanque de mil galones ya en la tierra. Hacemos las conexiones, y tenemos un trono en nuestro reino.”

“Reino, ¿ja?”

“Contextualizando.”

“Entonces, buen día.”

“Cuarenta y dos y medio, a lo mejor.”

“Mejor que cuarenta y tres. Claro, vas a estar en la cárcel.”

“¿Qué diablos?”

“El estado de cuenta muestra un retiro de quinientos dólares tras otro. Eres un reporte SARS con ruedas.”

“Por eso hice todo este rollo de la licencia, la corporación, la compañía con ellos.”

“La apariencia es la realidad.”

“Y la realidad es que nada es lo que parece.”

“Entonces, ¿dónde quieres toda esta madera?”

“Mi amor, ya regresó Tanner. Luego te cuento de la laptop que acabamos de comprar.”

“¿Laptop? Olvídalo. Le compraste una laptop. Seguro en efectivo, ¿verdad?”

“Hombre, eres mucho más divertida en días de trabajo.”

“Ve a construir mi maldita casa.”

“Amor.”

“Amor.”

“Qué lindos.”

“Cállate, Tanner.”

“No le hagas caso, compa. Nomás está agria, no me puede atrapar en sus archiveritos.”

“¿A dónde va todo esto, güey?”

“Ah, ¿no te llegan los encargos lo bastante rápido? Pues, ahí te van. Pon el R19 aquí en el cobertizo. Lleva toda la madera de armazón y el triplay al remolque – eso es para repisas en el remolque para que mi láser rotatorio y otras frageelez no se destruyan con ustedes changos aventándolo todo por todos lados…”

“Ese no soy yo…”

“Todos para uno, uno para todos.”

“Calma, d’Ar-tag-la-traes…”

“la traen todos, Tanner. No es mi regla. Es la realidad de la sociedad.”

“Entonces ellos manejan sus joysticks, y yo descargo cuarenta y ocho blocks, treinta dos-por-seis, diez piezas de triplay, y todo lo demás - ¿y qué onda con el termómetro? Hace frío. No hay más que decir.”

“Pon esos en el cucharón de la mini cargadora. Rusty los va a subir allá y esos dos pueden usar los gatos de botella para levantar cada esquina del cobertizo y poner el block debajo – mientras tú vas pasando tu cable por las vigas para ponerme un ventilador de techo. El termómetro va adentro de la puerta. Atorníllalo. Cuando termines, sube el soporte del ventilador, pasa el cable y aísla el techo. Va a estar divertido con el piso ladeándose por todos lados para los del block. Yo me largo. Tengo que ir a Cherokee Group a ver si me construyen una casa.”

Capítulo 36 – domingo, 7 de enero de 2024

“Hola. Soy Emma. ¿Por qué estás sentada sola en medio?”

“Soy Stefanie. Es mi primera vez aquí y no sabía quién se sienta dónde.”

“Ay, no somos tan formales pa’ tanto. ¡Qué vestido tan bonito!”

“Gracias, Estas tarjetas de recetas escritas a mano dicen que me senté en el lugar de una buena cocinera.

“Ay, mija. Esas son las opciones de comida de entre semana. Nos turnamos, y no toditas se saben las recetas.”

“Esta iglesia está preciosa. Esa estufa de leña de hierro fundido se ve como si la hubieran instalado junto con el edificio.”

“La restauramos el año antepasado. ¿Cómo nos encontraste?”

“Compramos un terreno aquí nomás subiendo la calle, y me jaló para acá en el segundo en que la vi.”

“¿Y bajaste en cuanto tuviste dónde vivir allá arriba?”

“No, he estado planeando venir todo el mes, pero todavía vivimos en Hardin Valley.”

“¿O sea que manejaste una hora nomás pa’ venir a conocernos, no tienes planes después?”

“Vamos con Mamaw cada tercer domingo, pero esta es la semana libre – ¿quiénes son todos ellos?”

“Esa es Mamaw Mernie y mi niña Bernice y ese es Larry – Dejen de estar mirando todos ustedes y vengan pa’ acá. Esta es Stefanie. Acaba de comprar Trail Holler, y está construyendo su casa allá arriba.”

“Bienvenida, señora, soy Bernice.”

“Tú eres una mujer hecha y derecha, Bernice, y es más probable que me vaya de compras de vestidos contigo a que me gane lo de señora.”

“Bienvenida, Stefanie.”

“Ándale, dale un abrazo, Bernice. No seas tan formal.”

“Yo soy el Líder de Cantos, Larry. Bienvenida.”

“Qué abrazo tan padre, Larry. Nada de señora aquí.”

“No, señora.”

“La calladita de allá atrás es Mamaw Mernie.”

“¡Mi Mamaw también se llama Mernie, Myrtle!”

“Bienvenida, Stefanie. Nos va a dar mucho orgullo tenerte con nosotros - a ti y a tu Myrtle - cuando tú quieras.”

“Mamaw ya está aquí. Falleció el año pasado.”

“¿Y todos ustedes todavía se juntan cada dos domingos en su casa a cenar?”

“Sí, señora.”

“Todos - ay, qué escandalosos andan esta mañana - todos, me gustaría empezar el servicio de hoy con una presentación. Démosle la bienvenida a Stefanie, Bernie me dice que su nombre significa las murallas alrededor de una ciudad para proteger a la congregación. Bienvenida, Stefanie.”

Capítulo 37 – lunes, 8 de enero de 2024

“Compa, no nomás llegaste primero, la máquina ya está caliente, ya tienes toda la esquina de atrás a nivel, y la tierra amontonada a tu alrededor como chamaco en Navidad.”

“Sí, el bebé me tuvo despierto, ‘n nomás me bajé, a jalar.”

“Está canijo subir caminando a oscuras, ¿no?”

“Antes subíamos aquí a cazar ‘n pescar. Ha estado oscuro un montón de veces, pero esa grava te tapa los sentidos.”

“¿Es eso?”

“Un poco.”

“Quihubo, Tanner. ¿Horario de banquero?”

“Son las 7:30.”

“Somos Pitufos.”

“Este, pues, checaste a las 6:15”

“Sí, empecé a trabajar, y me di cuenta que se me olvidó.”

“Tienes que tener cuidado – horas extra.”

“En realidad, muchachos. Ustedes no son empleados por hora. Ese reloj checador es nomás para que sepan cómo cobrarme.”

“Pero nosotros pagamos por hora.”

“Como dije, eso es cosa de ustedes, pero los dueños no cobran horas extra.”

“¿Nada de horas extra, jefazo?”

“Eso es cosa de ustedes. Tanner, vamos a darle a ese cobertizo, Cody tiene la ventana abierta allá arriba dejando salir todo el aire caliente.”

“El aire caliente está entrando muy bien.”

“Uy.”

“Entonces hoy toca aislante del techo.”

“Comezón.”

“Ándale, rasquiñas.”

“Cody, asegúrate de engrasar la máquina en cuanto llegue Rusty. Ese cucharón está rechinando.”

“¿Tenemos grasa?”

“Este, pues, la recogí ayer. Está del lado derecho del tráiler.”

“Aguas. Esa se ve encabronada.”

“Órale, sí se ve, Tanner.”

“Es esa época del año.”

“¿Qué época es esa?”

“Se están preparando pa’ parir sus oseznos. Gordas, cansadas, de malas.”

“Buen ojo. No le quites la vista. Vámonos, hermano. Tenemos un chingo que hacer.”

“Oye. Devin mandó mensaje. Dice que llega a las nueve.”

“Ya quiero conocerlo. Vente, Tanner.”

“Entonces, el ventilador de techo está enorme, setenta y dos pulgadas en un cuarto que tiene doce pies de ancho.”

“Eso suena a pregunta. La casa necesita ventiladores, y voy a necesitar uno en este cobertizo cuando llegue el verano – doctrina de una piedra.”

“Dos pájaros, una piedra. Nomás dilo.”

“Nel.”

“Le das vueltas y vueltas a cada palabra. ¿No te cansas?”

“Nel.”

“¿Algún día vamos a volver con esta manija de la puerta?”

“La voy a dejar ahí un rato. Una oportunidad para armar un desmadre cuando la encuentre defectuosa.”

“Arreglar la chapa antes de que notes que está languideciendo, listo. Y dos, sacar la pata de la boca.”

“¿Languideciendo, eh?”

“Sufrir por el abandono, pues.”

“Entendido, señor diccionario. De hecho aquí hay un punto más grande. Fíjense que nos deshicimos de la estructura del 1099. ¿Saben por qué?”

“Es una trampa.”

“Buen intento, Tusty, pero es la palabra, trampa, la que importa aquí. En realidad no es ninguna trampa. La trampa son los imbéciles que abusan de la práctica sin siquiera saber qué significa, y su 1099 se lastima en el trabajo. La demanda te va a enseñar tu error bien rapidito.”

“Para eso está el seguro de accidentes de trabajo.”

“Un zape aquí no le serviría a la causa, pero por favor métetelo en tu diálogo interno, tengo trabajo de verdad que hacer. Pongan atención. El seguro de accidentes de trabajo no te cubre por fraude, y te van a poner a prueba si presentas una reclamación. Esta es la versión corta. El estado, y por lo tanto el gobierno federal, tienen reglas para esto. Una lista sencilla. ¿Tu 1099 tiene sus propias herramientas? ¿Tu 1099 pone su propio horario? ¿Tu 1099 cotiza sus propios trabajos? ¿Le dices a tu 1099 dónde estar y cuándo estar ahí y cómo hacer el trabajo cuando llega? Y aquí va la gorda: ¿Tu 1099 puede perder dinero?

“Ya lo veo.”

“¿Todo?”

“Si un 1099 no puede perder dinero en este proyecto, entonces el 1099 es un empleado.”

“Así es, Tanner.”

“Órale, quihubo Robby. Ni te oí entrar.”

“Subí caminando con Rusty.”

“A él sí lo oí. Ese es el hoyo en la red. Igualito que la puerta del gato deja entrar a la ardilla en el hocico del gato.”

“Ajá, sí.”

“Ay caray, toda la bola está allá afuera. ¿Quién trae el incienso?”

“Ojalá estuvieran escuchando, muchachos. Este señor tan amable tiene sabiduría.”

“Sí, te oí, jefazo. Cuenta con eso.”

“Este hombre ya estuvo en la oscuridad, probado y enseñado, pa’ que cuando lo manden a sacarlos a todos, conozca la salida.”

“Quién le paga a quién aquí, Robby. Vienes acá a traerme una factura, y en vez me sueltas eso en las piernas.”

Capítulo 38 – lunes, 8 de enero

¿Ese yanqui cree que me quita a mi hijo, le da más de lo que yo tengo pa’ dar, y de repente es el Apá de ese muchacho? Mi muchacho no. Mi muchacho es leal. “Oyes eso, muchacho, tú eres leal.”

Todos mis días vivo en este valle, y me lo gano también. Me lo gano como todos nos criamos – nunca vivo por encima de mi crianza dándome aires, pago lo que debo. Ese yanqui viene acá, pone un excusado en el lodo, se baja los calzones y cree que ya encaja. Él lee el Wall Street Journal, nomás que no puede ser derecho y leer el Sears Robuck. “Muchacho, no me estás vacilando, ¿verdad? ¿Ese hombre tiene un cagadero al sol?”

“Nel, Apá. No estoy vacilando. Dice que tiene que hacerlo. Tiene que encajar.”

No tiene muchacho propio, cree que se queda con el mío. Cody no. Cody es leal como digo. Cody mira y escucha, y ese muchacho llega a la casa y me cuenta todo lo que ve. Amenazar a mi muchacho. ¿Quién te crees que eres? Ahora vas a pagar, recuperamos la hondonada, te vas a quedar con Pedro, otro gran señorón que cree que viene acá y agarra, agarra, agarra, hay que hacerle toda clase de acomodo nomás pa’ que te sientas en tu casa. “Muchacho sal a este porche y dime qué dice.”

“Apá, estoy batallando con este cordón de silicón, no está fácil. Ese hombre tiene razón. Esto se quedó afuera en la helada mucho tiempo.”

“No ayuda que no tienes pistola, apriétalo con un palo. Ese hombre es flojo. Las suelas lisas lo dicen todo. Te dice que lo tires, que ya no sirve.” Vienen acá con sus camionetas de magia negra y sus modos de mucho dinero, le dicen a uno que tire lo que lo hace no necesitar nada aquí y ahorita.”

“Creo que con eso quedó,Apá.”

“Con eso quedó. Dime otra vez qué dijo de por qué te puso esos papeles. Dice que no quiere sentarse en la minicargadora a hacer cheques de nómina, así que te obliga a hacer los tuyos. Dime cómo dijo eso de las horas extra. No puede negarse a pagarte horas extra. Ese es un crimen nuevo ahí mismo.”

Capítulo 39 – lunes, 8 de enero

“Bill.”

“¿Qué carajos?”

“Iba camino al Exxon por cigarros, y vi tu camioneta. Entonces, este es el centro comunitario.”

“Sip. Aquí es donde vas a venir a votar este otoño.”

“Vi este lugar mi primer día aquí arriba. ¿Me enseñas por dentro?”

“No tengo llave, pero lo más importante, si mi prima Emma regresa y tú sigues aquí, te va a tener en la lista de donativos antes de que yo pueda decir, bendito sea tu corazón.”

“Es Stef - - - Hola.”

“Hola. ¿Qué andas haciendo?”

“Ay, compa.”

“¿Tanto así, eh?”

“Y más. Estoy parado en el estacionamiento del Centro Comunitario con Bill Thompson. Y me acaba de caer una avalancha.”

“¿Está nevando allá arriba?”

“Ay, no. Son playas de arena blanca y agua tan clara que puedo ver toda tu aria del domingo. Esa señora que conociste en la iglesia este domingo, es la prima de Bill.”

“¡Ay, caray! Y ahora que lo pienso, deberías quedarte para el recorrido. Stef, ¿vienes?”

“Ni loca, Michael. Sal de ahí. Todavía no estás listo para Emma. Te va a costar mucho más que un cagadero a la orilla del estanque ganarte esa clase de credenciales.”

“Bill, ¿a quién le estás mandando mensajes?”

“Sal de ahí, Michael. ¿Qué no oigo a tu mamá llamándote?”

“Su mamá está muerta.”

“Exacto.”

“Buen intento, Bill - - - Ya estoy en la camioneta. Modo despegue activado”

“Es buenísima. Te lo digo. Pero todavía no está lista para ti, y multiplícala por Bill, y eso es mucha matemática.”

“Ah, chingao. Estaba en la iglesia. Va saliendo por la puerta de enfrente, celular en mano.”

“Ay, hombre. Estuvo cerquísima.”

“O sea, tampoco sería el fin del mundo.”

“No, no es eso. Nomás quiero presentarte – en un ambiente controlado. Tú eres salvaje. Ya estarías hasta el cuello con ese chiste tuyo de insultos de caricatura, y de repente me voy el domingo con mi plato sin tocar.”

Capítulo 40 – martes, 9 de enero

“7:45, y los cuatro aquí antes que yo. Nomás nos falta el tambo de quemar y otras tres pulgadas de acotamiento. Cuatro vehículos estacionados en la entrada, y apenas pude pasar esta bestia.”

“Quihubo, jefazo.”

“Buenos días, Cody.”

“Este Devin.”

“Quihubo, Devin. Bienvenido a bordo. Rusty, ¿quieres que te lleve cerro arriba ya que voy para allá?”

“Ajá, sí.”

“Este, ¿y nosotros qué?”

“Todos ustedes están bien. Nomás que él iba para allá, y lo quería parar.”

“Sí, le entro.”

“Entonces, todos, ¿qué hay en la agenda hoy?”

“Tú eres el jefe.”

“Nel, yo soy el dueño de la casa. Ustedes son los jefes.”

“Bueno, pues, Cody y yo dejamos bien empezada la plataforma ayer, y el puente de tierra está nivelado a lo ancho de la barranca. Se ve un poco bajo, pero cuando la plataforma quede cortada justo arriba de la elevación de la fosa séptica, va a estar nivelado de los dos lados.”

“¿Ya casi?”

“Seguro sacamos toda la tierra y la echamos detrás de la presa hoy.”

“Brazos y manos dentro del vehículo los seiscientos pies completos. Tanner, ¿ya está aislado el cobertizo?”

“Este, Devin ayudó con eso después de que te fuiste súper temprano ayer.”

“Ah, se me ha de haber olvidado checar la salida o algo.”

“Por lo menos avisa. Te estuve esperando toda la tarde.”

“Okey, buen punto. Por lo menos díganle a este bizcochito aquí que ya me voy. Alguien más que sienta la ausencia, necesita una disculpa.”

“Nel.”

“Nel.”

“Yo no.”

“Bueno, Bizcochito. Creo que te toca a ti enseñar tu trabajo – en vez de mi falta de él. Devin ayudó. Sigue de ahí.”

“Devin ayudó con el aislante del techo, y encintamos todas las uniones. El ventilador de techo ya está puesto, y te saca volando del cuarto si lo pones en alto.”

“Así me gustan los ventiladores de techo. Ándale, muchachos, se acabó el paseo. A sus puestos de combate, y yo recorro la obra. Rusty. ¡Esta presa se ve increíble! También me limpiaste un poco mi lugar de estacionamiento, ya veo.”

“Sí, le hacía falta nivelar atrás pa’ no tener que rodear el Hummer con cada carga.”

“En cuanto terminemos las vueltas, de todos modos me voy a estacionar cerca del cobertizo. Podemos rascar un espacio detrás de esa cosa, y no voy a estorbar el trabajo.”

“Este, Tanner. ¿El cobertizo va al día? Desde aquí veo que ayer lo subieron a los bloques.”

“Todo lo de tu lista está hecho.”

“Ustedes estuvieron bien productivos ayer. Vamos todos al tráiler. Un último detalle de logística de la obra antes de pasar a la etapa tres del cobertizo.”

“¿Necesito herramientas?”

“No, Devin, este cuate ya es bastante herramienta.”

“Uy.”

“Entonces, no le preguntes dónde anda.”

“Así es, Tanner, ni mis quéestáshaciendos tampoco. Dicho simple, tú eres su jefe, no el mío.”

“No lo vuelvo a hacer.”

“Ya veremos. Tengo otra tanda de recordatorios en fila para cuando necesites uno fresco. Entonces, lo que vamos a hacer con el tráiler es, mover todas las herramientas a un lado o sacarlas, dependiendo del espacio que se necesite. Lo bonito es que les toca jugar con todas las cosas. Todos trabajan en el tráiler para que todos sepan con qué contamos para trabajar.”

“Ajá, Sí.”

“Esto nos lleva a la lección corporativa de la mañana.”

“Limpieza de primavera en lenguaje de oficina corporativa.”

“Ahí está Devin. Encaja perfecto. El temario es, legal. El tema es la lista de prueba del 1099. Encabezado, ¿tu 1099 tiene sus propias herramientas?”

“Jefazo, tú no diste todas estas herramientas…”

“Bájale. Estas herramientas son parte del tema, pe… a trabajar, muchachos. Esto no es un salón de clases. No necesito ocho ojos pegajosos clavados en mí. Agarren las cosas y pónganlas en los lugares. Necesitamos toda una pared del tráiler libre y despejada para hacer repisas. Cadena humana. Yo canto mientras ustedes trabajan.”

“Pásame primero mis juegos de matraca.”

“Cody comió huevos con tocino esta mañana, se le llenó el cínico y le está funcionando con todos los sentidos, con una sacudida de último nervio para endulzar el trato”

“¡Por el amor de Dios, Rusty! ¡Vete afuera con esa porquería!”

“Te dije que ese muchacho sí sabe echarse un pedo.”

“No hay manera de que sobreviva a esto. No hay manera. Pongan atención, o los encierro ahí con eso. Son exactamente las 7:53. Necesitamos sacar las cosas. Rusty y Cody se vuelven a subir a sus respectivas máquinas – cambien de asiento hoy. Quiero ver a Rusty excavar. Tanner y Devin van a hacer las repisas, y todos se vuelven a juntar aquí para meter las herramientas.”

“Ajá, sí. De todos modos ya estaba harto de dar vueltas.”

“Me da miedo subirme a esa cosa, con lo que se pedorrea. Casi prefiero quedarme atrapado en el tráiler con uno fresco que en esa minicargadora con cien viejos.”

“Entonces el papel tornasol pregunta, ¿tu 1099 tiene sus propias herramientas? La respuesta ahorita es no. Pero, Tanner, hoy empieza el sí. Cuando vayas al Home Depot en la vuelta de la mañana, quiero que le compres a Cody aquí un juego de matraca. Y cada día que vayamos por lo que chingados se nos olvidó la última vuelta, quiero que compres una herramienta nueva para la compañía. Muy pronto ya no vamos a estar llenos de mierda.”

“Entonces, ¿y la pregunta de la autonomía?”

“Uno fresco es lo que se pide. Esos te los voy acumulando. Repitan conmigo, muchachos. No le voy a cobrar de más al señor amable por andar de huevón con este proyecto desechable. Voy a trabajar con diligencia y profesionalismo con la mira en aprenderme mi herramientario y volver al trabajo prioritario tan rápido como sea razonablemente posible.”

“El gato se va. No sean ratones.”

“Devin. Más listo que el hambre. ¿El resto de ustedes tiene algo?”

“Perdón, jefazo. Estaba trabajando ‘n me perdí lo último.”

“Ajá, sí.”

“Tenemos una semana para terminar esto. Luego todos a Hardin Valley dos semanas a empacar. Me voy al excusado. La oficina de atrás me llama.”

Capítulo 41 – martes, 9 de enero

“Hola.”

“Hola.”

“Cada día llamas más y más temprano.”

“Los muchachos están formados, y ya le están dando. Estoy a punto de visitar el trono para las corridas inaugurales…”

“Eres un asqueroso.”

“¡Santo Dios! Los mapaches me ganaron. Espérame, le tengo que tomar foto a esto.”

“¿Los mapaches se cagaron en tu excusado?”

“Espérame.”

“Si me mandas una foto de caca de mapache, le voy a llamar a alguien.”

“Enviada. Entonces, los muchachos ya empezaron. Tengo unos asuntos aparte aquí, y luego al cobertizo para mi primera mañana de oficina desde noviembre. Tengo un lugar para trabajar, Stefanie. Ya no es hospital de campaña al aire libre.”

“Ayyy, mira sus patitas enlodadas. Ya me los imagino, ‘¿qué chingados es esta cosa, Lenny?’ ‘Este cuate nos construyó una estación para lavar comida, George.’”

“Ya lo veo. Pero de plano necesito toallas de papel en la lista.”

“Sí que las necesitas. Montaron toda una obra de teatro ahí anoche.”

“Entonces, el tubo llegó esta mañana.”

“¿Tubo?”

“Sip, los planos de la casa que pedimos llegaron por correo, aventados en la entrada porque no cabían en el buzón, y ya quiero desenrollarlos. Lo siguiente en mi lista es plantar unos triplays y armar una mesa al aventón. Luego tengo que hacer la lista de llamadas en frío a contratistas.”

“¿Ya es tiempo de eso?”

“Tengo planos. Tengo permisos de fosa séptica. Tú no le vas a rogar a Mike Maddron, así que me tengo que mover. También necesito encontrar a alguien que lance concreto a ese muro de banco en el asiento del taller.”

“¿Ya está hecho?”

“Casi. Luego necesito tubos de alcantarilla para el vertedero. La presa se ve increíble reparada. No me había dado cuenta de qué tan grande y hondo estaba ese deslave. Literalmente había abierto un hoyo en la parte de atrás hasta el pie de la cosa.”

“¿Se va a derrumbar?”

“Seguro que sí en unos cuantos años. Hasta ahorita le hemos echado varias cargas de volteo de escombro. Cuando movamos el tubo del vertedero, queda lista.”

“¿Por qué sacaste otros quinientos esta mañana?”

“¿Me estás auditando?”

“No, Michael. Los reportes SAR son algo real. Si apareces en nuestros archivos, yo tengo que dar respuestas.”

“Eres investigadora fiscal del estado, Stef.”

“El escritorio de Phil, Michael.”

“Hay cosas que nomás se pagan en efectivo.”

“Está bien, lleva notas.”

“No tengo que hacerlo. Las facturas me dicen lo que pasó cada día. Si alguien llega a preguntar, cruzo los retiros con las tareas del día, y ya tengo la respuesta.”

“¿Cuál es el sabor de hoy?”

“Saqué efectivo para que Tanner pueda comprar una herramienta cada vez que vaya a Lowes.”

“¿Y eso a qué viene?”

“No la puede registrar como activo de su compañía si la compraron con mi tarjeta de crédito.”

“Eso definitivamente es evasión fiscal.”

“No, Stef. Las herramientas no son deducibles. Es Escalonamiento. Literalmente. Lo voy a poner a comprar una escalera.”

“No eres chistoso.”

“Todo listo, jefazo.”

“Quihubo, Cody. No te vi subir. Engrasa las máquinas. Ahorita voy para allá.”

“De todos modos ya me tengo que ir. Lleva notas, Michael.”

“Te quiero.”

“Más te vale.”

“Qué lindos.”

“Cállate, Rusty. Cody, ¿ya quedaste instalado con esa computadora anoche?”

“Tanner la dejó, pero Lonnie la agarró primero, y la tiró, de entrada. La pantalla está rota.”

“Chin. Es martes, compa. Tienes que pasarme las facturas para que yo haga el depósito, y el banco te pueda pagar el viernes.”

“Puedes nomás pagar en efectivo. Seguro a nadie le importa.”

“No es tan sencillo, Cody. Si nos saltamos una semana de nómina en el banco, todo se vuelve a desfasar, y tenemos que volver a encarrilarnos.”

“Perdón.”

“Sí, el perdón cuenta. Pero los accidentes pasan. Nomás que tienes que decirme estas cosas para que yo me encargue.”

“No es tu responsabilidad. La compañía es de nosotros.”

“Okey, ¿le dijiste a Tanner?”

“Se me olvidó.”

“O sea que no llamaste anoche, avisarle a alguien. Se te olvidó esta mañana. Qué bueno que me puse sociable contigo, o no tendría tiempo de soltar todo lo de mi agenda para una vuelta al Walmart y pasarme lo que queda de mi día con Tanner instalando todo otra vez en la computadora nueva.”

“Podrías nomás pagar en efectivo esta semana.”

“Cody --- Nomás súbete a la máquina.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Tú otra vez? Creí que había bloqueado tu número.”

“Esa es la única cuenta a mi nombre. Necesitas mi permiso para bloquear mi número.”

“Así no funciona.”

“Sí, ando distraído.”

“¿Es el Hummer lo que oigo de fondo?”

“Es silencioso, mi amor.”

“No cuando la ventana de fumar está abierta.”

“¿Extrañas algo?”

“Nel. Y ese retiro más reciente de quinientos dólares, esta vez en el Region’s de Chapman Highway, junto con tu voz, y mi confusión porque esperaba que llamaras reclamando mi espacio de oficina ahora que lo ves en los planos, y me imagino que algo pasa.”

“Lonnie tiró la computadora anoche. Rompió la pantalla. Necesitaba ir por una nueva rápido para que puedan meter la nómina y les paguen el viernes.”

“Michael. Pagaste en efectivo la computadora de ayer. Ellos tienen un recibo de una computadora. Qué importa si tienes que reponer cien, no necesitas usar efectivo cada vez.”

“¡Ay, Dios! Esta me agarró en las prisas. Andaba echando chispas por todos los ánodos, grandes planes de estrenar el excusado, y en vez me salió esta mierda.”

“¿Por lo menos compraste las toallas de papel?”

“¡Mierda!”

“Tanner. Se me olvidó avisar que me iba, pero no soy el único culpable en tu pedagogía-de-días-con-aprietos.”

“Qué - - - pedagogía. Una nueva. A ver.”

“La ciencia de enseñar.”

“¿Entonces no sería esa tu palabra, y la mía sería curso o lección?”

“Aquí estoy ponchado. Tres conversaciones, y me están dando una madriza en oleadas cada vez más grandes.”

“¿Es una laptop nueva?”

“Bueno, esa es mi balsa salvavidas y tu ancla. Dejaste la computadora anoche, ¿verdad?”

“Sip, Cody y Meghan estaban en el Seymour Grill con el bebé, así que se la di a Lonnie.”

“Pues, la cadena de custodia se cayó. Lonnie de alguna manera rompió la pantalla antes de que Cody siquiera la recibiera.”

“¿Y te lo dijo a ti, no a mí?”

“En realidad no le dijo a nadie. Estaba a punto de enseñarle cómo hacer facturas con detalles para que yo pueda encontrar los hechos después, y el vato me lo dice, casi como un fallo sináptico. Como si hubiera querido decir algo totalmente diferente – que sospecho es que quiere que le paguen en efectivo porque me acuerdo de haber platicado todo este sistema enfrente de él, y dijo dos veces que yo podía nomás pagar en efectivo el viernes.”

“Entonces instala la computadora para que les paguen el viernes.”

“Y tope máximo de tres quejas en todo esto. Ya estoy lleno, y una queja de más revienta la presa.”

“Me parece justo.”

“Empieza con las horas de esta semana. Hay una regla en los negocios; no la rompas nunca. Al hombre se le paga el día de pago. No me importa si tienes que empeñar tu C-Pap, te pones a empeñar y pagas el día de pago.”

“Mi antiguo jefe…”

“Hermano. Ya lo he oído todo. Una regla. Sin excepción. El hombre trabaja, al hombre se le paga. Punto. Jefe viejo, jefe nuevo, igual que el jefe viejo, a mí no me importa. Tú, jefe, pagas el día de pago. Ahora, ¿qué ibas a decir?”

“No podría estar más de acuerdo.”

“¿Qué puedo hacer para ganarme ese dinero?”

“Quihubo, Devin, ¿de dónde saliste?”

“Estaba ayudando a los muchachos – me pusieron a sostener la cosa esa de la regla de medir.”

“¿Estaban tirando nivel?”

“Sí, eso.”

“¿Ya le atinaron?”

“Parece que sí. Dijeron algo de siete pulgadas y me dijeron que me viniera para acá.”

“Medio pie del nivel. Eso fue rápido. Tanner. Toma este número de teléfono. Es un cuate de concreto lanzado que encontré en Facebook. No me dejes olvidar que Stef le llame hoy - - pensándolo bien, dámelo ahorita. Le voy a llamar. Instala a Devin donde te quedaste aquí adentro.”

“¿Quieres la nómina terminada?”

“Voy a tener las dos cosas. Así es esto. Yo ladro, tú entregas el paquete.”

Capítulo 42 – lunes, 15 de enero de 2024

“Feliz lunes, caballeros. Casi todos ustedes conocen a Stefanie. Stefanie, este es el chavo bueno, Devin.”

“Hola, Devin.”

“Tanner y yo vamos a ir por un tráiler. Ustedes, chamacos, sigan las indicaciones de Stefanie. Y no se hagan güeyes. La presa está tapada y esperando. Nos vemos.”

“Te quiero.”

“Yo también te quiero.”

“Okey, muchachos. ¿Alguien quiere hot cakes?”

“Pues, Sí.”

“Ajá Sí.”

“¿Con moras azules?”

“Claro, Devin, no son hot cakes sin moras azules.”

“Yo los quiero sin.”

“Sí.”

“Okey, dos con, dos sin. Mientras hago eso, vayan a aquel cobertizo de allá y empiecen a sacar todas esas cajas que empaqué.”

“¿Como aquí?”

“No, pónganlas allá afuera en el porche. Les grito cuando estén listos. Devin, tú vienes conmigo. En la sala, tienes que terminar de envolver y empacar esos platos y meterlos en cajas.”

“Bro, te dije que él es rico.”

“¡A las morras les encantaría esto! ¡Ese muelle está chingón!”

“Yo nomás quiero ir a pescar.”

“Apuesto a que ni tiene caña.”

“Seguro tiene diez.”

“Mañana traigo una.”

“Cody, ese hombre no te va a dejar pescar, y estamos a mitad de enero.”

“¿Y eso qué? Los peces siguen siendo peces. Tienen que comer, igualito que nosotros.”

“¿Cómo le hizo pa’ meter todas estas cajas aquí?”

“Bro, mira en esta. Son puros aretes todavía en la tarjeta de la tienda. Deer-View Design Company. Y a mí me dice ratero. Su vieja tiene cajas de cosas robadas.”

“Sal de sus cosas, Cody. No es asunto tuyo qué hay en esas cajas.”

“Esta tiene collares de cuentas.”

“¡Cody!”

“No, hombre. Este hombre me dice ratero, ‘n aquí está con un cobertizo lleno de mercancía robada.”

“Cody, deja de abrir esas cajas. Yo ya llevo cuatro en el porche, y tú ahí sentado de nalgas, de compras.”

“Bueno, ¿y por qué no? Ella se los robó, ¿por qué yo no puedo agarrar una o dos cositas brillosas pa’ las morras?”

“Cinco cajas, Cody. Todo el cobertizo lleno. Vámonos.”

“Sí, sal tú un segundo. Ahorita voy detrás de ti.”

“¡Muchachos! Hot cakes.”

“Están buenísimos, Stef. Muchísimas gracias. Las moras están perfectas.”

“Sí, bien crujientes.”

“Cómo les haces pa’ que queden esponjaditos así ‘n crujientes también.”

“¿Tú cocinas, Cody?”

“Pues, no. Pero le puedo decir a Meghan.”

“Es nomás Bisquick. Lo exprimes en el sartén y lo cocinas. Cuando terminemos, voy a ir al cobertizo antes de que empaquen las cajas. Tengo un montón de aretes y collares y cosas que hago y vendo en ferias de artesanías. Ando súper ocupada últimamente, y no he --- en fin, hay seis señoras allá afuera a punto de recibir un par de bolsas de botín.”

“No tienes que hacer eso.”

“Lo voy a hacer. Y Michael no es de por aquí, pero yo sí, y yo también sé cómo subirle. Ni uno solo de ustedes sabe cómo quitarle el orgullo de su propio camino, así que el plan es que Rusty escoge el botín de Cody, y Cody escoge el botín de Rusty – Devin, ¿tienes novia?”

“Sí tengo.”

“¡Siete muchachas! Entonces es fiesta.”

“Esta es una casa preciosa, Stefanie.”

“Yo nomás estoy contenta de que nos vamos.”

“Ándale, ¿por qué? Ha de haber cien cuartos aquí.”

“Y ese muelle. A mis morras les saldrían agallas allá abajo.”

“Ese es el problema, no el muelle, los cuartos. Usamos tres, y estoy bastante segura de que no son cien.”

“A lo mejor hay un par escondidos que no has encontrado.”

“A lo mejor. Este cuate construyó un búnker abajo.”

“Nel. No es cierto.”

“Sí es cierto. Dice que va a construir uno en la casa nueva también.”

“¿Ónde está?”

“Vengan, les enseño.”

“Estás mintiendo”

“Una dama nunca miente, Cody. Bromeamos. Atormentamos. Pero nunca mentimos.”

“Mi vieja miente.”

“Okey, mentimos. Los humanos mienten. Mucho. Es la más humana de las condiciones humanas. Pero un caballero nunca la exhibe – no frente a extraños.”

“Menos con la poli. El vecino llama por un pleito, y si no señalas que ella miente, ya estás en el bote antes de poder sacar el número del fiador de tu celular.”

“Eso se puso feo rápido.”

“Ajá, sí.”

“Esa es mi hermana. Cody tiene razón. Ella miente.”

“Nunca una bajada de escaleras le quedó tan a la medida al tono de una conversación.”

“¿Ah?”

“Este es el cuarto de Medios.”

“Lo sabía. Ustedes son famosos, nomás que yo no los conozco. Tienen todo un cuarto nomás pa’ recibir a la prensa.”

“Eres un idiota, Cody. Quiere decir cuarto de la tele.”

“Nomás estaba bromeando, Rusty.”

“Nomás quiero decir, esa barra está más grande que The Chatterbox en Chapman. En serio.”

“Esa venía con la casa cuando la compramos. Mi plan era arrancarla, y Michael quería que fuera un área de barra de desayuno multigeneracional. Le pusimos esa parrilla, y nunca quitamos la contrabarra.”

“Mejor que la banda de Dupont no vea esa barra, nunca te volverían a saludar en el pasillo de la cerveza.”

“¿Cómo sabes que fui a Dupont?”

“Los cerros tienen eco.”

“Oídos de Dios.”

“¿Aquí abajo también hay recámaras?”

“Sip. Pasen derecho por esa. Ese era el muro de cimentación viejo. Lo cortamos e hicimos todo este segundo sótano --- ándenle. Encuentren el búnker.”

“Bueno, aquí está.”

“No. Esta es la parte normal. Lo raro está escondido.”

“Siempre lo está.”

“Oídos…”

“Ni te atrevas. Ni loca. No vas a lastimarle los oídos a Dios.”

“Güey, ya los tiene en el sótano anexo.”

“¿Anexo?”

“Lo que sea. Los tiene buscando la puerta del búnker.”

“Eso estuvo bien loco. Yo nunca la encontré, y me pasé horas allá abajo sacando las herramientas.”

“Es un buen escondite. La repisa a plena vista funciona.”

“Es eso, pero todo el cuarto hace el disfraz. Si no fuera un cuarto lleno de repisas hasta en medio, las repisas a lo largo de la pared – yo la habría encontrado.”

“Fue un escondite divertido. Cody ya está afuera asomándose.”

“No la van a encontrar.”

“Devin la tocó. Jaló la repisa. Qué bueno que puse el perno. Normalmente no lo dejo ahí.”

“Qué lata estirarse y sacarlo cada vez – ya de por sí tienes que abrirla, pero luego está el lector de huellas. Ojalá estuviera ahí para verles la cara cuando vean eso.”

“¿Es en serio? ¿Una puerta escondida y un búnker?”

“Te diría, pero tendría que conseguir un descuento.”

“Ya de por sí estoy perdiendo dinero.”

“Tanner, si me dieran un níquel por cada dólar que este hombre dice que pierde, me llevaría la camioneta y el tráiler gratis.”

“No me caería mal una camioneta nueva.”

“Pues, busca al primo de este cuate. Negocio familiar eso de perder dinero en lo que venden.”

“Lo digo en serio. Te puedo enseñar la factura.”

“No, no me enseñes tu chanchullo de impuestos, mi esposa es de Hacienda, y ya tengo bastantes problemas sin ser tu cómplice después del hecho.”

“Ahí te agarró, Tom.”

“Oye, cállate allá. Yo soy el que se trajo un palero. Tom aquí está solo. Baila, Tom.”

“El cuate es diferente, Tom. Aguas.”

“Él lo ve, Tom. Tanner lo ve. Ándale. Saca el lápiz afilado. Los precios con crayola no me funcionan.”

“¡JAAAA! ¡La encontró!”

“¿Oístes eso? La encontraron.”

“Espérame --- Mi amor – ¿me oyes?”

“Te oigo. ¿Me oyes?”

“Se oye un poco cortado, pero bastante bien. Cody, buen trabajo encontrando eso.”

“Sí, Estaba bien escondida. Está chingón que tienes un lector de huellas aquí.”

“Oye eso, Tom. El cuate tiene un lector de huellas en su búnker. Ya es hora de rendirte.”

“Mi amor, dile a Tom aquí que acepte el cheque. Lo hice por seis mil, y este cuate cree que me va a sacar siete cincuenta con el cuento de la factura.”

“No es tu mejor jugada, Tom. Él se come esa por diversión. Ya compró cuatro carros este año.”

“Y este es mi tercer tráiler aquí este mes.”

“Ese Hummer es uno de ellos, ¿verdad?”

“Sí.”

“Le entro con los seis.”

“También necesito un enganche de bajada y la bola de regalo. El Hummer está a dieciséis pulgadas del suelo.”

“¿De regalo?”

“Sip.”

“Está bien.”

“Aquí está el cheque, Jeeves. Me voy a la casa. Engánchalo a tu camioneta y sígueme.”

“¿Acabas de pedir un enganche de regalo, y ni siquiera lo vas a jalar tú?”

“Sí, Tom. Así es. Gracias por recordármelo, hombre. --- llego a la casa en diez, mi amor. Te quiero.”

“Te quiero.”

“Ándale, Tanner, échalo de reversa entre los dos cobertizos. Tenemos que cargar las cajas primero para que los muebles vayan arriba y que cuando lleguemos a la bodega los muebles salgan primero y las cajas encima de esos.”

“Buen ojo, Stef.”

“Fácil. Me imagino que va a estar ahí un año, y voy a necesitar cosas. Mejor planearlo de una vez.”

“¿Hot cakes, eh?”

“Sip. Y a ti no te tocan. Tanner, espérate con esa caja. Les di a los muchachos unas cosas para sus señoras. Te aparté algunas a ti, y además le escogí a ella algo especial como regalo de compromiso.”

“Tú tienes esto bajo control. Me voy abajo a organizar las cosas para la etapa dos. Diles que me traigan el tráiler cuando terminen.”

“Ni loca. No va a quedar ni un rincón libre cuando yo termine con él. Vamos a descargar en la bodega, y luego te lo quedas.”

“El cuate compra un tráiler, y ella se lo gancha de debajo de las narices.”

Capítulo 43 – martes, 16 de enero de 2024

“Día dos, muchachos.”

“¿Hot cakes?”

“Hoy no. La Chef Chowder anda embargando la caja registradora de la competencia mientras hablamos. Cumplimiento a punta de placa.”

“A lo mejor nos podría embargar unos huevos con tocino.”

“Devin ataca de nuevo. Pero vas por buen camino. No he comprado desayuno en casi una semana. Voy a pedir Uber Eats.”

“Yo quiero….”

“Ícaro, yo me encargo.”

“Stefanie es más amable.”

“Ve a la academia de policía, trabaja las calles, gánate una placa de detective después de años de clases opcionales y luego una ráfaga de clases a propósito. Entrevista a cien mil mentirosos, y entonces sí te puedes ir a desayunar con ella.”

“Yo lo que sea.”

“Y esos hot cakes, esos fueron tu advertencia Miranda, chavo. Ojalá hayas tenido el sentido común de invocarla como se debe. Ella se pasa de largo el creo que quiero un abogado.Pobre Cody aquí, móvil, medios y oportunidad y demostró lo que aprendió. Esta vez tuvo el sentido común de regresar esas joyas de plástico a la caja, pero no se aguanta las ganas de encontrar el perno en la puerta.”

“---”

“A todos les tocan huevos con tocino y pan francés. Entonces este es el día. Llenen este tráiler con las cajas de ayer. Rusty y Cody lo llevan a la bodega y Tanner y Devin siguen empacando el taller.”

“Y no vuelvan a escupir tabaco por mi ventana. No quiero esa porquería escurriendo por mi puerta.”

“Ándale. Entonces traigan vasos pa’ escupir.”

“Y no los dejen en el portavasos.”

“Okey, Tanner. Gracias por dejar que los muchachos se lleven tu camioneta. Muchachos, no sean unos pendejos irrespetuosos. Nada de paseos de cubeta con el sabor.”

“Entendido, jefazo.”

“Tanner, llévate a Devin al taller. Vas a encontrar treinta cajas de plástico rojas listas. Quiero que los dos empaquen hasta la última herramienta de mano de ese taller. Cuidado de no meterle demasiado peso a ninguna caja para que no se aplaste en el tráiler.”

“Entonces, ¿quieres que mantenga los grupos?”

“Eso va a pasar solito. Ya verás. Etiqueta las cajas con el marcador que te dejé allá afuera. Cuando regresen los chamacos, tú y yo vamos a ir a comprar otro tráiler.”

“¿Me estás cotorreando?”

“No, Los necesitamos para la obra. Ahorita no te puedo explicar. Le llamé al cuate del concreto lanzado, y me contestó por mensaje. Dijo que le volviera a llamar a las diez. Tengo que hacer eso, y tengo que pedir el desayuno. Empiecen.”

“Es bien intenso, ¿verdad?”

“Cuesta mucho acostumbrarse.”

“Pero no como lo describe Cody.”

“A Cody no le cae muy bien.”

“Repítelo dos veces.”

“El cuate es rápido. Ahora te tiene torciendo palabras. ¿Te gusta Elton John de casualidad?”

“¿Country Comfort? No puedo creer que les tengas confianza para prestarles tu camioneta.”

“Decidí hacerlo en cuanto él no me dejó otra opción.”

“Ya veo. Intenso.”

“Tú vives con tu mamá, ¿verdad?”

“Sip.”

“¿Por qué Cody y Meghan viven con Lonnie?”

“No sé. Ese lugar es un chiquero. Y me acuerdo que con los años Lonnie siempre estaba a punto de que lo desalojaran. Es como si Mamá estuviera manteniendo a toda esa familia.”

“¿No te cae bien Cody?”

“Sí me cae. Se gana la mala fama, pero es listo. Me ayudó a entender muchas cosas cuando íbamos creciendo. Él capta cosas, como cosas fuera de lo normal. Pero las encamina a provocar.”

“Eso es mucho metido ahí.”

“Cody es mucho. ¿Te acuerdas del último año de prepa?”

“No de la manera que parece que quieres decir. Conocí a Emily en el último año, así que estaba – en otro mundo.”

“Ustedes dos se acaban de comprometer, ¿no?”

“Sip.”

“Este trabajo te hace bien. Le podría hacer bien a Cody también, pero es como el último año de prepa. Wiggins andaba encima de él. Parecía que todos los días lo tenía contra una pared o en su oficina, él retorciéndose. Oí mucho, y ella le preguntaba constantemente por qué hizo esto o por qué no hizo aquello todo basado en él como si estuviera saboteando su propia graduación.”

“¿Crees que no se graduó nomás pa’ fastidiar a Wiggins?”

“No que lo crea, pero como que es posible. Es rencoroso – pero sin motivo. Nomás porque el rencor existe, por eso. A eso me refería con lo de prestarle tu camioneta.”

“Uf, te entiendo, rencoroso.”

“Chin, eso fue rápido.”

“Fue fácil, igual que todo en The Drip. Le llamo a un cuate, y el cuate llega. El único miedo es si los deseos se acaban después de tres.”

“Entonces, ¿viene la semana que entra?”

“No, hombre. Viene mañana a revisar el muro. Dice que puede colar el lunes si estamos listos.”

“Órale, eso sí es rápido.”

“Dice que necesitamos por lo menos dos camiones y medio llenos de concreto. Hay que subirlos por el camino pasando la reparación de la entrada. Y ahora tenemos una misión secundaria. Conseguir piedrotas. Reforzar ese desnivel del lado alto y endurecer el parche del deslave.”

“Piedrotas, grava, listo.”

“Mi camioneta está hecha para esa clase de camino, así que no me doy cuenta. ¿Cómo se siente en el Reading?”

“Está duro, pero paso bastante fácil.”

“O sea, ¿brinca mucho?”

“Este, La verdad nunca me fijé.”

“Lo podemos probar si los muchachos regresan la camioneta aquí y no al deshuesadero.”

“Mi carro brinca un chingo. De hecho se le cayó el alerón de abajo de la defensa – si ahí es donde está el deslave.”

“Arregla eso y pásame la cuenta, Devin. No puedes venir a un trabajo a pagar las reparaciones que causa el trabajo.”

“Ya lo tiré. De todos modos ya estaba harto de que raspara en los topes del estacionamiento.”

“No hay bronca. Última oportunidad para el desayuno. ¿Huevos fáciles están bien?”

“Eso esperaba.”

“¿Tanner?”

“Por mí está bien.”

“No te preocupes por tu camioneta, compa. Es rencoroso, y vive de poder negarlo todo, pero creo que necesita motivación para pensar tan duro, y tú no le caes mal.”

“Parece que Stef ya volvió de su redada.”

“No es redada. Es un recordatorio del fisco con la bota en el cuello. Paga, o te robamos todos los días.”

“Una vez estaba en un restaurante mexicano cuando entraron e hicieron eso a la hora de la comida. Da escalofríos.”

“En realidad no es su departamento. Eso es Cumplimiento, pero van en bola, así que hay varias agencias en la jugada, lo que hace que todo sea puro teatro desde mi punto de vista.”

“Cerraron el lugar con candado. Una señora estaba comiendo con su familia, y se negó a irse. Fue todo un show.”

“Hola.”

“Hola.”

“Gracias por el mensaje.”

“No hay de qué.”

“Entonces tomé prestados a tus muchachos aquí en el taller. Los otros dos andan fuera con la primera carga. No puedo creer cuánto trabajo les sacaste a estos cuates ayer. El tráiler salió retacado y la caja de la camioneta llena, y todavía tienes todo un equipo listo y esperando.”

“Buen intento. No.”

“No se te pasa ni una.”

“Este, entonces, ustedes dos hablan con saludos secretos. Mensajes, no’s.

“Ella me avisa cuando va a entrar a algo y cuando sale. Y el no era si me puedo quedar con ustedes muchachos aquí.”

“¿Entonces eso es un sí a trabajar otra vez hoy para la amable?”

“Es un sí, y seguro también se va a llevar el crédito por mis huevos.”

Capítulo 44 – miércoles, 17 de enero de 2024

“Matt Ayers.”

“Quihubo, Matt. Mucho gusto.”

“eso está mucho más chico de lo que se veía en la foto”

“Lo minimizaste. Ese es un enfoque nuevo. Me gusta.”

“¿Esperabas una limpiada de frente?”

“Por lo menos.”

“Vamos de un trabajo al siguiente con este equipo.”

“Cuando vi la parrilla asomarse por arriba del cerro, me quedé de a seis. Luego vi el tráiler de la bomba, las mangueras guardadas en los racks de los lados. Aunque no hubiera otra razón, tú eres mi gallo. Trata de no salir con un precio de la chingada, y tenemos trato.”

“Nel, esa no es una troca con rotulado de vinil brilloso. Que el de los zapatos lisos y las camisas planchadas juegue al juego del precio. Lo digo. Lo sostengo. Y lo hago por eso.”

“Dilo.”

“Catorce mil dólares.”

“Trato hecho.”

“¿Lo vas a tener listo el lunes?”

“Garantizado absolutamente.”

“¿Qué tienen para esa parte fea del camino?”

“Vamos a conseguir unas piedrotas para ponerlas a lo largo del lado alto y que detengan un enrocado y grava gruesa que vamos a echar.”

“¿Ya han subido camiones de concreto por aquí?”

“Tú eres el primero. No faltan volteos de roca de tres ejes, pero los camiones de concreto son de otra magnitud – creo que necesitas descarga frontal.”

“Sí, yo estaba pensando lo mismo.”

“Aunque, te vas a instalar donde estás estacionado ahorita, ¿verdad? ¿Tienes suficiente línea para eso?”

“Tengo trescientos pies. Medí a pasos doscientos cincuenta hasta acá atrás. Es buen margen.”

“Si vienen con descarga trasera, pueden subir el cerro de reversa, y eso estabiliza la carga para el empuje.”

“Buen punto. USA Concrete tiene los mejores choferes por aquí. Los que menos se quejan”

“Apuesto a que eso importa en tu lado de la manguera. Yo, pago, ellos se van. Teníamos una compañía que se llamaba Sequatchie allá abajo en el valle, y una vez me le puse cara a cara a uno de sus choferes.”

“Qué raro que quebraron – bueno, cerraron, pues.”

“Entonces, el lunes. Voy a seguirle.”

“Siguiente Trabajo.”

“Hola.”

“Amor.”

“¿Andas en malos pasos?”

“Siempre, pero esta vez no. Nomás llamo – llegó el cuate del concreto lanzado.”

“¿Algún sentido arácnido?”

“Nelson. No hizo falta palero. Seis vueltas dadas, y el trato es catorce mil. Empieza el lunes.”

“¿Eso está bien?”

“Dos camiones y medio cuestan como siete mil al menudeo, así que son siete y siete.”

“Tragos mezclados.”

“Ja, sí. Le voy a decir a Emma.”

“Te comería vivo.”

“Puedo ser bastante encantador.”

“Te mandaría decapitar en minutos.”

“¿Y qué tal ese equipo de quemados que estás rentando?”

“Ay, qué bueno que preguntas.”

“¿Tan mal?”

“Para nada. Todos son unos perfectos caballeros. No tengo ni la más delgadita, nublada, primera idea de ojo de pescado de por qué andas tan agotado cualquier día. Llegaron treinta minutos antes. Me compraron un chicken biscuit del Chik Fil a y chiflan mientras trabajan. Tanner fue por el tráiler que pediste – tres tráileres cerrados en una semana, de ti no puedo hablar tan bonito como de ellos – Los muchachos han estado empacando una caja tras otra. Parecen las murallas del castillo allá en la cochera. Y otra cosa, tu canoa de pendejo se estaciona afuera esta noche. El lugar está lleno.”

“¿Y tu lugar?”

“El mío está bien. Gracias.”

“Nomás que los muchachos andan con su mejor comportamiento.”

“Nel. Cambio de liderazgo.”

“¿Cómo va el empaque?”

“Ellos hacen todo.”

“Te oyes muy animada para alguien que hace tres días andaba pegando de gritos por la vajilla de Mamaw.”

“Se lavan las manos para desayunar, y yo no los congelo casi hasta matarlos como tú, tirano.”

“Disfruta el sabor. Los necesito de regreso para el trabajo de verdad.”

“Tienen casi toda la casa empacada. Tres cargas se fueron a la bodega hoy, y metieron todo tu taller en el tráiler que Tanner se va a llevar a su casa esta tarde para entregarlo en The Drip mañana en la mañana.”

“¿Entonces un día más?”

“Dos para ir a la segura.”

“Aquí también tenemos asuntos de seguridad. Prometí el lunes. Necesitamos un día para arreglar el camino y seguro un día para limpiar y alistarnos en el sitio del muro. La presa babea más que un San Bernardo.”

“Suerte con eso. Son míos. También ya decidí lo otro.”

“¿El departamento?”

“Sí, no me siento segura ahí. Lo de Amy hubiera estado padrísimo, pero queda demasiado de la oficina, y ese departamento – no es buena colonia, pero Karen no deja de decirme que me regrese a la casa.”

“Ay, chingao.”

“Ni se te ocurra. Ni se te ocurra hacerme un Bill completo de meter cizaña con su Ay, chingao por delante.”

“Es que – es un te lo dije, mi amor, un te lo dije. No me tocan muchos de esos.”

“Nop.”

Capítulo 45 – viernes, 19 de enero

“¡Buenos días, muchachos! Bienvenidos a casa.”

“Ajá.”

“Pues.”

“Qué gacho.”

“Nop.”

“¿Nop, dices?”

“Hogar es una cama calientita – o por lo menos un hotcake de mora azul calientito.”

“Ya. Queremos que vuelva Stef.”

“Está peor que eso porque ni siquiera les toca el Michael tranquilo y paciente para llenar el hueco. Directo al grano. Rusty, Cody. Engrasen las máquinas, échenles combustible y limpien ese terreno del pad. Asegúrense de que las banquetas escurran el agua – eso quiere decir palas, Cody. Tal como lo prometí.”

“Tanner y Devin, agarren la cinta de rollo y bajen al tramo feo para medir y sacar los materiales.”

“Son las 7:57. Nos quedan tres minutos.”

“¿Quieren un padre? ¿Últimos deseos?”

“No. con paz está bien.”

“Un momento de silencio.”

“---”

“Se acabó el tiempo. Hasta pudo haber funcionado, la neta. Estoy bien orgulloso de ustedes. Stefanie dijo que estuvieron chingones y que se portaron chingón con ella. Vámonos sobre este día.”

“¿Quieres la cinta retráctil de rollo, o la láser?”

“No había pensado en la láser. Agarra las dos.”

“Va.”

“Conforme vayamos avanzando, voy a ir diciendo unas cosas. Devin, toma notas. Son detallitos que tenemos que tener bajo control. Como estos arbolitos chuecos y árboles medianos. Están enredados y hechos un desmadre, y hay que limpiarlos. Este zarzal donde metimos el camino justo por en medio – este lado, en el patio de maquinaria, hay que tumbarlo con la desbrozadora, y ese lado del camino hay que cultivarlo.”

“¿Cómo cultivas un zarzal?”

“Tumbas todas las cafés.”

“¿Estás diciendo que nos metamos ahí a escoger todas las cafés y matarlas?”

“Pues sí, más o menos. Vas a tumbar verdes también de pasada, pero la idea es sacar las cafés.”

“¿Y tenemos que hacer todo esto para el lunes?”

“No. El trabajo de hoy es reforzar el tramo feo en la parte alta del camino. El lunes va a haber camiones de concreto y trabajadores y el primer proyecto comercial de este terreno.”

“Este, ¿y dónde se van a estacionar todos esos vehículos?”

“Eso es lo otro que tengo en mi lista. Necesitamos lugares para estacionarse que no estorben, para que las cuadrillas contratadas puedan pasar.”

“Nosotros somos cuadrilla contratada, ¿sabes?”

“Ustedes son familia.”

“Yo no vuelvo a agarrarme de las manos, Michael.”

“Claro que sí, compa. Ándale, dame la mano.”

“Ustedes dos están bien raros.”

“Tanner, tienes la mano bien suavecita. ¿Seguro que trabajas en construcción?”

“Voy a necesitar más hotcakes.”

“Le voy a decir a tu esposa.”

“Okey. Aquí, toda esta ladera estaba deslavada cuando llegué – bájenle por si los vecinos están dormidos.”

“No estamos dormidos.”

“¡Ay, hola!”

“Perdón por asustarlos. Era un momento tan tierno que no quise interrumpir.”

“Suéltame la mano, Tanner.”

“Nop.”

“Parece que te tiene bien agarrado, Michael.”

“¿Cómo sabe mi nombre?”

“Soy Betty. Supongo que fue un poquito atrevido – cada vez que ustedes los hombres están aquí abajo trabajando en el camino - “

“¿Hacemos mucho ruido?”

“No, para nada. Nomás que en todos estos años, solo Charlie y Bobbie suben a ver su lugar, Bobbie pinta, ¿sabe?, Es una pintora preciosa. Pinta todas esas flores silvestres de allá arriba. Su obra está colgada por toda la escuela de enfermería de UT… Ya estoy hablando de más.”

“Para nada --- Suéltame la mano, Tanner.”

“Ni loco.”

“Tanner Haggard, suelta a ese hombre.”

“Sí, señora. Aunque no quiero.”

“No has cambiado nadita. Sigues siendo uno de mis muchachos favoritos. Claro, yo me jubilé ese año, así que todos ustedes son mis favoritos. Yo sabía que ibas a llegar a ser alguien. Ya tienes tu propio negocio.”

“¿Cómo?”

“Tú y Cody Norman estaban allá a la orilla del camino, poniendo ese buzón, y yo oigo todo desde mi porche aquí.”

“Esa malla la esconde bastante bien.”

“A la vista de todos, Tanner. Puertas abiertas como siempre.”

“Bueno, ya los dejo que vuelvan a trabajar, pero un día de estos, Michael. Usted y Stefanie nos deben una visita de vecinos nuevos.”

“Sí, señora. Le digo a ella ahorita mismo, y bajamos a presentarnos como se debe.”

“Nos encantaría.”

“A nosotros también.”

“Tanner, muévete.”

“Sí, señorita Betty.”

“Okey – tenemos que medir y planear esto, y luego necesitamos piedrones.”

“¿O sea, piedrones?”

“Sí, tenemos que reforzar este desfiladero, y no podemos hacer una mole de concreto grandota y fea – no hay tiempo para eso, y la señora….”

“Wiggins. Ella prefiere señorita Betty.”

“La señorita Betty se merece una vista más natural desde su porche.”

“¿Esta servidumbre es terreno de ella? – dijiste que era de este rarito.”

“Es de él. ¿Por qué le dices rarito?”

“Larga historia.”

“¿Lo conoces?”

“No. Nunca lo he visto. Es una larga historia.”

“Ya. Entonces necesitamos piedrones de paisajismo bien grandotes. Vamos a escarbar el costado de este cerro, le damos tantita pendiente, y lo blindamos con los piedrones. Y usamos la tierra para levantar el camino hacia este lado, le ponemos rip rap a la tierra, graduamos la piedra hacia abajo – de dos pulgadas, de una, y al final la de tres cuartos. Los piedrones aguantan el lodazal. Las capas por tamaño de piedra drenan el agua que escurre de este cerro, y tenemos un camino por donde pueden pasar camiones de concreto de sesenta mil libras.”

“¿Y de dónde sacamos piedrones?”

“Yo preferiría ir directo a la fuente en Newport, donde Peter y yo conseguimos las tarimas de piedra del puente, pero eso es un viaje de dos horas ida y vuelta por lo menos.”

“Está ese patio de piedra allá en Alcoa cerca del aeropuerto.”

“Buen ojo, Devin.”

“Para eso estoy.”

“¿Entonces hablas de piedrones grandes, como del tamaño de un hombre?”

“De hombre o más.”

“¿Seguro? Esas cosas cuestan cientos cada una.”

“Ya sé, Tannner, pero esta no es mi tierra. Llegué aquí un día con la escritura en la mano, por así decirlo, y nunca le dije hola a nadie. Me puse a abrir camino lo más rápido que pude porque no quería pedir permiso para llegar a mi terreno.”

“Doctrina del perdón.”

“¿Doctrina, eh? A lo mejor la uso.”

“Cincuenta centavos de regalías.”

“No me va a alcanzar para los piedrones de tanto que pido perdón.”

“Bueno, piedrones. ¿Cómo los traemos? ¿Quieres que vaya por el remolque de volteo ese que lleva parado en el lote de ventas desde Año Nuevo?”

“Pues sí, quiero ir por él, pero nomás no hemos tenido tiempo. Y hoy no tenemos tiempo. Vamos a usar el remolque de jardín que compré el día que traje la madera para el cobertizo.”

“Aquí necesitas un montón de piedrones. Esa cosa no carga más de diez o algo así, me imagino.”

“Podemos hacer dos viajes – o hasta tres en menos tiempo del que nos tomaría ir a Lenoir City a recoger el remolque.”

“Tú mandas.”

“Además, tenemos que excavar esto, y podemos hacer lo de las sábanas de la enfermera.”

“Querrás decir lo de Michael duplica el trabajo.”

“Híjole, y yo que pensaba que éramos familia.”

“Si crees que esa quema, deberías juntarte con mi hermana.”

“Okey. Devin, bájate a la orilla del arroyo y mide lo largo de esta curva. Tanner, mide la altura. Yo voy a subir al patio de maquinaria, a ver dónde chingados vamos a estacionar estos remolques de herramienta.”

“En serio, ¿de veras compraste tres remolques cerrados a seis mil dólares cada uno? – O sea, ya sé que sí, pero eso no es normal aquí.”

“Pues sí. Mira a tu alrededor. Pobreza por todos lados porque desperdician y no planean.”

“Eso está tantito duro.”

“Sí, eso fue, medio culero.”

“Culero derecho.”

“Culero chueco.”

“Medio culero. No lo quise decir así. Quise decir que tengo que mudar la casa. No esperaba venderla, pero ya se vendió, y me tengo que mudar. Necesito todo un edificio de mil pies cuadrados para guardar mis dos mil pies cuadrados de herramientas y chingaderas y suministros y materiales. Necesito espacio, ya. Esos remolques tienen apenas ciento sesenta pies cuadrados cada uno, y están retacados hasta el quemacocos de chingaderas, ni una cosa desperdiciada. Cuando termine con ellos, los vendo, y me cuestan unos cuantos miles de dólares. Probablemente salga en menos de lo que estamos pagando por las bodegas, y tenemos nuestras herramientas en la obra.”

“No sé, toda una caja llena de herramientas de torno y careta. Yo no veo ningún torno aquí arriba.”

“¿Desde dónde quieres que mida?”

“Perdón, Devin, ahí mero está mejor. Engánchala en ese palo y vete para allá. Tanner, tira el láser hasta el agua. ¿Qué tan alto está este muro? Eso es, Devin. Un par de pasos más. Ahí. ¿Cuánto da?”

“Cincuenta y un pies.”

“Okey, vente de regreso. Tanner, ¿cuánto te dio?”

“Dieciocho pies.”

“Ni de chiste. ¿Empezaste aquí en el suelo?”

“Ay, no. No se me ocurrió. “Trece pies, nueve pulgadas.”

“Okey, ese es el pietaje.”

“Son un chingo de piedrones.”

“Piedrones grandes. Vámonos para arriba y arranquemos este día. Entonces, los remolques.”

“¿Dónde quieres el que traigo en mi enganche?”

“En el mismo lugar, junto a los otros dos – ahí mero en la base del cerro antes de subir caminando.”

“¿Entonces estaciono el remolque, engancho el otro, y me voy al patio de piedra?”

“Sí. Aquí está la tarjeta de crédito. Llévate a Devin.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Cómo va todo allá arriba?”

“Esto ya se me hace conocido.”

“Sí, ahorita me vas a contar algo nuevo y absurdo, y yo me voy a quedar genuinamente impactada o emocionada.”

“Celosa.”

“¿Celosa, eh? Esto va a estar bueno.”

“Entonces, yo…”

“¿En serio? ¿Ahora eres Tanner, empezando con entonces?”

“Qué irónico, hoy conocí a su maestra.”

“¿La maestra de quién?”

“La entrenadora de quemados. Es nuestra vecina.”

“¿Su maestra de educación física es nuestra vecina?”

“Yo estaba anclando.”

“Me hundo con el barco. Empieza de nuevo.”

“Todavía más irónico. Creo que es su maestra de inglés o algo así, y fue mucho más buena onda con ellos de lo que tú me estás calificando ahorita.”

“Tienes que hacerlo mejor. Saca la información y deja de destrozar la entrega.”

“Pausas e interrupciones.”

“Parábolas.”

“Entonces, nuestra vecina al final de la entrada, a la izquierda conforme entras, fue su maestra.”

“Eso ya lo entendí.”

“¿Me estás cotorreando? ¿La conociste y nunca me dijiste?”

“¡Ay, Dios mío! ¿Cómo es posible que seas tan menso?”

“Ahorita te enseño lo menso. Nos cachó a Tanner y a mí agarrados de la mano, y está enojada contigo porque nunca bajaste a presentarte.”

“---“

“Ay, ¿te comieron la…”

“No es tu turno. no me quites mi turno. Estaba pensando.”

“Me espero.”

“¿Por qué andabas agarrado de la mano con Tanner? No, esa no. ¿Cómo te cachó agarrado de la mano con Tanner?”

“Qué bueno que preguntas. Me hiciste pedazos la autoridad con tus hotcakes – de mora azul, qué ridiculez – y me lo hicieron saber. Te dijeron la buena onda. Preguntaron si podías regresar. Tenía que hacer algo.”

“¿Y entonces lo hiciste agarrarte de la mano?”

“Sip.”

“Tienes que ser mejor. Eres insoportable.”

“Espérate, hay más. Tenía razón con lo del letrero de las zarzamoras ese primer día. Hay una malla alrededor del porche…”

“Ya vi la malla.”

“No se ve para adentro. Al parecer, ella se sienta ahí y ve pasar el mundo. Se llama Betty. Hay un señor Betty…”

“¿Su apellido es Betty, o ella se llama Betty, y otra vez estás haciendo lo de destrozar?”

“Interrupciones. Dijeron el apellido, pero no lo metabolicé.”

“Otra vez no.”

“No hace falta investigar a esta – lo peor que ha hecho fue meter dos veces el totopo en la salsa en la junta de padres de familia.”

“Eso es agresión.”

“Esta señora es tan dulce que no me la imagino rizándose el pelo por miedo a herirle los sentimientos.”

“Así somos nosotros. Así es como te atrapamos.”

“¿Nosotros?”

“¿Qué?”

“Olvídalo. Entonces estamos allá abajo midiendo para los piedrones, y les digo a los muchachos que le bajen por los vecinos, y una voz preciosa grita, “No estamos dormidos.” como si saliera de esa casita de pájaro azul en el barandal del porche. Nomás ahí estaba, hablándonos justo en medio de mí hablándoles a ellos. Como si hubiera estado ahí todo el tiempo, y mi sorpresa no tuviera fundamento.”

“Whitman, tu agarradera de manos.”

“Ese es un poema de ciudad, mi amor.”

“Grep rápido.”

“Entonces, tienes a mis muchachos todos, “Son las 7:57,” y esta es la primera vez que tenemos una compañía profesional dependiendo de nuestro trabajo sin terminar entre ellos y su paga, y no quiero quedar en ridículo.”

“A ver si entendí. No querías quedar en ridículo, así que bajas paseando del monte cerrado un cuarto de milla hasta la carretera pública agarrado de la mano de otro hombre por unas moras azules?”

“Más o menos. Lo sorprendente es que de algún modo perdí mi jugada de poder.”

“No me digas.”

“Estamos hablando con la viejita dulce, y no me suelta la mano. Agarrón de muerte, dedos entrelazados. Él la conoce. Están platicando, y le digo que me suelte, y él dice, nop.”

“¡Jesús!”

“El señor no tiene nada que ver con este demonio. Entonces, como te dije, ella era como su maestra o algo así en la prepa. Así que ya está acostumbrada a sus pendejadas, y a él no le da nada de pena, esto es nomás un valemadre de entre clases para este chamaco.”

“Súbanle el sueldo a ese muchacho. Es una orden.”

“Y ahorita mismo vienen entrando por la entrada con la primera carga de piedrones.”

“¿Primera carga? Cobraron como dos mil doscientos dólares. ¿Cuántas cargas son?”

“¿Estás viendo..? Me tengo que ir. Al rato platicamos.”

“Rus, baja caminando esa excavadora hasta el deslave del camino. Deberías poder rodear todas las entregas de piedra. El rip-rap está más en medio del camino que las otras dos – ten cuidado de no ladearte en esas piedras, de seguro se te sale una oruga.”

“Sí, cómo no.”

“Cody, ya casi acabas aquí. Nomás déjalo bien limpio, y cuando acabes espárcele dos o tres cucharones de grava para que no haga lodo.”

“Sale.”

“Okey, chamacos, aquí va. Entrar y salir. Nomás trajeron dos tarimas, como diez piedrones.”

No se puede traer más de una vez. Aplasta el remolque. Eso ya estaba demasiado pesado.”

“Es lo que hay. Yo le entro a este muro. Tú regrésate por más. ¿Necesitas a Devin?”

“La verdad no. Yo pago, ellos cargan.”

“Bien. Ándale. Devin, súbete corriendo a los remolques y trae todas las correas DOT. Las vamos a necesitar para acomodar estos piedrones. Rusty, bájate de ahí. Eso es trabajo mío.”

“¿Seguro?”

“Es trabajo mío. Te enseño el corte de abajo. No podemos tapar este cauce, o el agua se regresa y se inunda el patio de Betty.”

“Sí, más vale que volvamos con ese tubo de la presa, o el patio de Betty va a ser lo de menos.”

“Más o menos. Esa presa está casi a un cuarto de milla río arriba. Aunque reventara toda de golpe, para cuando tanta agua se extendiera en esta distancia, no tendría mucho más de dos, a lo mejor tres pies de hondo.”

“Igual se inunda el patio.”

“Sí, pero no mucho más. Entonces, recortas aquí en la orilla de abajo.”

“Ya lo veo. Me estiro, saco el fondo junto al arroyo y pongo piedras de cimiento a lo largo de donde estaba el deslave.”

“Exacto. Una vez que estén puestas, vas escarbando huecos a lo largo de la pendiente para ir poniendo las piedras una tras otra.”

“Bien cargado en las hiladas de abajo, y nomás las vas escalonando por la cara del cerro.”

“Eso es. Tienes el ojo para esto. ¿Tienes la mano?”

“Por supuesto.”

“Okey, Cambio. Hazlo tú entonces. Ya que tengas estas diez puestas, saca este parche del camino. Apílalo todo aquí. Que Cody empiece echando el rip rap, luego algo de este material del parche, luego algo de la de dos pulgadas, luego la capa de arriba.”

“Escarbar del lado del arroyo. Poner piedrones. Sacar material del parche. Apilarlo aquí. Rip rap, material del parche, De dos pulgadas, Capa del camino.”

“Más o menos. Parece que Tanner va a andar en la carretera de ida y vuelta todo el día. Esto va a ser diez veces lo que compró el primer viaje.”

“Es un trabajo grande. Debimos haber empezado esto el lunes.”

“Los camiones de concreto hubieran podido pasar el parche con alguien guiándolos. Mi único miedo era la orilla del lado alto. Llegamos hasta donde podamos, lo mejor que podamos, y si no podemos acabar, parchamos lo que no nos quedó bien, y el lunes los guiamos. ¿Quién puede trabajar mañana?”

“---”

“Nadie se apunta. Está bueno el bote. Le subo a pago en efectivo y cuarenta la hora.”

“Yo.”

“Yo.”

“Van dos.”

“Voy a preguntarle a Cody.”

“Sí, cómo no. Ese chamaco no trabaja los fines de semana.”

“Sí, Meghan. Ya sé. Pero ella no entra a trabajar hasta las cuatro.”

“Suerte con eso. Nunca lo he visto trabajar un fin de semana, y desde que tiene chamba, ahora también tiene dinero para hacer cosas los fines de semana.”

Capítulo 46 – lunes, 22 de enero

“Buenos días, Amor.”

“Amor.”

“Yo sé por qué me levanté tan temprano. ¿Cuál es tu excusa?

“Phil y yo vamos a Chattanooga por uno de sus casos.”

“¿Él pasa por ti?”

“Sí, en quince minutos.”

“¿Quién va a sacar a Clover durante el día?”

“Vamos a estar de regreso para la hora de la comida o tantito después.”

“Manejar hasta Chattanooga ida y vuelta para el mediodía. Qué gacho.”

“Hombres, excursión.”

“Hoy es la gran prueba del arreglo de la entrada.”

“Qué emocionante.”

“Debería salir bien. Pusimos casi cien piedrones del tamaño de un hombre, todo un camión de piedra graduada, y le dimos la capa de arriba con pendiente para que el agua escurra hacia la carretera. Si aguanta los camiones de concreto, tenemos obra.”

“Costó un montón, juntando las primeras dos semanas de grava y esto.”

“¡Este fin de semana estuvo de locos! Los cien piedrones costaron en promedio ciento sesenta y cinco cada uno con todo, Tres camiones de piedra fueron como dos mil quinientos, y los muchachos.”

“No vi todos esos cargos, pero sí me llegaron las alertas de que hiciste otros tres retiros. Tienes que hacerme caso. No puedes seguir sacando retiros de quinientos dólares así. Los Reportes de Actividad Sospechosa existen de verdad, y tú de hecho los estás usando para pagar en efectivo. Eso no es legal.”

“Sí, el crimen del siglo.”

“Michael. No es el valor del delito. Es que es un delito.”

“Está mal. Toda la economía allá arriba es en efectivo.”

“Las comunidades pobres son los únicos lugares que quedan en Estados Unidos donde todavía se mueve el efectivo.”

“Sí, y aviones llenos de eso a países extranjeros.”

“Michael. Si quieres cambiar las leyes, lánzate para el Congreso. Por ahora, tú eres el niño de cartel. Pon esos retiros en la factura, o vas a tener problemas.”

“Ya.”

“¿Dijiste que compraste ciento sesenta piedrones?”

“Cien piedrones. Ciento sesenta dólares en promedio cada uno.”

“Eso es como dieciséis mil dólares…”

“Más que eso con la piedra DOT y la paga. Además la última carga fueron tres tarimas, y dobló el eje de ese remolque que compramos para la madera del cobertizo.”

“¿Entonces el remolque quedó destrozado?”

“No, pero vamos a necesitar un eje nuevo.”

“¿Entonces te gastaste veinte mil dólares en el terreno del vecino para hacer una vista bonita desde el porche de la otra vecina?”

“Más o menos. Ando metido en la tierra, Stef, y no me voy a parar a pedir permiso.”

“Yo creo que nomás les hubieras dado diez mil y te ahorrabas el dinero.”

“No es nomás eso. Si ponemos grava de construcción, todo ese tramo se ve – humanizado.”

“Somos humanos.”

“Pues, la responsabilidad que viene con ser humano es hacer las cosas lo mejor que puedas, no nomás echar la porquería más barata y más fácil con la que puedas rellenar el hoyo de la naturaleza para que…”

“Greenpeace, tranquilo.”

“Estas no son ideas progresistas. Son ideas de seguirle. Si dejamos de ir recortando las medias tintas a fracciones cada vez más chiquitas…”

“Ya oí el discurso del buen administrador.”

“Pues, es cierto. No hay noción más conservadora que cuidar lo que tienes y hacerte responsable de tus propios actos.”

“Ya, pero tú eres el que dice que necesitamos más dinero. No te lo gastes todo esperando que te deje construir la casa porque no tenemos dinero para un contratista.”

“Esa sería una jugada a largo plazo cabrona, ahí mismo. La voy a ir armando hoy mientras me gasto otro fajo del presupuesto en el muro de contención.”

“¡Michael!”

“Está bien. Lo tenemos. Oigo camiones. Me tengo que ir.”

“Quihubo, Matt.”

“¡Esa entrada se ve increíble!”

“Yo estaba seguro de que me iba a caer otro contrato de lanzado allá.”

“Ni de chiste. Me fui por el arreglo natural.”

“Pero no salió gratis, ¿verdad?”

“No, tú hubieras salido más razonable, eso seguro. ¿Guiaste al camión de concreto?”

“No, lo guió tu muchacho. Pero me dijo que se veía perfecto – y esos choferes te dejan saber si algo les molesta.”

“Chido, me hago a un lado. Ese tipo que viene entrando detrás de ti con la susodicha troca forrada de vinil es un contratista que viene a tratar de convencerme de la obra con GC que incluye la estación para bañar perros y la máquina de algodón de azúcar integrada.”

“Suerte.”

“Soy Michael.”

“Yo también soy Michael. Tenga, le traje una tarjeta de presentación.”

“Gracias.”

“Qué terreno. ¿Ese es el muro de contención de la casa?”

“No. Ese nomás es un taller.”

“Okey. A nuestros subcontratistas no les va a gustar acomodarse en la excavación de otro.”

“Eso no tiene sentido. De todos modos tienes que contratar un topógrafo para marcar los puntos de la zapata. El hoyo o es lo bastante grande, o no lo es. ¿Qué tiene que ver eso con tus subcontratistas?”

“Oye, jefe, Los camiones subieron bien. Ustedes hicieron buen trabajo ahí.”

“Gracias, Cody. En un rato dale mantenimiento a las máquinas, engrásalas y límpialas. Voy contigo en cinco. Esto no debería tardar nadita.”

“¿Entonces va a escarbar el asiento?”

“Sip.”

“No podemos garantizar el flujo del agua si no lo escarbamos.”

“Eso fue fácil. Perdón por quitarle su tiempo.”

“Si decide que le conviene más, me llama.”

“Eso haré.”

“Oye, Matt. Eso se ve bien. Vi a los muchachos poner las varillas y la malla, y están impresionantes.”

“Lo de ustedes también se ve bien. ¿Quieres que le dé caída y le haga cuneta a esta parte de abajo?”

“Es un par de horas más de trabajo, pero hay que hacerlo.”

“Sí, tenemos otro trabajo esperando, pero lo sacamos.”

“Dejamos la pendiente para que puedas llevar la cuneta hasta aquí. ¿La ves?”

“Eso son treinta pies. No lo planeamos. Al camión ya casi no le queda.”

“Pide una carga de remate.”

“Una carga de remate tardaría una hora nomás en llegar. A lo mejor alcanza.”

“Tocó el claxon. Por eso vine.”

“Creo que nomás quiso decir que le queda poco, no que se acabó.”

“Normalmente…”

“Nos va a alcanzar.”

“Medimos en veinticinco yardas. Vinieron ligeros, más bien de ocho yardas, para poder subir el cerro – y planearon un tercer camión.”

“Sí, eso pasa. A veces calculo mal.”

“Treinta y tres por ciento se parece más a renegociar.”

“¿Perdón?”

“No has acabado, Matt. Yo no juzgo trabajo sin terminar, pero acabas de insinuar que lo estás cortando en dos camiones, y la mezcla de bombeo en una línea de dos pulgadas dicta que los camiones vengan ligeros, de ocho. Eso son dieciséis yardas, y empieza a parecer un arreglito por debajo.”

“¿Me estás diciendo…”

“No acabes esa frase, Matt. Esa ecuación tiene una raya abajo que no puedes borrar con la otra punta del lápiz. Tú sabes lo que hiciste, y yo sé lo que hiciste. Y lo mejor que puedes hacer ahora es terminar. Aquí está tu cheque. Termina el trabajo y lárgate.”

“¿Qué acaba de pasar?”

“¿Cómo que qué? Estabas parado ahí mismo.”

“Eso fue rapidito.”

“No hacía falta el dos pasos, Cody. Ese hombre sabía lo que estaba haciendo,”

“Entonces, este, ¿qué estaba haciendo?”

“¿Tú tampoco lo ves, Tanner?”

“No.”

“Cotizó veinticinco yardas. La cuenta ahí es mil trescientos pies cuadrados a seis pulgadas – un muro como debe ser.”

“Ah, sí, ya lo veo.”

“Rusty ya le entendió. Dos camiones son cuatro pulgadas de grueso, no seis. Además, mira la secuencia – me pregunta si quiero que le haga cuneta a la parte de abajo hasta el drenaje que le construimos.”

“¿Y?”

“Es el paso uno del dos pasos; preguntar si quiero que haga su trabajo de verdad, o si es decisión mía que se lo salte.”

“Yo vi una cosa diferente.”

“Ya sé que sí, Cody. Me viste ir directo al grano, y te viste a ti del otro lado. Y por lo menos ahora sabes que soy parejo. Me vienes con pendejadas, la única combinación es que me la trago, o me la embarro en los labios bien apretados, y me voy por la opción B, y me la llevo desde el espacio Z.”

“Sí, pero ¿por qué le pagas?”

“Eso es lo de la parte B. Esa es la mierda en mis labios. Llévate esa hasta el final, y ves que no tengo opción. Claro, gano en la corte o lo que sea, pero lo único que hice fue perder. Ayers igual anda por la comunidad con mi beso de mierda en la boca, igual tenemos un muro de cuatro pulgadas de grueso, pero no puede hablar mal de mí, y ahora tengo broncas con la comunidad del gremio. Él también se come la mierda así. Así no tengo que dejar la obra para presentarme en el juzgado a demandar ni a pelear. No tengo que perseguir al tramposo por tres condados embargándole las cuentas de banco por los daños. No tengo que perder las dos cosas, el beneficio de un muro bien construido y mi precioso tiempo. Me deshice de él barato.”

“No le pagas por el servicio. Le pagas para que se vaya.”

“Exacto, Rusty. Y al final, el escalonado era el trabajo. El shotcrete nomás era el acabado. Lo escalonamos, y eso ya era un muro legal sin nada encima. Debajo de toda esa tierra que movieron ustedes hay pizarra, eso es suelo clase A, y un corte de cincuenta arriba cincuenta atrás califica como soportado, no hace falta muro mecánico.”

“¿Cómo sabes todas estas chingaderas?”

“Años, Cody. Lo aprendí casi igual que como tú lo aprendiste y casi a la misma edad. Un día tú vas a ser el viejo colmilludo.”

“Entonces, ya le pagaron, y no regresa a romper las ventanas.”

“Y si te lo llevas hasta el final – no pasó esta vez – pero esto pasa mucho; los tipos hacen la movida, te preguntan si quieres que le vuelvan a poner las llantas al carro después de la rotación – ya sabes lo que viene. Si le pagas completo, a veces ven el error de sus caminos, y meten bien los clavos en la moldura en vez de dejar las cabezas brillosas salidas.”

“Esas son unas nubes de imágenes.”

“Se llaman metáforas mezcladas, y a veces muestran que se está armando la tormenta.”

“Entonces, este. Aquí hay una tormenta, La tapa del excusado está pegada cerrada con concreto.”

“Entonces son las ventanas. Devin, quita esa cosa de ahí. Tanner, ve al remolque y trae uno de esos asientos de excusado. Ponlo.”

“Jefe, tas enfermo. Ya sabía yo que había una razón pa’ que compres asientos de excusado.”

“Empezó honesto. Abastecerse temprano, conseguir las chapas, lo solar, y los asientos de excusado, adelantarse aunque sea poquito. Pero ahora, parece más bien que soy tan derrochador que me compro un excusado nuevo cada vez que tengo que cagar.”

“Pero siete asientos de excusado. El plano dice cuatro excusados, esta letrina, y el taller que viene. Eso son seis.”

“El mundo me hizo comprar siete. Cuando uno se rompa, el dinero ya habrá descontinuado el que me gusta, y voy a tener una vida disparejita.”

“Todo igual.”

“¿Qué dices, Cody?”

“¿Ahora te haces que no te alcanza pa’ orejas?”

“No me alcanza pa’ perderme un buen chiste.”

“No era chiste.”

“Entonces, todo igual, ese soy yo rico y derrochador, incapaz de aceptar el cambio o tener menos, ¿es eso?”

“Esos asientos, tan caros. Ya está mal que no puedas bajar tu asiento suavecito tú mismo, tienes que comprarte una tapa de cierre lento que haga el trabajo por ti. Luego, no nomás asiento de plástico de cierre lento de nueve dólares, tienes que comprarte uno de esos asientos de madera pesada abajo de la pintura pa’ que no se quede parado en el aire.”

“Y, Cody, ¿por qué crees que eso está mal?”

“Tú tirando un asiento de excusado que cuesta dos horas de mi trabajo, escarbar a lo largo de esa banqueta que ni necesitabas que la lanzaran en primer lugar, pero aquí tas tú aventándole catorce mil dólares a ese trabajo, haciendo que todo mundo te vea tirar dinero que no tenemos.”

“Cody, amigo, comprado y pagado, no estás equivocado, pero ni de cerca tienes razón.”

“Sí, Cody. Ese hombre gasta su dinero a su manera, tú gastas el tuyo a la tuya.”

“Yo no soy tu amigo, pagado ni de ningún modo. Yo vengo a trabajar…”

“¿Y por qué trabajas, Cody? Te faltan treinta años de esta chingadera, ¿por qué lo haces?”

“Lo hago pa’ darle de comer a mi familia.”

“O sea, podrías darle de comer a tu familia con moras y raíces. ¿Por qué trabajar con alguien que te provoca tanta bilis?”

“No sé qué es bilis, pero tengo mis razones pa’ aguantarte. Tampoco tengo que explicarme. ¿Qué quieres ahora? ¿Quieres que te construya otro cobertizo, o a lo mejor te acolcho tu nidito allá con algún otro lujo que haces como que es sufrimiento?”

“No estoy seguro de poder contestar todo eso. A lo mejor tienes razón. No soy yo quien lo tiene que juzgar.”

“Eso es. Tú juzgas todo lo que quieras. Ese hombre nomás trabaja, y tú le dices que se vaya. Él no hizo nada malo. Nomás taba lanzando un muro, metido en lo suyo y tú lo corres, pero no antes de que acabe. No, lo dejas acabar primero antes de echártele encima, así te quedas con tu muro, y te quedas con tu aire de grandeza también.”

“Jesús, Cody. ¿De qué se trata esto?”

“Devin, tú métete en lo tuyo.”

“¡Alto! Todos. Cody, si me quieres decir cómo me ves en tu mundo, está bien. Te escucho. No voy a ser yo quien te castigue por tus sentimientos – eso te lo dejo a ti. Pero tienes que entender que lo dije en serio cuando dije que voy a proteger a estos hombres. Esta perorata tiene fecha de caducidad, y ya te pasaste de fresco. Me voy a ir y voy a poner esta obra a trabajar otra vez. Tú deberías hacer lo mismo.”

“Cobarde.”

“Repítete esa, Cody. A ver qué te gana. Reprodúcela con tu grabación de la parrilla. Dime qué te dice. Mientras tanto, agarra la motosierra, agarra a Rusty y a Devin, y súbanse a esa vereda de venados y empiecen a cortar árboles para el camino que viene.”

“Sí, cómo no. A trabajar otra vez.”

“Entonces, este, ¿yo qué hago?”

“Tú vas a bajar a los remolques. Vas a separar y organizar. Deja los tres alineados bien ordenaditos para que pueda instalar una cámara que agarre las tres puertas.”

Capítulo 47 – domingo, 28 de enero

“¡Qué día tan precioso!”

“De veras que sí. ¿Qué está pasando aquí arriba?”

“Nomás llevo aquí unos minutos. Vámonos para arriba. Te enseño la semana.

“Necesitamos un carrito de golf.”

“Pasé por tu iglesia justo cuando los estaban dejando salir a todos. ¿Hubo algo especial hoy? Había como tres bolitas diferentes de gente todos tomándose fotos.”

“Nada especial. Hacen eso mucho. Nomás tomándose fotos de la familia con la ropa de domingo.”

“No me toca estar aquí seguido cuando no hay una máquina andando o una sierra o algún pedazo escandaloso de progreso. Me encantan los fines de semana.”

“Hay tanta paz.”

“Ahí. ¿Oyes ese búho? Le dicen el de cuatro ululatos.”

“Está bien cerquita, ¿dónde está?”

“Está allá arriba en algún lado. Mide como treinta=pulgadas de alto, pero no lo vas a ver.”

“Pero él sí nos ve. Lár-gate-de-mi-Tierra, Lár-gate-de-mi-tierra.”

“Nop, tenemos un trato. Vamos a compartir. Bien-ve-ni-dos-mu-cha-chos.”

“Pobre, ocho sílabas de voz capturadas por la máquina, y ahora lo hacemos decir lo que se nos pegue la gana.”

“Ocho sílabas y nomás le quitamos su tierra.”

“Vamos a compartir.”

“Eso le dije.”

“Sí vamos a compartir.”

“¿Sabes?, Fish and Wildlife va a estar pagando tres mil dólares por cabeza por esos pájaros, muertos-no-vivos allá en el oeste. Al parecer, los humanos se metieron en sus territorios aquí en el este, y migraron al oeste donde encontraron poca competencia, y se reprodujeron, y están amenazando a otro búho. Están grabando las voces y poniéndolas en megáfonos, y les disparan cuando vienen al llamado. Le dicen ulula y dispara.”

“No puede ser.”

“Sí puede ser. La llamada spam definitiva. Graban tu voz, se aprovechan de tu necesidad más profunda, y no nomás te quitan tus ratas, sino que te quitan la vida.”

“¿Es en serio?”

“Mi teléfono lleva aquí arriba conmigo dos meses ya. Google oyó esos búhos, y me mandó el artículo – de lo más natural.”

“Qué triste. No quiero oír de esto”

“Sí es triste. Estoy de acuerdo. Pero hay otro lado. Hay una señora en Oregon, que extraña a su Búho Moteado del Norte, y ve a los primos lejanos de este Barrado, y no nomás no se pone triste, está allá en el patio de atrás con un equipo de grabación de Amazon tratando de sacar la grabación perfecta y atraer a la mayor cantidad de búhos.”

“Está bien. A esa gente no le dejan tener el arma que hace los disparos, así que como todo programa de gobierno, este está destinado a tirar dinero y nadie más que los políticos y los abogados se quedan con los tres mil de verdad.”

“Lo dice la señora que vive de la limosna del gobierno.”

“Sueldo, Michael.”

“Todavía andas tantito sin aire.”

“No sé cómo le haces todo el día, subiendo y bajando ese cerro.”

“Esta semana me voy a comprar uno de esos carritos de golf eléctricos que vimos en Lowes.”

“Probablemente no deberías subir eso tanto caminando.”

“No me imagino que un poquito de ejercicio me haga daño, y es lo único que me toca hacer.”

“Guau. Eso está bien brillante.”

“Esa es una palabra para eso.”

“Es como si un camión de concreto se hubiera estrellado y embarrado concreto por toda la cara del cerro.”

“Dos camiones de concreto, en realidad.”

“Dijiste que iban a ser tres.”

“En realidad, por fin llegó la maldición. El tipo empezó con esa chingadera que hacen donde lo arman para que sea mi culpa que no hicieran bien su trabajo.”

“¿Entonces, no fue magia?”

“O eso o a la lámpara se le acabaron los deseos.”

“Frota más fuerte. El problema con los pleitos aquí arriba, es que te lo vas a topar en el súper.”

“Lo voy a ver a los ojos y le voy a hacer así con la cabeza.”

“¿Tan feo?”

“Estuvo bastante feo. Me le eché encima de una. Todo mundo estaba ahí. Le di el cheque y le dije que se largara.”

“Pagado y feo.”

“Sip, por los dos lados. Pero cuando venga el taller, va a tapar casi todo el muro completo, y vamos a tener una leñerita, y eso va a disimular el resto.”

“Está brillante.”

“Ya dijiste eso.”

“Está brillante.”

“No dije, dilo otra vez.”

“Se repite solito.”

“¿Ves por qué puse piedrones en la servidumbre?”

“Ya lo veo. No puedes aventarle este brillo al porche de enfrente de la vecina.”

“De cerca está peor. Los dos muros del mismo tamaño y forma,

y ni sabes que el parche del deslave está ahí.

“Pero eso no hay cómo esconderlo.”

“Pues, para empezar se va a ir curtiendo con el clima, y en cuanto construya el taller, eso lo va a tapar bastante.”

“¿Y eso cuándo?”

“Pregunta difícil. Es cosa de presupuesto. Un edificio de mil pies cuadrados, aunque sea baratito, va a costar por lo menos cincuenta dólares el pie del techo a la losa. Pero no podemos construir un adefesio para esconder el adefesio. Necesita ventanas y puertas – puertas de cochera como el taller de Hardin Valley. Tejamanil de cedro, plomería, ventanas – cuidado, ahí está todo enlodado.”

“Híjole, ¿y eso qué?”

“Cuando tapamos el tubo del vertedor - el agua. Llovió media pulgada tres veces esta semana, y se desbordó.”

“¿Eso no es peligroso?”

“Al principio no. Los manantiales alimentaban el estanque, pero había pies de bordo libre, luego la lluvia nunca paró y se desbordó.”

“¿Toda la semana?”

“Más o menos. ¿Ves las huellas de la minicargadora? Esa era mi válvula de alivio. Llevaban el agua para acá – pero la presa es vieja. Bien vieja.”

“Todavía no hay veredicto sobre esa adivinanza del deslave de lodo.”

“No es adivinanza.”

“Adivinanza.”

“Esta lámina de agua apoya mi tesis. ¿Ves cómo lo mojado es parejo? Cuando la lluvia estaba fuerte, era una lámina de agua constante y pareja por encima, como cualquiera de esas presas de escalera de antes que ves a la orilla del camino los domingos.”

“Un weir.”

“¿Qué?”

“Mi maestro de inglés era Alan Weir. Esa presa de escalera. Se llama weir.”

“Pues, esta presa echa el agua por encima como un weir. Está perfectamente pareja como si hubiera tenido millones de tormentas para discutir sobre ella.”

“Pero ese puente sí encaja. Es como si nunca hubiera no estado aquí.”

“De veras que sí. Limpiaron todo el escombro de piedra esta semana, y nomás se fundió con el terreno, como si se hubiera caído ahí junto con la presa.”

“Veo que Cody estuvo aquí.”

“Sí, vamos a tener que tumbar ese. Doscientos cincuenta años, y Cody Norman es el último anillo de su historia.”

“Cody probablemente tiene un par de anillos ahí con todos sus años aquí arriba.”

“Amén. Probablemente cazó la cena de ahí una docena de veces, quién sabe. Lo dejé parado por ahora para proteger al Maple.”

“Lástima que no haya sido al revés.”

“Desear en una cubeta nunca la llenaría para jalarle al excusado.”

“Esa cosa está – especial.”

“Bien especial. Una cañada necesita un excusado en el patio, Stef. Quiubo, ¿no sabes nada?”

“Se supone que debe tener flores.”

“Pues, este es un baño de mapaches. Han venido todas las noches.”

“Esta vez no está tan enlodado.”

“Fíjate bien. Vienen todas las noches, pero ha estado lloviendo toda la semana, y se enjuaga.”

“Yo no le diría limpio a eso.”

“No limpio, pero enjuagado.”

“¿Por qué no nomás te acuerdas de las toallas de papel?”

“¿Por qué no te acuerdas tú?”

“Estoy en negación.”

“Hay que tenerlo. Al rato le pongo una letrinita alrededor.”

“O sea, es un adefesio.”

“Uno brillante. Pero cuando tengamos el taller funcionando, nomás lo quitamos de la línea – no va a estar aquí para siempre.”

“Karen está bien emocionada de que Clover y yo nos vamos a quedar con ella.”

“Me imagino. Yo también.”

“Claro que sí. Te toca jugar otra vez al niño indigente acampando en el monte.”

“Yo no estaba jugando entonces, y no estoy seguro de tener la juventud para estar jugando mucho esta vez tampoco.”

“No sé cómo dejé que me convencieras de esto. O sea, ¿dónde te vas a bañar?”

“Supongo que voy a ir a lo de Karen cada par de días.”

“¿Qué más hicieron esta semana?

“Más que nada, estuvimos viendo, y nos estuvimos preocupando por esa presa. Con el vertedor tapado, ha estado desbordándose en lámina toda la semana, y Da terror, pero no hay nada que podamos hacer. Ha estado lloviendo. Se nos acabó la tierra para ella, y ahora nomás es cosa de esperar. Mi gran plan era meter otro sábado, pagar, poner el tubo del vertedor. Luego llovió.”

“Trabajaron toda la semana bajo la lluvia.”

“Sí, pero para poner el tubo del vertedor, tenemos que bajar el agua como pie y medio. No podemos hacer eso con lluvia.”

“¿Entonces, el lunes?”

“Ese es el plan.”

“¿Hiciste algo más?”

“Los puse a empezar la entrada de atrás.”

“¿Qué es una entrada de atrás?”

“Pues, si ponemos la casa allá, y la cochera queda en el nivel del sótano atrás, vamos a necesitar manejar por esa cara del cerro allá arriba, pasar por aquí y hacer una curva cerrada para dar vuelta de regreso hacia la casa.”

“No lo veo.”

“Okey, ven acá.”

“Parece que va a llover toda la semana.”

“Nada nuevo ahí. Las piernas se me han hecho el doble aquí arriba con todo el lodo pegado a los pies todo el día. Por eso tú andas tan sin aire, y yo ya estoy acostumbrado.”

“Parece que Cody también firmó este.”

“Cristo, ese chamaco es un peligro.”

“Ay, Dios mío.”

“¿Qué, también le dio a ese lado?”

“No, mira esto.”

“Charlie ama a Bobbie, 8/11/89.”

“Ese es el día que compraron este terreno. Está en los papeles del Título.”

“¿Lo dices en serio?”

“Sí.”

“O sea, ¿estás seguro?”

“Sí, está en el expediente en mi oficina.”

“Entonces subieron aquí después de su cierre igual que nosotros, y firmaron un árbol para marcar la ocasión.”

“Tú deberías amarme así.”

“Y además es un Beechnut. Estoy teniendo visiones de The Jerk, odia estas latas.”

“¿De qué estás hablando..?”

“Tenemos que reparar este árbol mientras sigue mojado. Vete corriendo al Farmer’s Co-op y trae una lata de Tanglefoot. Yo voy a cortarle unas ramas a estos brotes y dejo esto listo.”

“¿O sea, ahorita?”

“Sí. Este árbol está prácticamente muerto si no le ponemos un parche.”

“¿Cómo se llama?”

“Compuesto para injertos Tanglefoot. Es una lata blanca con letras rojas.”

Capítulo 48 – domingo, 28 de enero

“¿Por qué vienes con las manos vacías, muchacho?”

“Su vieja está allá arriba con él.”

“¿No pudiste traerla?”

“Nel, taban allá arriba cuando pasé la loma.”

“¿Por qué tan ahí en domingo?”

“Yo qué sé. Me pongo a oír desde la loma, los oigo bien, hablan de comprar un carrito de golf, pero Tanner ya mero llega, y tengo que regresarme.”

“Esto tiene que quedar pegadito a la bolsa de la camisa. Necesitamos esa sierra pa’ cortar ese árbol, pero tú también tienes que quedarte en la cuadrilla.”

“Nomás es mediodía. Tenemos tiempo.”

“Cierto, muchacho. Le entramos de una vez.”

“Deja que Tanner deje la compu, y me regreso pa’ allá arriba, a ver si ya se jueron.”

“Este es buen trato, la señora King nos da tres meses de renta si vamos a cortar ese árbol hoy.”

“No sirve de nada. La mamá de Meghan paga la renta.”

“Ella necesita nuestra ayuda.”

“ No veo de qué me sirve a mí, cortamos ese árbol y nos pagan con crédito pa’ la renta.”

“Te sirve, a lo mejor la señora King aplica ese dinero a la renta de Jed. A lo mejor cortamos ese árbol, acabamos de pagar esa troca, y yo pago el resto de una cuenta.”

“Ya llegó Tanner.”

“Te callas. Déjame hablar a mí.”

Me dice que me calle en mi propio porche. Yo no me callo si quiero hablar. Esto es Mérica, ¿qué no? País libre en el propio porche libre de un hombre.”

“Quihubo, Cody.”

“Tanner.”

“Bueno, aquí está la compu. Ya la configuré, y te tengo que enseñar unas cosas.”

“Ya me enseñaste.”

“Esto no. Tus notas.”

“Yo no’ escribo bien.”

“Tú no eres carpintero, pero no es eso. Mira, ve la última factura que hice.”

“Ya la vi, lambiscón.”

“No es de lambiscón, Cody. Es el registro. Es la referencia.

“Es su registro, su referencia. Es su trabajo, que nos lo echa a nosotros.”

“Cody, esa mierda a lo mejor te funciona allá arriba con Lonnie, pero no voy a dejar que me arrolles con tu máquina de rencor.”

“Igualito que él.”

“Cody, te voy a decir lo que hay que hacer. Lo puedes hacer o no hacer, pero has tenido cuarenta horas a la semana las últimas cinco semanas, y el dinero está bueno. El trabajo es fácil. El hombre es duro, pero es honesto – demasiado honesto.”

“Ese hombre no es honesto, Tanner. Yo me siento aquí, y te oigo hablarle así a mi muchacho, y me quedo callado, pero tú no vienes aquí a decir que es honesto en mi porche.”

“Igualmente buenas tardes, Lonnie. Hace mucho que no te veía.”

“Ahora ya tiene el dos pasos, Apá.”

“Cody. Llevas cinco semanas trabajando ya, buen dinero. Este es el mejor dinero que cualquiera de los dos ha ganado jamás, y no voy a dejar que lo eches a perder.”

“¿No vas a dejar? ¿Y qué vas a hacer al respecto?”

“Espero hacerte entrar en razón. Tú aceptaste el trabajo, Cody. Tú lo aceptaste. El hombre te dijo las condiciones, y tú dijiste, acepto. Te subió a una máquina y te confió su excavación, y te aguanta tu boquita de sabelotodo todo el tiempo.”

“Sí tienes una boca de sabelotodo, Cody.”

“Apá, te dije que me dejaras hablar a mí.”

“Cristo, a veces es como otro mundo. Vengo hasta acá arriba a darte la compu para que puedas hacer tu parte con la compañía – yo ya hice la mitad del trabajo. Lo único que tienes que hacer es meter los proyectos del día y subir las horas cuando acabes – imprimir la factura, y entregarla.”

“Lo único que quiere ese hombre es mano de obra barata, construir un palacio pa’ sacarme de mi tierra.”

“¿De qué chingados estás hablando, Lonnie? Esa no es tu tierra. Nunca lo fue.”

“Ha sido nuestra tierra toda mi vida. Apá tiene razón. Cazamos y pescamos allá arriba, casi toda comida que tenemos la mitad del Invierno sale de los venados que metemos en ese congelador allá adentro.”

“Mira, eso no es mi – eso no me incumbe. Pero no quiero broncas allá arriba. Rusty y yo queremos esto, y tú también, Cody, o no hubieras aceptado el trabajo.”

“No eres tú el que me dice por qué acepto ese trabajo, y ese hombre dice que ni es trabajo de todos modos. Dice que somos dueños. ¿Por qué no podemos llevar nuestro negocio a otro lado?”

“--- Ya lo veo, Cody. De veras. Podríamos cotizar trabajos en otro lado, como los fines de semana.”

“Eso es todo lo que digo.”

“Aunque es difícil cotizar trabajos si no tenemos herramientas.”

“Le agarramos prestadas esas máquinas el fin de semana cuando él no anda por acá.”

“Suena a que te topaste con esa idea a media plática. Primero, eso no está bien, y él se muda a esa bodega el martes. Aparte, cada vez que llegamos el lunes, ya tiene algún montón de tierra o algún hoyo, o algún pedazo de camino levantado. Se la pasa todo el fin de semana con las máquinas.”

“Ese yanqui aguado no aguanta vivir en ninguna bodega a mitad del invierno.”

“Lonnie, tú no conoces a este tipo. Dile, Cody.”

“Está aguado.”

“Los dos están mal. Está enfermo. Eso se ve, pero yo no diría que está aguado. No se deja de nadie, menos de ti, y es terco. Se va a quedar en esa bodega y si algo se pone difícil, nomás compra lo que lo arregle.”

“Ese es él. Cree que su dinero le consigue todo lo que quiere.”

“A lo mejor nos presta las máquinas el fin de semana.”

“Yo no voy a quedar en deuda con ese yanqui.”

“Tienes un no pa’ cada a lo mejor, Cody.”

“No es cierto.”

“Ahí está, eso es un no. Te pelearías con la manguera si estuvieras en llamas.”

“Yo no le pido prestado nada a ese hombre.”

“Lonnie, ¿quién está hablando aquí?”

“A mí no me dices que me meta en lo mío en mi propio porche.”

“Okey, okey. Tienes razón. Más o menos. Es que me hice bolas aquí. Vine a enseñarle a Cody cómo hacer las facturas pa’ que nos paguen, y pasamos de lamebotas a idea brillante a eso no se puede, con más baches y vueltas que esa servidumbre de paso allá arriba.”

“Torciendo las palabras.”

“Eso es lo que digo. Escucha. Aquí están las últimas cuatro facturas. Úsalas pa’ hacer la factura de esta semana. Cada día de la semana necesita detalles. Lunes, Tanner – hizo estas cosas = horas – precio. Devin y lo que hizo Devin, precio. Cody. Rusty. Martes, lo mismo. Abajo va un subtotal. Te voy a mandar los cargos del banco por la nómina de la semana anterior antes que cualquier otro gasto. Los anotas, y el total se autollena aquí abajo.”

“Autollenar ni es palabra.”

“Sí, ese es mi resumen también – no aquí está cómo, sino aquí está lo que está mal. Así funciona, Cody. Te toca a ti las próximas dos semanas. Haz la factura pa’ que nos paguen.”

“Si no la hago, nomás paga en efectivo.”

“Cody, no puedes sabotear pa’ que te paguen en efectivo. Ese hombre no va a caer.”

“Yo no quiero que me retengan nada.”

“Eso no lo decide él. El IRS dice que pagas impuestos, no él.”

“Muchacho, eso no está bien. Es él. Son todos esos que bajan aquí a decirnos cómo tenemos que vivir nuestra propia vida. Este valle se las arregló bien cien años sin que bajaran aquí con esas computadoras portátiles con sus programitas de sabelotodo pa’ que un hombre ni pueda hacer un trueque chiquito, sacar unos dólares, juntar una punta con la otra.”

“No estás mal, Lonnie. Pero esto no es trueque de caja de troca. Cody, este hombre dijo que está construyendo una casa, y va a tardar dos años, y el pago es en los libros. Y eso no va a cambiar. Y no se te olvide, está pagando bien. Trabajaste conmigo en lo de mi abuela por quince la hora. Esto es veinte. Te llevabas como seiscientos conmigo y con la abuela, y aquí te llevas seiscientos cincuenta – y aparte aquí tienes seguro de accidentes de trabajo y de incapacidad. Aquí tienes una compañía que puede ganar más dinero una vez que nos ganemos las referencias de hacer este proyecto. Aquí la paga es la misma, pero lo que se gana a la larga es enorme.”

“La paga no es la misma. Me embargaron la cuenta del banco, y esta semana nomás me llegan ciento cincuenta.”

“¿Quién te embargó la cuenta?”

“Debo dinero de las multas, y al rato la sentencia también empieza a cobrar. No alcanzo a sacar el dinero tan rápido, el banco está metido en eso.”

“Ahora entiendo. O sea, todavía debes costos de la corte, y aparte tienes una sentencia. Eso no es asunto mío hasta que lo hagas mío. El hombre está pagando con W2. Lo puedes tomar o dejar, pero te está llegando un cheque. No voy a dejar que tus deudas sin pagar me arruinen la vida a mí también. Así que trabaja o no trabajes. Me da igual, pero no me arruines el trabajo.”

“No me arruines la vida.”

“Cody, tú eres el que debe dinero, y tienes que madurar y pagarlo. ¿Por eso no has sacado tu licencia todavía? ¿Te la estás saltando a propósito pa’ que los cobradores no te encuentren?”

“Todo esto no es asunto tuyo.”

“Una última vez, Cody. Esto, lo otro, lo que sea. Si lo dejas atrás, ya no vas a estar preso de eso.”

“No es asunto tuyo.”

“Qué bien, sí lo tenían.”

“En mi vida había oído de Tanglefoot.”

“Bueno, ahí está. Ojalá que sí funcione.”

“La muchacha de la tienda tampoco había oído de eso.”

“Ya veremos. Ya corté las orillas limpias. Esta primavera le voy a hacer un injerto de puente, pero hay que esperar a que salgan los brotes para eso.”

“¿Cómo sabes estas cosas?”

“Lo de las orillas limpias y el Tanglefoot lo sé de la vida. Lo del injerto de puente es del Google. Este no es nuestro árbol, y tenemos que salvarlo, así que busqué si había algo más que pudiera hacer para mejorar sus chances.”

“Tenemos que salvarlo, eso es cierto.”

“Bueno, lo que hacemos es untar esto delgadito sobre la parte pelada. Eso es lo único que sabía hacer. Pero encontré esta página de una huerta de manzanas, y enseñan cómo cortas estas ramitas delgadas de un año del árbol – voy a usar estos brotes clonales de aquí – y las cortas apenas un poco más largas que el hueco en la corteza, y las envuelves en toallas de papel mojadas y exprimidas y en una bolsa, y las metes al refrigerador hasta como marzo cuando el árbol empieza a brotar, y hay todo un proceso para puentear este hueco.”

“¿Y eso va a salvar el árbol?”

“Este a lo mejor está bien sin eso, la verdad. Ese árbol de allá tiene un desgarre enorme en la corteza. Este nomás le da como un tercio de la vuelta. No le va a gustar, pero a lo mejor sobrevive. No hay marcas de oruga sobre las raíces aquí, así que creo que le pegó desde lejos girando la caja o algo.”

“Ese tipo es un peligro.”

“Trato de creer que nomás es un humano como todos nosotros, y que va a estar a la altura si nomás tiene otro punto de vista para mirar su futuro. Pero nunca había tenido a un tipo que se esforzara tanto por demostrar que estoy equivocado.”

“Un peligro.”

“Pero lo metí en la compañía, Stef. Ahora es dueño. Sí escogí tener tres socios para que si uno se vuelve problema, los otros dos puedan votar para sacarlo de la isla, pero no quiero presentarles esa tecnología a los muchachos tan pronto.”

“A mí me trabajó bien, pero lo sentía. Tú me tienes predispuesta, pero he vivido aquí toda mi vida, y los Codys del mundo no son difíciles de encontrar.”

“Nomás no te gusta su historial de drogas.”

“No es nomás eso. Encerré a mucha gente por drogas. Algunos son así, pero este es diferente. Es como si estuviera mirando desde atrás de las rejas, apuntando el horario de los guardias.”

“Pero la celda es forjada por la mente.”

“Eso es. Es como un adicto a la cárcel, pero la cárcel la hizo él mismo.”

“El resultado del formato está como chido. No puedo correr al muchacho, así que me obliga a inventar maneras de darle la vuelta y a aumentar mi tolerancia.”

“Nomás no te vayas demasiado para el otro lado.”

“No, pero tampoco puedo convertir a todos en el tipo del árbol.”

“No, ahí sí te pusiste como loco.”

“Fue hace diez años, mi amor. Literalmente contraté al hombre para cortar el árbol para que el otro árbol no se lastimara. Lo podría haber tumbado encima del otro gratis.”

“A veces eres un cabeza caliente.”

“Depende de la situación.”

“Cabeza caliente.”

“¿Oíste eso?”

“¿Qué?”

“Esa rama. Ahí está.”

“¿Qué? ¿Quién?”

“Es una osa. Mira la loma, donde la luz…”

“Ya la vi.”

“Creo que es la que hemos visto más – no se distingue desde tan lejos.”

“Viene para acá.”

“Está bien. Nomás está ajustando su camino, está empinado allá arriba.”

“Me pregunto si nos ve.”

“Nos vio hace siglos, nos huele. Nos oye.”

“Ojalá que hable inglés entonces. Quédate allá arriba.”

“¡Ja! No va a bajar aquí.”

“¿Tú hablas oso?”

“Nunca nos molestan. Es como si tuvieran curiosidad. Nos miran.”

“¿Como público?”

“No, más como que echan un ojo entre pisada y pisada.”

“Ya veo. ¿Se – Se está acostando?”

“Sip. Le has de caer bien.”

“Le podría acariciar sus orejitas.”

“Les pregunté a los mapaches. Se pelearon por un pedazo de comida, y nunca contestaron. A ella le puedes preguntar tú misma.”

“No quiero ser atrevida.”

“Buen instinto. Creo que es la que está preñada, pero está muy lejos para estar seguro. Se ve diferente.”

“Démosle su espacio.”

Capítulo 49 – lunes, 29 de enero

“Buenos días, chamacos.”

“Está largo el camino desde la Y.”

“Mil trescientos pies, Cody.”

“Podríamos estacionarnos en fila junto al estanque.”

“Devin, tu carro no podría subir hasta acá.”

“Sí, el mío seguro que no.”

“Son como seiscientos pasos.”

“¿Neta los estás contando?”

“Pues, sí. Por ejemplo, ustedes se estacionaron hace ocho minutos, y seguro ya checaron entrada en sus appcitas. Entonces, me costó dos dólares con sesenta y siete centavos subir a cada uno de ustedes por la loma. Eso es diez dólares con sesenta y ocho centavos para llevar a toda mi cuadrilla de sus lugares de estacionamiento al sitio de trabajo.”

“Jefe, yo checo entrada cuando salgo de mi casa.”

“Entonces, eso es robar, Cody.”

“¿Cómo que es robar, Tanner? Todas esas compañías de servicio a domicilio lo hacen. Cobran el tiempo desde que la troca sale del patio, y la mayoría de esos tipos salen desde su casa.”

“Tanner, él cree que ahí me agarró. Pero eso es un asunto de divulgación, Cody. Son requisitos de precios por adelantado. Tú no negociaste esto en mi facturación al momento de cotizar, por lo tanto no puedes checar entrada y cobrar por atravesar esos tres cuartos de milla de tu casa a la mía. Ahora, si quieres demandar a tu propia compañía por ese tiempo de traslado, adelante, pero hay una cámara justo en el lindero, y la nube de Ring graba tu hora de llegada; hoy, siete cincuenta y tres. Subiste caminando la loma, y llegaste un minuto tarde para recibir tus tareas.”

“Las tareas son parte de la prueba del 1099.”

“Mira el arco de la plática, Cody. Empezó con que te pagan desde que te estacionas. Te dije lo que me costó subirte caminando por la loma. Me dices que llevas cinco semanas checando entrada desde tu casa. Te dije que no negociamos precio de despacho porque no son una compañía de despacho, son una compañía contratada. Estoy dispuesto a pagarles diez dólares por venir a trabajar. No me importa cómo se lo repartan. Eso no es mi problema. Diez dólares. Facturénlo.”

“Empezó porque eres codo.”

“Lo irónico es que mi plan era darles una clase de facturación con su día de trabajo porque en mi cabeza no estoy nomás regalando una compañía, estoy regalando el conocimiento de cómo manejar una compañía – y eso, más que cualquier otra cosa en toda la verde Tierra, es un punto de vista. Mi intención era enseñarles la diferencia entre el punto de vista de un dueño y el punto de vista de un empleado – fíjate que no dije POV, Rusty.”

“No podría haber diseñado mejor esta clase ni con un paquete completo de capacitación de recursos humanos.”

“Entonces, este. No creo que haya aprendido nada ahí.”

“Pidan el desayuno. Vayan por él. Hoy es mi última noche durmiendo en una casa, y tenemos mucho que terminar.”

“Hola.”

“Hola.”

“¿Cómo está el Departamento de Ingresos hoy?”

“Empacando las últimas dos cosas para llevar a casa de Karen mañana en la mañana. Me voy a tomar el día para instalarme allá.”

“Ojalá pudiera ayudar.”

“Son nomás un par de cajas.”

“¿Llegaron tus baterías?”

“No, pero ya salieron a reparto. La compañía de carga llamó para confirmar que tenemos andén de carga.”

“¿Y dónde queda eso?”

“En el asiento de enfrente de esa minicargadora.”

“¿Por qué no las mandan nomás en un camión que pueda subir el camino de entrada?”

“No es que no puedan subir. Mira la entrada. Lo mismo que nos protege de los ojos fisgones y los mirones curiosos es lo que hace que un trailero crea que no se puede pasar. Lo único que ves es un camino de grava de subida con una curva ciega. Son como los coyotes, si no ven por dónde salir, les da miedo entrar.”

“Aunque a los coyotes les va bien con un AR.”

“Todas las pláticas que tengo hoy se van al carajo rápido.”

“Es tu propia culpa, Parables.”

“Me llamo Slippers.”

“Mikey Slippas.”

“Chingado. Va a ser un año de esta porquería de amor por teléfono, y ella con una oficina cómoda y un rolodex de rompehuevos.”

“Tú lo escogiste. Podías haber agarrado un departamento.”

“Sigue con la burla. Voy a descansar un poquito tranquilo sabiendo que mi esposa de cuarenta y dos años está durmiendo en su cama individual de cuando era niña con su love-doodle de setenta libras.”

“¿Cuántos años tengo?”

“27 de abril de 1982, señora. Va en su cuadragésimo segundo año.”

“Cuarenta y uno.”

“Cuarenta y un años y doscientos setenta y siete días.”

“Cuarenta y uno.”

“Ay, día memorable. El de FedEx acaba de pasar la cresta de la presa. Viene subiendo el camino.”

“No manches. ¿Qué trae?”

“Creo que trae mi futón de Amazon. Devin ya regresó con la comida también. Al rato platicamos.”

“Te quiero.”

“Te quiero.”

“Esta cosa pesa, jefe.”

“Pero el envío es gratis.”

“Nel, nos costó como tres dólares cargarlo desde la presa.”

“Sí, cómo no. Ahí te agarré.”

“Déjalo allá afuera. Lo armamos después del desayuno.”

“Me encanta este bistec empanizado.”

“En eso sí estamos de acuerdo, Cody. Bueno, hoy tenemos mucho que hacer. Me mudo aquí mañana después del cierre, y todavía no estamos listos. El cactus sobrevivió, así que algo es algo, pero el pronóstico dice que la mínima de mañana en la noche va a ser de veintisiete.”

“Se te van a congelar las begonias.”

“Voy a estar bien. Hoy nos llegan doce baterías. Ese es el tamaño máximo que Pytes describe como una sola pila de baterías en el hub. El calentador estuvo prendido toda la noche anoche en lo más bajo, sesenta grados. Y bajó las baterías al veinte por ciento.”

“¿Qué no pediste más baterías?”

“Sí. Pedí un paquete el día que pusimos esta unidad. La compañía de carga llamó, y van a llegar esta mañana. El problema es que si instalamos dieciséis baterías, tenemos ochenta kilowatts, pero no podemos cargar tanto.”

“Hoy nos toca hacer malabares, y adivina qué se queda en segundo plano.”

“Otra vez la presa no.”

“Eso es, Cody. La presa se tiene que quedar en pausa otra vez mientras agarramos el resto de los paneles solares del primer pedido y los instalamos lo más rápido posible. Básicamente tenemos que dejar instaladas las baterías - y esto va a estar mucho más complicado que el primer rack – y tenemos que armar tres racks de ocho paneles solares cada uno.”

“¿Qué, esta vez no hay clase de matemáticas, jefe?”

“Nel, esta es una clase de triaje. Tenemos veinticuatro horas para instalar estas baterías, y no podemos desinstalar estas cuatro porque no están ni cerca de balanceadas con las doce que llegan hoy, que llegan como al cincuenta por ciento. Así que tenemos que cargar por lo menos seis kilowatts a estas baterías todo el tiempo que estemos armando esas baterías.”

“Entonces, este. ¿Vamos a hacer estos racks de madera otra vez?” “Nel. Unistrut.”

“¿Hay un montón escondido de Unistrut y tornillos por aquí en algún lado?”

“Nel. Están en la lista de compras del día. Compra un calentador Dr. Infrared DR-968. Aquí está el link. Ese Duo casi no sirve abajo de cuarenta grados, y un calentador de punto se siente caliente aunque el cuarto no lo esté. Hasta podríamos armarle una cajita alrededor para que cuando esté en cincuenta grados, se caliente y se apague más seguido.”

“Te estás yendo por las ramas, jefe.”

“Perdón. Pensando en voz alta. Okey, entonces necesitamos tres racks para paneles. El circuito abierto de estos paneles deja el tamaño del string en ocho. Tres racks de ocho es poquito más de diez kW nominales. Digamos treinta kilowatts de cosecha. Va a estar cerca con el calentador.”

“¿Sigues pensando en voz alta?”

“Sí.”

“Piensa en voz alta cuántos Unistruts necesitamos.”

“Qué chistosito. Agarra la tarjeta y llévate a Devin. Jálense para allá, y yo te mando la lista de compras por mensaje. Tenemos un día ocupado. Tenemos que recibir todo el equipo solar, subirlo acá, instalar las baterías, armar este futón, y empezar con los racks solares. Apúrense”

“Va.”

“Rusty, arma este futón. Cody, sígueme. Tenemos que medir cosas y prepararnos.”

Lista de compras:

Superstrut 1-5/8 x 10 pies, calibre 12, media ranura – 60 tramos

– agarra el galvanizado plateado, $34 cada uno si compras 10 o más

– son dos carritos. Agarra una plataforma.

Tuercas de resorte, 3/8-16, para canal de 1-5/8 – 192

– vienen en paquetes de 5. Son 40 paquetes. Llévate todo el gancho.

– si no alcanzan, los paquetes de 5 marca NEWHOUSE funcionan igual

Tornillos hexagonales, 3/8-16 x 1" – 192 – compra la caja, no del cajón

Rondanas planas, 3/8 – 200

Rondanas de presión, 3/8 – 200

Escuadras planas de 90 Superstrut – 24

Bases de poste Superstrut – 12

Pijas autoperforantes, #12 x 1" – 1 caja

Cable THHN 8 AWG, negro – 500 pies 2 carretes

Cable THHN 8 AWG, rojo – 500 pies 2 carretes

Cinchos, negros UV, 11" – 1 bolsa

Calentador Dr. Infrared DR-968 – 1 – pasillo de calentadores, ~$126

– NO el que trae humidificador

2 tubos de silicón transparente

Y un Mazo de Postes para clavar los struts

“Hola.”

“Hola.”

“¿En qué te acabas de gastar tres mil trescientos dólares en Home depot?”

“Necesito un lugar para la cocaína y las putas. Tengo que comprar provisiones.”

“Cocaína y putas, ¿eh? Mejor compra Meth. No nos alcanza para la buena.”

“Eso vale doble con el cupón. Las putas de meth están mucho más baratas que las putas de cocaína.”

“Te voy a quitar el permiso.”

“Eso no va con la metáfora.”

“¿Qué-com-pras-te?”

“Bueno, pedí esos paneles solares el año pasado…”

“Para. Hoy, Michael.”

“Necesitamos racks para los paneles solares.”

“¿Home depot vende equipo solar?”

“No, venden Unistrut.”

“¿Qué carajos es Unistrut?”

“No me eches la culpa. Traté de explicarte, pero tú querías lo de hoy. Tengo que poner esos paneles solares que compré el año pasado, y el Unistrut es como un Erector Set para adultos.”

“En mi familia todas éramos niñas, Michael.”

“Sí, pero sabías lo que era, o no le habrías puesto género.”

“¿Sabes qué? Creo que el tiempo separados nos va a hacer bien.”

“Ya te estoy extrañando más.”

“¿Qué es esta lista?”

“Me preguntaste qué compré. Te mandé la lista de compras de Tanner”

“Amo a este hombre, amo a este hombre, amo a este hombre.”

“Yo también te amo. Nos vemos en un par de horas.”

Capítulo 50 – lunes, 29 de enero

“Te quiero.”

“Te quiero.”

“Los muchachos estaban hasta el cuello en el proceso, así que me salí temprano para nuestra última noche.”

“¿Uber eats?”

“Lo que tú quieras.”

“Pizza Hut, entonces.”

“Última cena de Pizza Hut. Suena como debe ser.”

“Va a pasar un rato antes de que volvamos a cenar en casa.”

“¿Ya tenemos todo empacado?”

“Hasta la última pizca.”

“Qué padre que quisieron todas estas teles y camas y cosas.”

“Aun así, dos bodegas completas de diez por diez llenas hasta el techo, y una tercera como a la mitad.”

“Y tres remolques. No me imagino si no hubieran comprado todos los muebles.”

“Y la mesa de billar.”

“Eso estuvo perfecto. ¿Te imaginas a mis muchachos desarmando esa cosa?”

“Eran mis muchachos cuando empacaron.”

“¿Revisaste todos los gabinetes y todo?”

“Sip. Puse a las señoras de la limpieza a revisar todo hoy cuando hicieron el detallado.”

“¿Doble revisión?”

“Lo revisé dos veces. Lo único que tenemos que hacer es enrollar la ropa de cama en la sábana de cajón como la punta de un palo de mantón en la mañana cuando nos vayamos, y nos largamos de aquí.”

“¿Me empacaste ropa de cama para la bodega?”

“Está en esas bolsas de basura en la cochera.”

“Estaba tratando de entender eso. Pensé que habías hecho una pachanga para el Departamento de Ingresos o algo antes del cierre.”

“Pedí la pizza bien cocida.”

“No hay bebidas.”

“Me gusta el agua. Prende las luces del camino de entrada; Eats dice que es una repartidora.”

“¿A quién vas a poner para las entregas de chavas en la bodega?”

“A las putas, obvio.”

“¿Por qué no nomás les pides que traigan la cena con la cocaína?”

“La cocaína quita el hambre. Tanner es mi nuevo Uber Eats.”

“¿Él ya lo sabe?”

“Negoció como campeón. Se sacó un platillo gratis con cada entrega y una comida extra si recoge en Knoxville.”

“Estás loco.”

“Dios te oiga.”

“Más te vale revisar ese Ring.”

“Son nomás los muchachos.”

“Ya está oscuro, Michael. Además yo vi el video donde bajaron caminando a sus carros.”

“Ay, cabrón. Hay un tipo, dos tipos en motos de cross.”

“¿Dónde?”

“En la cámara de animales.”

“A lo mejor, o sea, están acostumbrados a andar en moto por allá arriba. ¿Los habías visto antes?”

“No. Tengo que ir para allá. Tú mira las cámaras y me llamas si se meten a los remolques o a la bodega.”

“No vas a…”

“Sí voy, Stefanie.”

“No vas a llegar en una hora. No vas a regresar antes de las ocho.”

“Nomás me quedo allá. Me tengo que ir.”

“No puedes hacer esto.”

“Nomás abre el Ring y vigílalos. Tengo que agarrar a Kitty.”

“¿Siguen allá arriba?”

“Oigo los motores de las motos, pero no los veo.”

“O sea, ¿ya pasaron la bodega y…?”

“Sí, la del Patio de Equipo nunca los vio. Tú viste la de la Cámara de Animales. Se pararon en la bodega, pero no se bajaron. ¿Dónde estás?”

“Acabo de agarrar Pellissippi. Me sonó el teléfono unas cuantas veces.”

“Se fueron hasta el estanque dos veces y regresaron por esa vereda con el árbol.”

“¿El árbol Charlie?”

“Sí, el árbol Bobbie. Todavía oigo sus motores, pero no se ven por ningún lado.”

“Okey, cierra la app. Deja que te avise, ahorra pila. Voy volando.”

“Nunca había oído a una criatura odiar tanto el carro.”

“Es como mi propia sirena. Tengo que concentrarme por los polis. Llámame si los ves, y yo te llamo cuando llegue.”

“Hola.”

“Ya se están yendo.”

“Voy en Ellijoy.”

“A lo mejor te los cruzas.”

“A lo mejor. En un minuto o dos estoy en Dripping Springs.”

“Qué rápido.”

“Le llegué a cien en Pellissippi.”

“Aun así.”

“También rebasé dos carros en la 411. Uno de ellos hizo esa cosa.”

“Qué.”

“La cosa. Cuando tratan de acelerar cuando les sacas la vuelta. Me encanta la pinche electricidad. Su motor rugiendo, y el mío dejándole quemadura de viento en la puerta del chofer.”

“Quemadura de viento, ¿eh?”

“Creo que nomás voy a subir y seguir de largo. Kitty está en el carro, cinco minutos de sufrimiento y se acabó.”

“O sea, saliste con esa intención.”

“Sí, pero fue de reacción. No pensé en este momento. Si ella no estuviera aquí, me daría la vuelta y regresaría.”

“Todavía puedes.”

“Entonces sufriría el viaje redondo, esta vez mucho más largo, y luego hacerlo todo otra vez mañana.”

“La pizza está buena.”

“Auch.”

“Ojalá haya un veterinario a domicilio allá arriba. Ni de chiste el Dr. Barry va hasta allá.”

“Seguro que sí hay. No nomás metes al caballo en una caja transportadora y lo arrastras al veterinario. Y esos veterinarios normalmente atienden toda la granja cuando llegan.”

“Necesito un veterinario para Clover.”

“El mismo veterinario.”

“Todavía no hay veterinario.”

“Logística.”

“¿Tienes todo lo que necesitas allá arriba?”

“Creo que sí. Lo vivo y lo apunto si no”

“No tienes platos ni vasos ni nada.”

“Tengo un par de vasos de refresco de McDonald’s en el asiento de atrás .”

“Ojalá se me hubiera ocurrido eso con la pizza. Hice cuenco con las manos debajo de la llave.”

“Todos andan de campamento hoy. Ya voy entrando. Ni rastro de las motos.”

“Pobres vecinos. Todos esos años, y nada más que gente de paso, y ahora tráfico nocturno a lo grande.”

“Mañana voy a tener que pasar allá abajo a intercambiar números de teléfono y eso.”

“Es buena idea.”

“Este lugar está tan oscuro. Déjame colgar para meter a Kitty y ver qué chingados hago.”

“Te amo, Michael.”

“Yo también te amo. Vamos a salir de esta.”

“Híjole, ¿qué no tienes otros amigos?”

“Nomás llamando para la última de la noche.”

“¿Viste al gato montés en la Cámara de animales?”

“Vi al gato montés en la cámara de los ojos.”

“¿Ella sabe del trato de compartir?”

“Comité de bienvenida.”

“¿Kitty se siente bienvenida?”

“Está en la esquina, con las patas metidas. Los ojos bien abiertos. ¿Oyes ese búho?”

“Oí algo. Pensé que era la tele.”

“Todavía no hay tele. Las vendimos todas.”

“Está fuerte.”

“Real.”

“Real de fuerte. Escalofriante.”

“La app dice que la mínima hoy en la noche es de veintisiete. El termómetro dice que aquí adentro está en cuarenta y dos ahorita. Cuarenta y uno cuando llegué.”

“Había un calentador en tu lista de hoy.”

“Sí. No nos dio tiempo de armar y balancear las baterías nuevas en un paquete hoy. Las sacamos de las cajas y las apilamos, y las armamos en un carrito con ruedas de diablito, pero todavía no las conectamos.”

“¿Y eso qué quiere decir?”

“Quiere decir que no hay calefacción.”

“Te vas a congelar las nalgas.”

“Nah. Kitty se va a ablandar. Tiendo la cama, y en cuanto me siente va a estar encima pidiendo cariño.”

“Nunca dos animales más diferentes. Si yo tuviera que tender la cama, Clover estaría encima asegurándose de que no pudiera.”

“Esta va a estar en mis piernas en cuanto me siente, y en unos días va a estar otra vez en el hueco de mi brazo babeando.”

“Vas a necesitar calefacción.”

“No es un día de campo, pero el edredón de plumas debería aguantar, y si no, me puedo subir a la troca y prender la calefacción.”

“¿O sea, nomás estás sentado ahí en la cama envuelto en un edredón?”

“No, estoy organizando. Los muchachos metieron aquí el reclinable rojo de mis tiempos en Florida. El futón está armado, pero tenía que ponerle la sábana de cajón. Tenía que sacar todas las cosas de la troca.”

“Has estado ocupado.”

“Tengo que estarlo. Tenemos que dejar listo este lugar como proyecto aparte. Llenamos toda la parte de atrás de la presa con tierra. Tapamos a propósito el tubo del vertedero con cubeta tras cubeta. El estanque está más lleno que una garrapata ahorita, y tenemos que dejar listas las cosas aquí adentro y además meter un vertedero de emergencia, o se va a desbordar por encima.”

“¿Qué quiere decir desbordar por encima?”

“Quiere decir un equipo de solar y un equipo de vertedero de emergencia mañana.”

“Sigues diciendo emergencia.”

“El estanque está lleno. Ahorita nomás está babeando por encima, desparramado – baba. Si cae una gota más de lluvia, va a encontrar el punto más bajo, y va a empezar a cavar una zanja en la parte de arriba. Ahora, ese punto lo preparamos para que fuera donde la ladera se junta con la presa, pero eso nomás va a ganar unas horas si llueve como esta semana.”

“¿Pero cuál es la emergencia?”

“Si el agua empieza a cortar una zanja, la zanja aumenta el flujo de agua, y se sigue alimentando sola, zanja más honda, más agua, zanja más honda, y nomás se vacía.”

“Okey, entonces, hoy en la noche va a estar en veintisiete. Sin calefacción. Una presa a punto de reventar, y un gato montés haciendo rondas del perímetro. Suena a una caminata divertida por el puente para ir a hacer pipí.”

“Ah, no, ni madres. Abro esa puerta, y Kitty se me pela. Tenía tres vasos en el carro. Despejé un lugar en la repisa, y tiro el agua en la mañana.”

“Qué asco das.”

“Tú tampoco saldrías allá afuera.”

“Yo no me habría armado el rompecabezas para quedarme sin casa.”

“Entonces no tendrías los fondos para construir esta. Hablando de eso, agrega luces de alero al calendario de obra de la bodega.”

“Bueno, Davey, voy a sacar a Clover, y nos vamos a dormir.”

“Davey –“

“Sí, es…”

“Crocket. Te gané. Pero esto no es Kentucky.”

“El estado más verde en la tierra de Tennessee, sabelotodo.”

“Te amo.”

“Yo también te amo. Llámame cuando despiertes para saber que sobreviviste.”

“Es como si él supiera que yo iba, Deddy.”

“¿Pa’ qué chingados regresaste esa sierra allá de todos modos?”

“Deddy, va a notar que falta esa sierra en cuanto mande cortar un árbol.”

“¿Y qué? No sabe que fuiste tú.”

“Ese no es el punto.”

“¿Cómo que no es el punto, Cody? Sacaríamos buen trueque de esa sierra.”

“La voy a regresar.”

“¿Y cómo vas a hacer eso?”

“Hago una Z. Entro por un lado en la Y, y me regreso hasta la X.”

“¿De qué chingados hablas, la X?”

“Cruzo la hondonada en diagonal, y entro a los remolques por fuera de esa cámara nueva que puso allá. Meto la sierra por la puerta de un lado.”

“¿Y por qué no nomás hiciste eso cuando estabas allá?”

“Entré por el otro lado, no ocupaba la Z, pero entonces él sube como bala por el camino de entrada.”

“¿Por qué crees que vino un día antes?”

“Seguro se peleó con su vieja. Es lo único que hacen en ese teléfono, alegar.”

“¿Entonces te pusiste en esa loma alta, y lo vigilaste desde arriba?”

“Sí, se estaciona junto a la bodega, y mete a esa gata, y hace unos viajes de ida y vuelta. El cobarde mea en un vaso, lo pone en la repisa de tanto miedo que le da salir en lo oscuro.”

“Todos ellos, cobardes. ¿Por qué te regresaste?”

“La luna estaba grandota, al sureste. Me alumbraba como reflector. Estuvo llena apenas hace un par de días. Él apaga su luz, yo me regreso.”

“¿Pero por qué no nomás regresar por tus pasos y acabar?”

“Eso hice, pero eso me dejó más cerca de la casa. Dejé la sierra en ese roble hueco viejo junto a la plataforma de cacería.”

“Tenemos que ponernos con eso; ahora que vive allá, esa es nuestra única plataforma.”

“Los escalones de esa plataforma están podridos.”

“Agárrate algo de esa madera de desperdicio de la obra, y hacemos escalones nuevos.”

“Vuelvo a subir, entro por el lado correcto, dejo esa sierra, y me vengo pa’ la casa.”

Capítulo 51 – martes, 30 de enero

“Buenos días, muchachos.”

“Dormiste aquí anoche.”

“Sip.”

“¿A qué hora regresaste?”

“Vimos unos motociclistas de cross en la cámara, y me vine por si acaso ocupaban que les prestara algo.”

“¿Suficiente frío pa’ ti, jefe?”

“No es un día de campo.”

“¿Ya hiciste tu reservación en el Marriott?”

“Nel. Un poquito de frío no mata a nadie.”

“Sí, cómo no. ¿Cuál es el disgusto de hoy?”

“¿Disgusto? ¿Quieres decir el trabajo?”

“¿Qué no tienes el cierre?”

“Sí. A las 10:30 en el centro. Hoy tenemos tres frentes. Llamé a Southeast Drainage, y van a entregar siete tramos de tubo de alcantarilla de quince pulgadas. Son ciento cuarenta pies. Mientras esperamos, quiero a Tanner y Devin sujetando paneles a ese marco que empezamos ayer. Tú y Cody empiecen a clavar con el mazo los tramos de base que juntamos de los cortes. Mismas medidas que el primer rack.”

“Voy a ver a Stef para desayunar en el centro.”

“¿Va a manejar hasta el centro desde Wear’s Valley?”

“¿Wears? No. Me vine solo anoche. Ella se quedó en Hardin Valley, y va a llevar sus cosas a casa de Karen en Wear’s Valley después del cierre.”

“Entonces, este, yo y Devin en los paneles solares y estos empiezan los otros dos racks. ¿Quieres que trabaje en la batería?”

“No. Tengo que estar aquí para eso. No es exactamente la misma arquitectura que el banco de cuatro baterías. Necesitamos un bus combinador y otras cosas. Regreso como a mediodía o algo así, y le entramos entonces.”

“Si terminamos esto antes de que regreses, ¿quieres que tendamos el cable?” Está bien. Usen todo el cable. Corten cada rollo a la mitad. Eso van a ser cuatro tendidos.”

“Pero nomás vamos a usar tres, ¿verdad?” Sí, pero si eso no alcanza, no queremos empezar de nuevo. Se va a ir poniendo cada vez más difícil jalar cable nuevo por ese tubo, así que lo dejamos a prueba de futuro desde ahorita.”

“A prueba de futuro, cable desperdiciado.”

“¿Otra vez estás contando mi dinero?”

“Nel, nomás digo que ya dijiste que vas a mover esa bodega, entonces eso quiere decir que este cable no va a alcanzar cuando lo hagas. Vas a tener que tirar esto a chatarra, entonces, planea perder dinero.”

“Okey, Cody. Te sigo el juego, pero tú tienes que hacer lo mismo. No puedes seguir viniéndome con que toda mi vida es un insulto personal para ti.”

“Yo…”

“Nel. Todavía es mi turno. Home Depot tiene el cable calibre ocho en oferta esta semana, doscientos si compras por lo menos dos rollos. Compré cuatro rollos. Sí, va a ir a dar a un montón de chatarra cuando mueva la bodega, pero yo soy hombre de largo plazo, y sé una cosa por encima de todas las demás, los mercados. Sé que la doctrina del mayor y mejor uso aplica a todo. Para cuando venda ese cobre de chatarra, que hoy pesa ciento veinte libras, el Cobre va a estar bien alto. Voy a sacar por lo menos setecientos veinte dólares en la chatarrera cuando el precio de chatarra esté en seis dólares.”

“La chatarra nunca ha estado en seis dólares.”

“Bueno, Cody, otra vez. Conozco los mercados. Y sé que los factores del mercado dictan que el cobre está a punto de despegar.”

“¿Cuáles factores del mercado?”

“No ha habido una mina de cobre nueva en años porque la minería de cobre no es rentable, lo que quiere decir que más del setenta por ciento del cobre que se saca hoy es producto secundario de minerales de más valor. Es desperdicio. Y muchas de esas minas primarias hoy en día se están hiperespecializando para maximizar la rentabilidad, así que las compañías que no están recibiendo subsidios para apartar el cobre a propósito no lo están haciendo. Además, muchas minas se están agotando. Y ese es el lado de la oferta. Lo mejor de todo es que las proyecciones del lado de la demanda están por los cielos. Todo lo que se habla hoy en día son centros de datos. Entonces, la oferta está por bajar a la mitad, y la demanda se va a disparar. Seis dólares es conservador. A lo mejor hasta le gano dinero a este cable que compré con descuento ayer.”

“Tú no sabes nada de eso.”

“Cody, sí sé. Y te lo endulzo además con más cosas que sé. Tú sabes el precio spot de hoy, a lo mejor, pero lo sabes porque consigues tu cable a punta de pinzas de pura desesperación, y todo ese cable que puse a Tanner – no a ti – a empacar de Hardin Valley lleva hasta un año ahí arrumbado. Para mí, ese cable es como ese yonke de aquí abajo del camino. Vendo las cosas cuando las cosas llegan a su valor más alto. Por ahora un par de cientos de libras están en el remolque eléctrico allá abajo, y estos se le van a sumar, y para cuando llegue a mi precio objetivo, van a ser casi mil libras, en vez de los cincuenta dólares a la vez que tú juntas.”

“Actúas como si me conocieras.”

“Cody. Es registro público. Te robaste cable que pesaba veinte libras, pero te cobraron diez mil dólares en daños a la propiedad. Está ahí mismo en los documentos. Tu restitución es de diez mil dólares. Sin pagar a la fecha, debo agregar.”

“Todos son iguales. Creen que saben todo.”

“No todos iguales, Cody. Yo soy el primero de mi tipo. Has hecho todo lo que está en tu poder para que yo me ponga en tu contra, y a diferencia de todos los demás que sí te corrieron, yo sigo tratando de usar tu comportamiento de culero como momentos de enseñanza. Eres grosero, insubordinado, cometes delitos en mi propiedad, la propiedad de una policía. Rompiste la computadora. Atacas mis árboles a propósito con la excavadora. Me robas checando entrada desde tu casa. Literalmente te agarré en el patio de equipo estudiando mi reacción a tu día de traer a Deddy en tu día libre. Tienes una deuda enorme, que es la amenaza de cualquier patrón, y tienes un historial de robo en tinta negrita. Te di dinero para una licencia de manejo hace casi cuarenta días, y una grabación de nuestra plática personal que andas enseñando a tus amigos, y no me imagino ninguna buena razón para enseñarla más que como una campaña de hechos torcidos porque no hay ninguna versión de esa plática grabada en la que tú no hayas perdido. Así que, puedes decir que no te conozco, tú sabes que sí. Lo que no se sabe aquí es que tú no me conoces a mí. Creo que aun con todo esto, eres una persona inteligente, y tengo todas las razones para tener esperanza en ti. Ahora ve a trabajar. Hora del cierre.”

“Entonces, eso es todo. Vendimos nuestra casa.”

“¿Ya es hora de la vuelta de la victoria?”

“Te la ganaste, pero nomás tengo tiempo para comer, y tengo que regresar al valle.”

“El valle viejo.”

“El valle bueno.”

“Es el valle bueno. Y vamos a construir justo al lado. Nuestro propio valle.”

“Regresando a casa a construir nuestra propia casa.”

“Acabamos de vender mi primera casa de verdad.”

“Y yo voy de regreso a mi segunda casa de verdad.”

“Qué bandazos.”

“Bien fuertes.”

“El pasado tiene que ser prólogo, pero el prólogo no es predicción.”

“La predicción es necedad.”

“Predigo necedades por delante.”

“Cada nuevo comienzo viene del final de algún otro comienzo.”

(A veces aquí, a veces allá, y a veces con gente a la que yo le caía mal sin remedio.)

Capítulo 52 – martes, 30 de enero

“¡Órale! Tengo que dejarlos solos más seguido, chamacos.”

“Sí, jefe. Yo estaba pensando lo mismo.”

“Cody, eres un hablador. Haciéndote el productivo. Te fuiste caminando al monte y no regresaste en veinte minutos.”

“Tenía que ir.”

“¿Te cagaste en mi monte?”

“Fui a mi casa.”

“Como sea, armaron los dos marcos, y le pusieron todos los paneles al primero, y aparte recibieron la entrega del tubo.”

“Este, pues, sí tuvimos tres horas.”

“Productivas. Todavía vamos bien atrasados. Casi no quiero interrumpir y dar instrucciones, pero tenemos necesidades grandes, todas tarde, vencidas. Tengo que dividir el trabajo. ¿Alguien tiene preferencias?”

“¿Cuál es el trabajo?”

“Necesitamos un equipo que siga con lo solar mientras yo y el otro equipo metemos un alivio para toda esta agua. El pronóstico dice lluvia toda la próxima semana, y el tubo del vertedero ya lleva demasiado tiempo tapado así como está. Entre los manantiales y el escurrimiento de la semana pasada, este desborde desparramado ya no va a aguantar más. Está empapado de lado a lado, y tenemos que drenarlo.”

“Yo manejo la excavadora.”

“Lo siento, Cody. No te puedo dejar hacer eso. Tengo que ser yo.”

“Ni madres.”

“Pues entonces supongo que te puedes ir caminando al monte otra vez.”

“Sí, cómo no. Bájale, Cody.”

“Tanner, tú y Devin en lo solar. ¿Ya cortaron ese cable y lo pasaron?”

“Todavía no.”

“Okey, saquen los desconectadores y las otras cajas de la tarima de la entrega. Pongan los desconectadores aquí y el resto en la bodega. Saquen el carrete de cinta del remolque y extiéndanlo para la medida de doscientos cincuenta. Corten el cable. Junten los pares, y métanlos al tubo.”

“Va que va.”

“Cody, tú en la minicargadora para detener el tubo. Rusty, tú de señalero.”

“¿Quieres el cable jalado con las puntas iguales de fuera?”

“No, dejen suficiente en la bodega para hacer las conexiones y dejen lo que sobre en esta punta.”

“Entonces, voy a cavar la parte de atrás hasta la rodilla, me quedo como a un pie antes del agua. Meto el tubo y abro el último pie despacio. Que drene un par de pulgadas a la vez. ¿Alguna idea más brillante?”

“O sea, metes un tramo de tubo. Lo llevas hasta la orilla de un pedacito de tierra entre el tubo y el agua. Cody detiene el tubo en su lugar con el cucharón de la minicargadora por si la descarga controlada se sale de control, la mayor parte del agua se va por el tubo.”

“Rusty ya le entendió. ¿Cody?”

“Ya entendí.”

“Okey, yo cavo. Vayan por el tubo.”

“Hay tierra mojada.”

“Buen ojo, Rus. Empuja el tubo. Dale otro empujón.”

“Está saliendo agua aquí abajo.”

“Traigan el nivel. Esa inclinación está muy parada. Lo queremos casi plano. Eso es. Pónganle un poquito de tierra debajo de esa punta de allá.”

“¿Así está bien?”

“Sí. Asienta bien tu cucharón y bájate. Todos fuera de la presa mientras le voy mordisqueando a esto.”

“Está bien.”

“Nel. Fuera de la presa. Yo y la máquina. Ahí va. Si esto sale bien, va a tardar un rato.”

“Eso va a tardar toda la noche.”

“No, lo acelero cuando lleguemos abajo del borde.”

“Aun así van a ser horas.”

“Ahora vivo aquí. Lo puedo vigilar.”

“Si se sale, va a ser rápido.”

“Ahorita está corriendo nomás perfecto. Hasta hay corriente.”

“Espérate. Se me ocurrió una idea. No me la tumbes, jefe. Ponle la cuchilla de la excavadora encima al tubo, y yo puedo ir por un cucharón lleno de tierra en la minicargadora. Si se empieza a ir muy rápido, le echo un tapón rápido pa’ pararlo.”

“¡Cody, esa es una idea excelente!”

“El estanque bajó seis pulgadas. Ven a ver el flujo. El agua está escarbando el tapón exactamente al ritmo de la bajada – como si nomás estuviera de acuerdo con nosotros.”

“¿Tú no escarbaste eso?”

“Nel. La corriente lo está escarbando.”

“Qué chido.”

“Definitivamente. El día se acaba en una hora. ¿Alguien se quiere quedar parado con las manos en la cintura diciendo, sip, eso está funcionando, sip, claro que sí?”

“Yo me quedo contigo, jefe.”

“Yo no puedo.”

“Yo no.”

“Rusty es mi raite hoy.”

“nomás somos tú y yo, Cody.”

“Ya va más de la mitad del tubo.”

“Pero ya está agarrando vuelo.”

“Ya es tarde.”

“Hace un frío de la chingada.”

“Iba a decir que te subieras a la máquina a calentarte, pero ya pasamos la mitad del tubo. Si todo revienta de golpe, el tubo lo aguanta.”

“Sí. Del lado de la descarga también está bien. Se escarbó un poquito, pero hay una roca grandota justo debajo del chorro.”

“Revisa ese tubo viejo de entrada. ¿Qué tan hondo está?”

“Se ven las cuatro pulgadas de arriba.”

“O sea que subimos el estanque cuatro pulgadas.”

“Siempre le hizo falta. Ahora los peces se van a esconder en el socavón.”

“Estaba pensando sacar las lobinas con descarga y meter Truchas.”

“Está bastante hondo. Antes nadábamos aquí, y nunca toqué fondo antes de que los oídos no me dejaran bajar más.”

“Agua fría de manantial bastante honda para peces de comer.”

“Ah, sí nos comimos los peces. Hay Bagres aquí, y esas Mojarras, están deliciosas. Nos comimos una Lobina o dos. Pero lo mejor son esas tortugas.”

“Comiste mucho de este estanque, ¿verdad?”

“Sí.”

“Lo voy a usar para el circuito de geotermia.”

“¿Qué es eso?”

“Es un tipo de calefacción y aire – como setenta por ciento más eficiente.”

“Esas cosas de la clasificación de eficiencia son puras mamadas.”

“Sí, las clasificaciones sí. Pero esto es diferente. Piensa en tu unidad de afuera. Mete el aire a la temperatura que tenga, y usa un compresor para condensar ese aire a una temperatura fija para sacarlo por tus rejillas.”

“¿Así funciona?”

“Sip. Bueno, si el aire que entra está a cien grados, y tienes que trabajar el compresor para convertirlo en aire de cincuenta y nueve grados, esa es una delta de cuarenta grados. La misma máquina haciendo el mismo trabajo el mismo día podría estar agarrando aire de setenta grados y convirtiéndolo en aire de cincuenta y nueve grados. Esa es una carga que está cambiando y cambiando todo el tiempo. Y se pone peor en modo calefacción. Imagínate la temperatura de afuera en veinticinco, y tienes que sacar aire de noventa grados.”

“Una delta de sesenta y cinco grados.”

“Exacto, Cody. Y hasta agarraste la jerga. Aquí va lo último. El aire siempre está a una temperatura diferente, una humedad diferente. Una presión diferente. El ventilador y el compresor están en un ambiente hostil. Lo que hace la geotermia es cambiar toda esa ecuación. Tiendes unos miles de pies de tubo de polietileno de alta densidad, y lo llenas de agua, y lo echas al estanque. Llevas ese tubo a la esquina de tu sótano…”

“Y el compresor queda adentro, misma humedad, no hostil. El tubo queda en el agua, misma temperatura. La delta nunca cambia.”

“Ahí está, hermano.”

“Pero no se puede pescar.”

“Sí, pescar está difícil.”

“¿Entonces pa’ qué cambiar a Truchas?”

“Bueno, el tubo de HDPE está planeado, va enrollado. Es predecible. Si sabes dónde está, puedes pescar alrededor. Si se atora un pez, sabes que tienes que cortar para no zafarlo ni hacerle un hoyo.”

“¿O sea que el circuito no está nomás enredado por ahí?”

“Nel, lo podemos planear y pescar alrededor. Perder unos cuantos peces con esa cosa, pero se puede pescar todavía para la gente que alcance a ver cómo hunden los tubos.”

“Yo voy a estar aquí ese día.”

“Todos vamos a estar. Súbete a la troca. Esta cosa está drenando seguro, y aunque reviente el tapón, eso es menos de medio tubo de golpe, y no pasa nada.”

“Seis horas, diez pulgadas abajo.”

“Sip, Súbete a la troca. Te llevo a tu casa.”

Capítulo 53 – martes, 30 de enero

“Hola.”

“Te quiero.”

“¿Así de bien, eh?”

“Bastante bien.”

“A ver, cuéntame. ¿Estás en el carro a las diez y media de la noche?”

“Ventana de fumar. Sí, llevé a Cody a su casa.”

“No el cuerpo, el muchacho, ¿verdad?”

“Sí, el mero mero. Estábamos vigilando el tapón de la presa.”

“¿Hicieron lo de la presa? Sabía que había una razón por la que no supe de ti en todo el día.”

“¿Quieres lo bueno primero y lo malo al último como me fue llegando, o quieres un pedido a la medida?”

“Tráelo natural.”

“Bueno, hicimos lo de la presa. Yo todo el tiempo cargando la cuenta para ver si ya había caído el dinero.”

“Yo también.”

“Algo raro tienen esas transferencias. Siempre es lo mismo. Me llega el ALTA Settlement. Lo firmo. Sé la cifra, pero no se siente como dinero hasta que está en la cuenta.”

“Mi primera vez.”

“¿Sí?”

“Cuando vendí mi casa de Sevierville, me dieron un cheque de la compañía del cierre.”

“Qué bien. Entonces, el dinero cayó justo como cuando me di cuenta de que mi demolición controlada en la presa sí estaba funcionando.”

“¿Y Cody, qué onda con eso?”

“Cody sirvió de algo hoy. Empezó feo, pero la presa se vació de agua y se llenó de información al mismo tiempo. Él nadaba ahí antes. Hay Bagres, y el tipo sí sabe pensar. Le metí la geotermia como en cinco vueltas, y le atinó.”

“¿Alguna vez trabajó en HVAC?”

“Nel, te dije que el muchacho es listo. Se le ocurrió esta idea de usar la cuchilla de la excavadora como una compuerta y estabilizador del tubo, y le agregó una póliza de seguro de echar un cucharón de la minicargadora. No necesitamos nada de eso, pero la compuerta seguro ayudó un montón.”

“¿Entonces el estanque está vacío?”

“No. no lo estábamos vaciando. Estábamos metiendo el tubo del vertedero.”

“Ya sé. Quise decir, ¿ya bajó hasta el tubo?”

“Casi todo. La parte peligrosa ya es historia. Hoy voy a dormir tranquilo.”

“¿Y cuál es la parte mala?”

“Lo llevé a su casa, y mis faros barrieron el frente, y se robó parte de nuestra madera para ponerle moldura alrededor de la puerta de enfrente de su casa.”

“¿Qué dijiste?”

“Ya me oíste.”

“Quise decir qué le dijiste a él, idiota.”

“Ah, no le dije nada. Ya lo sabía. Le caché todo el pinche asunto en un rayo de faro dando la vuelta, y le dije, nos vemos mañana.”

“¿Lo dejaste robar?”

“No, oficial. No lo dejé robar.”

“¿Cómo sabes que es nuestra madera?”

“Ahí está. Llegaste sin mí. El cedro no trae número de serie, Stef.”

“¿Es nuestra madera?”

“Ya no. Cuando estábamos haciendo el marco de la ventana, la cortó demasiado delgada, así que se fue a la pila de desperdicio. De hecho la iba a usar para un par de repisas arriba de la tele en el shed cuando Amazon la entregue mañana, pero ya no estaba en la pila de desperdicio. Pensé que se había usado en algún lado.”

“O sea que se robó desperdicio.”

“Si es que se lo robó. Pero eso no es lo que pesa, si lo hizo.”

“Sí, ¿cómo se metió ahí y sacó la madera si se la robó?”

“Eso es lo bueno. Me vale madre lo de las repisas. Cuando pases por su tráiler, la vas a ver ahí en el marco de la puerta de enfrente. Seguro tenía algo podrido o algo así. Le di ese sellador – lo tiré, y él lo sacó y dijo no tires esto, y se lo llevó a su casa. Seguro para el mismo proyecto.”

“Hay un bebé en esa casa. Si había un hueco o algo, y nomás se la robó para tapar el hueco.”

“Y ahí está mi niña. Tal vez no una advertencia, pero alguien por fin consiguió un respiro de la policía de los impuestos.”

“Sigue siendo una invasión. ¿Y cómo lo hizo sin las cámaras? Esa es mi próxima misión.”

“Me parece justo. ¿Qué tal la primera noche en casa?”

“¡Estuvo increíble! Se me había olvidado cuánto amo estar aquí. Toda la familia nomás viviendo la vida que me estaba perdiendo. Jenny acaba de llegar del partido. Ella y Sydney fueron a ver a FD, y Karen me compró sábanas nuevas para mi cama de antes, la misma cama en la que dormí media infancia, la misma cama que tuvo Tommy de niño. Cenamos. Desempaqué mis cosas del baño. Llené mi clóset.”

“¿No redescubriste un póster de Bryan Adams enrollado en la esquina del clóset?”

“Nick Lachey, 98-Degrees. Ese hombre sigue guapísimo.”

“¿Y la pequeña Clover ya colgó algún póster?”

“Tiene un póster de Pillsbury Grands Biscuits. Mammy le dio una en la cena.”

“¿No le dice Karen?”

“Nop, galletas es igual a Mammy.”

Capítulo 54 – miércoles, 31 de enero

“Hey.”

“Hey.”

“Entonces, sobreviviste una segunda noche.”

“Ya empieza a parecer un patrón. La presa también sobrevivió. No he ido para allá, pero el agua está arriba donde debe estar.”

“El plan funcionó.”

“Hasta ahorita. Hoy tenemos que sacar el tubo viejo, y eso va a estar de pelos mojados.”

“¿De pelos?”

“Meh. Es temprano.”

“Platícamelo. ¿Traes un cigarro?”

“Café también. Pero voy a necesitar que el mayordomo me traiga mandado hoy. No hay leche.”

“Cigarro, café, historia, arráncale.”

“Me voy a fumar dos cartones a la semana con este arreglo. Nada de destierro al búnker ni al porche.”

“¿Todavía no estás lista? ¿Qué tal lo del camino en zigzag?”

“Meh.”

“¿Mejor quieres oír de mi mañana?”

“Esa mera.”

“Pues aquí la mañana es como a las 5:30. La pequeña Clover en la rendija de la puerta al pasillo como si estuviera inhalando thinner.”

“Buen arranque.”

“Entonces la suelto sobre los Cotters, y voy a hacer pipí, y no llevamos ni tres segundos levantadas, y Clover abre la puerta del baño de un empujón con una Grand’s Biscuit en los labios, viéndome como, “¿sabías que esta señora Mammy lee mentes?”’”

“Ay, qué delicia. Más.”

“Entonces, salgo, y Clover está parada en la puerta de enfrente. La galleta ya desapareció, contacto visual total, ojeada a la puerta, de vuelta a mí. Clarísimo que lista para revisar el pi-correo, y salimos, y se agacha en cuanto llega al pasto y se da la vuelta hacia la puerta, jalando como si la carreta estuviera atascada.”

“Ya lo veo.”

“Y no puedo abrir la puerta de tormenta lo bastante rápido. Le da una patada y resopla, dejó un mechón de pelo en el marco con tal de arrastrarme adentro y enseñarme su siguiente maravilla.”

“Estoy bien metido.”

“Me lleva a la mesa donde me encuentro a Tommy comiendo huevos volteados, tocino, pan tostado y un café. Él no le pone leche al suyo.”

“Buenos días, Michael.”

“Hola, Karen. Ponme en altavoz. Hola Karen.”

“Has de estar que no cabes de gusto con todos los patitos en el mismo estanque otra vez.”

“Es maravilloso. Tú también deberías estar aquí.”

“Ya sé, pero alguien tiene que construir este lugar. Apuesto a que Tommy tiene esos huevos todas las mañanas.”

“No toas las mañanas.”

“Hey, compa. No hables con la boca llena, me da envidia.”

“Pa’ eso lo hice.”

“Buen intento. Estaría apretado, eso seguro. Y Kitty nomás aguanta a Clover porque es cinco veces su tamaño. A Pooty le sacaría los ojos de bicho a arañazos.”

“Pooty no la va a molestar.”

“No, ella tiene que estar aquí, acostumbrarse al lugar nuevo. La misma Kitty de siempre, un tocón todo nuevo pa’ sentarse. Ese es el plan. Subo en la noche después de que los muchachos se vayan.”

“Bueno, gente. Me tengo que arreglar para mi trayecto al trabajo.”

“Adiós, chicos. Nos vemos en la noche.”

“Aaadiiióóós, Mmiicchhaaeell.”

“¿Ese trayecto lleva pantuflas?”

“Casi todo. Tal vez tenga que ir a recoger un archivo a Auditoría más tarde si no logro configurar la VPN. ¿Qué máquina vas a usar, la skid o la excavadora?”

“Voy a andar chapoteando sacando ese tubo viejo.”

“La escena está medio turbia.”

“Puse el tubo nuevo como seis pulgadas más arriba que el viejo. Eso sube el agua para siempre, pero por mientras deja el tubo viejo debajo del nivel del agua.”

“¿O sea que el tubo viejo todavía tiene agua?”

“Como seis pulgadas.”

“¿Es peligroso?”

“Seis pulgadas es un montón de presión. Pi R al cuadrado dice que más o menos medio galón por pie.”

“No me hables en matemático tan temprano, Michael. Además, estás despejando V.”

“Taquigrafía. Pon un galón en la boca del tubo y se llena a la mitad de agua.”

“Ahora sí estás hablando.”

“Entonces, cortamos el tubo unos cinco o seis pies, rellenamos el hueco con tierra, lo apisonamos con las orugas, y ya tenemos una presa tapada.”

“¿Y nomás dejan el resto del tubo ahí?”

“Ah, no. Eso no se puede. Es nomás que primero hay que tapar el agua. Luego sacamos el tubo por secciones y rellenamos apisonando.”

“¿Entonces, no es peligroso?”

“Meh. Estamos escarbando la parte de arriba de una presa que no construimos, y fuera de mi casco ceremonial de la primera palada, ninguno de nosotros tiene ni la sombra de un título de ingeniero.”

“¿Y luego qué?”

“Pues, estoy suponiendo desde trescientos pies de distancia que el vertedero temporal funcionó. Veo que el estanque está lleno, pero – pues…“

“Ahí está. ¿Por qué no vas a ver y ya?”

“Lo quiero compartir con los muchachos.”

“Aww, qué tierno.”

“Cállate, Stefanie.”

“¿Qué más hay en la agenda?”

“Tengo una lista larga.”

“¿Necesitas una pared de granero?”

“Ya reacomodé las letras cuando puse las sábanas anoche – Kitty, embelesada. Apenas acomodo la sábana de resorte, y ya está arriba en su lugar.”

“¿Pusiste bien la sábana?”

“Es una sábana king, y el futón es matrimonial, así que me dio pelea, pero acomodé bien la sombra de Kitty, y durmió en el blanco – media noche al menos.”

“¿Y la otra mitad?”

“Aplasta-tripas.”

“¿Cuándo vamos a ver lo del depósito?”

“Aquí traigo los bolsillos volteados. El terreno, dos meses de nómina, todos los materiales; todo lo que entra sale – y más. Seguro voy a abonarle a los tractores y regresar el resto poco a poco al money market.”

“El nido quedó medio flaco.”

“Todavía está cerca. Tenemos un buen arranque. Si logramos que la casa en sí quede abajo de seiscientos, y se tarda el año y medio completo en terminarse, el ingreso alcanza a cubrir.”

“¿Qué tan cerca?”

“Tienes las mismas contraseñas que yo – está cerca.”

“Muy cerca.”

“Ya sé, amor. Pero dos recámaras ayudan.”

“Si de veras gastas uno-tres en el terreno, estamos jodidos.”

“Pues, el terreno costó cinco mil el acre, y eso ayudó. Las máquinas fueron doscientos cincuenta. Cuatro muchachos, un año y medio, son otros doscientos cuarenta. Es media milla de camino, y ya llevamos cien camiones ahí. Tres cuartas partes ya apartadas o facturando. Uno-tres no está fuera de la cuestión. Todavía nos falta el séptico de la casa, el pedido grande de solar, el taller, la geotermia, la casa en sí y por lo menos ciento cincuenta para tu contratista.”

“Buen intento. Tú no vas a construir la casa.”

“No lo tenemos.”

“Te dije que no gastaras dinero de piedras y luego lloraras pobreza.”

“¿Por qué a ti te tocan todos los te-lo-dije limpiecitos, y yo me tengo que esconder abajo de la cama para los míos?”

“Genética.”

“Andamos bien justos.”

“Porque te pasaste demasiado tiempo en esa skid steer, tal como te dije.”

“¿Dos? ¿Te tocan dos te-lo-dije en el mismo párrafo?”

“Golpea la mesa todo lo que quieras. El historial no cambia.”

“Si no lo hubiera hecho, la casa no se habría vendido.”

“Cierto, pero ahora estamos viviendo en tiendas de campaña, y tenemos suficiente para empezar pero ni de lejos suficiente para terminar.”

“¿Alguna idea?”

“Nop. Eso es cosa tuya. Yo estoy segura y calientita y Clover tiene su tapón de galleta. Tómate tu tiempo.”

“Ya tengo cuatro cabezas asomándose por arriba de la presa y trescientos pies antes de que me caigan encima. No hay tiempo que perder.”

“Amor.”

“Yo también te amo.”

“¡Buenos días, muchachos!”

“Sí, esa loma.”

“¿Hace suficiente frío allá afuera?”

“Aquí adentro no está nada más calientito, jefe.”

“Está un poquito más calientito.”

“No mucho.”

“Manos suavecitas lo dice todo, Tanner.”

“Auch.”

“Y arrancamos. Cody sale disparado de la puerta, a señalar lo tonto de mis decisiones, Rusty en medio con una queja de la presa, y el cobertizo no está lo bastante calientito para Tanner.”

“Un desayuno a lo mejor lo calienta.”

“¿Alguien quiere segunda?”

“Los cuatro.”

“Bueno, pues. El día empieza con un descanso. Pero yo llevo aquí desde anoche, y quiero ver el vertedero.”

“La presa aguantó.”

“Cierra la puerta al salir. Vámonos.”

“Entonces, ¿qué hay en la agenda?”

“Tenemos un día ocupado, pero ahorita es lo de la presa que empezamos ayer. Con suerte, terminado hoy.”

“¿Ciento cuarenta pies en un día?”

“No. Ese no es nuestro estilo. Vamos a meter un par de tramos para drenar el agua más abajo por la parte de atrás, que caiga en la ladera para que sea tierra natural, y nos vamos a terminar lo solar. No estoy tan seguro de aguantar mucho más que las dos noches sin calefacción.”

“Espérate, ¿has estado durmiendo ahí sin calefacción?”

“Pues, sí, Devin. No tenemos las baterías instaladas, y aunque las tuviéramos, no tendríamos suficiente solar para cargarlas.”

“Ándale, ¿qué estás tratando de demostrar?”

“No es para tanto. ¿Ustedes alguna vez han tenido un gato? Esa bestia busca el calor, y a ciento dos grados también da calor.”

“Más hombre que yo. Yo me quedo con la casa de mi mamá en un fraccionamiento con calefacción y luz.”

“Y hot cakes, sí ya sé, Devin. ¿Por qué no le hablas a la parrilla y pides la comida? Pídeme una Coca, café y jugo de naranja con lo mío.”

“Otra vez con esto. Era café, Coca, jugo de naranja”

“Ah, otra vez con esto. También necesito leche, Devin. Tráeme medio galón de leche en el Wye de pasada.”

“¿Dónde está la tarjeta?”

“Está arriba del minirefri junto a la computadora. Tráeme también esa memoria USB-c. Necesito una copia de esta grabación que tiene Cody.”

“Sí, cómo no. Te la puedo mandar por mensaje y ya.”

“¿Ya la tienes, Rusty?”

“Sip. Es mi canción de cuna. Ya le tocaba a Cody que alguien lo pusiera en su lugar así.”

“Chinga tu madre, Rusty.”

“Ándale, Cody. Tú se la mandaste. No te pongas todo encabronado porque no la está usando por la misma razón pendeja que tuviste pa’ hacerla, sea cual sea.”

“Este, ¿yo también puedo tener una copia?”

“Los Grandes Éxitos de Cody Norman. Por lo visto podrías vender esa cosa. Apuesto a que al de la carnada viva le encantaría una copia. ¿Compraste carnada ahí y viniste a pescar aquí? No había pensado en eso.”

“Da igual.”

“Ay, ándale Cody, no te enojes. Esa es la parte que siempre se te pasa. Somos lo que somos. Tú mismo dijiste que eso no te hace malo. Lo que se te pasa es que aquí no te están castigando por eso. Nomás te están pidiendo que lleves las cuentas bien.”

“¿Bien según quién?”

“Bien aquí.”

“¿Qué quiere decir eso?”

“Quiere decir que escribas lo que pasó. Cuéntalo limpio. Deja la ecuación al hombre del gis, quien sea en ese momento. Llévalo un paso más allá. Hay gente que te va a condenar hagas lo que hagas para auditarla. Ya se decidieron.”

“Pero eso dice más dellos que de uno.”

“Más. Misma lectura, mismo hombre, distinto humor. Una lectura totalmente distinta.”

“Meghan le dice a eso untarle mantequilla.”

“No tenemos necesidá de imaginarte untándole mantequilla a toda la Meghan.”

“Este, gracias Rus. Esa imagen ayuda un montón.”

“La imagen de verdad es este tubo del vertedero. Miren eso. Es como si lo hubiéramos planeado.”

“Está perfecto.”

“Sí, eso es pura suerte. No parece que se haya ido por debajo del tubo pa’ nada. Nomás se paró perfecto en el borde.”

“Carajo, Cody, súbete a esa exca y empujemos el tubo hasta el fondo y asentémoslo y hagámoslo de verdad.”

“Ya voy.”

“Sí, cómo no. Eso está bien chido. He estado viendo este estanque llenarse hasta arriba desde que empezamos a meter tierra.”

“Otra vez sigue la tierra. Prende la skid y empieza a acarrear puente de tierra para sellar este tubo.”

“¿Cuántas quieres?”

“Sigue trayendo. Tú también, Cody. Empuja el tubo para que quede salido sobre el agua unos cuatro o cinco pies.”

“¿Pa’ qué?”

“No vamos a hacer los ciento cuarenta completos hoy. Seguro nomás metemos dos tramos para llevar el agua más allá de los cimientos a la ladera natural.”

“Aun así, ¿por qué tan afuera?”

“Es lo suficiente para doblarlo hacia arriba y cortar el agua cuando regresemos a meter el resto. Levantas la punta del tubo, y tenemos una llave de paso.”

“Va que va, jefe.”

“Ahí. Eso es. Ahora arrima con la punta un poco de ese montón de mi excavación. No, así no. No andes empujando el tubo. Nomás de puntita, poquito a la vez.”

“¿Así?”

“Sip, Rusty, pon eso por acá. Está bien pinche raro. Le hablo al hombre, y sé que no me oye.”

“Sí, yo también. Las obras son todas iguales, el hombre moviendo las manos pa’ todos lados hablando solo.”

“Ahí. Échala. Abre la ventana. Sigue trayendo. Necesitamos que esta ladera baje limpiecita en pendiente sobre el tubo. Cody, vete con él y afloja el puente adelante del cucharón.”

“Tanner, ¿tú vas a hacer de arranque automático por acá?”

“Tú ya tienes eso cubierto. Los racks necesitan rackearse.”

“Ya regresó Devin.”

“Justo a tiempo.”

“Órale, se está aventando a subir la loma.”

“Ni de chiste.”

“Eso parece.”

“Sí, cómo no.”

“Güey. De todos modos no quiero que ustedes se estacionen aquí arriba.”

“Sí la va a hacer.”

“Eso parece.”

“Genial, ahora necesito una torre de vigilancia.”

“Pero la comida va a estar caliente.”

“Yo estaba bien seguro de que esa loma me tenía a salvo y en privado aquí arriba, pero la loma no es nada contra un chamaco con algo que demostrar y un country fried steak.”

“A sangre fría, Devin.”

“¿Grabaste eso, Cody? Lo podría usar para retar al cartero.”

“Traje la comida, jefe.”

“No me tiró las bebidas, ¿verdad?”

“Ten, café, Coca, jugo de naranja.”

“Donde las dan las toman, ese es el sabor.”

“El único sabor que huelo es huevo.”

“Eso sí huele bien, muchachos. Pónganlo arriba del refri. Aquí está el canasto. Las sillas de jardín están detrás del reclinable.”

“Demasiadas nalgas aquí adentro pa’ mí. Yo voy a comer afuera.”

“Sí, Cody. Yo contigo.”

“No se puede, muchachos. Tenemos que repasar la obra y organizarnos.”

“Pásame uno de esos steaks.”

“Ahí tienes.”

“¿Todos tienen?”

“Todo bien.”

“Sí.”

“Sí.”

“Ya tengo el mío.”

“El tuyo es un trofeo, hijo. Buena subida a la loma. Pero no lo volvamos a hacer. Ustedes se estacionan en la bifurcación.”

“Hazte pa’ allá, Cody.”

“Está apretado, pero es indispensable.”

“Pero se calienta rápido.”

“Rusty, si te tiras un pedo en mi casa, le suelto la mente torcida de Cody para la venganza.”

“No soy tan hombre pa’ todo eso.”

“Nadie lo es. Bueno, ya tenemos el plan de la presa. Tanner y Devin están con los racks solares. ¿Cómo vamos?”

“El primer rack ya casi está. El segundo necesita un par de postes de estaca más, y al tercero le falta como una hora.”

“¿Y ya está jalado el cable?”

“No, porque primero tenemos que desarmar este lado, y eso quiere decir nada de carga hasta que terminemos.”

“Buen ojo. Bueno. Entonces concéntrense en el rack uno. Usen ocho paneles nuevos. Una vez que estén todos sujetados – ¿ya le entendieron a esas abrazaderas?”

“Este, están fáciles.”

“Bueno, entonces cableen un arreglo completo del lado de captación hasta el desconectador. Jalen los cables del lado del shed y conéctenlos en el arreglo nuevo. Eso duplica nuestra FV actual, y nos da tiempo para lo de las baterías. Luego desarmen esa locura del rack de madera y pongan esos paneles en el rack dos. Armen el tres y luego apagamos y conectamos los cables. Cuando eso esté, me voy a Wears Valley.”

“¿Eso es un Ring?”

“Sip, el diablo oyó mi súplica. Es el cartero. Dejando cajas de Amazon en la entrada.”

“Miedoso.”

“Por cierto, hay una tele en mi asiento de atrás. Estaba en el camino de entrada cuando fui por la comida.”

“Tengo que hacer algo con este camino de entrada. Van a dejar lo que no es allá abajo en el momento que no es, y se lo van a robar.”

“Sí, cómo no.”

“Por lo menos voy a tener Netflix hoy en la noche y DirecTV llega mañana.”

“DirecTV en un cuarto de herramientas. No está bien.”

“No está bien vivir sin ella, Cody.”

“Yo vivo sin ella.”

“Somos diferentes. Entonces, este es el plan largo. Cuando terminemos la presa, ustedes dos regresan al camino de atrás y al zigzag. Ese camino necesita drenaje hacia la barranca. Esos árboles tumbados hay que trozarlos y arrastrarlos. Pongan todas las ramas en fila a lo largo del lado del estanque, y yo puedo empezar a triturarlas. Tenemos que limpiar los tráileres, ordenar y organizar los tres y llevar todo lo extra y lo de después – las herramientas del torno, por ejemplo – a la bodega. Básicamente, las próximas dos semanas son terminar el tubo del vertedero, hacer camino y dejar lo solar suficientemente bien.”

“¿También vamos a arreglar la servidumbre de paso?”

“Eso y más, Rusty. Manos a la obra. ¿Quién se lleva esta basura? No la vamos a dejar aquí para que atraiga osos.”

Capítulo 55 – miércoles, 31 de enero

“Bueno, a lo mejor podríamos turnarnos por semana. Stef y esta tickle-me-yellow-doodle se pueden ir a quedar al Drip, y yo me vengo para acá a apreciar los huevos de la mañana que ella ni se rebaja a comer.”

“No creo que Stef le entre a eso.”

“Nop. Es su culpa. Financiamiento del dueño, dice - Claro que la casa se vende cuando le pagas a alguien para que se la quede.”

“No exactamente pagarles.”

“Claro. Pagaste mi falta de techo y tu vida en el shed para que Emam pueda vivir en una mansión.”

“Ahí te tiene.”

“¿Ah, sí? Fíjate en esto. Estás aquí mero donde querías llegar desde el principio, así que a lo mejor esa vida en el shed está pagando doble.”

“Aguas, Stef. Trae el rope-a-dope.”

“Pero no está bonito. Yo ni quería poner la casa en venta. Tú fuiste el que me fue arrullando con tus pedacitos.”

“¿Tienes algo ahí?”

“Nada limpio.”

“Puedes pelear sucio. De todos modos te vas a estar congelando las nalgas toda la noche en un shed hoy.”

“Permiso y ejemplo en uno. ¿Eso cuenta como dos turnos, Karen? Necesito un fallo aquí.”

“Yo creo que los dos deberían quedarse aquí.”

“Ay gracias a Dios, Jen ya llegaste. Me superan en número, y me tienen acorralado.”

“Hola, Mikey. Parece que estás en problemas. Yo de esta no me meto.”

“¿Tommy?”

“Lo estás haciendo bien sin mi ayuda.”

“No congelándome. Hoy en la noche va a hacer treinta y tres.”

“Ya déjense de eso y vengan a comer. Jen, ¿dónde están Ethan y Syd?”

“Ahorita bajan. Syd tuvo que sacar a Luna, y Ethan acaba de salir de bañarse.”

“No va a bajar otra vez con el pelo mojado.”

“Mamá, ya deja de estar fregando.”

“Vengan a comer.”

“Un segundo, es Rusty. Hey.”

“Ándale, Rusty se acaba de cagar en los pantalones.”

“Qué – ¿tú…”

“Él venía bajando por la presa…”

“Dame ese teléfono, Cody. Hey, Michael. Todo está bien. Nadie salió herido. Pero acabamos de tener un deslave fuerte en la parte de atrás de la presa.”

“Gracias por – por allá. ¿Entonces la presa está bien?”

“Sí, en realidad nada cambió. Nomás toda esa tierra que estábamos apisonando seca se estuvo chupando toda esa agua que se desbordaba por la presa, y yo venía con una carga para echar y apenas me asomo por la orilla, y de repente voy surfeando por la parte de atrás, confundido, jalo la palanca pa’ atrás, pa’ adelante agarrando velocidad, y luego un frenón acolchonado, y se hunde derechito en el lodazal."

“Primero que nada. No se suban a esa presa. No se pongan debajo. Váyanse al shed y relájense. Suenas como que te hace falta respirar. Hay Cocas en el refri ahí adentro. Llego en veinte minutos.”

“Estuvo bien chido. Iba planeando loma abajo, flotando encima. De hecho es para bien. El tubo de drenaje viejo estaba lleno de agua, y salió disparada cuando se deslizó el relleno.”

“Lo veo cuando llegue. Muchachos, la cuadrilla se salvó de milagro, pero me tengo que ir.”

“Aquí tienes un plato.”

“¡Karen!”

“Hay goulash y te puse cinco bolillos. ¿Alcanza?”

“¿Pero no hay huevos?”

“Para esos tendrás que aparecerte en la mañana.”

“Esa pelea la iba a ganar yo.”

“Claro que sí, cariño.”

“Te hablo cuando llegue.”

“Manda fotos y cosas.”

“Va, Tommy. Los quiero, chicos. No me alcancé a bañar, así que seguro paso mañana una vez que deje a los muchachos trabajando.”

“Eso me recuerda. Aquí tienes una llave por si no hay nadie cuando llegues alguna vez.”

“En un cordón. ¡Te quiero muchísimo, Karen! Stefanie, cuida a esta gente.”

“Va. Te amo.”

“Amor.”

“Entonces, Hasselhoff, tuviste suerte. Todavía estaríamos desenterrando la puerta de enfrente si se hubiera volteado en la ola.”

“Habilidades.”

“Claramente. Es como la entrada de una cueva la forma en que el lodo se lo chupó. La puerta embarrada pero no bloqueada.”

“Yo pensé que ya se lo había llevado la chingada.”

“¿Dónde estabas tú?”

“Taba en la excavadora allá arriba apisonando el tubo. Apenas iba a bajar por la cola del dino, y oigo que el motor se acelera y las orugas nomás girando pa’ atrás. Yo pensé que ya se lo había llevado la chingada.”

“Bueno, lo dejamos ahí por hoy. Que se asiente el agua. A lo mejor mañana conseguimos un par de hojas de triplay y caminamos encima. A ver qué vemos.”

“Sí, esa tierra está empapada de lado a lado.”

“Lo dejé filtrar demasiado tiempo. Casi te mato, hombre.”

“Nel. Ese era el calendario. Las prioridades lo fueron aplazando. Le estábamos dando todos los días.”

“Nomás no llegamos a tiempo.”

“Pues, a lo mejor justo a tiempo. Si no nos hubiéramos pasado las últimas dos semanas arreglando esta cosa, toda la presa a lo mejor se hubiera desplomado.”

“Por el lado bueno, cuando eso se seque este año, va a quedar como concreto.”

“Ándale, eso es un hecho.”

“Sí, cómo no.”

“Hey. ¿Qué pasó?”

“Hey. Todo bien.”

“Todo estaba bien antes de que te fueras. ¿Qué pasó?”

“Se me pasó una pieza del rompecabezas…”

“Mira, nada de acertijos. Suéltalo.”

“Se me pasó. Es como dije el domingo. El agua se desbordó demasiado tiempo. La tierra que estábamos echando por atrás se estuvo llenando de agua todo ese rato. Se llenó, y se desplomó. Lo debí haber visto.”

“Sí lo viste. Lo viste el domingo, y actuaste.”

“No actué. Dejé que los hombres actuaran, y casi le cuesta la vida.”

“No seas dramático. Estaba en una caja de fierro hecha para eso.”

“No, una tumba de vidrio, no hecha para eso.”

“Las tumbas tienen cuerpos, y Rusty anda caminando perfectamente bien.”

“Si se hubiera volteado, solo dios sabe por qué no, el lodo habría pasado el parabrisas, hasta arriba. El agua metiéndose por cada junta oscura – una carrera no contra el oxígeno, sino contra el dióxido de carbono producido con cada respiración llena de pánico hasta que pudiéramos llegar a él, lo cual habría sido angustiante porque ese lodo es sopa. Necesitaríamos la canoa por el amor de Dios para mantenernos fuera del lodo mientras escarbábamos, cada palada rellenándose a la mitad mientras la aventábamos loma abajo, y ese mismo lodo resistiéndose al aventón de modo que la pala empujada de regreso a la succión sería la mitad del hombre que era antes del empujón.”

“Nada de eso pasó, Michael.”

“Ah, sí pasó, o no sabríamos que era posible. Pasó en algún lado a alguien en algún tiempo. Pasó, y no aprendí la lección cuando pasó.”

“¿De qué diablos estás hablando?”

“No tengo nada que andar haciendo esto.’

“Algo de eso puede que sea cierto, pero mira a tu alrededor…”

“Soy una anécdota. Soy un cuento con moraleja.”

“Mira a tu alrededor. ¿Cuántas obras ves – cada una llena de la misma gente que tienes tú en la tuya?”

“No la misma. La mía son los descartes del quemado.”

“Esos también. ¿Crees que tienes a los únicos cuatro tipos en el condado de Sevier que no pusieron atención en la clase de matemáticas?”

“Sí, y yo era el capitán del quemado todos los martes y jueves. Y me encanta la clase de Matemáticas.”

“Tanner. Pensé que te habías ido con los muchachos.”

“Sí me fui, pero luego me di cuenta de que no habías cenado. Pensé que mejor venía a asegurarme de que no necesitaras nada.”

“Cariño, ¿oyes eso? Me tengo que ir.”

“Hey, Tanner. Gracias por regresar. Este cuate está hecho pedazos.”

“Ya veo.”

“Bueno, cariño. Te hablo al rato.”

“Amor.”

“Amor.”

“¿Esta vez no hay ternura, Tanner?”

“Nel, ya tienes suficientes problemas.”

“Lo único que necesito es un montón de mierda que manejar y una cinta métrica pa’ escoger el tamaño de la bolsa.”

“Yo me iría por la extra grande en esta. Una lona, a lo mejor.”

“Compa, eso no lo podemos sacar a palas, y está a treinta pies de la orilla, así que la excavadora tampoco.”

“A lo mejor vas a tener que dejar que se seque y sacarla después.”

“Ay, mierda.”

“Ay, mierda – ahora tengo que cargar todo a todos lados otra vez.”

“Nop. Vamos a comprar un carrito de golf.”

“Este, bueno.”

“Primero tengo que sacar a Kitty.”

“Te veo en mi troca.”

“Nel, van a ser diez minutos. Mejor súbete conmigo. No hace si no me siento en los escalones.”

“Espérate. ¿Tienes una gata que no va al baño si no la sacas a pasear?”

“Más o menos. Cuando la saco, nomás se queda parada viendo por el vidrio de abajo chillando para que la deje entrar otra vez, a menos que salga con ella.”

“Tienes que sacar a pasear a tu gata.”

“Es la única compañía de fumar que tengo ahora. Yo me congelo debajo del toldo mientras ella se echa en el mulch”

“Yo fumo contigo, compa.”

“Esto va a estar interesante.”

“¿Qué cosa?”

“Aquí arriba está hecha un manojo de nervios.”

“Es mucho cambio.”

“Una cosa era hablarlo, pero de veras vivo en el monte, en un shed, con una gata que no está convencida.”

“Yo no estoy tan convencido de que debas hacerlo.”

“No se puede quedar aquí arriba sola. Ándale, Kitty. Sal para acá.”

“Nomás estaría sola en la noche.”

“Esa seguro es la peor parte. Y nomás una entrada, una salida de este shed. A los gatos no les gusta eso.”

“Pon la puerta para gato atrás.”

“Todavía no puedo poner una puerta para gato. No sabe dónde está. Mírala. Ya tiene sus costumbres, pero todavía no conoce el lugar. Mira ese tocón. Ese es el primero. Ahí se va a asentar. Se sube ahí cada vez que sale. Es su ancla, y de ahí se va a ir extendiendo.”

“La mejor forma de aprender.”

“Si no hubiera tantos linces. Los coyotes no me preocupan, no pueden subirse a los árboles.”

“Veo huellas casi todos los días.”

“Cría y mamá, creo. Apenas anoche la vi con mis propios ojos cruzando hacia la presa, clarito llevaba un conejo grande o algo.”

“Es una gata grande – cristo, y apesta también.”

“Ha de haber estado aguantándose esa. Ándale, gata, adentro. Abre una de esas latas de comida, Tanner.”

“Ah, para eso sí viene corriendo.”

“Las 6:30, los días se están alargando.”

“Todavía, oscuro. Tengo goulash que me dio Karen. Saltémonos la vuelta. Va a estar más divertido comprar el carrito de golf de día.”

“Seguro es lo mejor con la skid enterrada. Quién sabe cuánto va a costar arreglar eso.”

“Supongo que depende de cuánto lodo y agua se le metió al escape allá arriba. Se estaba yendo la luz. No alcanzaba a ver.”

“Estaba hundido cuando lo vi.”

“¿Buscaste el escape?”

“No, pero toda la parte de atrás estaba cubierta hasta el techo.”

“Sí. Mañana es el día. Hoy en la noche nomás me siento con la suerte de que es una máquina y no un hombre.”

“En realidad nunca fue tan peligroso.”

“Compa, esa cosa está enterrada.”

“Sí, pero fue en cámara lenta. No lento como repetido en mi mente. Empezó a irse. Lo oí acelerar, y vi las orugas patear pa’ atrás, y se estaba moviendo pa’ adelante. Tuve tiempo de pararme del rack y llegar a la orilla de la presa y verlo unos segundos mientras se deslizaba y se hundía.”

“¿Como diez segundos?”

“No. Mucho más que eso. Se iba haciendo más lento mientras más se hundía. Fue como que desapareció por completo, y luego nomás era lodo deslizándose encima un segundo o dos, y luego nomás se paró.”

“Es cosa de miedo. Alguien podría salir lastimado. Pero de veras.”

“Ahora lo veo. Creo que todos lo vieron.”

“Es una cosa real, la deuda con el hombre. Cuando cuentan contigo, no es nomás dinero, es su seguridad. No habría podido diseñar una lección mejor con un libro de texto.”

“Hasta Cody se puso medio serio hasta que oímos esa puerta rechinar al abrirse, y Rusty se para en el marco de la ventana, y se ve clarito que está espantado. Como, le dimos la vuelta, como por la parte del camino, y vamos subiendo al lado de él, y Cody se avienta. Se le ve el pie – agujeros donde pisó en el lodo y al instante hasta las rodillas.”

“¿Cody se metió?”

“Estaba serio, como un policía. Paso firme, nomás empezó a meterse. Ni lo pensó. Había que hacerlo, y fue a hacerlo, pero el lodo lo paró en seco.”

“¿Tuvieron que sacarlo?”

“No. Se quedó parado un segundo. Le echó un ojo y le dijo a Rusty que brincara loma abajo – luego le aventó un palo. Estaba bien al tiro. Había que hacerlo. Y ahí estaba – al tiro.”

“Te dije que es listo.”

“Pero puede ser un cabroncito.”

“No es nada personal, pero de los tres, él es el que querría en la obra en el momento.”

“No me ofende. Yo también.”

“Yo no te dejaría ahogarte, compa.”

“Tú no estabas entre las opciones. Pero tú eres el bueno para todo el paquete. Los dos sacarían a alguien de la casa en llamas, pero Cody no es mucho de la manta térmica.”

“La imagen se nubla.”

“Hey.”

“Hey.”

“No le andes dando vueltas.”

“Ciencia, resultado. Entendido.”

“A ver.”

“Entonces, hemos estado echando camión tras camión de tierra suelta de desecho en esa ladera. Tapamos el tubo del vertedero como queríamos. Sabíamos que era peligroso, pero cuando llovió, y el agua se desbordó tan limpio, me la jugé. Me lo salté. Pero no creo que nada de eso importara.”

“Claramente importó.”

“O sea, sí. La presa estuvo babeando un mes. Importó. Y las tormentas de la semana pasada sí importaron un montón. Eso fue lo que nos agarró. Una vez que ya no pudimos trabajar en la presa por miedo a que las máquinas pudrieran la tierra, esa fue la gota que derramó el vaso.”

“Entonces no es tu culpa.”

“No, no como negligencia ni nada. Pude haberle entrado antes, pero no creo que nada de eso hubiera importado. Creo que esa tierra de relleno suelta se habría deslizado de todos modos con toda esa lluvia encima. La parte…”

“Deberías parar ahí. Esa es toda la verdad.”

“No toda. Las lecciones aprendidas son la cuenta, y esta tierra también es tuya. Cuando los hoteles me consiguieron una docena de demandas y la gasolinera dos docenas más, ese era problema mío. Esta también es tu casa, así que las lecciones nos tocan juntos.”

“Juntos.”

“Nos retrasamos. Prioricé mal. El agua se metió debajo de la tierra y encima de ella, y se deslizó. Nadie salió herido. La skid steer queda abierta para descubrimiento en la mañana.”

“Pero tú compras esos préstamos estúpidos, así que está asegurada – ves, sí escucho.”

“Bueno. Ya me está alcanzando el bajón de adrenalina. Hace un frío de la chingada hoy en la noche. Voy a comer un poco de goulash y a descansar.”

“Te amo.”

“Yo te amo más.”

Capítulo 56 – jueves, 1 de febrero

“Buenos días, muchachos.”

“Hoy me tengo que ir temprano. Anoche se me congelaron las nalgas. Me tuve que meter a la troca con la calefacción prendida. Me voy a casa de Karen, y me voy a dar el baño más largo y más caliente que la vida moderna tenga para ofrecer. Vamos a ver esa skid steer.”

“Entonces, este, no se hundió nada.”

“A lo mejor eso quiere decir que está en terreno firme debajo del lodazal.”

“Sí, eso es lo que yo pensé."

Cody no es el único que sabe subir a esta loma. Dime que ese hombre es honrao. No sirve pa’ nada. Nunca nunca ha salío nada bueno de ningún yanqui que arranca raíces pa’ poner un excusao de lodo que ni le hace juego a las raíces. Se ríe de las raíces. Y ahí vienen, se salen de esa casucha como payasos, el jefe de la bola primero, avienta las manos pa’ todos lados y no señala nada, nomás manos volando como pa’ distraerte mientras saca el conejo del sombrero. Dime que ando añorando. Dime plática de caballeros. ¿Qué chingaos es plática? Plática es lo que hacen en esas cafeterías. Plática. Mastican palabrotas, las avientan en oraciones largotas. Mira qué listo soy. Y too el rato agitando las manos pa’ todos lados que lo único que puedes hacer es agacharte y esquivar pa’ que no te peguen. Ándale, un poquito más cerca. Ora sí te oigo.

“Hombre, eso está feroz.”

“Devin con la palabra del día.”

“Sí, cómo no.”

“Cody, sube y trae esa retro. Revisa la grasa. Caliéntala.”

“Jefe.”

“Tanner, ¿cuántas cadenas tenemos?”

“Tú tienes tres, y yo tengo una en mi troca también.”

“Cuatro cadenas. Cuarenta pies.”

“Seguro más largas.”

Y ora te huelo, y hueles pior que el ganao. Pior que la granja de puercos aquí toos esos años. No vas a sacar esa máquina de ese lodo jalando una cadena.

“Dev – odio cargarte todo el trabajo de mierda a ti, pero nomás eres ese tipo… Ve por esas cadenas heladas y tráelas para acá.”

“Yo ayudo.”

“No, necesito ir platicando cómo meterme, y esto es un problema de por lo menos tres cabezas.”

“Sí, cómo no.”

“Rus. Tú arreglas estas cosas. El escape se ve libre…”

“Anoche no. Fue lo primero que vi.”

“Pero hoy está libre.”

“Seguro chupó un montón.”

“Ahí está el filtro.”

“Eso primero, supongo. Hay que desenterrar la compuerta.”

“¿Algo más?”

“Es la jaula del ventilador allá atrás. Está llena. Nada para ese lodazal - nomás se retaca.”

“Sip. Ya lo veo. Pero a lo mejor no adentro del motor.”

“Adentro no – nomás lo que se metió en el tubo.”

Pos de una vez háblenle al viejo Teague con esa máquina. Antes sí arreglaban una máquina que se metía así. Ora tan toas débiles, se descomponen fácil – no las puedes arreglar si no tienes sus computadoritas y sus softwares.

“Cadenas.”

“No tenemos mucho, pero hay algo de triplay de desperdicio. Ve por… Ja, qué chistoso. Iba a decir ve por la skid y baja el triplay del desperdicio.”

“Sí, cómo no. Yo también lo hice cuando taba pensando en palas.”

“¿Qué pasó con la idea del carrito de golf?”

“Hagamos una evaluación. Luego me voy a casa de Karen a bañarme. Creo que a estas alturas ya me perdí los huevos. Regreso, y vamos por un carrito de golf.”

Me levanto a mear, y ahí ta mi muchacho tecleando en esa computadora, tic, tic, tic como cerca eléctrica de ganao. Ora le da miedo cruzar la línea, y mi muchacho nunca tiene miedo. El yanqui lo tiene asustao, lo entrena. No miedo de nomás cruzar el alambre, miedo de acercarse. Y ahí ta. Pero desperdicia el entrenamiento. En vez de poner al muchacho en un camino que valga, hacer una cosa, arreglar una cosa, lo tiene jugando computadora toa la noche. Así es un yanqui. Compra una computadora toa nueva nomás porque tiene una rajada en la pantalla, nomás porque no ta perfecta. Y ora aquí ta ayudando a ese yanqui a sacar esa skid. Sabía que me debía haber llevao esa skid antes de que la chocara. Ta bien. Gasta tu dinero, yanqui. Compra dos computadoras, ten a mi muchacho despierto en la noche trabajando gratis. Ora yo tengo una laptop. Gracias, gringuito.

“Aguas, Tanner.”

“¿Cómo te sientas en esa cosa con la ventana abierta de par en par enfrente, a treinta y un grados?”

“Traigo la calefacción prendida soplándome.”

“No por mucho. Baja la ventana y dame el asiento.”

“Yo me encargo, jefe.”

¿Qué chingaos le dice jefe? Tal como pensé. Esa infección de hombre ta bien honda. Tiene a mi muchacho haciendo genuflexión, doblando la rodilla. Ora él calienta y engrasa la retro, y la entrega, se baja nomás pa’ que el trabajo no le dé crédito a naiden más.

“Ese es trabajo mío. Nadie se mete debajo de ese deslave hasta que yo sepa que es seguro.”

Ahí va. Haciéndose el mártir.

“Voy a ir mordisqueando, río abajo. Creo que Rusty tiene razón, está en terreno firme, nomás forrada en lodazal.”

“Ese fui yo, jefe.”

“Buen ojo, Cody. Creo que voy a entrar por abajo. Hicimos todo el trabajo de la presa, y la verdad el deslave se asentó bastante bien. Si entro por río abajo le agarro la onda, a lo mejor la sacamos y nos quedamos con lo que ganó la presa.”

“Ya veo.”

“Bien pensado.”

“Mientras me meto con las orugas, pongan esos triplays en el lodo. Caminen hasta atrás y vean si pueden desenterrar la compuerta del motor. Hay que ver adentro antes de arrancarla.”

“Sí, de todos modos no se puede arrancar antes de que el ventilador esté suelto.”

“Ese ventilador no se puede desenterrar.”

“Hay que jalarla río abajo y ya.”

“Tengo – están esos malacates ahí adentro. A lo mejor podríamos atornillar uno a un árbol gordo río abajo y empezar a jalar.”

“Nomás tumbaría el árbol. Bloqueo hidráulico, y además el freno de estacionamiento se activó cuando se subió la barra.”

Ta trabada, yanqui. Rusty lo ve. La escarbas o se queda.

“Entonces, este. Dos opciones. Escarbarla. Y ese lodazal todavía no está listo. O dos, a lo mejor está tan resbaloso allá abajo debajo de las orugas, que se desliza como si estuviera en hielo hasta que se entierra.”

“Sí, eso es.”

“Espérense, ¿están diciendo que intentemos sacarla jalando de ese lodo?”

“Más o menos.”

“Ni de chiste. Succión hidrostática.”

Succión, eso sí. Hidrostática nomás palabrota. Atorao en la succión.

“Entonces, ¿ven dónde estoy? Estoy en línea con la máquina. Veo dónde está en la loma. Me voy a meter con las orugas. Wow. Un hombre a la vez en ese triplay. Mírenlo. Ya se hundió.”

“Está loquísimo.”

“Cuando yo era niño, esta era la escena de las arenas movedizas en Tarzán. Cada vez que el villano necesitaba un castigo dramático o el héroe necesitaba un obstáculo repentino, sale la escena de las arenas movedizas, y adentro va Clayton.”

Y mira allá abajo Clayton ve las arenas movedizas demasiao pronto. Cree que le saca la vuelta, planea una liana. Escarba, yanqui. Eso es too lo que hay. Clayton lo sabe. Lonnie lo sabe. No se ocupa ningún título de ingeniero naciendo de aparcero pa’ cantar esta Star Time TV.

A mí nunca me gustó que agarraran el nombre de Jim pa’ ese villano de Tarzán. Jim el hombre honrao, este yanqui le dice villano de Tarzán y lo mete en sus arenas movedizas, y aquí ta Jim Clayton, le dio casa a medio valle con esos tráileres, precio honrao, buen producto, y Dolly también lo sabe.

Un hombre no necesita ninguna skid steer. Jala un tronco, hace un surco, siembra algodón. Un cuarto de dólar al día, hace un billón. Este yanqui hunde un cuarto de millón, tiene más dinero que centavos.

“Entonces, me voy a meter con las orugas. Si alcanzo la máquina y sigo bien seco, escarbo los lados. ¿Cómo se ve atrás?”

“Ya abrí la compuerta, jefe.”

“¿Cómo está?”

“Es agua. Lodo, pero es agua. Más aguada aquí adentro que afuera.”

“Ya la anduviste tentando también, ya veo. Tu brazo parece la marca del agua en el yeso después de que pasó la inundación.”

“Hablando de a1 a h8.”

“¡Ja, Tanner! Le atinaste. Aunque no estoy seguro de que brinque tan lejos.”

“Sabes, lo busqué. Al principio nomás me salía movimiento ilegal y Alfiles y Reinas, pero luego lo encontré. Cuántos movimientos le toma a un Caballo brincar de a1 a h8.”

“Eso era. Mucho trabajo. No hay camino limpio. No hay forma de planear todo eso.”

“¿Tu plan para esto?”

Vista corta. Eso es. Dice que tiene un plan, Escarbar. Eso se ve desde el camino. Boyd lo ve desde su terreno. Terreno baldío. Boyd lo ve desde la casa de su mamá. Escarba, yanqui.

“Voy a escarbar. Es lo único que tenemos. El suelo está firme hasta ahorita, y alcanzo con la pluma completa. Escarbo el frente, me voy abriendo hacia los lados, Escarbo hasta que deje de caerse otra vez. Cody bájate de esas tablas. Eso está más hondo que esto, y… Es peligroso.”

“¿Qué quieres que hagamos mientras escarbas?”

“Vayan a terminar el segundo rack y vayan metiendo los paneles en el tercero.”

“Va.”

“¿Jalaron los cables ayer después de que me fui?”

“Jalados. No conectados, pero enrollados en la caja combinadora en la pared de atrás. Listos para conectarse.”

“Wow, miren esto. Escarbé el lado, y es como un río de agua saliendo.”

“Qué chido.”

“Sí, es como esos manantiales.”

“Sí, cómo no. Escarbas en la loma, y sale el agua a chorros.”

“Camina debajo de mi pluma hasta la puerta de enfrente. Creo que veo agua en la cabina.”

“Sip, llenita, pero está bajando mientras la veo. Dejó la marca como el brazo de Cody.”

“¿Hasta dónde subió?”

“El asiento quedó abajo.”

“¿Se metió en los controles? ¿Los Joysticks?”

“No. Está bajando rápido.”

“Cuidado con la cabeza, voy a girar y darle un raspón o dos al otro lado.”

“¡Ay, wow! Es inmediato.”

“Si no fuera mi skid steer, Sería una de las cosas más chidas que he visto. El lodo de verdad se está encogiendo. ¿Lo ven?”

“El lodo se está encogiendo más rápido de lo que se hundió la máquina.”

“Es absolutamente increíble. Casi podrías filmar esto, el lodo está un pie abajo del techo en como cinco minutos.”

“Casi quisiera que hubiéramos hecho esto anoche. A lo mejor…”

“Este, nop. Ni de chiste. No quisiste, y esa fue la decisión correcta en ese momento. Es la decisión correcta ahora.”

“Tienes razón, Tanner. Bueno, súbete allá. Empieza con lo solar. Rusty quédate conmigo. Devin bájate de esa máquina. Regresa por donde viniste. Primero vente conmigo y luego cruza al camino.”

“Sí, ¿y yo?”

“Tú te montas al caballo y cabalgas.”

“¿Me vuelvo a subir?”

“Si eres aburrido.”

“No soy raro.”

“Sí eres.”

“No tan raro como tú.”

“Cierto. ¿Cómo se ve?”

“Ya salió el agua, pero hay una capa de baba de lodo por todos lados y como una pulgada en el asiento.”

“Qué asco.”

“El piso está peor. A lo mejor tres pulgadas. Un poco menos.”

“No está tan mal.”

“Sí, pero hay que levantar la cabina para llegar a la válvula de bypass hidráulico, o estamos escarbando para nada, y tres pulgadas.”

“¿Lo puedes sacar con algo?”

“¿Con las manos?”

“¿Tienes por aquí una pala con forma de cabina que yo no sepa?”

“Una de esas palitas de jardín en el tráiler.”

“Ah, ve por una de esas. ¡Tanner! Hey, Tanner, ¿me oyes?”

“Te oigo.”

“Mándenme a Cody para acá.”

“Ya estoy aquí, jefecito.”

“Jesús, me espantaste.”

“Soy un hijo de la chingada bien escurridizo.”

“Voy a poner a Rusty allá arriba a ver si limpia eso. Quiero alguien que vigile. Al más mínimo movimiento, nos avisas. ¿Trato?”

“Yo puedo vigilar.”

“Eres el único al que se lo confiaría. Tanner me contó cómo te portaste anoche.”

“¿Cómo qué?”

“Me dijo que estabas listo para aventarte de cabeza, y que fuiste tú el que se dio cuenta de cómo sacar a Rusty.”

“Rus ya estaba afuera cuando yo llegué.”

“Y humilde además. Te digo qué. Si algún día quieres tu vuelta de la victoria, que sepas esto, tienes una pendiente.”

Asina lo hace él. Tiene a mi muchacho despierto a toda hora haciéndole sus libros, gratis. Tiene a mi muchacho trayendo de vuelta una sierra. Tuve que patalear pa’rriba y pa’bajo pa’ que se robara esa madera de desperdicio y arreglara esa puerta. Tiene a mi muchacho con puros halagos. Mueve las manos pa’ todos lados y halaga al muchacho. Y cuando menos te das cuenta, el muchacho ya no va a proveer nada. Me dicen que le embargan el sueldo. Ahora trabaja de a gratis.

Me hicieron lo mesmo a mí. Cierra el aserradero. Trabajo esos bulldozers por pago diario porque no puedo pagar esas multas de la corte. Le quitan el dinero de la boca a mi muchacho, me avergüenzan, no puedo acabar de pagar el funeral. Me avergüenzan otra vez, me embargan el sueldo. Ya les enseñé. Trabajo con Blalock. El efectivo no se puede embargar.

“Rus, el agua está saliendo a chorros. El bote ya está sacando pegotes, no nomás lodo aguado. Los ganchos Boss ya están fuera del agua, y creo que podemos meter una cadena ahí y jalar curveando el bote.”

“Curveando el bote, sí.”

“Los lados están libres. Esa tierra bajo las orugas está empapada y aguada. Creo que va a salir sin el bypass – por lo menos lo suficiente para levantar la cabina y poner el bypass si hace falta.”

“Voy a intentarlo. Cody, pásame esa cadena de cinco octavos.”

“En cuanto la pase por los Boss Eyes, engánchamela en los dientes del bote. Un extremo de cada lado.”

“Ten, Cody.”

“¿Así, jefecito?”

“Sí, así mero, aprieta los ganchos y sal de ahí. Rusty, vete a la entrada. Cuando jale esto, todo ese lodo de atrás va a querer resbalarse. Me sorprende que siga quieto con los lados excavados.”

“Todo despejado.”

“Despejado.”

“Ahí va ---- ¡ay, carajo!”

“¿Estás bien?”

“En cuanto me baje de este brazo.”

“¡Eso estuvo de poca madre!”

“Güey, te moviste cinco pies para atrás.”

“Tenía la cuchilla bien abajo. Ese golpe… supongo que nomás cayó en la mierda.”

“No pierdas tus pantuflas.”

“Pantuflas, qué lindo. Para que sepas, estos son los zapatos que usan los doctores y los cocineros y los hombres que se la pasan de pie.”

“Pantuflas.”

“¿Tú también, Tanner? Pensé que te había desterrado a lo solar.”

“Compa, eso sonó como la compuerta de un camión de volteo azotándose.”

“Estuvo fuerte. Eso que ni qué.”

“Entonces, ¿estás bien?”

“El orgullo trae grasa de más. Me raspé la espinilla con las manijas. Todo bien.”

“Parece que ya salió.”

“Giró derechito hacia la entrada.”

“El culo se me tragó el asiento antes de que me aventara. Si logro sacármelo del recto, vuelvo a meter las nalgas ahí y termino de jalar.”

“Qué bueno que eso no pasó mientras yo estaba parado en el triplay.”

“No podía. Los lados lo tenían bien atorado. Ya que salieron los lados, y la corriente de agua lubricó las cosas, era inevitable.”

“Está chingón.”

“Okey, entonces la excavadora está en la entrada. Pónganle otras dos cadenas y que alguien la saque de ahí --- Es Stefanie la que llama.”

“Hola.”

“Hola. No me llamaste en la mañana.”

“Me desperté justo cuando los muchachos llegaron al patio de maquinaria. Tuve nomás unos minutos.”

“¿Vas a venir a bañarte?”

“Claro que sí, llego en un rato. Te quiero.”

“Te quiero.”

“Okey, muchachos, todo despejado. Ahora jalen.”

Capítulo 57 – jueves, 1 de febrero

“Emma, trae el recogedor.”

“Detrás de ti.”

“No sé cómo se empolva tanto esto, si nunca viene naiden.”

“Se mete por las paredes, pero ya no por mucho. El mes que entra va a estar recién pintado de primavera; no va a haber ninguna necesidad de gastar esas cerdas con tu barrida de preocupación.”

“No es preocupación, Emma. Si le sigues, dura pa’ siempre.”

“El dos de marzo es el día.”

“¿A quién conseguites?”

“A todos los de siempre, sus hijos y sus nietos. Me caerían bien uno o dos más.”

“¿Y Stefanie? Se nota que la criaron bien.”

“Eso es un hecho, pero creo que es muy pronto pa’ pedirle…”

“¿Mamá?”

“Sí, Bernie.”

“Esta búsqueda me está dejando con daño cerebral.”

“¿Quieres dejarlo?”

“No, señora. Es que no tiene sentido. Estamos en 2024, y hay un mapache con su propio culto de seguidores a estas alturas, millones de vistas, canales de noticias nacionales. Este centro comunitario ha estado aquí desde por lo menos 1907. Fue una escuela de verdad hasta 1970, y cada red de búsqueda que lanzo para encontrar una sola foto del frente de este edificio con sus puertas originales sale vacía – no vacía, desprovista de foto. Hay gente en este valle que se graduó de esta escuela, ni de lejos tan vieja como Mamaw Mernie. Ya había fotografía a color en 1970 cuando cerró, por el amor de Dios. No es posible que este edificio haya sobrevivido sin que nadie lo fotografiara – Mamá, párate enfrente.”

“Bernice, no hay necesidad… Bueno, déjame verla.”

“Listo. Ahora sí hay una foto de este lugar, y la voy a subir a Instagram ahorita mismo.”

“No vayas a subir esa foto,”

“Tiktok, Snapchat. No es posible que este edificio no esté en internet. Imposible. Ni siquiera puedo conseguir una respuesta clara sobre la dirección. Que es 1711, que 1720. La estación de bomberos es 1718, eso sí es seguro. Pero este pequeño Dupont Community Center, Pickens School House, esta cosa es un enigma.”

“Pos, Bernie chiquita. Asina mero son ellos, los modelos viejos, no nos clavan a ninguna cosa ni lugar fijo. Nosotros cruzamos el tiempo.”

“Mamaw, hay gente por todo este valle que fue a esa escuela, que se graduó de ahí. Hay gente famosa. Salió Reagan. Reagan Circle, aquí mismo. Mira el letrero de la calle. Ray Reagan, el juez del condado, nacido aquí mismo en Dupont en mil novecientos veintiuno, el primero de diez hijos, el primero de todo su linaje en terminar la preparatoria.”

“Yo conozco a Ray. Era mi querido amigo. El cáncer se lo llevó en 1978. Me acuerdo como si hubiera sido ayer. Emma, él se murió el día que tú naciste.”

“Bueno, antes de morir, Ray se fue a la guerra y voló para las Fuerzas Aéreas del Ejército — mecánico y piloto a la vez, un hombre que podía arreglar la máquina y volarla — y cuando se acabó regresó a casa a Dupont y nunca más se fue. Se casó con una muchacha Ogle, Louise.”

“Yo estuve en esa boda. Louise era la dama más linda que este valle haya conocido. Nunca puso una mano que no atendiera una necesidad o un cuidado o un amor.”

“Una pareja, entonces. Ray manejaba a una fábrica en Knoxville y de regreso todos los días hasta que el condado lo hizo juez de paz en 1956.”

“Él casó a más enamorados en este valle – Louise hacía de casamentera y Ray hacía el amarre.”

“Luego lo hicieron juez en 1958, y después no lo dejaron renunciar en veinte años, de corrido hasta el cáncer que se lo llevó en 1978, tal como dijo Mamaw. todavía en el cargo.

“No es ningún prisionero. Ray no lo habría querido de otra manera.”

“Él construyó el parque industrial. Construyó el hospital. Construyó el aeropuerto entre el Forge y Gatlinburg. Hay un puente sobre el French Broad con su nombre atornillado. Este condado celebra su historia, pero no la Pickens Schoolhouse. Este condado manejó toda su justicia a través de un hombre que salió de una escuelita de dos puertas en un valle que no puede darse el lujo de una sola fotografía de sí mismo. Y todo el tiempo que se sentó en ese estrado, Mamá, nunca se mudó. Nunca se le subió. El juez de todo el condado, y manejaba de regreso a Dupont cada noche de su vida. Votaba aquí. Yo voto aquí. Todos votamos aquí.”

“Yo tengo el mismito problema, Bernice. He ido a la Williams Library, al Heritage Museum, comí con Anna Garber y Steve Petty, son historiadores de mesa de cocina. He ido con el grupo del libro de Boyd’s Creek. Le he preguntado a toda alma con la que me he topado buscando una sola foto de este edificio con las puertas originales.”

“Todo mundo tiene una pista, pero ninguna foto ha aparecido.”

“Exacto, mi amor. Así que si quieres rendirte, encontré un montón de edificios de antes y puertas de antes, y hasta puedo conseguir unas cuantas bien baratitas, y puedo arreglar este lugar como él quiere arreglarse.”

“He seguido cada pista, y si hay una foto de este edificio por ahí, yo no la veo.”

“Yo me acuerdo de las puertas, Emma. Como digo, no tengo foto, pero me acuerdo de ellas. Eran de vidrios de arriba a abajo. Eran pesadas, bien pesadas. Cuando salías un día de viento, ese viento agarraba esas puertas, y apenas podía yo agarrarme de la manija.”

“Mamaw, si tan solo pudiera transcribir tu mente al internet de Bernie. Quién sabe lo que veríamos.”

“Pues, yo veo más sobre esa vieja cañada que sobre este edificio histórico. Trail Holler, aunque tienes razón, el internet no le dice así. Veo que antes de que Stefanie lo comprara, era de Charlie y Bobbie Lovell, y que lo compraron en una subasta por impuestos atrasados en 1989. Veo que fue granja de puercos por muchos años. Hasta veo que una presa enorme allá arriba reventó en una tormenta, y arrasó con la casa donde vive tu amiga Betty. Esos escalones a ninguna parte que suben por la ladera enfrente de su casa, antes llevaban a una casa que se llevó la inundación cuando reventó la presa. Todo eso lo puedo ver.”

“Yo también lo veo, Bernie. Vino una lluvia terrible, no de días enteros, sino días de lluvia en una sola tormenta de un jalón. Esa lluvia se llevó la vieja presa de la granja de puercos, la habían construido encima de esa presa que está allá arriba ahora. Cinco veces más grande de lo que es ahorita, y bajó por esa cañada de un solo trozo, más como avalancha que como inundación. Arrasó con los árboles, desprendió la mera tierra del terreno mismo. Esa gente se fue después de eso. No quedó nada que empacar. Nomás se fueron un día poco después, y naiden volvió a saber de ellos.”

“Apuesto a que el internet podría encontrarlos, Bernie.”

“Hoy no puede. Ya fui hasta el fin del internet y de regreso. Empecé aquí mismo en el condado de Sevier con búsquedas exactas de Dupont Community Center, Pickens Schoolhouse, Dupont School, y terminé en Pickens, West Virginia. Resulta que hay tres condados con el mismo nombre que nuestra escuelita, en Alabama, Georgia y South Carolina. Hay cuatro Duponts: la compañía química en Wilmington, Delaware, Old Hickory, Nashville, Dupont, Washington, y Dupont City, West Virginia. Hay un Seymour, Indiana – ahí vive John Mellencamp, un Seymour, Texas, un Seymour, Connecticut. Hasta hay un Seymour en Wisconsin.

“¿Fuiste a todos esos lugares hoy, Bernie?”

“Mamaw, he ido a servidores por todo el mundo. Busqué escuelas hermanas, busqué bases de datos de genealogía. Busqué en redes sociales. Busqué en sitios web históricos. Irónicamente, encontré una foto de nuestra escuelita en un lugar llamado Letsbeblount, pero era desde un ángulo oblicuo y no se veían las puertas del frente. La ironía es que un sitio web de turismo del condado de Blount reconoció la importancia de este edificio y trató de robárselo para su propia historia. He ido a la Biblioteca del Congreso, y estaba tapizada con la Greenbrier Schoolhouse en Metcalf Bottoms. Busqué en todos los sitios del internet, y me quedé con las manos vacías. Y cada vez que pensaba que ya tenía algo, me topaba con una pared de piedra.”

“¿Entonces no se puede?”

“Intenté con la estación de bomberos. Encontré listas de todas las personas que alguna vez trabajaron ahí, pensando que a lo mejor en alguna de sus redes sociales había una foto en el estacionamiento. Escarbé en Sevier County Schools hasta profundidades que te tapan los oídos con la esperanza de una foto de grupo o de graduación. Me pasé de largo cada captcha educadito de tapete de bienvenida que me encontré, cada sección de solo miembros, cada pared de vidrio en una publicación de Instagram, cada rincón del internet, y si hay una foto de este edificio con las puertas originales, no la encuentro. Cada probadita se topó con una pared. Pura piedra.”

Capítulo 58 – viernes, 2 de febrero

“Ya vi lo que hicieron, chamacos. Nada de subir a pie esta mañana.”

“Pensamos que mejor empezábamos y nos poníamos al día cuando bajaras.”

“Devin, tú eres un hombre que piensa. Pero tu sueldo no incluye hacer que el dueño de la casa camine todo el trecho pasando el estanque y bajando la loma él solito con los osos y los gatos monteses y demás.”

“¿Pa’ qué cargas pistola a todos lados si vas a andar con miedo?”

“Cody se reporta con la pulla. ¿Rusty? ¿Traes alguna boca floja buscando taller?”

“Nel.”

“Yo tampoco.”

“Tanner se ofrece a negarse.”

“Entonces aquí va el punto del día. Rusty y Cody, ustedes con la llave. ¿Cómo va eso?”

“Sí, nos pasamos un poquito, y de suerte que lo hicimos. Había algo de agua ahí adentro. Tuvimos que barretear y sopletear varias veces, pero ya quedó limpio.”

“Ándale pues, jefecito, a él le diste la chamba fácil. Yo tuve que quitar toda esa jaula de atrás y sacar todo el lodo del compartimento del motor, del ventilador, las bandas y limpiar cada polea. La batería fue la que peor me fue. Me machuqué el dedo sacándola.”

“Compa, ¿estás bien?”

“Está bien.”

“Tenemos una doctora. Ella viene a revisártelo.”

“Nel. Nomás una uña floja.”

“Okey. Tú decides. Y – yo no asigné los pasos de la limpieza. Eso fueron ustedes. Yo soy el dueño de la casa, ustedes son los jefes.”

“No es lo que parece desde aquí.”

“Eso es tu imaginación.”

“Sí, cómo no. Entonces estamos por arrancarla en un rato. Le cambiamos el aceite, le cambiamos todos los filtros. Es como una máquina nuevecita.”

“Es una máquina nuevecita. Trata de acordarte de todo ese detalle en tu factura de esta semana, Cody.”

“Sí, ¿quieres intentar arrancarla?”

“¿Ya está lista?”

“Creo que sí.”

“Pues dale marcha, compa.”

“¿Nada?”

“Ándale pues, no conecté la batería.”

“Qué mala onda. Revisen todo. Me mantienen al tanto. Tanner y Devin, ustedes conmigo.”

“Entonces, ¿necesitamos herramientas?”

“Dejaste todas las herramientas de cableado en el cobertizo, así que probablemente no.”

“Ese hoyo de lodo como que se rellenó donde estaba la máquina.”

“Está padre, la verdad. Como dijimos el otro día, cuando eso fragüe va a quedar como concreto. De hecho voy a tener que echarle bastante mantillo grueso, o se va a hacer canal con la lluvia.”

“Qué conveniente – tenemos que cortar todos esos árboles a los que les echamos tierra encima.”

“Los liquidámbares a lo mejor viven, la verdad. Esos son unos árboles bien raros. Todos esos álamos ya son historia, eso sí.”

“¿Por qué viven los liquidámbares?”

“Se seleccionaron para esto. Las tierras bajas los llenan de limo y de vez en cuando las inundaciones, y se rellenan mucho. Nomás les salen raíces nuevas del tronco, y siguen como si nada.”

“Todos los días se aprende algo nuevo.”

“Ese es el trabajo en un cliché.”

“Entonces, ¿qué vamos a hacer hoy?”

“Ahorita voy pasando por estos paneles solares y asegurándome de que todas las abrazaderas estén en su lugar, vigilando el horizonte por si hay osos, y luego te voy a preguntar, ¿ya armaste todos los desconectores?”

“Sí. Ya lo terminé, y conecté este extremo completo. Los paneles están listos.”

“Sé que el lado del cobertizo todavía no está porque no te he visto en mi casa, y no creo que quepas detrás de la silla para esconderte.”

“Entonces, tenemos que conectar el lado del cobertizo, pero está listo. Nomás estoy esperando luz verde.”

“El instinto es perfecto – Aguas, Kitty. Ahí vamos.”

“¿Quiere salir?”

“Sip, mira esto --- entonces me toca a mí la instalación, pero a ti te toca aprender.”

“¿Hora de las baterías?”

Sip, y si las podemos armar antes de que las otras suban, a lo mejor quedamos casi balanceados. Por ahora, hazme un dibujo de las doce – lástima que dieciséis no cupieron.”

“¿Tienes papel?”

“Qué gusto que preguntes. Esta es tu libreta. Necesitas una. Este es un trabajo grande que va a durar mucho tiempo. Vamos a hacer miles de cosas, y necesitas tomar notas. Primera nota, la gata odia estar afuera ahorita.”

“Esa es la cara más patética que he visto en mi vida – y el chillidito. Tiene más drama que tú.”

“Eso no es patético. Mira esos ojos. Es Batman posando para el póster de la película y no está nada contenta con que el Acertijo la dejó afuera solita ahorita.”

“Entonces, ¿ya tenías eso listo para mí? ¿También tenías preparada a la gata?”

“Nunca dejo de pensar en eso, Tanner.”

“Ya lo estoy entendiendo. Ya me está pasando. Me quedé despierto toda la noche pensando en el patinazo.”

“Despierto toda la noche. Eso no es lo mismo que nunca dejar de pensar en eso. Eso es estrés. El estrés te jala el banquito de abajo sin avisar. El secreto son los pasatiempos complementarios.”

“¿Cómo consigues un pasatiempo complementario para Rusty y Cody?”

“Además de lo obvio, ¿qué tienen de estresante?”

“Se van a comer solos todos los días, para empezar, pero ahorita es más que nada Rusty.”

“No me dejes espacio para hablar --- Sí noté que hoy no me miraba a los ojos, eso sí, y anda medio callado.”

“Tiene problemas en su casa.”

“Tienes la palabra, Tanner. No hace falta que me dejes turno.”

“Ah, sí. Entonces, este.”

“Secreto. Entendido.”

“Sí. Tiene broncas en su casa. Parece que DCS está metido. Se ha estado quedando en casa de su hermano, y de algún modo programaron una visita domiciliaria, y tiene una semana para mudarse a un lugar donde las niñas tengan su propio cuarto.”

“¿Sabe lo serio que es eso?”

“Creo que sí. Anda carcomido. No tiene dos mil dólares para conseguir un departamento lo bastante rápido, y quería saber si tenemos algo en el presupuesto de operación, y no tenemos porque Cody votó por tomar los veinte completos por hora.”

“Las lecciones aprendidas están padrísimas, pero esta no es una lección; esto es el Estado, que ya aprendió su lección, protegiendo a los niños en peligro con la misma medida con la que protege a los que nomás parecen en peligro junto a la vara de medir.”

“Me sorprende que siquiera esté trabajando.”

“¿Qué más puede hacer? Y esa es la señal más segura de que tenemos que encontrar la manera de que me lo confiese para que yo pueda ponerme encima de esto.”

“No lo va a hacer.”

“Tiene que hacerlo. Vi a DCS llevarse niños toda mi vida en esa guardería. Nunca has visto una agonía así. No digo que DCS esté mal. No me toca a mí. Hay dolor de verdad allá afuera que tú y yo nomás podemos imaginar porque sabemos leer palabras, pero respirar dentro de algo de ese dolor es más de lo que jamás quisiera saber.”

“Probablemente no…

“No quiero callarte, pero esa máquina acaba de arrancar, y aunque Rusty no sienta la alegría ahorita, Cody sin duda va a estar en esa máquina y viniendo para acá con ella para lucirse. La meta. La única meta. Piensa fuerte y solo en positivo. La meta es meter a Rusty en esta conversación para que a ti no te cachen traicionando su confianza. No voy a romper tu confianza a menos que tenga que – pero sabe que sí tengo que, y vamos a resolver esto. Le voy a dar ese dinero aunque tenga que empeñar el Hummer, y pienso tenérselo en las manos dentro de una hora.”

“A lo mejor – digo, no es tan secreto. Mientras sea yo el que le diga que tuve que contarte. Creo que nomás se sentiría aliviado.”

“Ahora sí estás hablando.”

Capítulo 59 – viernes, 2 de febrero

“Hola.”

“Okey, entonces no te están asaltando. Eso es bueno. ¿Por qué acabas de sacar seis mil dólares - en la ventanilla del banco - en Farragut? ”

“Nomás para que sepas, manejé derechito del banco a Jimmy John’s – y está en el mismo estacionamiento, así que tu llamada es freaky fast.”

“Nel. No eres chistoso. Seis mil. Dale.”

“Lo voy a hacer bien.”

“Nel. Nada de parábolas.”

“Eso es lo que quise decir. Nada de parábolas. Entonces, una vez, en el campamento de banda.”

“Michael, tengo mi radio del estado aquí mismo. Ni siquiera voy a llamar a despacho. Voy a apretar el botón, 342, y voy a sacar la alerta de búsqueda.”

“Auch.”

“Michael.”

“Se lo voy a dar a los muchachos.”

“Apuesto a que viene una razón con la que no puedo discutir.”

“Creo que sí.”

“¿Y yo voy a creer que sí?”

“Estoy bastante seguro.”

“Okey, dale.”

“Vas a tener preguntas que…”

“Nel. Empieza por el porqué, no por el preámbulo.”

“El preámbulo es como llego a los lugares.”

“Eso es ámbulo – como viejito. Está bien. Cuéntalo a tu manera.”

“Entonces vas a tener preguntas, y necesitas saber que ya escuché esa cosa en tu cráneo, así que sé lo que quieres saber, y tengo que admitir de entrada – no sé la respuesta a todas las preguntas obvias que no contesto en mi explicación.”

“Revocado. Cuéntalo a mi manera.”

“Rusty y todas sus niñas se han estado quedando en casa de su hermano.”

“¿Su hermano también tiene hijos?”

“Ay, carajo. Ni se me ocurrió esa.”

“No se te ocurrió. Ojalá fuera eso.”

“Ándale, cariño. No te enojes.”

“Te juro por todo lo sagrado…”

“De algún modo se metió DCS. Tampoco tengo ese dato todavía. Tiene una semana para conseguir un lugar donde vivir donde las niñas tengan su propio cuarto.”

“¿También les vamos a comprar muebles?”

“No. No le puedo dar dos mil dólares a Rusty sin darles dos mil a los otros dos también.”

“Papaw, no son tus nietos.”

“Esa no es tu mejor obra.”

“Ay, perdóname mi pobre sentido del humor. Yo te perdono tus alucinaciones. Estoy de acuerdo en que tenemos que ayudar a Rusty. Si tú no, yo sí. Pero ¿por qué tienes que mantener las cuentas parejas – eso es lo que estás haciendo, verdad, cuadrando las cuentas?”

“Sí. Qué bueno que lo ves. Lo que no estás viendo es que no es un regalo. Es pago adelantado.”

“No son tus empleados, Michael.”

“Ya sé, Margot – escucha, ya lo tengo resuelto. Van a hacer la losa de concreto para el taller, y esto es el enganche para eso.”

“Pero el taller tiene que esperar hasta que terminemos la casa para que no se nos acabe el dinero.”

“Ya sé. Me estás malentendiendo. Esto es un prepago por ese trabajo cuando sea que llegue.”

“Okey, okey. Crees que ya te salvaste. Factura por adelantado. Entonces explícame esto. ¿Por qué en efectivo?”

“Bueno, necesito que tenga el mayor efecto. Además, va a ir en sus cheques de pago cuando de verdad lo contabilicen, así que van a pagar el impuesto después. Mira, tengo que regresar. Voy a Wares Valley en la noche después del trabajo. Déjame terminar esto.”

“Te quiero.”

“Yo también te quiero. Es lo correcto.”

“Ya sé.”

“¿Lo arreglaste?”

“Sí. Ahorita están comiendo, pero me preguntó a qué te ibas, y le dije que te conté lo del departamento y que ibas al banco a sacar dinero.”

“¿Se enojó contigo?”

“Aliviado, tal como pensé.”

“Ahora se pone interesante. Escucha. Esto lo estoy haciendo como pago adelantado. Va a ir para la losa del taller y un par de proyectitos más hasta que cubramos algo así como dos semanas de trabajo. Esa libreta ya se ganó su lugar.”

“Entonces, es buena idea. Yo llevo la cuenta y te mantengo al tanto.”

“No hace falta. La cuenta la llevo yo. Lo que tú necesitas es llevar registros. Este es justo el tipo de suma grande que te llama la atención. Por eso lo hice en efectivo. Toma.”

“Espera, esto es más de dos mil.”

“Son dos mil para cada uno. No le puedo dar pago adelantado a uno y no a los otros.”

“Eso no tiene sentido.”

“Sí lo tiene. Esta corporación es un regalo, lo que quiere decir que los beneficios de una corporación son los mismos para todos.”

“No lo voy a aceptar.”

“Entonces Rusty no lo puede tener.”

“Podría llamarte el blof.”

“Auch. Y tendrías razón, pero me molestaría mucho. Lo pensé bien, y así es como necesito hacerlo – y dar es recibir. Déjame recibir a mi manera. Es pago adelantado. La última vez que tuviste un guardadito con qué trabajar, cambiaste tu vida. Estoy seguro de que también puedes ver cómo usar esto.”

“Podría pagar mis impuestos.”

“¿Con dos alcanza para todo?”

“También me voy a adelantar un par de pagos del carro.”

“¿Qué interés tiene ese anillo?”

“Eso lo entierran en la plática de los pagos.”

“Sí, comprar cosas es una de mis especialidades. Esas compañías usan un banco como Comenity, y son la casa de empeño moderna, que sin ellas el mundo normie no tendría nada en la vida hasta que ahorraran centavo por centavo, pero si ahorraran centavo por centavo toda la economía de extracción se iría a la quiebra. Así que, que vengan los bancos de tarjetas de crédito de tiendas y todo lo que le dan al mundo, precios de acciones más altos, más clientes amarrados, y puntajes de crédito mucho más altos para el comprador responsable que sinceramente sí aprecia la confianza.”

“El pago no está tan mal.”

“Paga por adelantado. Literalmente se aseguran de que si nomás pagas el mínimo, vas a seguir debiendo después de la fecha de vencimiento, para que en la fecha en que se supone que lo liquidas para deber nomás el interés introductorio, todavía debas, y entra en juego esa tasa de interés real y totalmente retroactiva.”

“Leí eso.”

“Bien. Págales de más. Paga temprano. Págales, y te van a recompensar por eso. Y pueden darse el lujo de recompensarte porque algunas personas no lo hacen, y ganan un montón de dinero con esos pocos pescaditos – lo suficiente no nomás para pagar tu recompensa , sino que también pueden aguantar a los pocos pescaditos que de plano no pagan.”

“No les puedo dar lo suyo.”

“Tienes que hacerlo.”

“Eso es trabajo tuyo.”

“Okey. Ya te vi. Probablemente tienes razón. Saca veinte y dame el resto.”

“Gracias, viejo. Yo llevo los registros.”

“Gracias, Tanner. Esto tiene que estar exacto, y no puedo dejar que los nuevos lo manejen.”

“Los nuevos.”

“Ahora, las baterías. Prende las ocho.”

“¿Están conectadas?”

“No, y de eso se trata. Si no estuvieran balanceadas, y una estuviera bastante lejos de las otras siete, tenerlas conectadas le reventaría amperes a la que está baja de carga. Necesitamos – necesitas – yo ya sé. Tú necesitas saber cómo funcionan.”

“Libreta, lista.”

“Sí, pero no tanto. Esto es bastante sencillo. Mira esas lucecitas verdes en los medidores. Cinco prendidas en cada una.”

“Cincuenta por ciento.”

“Cerca. Mira las cuatro que están instaladas. ¿Ves cómo está parpadeando el sexto bloque?”

“Sí.”

“Eso quiere decir que esas están en el rango del cincuenta por ciento y cargando hacia el sesenta. Cuando lleguen al sesenta por ciento, van a prender la séptima, y así. ¿Lo ves?”

“Entonces estas están en los cincuentas y esas están en los cincuentas.”

“Correcto. Y lo más importante, esas luces son nomás un cálculo. Son una estimación a ojo basada en el algoritmo del sistema de gestión de baterías de todas las celdas individuales en el paquete de celdas dentro de cada batería. Dicho a grandes rasgos, te está mostrando un cálculo matemático del voltaje a través de sesenta y cuatro celdas individuales en esas cuatro baterías conectadas.”

“Espera. Dilo en general. Los detalles son demasiado para el panorama completo.”

“Tienes razón. Hagamos esto primero. Agarra este voltímetro. Pon las puntas en cualquiera de esas cuatro baterías.”

“53.2 voltios.”

“Okey, ahora apaga esa perilla en el costado del inversor.”

“El desconector solar.”

“Ese mero. Ahora mide la misma batería.”

“53 voltios.”

“Cuando se va la corriente, el voltaje baja un poquito.”

“Entonces eso tiene que pasar.”

“Física. Entonces, aquí hay dos juegos de lecciones. Tenemos que armar esto, así que nomás te toca una. Esta lección es sobre el balanceo superior. Dicho simple, las baterías solares se balancean por arriba. Cada batería tiene celdas, y cada una de esas celdas tiene un voltímetro permanente, y ese voltímetro reporta a un programa en la computadora. Está programado para manejar las resistencias poniendo atención especial a la celda de voltaje más alto. Cuando una celda se acerca a un voltaje programado, se ordenan cambios para todo el paquete de celdas. Si algo le pasa a una celda, le pasa a todas las celdas.”

“Eso está fácil, pero ¿por qué?”

“Tenemos que armar este paquete de baterías solares y ponerlo a funcionar, así que puedo contestar esa pregunta, pero luego tenemos que volver al trabajo. Las baterías solares se balancean por arriba – se manejan para los picos altos. Pero las baterías de vehículos eléctricos se balancean por abajo, se manejan para los picos bajos. Las baterías balanceadas por abajo evitan que todas las celdas se desplomen por el lado bajo.”

“Pero ¿por qué?”

“Las dos condiciones arriesgan una fuga térmica.”

“Fuego.”

“En las baterías de litio, fuego que se alimenta solo.”

“El incendio de Chimney Tops.”

“Peor. Si le hubiéramos podido quitar el oxígeno a Chimney Tops, el fuego se habría muerto. El cátodo de las baterías de litio hace su propio oxígeno. No lo puedes apagar sofocándolo. Dicho simple, va a arder hasta que se le acabe la energía, o tienes que enfriarlo con medidas absurdas.”

“¿Cuáles son esas?”

“Si una de estas baterías se prendiera fuego, aventarla al lago no la apagaría de inmediato. Seguiría ardiendo hasta que el agua enfriara cada cátodo, y el agua alrededor de la batería estaría caliente como café para cuando eso pasara.”

“Pero están en todos lados.”

“Y todas tienen un sistema de gestión de baterías. Esa es la clave.”

“Preguntas, pero te estoy escuchando.”

“Las preguntas pueden venir con el tiempo, pero hoy la idea es el balance, por qué, cómo, qué pasa si. Todo eso entregado – a lo mejor un poquito demasiado cocido en el qué pasa si. Así que un último golpe ahí. El mundo está lleno de estos pequeños minimonstruos. Están olvidados debajo de las camas en teléfonos viejos. Son laptops en un clóset. Son un cobertizo lleno de baterías DeWalt olvidadas. Están en todos lados, y sin embargo muy rara vez oyes algo de alguna catástrofe, grande o chica. Toda esta lección es sobre el potencial, no sobre la probabilidad. Y esto es nomás el lado de las baterías.”

“Es un lado bastante grande.”

“También hay un lado de paneles solares, un lado del controlador de carga, un lado del inversor, un lado de la programación; carajo, hay un lado de pura suerte. Y lo más importante, hay un lado humano. Cada lado manejando su propia corriente y potencia, y más que nada, cada uno hablando su propia física. Todo esto es para agarrar corriente DC y convertirla en corriente AC que se pueda usar. Dos productos parecidos pero muy diferentes.”

“Entonces, las baterías.”

“Okey, quieres que me enfoque, pero todavía no. Hay una pequeña ironía cruel que lo hace todo – tú decides. Toda esa corriente DC, los paneles solares, llegando al controlador de carga y al inversor, los paneles solares y las baterías, todo eso se convierte en corriente AC y se manda al centro de carga y luego a las cargas donde los aparatos de verdad la vuelven a convertir en DC para usarla en la fuente.”

“Espera, ¿qué?”

“Sip. Todo lo que recibe la corriente AC convierte la AC en DC para poder usarla.”

“¿Por qué?”

“Respuesta corta, porque la energía se genera más lejos de lo que el precio actual puede costear para llevar el suministro a la demanda.”

“Ya me perdiste.”

“Para mandar corriente DC desde lejos – baterías. Esto se está yendo muy por las ramas. Resume todo esto: Mandar electricidad a tu casa desde veinte millas de distancia es el equivalente directo de mandar aire acondicionado desde el mismo lugar. La pérdida es enorme, y la corriente AC resolvió lo suficiente del cálculo de pérdida como para hacer de la electricidad la máxima economía de extracción.”

“¿Seguimos con lo del anillo?”

“Todo lo que te rodea está en lo del anillo, estas baterías incluidas. Podría seguir con la analogía, pero por ahora voy a resumir. Cada batería está balanceada por arriba. El sistema de gestión de baterías se concentra en los voltajes fraccionales de arriba y maneja muy en general esos voltajes de abajo. Tú y yo vamos a manejar un paquete de baterías balanceado por arriba.”

“Balanceado por arriba. Listo.”

“Ahorita cada una de estas ocho son baterías individuales, y esas cuatro instaladas son una sola batería. Tenemos que hacer dos paquetes de cuatro nuevas, y luego tenemos que juntar los tres paquetes para hacer una sola batería de las doce baterías.”

“Para eso son todas estas barras, ¿verdad?”

“Sí. Las baterías Pytes vienen con estas tiras de cobre aisladas hechas a propósito para conectar las baterías. Conectamos las cuatro baterías individuales en paralelo usando estas tiras, y luego conectamos los tres paquetes a este Victron.”

“¿Qué es este Victron?”

“Es una caja combinadora de baterías. Ya que tengamos todas las baterías conectadas aquí, agarramos dos cables y los conectamos en el inversor así como está conectado ese paquete ahorita.”

“¿Cómo aprendiste todas estas chingaderas?”

“Bautizo sin el fuego. Igual que tú.”

“¿Cómo sabes qué comprar, dónde comprarlo, y qué hacer con todas las piezas cuando la tarima viene traqueteando por el camino en la minicargadora?”

“La confianza del dinero que te sobra. Lo compras, descubres qué tiene de malo lo que compraste, y luego lo vuelves a intentar.”

“Por eso tenías tanta madre que mover.”

“La universidad cuesta dinero, y el posgrado fue una barbaridad, pero por lo menos aprendí a contratar manos para cargar el peso. Tú también vas a aprender.”

“Mucho de ese material se veía – olvidado o algo así.”

“Todo acaba así tarde o temprano – hasta lo más preciado. Ese anillo que le compraste a Emily algún día va a ser una cosa olvidada.”

“No para nosotros.”

“Cierto. Pero esa es la lección de adquisiciones. Si te enseño toda la carrera de una sentada, vas a retener el típico veinte por ciento, y yo voy a pasar una cuarta noche en un cobertizo sin calefacción. Por ahora: Esos asientos de excusado también se van a ver olvidados antes de que los usemos.”

“Preguntas que tengan que ver con el avance, entendido.”

“Vamos a usar este cable para conectar estos tres paquetes de baterías ya que estén completos, y luego vamos a usar esos cables cuatro ceros de la caja combinadora a las terminales de batería del inversor.”

“Entonces, ¿le pongo las tiras a esta pila?”

“Ahí vienen Rusty y Cody de regreso, sí, ponle las tiras a esa pila, y yo le pongo a esta, y cuando lleguen aquí arriba, les doy el dinero --- testigo. Palero. ¿Va?”

“Palero, a lo mejor. Testigo, claro.”

“Jefecito.”

“Quiúbole, Cody. ¿Buena comida?”

“Pos claro que sí, hot dogs del White Star. Venía siguiendo a un oso por la entrada de regreso.”

“¿Era el gordo?

“Gordo, pero no la osa. Un macho - traía arete en la oreja, también.”

“¿Le viste el número?”

“Muy lejos. No se pueden leer a menos que traigas binoculares.”

“Entonces, el White Star. Boyd’s Creek es un camino raro, dos gasolineras y cada una con muy buena comida. Una con hot dog de tiendita y la otra un restaurante italiano completo, con ternera.”

“Sí, cómo no.”

“Rusty. Aquí te traigo dos mil dólares. Vete temprano a tu casa. Consigue un departamento para las bebés. Y antes de que hables, Cody, aquí hay dos mil para ti. A Tanner ya le di los suyos. Esto es pago adelantado, pero lo estamos apuntando como préstamo para empezar. Se va a pagar de regreso en la nómina cuando colemos la losa del taller.”

“Michael. No sé si sé cómo darte las gracias.”

“Chale, Rusty. No te me pongas de lenguaje elevado. Ya hablamos de esto. Dije que si te quedas corto, y el equipo no está listo, entonces aquí estoy yo. Pero, échale la culpa a Cody. Si no hubiera votado en contra de dejar algo de fondos como cuenta de operación, lo habrías tenido en fondos de la compañía.”

“Jefecito.”

“Cállate, Cody.”

“Agarra el dinero. No seas mamón. ¿Dónde está Devin?”

“Devin tenía cita con el doctor. Se fue a la hora de la comida.”

“Está bien, ahora lárgate de aquí, Rusty. Cody…”

“Rusty es mi raite hoy.”

“Está bien. Lárguense los dos. Tanner, ¿tienes alguna cita urgente?”

“Estoy bien.”

“Okey, muchachos. Nos vemos el lunes.”

“Michael --- gracias.”

“De nada. Deja esa puerta abierta. Oye. Deja la puerta abierta, hace cincuenta y cinco allá afuera.”

“Entonces, esto ya está.”

“Terminaste las dos en ese tiempo –“

“Cabeza abajo, a lo mío. Sí, eso son como dieciséis tornillos – pero ¿por qué dejaste que Cody se fuera temprano?”

“Yo no soy el jefe de Cody. Ustedes tres lo son, y nadie lo contradijo. Además, al muchacho le acaban de dar dos mil dólares en efectivo. Tengo curiosidad de ver en qué se convierte el dinero caído del cielo más grande que ha agarrado en toda su vida, y estoy seguro de que él también.”

“Cuando le dejé la computadora, se le salió que la corte le ha estado embargando el sueldo, así que estoy seguro de que anda boquiabierto de pasar de pobretón a billetes, tal como quería.”

“Okey, vamos a armar esto. Quedan un par de horas de luz, y podemos guardar un poquito de energía.”

Capítulo 60 – viernes, 2 de febrero

“Pues, hola, Clover. Sí, bebé. Ya sé. Ay, esa es mi cara. Ya sé, mi niña. Eres tan bonita. Okey, cálmate. Todavía no, ¿eh? Okey, con cuidado, vas a tumbar a Karen. Okey. Okey. Déjame sentarme. Ay, Dios. ¿Es en serio? Ya sé, bebé. Yo también te extrañé. Déjame sentarme. Okey, deja de brincar. Okey, buena niña. Yo también te extrañé muchísimo.”

“Las vueltas son lo mejor.”

“Me está restregando todo lo suyo en todo lo mío, y trae prendidas sus glándulas de afuera para hacerlo.”

“Lo huelo desde aquí.”

“Hola, todos. ¿Por qué ustedes no me saludan así?”

“Pues, Michael, te hice de cenar.”

“Okey, Clover, ya me dejaste bien marcado – muchísimas gracias, Karen - Ningún perro me va a confundir con otra cosa que no sea tuyo – ay, ahora le toca a Pooty – hola, Pooty. Hola, compa. Ya sé. Nel, todavía no es hora de sentarte en mis piernas. Ahora tengo que ir a saludar a los humanos.”

“Ven a comer.”

“Órale, ustedes tienen como calefacción y cosas.”

“Es nomás la estufa.”

“Veo que Clover tiene su abasto fijo de galletas en el horno.”

“Es una buena niña.”

“Hola, cariño. Ay, cuidado.”

“Te podría abrazar hasta sacarte las tripas.”

“Yo también te extraño.”

“¿Cómo está Kitty?”

“Anda un poco frustrada con tanto tráfico en el cobertizo.”

“Tommy.”

“Bocón.”

“¿Qué han andado haciendo ustedes todo el día?”

“Karen me ha tenido moviendo juegos de recámara todo el día.”

“Limpieza de primavera.”

“Es invierno.”

“Ni me digas.”

“Ven a comer.”

“¿Por lo menos se decidieron primero, o has estado jugando a los cómodos musicales?”

“Tiene su tonadita.”

“Ven a comer.”

“Sí, señora. ¡Esto se ve buenísimo! Qué bueno que no cocinaba así para el condado, nunca habrían dejado de elegirla.”

“Se las están arreglando muy bien sin mí.”

“¿Qué tal la nueva secretaria?”

“Ojalá fuera Angie, pero ahí la llevan.”

“Usted también, por lo que veo. Ya tiene a Stefanie de vuelta en el nido, a Jenny viviendo justo al final de la entrada, a Tommy en las carretillas.”

“No te olvides de Janice en ese teléfono.”

“¿Y Brenda?”

“Ella también. Esas tres nunca salieron de la recámara en lo de Myrtle.”

“Sígale así, y van a estar en el teléfono otra vez esta noche tramando cómo va a pagar usted todo eso.”

“Cincuenta años casado, y todavía no me agarran.”

“Las mujeres Henry. Son una fuerza.”

“Sí, lo somos.”

“Bueno, el modelo 1982 no viene rebajado, eso se lo prometo.”

“Las habilidades para cocinar sí se rebajaron.”

“¡Michael!”

“No así, Karen. Ella - no - cocina – no que ella - no pueda - cocinar. No quiere cocinar. Digo, su nombre de verdad tomó el lugar del acto, Cocinar.”

“No te gusta cómo cocino, así que nomás no lo hago.”

“Nel. Cocinaste una vez, le echaste cada sabor disparejo que te pudiste imaginar, lo quemaste, lo secaste, la frente brillando, el delantal manchado, me lo diste para que hasta el disgusto más sencillo pudiera dar pie al enojo fingido y establecer los protocolos de huelga y su duración.”

“Ahí van.”

“Tommy se mete – Cena y función - agradece el boleto gratis.”

“Tú solito te lo haces. Como dije, bocón.”

“Amén, hermano. Pero no tengo miedo. El historial es el historial.”

“¿Qué está pasando en el Drip?”

“Limpiaron la minicargadora, y hoy Tanner y yo armamos lo de las baterías.”

“¿Calefacción esta noche?”

“Nel.”

“Michael, tienes que dejar todo eso y quedarte aquí.”

“No puedo, Karen.”

“No quieres, más bien.”

“No puedo, no quiero, es lo mismo.”

“Diferente.”

“Lo mismo.”

“Tommy, con este hombre no se puede discutir.”

“Cabeza dura.”

“¿Quieres ensalada de macarrones?”

“Me sirvo en la segunda vuelta.”

“Agarra otra hamburguesa.”

“Sí. ¿Dónde están Jenny y los niños?”

“Jen dijo que Syd y FD vienen. Ethan está con su papá.”

“Entonces, él está aquí el veinticuatro. Bien.”

“¿Qué es el veinticuatro?”

“Quiúbole, Jen. Estábamos nomás…”

“Hola, Clover. Hola. Ya sé. Eres tan linda. Déjame pasar. Hola, Mikey.”

“Quiúbole, Jen.”

“Ven a comer.”

“Hola, mamá. ¿Qué es el veinticuatro?”

“Jenny, ¿cómo va esa fuga? ¿Ha mejorado algo?”

“Estuvo goteando en el estacionamiento todo el día. Le dejé la charola abajo, y le puse aceite cuando me fui.”

“¿Sigue goteando cerca de la llanta?”

“Eso es lo raro. Mañana se lo llevo a Jason.”

“Quiúbole, FD. Ya era hora – tú nomás trabajas. Syd.”

“Hola, Mamaw. Hola, Clover, sí, ya sé que eres una niña muy buena. Yo también te quiero. Déjame pasar, niña. Hola, Papaw. Mikey. Stef.”

“Hola, Favorita.”

“Hola, Squidney.”

“Ven a comer.”

“Yo quiero un hot dog.”

“Agarra un plato.”

“¿Qué es el veinticuatro?”

“Es su aniversario – hay cebollas.”

“Los vamos a llevar a todos a cenar.”

“Qué bueno que lo dijiste hoy. Voy a tener que pedir una noche libre.”

“Te queremos ahí también, FD, así que es el sábado veinticuatro en Season’s 101.”

“Toma, FD. ¿Con eso tienes? ¿Quieres más chili?”

“No, gracias, Karen. Así está perfecto.”

“¿Hay mucho trabajo en esta época del año, FD? Deberías venir a trabajar con nosotros allá en el Drip.”

“Es temporada baja, pero los turistas nunca paran del todo.”

“Me imagino.”

“Mira, mira, mira. Mira la tele --- Ese es el Grand Teton. Me encantaría ver ese.”

“También te gustaría Glacier, Tommy.”

“¿Tú has ido, Mikey?”

“Claro que sí. Mira.”

“De veras quiero ir a New England este otoño pa’ ver las hojeces.”

“Stef, aquí también tenemos hojas.”

“Ya sé, Jen. Pero allá es más grandioso.”

“Aquí está el Teton.”

“¿Cómo se llama ese pico?”

“No sé, Tommy. Seguro todos tienen nombre, pero fuimos para la graduación – en mayo. Los parques todavía no estaban abiertos de verdad.”

“¿Quién es ese?”

“Ese es Nathan.”

“¿Quién es Nathan? Nunca he oído de él.”

“Sí has oído.”

“Michael, cada nombre que vale la pena recordar te ha pasado por la boca en los últimos diez años. Nathan no fue uno de ellos.”

“Sí fue. Te he contado de este viaje como doce veces.”

“Nunca mencionaste a Nathan, y nunca lo he conocido.”

“¿Qué es esto?”

“Es un Jackalope.”

“¿Eso es de verdad?”

“Es folclor. Allá es muy importante – como nuestro Sasquatch.”

“Pie Grande.”

“Sí, Tommy. Mi culpa.”

“Pero eso no es de verdad, ¿verdad?”

“Claro que sí existen, Stef. Ahí mero. Nathan está sentado encima, con Crocs rojos.”

“Aquí está Glacier. Creo que te gustaría más. Se parece más a nuestras Smokies – todavía picos de roca filosos, sin erosión, pero las cosas están como más cerradas – estás en el valle, en el pico, no viéndolos desde millas de distancia.”

“¿Pescaste en todos laos?”

“Sí, Tommy.”

“¿Agarraste algo?”

“Saqué un par de Brookies y una Golden Trout. Fuimos a pescar Pike a un lago en Flagstaff – se nos congelaron las nalgas allá arriba en la montaña mientras abajo en el llano hacía como noventa grados.”

“En esa foto pareces un cabeza de chorlito.”

“¡Cabeza de chorlito, ja!”

“Ahora ya lo agarró Tommy. Gracias, amor.”

“¿Acampaste todo el tiempo?”

“Sí, mi amor. Salimos el 10 de mayo, y acampamos todo el camino excepto que cada cuatro o cinco días agarrábamos un hotel para bañarnos.”

“Entonces, ¿igualito que en casa?”

“Ja, ja.”

“¿Cuánto tiempo anduvites fuera?”

“Todo el viaje fue un círculo grande por todo el país. Tomó como un mes.”

“¿Acampaste todo el tiempo?”

“Cada paso, más o menos.”

“Apuesto a que ese carro olía a magia de la mala.”

“Olía mejor de lo que va a oler este cobertizo cuando acabe con él. Me tengo que ir y regresar antes de que oscurezca, o voy a estar en el porche toda la noche con las costumbres de baño de Kitty.”

“Toma, llévate unas salchichitas. Te empaqué unos bolillos. ¿Tienes mostaza?”

“Nos dan muchos de esos sobrecitos con las comidas y eso.”

“Te puse unas cebollas ahí, y esta es ensalada de macarrones.”

“Karen, eres demasiado. Te quiero.”

“Pues, yo también te quiero. ¿Seguro que no te quieres quedar aunque sea esta noche?”

“No, no puedo, de veras.”

“No quieres.”

“Sí, señora.”

“Mi amor – Ay, qué bonito. Gracias.”

“Te quiero.”

“Yo también te quiero. Te llamo en la mañana.”

“Buenas noches, cabeza de chorlito.”

“Buenas noches, Tommy. Gracias por la cena.”

Capítulo 61 – sábado, 3 de febrero

“Hola.”

“Hola.”

“Te levantaste temprano.”

“Clover trae las galletas en la cabeza desde antes de que amanezca.”

“Aquí andamos echando vaho.”

“Tienes que prender la calefacción. El Dr. McCormick dijo que el frío es terrible.”

“Sí duele. Me hace apretarme. Pero no cuando estoy dormido. El edredón está calientito.”

“Tienes que dejar esto.”

“Lo que tengo que hacer es poner a andar la calefacción. La única vez que tengo frío es cuando me despierto y me arreglo.”

“Si algo pasa en la noche, ni me voy a enterar hasta la mañana siguiente. Vas a…”

“Nada de eso pasa. Estoy bien. Un poquito de frío nunca ha matado a nadie.”

“Eso es exactamente falso, cien por ciento.”

“No así. Estoy bien. Y hoy se van a cargar las baterías, y voy a tener todo lo que necesitamos.”

“¿Por qué se tardó tanto?”

“Es un proceso, cariño. Ya está instalado.”

“¿Y si no funciona?”

“Funciona bien. La tele está prendida – y hoy viene DirecTV, así que voy a tener NewsMix para entretenerme.”

“¿Siquiera puede subir una ambulancia por esa entrada?”

“Entonces a los muchachos les dieron ese dinero ayer. Tanner va a pagar impuestos y a iba a pagar un par de pagos del carro, pero en vez de eso va a abonarle al anillo.”

“No lo hagas.”

“Ay, sí lo estoy haciendo.”

“Michael.”

“Sip, saqué todo ese dinero. En efectivo además.”

“Por lo menos en la cárcel hay calefacción.”

“Ahí está.”

“No juegues conmigo.”

“Hicimos todo esto apenas la semana pasada y la anterior y la anterior. El Doctor McCormick dijo que el estrés también es malo.”

“Nel - no. No lo dijo. Nunca dijo nada de dar lata.”

“Sí lo dijo. Lo dijo cuando saliste del cuarto.”

“Nunca salí del cuarto.”

“También estuvo bien incómodo en esa bata contigo viéndome las piernas.”

“Prende la calefacción, Michael”

“Hoy me toca sol. Deberíamos llegar a flotación, y en la noche puedo empezar a medir las baterías con la calefacción.”

“Hoy tengo entrenamiento de armas de fuego.”

“¿Eso es una advertencia? Yo tengo esquive de osos. ¿Los viste en el Ring anoche?”

“Todavía no he visto las notificaciones.”

“Hubo como cinco avisos y dos osos diferentes.”

“Qué miedo.”

“No da miedo.”

“Hasta que uno te coma.”

“Me van a traer de regreso.”

“¿Qué?”

“Lo más difícil es quedarte quieto el tiempo suficiente para que no se echen a correr antes de que te llenes. Puf, ya se fueron.”

“¿Seguimos hablando del bleb?”

“Nel.”

“Estás a punto de darme una lista de cosas aburridas y las complicaciones que prevés. Te estoy diciendo que tu próxima complicación es un efecto secundario. Si no tienes calefacción esta noche, vamos para allá, y te amarramos al cofre del carro – vas a acabar encerrado en la jaula de Pooty en la sala de Mammy.”

“¿Qué pasó con los días de la lana sin fin?”

“Las ovejas se avisparon, se hartaron de que les arrancaras pelo para salirte con alguna pendejada de Michael.”

“Entonces cuando terminemos la presa, Cody y Rusty van a volver a la entrada de atrás. El camino necesita drenaje hacia la barranca. Los árboles talados hay que trozarlos y arrastrarlos. Les voy a pedir que pongan todas las ramas en fila a lo largo del estanque, y puedo empezar a triturarlas para mantillo. Tenemos que limpiar los remolques, clasificar y organizar todas las herramientas y llevar todo lo que sobra – lo de después, como las herramientas del torno – a la bodega. Básicamente, la próxima semana o dos es terminar el tubo del vertedero, construir el camino y suficiente solar para prender la calefacción, que tengo prendida ahorita porque los muchachos ya me llenaron este piso de lodo, y no puedo andar con mi cobija encima como Andrew Cuomo.”

Capítulo 62 – domingo, 11 de febrero

“Bienvenido a casa.”

“¿Verdad? ¿Cómo es que ya se siente así?”

“Porque traes una canasta con mi ropa sucia.”

“Es absurdo.”

“Un poquito.”

“¿Esa es Kitty allá arriba?”

“La mismísima.”

“Por un segundo vi un osezno y me emocioné. Por lo menos ya se bajó del porche.”

“Sip”

“Pero ya se salió de los límites.”

“La dejo andar un rato mientras anda en eso. Mi mayor miedo no es que se la coman, sino que salga corriendo espantada de algo y no sepa ubicarse para volver al cobertizo.”

“Mi miedo es caca de coyote color gato en la entrada.”

“La primavera se adelantó. ¿Viste esos narcisos allá abajo a la orilla del camino de la Sra. Wiggins?”

“¿Que si los vi? Casi me estrello contra el único poste de la reja que nos queda.”

“Nunca me había fijado en esos escalones hasta que vi las flores ayer.”

“Qué escalofriante. Como si hubieran tumbado una casa vieja para poner la traila.”

“A mí más bien me pareció que encajaba, no que diera escalofríos. Mira alrededor. Hay una chimenea sola en el campo de enfrente - Cuadros de cimientos de piedra no muy lejos. Calle arriba hay una veleta encima de un poste de teléfono abandonado.”

“Yo vi la veleta.”

“Está oxidada, ya no se mueve

“¿Y eso significa algo?”

“No se oxidó así nada más una noche y al día siguiente empezó a no moverse nunca más.”

“¿Quién la puso allá arriba?”

“A eso me refiero. Hay algo más. Desde que pasé por ahí ese primer día, se le ha armado todo un folclor personal.”

“Bienvenido a casa.”

“Ya veo. Al principio me fijé que apunta exactamente en la dirección de Hardin Valley para acá, al Drip, pero está al final del viaje. Como si llevara tanto tiempo viniendo para acá que el letrero direccional casi me ganó.”

“Ya te encanta estar aquí, ¿verdad?”

“Sí. Todo es tan vívido.”

“Sabía que te iba a encantar.”

“Todo este lugar es maravilla y cifra. Hoy son narcisos salvajes junto a losas de concreto chuecas que no llevan a ningún lado y veletas que apuntan a la siguiente clave .”

“¿Para qué dirección apunta?”

“Sureste.”

“¿Qué hay al sureste?”

“Por allá queda Sevierville, Gatlinburg, Asheville, Charleston, Charlotte – ¿así es? ¿Las confundo?”

“Charleston es la del mar.”

“Me lo aprenderé cien veces y siempre lo voy a regar – igualito que cuando escribo separado.”

“Eh, S-E-P-A-R-A-D-O.”

“Sip, por un minuto. Luego Se me vuelve a olvidar. Gracias a dios por el autoerror. Mete esa canasta al cobertizo.”

“Un caballero me la habría cargado.”

“Estos son tiempos de cavernícolas. Dámela y vigila al gato.”

“No la veo.”

“Está --- Yo tampoco. Deja eso.”

“Háblale. ¿Dónde la quieres aquí adentro?”

“Ella tampoco entiende de modales. Tráeme una lata de comida de gato.”

“Estaba ahí mismo en esa sombra junto a la peña.”

“Sí, ya se movió de ahí, y la vi en el tronco con musgo – seguro trae corriendo a una ardilla listada.”

“Abre la lata.”

“Tengo que esperar hasta verla. Ese truco es más para orejas que no quieren oír, no para las que están fuera de servicio.”

“Puedes chasquear esos cachetes todo lo que quieras, ese gato te está ignorando.”

“Pues no puedo abrir lata tras lata, o cada árbol de la hondonada va a soltar un mapache.”

“Ese es un problema sepa-RATA-do. Y no seas codo. Dales de comer a los mapachitos también.”

“No se puede. Van a ir a la junta semanal y les van a contar a todos los osos. Cuando menos te lo esperas, ya tenemos una pandilla y sus secuaces con arete en la oreja. Puros problemas. Seguro el gato está allá arriba ahorita haciéndola de so-plona.”

“Tú vete por allá y yo me voy por acá.”

“Voy subiendo. A lo mejor agarra un par de latas tú también.”

“Ahí voy.”

“Seguro está detrás de ese tronco.”

“¿No se habrá regresado por aquí?”

“No, nomás – le quité los ojos de encima un minuto.”

“Nada por aquí todavía.”

“Está allá arriba - en algún lado.”

“¿Se iría hasta - la cima?”

“Ojalá-que-no.”

“Te falta el aire.”

“Es por chasquear.”

“Es por la loma.”

“Es por esta gata traidora.”

“Más despacio. Descansa.”

“Estoy bien.”

“Michael.”

“Estoy bien.”

“Literalmente estás contestando de dos palabras a la vez.”

“Y tú estás usando una.”

“Michael.”

“Súbete más arriba que yo y descanso.”

“¿Ahora vamos a echar carreritas por una loma casi vertical?”

“Oye - si no puedes seguirme el paso - lo entiendo.”

“Por favor no.”

“Detrás del tronco no está.”

“En la piedra tampoco.”

“Te quedaste atrás.”

“Michael – no.”

“Voy a cruzar un poquito – esto de aquí está derecho para arriba.”

“Nunca había subido - hasta aquí.”

“Más fácil por – la ladera corta – La pendiente está mucho más suave.”

“Guau, qué bonito se ve allá abajo – ¿es ella?”

“¿Dónde?”

“En el escalón de la entrada.”

“Estas se las voy a dar a los mapaches.”

“Siéntate - ahí voy.”

“Pues yo no me voy a bajar caminando.”

“Vamos a necesitar un helicóptero de rescate.”

“Te dije que la ambulancia no tenía que - subir por la entrada.”

“A lo mejor arréglala de todos modos.”

“Siempre me ha preocupado que un día - bajen en picada los helicópteros negros - con las cuerdas de rapel - y se lleven a este loco.”

“Muy probable.”

“Siéntate aquí – está blandito.”

“Guácala, está mojado.”

“Musgo. No está mal.”

“Tú tienes ropa seca.”

“Ya está mojada. Cállate.”

“Se te están poniendo ásperas las manos.”

“Nomás resecas.”

“No, el límite de peso es de cuarenta libras, Michael. Nada de martillos. Nada de serruchos. Mover ese brazo te va a matar.”

“Cállate, amor. Mira.”

“Literalmente - me quitó el aliento.”

“Amén. ¿Sí lo ves?”

“¿A Kitty?”

“Nuestra casa. ¿El trabajo de esta semana? El tramo junto al estanque. ¿Ves cómo le eché mantillo?”

“Lo vi cuando subía la ropa.”

“Y allá, a la izquierda, ¿ves cómo quitamos esos árboles para arriba – la curva en zigzag?”

“Ya la veo, esa entrada de atrás. Ya le entiendo.”

“La casa va ahí - Lo único que vas a ver desde aquí en un año es un - techo de lámina café.”

“Los paneles solares se van a quitar del estanque, ¿verdad?”

“Esos van para allá – El campo séptico lo vamos a correr para ese lado, un séptico de seis recámaras es un campo grande, y los paneles solares van detrás de ese campo abierto.”

“¿Para que no los veamos?”

“No, amor. Invisibles. Y gracias por eso. Cobre calibre seis corriendo quinientos o seiscientos pies es muchísimo mejor que cobre calibre diez corriendo nomás unos cien pies.”

“Por fin te ahorré unos centavos con mis ideas brillantes.”

“Eh. ¿Sabes qué? Esa déjala pasar. Nos tomó toda la semana nivelar esa curva en zigzag y meter el drenaje de alcantarilla.”

“Dren de piso.”

“¿Qué?”

“Se llama dren.”

“Tranquilo, Tommy.”

“Pues así se llama.”

“El recibo dice tubo de alcantarilla.”

“Por aquí le dicen dren.”

“Mírate nomás. Dos de dos en victorias. Cable y drenes para el clima. ¿Seguro que no te quieres venir a vivir aquí y dormir en el cobertizo de la obra?”

“Ya no queda masa para hotcakes.”

“Magia negra.”

“Líder de hombres.”

“Esta semana tenemos que terminar la curva en zigzag, meterle la grava y conectar todo a la entrada principal.”

“¿O sea más camino de entrada?”

“Pues, ¿Cómo te imaginas que vamos a manejar desde…”

“Ya entendí. ¿Dónde va a ser eso?”

“Yo lo veo como ahí, donde tiene como ese hundidito.”

“Yo no lo veo, pero seguro que tú sí, y con eso me basta. ¿Qué más hay en la agenda esta semana?”

“Desde aquí se ve un poco mejor la presa – eso es lo del mes que entra. Aguantó la lluvia del viernes – pulgada y media.”

“Esa es buena señal.”

“¿Ves la cuchara de la que te hablo?”

“¿Cuchara de qué?”

“Me acusaste de inventarme la presa de un millón de años.”

“Veo que le falta un pedazo a la ladera – una cuchara o lo que sea, pero…”

“Está bien. No importa.”

“No, si te fijas, tienes algo de razón, pero hay más. Es como si el sol estuviera echando un reflector entre las nubes. Hay como algo más. Mira los árboles. Son como más jóvenes, más flacos, de troncos de otro color todo el camino loma abajo hasta la presa.”

“Eso no serían millones de años.”

“No. Lo que digo es que hubo algo más reciente. Si lo de los millones es cierto, volvió a pasar también – como hace poco.”

“Ya lo veo. Qué interesante. Esos son robles y nogales americanos y Nogales negros y árboles viejos, viejísimos a cada lado, y álamos tulipaneros grises jóvenes en toda esa franja hasta la presa. Le estás atinando a algo.”

“Se ve tan diferente.”

“Y nunca lo había notado desde abajo.”

“Yo tampoco.”

“Presa de un millón de años, un millón de pendientes varios, pero los grandes son; tengo tres citas con contratistas generales esta semana, tenemos que terminar el camino, la curva en zigzag, la grava y la presa.”

“¿Con quién te vas a ver?”

“Nomás saqué unos nombres de la lista de Google – tenían casas a la medida en su presencia, unas fotos.”

“Busqué en Facebook, y llamé a el número de ese letrero que me mandaste – nada.”

“Ya me imaginaba el nada.”

“Semana ocupada.”

“Deberíamos poder llegar en carro hasta el puente de piedra cuando vengas después de misa la semana que entra.”

“Tradición de domingo.”

“¿Puedes creer que nomás está ahí sentada allá abajo?”

“Es como si nos estuviera mirando.”

“Desde aquí no distingo. A los cincuenta me quedé ciego de esta distancia. Seguro está encabronada porque la hicimos esperar tanto.”

“Vamos bajando.”

“¿Ya lo tienes?”

“Tú eres el viejo, abuelito.”

“¿Quién llegó aquí arriba primero?”

“Hiciste trampa.”

“A ver, cuéntame. ¿Cómo hice trampa?”

“Me empujaste, me hiciste tirar la ropa y te arrancaste sin mí.”

“Ya te vi.”

“Más te vale.”

“¿Tiraste la ropa con las prisas?”

“Puede ser, pero es tu culpa.”

“Me encanta. Una planta tan limpia, y casi no la veo.”

“De bajada es mucho más rápido.”

“Sobre todo contigo atrás de mí alucinando empujones.”

“Dateline deja este tema muy claro; no lo mates en una caminata. A esas siempre las agarran.”

“Que Dios me ampare.”

“¿Qué tal eso como clave vívida?”

“¿Qué?”

“Kitty te dejó una advertencia de su parte.”

“Ahh, la humilde ardilla listada. Gracias, Kitty. Siempre quise una de esas.”

Capítulo 63 – sábado, 24 de febrero

“¡Feliz Aniversario!”

“¿Quién fue?”

“¿Perdón?”

“¿Cuál de estos bocones te dijo que era nuestro aniversario?”

“Ay, Michael, la escena vergonzosa del pastel es cosa de cumpleaños.”

“Ya lo sé, Karen, pero también le veo el brillito en el ojo a Tommy.”

“Alergias.”

“Usted se ve una dama encantadora. ¿Ese delincuente de allá la convenció de algo indebido.”

“No, es todo un caballero.”

“¿Qué es indebido?”

“Tommy, no te me hagas el Cody.”

“Eso sí ya estuvo de más.”

“¿Cómo se llama?”

“Caroline.”

“Caroline, es un placer conocerla. ¿Le dieron todo un equipo para estos alborotados, o anda usted sola?”

“Yo puedo con él.”

“Él es el fácil. Vi la mirada que le echó esta chiquita de acá. Ella es la peor de todos. Supongo que eso era como un pastel o algo que iban a traer al cierre de la fiesta.”

“Es nomás un pastel, Michael.”

“Ya lo sé, Punkin;, y me encanta tu pastel, y me encanta el detalle, Stef y yo no podríamos tener mejores ejemplos de amor y de picardía que tú y Tommy ni aunque los pidiéramos por Amazon.”

“¡Ustedes son lo más lindo!”

“Aquí el Meathead nos saca lo mejor.”

“Y nosotros sacamos a Tommy para vernos mejor.”

“Está funcionando.”

“Déjeme presentarle al resto de la pandilla. La invitada de honor aquí es Stefanie.”

“Hola, Stefanie. Felicidades.”

“Hola Caroline. ¿Ya llegó el comité del premio?”

“Perdón.”

“Ay, ¿todavía no? Estaba segura de que hoy era el día que iban a develar mi estatua de lata. Diez años con este.”

“¡Diez años! Yo habría pensado que eran novios desde la primaria.”

“Yo tenía veinticuatro cuando ella salió de la primaria.”

“Eso se torció, ¿verdad, Meathead?”

“Estos dos son los que siguen en la línea al trono, los hijos de Jenny, Sidney y FD. ¿Cuál de esos es el tuyo, a ver Jen?”

“La mía es la muchacha, Mikey. Ella nos trajo a FD.”

“A veces cuesta distinguirlos.”

“Sidney, Jen, FD, Listo. Mucho gusto.”

“Y este vato. Él es Nathan.”

“Hola Nathan.”

“Hola Caroline. Es Ethan.”

“Ah, Ethan. Hola Ethan. ¿Por qué le dicen Nathan.”

“Es por los Crocs rojos.”

“¿Cuándo armaron este juego de mesas? He venido aquí un montón de veces y nunca lo había visto acomodado así.”

“Juntamos las tres mesas de cuatro para su reservación.”

“Me gusta. ¿Nos dan descuento por publicidad por ser su aparador?”

“Era esto o meterlos en el rincón – ya me estoy arrepintiendo.”

“¿Podemos votar a dónde se lo lleva?”

“Ethan. Normalmente el callado.”

“Pero ahí sí te agarró.”

“¿Les traigo algo de tomar, payasos? – nada de alcohol para usted – se tomó todo ese trabajo y no me dio su nombre.”

“Ya le dije, es Meathead.”

“Como dijo el señor, Meathead. Mucho gusto otra vez, Caroline.”

“¿Algo de tomar, Stefanie?”

“Té dulce, por favor.”

“¿Meathead?”

“Coca.”

“¿Jenny?”

“Té dulce.”

“¿Karen?”

“Té dulce.”

“¿Twinkles?”

“Ay, qué buena eres para esto. Dile Twinkles. ¿Qué vas a querer?”

“Yo quiero una Coca con Meathead. La mía con limón por favor.”

“¿Ethan?”

“Té dulce, por favor.”

“¿Y ustedes dos tortolitos? ¿Quieren compartir una bebida? Les podría traer dos popotes.”

“Michael recórrete. Tenemos un octavo lugar, hermana. Vente para acá.”

“No puedo hacer eso - ¿Chicos?”

“Té dulce – Té dulce.”

“Voy por las bebidas. ¿Algo más?”

“No, gracias.”

“¿Son de verdad?

“Es Season’s, así que tenemos flores frescas.”

“Están tan bonitas.”

“Gracias, Karen. Ahorita regreso con las flores – las bebidas.”

“Tenemos Narcisos brotando por todos lados en el Drip.”

“Se dice nalcisos, Meathead.”

“Ay, Tommy ya párale con eso.”

“Pues, Karen, si se va a mudar al condado, tiene que aprenderse el idioma.”

“Pero eso lo explica, Stef. Mira el bulbo. Ese está hermanado, y por eso las flores a lo largo de las losas de la escalera se ven tan derechitas por en medio y encharcadas alrededor. Son tan viejas que se volvieron salvajes.”

“Sembradas en líneas rectas, pero se hicieron silvestres con las generaciones.”

“Ay, las bebidas. Es el arreglo de mesa más hermoso, Caroline. Gracias. ¿Puedes averiguar de dónde las sacaron?”

“Eso es fácil, Jenny. Sherry las cultivó. ¿Ve el jardincito allá atrás – por la parte de atrás?”

“Ah, ¿las cultiva ahí?”

“Más o menos. Ella cultiva la mayoría de los arreglos vivos de las mesas, y cuando hace calor, los acomoda afuera en el patio.”

“Pues estas están preciosas.”

“Dice que son sus favoritas. Representan todo, dice – Oye Sherry ven para acá.”

“Estos son ---”

“Los Cotter.”

“Michael y Stefanie Cotter y su familia. Michael y Stefanie cumplen su décimo aniversario.”

“En realidad, estos son los Cotter, y diez no es nada – estos tocayos llevan cincuenta años casados.”

“Ay, gracias, Stefanie. Yo soy Sherry. ¿Ya habían venido antes?”

“Todos hemos venido muchas vez, la comida está deliciosa, Señora.”

“Ese es Tommy. No se deje engañar por los modales.”

“Ay, Caroline. Y nosotros que te decíamos hermana.”

“Caroline me dice que usted misma las cultiva.”

“Así es. Todo el año. Son mi flor favorita en el mundo. Y Michael tiene razón, ese bulbo está hermanado, como él dijo. Conforme envejecen se dividen, y se extienden, y ningún animal se lo come, así que siguen por siempre y para siempre extendiéndose despacito.”

“¿Por qué no se lo comen los animales?”

“No es nativa. Y me expresé un poco mal. Los animales se la comen muy rara vez, pero la Licorina está en cada parte.”

“¿Dijo Licopina?”

“No, Michael. Eso es del tomate. La Licorina es un veneno que produce el Narciso para que no sepa bien. No mata, pero a un perro desprevenido lo deja vomitando y bien infeliz en minutos. Lo más hermoso para mí es que parece que hace todo lo posible para que no se lo coman para nada. Tiene unas partecitas filosas que hacen difícil hasta masticarlo o lamerlo.”

“¿O sea que no le pueden hacer daño a un perro?”

“No, Stefanie. Usted tiene perro, ¿verdad?”

“Clover, una Golden Doodle.”

“Clover está a salvo. Estas flores nomás quieren vivir generación tras generación. Los Tulipanes desaparecerían en diez años o menos si se dejaran silvestres. Los Narcisos viven por siempre y para siempre, creciendo hacia afuera despacito, como una familia que nunca se muere. Cada temporada nueva gastan su almidón, y florecen antes de que cualquier otra cosa pueda competir. Le traen alegría y esperanza y felicidad a mi alma cansada del Invierno cada febrero.”

“Pues están preciosas. Se nota que las quiere mucho.”

“Gracias –”

“Karen.”

“Gracias, Karen. Cada par de años tengo que dividir los bulbos. Este es su primer año echando hijas, así que es como una señorita. Tengo algunos que se dividen cada año, y me daría muchísimo gusto regalarles un par por su aniversario y unos para usted y Tommy también. ¿Quiere uno?”

“Jen. Gracias. Sería un honor.”

“Greg, hay una familia allá en el bar. ¿Me llevas por favor diez de los narcisos en maceta?”

“¿Ya encontró a alguien?”

“Pues sí, claro. Son narcisos; ellos solitos se regalan.”

“¿Los diez?”

“Sí, por favor.”

“Caben en la caja de los Pimientos Morrones. ¿Con eso está bien?”

“A ver cómo se ven ahí – asegúrate de limpiarla muy bien primero.”

“Acuérdese, esa piedra de río – usted pensó que estaba muy chiquita. ¿Quiere que vaya al jardín y la cambie?”

“Claro que sí, por favor. Una gris.”

“¿Por qué esta gente?”

“Nomás se sintió correcto – una familia matrilineal, las hijas todas pegadas a las mamás, la regla del manojo – un narciso solo es de mala suerte, pero los bulbos mamá con sus bebés pegados, le queda justo a esa mesa.”

“¿Usted lo va a hacer?”

“Voy a intentar.”

“¿Con cuál?”

“El viejito chistoso. Él es justo el tipo para sentarse ahí con polen en la nariz.”

“Twinkles.”

“Ese mero.”

“¿Ya ordenaron su comida?”

“Creo que Caroline les está tomando la orden ahorita.”

“¿Apuestas?”

“Es un buen menú. El de primavera es el mejor.”

“Caroline es buena. Y le encantó el Barramundi. Apuesto que vende por lo menos uno.”

“Yo apuesto a filetes y pollos.”

“¿Viste esos filetes en la mañana? Están preciosos.”

“Como sea, no le pierdas la pista. Los narcisos tienen memoria.”

“Anotado, cena perfecta – nada que recordar más que toda una vida de flores.”

“¿Y qué tanto hay de nuevo en el Drip?”

“Han sido las dos semanas más ocupadas hasta ahora. Los muchachos van al tiro, las máquinas están echando horas, y los caminos están conectados.”

“Ya quiero verlo mañana.”

“Almuerzo en casa de Mamá mañana.”

“Sip, a lo mejor podemos engatusar a la raza para que vaya de visita.”

“¿Qué hay de almuerzo?”

“Brenda va a traer sopa de Olive Garden y Janice consiguió carnes frías. Yo hago ensalada de macarrones. Ya sabes – una mesa llena.”

“Como siempre. Supe que iba por buen camino cuando escogí a esta familia. Tenía mis opciones, ¿eh?”

“Sí, amor. Ya sé.”

“Sue Kiczinski cocina, Stefanie.”

“Seguro que sí. Pero ni de chiste te aguanta desde los quince años hasta la fecha.”

“Bueno, esa no cuenta. ¿Qué tal…”

“Qué tal si esta vez nos saltamos la lista.”

“FD, espero que estés tomando apuntes. Este hombre no es el ejemplo brillante en lo alto del cerro.”

“Pero es chistoso.”

“También lo son dos ojos morados.”

“Aquí no pegamos, Sydney.”

“Sí pegamos si sigues con eso.”

“¿Ves? A eso me refiero. No te dejes arrastrar, FD. Tú eres un hombre lindo.”

“El muchacho dijo que soy chistoso, Stefanie.”

“No chistoso.”

“Mas gracioso que ella.”

“Mas chistoso, si.”

“Pero, ella tiene razon. No intentes esta mierda sin red. Requiere practica.”

“Por supuesto.”

“Oigan, pendejos. En inglés.”

“Sí, Señora.”

“¿Había un respuesta a mi pregunta en todo eso?”

“Perdón, Tommy. Pues, las últimas dos semanas…”

“Del deslave hasta este momento, Meathead.

“Sí sabes que Michael también es aliterativo con M, ¿verdad?”

“Mmmjm.”

“FD, ¿por qué a ti no te tiran tanto carrilla?”

“Yo no soy bocón.”

“Toma.”

“Tomado.”

“Ahora, suelta.”

“¿Quieres todo el cuento del rescate de la máquina?”

“No, esos los oímos todos en el altavoz.”

“¿Mier..? Se supone que me tienes que decir que no diga groserías.”

“Más divertido así.”

“¿Para qué tener un código secreto si de todos modos es línea compartida?”

“Para arrullarte en una falsa sensación de confianza.”

“¿Todo está en Op?”

“No todo, pero tú eres resbaloso.”

“Tú no estás bien.”

“¿Qué-hay-de-nuevo-en-el-Drip?”

“La máquina ya salió, trabajando, el camino conectado de punta a punta. Aguado porque está cortado del suelo del bosque, y la grava se tiene que asentar.”

“Hartos manantiales allá arriba.”

“La lluvia es el problema ahorita.”

“Los manantiales se encuentran cuando llueve. Tienes que dar con ellos no vaya a ser que pongas el asiento sobre un manantial grandote.”

“No había pensado en la lluvia para encontrarlos.”

“Experiencia.”

“Sabiduría, hermano. Lo que sigue en la lista, cacerías de manantiales en tiempo de lluvia.”

“Te va a salvar.”

“Sacamos los árboles del asiento a lo bruto, y tendí listones.”

“¿Por qué no pintura de gis?”

“Al principio nomás estaba probando, calculando. Stef estaba acomodando la puerta de enfrente.”

“Si usábamos pintura en aerosol, lo único que íbamos a tener era un manchón naranja grandote.”

“El Big Orange no es lo peor que se te mude temprano.”

“Bulldogs, Tommy.”

“A mí no me veas, Tommy. Tú fuiste el que la crio.”

“Nunca voy a entender cómo te saliste fan de los Bulldogs, en una casa llena de orgullo de Tennessee.”

“Esta semana ando otra vez a la caza de contratista general.”

“¿Listo para eso?”

“Lo bastante listo para saludar y conocer.”

“Ese otro fulano tiene razón. Difícil hallar quien te deje escarbar el hoyo.”

“Un hoyo de este tamaño, más de doscientos pies de largo, cien pies loma abajo. Una pasada rápida del láser rotativo dice dieciocho pies de hondo en lo más alto, se va adelgazando a cero en lo más bajo, pero la línea larga nunca es menos de un muro de cuatro pies. Compadre. Tenemos tierra que mover, y yo no voy a pagar flete por eso.”

“¿Por qué un hoyo para dos recámaras es tan grande?”

“Es por la ladera, además tenemos que nivelar todo el largo de la loma para meter el carro al garaje de carga trasera.”

“¿Qué tan grande es el asiento de la casa?”

“La cimentación es de sesenta y cinco por treinta y cinco.”

“¿Cuántos pies cuadrados?”

“Dos mil.”

“¿Con el sótano?”

“Cuatro mil con eso, pero no está terminado. Tiene salida al exterior, pero no está terminado.”

“¿Nomás pasar del carro a la escalera?”

“Más o menos. La parte más loma arriba de la cimentación es un bloque de quince por veintisiete – debajo del clóset y el baño principal – ahí va el cuarto de máquinas solar.”

“¿Vas a hacer otro búnker?”

“Por supuesto.”

“Ni de chiste encuentras un contratista que de casualidad construya búnkeres también.”

“No es un búnker, la verdad. Es nomás…”

“Dilo, Michael. Mira qué ridículo suenas.”

“No es ridículo, Stef. Es complicado.”

“Ridículo.”

“La razón más principal del efecto búnker es que necesita tener techo de concreto por las baterías.”

“¿Por qué, Michael?”

“Tranquila, amor. Tiene que ser de concreto porque hay cierta posibilidad de que las baterías se incendien.”

“Se incendien, Michael.”

“Stefanie, si quieres dejar nuestra cena de aniversario e irte para el Drip a planear dónde van los diez postes de luz y la franja obligatoria de cincuenta pies de ancho, casi mil quinientos pies de largo desde el camino hasta la casa, con gusto te echo la pintura de gis. Es pura roca.”

“Tiene que haber otra manera.”

“Eso es un hecho, pero todas son maneras con un costo o un retraso o peor, un juicio pegado. Tenemos una servidumbre de paso a través de ochocientos cincuenta pies del terreno del vecino. No conocemos al señor, y no contesta el teléfono. Ahora, eso no quiere decir que no podamos nomás ejercer nuestros derechos y tumbar casi cuarenta y cinco mil pies cuadrados de sus árboles – eso es más de un acre de sus seis acres en total – para meter nuestra luz, pero no es así como se lee la servidumbre. Dice catorce pies desde el centro de una línea delimitada, eso es nomás veintiocho pies de servidumbre.”

“Cena de aniversario, Michael.”

“Perdón, Karen. Tienes razón. No podemos perforarlo. Ninguno de los dos quiere la tala rasa. Es solar. Y la única solución para lo solar es un techo de concreto, que irónicamente también es lo más barato.”

“A mí me suena razonable. Suerte con el contratista general, eso sí.”

“Creo que vamos a tener que construir el techo del búnker también.”

“Ya llegó la comida. Ya párenle.”

Capítulo 64 – domingo, 25 de febrero

-y se le cayó una caja de esas por todo el camino-

-¿y las levantaste?-

-le hablé y no va a venir-

"Michael, cuando te estacionaste en lo de Brenda, ¿viste algún paquete?"

"¿Esperas algo de Amazon?"

"El codo del fregadero. Lo tuve que pedir."

"Voy a ver otra vez."

“Hola, Mi Amor. ¿Cómo estuvo la misa?”

“¿Trajiste el carrito de golf?”

-está tan templado-

“Fue lo primero, y Tanner lo recogió. Lo tiene cargando en el cobertizo.”

-Esos son Sydney y FD-

“¿Reclutaste pasajeros?”

“Yo voy.”

“David se apunta. ¿Alguien más?”

-Tuve que ir hasta lo de Carl Owenby, para que me cortaran el interruptor por la bolsa-

“¿Ya cambiaste ese interruptor, Dwight?”

“Sip.”

“Te dije que me dejaras hacerlo.”

“No voy a dejar que mi sobrina me dé mantenimiento a mi propia cabaña.”

“Está bien, terco.”

“¿Ya calculaste el asiento de la casa?”

-colgaron una tele y arreglaron un excusado-

“¿Estás hablando de J&S?”

“¿J&S?”

-¿esa es Camryn? ¿Dónde está Jared? -

“J&S Services a sus órdenes.”

-¿qué?-

“Jen y los niños se mudaron a la casa de Jean, y estos dos han andado quitando excusados e instalando contactos. Michael y los muchachos subieron un día a poner una puerta corrediza empotrada en el baño.”

-la nueva es gris-

“No te vayas a hacer ideas, Scott. Tú no eres ninguna damisela en apuros.”

“Angie sí.”

“Y Angie te tiene a ti.”

-Quiero una paleta – yo también – ponte los zapatos –

“Janice, ¿hiciste el pudín de pistashio?”

“Sabes que sí, David.”

-era mi carro – en el cobertizo – no, ese era el otro -

“Ethan, ¿agarraste el pastel de mi barra antes de que nos fuéramos?”

“Sabes que sí, Mamaw.”

“Tommy. ¿Dónde están los platos?”

“Los traje con el pastel, Mamaw.”

“La comida está lista, David. Danos la bendición.”

“Padre Celestial. Te amamos tanto y te damos gracias cada día por esta familia y los muchos dones que has derramado sobre nosotros. Te damos gracias por estas flores y esta comida y este día y todos los días hermosos antes de este. En el nombre de Jesús.”

“Amén.”

-Viola dije zapatos – dónde están los tenedores – y luego él me quiso decir – Michael –

“Michael, ¿qué?”

“Nomás le estaba diciendo a Carly que tú ibas a arreglar el fregadero de Mamaw.”

“Ah sí, el paquete.”

“Mamá, ¿podemos salir afuera Viola y yo?”

“Claro, mi amor. Quédense enfrente.”

“Voy a cruzar por el paquete de lo de Brenda. Yo las vigilo.”

“Ustedes dos hagan caso a Michael.”

“Vámonos, Señoritas.”

“¿Nos vamos a subir a la nave espacial?”

“No, él no va a manejar a ningún lado.”

“Podemos nomás ir de arriba a abajo por la entrada, a lo de Dwight y de regreso, Mamá.”

“No.”

“A mí no me molesta.”

“¡Nave espacial! ¡Nave espacial! Nave espacial.”

“Más te vale ponerte los zapatos si vas a zapatear así.”

“Vámonos.”

“Ay, Brendalynn, de la muñeca y todo.”

“Ándale, viejito. Nos vas a llevar a Viola y a mí a pasear en la nave espacial.”

“Michael, ¿te compraste un carrito de golf eléctrico?”

“Sí, Josh. ¿Tatum se viene conmigo y las niñas?”

“Yo también voy. Nunca he visto esa cosa.”

“Entre más, mejor.”

“¿Kendall?”

“No, yo me quedo aquí.”

“Muévete, viejito.”

“Sí, Señora.”

“Pa, ¿nos vamos a subir a una nave espacial de verdad?”

“No, Tatum. Nomás suena como una.”

“También se ve como una.”

“Viola tiene razón. Sí se ve bastante espacial.”

“Y vuela. Mil caballos de fuerza, ninguno desperdiciado. De cero a cien medido en menos de un cuarto de milla y doce segundos.”

“No manches.”

“Nop. Pregúntale a Jason.”

“No vas a ir así de rápido con esos niños, Michael.”

“No, Janice. Lo prometo. Este paseo es nomás con forma de nave espacial.”

“Ni siquiera tienes sillas para niños, Michael.”

“Ya sé, Mi Amor. Ni siquiera vamos a salir de la hondonada – de lo de Brenda a lo de Dwight y de regreso otra vez a lo de Mernie.”

Capítulo 65 – lunes, 26 de febrero

“Hey.”

“Hey.”

“No tengo mucho tiempo.”

“¿Qué asombro y maravilla te esperan?”

“Ay, Dios. Andas en la pipa temprano hoy.”

“Ando bien prendido.”

“Pues yo estoy en el despacho del juez toda la mañana - rogando citatorios y órdenes.”

“La diferencia entre nuestros días no podría ser más grande – pero yo también ando siguiendo pistas de evidencia un poco.”

“¿Ah, sí? ¿Qué está marcando el Detective Vago?”

“Devuélveme esa pipa.”

“Perdón.”

“Ando a la caza de contratistas generales…”

“No lo hagas.”

“Esos hermanos de Townsend vienen hoy.”

“Creo que es nomás un tipo.”

“¿Como un nombre falso?”

“No, compañía vieja. Cosa de generaciones.”

“Andas metida en papeles, ¿verdad?”

“Está bien, Sherlock, ahí te va.”

“Estás contestando de a poquito – Cosa de generaciones.”

“Ahora estamos trabajando a nivel sintaxis. Qué bien.”

“Calentando.”

“Hermano, hermana, lo que sea este tipo, está metido hasta el fondo. Pero tu plan no va a funcionar.”

“¿Cuál plan?”

“Tú no planeas tanto estas cosas – te autosaboteas. No envenenes el pozo.”

“Tú también tienes tu propia pipita allá – hablando en acertijos.”

“Michael, ni siquiera te das cuenta de que lo haces. No espantes al señor contratista amable porque aunque vayas con cada contratista de la región y los espantes a todos, tú no vas a construir esta casa. Contrato a alguien de California si tengo que hacerlo.”

“Genial, y luego nos ponen calcomanías de cancerígeno conocido en cada marco de puerta.”

“Exacto, así que la Prop 64 es no le hagas chistecón al contratista.”

“¿Y tú cómo sabes eso? Tenías como cuatro años. Y, chistecón. Esa sí que…”

“Estoy ocupada – payaso.”

“De todos modos los muchachos acaban de asomarse por la loma.”

“Te quiero.”

“Te quiero.”

“Caballeros.”

“Bossman.”

“Cierren la puerta – el gato se quiere salir – son un montón de cuerpos. Me taparon la vista de la luna.”

“Sí, cómo no. Mírala allá arriba.”

“Media mañana y no quiere soltar la noche.”

“Conozco la sensación.”

“¿Cansado, Devin?”

“Un poquito.”

“Tanner, ¿cómo va tu mañana?”

“Aquí está la factura.”

“¿Ya te toca otra vez?”

“Sip.”

“¿A quién le hago el cheque?”

“Yo lo agarro, es Norman, N-O-R-M-A-N.”

“Ah, ¿quieres más turnos con los libros?”

“Aah, no, hombre. Quédese con el cheque. No vale todo eso.”

“Ya vas a volver pronto.”

“No si de mí depende.”

“Rusty, esto se ve bien. Trata de copiar y pegar menos – Camino de Tanner, Camino de Rusty, Camino de Cody – Le falta más detalle. Rusty, excavadora, primer día de corte del muro de contención de la entrada de atrás.”

“Eso es mucho.”

“Es el registro.”

“Ese es tu trabajo, jefe.”

“Mi trabajo es enseñarte a trabajar bien, Cody.”

“¿Bien para quién?”

“Cuatro grados afuera y Cody ya anda en la máxima del pronóstico – ¿o se está enfriando?”

“Sí, dicen que hoy llega a veintiuno.”

“Es que tú crees que estamos en la escuela.”

“Lo estás, Cody. Y ni siquiera sabes apreciar que esta vez, en lugar de brincar aros con un cinco de premio, te llevas lana contante y sonante.”

“Yo vine a trabajar.”

“No, Cody. Te dije, y estuviste de acuerdo, que estás aquí para aprender a manejar un negocio.”

“Es una chamba.”

“Entonces renuncia.”

“¿Cómo que qué?”

“Quiero decir que la empresa es la chamba. El trabajo se paga, pero la chamba también cobra.”

“Oigan, yo también vine a trabajar. No puedo empezar cada día con ustedes dos peleándose. ¿Seguimos con la presa?”

“Tanner se reporta con su último nervio en alerta máxima. Pero tienes razón, compa. Sí, presa. Cody. Renuncia o vuelve a la chamba.”

“Chinga tu madre.”

“Te toca la minicargadora.”

“Vámonos, muchachos. Detengan la puerta hasta que entre la gata.”

“Estuviste ocupado este fin de semana.”

“Buenos días a ti también, Devin. baja al grill. Vamos a empezar de nuevo.”

“¿Café, Coca, jugo de naranja?”

“Tanner con la mielina.”

“¿Qué de qué?”

“La vaina de mielina. Es el aislante de tus neuronas – el último nervio.”

“El mío estuvo mejor.”

“El mío estuvo más inteligente – tenía violín y todo.”

“Al menos esta vez tuviste el tino de ir en espiral para arriba.”

“Sí. Aquí todos estamos en la escuela.”

“Seis de calificación, cuando mucho.”

“Calificación justa. Bueno, chamacos. Lo que pienso es esto: ya ven que medí y corté la terraza de arriba para el asiento de la casa. Si seguimos así, bien hecho, vamos a tener una terraza de noventa pies aquí en lo alto de la loma. Acuérdense, no puede ser más honda de lo que aguanta un muro de contención de cuatro pies. Cody, tú llevas el escombro a la presa. Rusty, tú vas en el corte. Cámbiense de asiento para que no se aburran.”

“¿Yo y Dev?”

“Por ahora tú y yo vamos a acomodar a lo bruto los tubos de alcantarilla del vertedor. Para cuando Devin regrese ya los tendremos jalados y podemos desayunar.”

“Sí, ya veo que cortaste siguiendo el contorno. ¿Quieres que le siga así?”

“Sí, Rusty. Centré mi corte en el punto más alto. ¿Ves mis marcas en cada punta?

“Sí.”

“Esos son tus objetivos. Corta hasta las marcas, y todo va a medir noventa pies, y va a tener pendiente desde el punto alto hacia abajo para los dos lados.”

“Llevar el agua a donde ya quiere ir.”

“Exacto. Avísame luego luego si encuentras manantiales. Ahora, Tanner, vamos a cargar nuestra agua.”

“¿Sabías que los elevadores huelen diferente para la gente chaparrita? Ahora ya sabes.”

“Ahora el tuyo está mejor y más inteligente.”

“Entonces, cinco tramos de tubo.”

“Cinco y flexionados. Vamos a acomodarlos, y luego los asentamos. Ya que sepamos el camino, sabemos la caída.”

“Como sea, son cuarenta pies de arriba a abajo.”

“Ahora sí le vas agarrando. Cuarenta pies de caída, cien pies de recorrido. ¿Eso qué quiere decir?”

“Pues, es cuarenta por ciento de algo.”

“¿Ángulos?”

“¿Cómo le haces para sacar eso?”

“¿Yo? Uso matemáticas.”

“¿No hay un Google o algo así?”

“Ay, compa. Seguro hay una página, le tomas una foto y por el bajo, bajísimo costo de un puntito en un centro de datos te sale cada palabra mal, y la mitad de la solución es un problema nuevo que arreglar.”

“¿Entonces, Google no?”

“Mejor estira la mano y adivina la diferencia entre derechito de arriba a abajo y lo que ves.”

“Yo diría veinticinco grados.”

“¿Sabes qué, compa? Seguro le atinaste con esa – lo bastante cerca para quince pulgadas volumétricas de agua en un tubo bajando la loma casi cincuenta pies – de seguro mata a diez hombres si están parados ahí cuando se suelte.”

“¿Puedo escoger a los hombres?”

“Sí. De todos modos te van a echar la culpa si entras adivinando, así que por lo menos rasca una ganada.”

“No tengo diez completos. ¿Puedo vender los derechos?”

“Claro que sí. Pero vas a necesitar el aviso legal, rendimientos pasados no garantizan resultados futuros. Podríamos hacer todo esto bien hechecito y fallarle al propósito del peticionario.”

“¿Seguimos arreglando una presa?”

“No estoy seguro. No tenemos ni puta idea de lo que estamos haciendo. Necesitamos un desagüe, y necesitamos un tubo bastante grande. El tubo viejo era de doce pulgadas. Este es de quince. Échale diez pies de tierra encima y que sea lo que Dios quiera.”

“Tengo el presentimiento, a juzgar por resultados pasados, de que no hablas en serio.”

“No. El de Presas Seguras viene a las diez. Tenemos que tender estos tubos y decirle el plan.”

“Apuesto a que usaste Google para encontrar el número de teléfono.”

“Usé el Rorschach de lodazal en mis calzones para encontrar la llamada correcta. Puedo sacar la cuenta y decirte cuántos galones van a salir de ese tubo arriba de su capacidad, a tubo lleno, pero hay un hombre cuyo trabajo entero es proteger al mundo de esta clase de presas. Lección uno: Aprende tus lecciones.”

“Buena lección. Lección dos, ¿a dónde va este tubo?”

“Tienes que girarlo para que la campana quede para arriba y luego ponerlo pegadito al extremo de la descarga. No los conectes, está saliendo agua.”

“¿Así?”

“Casi. Ponlo del otro lado de ese árbol de Gum. Así, sí. ¿Ves cómo el Gum queda justo a media tubería? Es para poder enterrarlo y hacer palanca y doblarlo tantito para que siga la ladera.”

“Necesitamos tierra.”

“Cody sigue haciendo berrinche, pero ya que deje atrás un árbol golpeado o alguna otra pendejada de puro coraje, va a estar acarreando cargas para acá.”

“¿Por qué le aguantas eso?”

“No hay de otra. Contraté a MasterCraft Construction and Excavating, y a estas alturas no puedo hacer esto sin ustedes.”

“Okey- ¿pero por qué tengo que aguantarlo yo?”

“Esa parte no la puedo contestar. Lección tres, y es de las grandes: En el mundo de la construcción el costo es alto, pero ningún costo va a ser nunca más alto que contratar para tapar el hoyo después de un mal arranque.”

“No le entiendo.”

“Compa, aquí hay toda un aria…”

“¿Una qué?”

“Un aria. Puro bla bla. La historia corta – por acuñar un término – es tal como te dije. Si contratas una empresa, y esa empresa la riega, aunque sea culpa de ellos, es tu culpa. Cada reemplazo que contrates para arreglar el desmadre va a ver el desmadre y le va a poner precio como si fuera culpa tuya.”

“No tiene sentido.”

“Tiene sentido y dólares también. Un montón de dólares tirados de más. El nuevo va a cotizar – si es que cotiza – el precio de a ver si te atreves, porque lo único seguro en su cabeza es que el dueño de la casa era el problema – seguro quería una máquina de algodón de azúcar empotrada o alguna otra pendejada.”

“Tú traes algo con el algodón de azúcar.”

“Es pegajoso. Se te embarra todo. Es como una telaraña con la cuenta del dentista adentro.”

“Entonces este que sigue. ¿Lo quieres acomodado?”

“Sí quería hasta que me di cuenta de que primero necesitamos tierra, o se va a ir rodando por la presa. Ve por… Ya regresó Devin. Vamos para allá.”

“Yo no como así – hazte pa’llá, Devin.”

“Tienes el codo en mi gravy.”

“Yo me voy a comer al porche.”

“Sí, cómo no.”

“Tanner, nomás pon tu cosa en esa canasta.”

“Es tu ropa sucia.”

“Es una tapa. No pongo mis calzones encima.”

“Come mierda.”

“Rusty, cierra la puerta.”

“¿Cuándo vamos a construir el taller?”

“¿Te imaginas una mesa de banquete ahí adentro, Devin?”

“Una tabla de triplay estaría bien.”

“Lo voy a poner en la lista de decoración.”

“¿Hay lugar aquí para ese pergamino?”

“Tanner con la imaginería del Mar Muerto.”

“Nel, vi garabatos en papel de baño – ningún plan permanente, cada uno colgando –--”

“Nada de gravy, Kitty. Okey, una caricia. Yo también, pero no quiero tus pelos en mi biscuit.”

“Quién sabe.”

“Yo digo que ella pide cuatrocientos.”

“Esa está más bonita.”

“No creerás que tú te vas a la traila buena, ¿verdad? Yo he vivido en la roja casi toda mi vida, miro pa’rriba a quien sea que vive arriba de mí en la blanca, la ventana del cuarto, ahí está, es todo lo que veo.”

“La tuya está muy vieja.”

“Rusty, Jed se sale, y yo me meto. Ese es el plan. La roja es pa’ rentar.”

“¿Cuatrocientos?”

“Eso es lo que me cobra.”

“Ahorita lo importante es el pozo.”

“Tienes un día bien ocupado.”

“Tres juntas - y esos dos.”

“Fui a casa de Cody este fin de semana a recoger a mi hermana, y tienen su Honda chiquito todo desparramado por el patio.”

“¿Se trabó el botón de la ventana?”

“¡Ja! Más o menos de ese tamaño. Arreglar lo que no está descompuesto. La llevé al trabajo, y cuando la traje de regreso, el cofre seguía abierto, las piezas seguían por todos lados, los tornillos pisoteados en el lodo, esos dos bien pachecos de gomitas en el porche. Lonnie echando pestes y gritando que alguien le rompió una tecla a su computadora.”

“¿No había pergaminos de papel de baño?”

“Claro, tenían de esos, aunque ninguno de los dos sabe escribir.”

“Espérate.”

“No, no de esa manera – aunque, ¿alguna vez has leído un mensaje de Cody?”

“Deberías ver la contabilidad.”

“Odian los libros.”

“Ya sé, Tanner. Espero que algún día entren en razón.”

“Yo no tengo remedio.”

“Meghan se va a encabronar si no echamos a andar ese carro.”

“Nomás nos falta instalar el cable de cinco.”

“Nos escurrimos a la hora de la comida, vemos a la señora King, dejamos la renta arreglada, y terminamos el carro.”

“Yo tengo que ir por las niñas a las 2:45.”

“El bato no tiene dientes. Nos pelamos a las 11:30. No va a decir ni madres.”

“Dos horas. Con eso sale.”

“Nada de gomitas hasta que termines, Rusty. Contigo no se puede confiar el buen juicio con esas cosas.”

“¿De dónde sacó esas?”

“Ese señor de Michigan,”

“Esas gomitas no están bien.”

“Pero están chingonas.”

“Entonces, este, ¿hoy viene el de la presa, el del pozo, y un contratista general?”

“Sí. A ti te toca hacerle la barba al contratista y poner oreja con el de la presa. Necesitamos esa cosa pegada y terminada esta semana. El contratista no viene hasta las cuatro, así que él es el final del día.”

“No tengo planes hoy en la noche, así que todo bien.”

“La meta grande siempre es la casa. Entre más se tarde eso, más tiempo vivimos esta gata y yo en una caja de refrigerador en lo hondo del monte.”

“Está mejor que todo eso.”

“No mucho, y tengo que encontrar a alguien rápido. Con mayordomo o sin mayordomo, aquí adentro está de la chingada.”

“Rusty, hazte pa’llá.”

“¿Cuánto pagaste por ese lean burn?”

“Trescientos cincuenta con el de cinco cables.”

“Está caro.”

“Fue tu idea, Rusty. Yo quería el HHO.”

“Cody, estás loco. Ni es real de todos modos. Atornillas un frasco de vidrio lleno de bicarbonato al motor. Es una bomba de botella. Meghan agarrando velocidad, Layla en el asiento de atrás, ¡PUM!, vidrio por todo el compartimiento del motor, las aspas del ventilador hechas pedazos, las bandas destrozadas. El Lean Burn es la única manera.”

“Nunca había oído de eso, pero. El HHO sí funciona.”

“No, no funciona, Cody. El Lean Burn te da como cincuenta millas por galón, sin riesgo. El pum te da un motor nuevo.”

“El señor se cree muy chingón manejando con la luz del sol. Yo también manejo gratis.”

“Bueno, gratis no.”

“De todos modos más barato que esa estúpida máquina de la luna. En serio. ¿Alguna vez la has visto de cerca? La cosa tiene grabados de la luna y la pantalla está puesta en un marco de luna – hace ese sonido de wa, wa, wa que se supone que es el módulo lunar. Nada de eso es real; mira el video, esa bandera está caída – la Luna no tiene nada de gravedad.”

“Ajá.”

“Moonshot Green. Cien mil Civics. Me compro uno nuevo cada día, y no me gasto ni la mitad.”

“Ahí está el de la presa. Nueve y media. Justo a tiempo. Diles a esos que recojan y nos vemos allá abajo.”

“¿Y yo?”

“Tú vienes conmigo, Devin. Cuidado, muchachos, voy pasando.”

“Jefe, ¿quién es ese?”

“Sabrías si no te hubieras apartado durante la junta de la mañana.”

“Pendejo.”

“Eso no es bonito, Cody. Ustedes dos de regreso a las máquinas cuando terminen de desayunar.”

“El viernes pasado estuve cortando esas enredaderas de los árboles con Cody. ¿Todavía quieres que siga con eso?”

“Es buena idea.”

“¿Tú eres Michael?”

“¿La tropa detrás de mí es la pista?”

“No, pareces justo el tipo de hombre que maneja una presa él solito.”

“Buen comienzo. Sí, soy Michael.”

“Claude.”

“Gracias por subir. Esta cosa me tiene preocupado.”

“Hasta ahorita se ve bien.”

“¿Sí?”

“Lo primero, la pendiente está bien en el lado de atrás. Cualquier cosa menos de veinticinco grados y empieza a hacer surcos con la lluvia.”

“¿Cómo le dices a esa pendiente?”

“La voy a medir, pero a mí se me hace que son treinta grados.”

“O sea, pura suerte hasta ahorita.”

“El bordo libre también está bien. Dos pies.”

“Oye, Tanner. Este es Claude.”

“Tanner.”

“Qué onda.”

“Tanner es mi chivo expiatorio. Si encuentras algo mal, fue Tanner. La pendiente fui yo.”

“Apuesto a que el abogado de lesiones lo va a ver igualito.”

“Son tan comprensivos.”

“¿Ya lo conoces?”

“Soy desarrollador comercial con arrendamientos de terreno Foturne 500. Lo conozco a él y a su tropa. Nomás quisiera tener todo ese papeleo para tapar este estanque.”

“Eso sería exagerar.”

“Amén.”

“Entonces la visita es informal. Usted la pidió. El Estado de Tennessee me anima a hacer estas inspecciones no oficiales, y estoy obligado a decirle que lo que de verdad necesita es un ingeniero. Aquí tiene una lista de todos los especialistas con licencia en el estado – por condado.”

“Qué buena onda. Gracias.”

“El punto – este es su Miranda de presas. No estoy aquí en capacidad de asesoría profesional. Nomás reconocemos la necesidad de ayudar a los dueños de casa que compran estas viejas bombas de tiempo por todo el estado. Lo que cuesta uno de esos ingenieros no es nada comparado con lo que cuesta cuando deja que esta cosa se derrumbe.”

“Órale, eso no es Miranda, eso es Upjohn.”

“Beheler, de hecho.”

“¿Fuimos a la escuela de derecho?”

“No. Yo fui a la escuela del lado del testigo de cien citatorios para declarar en deposición que le advertí al tipo, y que le di este papelito de aquí.”

“Yo también agito mi papel, la cláusula de indemnización, y aun así tengo que contratar abogado y amenazar con desalojar al inquilino de su propiedad arrendada si no paga mi defensa en su caso de molestia por resbalón y caída.”

“Entonces ya agarra la idea.”

“Sí. Esto es nomás informativo. Usted me da los puntos para hablar, y una lista de profesionales que sellen el papel que voy a agitar en la deposición cuando falle.”

“Exacto. Además, salvo un par de vidas en el camino.”

“Trabajo honorable.”

“Algunos días.”

“Vamos a sacarme de mi ignorancia más profunda para tapar el hueco.”

“Esa es la idea. Primero, lo vi en el mapa satelital. Dos cosas ahí. Una y primera. Y no le hablo como inspector: No la haga más alta. Nunca. Ya se derrumbó una vez.”

“¿Cómo sabe eso?”

“Lo veo en las fotos. Y ahora que estoy aquí lo veo en los árboles. Mire. ¿Ve aquí en la ladera?”

“Nosotros justo estábamos…”

“Perdón por interrumpir. Necesita escucharme.”

“---”

“Los árboles de la ladera. Puede ver que todos son Poplars y Sweetgums. Esas son especies pioneras – son las primeras que llenan el espacio abierto. Todos estos son de la misma edad.”

“Lo escucho.”

“Entonces, estos de aquí en la ladera, subiendo – luego un White Oak enorme, un Walnut, esos son Sucesión Clímax.”

“Escuela de Derecho Natural.”

“El punto es que, si se hace para atrás y mira, va a ver que estos árboles están en una cicatriz a través del tapete de esas colonias de árboles.”

“Embelesado.”

“Entonces, hubo un deslave aquí o de alguna manera la tierra quedó expuesta. La pendiente dice que está suficientemente empinada, pero esos poplars no crecen en roca, y los Sweeetgums echan raíces hondas, así que no es probable que la tierra se haya resbalado de la roca. Pero mire el otro lado de la cañada. ¿Lo ve?”

“Lo veo…”

“Espérate, Tanner. Deja que él lo cuente. Perdón, compa.”

“¿Ve la cicatriz igualita del otro lado?”

“La vemos.”

“Esos no son deslaves. Esas son las paredes de la presa juntándose con las laderas. La presa era casi veinte pies más alta, y donde están cortando ese camino allá arriba, ese era el camino viejo alrededor del agua.”

“Jesús.”

“Bíblico, de todos modos. Una presa así de grande, aunque no estuviera a nivel lleno, cuando reventó, se fue disparada por este valle en una pared de agua.”

“Los escalones. Hay una chimenea allá abajo.”

“Lo vi. No se puede saber con ellos, pero un estanque de ese tamaño sí llegaría hasta allá. Este no.”

“¿Entonces esto es seguro?”

“Mientras me haya escuchado, no la haga más alta.”

“Sí estaba escuchando.”

“No todos lo hacen.”

“¿Y qué tal este?”

“Este no es ni la décima parte de lo que hubiera sido aquel. En efecto, este es el charco que dejó el otro.”

“¿Entonces este le deja el patio mojado al vecino?”

“Y un par de Bass. Esos se ven raquíticos.”

“Sí, aquí no hay nada que valga la pena pescar, la verdad.”

“De hecho, un estanque de este tamaño y esta edad, Probablemente hay uno o dos bass jefes, y hay comida a lo bestia.”

“Lo vi por primera vez en noviembre. Pesqué un par el segundo día que subí. Todavía no lo he visto en verano.”

“Hay rumores.”

“Ah, ¿eres de aquí, Tanner?”

“Sí. Hay rumores de este estanque, de que hay peces grandes. Nomás lo pesqué una o dos veces de chamaco. Vivo por el rumbo de Boyd’s Creek, así que esto me queda a trasmano.”

“Aquí no le falta mucho. Buena vegetación en la orilla. Tiene que quitar estos árboles de las orillas y definitivamente de esta parte de arriba. Está poniendo el tubo del vertedor en el lugar correcto. El otro falló porque quien lo hizo lo puso en medio así.”

“¿Vio todo eso?”

“Sí. También vi ese deslave. Apuesto a que por eso llamó.”

“¿También da terapia?”

“No.”

“Qué lástima.”

“Entonces, va por buen camino con ese tubo del vertedor. Piensa llevarlo hasta el fondo de la presa, otra buena decisión.”

“El montón de tubos.”

“Tenemos a un tipo que empieza hoy, podría traerlo, pero apuesto a que vería el mismo montón.”

“¿Qué más?”

“Está echando relleno. La presa ya es más del doble de larga de lo que es de alta. Es un buen tapón. Siga así.”

“¿Y llamar a un ingeniero?”

“Sí. Ahora cuénteme de ese puente. ¡Esa cosa está preciosa!”

“Venga, se lo enseño. Dígame arreglos para la presa en el camino.”

Capítulo 66 – lunes, 26 de febrero

“Nadie había subido nunca manejando hasta acá arriba. Soy Michael.”

“Qué tal, Mike. Híjole, me encantaría tener este lugar. ¿Cuánto pagaste por él?”

“Lágrimas todavía no, pero la mezcla de sangre y sudor va cincuenta y cincuenta.

“¿De dónde sacaste esa cuadrilla de tierra?, por poco truena un eje subiendo por ese camino, y más les vale poner un tubo de drenaje atravesando esa curva o ya no va a ser camino pa’ cuando llegue junio.”

“¿Cómo te llamas?”

“Soy Abby.”

“Mucho gusto, Abby. ¿El camino está medio feo?”

“¿Feo? Compa, están tirando grava, tienen manantiales corriendo de lado a lado del camino allá abajo en esa servidumbre; es puro lavadero pasando todas esas trailas, esa cuesta que sube a la izquierda de la presa no se puede pasar sin un buggy, y esta curva no dura dos meses si no le meten un tubo de drenaje.”

“Sí, es una obra de amor.”

“Más vale que sea amor porque el dinero es puro desperdicio.”

“Nos las arreglamos.”

“Todos esos carros estacionados allá abajo dicen otra cosa.”

“Ayuda a mantener despejada el área de trabajo.”

“Ya veo, a lo mejor diles que tumben algunos de estos árboles, que hagan un areíta pa’ estacionarse.”

“Tanner, ven. Este es Abby.”

“Abbington. Mucho gusto, Tanner. ¿Esos son tus muchachos En las máquinas?”

“Socios.”

“¿Es tu primera vez escarbando en el Condado de Sevier?”

“Abby, revisa tus bolsillos.”

“¿Mis bolsillos?”

“Sí. Se me hace que cuando saliste de la casa hoy, se te olvidaron los modales en el buró.”

“¿Disculpa?”

“Ahora sí estamos hablando. Estás disculpado.”

“Mira, Mike. No sé a qué estás jugando, pero si este es el terreno pa’l que me llamaste, no te puedo construir una casa aquí.”

“Se ve bastante claro. Pero Stefanie me dijo que me portara bien, y dijiste unas cosas que hay que oír. ¿Quieres empezar de nuevo?”

“O sea, si me dejas meter una cuadrilla de tierra aquí, empujar estos árboles bien pa’trás… No vas a poner la casa ahí, ¿verdad?”

“No, eso es pa’l taller. Aquí tienes una copia del plano de la casa. Va allá donde los muchachos están escarbando las terrazas.”

“Eso no lo puedo permitir.”

“¿Qué?”

“Mis hombres escarban el asiento de la casa. Y ese no es el lugar pa’ eso.”

“¿Por qué?”

“Pura ladera. Te tardas semanas en sacar eso, ¿y a dónde va el escombro?”

“Pásame una piedra, tanner. Hay que detener este plano.”

“Aquí la caja está más grande.”

“Gracias, Abby. Elevaciones – cimentación – aquí está, la planta.”

“¿Dos recámaras?”

“Sí.”

“Nomás me lo imaginaba más grande.”

“Le mandé el correo a Kerry, así se llama, ¿verdad?, Kerry.”

“La recepcionista, sí.”

“¿No te los mandó?”

“Casi todos los días ando en campo.”

“La troca está bien limpia pa’ ser troca de campo.”

“Traigo tres fraccionamientos ahorita.”

“¿Como cosas de Ball home?”

“Desarrollador privado.”

“¿No puede construir sus propias casas?”

“Está en Florida.”

“¿Haces construcciones privadas?”

“Si no, no estaría aquí.”

“Justo.”

“¿Tienes levantamiento topográfico?”

“Este es mi juego. Mandé imprimir el levantamiento dentro del engargolado.”

“¿Atrás?”

“Ajá.”

“Si pones el asiento de la casa ahí, quedas cerca de ese escurridero.”

“La esquina más cercana está a veinte pies.”

“Necesita veinticinco.”

“No sabía eso.”

“Pa’ eso estoy aquí.”

“¿Algo más?”

“Esa ladera va a estar llena de manantiales.”

“Todavía no.”

“Nomás están en el – ¿está acarreando esa tierra en una minicargadora?”

“Sí. Estamos usando el escombro en la presa.”

“¿Nomás aventándolo por un lado?”

“Más o menos. Ahorita estamos preparando el asiento del tubo del vertedor.”

“Por lo menos la vaciaron.”

“Perdón.”

“¿Esta es una obra de bajo presupuesto?”

“Está apretada.”

“Eso explica las dos recámaras. Sabes que eso nunca se va a vender, ¿verdad?”

“No la estoy construyendo pa’ vender.”

“Tengo una cuadrilla de tierra ahorita que puede arreglar esto.”

“¿Tan jodido está?”

“No está bien.”

“¿Qué tiene de malo?”

“Estás escarbando el asiento de la casa, y ni siquiera tienes permiso todavía, pa’ empezar.”

“El permiso es problema del contratista general.”

“Se tardaría semanas en hacer un plan, negociar un contrato y luego entrar en el calendario pa’l trabajo.”

“¿Semanas? ¿Y cuánto se tarda la obra?”

“Si empezamos la próxima primavera, ya vas a estar adentro pa’ Navidad.”

“¿Como en abril, pa’ que termines esta Navidad?”

“No. Estamos llenos este año. Empezamos la próxima primavera.”

“¿Qué idea traes de precio?”

“Andamos como en mil doscientos el pie ahorita – con cimentación normal. Esto…”

“Espérate, ¿estás hablando de dos punto cuatro millones?”

“Este año. Los precios de material no tienden a bajar.”

“Sabes que es una casa de dos recámaras, ¿verdad?”

“Sigue siendo metraje.”

“Mil doscientos es precio de siniestro de aseguradora. Yo casi no me meto en el bolsillo de nadie, pero tengo que preguntar, ¿cuál es el reparto?”

“Nuestro contrato va a costo más quince.”

“¿O sea que ves el costo en casi dos punto un millones?”

“Más o menos.”

“Eso pone el costo duro en mil cincuenta el pie. O sea, a mí me encanta la pintura dorada tanto como a cualquiera, pero los cinturones de herramienta y los esmóquines no se llevan.”

“¿Esmoquin?”

“El precio está alto.”

“Ese es el precio.”

“Ni siquiera abriste el correo.”

“No tengo que. Cobramos mil doscientos el pie llave en mano.”

“Me metí en el negocio equivocado.”

“¿En qué negocio andas, Mike?”

“Desarrollo Comercial. Fue un gusto conocerte, Ab.”

“Es Abby.”

“Tienes que quitarle una sílaba a ese precio, compa. Vivo en ese cobertizo de allá, y tengo mucho tiempo libre. Ya hice la cuantificación de ida y de vuelta, y me sale en trescientos el pie como sea.”

“Mira, si no tienes el dinero pa’ construirla, ofrecemos financiamiento.”

“Interno, apuesto.”

“Sí.”

“¿Enganche de como trescientos el pie?”

“Exacto.”

“Nunca lo hubiera adivinado.”

“No hay vergüenza en eso.”

“Yo – ¿cuál vergüenza?”

“Ahorra unos centavos más.”

“Sí, tienes razón. A lo mejor mi abuelita me da unos cuantos más si le digo lo caro que está.”

“Tenemos financiamiento.”

“¿Tú financiaste la tuya con la compañía?”

“Todavía estamos rentando.”

“ Ah, ¿nomás trabajas pa’l contratista?”

“Soy Gerente de Proyecto.”

“Ahora sí entiendo.”

“Entonces, déjame dejar esto claro pa’ las notas. Costo más quince, Empezar en catorce meses – dos millones y medio si cambio todo mi plan, tumbo todos estos árboles latosos, y tú sugerirías financiamiento. ¿Cuál es la tasa?”

“Como ocho por ciento.”

“Como ocho por ciento. ¿Cómo se amortiza?”

“Amor…”

“¿A treinta años?”

“Quince.”

“Por último, pero no menos importante, ¿cuánto se tarda en construirla?”

“Dieciocho meses es el número seguro, pero a lo mejor terminamos en doce.”

“¿Y tienes una cuadrilla de tierra ahorita?”

“Sí. Pueden estar aquí en como cinco semanas si podemos armar rápido un contrato de tierra.”

“Qué padre.”

“¿Bien?”

“Ah, estamos bien. Gracias por venir, Abbington.”

“Este, entonces.”

“Espérate, es Stefanie.”

“Hola, amor.”

“Hola. ¿Cómo va todo allá arriba?”

“Ay, te extraño, pero ya estoy terminando con el Contratista, y cierro con los muchachos. ¿Qué tal si paso por ti y por Clover, y nos vamos a dar una vuelta.?

“¿Antipasto?”

“Suena perfecto. Te veo en treinta.”

“Te quiero.”

“Te quiero.”

“¿Qué dices, quieres hacer una cita, vienes a la oficina y platicamos los detalles?”

“Definitivamente no, compa. Perdón por hacerte perder el tiempo.”

Capítulo 67 – lunes, 26 de febrero

“¡Hola, Karen! ¿Qué andan haciendo, chamacos?”

“Nomás te estábamos esperando. ¿Cómo va todo allá arriba en el Drip?”

“Mucho patinar de llanta, nada de tracción.”

“Ya va un mes. De veras tienes que dejar esto y venirte a quedar aquí.”

“¿Lista?”

“Salvado por la campana. Karen tiene la cena, un U-haul, y sólo Dios sabe qué más en la balanza.”

“¡Michael, no puedes vivir en ese cobertizo así!”

“Ya sé, Karen. Pero Kitty tampoco puede vivir ahí solita.”

“Tráe-te-la-pa’cá.”

“Sabes que no puedo hacer eso. Primero, hay un camino, y Kitty no vive con correa. Segundo, está vieja, nunca ha vivido encerrada. Tercero, le sacaría los ojos a Pooty de un arañazo nomás de verlo.”

“Pooty no la va a molestar.”

“Quinto, está muy vieja pa’ aprenderse dos lugares nuevos.”

“Estaría bien.”

“Ella tiene que estar allá, yo tengo que estar con ella pa’ que pueda explorar.”;

“Aquí puede explorar.”

“Tiene que aprenderse su casa. Es depredadora, y su mente funciona con reglas de depredador. El problema es que no es la que manda en esos montes.”

“¿Nos vamos?”

“Sí, Señora. Karen, te quiero. Muchas gracias por preocuparte por mí. Lo siento.”

“Me preocupo por todos ustedes.”

“Ya sé, y yo me tengo que preocupar por Kitty, y no está tan mal. Si estuviera peor, ya inventaría algo, pero un poquito de frío no mata a nadie.”

“Otra vez con esto.”

“Por aquí, mi lady.”

“Ándale, Clover.”

“Me la traes de regreso a una hora decente, Cabeza de chorlito.”

“Sí, señor, Sr. Cotter, señor.”

“¡Clover, ya no jales!”

“Está loca. Hubieras visto cómo se puso cuando llegué.”

“Lo único que le gusta más que tener a toda su gente en el mismo lugar al mismo tiempo, los paseos. Súbete, niña.”

“¿Te dieron tus órdenes?”

“Sí, mañana a tocar puertas.”

“¿Vas a tumbarle la puerta a alguien?”

“No. Entrar en horario de negocio, la Orden bien en alto, aléjese de la caja, Señora, ese tipo de cosas.”

“Suena mucho más divertido que mi día.”

“Despacho del juez – qué emoción.”

“Me refería a mañana.”

“Mañana es lo divertido. ¿Cómo estuvo tu hoy?”

“Nuestro hoy fue uno de tres. El de la presa se lució. Por mucho la mejor visita. Traía toda una lista de consejos, y dictamina la presa como segura con el plan tal como está. Él…”

“Presa – fascinante, seguro. Contratista, Michael. Cuéntame otra vez del contratista.”

“El contratista fue un fracaso total.”

“¡Michael! No puedes hacerlo. Te lo digo, tú no vas a construir esta casa.”

“Tranquila, detective. A lo mejor primero escucha a la parte denunciante, repasa los detalles de las acusaciones, y luego inventa la condena.”

“Ha lugar.”

“El tipo es un fiasco. El final de la cuerda es dos punto cuatro.”

“¿Dos punto cuatro qué?”

“Quieren mil doscientos dólares el pie, y ni un pie de lodo de negociación. Quiere una cita en la oficina. Le dije que no.”

“Espérate, ¿me estás diciendo que quiere dos millones y medio de dólares por construir nuestra casa de dos recámaras después de que nosotros hagamos el camino, instalemos la fosa séptica, instalemos la energía solar, y escarbemos el hoyo?”

“No nos deja escarbar el hoyo, y dice que el camino está de la fregada. Ni siquiera llegamos a lo solar ni a la geotermia. Estaba tan elevado que nomás le seguí la corriente.”

“Su precio no está elevado – él está elevado.”

“Alucinando. Mira a tu perra.”

“¡Está tan bonita!”

“Como caricatura con la cabeza afuera, la ventana le queda muy chica pa’ su cara.”

“Ya trae los ojitos entrecerrados de seguridad – me pregunto qué huele.”

“Pobre chucha, se quedaría sin olfato con toda la porquería que se traen estos contratistas.”

“Qué suerte que vive en casa de Mammy”

“El chamaco me dijo que no hay vergüenza en eso, en no tener el dinero, pero que tienen financiamiento interno si califico.”

“¿Quién es este tipo?”

“Una compañía que encontré en Google. El chamaco que vino era como gerente de proyecto o algo así.”

“¿No el dueño?”

“Me imagino que son medio corporativos.”

“¿Va a costar tanto?”

“Para nada. Pero van dos fracasos hasta ahorita. Tengo otro mañana, y puedo agendar unos cuantos más, pero vas a tener que llamarle a Maddron.”

“No lo va a hacer.”

“Voy a seguir intentando, pero tengo un presentimiento.”

“Pero no lo saboteés, ¿me lo prometes?”

“No tengo que prometerlo, mi amor. Me cuesta el pellejo cada día. Este tipo dijo que podía empezar el próximo abril y terminar en dieciocho meses.”

“Eso es como dos años y medio.”

“Treinta y dos meses. En un cobertizo.”

“Está descartado.”

“Ya me lo imaginaba.”

“¿Y el del Pozo?”

“Ni llamó, ni llegó.”

“¿Qué le pasa a este mundo?”

“Amén. O sea, de todos modos no me cabe una regadera en ese cobertizo, pero venir hasta acá cada dos días…”

“Tres días.”

“¿Apesto?”

“No, sorprendentemente, pero tú nunca apestas.”

“Por lo menos eso.”

“Aunque hueles como si te hubieras revolcado en un cenicero.”

“Me sabe la boca a metal de tanto que he estado fumándome esa cadena.”

“¿Qué demonios? ¿Eso fue fumar en cadena?”

“No es mi mejor trabajo.”

“¡Cuidado!”

“¿Qué?”

“Le acabas de cerrar el paso a ese señor.”

“Ah, regresó mi ayudantita. Te extrañé tanto que se me olvidaron todas tus cualidades secundarias.”

“Manejas como videojuego.”

“Hoy también conecté el Playstation. Las baterías están aguantando bien, y necesito derretirme el cerebro.”

“Con eso sale, pero no le hagas GTA al paisaje de la montaña.”

“¿Hiciste el pedido por teléfono?”

“Ni se me ocurrió.”

“Ay, chin. Yo esperaba entrar, agarrar y pagar.”

“Tienen una app. ¿Tomate extra?”

“Eso mero.”

“¿Algo más?”

“Pa’ mí no.”

“No me gusta ese lugar, así que comí de lo del refri mientras te esperaba.”

“Entonces nomás damos vueltas un rato, vamos por eso, y te llevo a la casa.”

“No me gusta eso.”

“Ya sé, Stef. Tienes que llamarle a Mikey Maddron.”

“No lo va a hacer.”

“Voy a seguir viendo a otros, pero aun cuando el precio es normal, todos dicen lo mismo. No quieren que yo escarbe el asiento de la casa.”

“A lo mejor tienen razón.”

“Más les vale que no, o no podemos pagarlo.”

“O sea, sí nos alcanzaría si tenemos que.”

“No, pagarlo. Literalmente no tenemos el dinero ni pa’ pagarlo si contratamos la cimentación. Nomás la excavación es de ciento cincuenta mil, y luego vamos a necesitar tres terrazas con cuatro muros de contención - por lo menos cuatrocientos pies de esos. Y el escombro se necesita pa’ otros proyectos, como el camino y la presa. Es una chamba monstruosa.”

“¿Por qué necesitamos tantos muros de contención?”

“Es una ladera, y las zapatas de la casa van a quedar como veinte pies abajo de lo alto del corte.”

“No le entiendo.”

“Tenemos que detener la loma. O es un muro enorme con factura de ingeniería y complicaciones de diseño muy por encima de lo que yo sé hacer, o son terrazas escalonadas con muros bajitos.”

“¿O sea, jardineras y jardines?”

“Esa es la idea. Va a quedar bonito, y además sí nos alcanza.”

“¿Como cuánto?”

“Mi amor, los números no cambian. Ahorita nos faltan seiscientos completitos y eso si la casa cuesta seiscientos.”

“¿Por qué ese número no cambia?”

“Sí está cambiando; nomás hoy cambió como dos millones.”

“Eso no es real.”

“Es real.”

“Tú siempre encuentras la manera.”

“¿Cuánto dijeron pa’ la comida?”

“La app no dice bien. Dice, preparando. Dale a la izquierda aquí.”

“Nunca había venido por aquí.”

“La torre vieja de vigilancia de incendios está aquí arriba.”

“Oíste, Clover, vamos a la torre de incendios.”

“Tiene las orejas apagadas desde que nos mudamos con Karen.”

“Yo aguanto cinco o seis meses en el cobertizo. Kitty ya tiene una rutina medio esbozada.”

“Clover tiene la rutina en paradas de botanas.”

“Ya es marzo, y el clima está cambiando. Pero no estoy seguro de que haya manera de sacarle al dinero.”

“Tú lo vas a resolver.”

“Me encanta la confianza, pero he estado metido en los números cada minuto de cada día, y ese es el número hasta que venda algo en Nueva York, o pegue un golpe en los mercados.”

“Pues, Charlie, ponte a ello.”

“¿Charlie?”

“Schwab.”

“Yo definitivamente me compraría un escusado nuevo cada vez si tuviera esa clase de dinero.”

“Aspiraciones.”

“Tenemos que escarbar el hoyo. Ya estamos en eso. Hoy dejé lista la terraza de arriba. Cuando esté escarbado, los contratistas van a dejar de relamerse con el dinero de la tierra y se van a poner realistas.”

“¿Es buena idea?”

“No es la mejor. Estoy escarbando sin permiso, y cuando eso sale mal, sale mal rapidísimo y dura mucho tiempo.”

“¿Entonces por qué lo haces?”

“Pa’ empezar, necesito los materiales. Además, tengo un equipo, y voy a necesitar a esos muchachos muy pronto, así que tengo que mantenerlos trabajando.”

“¿Y si te cachan escarbando?”

“Si consigo contratista, eso no va a importar, pero fuerza el asunto. Vienen, ven el dinero que de veras hay aquí en lugar del dinero que traen en sus mentes imaginativas.”

“¿Cuánto hemos pedido prestado hasta ahorita?”

“Ahora sí, ese es un número que cambia.”

“No. Una cuenta. LMA. ¿Cuánto?”

“Todavía está bajo. Pagué unos materiales y el carrito de golf.”

“¿O sea, sin tocar?”

“Casi.”

“¿Y el dinero de la venta de la casa?”

“Esa es otra historia. Hasta ahorita, me pagué de regreso los noventa y cinco de los fondos del cierre. Ochenta de eso se fueron a John Deere Financial. Todavía debemos ochenta ahí. Y puse quince en la cuenta de cheques pa’ empezar a pagar los sesenta camiones de grava y las piedrotas del deslave cuando llegue esa factura este mes.”

“Sí, eso estuvo cerca. Tenías noventa y dos dólares en la cuenta de cheques.”

“Ni me digas. Los chamacos se llevan cada centavo de mi sueldo y más. Los que dan dividendos se llevaron los otros dos, así que hay unos cuantos dólares cuando llegan los trimestrales.”

“¿Cuánto es eso?”

“Son dos mil ciento nueve dólares por trimestre.”

“Espérate. ¿Los doscientos mil dólares completos que sobraron de la venta de nuestra casa – todo el depósito - nos van a dar dos mil dólares cada tres meses?”

“Antes de impuestos.”

“¡Michael!”

“¿Me acabas de gritar por unos porcentajes de dividendos?”

“No es mucho.”

“Mi amor, es nuestra vida. Los arrendamientos llevan veinte años a un cinco de cap, nunca más y nunca menos. La diferencia es que a largo plazo pagué las hipotecas y dejé que creciera el patrimonio. Los arrendamientos se quedaron más o menos igual – y sacarlo en efectivo fue un proceso de año y medio. Ahora está líquido. Vamos a sacar el mismo cinco por ciento, pero en vez de crecer en madera, crecemos en ingreso.”

“Es tan poquito.”

“El viernes es primero. Duran y Fatah pagan el primero si todo sale bien.”

“Le debes sesenta y tres mil dólares a la tarjeta de crédito, Michael.”

“Es la grava.”

“Son las piedrotas también.”

“Sin camino, no hay casa.”

“El camino no está tan bueno.”

“Es lo que nos alcanza. Si trajéramos una cuadrilla, saldría el triple.”

“No, Clover. No voy a dejar que este hombre malo se meta con tu presupuesto de galletas.”

“Abastécete mientras puedas.”

“¿Estamos desesperados?”

“¿Otra vez las cuentas desesperadas?”

“Esa es la forma.”

“Yo también lo siento, pero ¿qué más podemos hacer?”

“¡Genial! Tiene forma de pato, y ahora hace cuac.”

“Mira. No todo hombre con carro va a manejar borracho. Algunos hombres no toman. A algunos les dijeron que no lo hicieran, y no lo van a hacer. Algunos ven lo sabio y nomás están de acuerdo. Y algunos ya lo hicieron y aprendieron la lección.”

“Las apariencias, Michael.”

“No la realidad. La única realidad aquí es que vamos a pedir prestado un montón de dinero, y vamos a usar hasta el último centavo de nuestro ingreso todo el tiempo, y ojalá podamos cerrar la brecha entre vivir en un cobertizo y vivir en una casa.”

“Cuentas desesperadas.”

“No son desesperadas. Nomás hay un montón de renglones.”

“¿Qué otros renglones hay por ahí?”

“La LMA.”

“Esa ya la hicimos.”

“Ya sé, pero ¿esa cuenta ya está, o sea, terminada?”

“Está invertida completita, sí, la de Duran y la mía. Las mismas contraseñas.”

“Esa es mala idea.”

“Funciona.”

“Yo las cambio.”

“Bueno. Yo no tengo tiempo.”

“Recogí el correo la última vez que estuve allá arriba, y apenas lo abrí hoy. Llegó por correo la factura del levantamiento topográfico.”

“Justo a tiempo. Ya casi tenía un par de dólares sin compromiso.”

“Trece mil, Michael.”

“Págala.”

“No los tenemos.”

“Metí esos quince en la de cheques, y las piedrotas pueden esperar.”

“¿Tienes otros cheques afuera?”

“Debería alcanzar.”

“Michael. Un cheque rebotado de trece mil dólares es un delito.”

“No he rebotado un cheque desde mis tiempos de jineteo, y no voy a empezar ahorita. Págala.”

“¿Viene alguna otra cuenta que yo no sepa?”

“Los tubos de la alcantarilla. ¿Ya estás lista para la historia del hombre de la presa, o sigues enojada de que de veras tenemos que pagar por esta casa?”

“Dale a la izquierda.”

“Sabes que esta torre como que se ve desde el Drip.”

“Ya sé. Tommy dijo que serían quince minutos de camino si no tuviéramos que rodear el risco.”

“Pues el hombre de la presa dijo que tienes buen ojo – por fijarte en esa franja de árboles gris galvanizado.”

“¿Dijo gris galvanizado?”

“No. Eso soy yo. Lo que dijo fue que se llaman especies pioneras, y que están ahí porque antes había conexiones de muro de presa en esas laderas, y la presa se ha de haber derrumbado – y por eso esos árboles son diferentes.”

“Ay, qué padre.”

“Dijo que la presa era enorme, y lo que queda es como un charquito de eso.”

“La app me acaba de mandar mensaje. Tu ensalada ya está.”

“Ay, qué lástima. Quería ver la torre de vigilancia contra incendios.”

“La próxima vez. Vamos por tu comida para que puedas regresar a atender al gato.”

“No quiero. Teníamos una noche para una cita, y nos la pasamos toda haciendo contabilidad.”

“Subimos aquí la próxima vez.”

“¿Me lo prometes?”

“Mañana tengo las órdenes, pero a lo mejor el jueves.”

“No está mal. Mientras, de regreso al cobertizo viejo y lleno de chiflones en el monte.”

Capítulo 68 – martes, 27 de febrero

“¿Bueno?”

“¡Jefazo! --- Jefazo, ¿estás ahí?”

“Qué onda, Cody. ¿Qué pasó?”

“Güey, ¿oyes eso?”

“Oigo ladridos.”

“Es un Rottweiler que me tiene atrapado en la exca, me correteó pa’ acá tratando de arrancarme las nalgas a mordidas.”

“¿Como un perro salvaje?”

“No, hombre. Hay un vato aquí arriba, trae una carcacha roja, soltó al perro, y se me vino derechito.”

“Qué demon…”

“El vato se viene pa’ acá. Este pinche perro está loco. No me ha quitado los ojos de encima.”

“¿Quién – qué – está – dónde están los demás?”

“Tanner y Dev están en el cobertizo, y Rusty anda allá arriba acarreando tierra. Me bajé al patio a echarle diésel, y este vato se mete.”

“Estoy en Food City. Dejé mi carrito en el pasillo, y voy para allá – o sea, no te bajes de la exca ni nada.”

“No mames. ¿Oyes a esta cosa?”

“Ya voy, hombre.”

“Oye.”

“¡Atrás! Julia, agárralo. No esperaba encontrar a nadie aquí.”

“Puuuura mierda, te subiste por ese…”

“Cody, ¿con quién estás hablando?”

“Camino de entrada, hay grava nueva. Sabías que había alguien aquí arriba, y soltaste a ese perro…”

“Cody.”

“…¿Qué chingados te pasa?”

“Yo soy dueño de este terreno.”

“Ni madres que sí.”

“Cody.”

“Ese terreno. Nomás lo traje pa’ que corriera suelto un rato.”

“Cody.”

“Dice que es tu vecino, Jefazo.”

“Déjame hablar con él.”

“Ya agarró al perro del collar, se van caminando.”

“¿Me estás vacilando?”

“O sea, nomás agarró al perro – te dijo que estás en su terreno y se fue…”

“Dice que es dueño del terreno de al lado.”

“Güey, no lo dejes irse. Ya casi llego.”

“¿Y cómo lo voy a parar?”

“Ya voy, Cody. Cinco seis minutos.”

“Hola.”

“Hola.”

“Cody conoció a los vecinos, y voy de regreso a conocerlos yo también.”

“¿Vecinos? ¿De regreso?”

“Fui a la parrilla a desayunar. Fue una noche pesada. Otra vez dormimos en la troca, y necesitaba estar adentro calientito.”

“Espérate. Vecinos.”

“¡Fíjate, pendejo! ¡Qué demonios!”

“Michael.”

“Perdón. Manejar sin mi ayudantita no es fácil.”

“Michael.”

“Entonces, estoy en Food City, y me llama un número ocho-seis-cinco. Contesto, y es Cody, a medio cagarse en los pantalones, que un perro lo tiene atrapado en la excavadora.”

“¿Como un perro salvaje? No te estoy entendiendo.”

“Voy corriendo de regreso, Stef, y no me estás poniendo atención. Cody conoció a los vecinos, y su perro lo atacó.”

“¿Está herido?”

“No sé.”

“¿Llamaste al nueve-uno-uno?”

“No.”

“¿Quieres que llame yo?”

“Voy en el Wye.”

“Espérate, ¿un perro ataca a tu empleado, y tú te paras por cigarros?”

“No, Stefanie. Voy pasando. Y no es mi empleado. Llego en un minuto.”

“¿Vas armado?”

“Cariño.”

“Cierto. Nomás repasando la lista.”

“Alcancé a oír la voz del vato en el teléfono, dice que nomás soltó al perro a correr, que no sabía que había nadie ahí.”

“¿Y atacó a Cody?”

“Supongo.”

“O sea, ¿y ahora qué?”

“Supongo que hablamos del clima hasta que llegue.”

“¿Qué vas a decir?”

“O sea, no sé. Supongo que nomás leo y veo.”

“¿Dónde estás?”

“Voy volando por enfrente de las bodegas.”

“¿Siguen a la venta?”

“¿Qué?”

“Está a la venta.”

“¿Qué tiene que ver eso…”

“Dijiste el clima, yo quería un mejor tema.”

“¿Qué te hizo fijarte en eso?”

“La cuenta de la bodega. Todo ese lugar son diez cocheras.”

“Tienes razón, sí está raro. Diez cocheras a seis metros de la carretera. Un letrero con un número de teléfono. En una curva abierta. Nomás embutidas ahí.”

“¿En serio? ¿Estoy oyendo llantas rechinando?”

“Ya pasé la curva de la iglesia.”

“Bájale.”

“Cody dijo que nomás se fue caminando con el perro, y yo no… Quiero llegar antes de que se vaya.”

“¿Qué carro trae?”

“Cody dijo que una carcacha.”

“¿Te ha pasado alguna carcacha?”

“Casi puras. Ni perros ni esposas ni esposas con perros.”

“¿Ya llegaste?”

“Bájale, apúrate. Mi ayudantita anda confundida hoy.”

“Te voy a mandar a que te vuelvan a examinar.”

“Órale, está en el camino de entrada saliendo.”

“Ciérrale el paso.”

“¿También me cuido del fuego cruzado?”

“Qué es…”

“Órale, sí es una carcacha. El vato trae traje. Mitsubishi rojo. Te marco al rato.”

“Qué tal. Soy Michael.”

“Yo soy Kegan…”

“¡Jesús!”

“Cuidado, es protector.”

“O sea, nomás está protegiendo a la bebé.”

“Tiene su propia mente.”

“¿No te da miedo que la pise o algo?”

“Nel, nomás la está protegiendo.”

“Qué bueno que pasaste – aunque a Cody le sacaste un susto de los mil demonios.”

“Sí, es súper protector.”

“Ya lo dijiste varias veces.”

“Subimos a nuestro terreno para dejarlo correr, y no sabíamos que había nadie aquí.”

“Hay un chorro de cambios aquí arriba, la grava y todo. Difícil no verlos.”

“Mi mamá y yo compramos este lugar el año pasado con el plan de construir unas cabañas.”

“Vi tus estacas del levantamiento. Yo también tengo uno si te sirve.”

“Ya lo vi. Ya lo estacamos.”

“Hola, soy Yulia.”

“Hola, Julia.”

“Yulia.”

“Perdón. Se me fue la Y entre los gruñidos.”

“¿Cuántas casas están construyendo?”

“No estamos – estamos construyendo nuestra casa.”

“Ah, van a vivir aquí. Nosotros íbamos a construir rentas de corto plazo.”

“¿Iban?”

“Mi mamá falleció el año pasado, y como que lo tenemos en pausa.”

“Los listones descoloridos ya me habían dicho algo así.”

“Ya teníamos resuelta la fosa séptica, y estábamos planeando los postes de luz cuando murió mi mamá. ¿A ustedes también les planearon los postes de luz justo por la ladera?”

“Nosotros vamos con solar.”

“¿Como paneles?”

“Sip.”

“¿Cuánto cuesta eso?”

“Lo voy haciendo poquito a poquito.”

“Andamos medio con prisa.”

“Me muevo. Pero déjame tu número de teléfono.”

“Sí, buena idea.”

“¿Cómo se escribe Kegan? Kegan, ¿verdad?”

“Y Yulia.”

“Esa ya la tengo.”

“K-E-G-A-N.”

“Toma, pon tu número – ay, perdón, amigo. Nomás le estoy pasando el teléfono a tu papá.”

“Estoy poniendo que el segundo número es Yulia.”

“Perfecto. Te mando mensaje ahorita, y ya tienes el mío.”

“Pero sí nos tenemos que ir.”

“Me quito del camino.”

“Uf, eso estuvo intenso.”

“¿Qué pasó?”

“El vato iba saliendo – o sea, justo en la vuelta cuando yo iba entrando.”

“¿Lo conociste?”

“Estaba en la vuelta de la servidumbre de paso. No nomás lo conocí, lo atrapé en lo angosto entre el cerro alto a la derecha – su terreno, y el desfiladero de piedrotas que reemplazamos a la izquierda.”

“¿Su izquierda?”

“No, las piedrotas estaban a su derecha. Su terreno estaba a su izquierda.”

“Ya lo veo. Píntame un carro.”

“Mija, claro que te pinto un carro. Es un Mitusbishit rojo. Ha de tener ocho, diez años. Parabrisas como el mío, grasoso de humo.”

“Sí, eso siempre me encanta.”

“Alcanzo a ver adentro cuando me acerco, y veo que trae traje, pero cuando llego a la ventana, casi embutido con su ladera tan pegada a la puerta, y el perro se está volviendo loco. No le dice ni una palabra. Ni un cálmate ni un cállate ni se da cuenta de que está ahí.”

“El carro, Michael.”

“¿En serio? Tengo a un vato atrapado tan pegado a una ladera que no puede abrir la puerta para bajarse, y yo estoy embutido entre esa puerta y ese cerro con un perro rabioso que me quiere arrancar la garganta, y tú quieres saber del carro.”

“Lo mejor al final. El carro.”

“No sé el modelo. Un trabalenguas, seguro. Una ilusión óptica, rayos de luz doblándose en capas de aire caliente.”

“Michael.”

“¡Ya! Un Mirage. Y no es que esté sucio o lo que sea – es esa onda del rojo, como que no se ven sucios, nomás descoloridos o lo que sea.”

“Ah, ya sé cómo se ven.”

“O sea que está sucio. Lo traigo embarrado en toda la panza de tan pegado que me puse a la salpicadera para llegar a la ventana.”

“Mala táctica.”

“Aunque me disparara, a lo mucho tendría una mancha borrosa a través del vidrio.”

“Volante a la izquierda, le pisa. Ya valiste.”

“¿Me acabas de narrar mi parada de policía?”

“Entonces, carcacha roja sucia, hombre de traje. Dale”

“Se te olvidó el perro. Gruñendo bajito todo el tiempo. La esposa en el asiento del copiloto, fumando.”

“La esposa está ahí. Ahora sí estamos hablando.”

“Yulia.”

“¿Julia?”

“Yulia.”

“¿Hispana?”

“La verdad, parecía rusa. Acento fonético bien marcado. Vocabulario buenísimo, las vocales todas recalcadas bonito.”

“Ah, estaba bonita.”

“Era rusa.”

“Ni sé qué quiere decir eso.”

“Vocales bonitas. Y hay una niña de dos años en el asiento de atrás.”

“¿Con un Rottweiler gruñendo?”

“Estuvo raro.”

“¿Qué dijo?”

“Los muchachos vienen bajando por el camino de entrada ahorita.”

“Espérate…”

“Te quise llamar luego luego para que no te preocuparas. A mí se me suben los bichos por todo el cuerpo cuando sé que andas en una escena.”

“Gracias por eso.”

“Cody. ¿Qué pasó con ese perro? Lo acabo de conocer y le habría disparado a ese chucho tan seguro como que estás parado ahí.”

“Pensé que me iba a tragar. Estoy entre la manguera del diésel y la máquina, y entra un carro y este perro corriendo pa’ mí. Hombre, nomás sé que este perro no va a parar.”

“Yo le habría disparado.”

“Compa, sacar pistola, subirte a la cabina, al mismo tiempo – no hay pistola.”

“Toda la escena es un espectáculo. O sea, no son ni diez minutos que estás en el teléfono, y ya estoy en el camino de entrada. El mismo viaje son doce minutos de a vuelta de rueda para acabarme todo el cigarro. Rebasé por en medio, aplané las curvas, le pisé en las rectas; no me pudo haber tomado diez minutos, y él ya está al final del camino de entrada cuando llego.”

“Increíble.”

“¿Y qué onda con el traje?”

“Eso estuvo de locos, el vato caminando bien quitado de la pena en zapatos de iglesia, trae un perro que tiene a un hombre trepado, y él de paseo por el lodo.”

“Pensaste rápido, eso sí, meterte.”

“Nada de pensar. Miedo.”

“Me echo pa’ atrás, los dejo salir a ustedes dos.”

“Se largó de aquí rapidito. ¿Lo conociste?”

“Lo atoré justo donde estás tú.”

“El traje está raro. La vieja trae jeans, botas de caminar. No van a ningún funeral ni nada así. Él tiene cita, y ella lo lleva, así me parece.”

“¿Y vienen aquí antes de ir a cambiarse?”

“Como te dije, no está bien.”

“No pueden esperar para celebrar.”

“¿Qué dices, cariño?”

“Es como que toda la familia se trepa al carro, y van a algún lado con el importante, y ya que se acabó, vienen a celebrar.”

“Ahí tienes una pista – jálale.”

“O sea, ¿por qué meter a toda la familia en el carro – perro y todo, pero nomás uno va arreglado – las mujeres nos arreglamos cada que podemos – mi hombre de traje. Eso es una ocasión.”

“Me echo pa’ atrás. Síguele, cariño.”

“¿A lo mejor una entrevista de trabajo?”

“Consiguió trabajo nuevo, y subieron a celebrar – ¿planeando la construcción? Más que nada dijeron… Híjole, esa curva es ciega. Casi me pegan otra vez saliendo en reversa.”

“¿Le sacaste el número al vato?”

“Me pregunto adónde van esos dos todos los días.”

“¿Le sacaste el número al vato?”

“Sí. Puso el suyo y el de su esposa. Eso me recuerda, le tengo que mandar mensaje.”

“¿Por qué le tienes que mandar mensaje?”

“Para que tenga mi número, y porque yo dije.”

“¿Qué le vas a decir?”

“Supongo que nomás que este es mi número.”

“¿Y lo de comprar el terreno?”

“Hubieras visto este carro. Era exactamente lo que te imaginas cuando oyes interior gris claro, fumador, y un perro que anduvo corriendo en el lodo.”

“Ya veo la conexión – ¿le puedes hacer zoom?”

“¿Más rápido?”

“Acércale. Carro sucio, hombre de traje.”

“Cuando Patrick investigó el terreno, dijo que cambió de manos en octubre de 2022, y que pagaron ochenta mil.”

“Ahí está.”

“No tenemos ochenta mil, cariño.”

“Okey, lo de ochenta mil es nuevo para mí. Lo último que supe es que lo heredó.”

“Sí lo heredó, pero con una herencia viene una valuación a la fecha de defunción – una base de costo para el impuesto exento y la futura ganancia de capital.”

“O sea que a él le salió gratis.”

“Más o menos. Pero sabe lo que vale.”

“¿Pero con ese carro chatarra?”

“Completito.”

“¿Cómo es el traje?”

“De sears-sucker.”

“Eso es bueno.”

“¿Qué estás pensando?”

“A lo mejor no puede construir.”

“No puede ni comprar un cobertizo de Lowes.”

“Estaba súper interesado en nuestra electricidad.”

“¿Como lo solar?”

“Más o menos. Como que tiene un plan para darle luz a su terreno, y quería saber si nosotros tenemos el mismo plan.”

“Me está llamando Phil. Lo mandé al buzón dos veces.”

“Okey. Voy a armar un mensaje y regreso a trabajar. El siguiente contratista llega como en media hora, y ahora tengo que mandar al mayordomo por mi mandado.”

“Va, te amo.”

“Yo también te amo.”

Capítulo 69 – martes, 27 de febrero

“Hola, soy Enrique.”

“Hola. Michael.”

“Sí. Mucho gusto.”

“Este es el terreno. Se ve bien. ¿Tienes plano del sitio?”

“Sí.”

“¿Plano de la casa?”

“Sí.”

“¿Tú escarbas tu propio hoyo?”

“Sí.”

“Esto se ve bien.”

“¿Te está funcionando Facebook?”

“Es buena plataforma. Mucho negocio.”

“¿Es el único lugar donde te anuncias?”

“Sí, a mí no me gusta Google. Cambia mi número de teléfono.”

“Apuesto a que a tus clientes les encantó eso.”

“¿Tienes permiso ya?”

“No la tengo, ya. Esa fue culpa tuya.”

“Hablas Espanol?”

“Si. Hablo como un güero que he tenido una novia latina. Tuvi que aprender por intenderla que no me catcha quando me tire una golpea.”

“Sí, son violentas. Mi esposa es americana.”

“La mía también. Esas no son menos violentas.”

“A ver el plano.”

“Hombre, tienes un chorro de cosas aquí atrás.”

“Las pones en la tabla.”

“Ándale pues. Un contratista que sí trabaja.”

“Sí, yo trabajo. Tengo quince hombres, pero todos trabajamos.”

“Algo que valga la pena – el secreto de la vida.”

“¿Entonces tú sacas el permiso?”

“¿Tienes licencia?”

“Tengo, pero este plano, cuesta quinientos, seiscientos, y mi licencia cubre nomás doscientos cincuenta.”

“Y si cambio el deck de concreto a madera?”

“Héctor no me dijo que hablas español.”

“Es porque no es español. Es defensa personal con mal acento.”

“Es buen acento.”

“Entonces, Héctor – tu gerente de proyecto – me dijo que has construido dos de estas.”

“Tres.”

“¿Y siempre cuestan como seiscientos?”

“Sí, si la cimentación no está tan difícil.”

“Esa la estamos escarbando ahorita, así que para ti no está nada difícil.”

“Eso está bueno. Ahorras. Hacemos costo más quince, y tú escarbas la cimentación y el deck de madera. Seiscientos fácil, así que a lo mejor setecientos cincuenta.”

“Pero el permiso lo saco yo.”

“Tú sacas el permiso.”

“Esa está difícil.”

“No puedo bajar de quince.”

“No te estoy regateando, Enrique. Estoy tratando de ver cómo esconderle las balas a Stefanie.”

“Sí, tú consigues permiso.”

“Tú también.”

“¿Hay algo que quieras ver?”

“No, yo construí estas últimas tres casas seguidas. Estas las construyo fácil.”

“Ya sé.”

“Jefazo, esa presa está bastante llena. ¿Quieres que lo ponga en otro lado?”

“Enrique, te llamo.”

“Te mando un email de la cotización.”

“Perfecto. Gracias, hombre.

“No hay pedo.”

“Entonces, Robby viene la próxima semana a revisar a fondo la fosa séptica de la casa. Tenemos que tumbar los arbolitos de allá arriba y dejarlo listo.”

“Ya llegamos a las capas de lutita. Un montón de piedra que se desmorona.”

“Esa la podríamos usar para la base del camino ahí donde atravesamos el bosque.”

“Ahorita es pura piedra desmoronada.”

“Okey. Este es el plan. Amontona toda esa piedra desmoronada en el camino viejo del bosque entre la excavación y donde va el campo séptico.”

“¿Amontonarla?”

“No amontonada, montones que hagan una fila de montones a lo largo del camino del bosque – como dos descargas en un montón y te echas pa’ atrás y otras dos – y si llenas los trescientos pies completos, pasas por encima y empiezas a amontonar arriba.”

“La segunda banca tiene piedra azul.”

“Sigue escarbando alrededor. Marqué la tercera banca, así que pásate a esa luego. Echa la tierra de arriba en el montón de tierra de arriba – no la eches con la lutita.”

“También necesitamos diésel.”

“Tanner.”

“Qué.”

“Ven acá un segundo.”

“Un segundo.”

“¿Te alcanza para una hora?”

“La mini está pitando.”

“No la dejes que se quede sin diésel. Apágala y saca todos los filtros de aire para sacudirlos un poco. Engrasa la máquina y revisa todo.”

“¿Qué pasó?”

“Engancha el tráiler del diésel y tráenos una recarga antes de ir por esas cercas contra la erosión.”

“Son como dos mil quinientos pies.”

“¿Y la anguila del estanque?” Esa es como de trescientos.”

“Bueno. Trae el diésel y luego llévate a Devin contigo por los rollos de cerca. Ustedes dos van a estar poniendo esas por días.”

“Entonces, este, ¿diésel y regreso y luego voy por la cerca contra la erosión?”

“Sí. Cody. Cuéntame de este asunto del perro.”

“Ya te conté. Y tenemos que ir a comer.”

“Son las once.”

“Tenemos que pelarnos temprano.”

“Ayer te pelaste temprano.”

“Ayer arreglamos el carro de Meghan. Hoy vemos a mi casero y dejamos a Rusty instalado. Lo tenemos que mudar.”

“¿O sea, dos medios días esta semana?”

“Pero mañana tengo todo el día."

“¿Entonces le encontraste lugar a Rusty?”

“Se va a quedar con mi tráiler, y yo me cambio al de arriba de la loma.”

“Rusty y tú ahora son mis vecinos los dos. Qué padre. Veinticinco días y ya instalados. ¿Qué hiciste con tus dos mil?”

“Eso no es asunto tuyo.”

“Tranquilo, compa. Plática nomás.”

“No es plática nomás. Mi dinero, y hago lo que quiero.”

“Fíjate, Cody, sí era plática nomás. Inocente. Pero tu reacción hace que uno se pregunte, ¿sacaste tu licencia cuando era mi dinero?”

“El dinero ya no es tuyo una vez que es mío.”

“Buena observación. ¿Pero sabes qué se te está pasando? Se te está pasando que yo te di la capacidad de ser un hombre hecho y derecho y un miembro completo de tu equipo.”

“El equipo no es tuyo. No es asunto tuyo.”

“¿O sea que no sientes la necesidad de decirme qué hiciste con el dinero de la licencia de hace sesenta y ocho días, y si sacaste la licencia?”

“Así es, y ahora me voy.”

“Todavía no es hora de comer.”

“Tú no eres mi jefe, yo soy.”

“Rusty sigue trabajando.”

“Lo espero en la casa.”

“Oye, este, ¿por qué va Cody caminando por el camino?”

“Se fue hecho una furia.”

“¿Hay historia?”

“Está enojado porque le pregunté por su dinero.”

“¿Le preguntaste?”

“No le exigí ni nada, si eso es lo que quieres decir.”

“¿Y nomás se fue hecho una furia?”

“Me dijo que hoy iba a trabajar medio día porque tienen que mudar a Rusty a su tráiler.”

“Esa parte es cierta, pero yo no sabía lo del medio día.”

“Ayer también trabajó medio día.”

“Esa vez tampoco nadie dijo nada.”

“A ti tampoco te dijeron.”

“Nomás levanté la vista como a la hora de ir por las niñas, y nunca habían regresado de comer.”

“Pero Rusty sigue allá arriba.”

“Apuesto a que no por mucho.”

“Dale suficiente espacio para que se escurra sin decir nada – o sea, vente al cobertizo.”

“Eso es de niños.”

“Pues.”

“Bueno.”

“¿Dónde está Devin?”

“Lo dejé en la casa de Cody para que recogiera su carro.”

“¿Por qué – “

“Su hermana lo usó porque algo le pasa al de ella.”

“Espérate, es Stefanie --- Hola.”

“Michael. Mira tu mensaje.”

“No tengo un --- Ahí está. Es él. Ese es el vecino.”

“Michael. Es un delincuente sexual registrado con una historia que debió haber salido en las noticias.”

“Espérate. Leyendo el link ahorita.”

“No es la única.”

“Güey, me estás reventando el teléfono,”

“Este tipo es de a de veras.”

“Nomás dime.”

“Manejó para verse con un menor, y era un operativo encubierto. Pero…”

“¿Lo investigaste en el sistema?”

“No puedo.”

“No es momento para las reglas.”

“Lee el titular del otro link.”

“--- ¿su mamá?”

“Ese tipo va a ser nuestro vecino.”

“Espérate. El Rottweiler estaba viejo – como…”

“¿Quieres decir que ese es el perro?”

“O sea, no puede ser. ¿Qué no sacrifican a los perros que…”

“Michael, si ese es uno de los perros que despedazaron a su mamá.”

“Se quedó con el perro que mató a su mamá.”

“Ya voy para allá.”

“¿Para acá? ¿Y la orden?”

“Ya la cumplimos.”

“¿Ya terminaron?”

“Nomás entramos, sacamos a todos, cambiamos las chapas, ponemos sellos en las puertas, y regresamos con todo el equipo.”

“¿Dejan la evidencia atrás?”

“No exactamente. Nos llevamos las computadoras y las cajas registradoras y sacamos los accesos al sistema de seguridad. Desconectamos el internet, nos llevamos el router, y nos vamos.”

“¿Por qué vienes para acá?”

“Vamos a ir a la dirección de su regristro.”

“Óra. No, no vamos.”

“Sí, sí vamos.”

“Espérate, ¿de dónde sacaste la dirección?”

“Es un punto rojo en una pantalla,”

“Espérate --- Vive por Boyd’s Creek.”

“Espérate, es Phil ---"

“Tanner, ¿tú sabías de este tipo?”

“Más o menos.”

“Dijiste, el morboso, cuando andábamos con las piedrotas.”

“Este, pues, Cody habla mucho de él.”

“¿Qué? ¿Qué es mucho?”

“Como que lo ha mencionado un par de veces.”

“¿Cómo?”

“Para empezar, quiere que construya su casa aquí, como que fantasea con lo enojado que te vas a poner.”

“Espérate, ¿o sea que no sabes la historia? ¿Nomás sabes la versión de Cody?”

“Ya regresé.”

“Hola.”

“Cambio de planes. Tengo que regresar al restaurante. Esta señora regresó después, cortó la cinta, y ahora está adentro.”

“¿Dónde está ese lugar”

“No te puedo decir eso.”

“¿Pero ahora vas de regreso para allá sola?”

“El sheriff ya está ahí, ya la tiene detenida. Me tengo que ir. Vamos a esa casa en la noche.”

“Nel. Esto es trabajo mío.”

“Ni loco, Michael. Ni se te ocurra ir para allá sin mí.”

“Ah, sí voy. Ya tenía un plan para escabullirme antes de que llegaras, y ahora tengo tiempo para tramar y maquinar. Voy a conseguir un r…”

“Michael. Ni se te ocurra.”

“Ya voy rumbo a la troca; tengo que conseguir uno rentado.”

“¿Qué demonios?”

“Lo acabo de tener atorado al final del camino de entrada con la Hummer. La va a reconocer a la primera si paso por enfrente de su casa.”

“Por eso…”

“¿Qué? No lo pensaste bien, ¿verdad? ¿Te imaginaste conmigo en el asiento de adelante de tu patrulla, usando la MDT?”

“No lo pensé tan lejos.”

“Lo de esta señora pasó por algo. Tú no tienes nada que hacer allá.”

“Tú tampoco.”

“Ya estoy en el carro, Stefanie. Algo he de tener que hacer.”

“¿Ya vas ahorita?”

“En este mismo minuto, antes de que tengas chance de convencerme de que no o de engañarme para que espere.”

Capítulo 70 – martes, 27 de febrero

“¡Cody, todavía no has limpiado la cocina!”

“Meghan tuvo que trabajar, y Lonnie anda quién sabe dónde.”

“La troca está aquí.”

“Él no.”

“Voy a recoger a las niñas, y se supone que hoy metemos sus cosas.”

“Tienes que darle al carro de Meghan.”

“No lo digas así. Tú fuiste el que me paró ayer, no querías que la Sra. King viniera, y nosotros con el cofre abierto.”

“Hay que hacerlo hoy. Ella regresa, y yo no tengo eso arreglado,”

“Nomás me faltan como tres minutos si vienes a detener el conector en el cortafuegos.”

“Ándale, vamos. Abre ese cofre.”

“Tengo que meter mis nalgotas abajo. Ese gato se hundió en la tierra.”

“Ándale. Métete ahí y pásame el cable.”

“No dejes que se atore, Cody. Jálalo despacio.”

“¿Hiciste lo que te pedí?”

“Sí, pero no hay nada en todo eso. Es legal, Cody.”

“¿Cómo que legal, chingao? El hombre es un evasor de impuestos, y su vieja es policía. ¿Siquiera preguntaste?”

“Sí pregunté. Llamé a la línea, y me preguntaron quién era y les dije que quería quedar anónimo, y nomás seguían diciendo que no pueden dar asesoría legal y tratando de sacarme el nombre. No es lo que tú crees.”

“Es un ratero. A Pedro lo metieron al bote por lo mismo.”

“No es lo mismo. Pásalo lejos del múltiple para que lo pueda sujetar al cortafuegos. A Pedro lo metieron al bote por tráfico de personas.”

“Pero empieza con ese 1099.”

“Esto no es un 1099.”

“Ese hombre se tiene que ir.”

“Cody, es un vato construyendo una casa, y nos dio una compañía pa’ no tener que llevar una nómina y todo el papeleo que hemos estado haciendo pa’ sacar nuestros cheques.”

“No es tanto trabajo.”

“Porque lo hiciste de la chingada. El hombre me hizo volver a mandar tus dos facturas.”

“Yo no le hago el trabajo a ese hombre, regala una compañía, presume con todos sus amigos qué listo es que enseña a changos a llevar las cuentas. Todo el problema es esos yanquis que se vienen pa’ acá, con sus computadoras elegantes meten a un hombre en la nómina, no le pagan en efectivo.”

“El dinero está bueno, y dice que es una obra de dos años. ¡Cody! ¡Estás pateando el gato!”

“Ah – hubieras visto la cara que pusiste.”

“A mí me hubiera gustado ver la cara que pusiste tú cuando ese Rottweiler se te vino como se te vino.”

“Ya está viejo. La última vez que vi a ese perro, eran los dos, yo andaba allá arriba, sacando el sang, y ese hombre sube con su mamá en su Lexus después que compraron el lugar. Esos perros me huelen allá en la cresta, y apenas la libré pa’ pasarme la loma y subirme al puesto de caza."

“Qué raro que se quedó con esos perros – ¿el mismo perro?”

“Parece. No es perro mío. ¿Cómo voy a saber? ¿Vienes a pescar en la noche?”

“Hombre, tengo que trabajar, Cody. Tú y Lonnie todas las noches allá en ese lago no tiene sentido.”

“La otra noche mejor nos metimos a escondidas a la cañada, Lonnie sacó un Bullhead, y se prende la luz de ese cobertizo y nos tuvimos que pelar.”

“Hace mucho frío en la noche pa’ andar pescando, y ese hombre te va a correr si no llegas a trabajar.”

“No me puede correr.”

“Nos puede correr a todos.”

“Ese hombre es un cobarde, no corre a nadie, y ahorita necesita esa casa construida.”

“Nomás va a contratar a otro.”

“Lo hubieras visto hoy, trae a un mexicano allá arriba, habla español igualito que ellos.”

“¿Habla español?”

“Sip, igualito que ellos. Ahí andan platicando bien quitados de la pena.”

“Ojalá no contrate mexicanos.”

“¿A ti qué te importa?”

“Cody, necesito este trabajo. Nunca habíamos estado tan bien. Máquinas nuevas, trabajo a mi ritmo, todos los días recojo a las niñas de la escuela y no hay nadie que me tenga estresado – nomás tú.”

“Yo te tengo con un lugar pa’ vivir.”

“Y te lo agradezco, pero actúas como si fueras dueño de una propiedad, y me dieras renta gratis o algo.”

“¿Cómo que qué, chingao?”

“Me tienes aquí con este carro, actúas como si te lo debiera. Soy tu amigo, Cody, y te ayudo porque somos amigos.”

“Y yo te ayudo a ti.”

“¿Qué andan haciendo, muchachos? Los oigo hasta lo hondo del moooonte.”

“Jesús, Deddy. Me sacaste un susto de la chingada.”

“Muchacho, tienes que poner atención, dejar que un hombre se te arrime así.”

“Andabas allá otra vez, ¿verdá?”

“Sí andaba, y te vi, chamaco, a punto de morirte ahí mismo cuando ese perro se te vino encima. ¿Por qué nomás te quedas ahí parado así?”

“¿Parado? Iba tan rápido que ni el reloj me alcanzaba.”

“Chamaco, tú sabes que el perro de ese hombre es un asesino, asesino de a de veras, y tú nomás ahí parado como si no tuvieras ni tantito seso.”

“Ni madres.”

“Qué bueno que te avispaste. Desde allá arriba en la loma, parecía que nomás te falló el pie por poquito cuando cerraste esa puerta.”

“Ya quedó. Ayúdame a pararme. Cody. Ayúdame a pararme.”

“Rusty, ¿cómo estás? El lugar se va a poner bien alegre con esas niñas tuyas viviendo aquí.”

“Quiubo, Lonnie. Andan bien emocionadas.”

“¿Hoy es la noche?”

“Sip, en cuanto Cody limpie esa cocina.”

“¿Pa’ qué tengo que limpiar, si nomás la vas a volver a ensuciar en la cena?”

“Chamaco, ¿qué no tienes nada de orgullo?”

“Límpiala tú, Apá.”

“Eres un flojo, chamaco. Te oí anoche, Meghan te dijo que lavaras esos trastes y los subieras a la loma antes de que ella llegara del trabajo hoy. Al menos ya le estás metiendo mano a ese carro.”

“Sí, cómo no, nomás tengo que conectar esta pala – ahí está. Arráncalo.”

“Chamaco, ¿qué quiso decir ese hombre con tus dos mil?”

“¿Qué, Pa?”

“Antes de que te largaras bien enchilado, ese hombre te preguntó qué hiciste con tus dos mil.”

“¿Y?”

“¿Cuáles dos mil son esos?”

“Apá, eso no es asunto tuyo.”

“Claro que lo es, carajo. Eres mi muchacho, y te andas volando el trabajo, traes una bolsota de gomitas tan grande que parece de mentira, y ahora le andas metiendo lana al carro de Meghan como si te sobrara el dinero pa’ quemar.”

“Apá, esto no es asunto tuyo.”

Ese muchacho no tiene nada de seso. Consigue un trabajo que le paga más en un día de lo que yo gano en media quincena, y se lo gasta todo en dulces pa’ volarse la cabeza y en un pinche aparato que no vale ni los clips que usa pa’ pegarlo ahí. ¿Y quién anda arrancándole las teclas a mi computadora?

“Está peor.”

“Es todo el día.”

“¿Nos oye?”

Claro que los oigo. Pinches mocosos creen que también estoy sordo. Eso es lo que está mal, estos chamacos se la pasan respondiendo todo el santo día, no basta con ese muchacho mío, ahora trae refuerzos. Al rato trae al yanqui pa’cá con vino y queso, y espera que yo me arrodille, ese hombre me arrancó todo el menú, ya no puedo comer sin esa hondonada. Le levantan una mansión, y a mí no me dejan pescar. Ya le voy a enseñar. Yo pesco cuando se me antoje, y también me echo a los venados, cuando se me dé la gana, y no hay nada que ese hombre pueda hacer pa’ pararme. Y ahora ese Boyd viene a merodear por aquí y levanta una casa justo en el único camino que Lonnie conoce pa’ meterse callado a esa hondonada. La puso justo ahí, el único camino. Y aunque me pase eso, hay un perro asesino, ese monstruo no es más que el reflejo de su dueño.

“Chamaco, ¿ya le hablaste al de los impuestos? Chamaco, ¿me estás oyendo?”

“Apá, les hablé, y dicen que necesitan más información. No les puedo decir todo lo que sé, quieren mi nombre, y dicen que ellos no dan asesoría legal.”

“Tú no les pediste asesoría legal, tú les pediste la recompensa por echar de cabeza a ese yanqui, pa’ que nos regresen la hondonada.”

“Apá, tienen que hacerle el cheque de la recompensa a alguien. ¿A quién se lo hacen, a ti? ¿A mí? No se puede. Toda la vida hemos vivido de ese dinero del 1099, y nunca hemos declarado impuestos. Nomás van a cobrarse el cheque de la recompensa con nuestros propios impuestos sin pagar.”

Pinche muchacho, no tiene aguante, se topa con una pared y ahí está, nomás se rinde, fácil viene, fácil se va. Ese es el problema con estos chamacos. “Rusty, tú no eres de los que se rajan, ¿verdá?”

“Nel, Lonnie. Tengo cuatro muchachas que no me dejan rajarme. Esas tres bebés son toda la motivación que me hace falta.”

“¿Oíste eso, Cody? Rusty sabe.”

“Sí lo oigo, Pa, pero lo que te falta es terreno firme. Dices que me rajé, y yo nunca dije que me rajé. Dije que no es tan fácil como todo eso, nomás hacer una llamada y que el hombre salga esposado. Y si lo hago mal, a lo mejor el que sale pa’l bote soy yo.”

Vienen pa’cá a cambiarlo todo, al carajo con su jueguito, a meterse con nuestras costumbres que han funcionado estos cien años y nadie nunca se quejó de cómo salimos adelante, no necesitamos su ayuda, lo único que hacen es echarlo todo a perder. Lo cambian todo, lo hacen como de donde vienen, sin darse cuenta de que de donde vienen es de donde se fueron, y se fueron por algo.

“Apá, ¿no quieres agarrar tus cosas que dejaste en tu cuarto y llevarlas a tu cuarto nuevo? Las niñas se mudan hoy en la noche.”

Eso es. Todo mundo y sus cambios. Vivió en ese cuarto todos sus años, Mamá lo crió ahí. Dejarlo todo atrás pa’ subirse más alto en la loma. Y ese muchacho no sabe decir por qué. Le preguntas y dice tráiler más bonito. Le preguntas y dice más grande. Le preguntas y dice mejor vista. Yo digo que lo único que veo es el techo de mi casa y a otro hombre criando a su familia en ella.

“Apá.”

“Sí, chamaco, ya te oí.”

“¿Oyes ese motor, Cody? Ahora va a dar cuarenta, cincuenta millas por galón.”

“Pa’ que vea ese yanqui.”

“¿Por qué lo odias tanto?”

“Lo odio. Lo odio. Viene pa’cá a decirnos cómo vivir, que si no queremos algo mejor. Yo consigo algo mejor sin él. No fue él quien me subió a la loma. No fue él. No fue él de ninguna manera. Yo vivo mi propia vida, consigo mi propio trabajo. Rusty, ¿por qué no ponemos otra vez ese anuncio en Facebook, de arreglar máquinas en sitio?”

“El anuncio está ahí, Cody. Pero la mayoría de las llamadas son de trabajos demasiado grandes.”

“¿Cómo que demasiado grandes?”

“Cody, no tenemos grúa, no tenemos juego de dados de tres cuartos, no tenemos cómo arreglar la mayoría de las llamadas que entran. Y ahora no podemos agarrar ninguna llamada porque ya estamos trabajando.”

“Pélate. Ese hombre no hace nada.”

“Cody, no me puedo pelar nomás así. Necesito este trabajo. Carajo, me gusta este trabajo, y no lo voy a echar a perder pa’ que tú puedas echar a perder el tuyo.”

“¿Cómo que te gusta este trabajo? Estuviste ahí conmigo en todo, chocando los árboles, chingando las máquinas.”

“No, Cody. Tú te pusiste con lo de demasiada grasa pa’ apretar las orugas, y ahora me pones en la minicargadora y es como manejar una piedra por el camino. Le debo dos mil dólares a ese hombre, y…

“Tú no le debes ni madres a ese hombre. Si es tan pendejo pa’ darte dinero, tú lo agarras. Pago por adelantado, mis huevos.”

“Cody, le debo a ese hombre dos mil dólares de trabajo, y ahora tengo que andar dando vueltas acarreando esa tierra, zangoloteándome en la cabina, con la espalda adolorida.”

“Pero esa fuga sí empezó bien en la rueda guía, ¿no?”

“La peste me da dolor de cabeza.”

“Ya se va a acabar pronto. El hombre dice que el hombre trabaja, el hombre cobra. El hombre espera refacciones, el hombre cobra. Ya verás. Es un mentiroso.”

“No va a funcionar, Cody. Nomás te va a poner en otra cosa.”

“Ya veremos.”

Capítulo 71 – martes, 27 de febrero

“Stefanie, no voy a discutir contigo sobre esto.”

“No estoy discutiendo.”

“Esa era mi línea.”

“Michael, no vayas allá sin mí.”

“No te enojes, Stefanie.”

“No estoy enojada.”

“No voy a jugar contigo a adivina mi emoción.”

“Michael.”

“Mira. Yo puedo estar aquí, y tú no.”

“Es una calle pública.”

“Pero tú eres policía, y eso hace que lo que estoy haciendo sea ilegal para ti.”

“No es ilegal.”

“Es abuso de autoridad.”

“No, no lo es.”

“Y sabes que sí. ¿Qué tal si llego allá y este tipo me ve? Estuve a un pie de su cara hace tres horas. ¿Qué tal si se enoja o…”

“Exacto, y estás allá solo, y con ese pulmón. Esto no es Ámsterdam.”

“Stefanie, estoy en una minivan. Los vidrios están polarizados. Tengo una pistola y un acelerador – esta cosa es sorprendentemente rápida, aunque es raro sentir un motor cuando le piso.”

“No. Nada de distracciones. No vayas allá. Estoy en el sally port, y van a salir en un minuto con mi papeleo. Puedo estar allá en quince minutos.”

“En una Explorer de la policía. Ajá, eso es muy racional.”

“Me puedo subir a la minivan.”

“¿Qué, nomás estacionas tu vehículo del estado con las escopetas y sabrá Dios qué más en el estacionamiento del Sonic abandonado y te subes a la minivan y te vas? Eso va a salir de maravilla.”

“Michael.”

“Mira. Esto va a pasar. Ya casi llego. Puedes seguir distrayéndome, o te puedes subir y agarrar el mejor asiento que puedas en este viaje.”

“Me la vas a pagar.”

“¿Registro de faltas..?”

“Gracias, Ted.”

“¿Qué pasó con el Camry?”

“Es cierto, no te había visto en un rato. ¿Cómo has estado?”

“Bien, registrándolos, dándoles de comer, soltándolos cuando me dicen.”

“Enjuagar y repetir. Jubilamos el Camry. Se parecía demasiado a secuestrar a alguien en el porche de su casa.”

“La primera vez que se abrió el portón con esa cosa, mi mente se fue a la lista, a quién tenemos aquí que está a punto de que lo saquen.”

“Este confunde menos.”

“Perdón que no pueda platicar. Al siguiente.”

“Yo abro el portón.”

“Nos vemos la próxima, Ted --- ¿Sigues ahí?”

“Nomás escuchando.”

“¿Dónde andas?”

“Apenas saliendo de Boyd’s Creek.”

“Déjame salir, y abro el mapa.”

“Es esa callecita como lateral, la que va como paralela a la Chapman, como por detrás de todos los negocios.”

“Ya sé dónde está. Yo tenía todo esto planeado, y tú me lo quitaste. Registro de delitos graves.”

“Delito grave. Eso es cosa seria. Voy a necesitar un abogado.”

“Deno no tiene ni madres con estos cargos, compadre.”

“Ya son tres vueltas. Probablemente ya lo puedo ver, y ni siquiera lo sé todavía.”

“¿Estás en Humphrey o en Howard?”

“En Humphrey’s. Ahí está. Lo veo entre los patios. Ya estoy dando la vuelta.”

“¿Cómo es?”

“Pasando de largo su calle. Está literalmente en un cruce de tres, como que entrando a la colonia, la suya es la casa que alumbran tus faros cuando te paras en el alto.”

“¿Qué más?”

“Tratando de dar la vuelta. Dos entradas seguidas, letrero de prohibido dar vuelta.”

“Todo es un círculo. Nomás dale la vuelta.”

“Es un fraccionamiento – como de los noventa. Clase trabajadora. Camionetas de trabajo y GMCs en las entradas, carcachas también. Este circuito de afuera es como una colonia que ya era colonia antes de que construyeran lo de adentro del círculo. Todo es más viejo, casas ranch de un piso, terrenos más grandes. Unas cuidadas, otras no.”

“Seymour.”

“Sí, América.”

“¿Vas a darle toda la vuelta?”

“Sí. Lo primero que noto es que el fraccionamiento de adentro está por debajo del precio de mercado.”

“¿Qué quiere decir eso?”

“O sea, como que todas son casas de presumir de clase media, deberían estar más arregladitas, orgullo del pasto cortado, competencia. O sea, la mayoría son de esas con revestimiento de vinilo, fachada de ladrillo al frente, cochera para dos carros, entrada de concreto, pero no hay – mejoras ni nada. Todas tienen las mismas puertas de cochera de acero que venían con la casa, las puertas de entrada de constructora. No hay arces japoneses – espérate, ahí hay uno. El jardín, no está bien.”

“¿Dónde estás?”

“Ya casi estoy de regreso en la entrada. Dios, su casa resalta muchísimo.”

“Claro que sí. La estás buscando.”

“No. Es diferente. Ya me estoy metiendo. Ninguna de las casas tiene cerca menos la suya. Hay una cerca de malla ciclónica alrededor de todo el patio lateral y el de atrás. Es un terreno doble con el segundo a la derecha y la cerca lo envuelve todo. Todo es un patio para el perro. Se ve que el camino de la orilla es pura tierra pelona y hierba dura debajo de la malla.”

“¿Está ahí?”

“No sé decirte. Me fui a la derecha, y lo que vi desde afuera, lo puedo sentir por dentro. Las casas están todas lo bastante cuidadas – menos la suya – el pasto está cortado, pero no le quitan la hierba. Ninguna de las entradas ni de los andadores tiene orillas recortadas.”

“Es invierno.”

“En dos días es marzo. Ha estado templado toda la semana, y no hay ninguna señal de que alguien viva afuera.”

“¿Hay carros en las entradas?”

“Hay algunos. Como te dije, la mayoría son cosas más nuevas. Es como una sala de exhibición de Terrain hasta cierto punto. Una Acadia. La verdad sí hay muchos carros en las entradas.”

“Esas cocheras están llenas.”

“Buen ojo. Aquí no hay sótanos. Salen demasiado caros.”

“¿Banderitas en los patios o luces de Navidad o algo?”

“No. No hay ni un banderín ni apellido de familia ni aro de básquet. Aunque sí da suficiente miedo para Halloween.”

“Sí, el sueño húmedo de todo papá, que sus hijos pidan dulces en la colonia del abusador de niños.”

“Esa está abandonada. Sin cortinas, sin persianas. Tiene uno de esos letreros de madera de WELCOME en el porche.”

“Hobby Lobby va a estar tan orgulloso.”

Hay otra vacía. Se puede ver derechito por el ventanal hasta el patio de atrás de este tipo. Ahí hay otra. Todas las demás están como en una especie de estasis o – es como una película del fin del mundo.”

“¿Nadie de nadie afuera?”

“Ni un alma. O sea, uno espera ver muchas persianas cerradas y eso en un fraccionamiento, pero esto es irreal. Espero ver como un letrerote de cuarentena de FEMA en cualquier momento.”

“¿Te imaginas la parada del camión en la mañana?”

“Ay, Dios mío. Apuesto a que está como justo ahí. Su casa está justo en el centro del círculo y justo en la entrada.”

“Ni de chiste toman un camión escolar.”

“No hay ni un letrero de se vende en toda la colonia, ni siquiera en las abandonadas. Ahí hay otra. Vacía. Son tres de como cincuenta casas.”

“El mapa muestra como cincuenta, sí. ¿Ya diste la vuelta?”

“Casi. La suya está a la izquierda. Los arbustos más altos de toda la colonia son los suyos. Hay uno junto a la entrada – en realidad no es arbusto, es un fresno que salió de la línea de la cerca y nomás siguió creciendo – tapa la vista de un IROC-Z viejo que no tiene cofre y tiene las llantas ponchadas, metido en reversa, olvidado. No hay ni una gota de como luz o lo que sea en la casa. Todas las persianas están tan cerradas que ni se sabe si alguien vive ahí. El revestimiento está como desteñido y viejo, pero es como – donde la lluvia como que escurre por las paredes, está sucio – pero no nomás sucio. Donde normalmente lo lavarían a presión cada año o dos, a este lo dejaron que se acumulara, y parece un reloj de Dalí, derritiéndose por los lados.”

“Eso da muchísimo miedo.”

“Ya me voy saliendo. ¿Dónde estás?”

“Voy en camino de la cárcel a casa de Karen para dejar mi carro del trabajo.”

“¿Dejarlo?”

“No creerás que eres el único que va a ver esa colonia, ¿verdad?”

“Güey, hay un malo de a de veras con una historia para uno de tus Datelines que es dueño de nuestra servidumbre de paso y controla toda nuestra sensación de paz y seguridad.”

“No sé si tanto así.”

“Si se muda. Como que el único lote para construir en todo su terreno es esa área plana chiquita enfrente de nuestro patio de maquinaria. Y tendríamos que pasar por enfrente de su casa en nuestra propia entrada nomás para llegar a nuestra casa, y si vieras esta colonia, verías exactamente cómo se ha de sentir eso.”

“Ah, la voy a ver.”

“Espérate, Stef. No vayas para allá sola nomás porque estás enojada conmigo…”

“No estoy enojada.”

“Al menos llévate esta minivan.”

“No voy a ir para allá en el mismo carro que acaba de pasar despacito por la colonia. Alguien está ahí detrás de todas esas persianas, y van a llamar a la policía si ven el mismo carro dándole la vuelta a la cuadra dos veces.”

“No vas a ir en tu propio carro.”

“¿Por qué no?”

“¿Qué tal si…”

“¿Qué tal si qué?”

“¿Qué tal si te ve?”

“No me conoce, y tú mismo dijiste que todo son Terrains y Acadias. La mía encaja perfecto.”

“Tus vidrios están bastante polarizados. ¿Dónde vas ahorita?”

“Voy en Wear’s Valley Road.”

“Dios mío. Llegaste hasta allá desde la cárcel… ¿Qué no usas los frenos?”

“Nomás como último recurso.”

“Ven por mí. Voy contigo.”

Capítulo 72 – miércoles, 28 de febrero

“Buenos días, Rusty. Esas sí son unas piernas bien blancas y descoloridas, hermano. ¿Dónde está tu compadrito?”

“Hace setenta grados aquí afuera. No sé dónde anda. Le marqué como seis veces, y no contestó el teléfono.”

“A él no le gusta trabajar en la lluvia, eso sí es seguro.”

“Cierto, pero se supone que no va a llover hasta la comida.”

“Es muy previsor. ¿Qué tal la casa nueva?”

“Está bien. Anoche acomodamos a las niñas, y hoy en la noche acomodamos nuestro cuarto.”

“No vas a extrañar dormir en el sillón, eso sí es seguro.”

“El piso.”

“¿Dormías en el piso?”

“Sí, la de mi hermano estaba llena, y el motel nomás tenía dos camas.”

“Compadre, eres mejor hombre que yo.”

“No estoy tan seguro, tú ya no estás en Hardin Valley, eso sí es seguro.”

“Me quedo con esta hondonada cualquier día antes que con un motel de estacionamiento de grava oyendo el tráfico de la Chapman Highway toda la noche.”

“Uy, no es broma. Estuvimos en ese hotel casi un mes – con los vecinos y el ruido sin parar, las niñas despiertas diez veces en la noche, se quedaban dormidas en el cereal cada mañana.”

“Esas reglas estúpidas no tienen sentido. ¿Cómo va a ser mejor dejar una casa llena con tu hermano para vivir en un motel ruidoso lleno de drogas?”

“Compadre, había policías cada tres días, dos prostitutas vivían ahí y un montón de familias desesperadas tratando de estirar el dinero, nunca pasaban de la mitad del mes.”

“Burocracia. No tiene que tener sentido si pueden palomear la lista para cubrirse las nalgas.”

“Las niñas ya tienen cuarto, y no tengo cómo agradecerles lo suficiente a ti y a Stefanie. Nadie nunca había metido la mano por mí así en mi vida. Nos salvaste el pellejo, Michael.”

“Inserte aquí distracción de sentimientos.”

“Sí. Nomás que sepas.”

“Lo sé.”

“Entonces, ¿qué vamos a hacer?”

“Sigue con el asiento de la casa cortando esos bancos altos. Cortar tierra, acarrear, y repetir.”

“Esa minicargadora necesita un ratito. Ayer la estaba manejando, y la oruga está demasiado apretada. Va a reventar el sello de esa rueda guía si no le saco grasa.”

“¿Por qué está tan apretada? ¿Quién la engrasó la última vez?”

“No sé quién la engrasó la última vez, pero quien haya sido, le metió un tubo entero,”

“Qué bueno que te diste cuenta.”

“No se podía no ver, pasar por esa grava como una criba vibratoria, me sacudió las piedras derechito al montón de jales.”

“Gold Rush. Gran imagen. ¿Cuál es el arreglo, quitar la placa y purgar la grasera?”

“Más o menos. No se lleva ni veinte minutos,”

“Los mejores planes de ratones y hombres.”

“Sí, cómo no.”

“¿Alguna apuesta a que Cody se viene al trabajo en esas Legborghinis?”

“No va a venir.”

“Qué lástima. Dale antes de la lluvia. Voy a estar en el cobertizo.”

“Hey.”

“Hey.”

“¿Qué onda con ustedes, muchachos?”

“Acabo de dejar a Rusty instalado. Tanner y Devin acaban de llegar allá abajo, y tengo un correo del hombre del pozo que dice que viene a las 9:00 esta mañana.”

“Ah, eso no me lo esperaba.”

“Estaría bien que esta vez sí se aparezca.”

“¿Cuánto se tarda en perforar un pozo?”

“No es mucho. Si consigo que alguien venga a perforar.”

“No puede ser tan difícil conseguir un pozo.”

“no debería, pero sí lo es. ¿Y esa compañía Sampson?”

“¿Qué carajos?”

“La compañía de pozos, Samson.”

“--- Atlas, Michael. Se llama Atlas.”

“Tranquila, Dalila. ¿Atlas te regresó la llamada?”

“No, y la señora de Corum ya no me contesta las llamadas.”

“¿Cuál fue la que compró los clientes de Sterling Hair?”

“Ese es el tipo que viene otra vez hoy.”

“Espérate. Yo nomás conocí a un tipo de pozos aquí arriba, y fue ese tipo que se portó como si pudiera empezar esa semana y nunca me volvió a llamar.”

“No me acuerdo de él.”

“Hay un elenco grande de personajes aquí arriba.”

“Como sea. Si encontramos a un tipo de pozos, ¿cuánto falta para tener pozo?”

“es un pozo antes de que se acabe el día si alguien se aparece con un camión perforador. La única excepción es el de la bomba – algunas compañías de perforación instalan la bomba y todo, pero otras son servicios aparte.”

“O sea, que es complicado.”

“Sip. Tengo otro contratista general a la hora de la comida. ¿Y tu día?”

“El mío es supervisar la recolección de evidencia en el lugar de la orden de cateo y hacer el inventario.”

“Me encanta un buen abogado defensor.”

“Hasta que me hacen inventariar los post-its.”

“Llorona.”

“Pues inventaria tú los post-its.”

“Nel. Yo tengo mis propios problemas. Cody se faltó esta mañana, y tengo que cavar este hoyo – tú invocando al universo anoche para que me corrieran del sitio de obra.”

“¿De qué carajos estás hablando?”

“Me hiciste decir en voz alta anoche lo de cavar unos cimientos sin permiso. Al universo no le gusta que uno presuma.”

“Cody se faltó… ahí es donde te quedaste.”

“Sí. Rusty le marcó y el muchacho nunca contestó.”

“¿Estás cansado o algo?”

“¿Sueno cansado?”

“La pista es que no tienes sentido.”

“Estuve despierto mucho anoche. Bad Kitty y yo estuvimos despiertos viendo la tele, pero ella no se quería acomodar en ningún lado. Levantaba la cabeza, miraba alrededor, se quedaba viendo por la puerta, moviendo la cola.”

“¿Inquieta?”

“O sea, normalmente a los cinco minutos de America, The Story of Us ya tengo el codo mojado de baba.”

“No me llegó ninguna notificación del Ring.”

“A mí tampoco, pero la gata estuvo alertando toda la noche.”

“Los perros mandan, los gatos babean.”

“La gata funciona perfecto. Nomás no te trata como si no tuvieras el seso suficiente para escuchar.”

“De acuerdo. La gata es sutil.”

“No hace falta ladrar y andar brincando por todos lados. Hay algo allá afuera.”

“¿Algo o alguien?”

“Yo no hablo gato.”

“Clover me diría.”

“Tranquila, Berkowitz.”

“Es nomás una sensación incómoda. Y no nomás anoche. Salí con ella un par de veces, y se queda viendo hacia la loma, se da la vuelta y quiere meterse al cobertizo.”

“Eso da miedo.”

“Tiene sus momentos.”

“¿Pero nada concreto?”

“Nel. Voy a poner a Tanner a terminar de instalar el cerrojo hoy, para lo que va a servir.”

“Es buena idea.”

“Sí, pero son puertas francesas, Stef. Un pestillito de un lado y un cerrojo del otro.”

“¿Me acabas de contestar feo por tus propias fallas de seguridad?”

“A lo mejor. Le voy a hablar a Bill hoy --- Hey Tanner, pásale.”

“¿Qué onda?”

“Hey. Hoy no hay Cody. Tú vas a…”

“¿Quieres que le hable?”

“No. O sea, eso es cosa tuya. Nomás te estaba explicando lo que te iba a explicar de tu día.”

“Ah, pues órale.”

“Cámbiate con Rusty. Hoy vas en la minicargadora. Pon a Devin en la cerca de control de erosión.”

“No va a --- Michael. Déjame colgar y luego me regresas la llamada.”

“Te iba a poner a contarle a Tanner lo de Boyd.”

“Eso es trabajo tuyo.”

“Hiciste como una docena de preguntas.”

“Ya no vienen al caso.”

“Okey. Te quiero.”

“Yo también te quiero.”

“Entonces, yo en la minicargadora. Devin no va a avanzar mucho sin un segundo hombre.”

“Puede clavar una estaca y medir y clavar la siguiente.”

“Ya llevo bastante tiempo fuera de la cuadrilla de excavación – ¿a dónde va el material sobrante?”

“La última instrucción que le di a Cody fue que, mientras sea de esa lutita de arriba que se desmorona, que la apile a lo largo del camino allá arriba. ¿Ya lo viste?”

“Sí. Entonces la agarro, y nomás la guardo en el camino del bosque – en pilas como las tiene Cody?”

“Más o menos. Con el tiempo, Robby va a venir e instalar ese campo séptico de allá justo arriba del patio de maquinaria, y vamos a poner los postes solares en el campo abierto que va a crear al hacerlo. Esa lutita guardada se va a usar para el camino de arriba de aquí hasta la curva de la vuelta para entrar a la cochera en la parte de atrás de la casa.”

“Entonces, la lutita a pilas como las tiene Cody.”

“Sí. Como te dije. Las vamos a usar para hacer el camino por el bosque aquí arriba, y lo que quede va a ser la base del camino hasta donde vamos a instalar lo solar permanente.”

“Voy a poner a Devin a empezar con la cerca de erosión.”

“No te entretengas. Calor así de temprano y lluvia que viene quiere decir un frente de tormenta en esta época del año.”

“---¿Quién es ese?”

“No sé. El del pozo tiene que llegar a las nueve, pero apenas son las 8:30.”

“Es una camioneta de trabajo.”

“¿Primera pista?”

“La parrilla rota.”

“Viene volado.”

“Tiene miedo de no subir la cuesta.”

“En serio – hey, ¡bájale, bájale!”

“¡Jesús!”

“Hey – ¡HEY! Bájale, compadre.”

“Dios mío, ¿estás loco?”

“Chingao, ¿cómo iba yo a saber que hay un estanque aquí arriba?”

“Manejando como si tuvieras seso, a lo mejor.”

“Tiene razón.”

“Hasta tu propio hombre lo ve.”

“Soy Don. Este muñeco de pruebas de choque es mi hijo, y ya casi aprendió su lección de una vez por todas.”

“Hola, Don. Soy Michael.”

“Este es Tanner. ¿Se van a bajar de la camioneta, o los asustó?”

“No me puedo bajar lo bastante rápido.”

“¿Y el hijo?”

“Johnny.”

“Quiubo, Johnny. ¿Sabes?, ya hemos tenido a unos cuantos que suben hasta arriba, pero eso fue compromiso. Aunque todos los demás trajeron caña de pescar en vez de agarrarlos en el cofre.”

“A escupir grava, mi amor. Con un camino así, uno tiene que darle.”

“Eso explica la parrilla.”

“Entonces, este, voy a ir a hablarle a Cody.”

“Pero no lo hagas por mí. Si fuera por mí, lo dejaría que se fuera desvaneciendo.”

“¿Cómo funciona eso?”

“Luego lo platicamos. Yo le digo el principio de Porfiri.”

“Ahí hay un nombre.”

“Hay todo un mundo académico, pero Cody no va a salir derrotado, entumido y aturdido.”

“Entonces, es tierra acarreada en pilas.”

“Sip, y podemos hablar de Cody a la hora de la comida.”

“Como digas, jefe.”

“Pendejo.”

“Mira nomás, Johnny. Es igualito que en la casa.”

“Sí, nomás que tú eres mandón.”

“Él también es mandón. Nomás que diferente.”

“Ay, qué bien, ya volvimos a lo mismo. Escuchen. Déjenme empezar con Don. Por ahora, va a llover, y tenemos que sacar el material sobrante de ahí y darle nivel, o nos vamos a quedar de brazos cruzados mientras se seca.”

“¿Dónde va a ir ese pozo?”

“Para allá arriba, te enseño.”

“Este es un sitio grande. ¿Estás haciendo todo el trabajo tú mismo?”

“Yo y los muchachos estamos haciendo el movimiento de tierra, pero vamos a contratar un contratista general para la construcción de la casa en sí, y yo definitivamente no soy hombre de sépticos.”

“¿Quién perforó para meter todos esos tubos rojos?”

“Compadre, esa historia es más larga que la caminata. Versión corta. No pudimos subir la luz por la entrada, así que hicimos un poquito de perforación horizontal de allá para acá para la energía solar.”

“¿Y esta cinta de estacas?”

“Ahí es donde empezó el topógrafo – su estación base.”

“¿Esos paneles solares van a alcanzar para toda la casa?”

“Déjà vu, siento que ya he tenido esta conversación antes.”

“Apuesto a que todo mundo pregunta.”

“Está padre, la verdad. Pusimos esa bifurcación en el camino allá abajo apenas hace un par de semanas, y la idea es quitar ese camino que tomaste por la parte de atrás de la presa y empezar a mandar a la gente hacia la casa en su lugar.”

“¿Y qué tiene de padre eso?”

“Pues, pusimos la bifurcación, y todo mundo sigue escogiendo el ramal de la derecha y sube la cuesta hasta acá.”

“Este camino se ve más asentado.”

“Sí. En eso estoy trabajando. Esta bifurcación lleva para acá y lógicamente por la orilla del estanque – camina por aquí – va por la orilla del estanque, y puedes ver que estamos triturando esto con la trituradora forestal – para mantenerlo natural.”

“Pero huele bien rico. ¿Es Sourwood?”

“Retoños de álamo también. Hay algo de Sweetgum ahí.”

“¿Cuándo trituraste esto?”

“En las últimas dos semanas.”

“Ojalá mi mantillo oliera así.”

“Sí, pero el tuyo no trae pedazotes y troncos medio pelados en la mezcla.”

“Pero bueno para el camino.”

“Ese es como el chiste. Estamos triturando esto para que el espacio entre el asiento de la casa y el estanque se quede natural.”

“¿Eso es lo que están excavando allá arriba a la izquierda?”

“Exacto. Nomás metiendo los bancos ahorita, y luego lo vamos a bajar fuerte a un hoyo de sótano una vez que estén.”

“Ya veo. Pero va a ser un sótano con salida a nivel, ¿no?”

“Sí, aquí del lado del estanque. Del lado de arriba de la loma va a quedar bajo tierra.”

“Este es un lugar precioso. Aunque está un poquito cuesta arriba, ¿no?”

“Nomás sigue dando y dando.”

“¿Eso es --- es una antena de Directv, como funcionando?”

“Johnnie, se me olvidó que estabas ahí atrás.”

“Compadre, tiene que encantarte andar off-road aquí arriba.”

“Somos un poquito más tranquilos que todo eso.”

“Tú te lo pierdes, supongo. ¿Qué onda con el cable de la antena todo enrollado, como que sacas la tele aquí afuera y la ves en el lodo?”

“Órale. No lo había pensado. ¿Ves cómo están excavando y acarreando el material sobrante allá arriba? “

“Pues, sí.”

“Ese cobertizo al final de este tramito de mantillo, ahí es donde vivo. Enrollamos el par de cientos de pies de cable en la mañana para no pasarle por encima cuando estamos acarreando material, y luego al final del día lo desenrollan y lo llevan hasta el cobertizo.”

“O sea, lo entiendo, pero ¿cómo los convenciste de instalarte la tele así? Yo no consigo que esos instaladores hagan nada si la casa no está exactamente lista todavía.”

“¿Construyes casas, Don?”

“Mi hermano y yo nos mantenemos bastante ocupados. Empezamos perforando pozos, y le construimos una casa a él, y luego le construimos una a Mamá, y una cosa llevó a la otra, y ahora construimos más casas en un año que los pozos que perforamos.”

“¿Y eso te pone las fechas de perforación muy lejos?”

“O sea, tenemos pendientes, pero tratamos de agarrar los que están presionados por el certificado de ocupación y los fáciles.”

“¿Este es fácil?”

“Probablemente bastante fácil. Aquí arriba todo es agua.”

“Muchos manantiales.”

“¿Ya sabes dónde lo quieres?”

“Ya vamos llegando. Nomás pasando el cobertizo aquí.”

“¿De veras vives aquí dentro?”

“Cien por ciento.”

“La gata en la ventana de abajo es un buen detalle.”

“Espérate. Nomás se para así cuando quiere salir.”

“¿Nomás la sueltas?”

“Sip – ándale, Kitty. Sal para acá. No te quedes ahí parada todo el día. Kitty, tenemos visitas, y estoy ocupado – ándale, compañera. Afuera --- ¿Ves esto?”

“Lo veo. Y voy a contar.”

“¿Contar qué?”

“Que la gata te tiene bien mandilón.”

“Buuuuu. ¿Y a quién le vas a contar, de todos modos?”

“Hablé con Natalie de Rose Drilling. Me dijo que tú también les hablaste, y a Corum. Quieres un pozo con muchas ganas, ¿eh?”

“Eso da un poquito de miedo.”

“Es un grupo muy cerrado. Más trabajo del que podemos sacar, y nos juntamos en una llamada en conferencia cada lunes para repartirnos la carga.”

“Eso da mucho miedo. ¿O sea que todos los clientes están frustrados, y ustedes se sientan a reírse de ellos los lunes?”

“No, los lunes nos organizamos para atender la necesidad enorme y agarrar primero las prioridades – luego si estamos en una colonia en particular, y hay un cliente cerca que ha estado esperando, agarramos ese también, y luego nomás vamos bajando por la lista.”

“¿O sea que no es el primero que llega, el primero que se atiende?”

“Hay un par de tipos por ahí que no están en el comité, pero en general todos los que tenemos números en la lista, estamos cubiertos hasta arriba. Aunque esta semana tenemos a un tipo aquí en Dripping Springs.”

“El pozo tiene que ir aquí. El asiento de la casa se abre un poco por la loma, pero esta área queda fuera de la excavación.”

“Vas a tener que nivelar esto.”

“¿Qué tu camión no tiene barrenas?”

“Patas niveladoras, sí, pero nos gusta que esté bastante limpio y listo cuando llegamos.”

“No hay problema, lo podemos dejar nivelado antes de que se acabe el día.”

“Lo dudo.”

“Compadre, somos profesionales.”

“Ya subí por la entrada.”

“Otra vez con esto.”

“Dudo que podamos subir una perforadora por ese camino.”

“O sea, aquí suben camiones de piedra bien cargados.”

“¿Alguna vez ha subido un camión de concreto?”

“Todavía no.”

“Bueno, supongo que ya veremos. Llámame la próxima semana cuando tengas una plataforma nivelada aquí.”

“Puedo tener una plataforma nivelada aquí en una hora.”

“Ya veremos. Llámame cuando tengas una plataforma nivelada. ¿Ese estanque tiene peces?”

“Uy, sí.”

“¿Algo grande?”

“Está muy chiquito para todo eso --- ¿entonces cuando tenga lista la plataforma, puedes perforar el pozo?”

“Lo vemos una vez que tengas la plataforma. ¿Ese arroyo corre así todo el año?”

“No sé. Apenas lo compré en noviembre, pero ha estado así todo el tiempo que llevo aquí.”

“Qué sonido tan bonito.”

“Es como una fuente burbujeando todo el santo día.”

“Eres un hombre con suerte.”

“Cuando lo digas por segunda vez, toca madera. Esperé toda mi vida por esto.”

“Valió la pena esperar.”

“Me encanta aquí.”

“Ha de haber sido un desmadre poner ese puente.”

“No fue fácil, pero tuvimos un poco de suerte el primer día cuando tuvimos que excavar en el arroyo, hacía tanto frío, y el arroyito estaba congelado --- al menos hasta que le escarbamos, luego corrió parejo parejo derechito por en medio entre las piedras de la zapata, y corrió limpio y parejo debajo del armazón que hicimos para poner las piedras para construir el arco.”

“Esa agua debajo de la excavación es buena señal de que vamos a dar con agua pronto.”

“Me gustaría un pozo profundo.”

“¿Y eso por qué?”

“Me gusta que guarden agua en el tubo.”

“¿Por qué? ¿Tu bomba está calculada a la tasa de recarga?”

“Sí, pero el agua de la superficie se mete, y un poco de agua en el tubo diluye el limo en el camino hacia abajo a la bomba.”

“Veo lo que estás pensando, pero si está entubado y con lechada como debe ser, el agua de la superficie no debería ni acercarse.”

“Cuando se lo susurre a Dios, le voy a decir que tú lo dijiste.”

“Entonces, ¿cuándo va a estar lista la casa?”

“Ni siquiera tenemos contratista general todavía –-- a menos que tu división de construcción de casas tenga un hueco.”

“¿Tienes un plano?”

“Sí.”

“¿Lo tienes aquí?”

“Sí.”

“¿Quieres que lo vea?”

“Sí, acepto.”

“¿Dónde está?”

“Metamos a la gata, y voy por él.”

“¿Nomás se sienta en el porche así todo el día a mirar?”

“No, normalmente se sienta adentro y mira por el vidrio de abajo de la puerta – juzgando.”

“¿Entonces ustedes también construyeron el cobertizo?”

“Los muchachos lo hicieron. Son unos chavos bastante listos. Ándale, Kitty, para adentro.”

“Se les pasó un poquito la mano con las tejas de cedro, pero hicieron muy buen trabajo --- ah, órale, de veras vives aquí dentro.”

“Todo el día.”

“¿Cuánto tiempo?”

“Llevo aquí como diez heladas.”

“El techo está aislado, ¿hiciste las paredes?”

“Sí, pero veinte es veinte.”

“Chin, tienes un calentadorcito y un refri. Yo podría hacer esto.”

“Johnny --- ¿sabes qué?, te encantaría. ¿Necesitas una lista de cuantificación de madera?”

“¿Qué?”

“Una cuantificación, hijo. Como un presupuesto.”

“Yo lo construiría con nuestros sobrantes.”

“Aguas, Don. Tiene un sueño --- aquí está.”

“Johnny, siéntate en algún lado.”

“Agarra esa silla plegable, compadre.”

“Extiéndelo aquí. ¿Qué es esta caja?”

“Son las baterías.”

“¿Todo eso?”

“¿Se ve grande?”

“Tienes como, ¿qué?, un cobertizo de dieciséis pies aquí, y vives en él. Una caja de triplay de ocho pies – está grande.”

“Sí. Pero también es un buen escritorio. Nomás cierra esa computadora y mete el rollo debajo.”

“Es un lugar grande.”

“Es de dos recámaras.”

“Aun así, sesenta y cinco pies por sesenta y uno, eso es casi cuatro mil pies.”

“Espérate, eso es con los mil seiscientos pies de terrazas.”

“Entonces, dos mil cuatrocientos.”

“Me parece justo.”

“Creo que el plano dice dos mil cien.”

“Estructura de dos por seis. Eso está bien. ¿Me puedo llevar este?”

“Ese es el mío. Tiene el levantamiento topográfico encuadernado atrás.”

“Es un buen plano. Houseplans punto net. Los de internet no suelen ser así de buenos.”

“¿Tienes tiempo de cotizarlo?”

“Pues, sí. ¿Venía con cuantificación?”

“Te la mando por correo.”

“¿Sabes de algún cambio?”

“Los cimientos van a necesitar una cochera en el sótano.”

“¿Vas a ir con block o colado?”

“ICF.”

“Es un sistema bien chido.”

“¿Ya lo has hecho?”

“Todavía no.”

“¿Qué es IFC?”

“ICF. Es como moldes huecos de unicel, como Legos con armazones de plástico rígido adentro. Metes la varilla en los armazones de plástico, y todo encaja justo y apretado, y le echas el concreto directo adentro.”

“Nunca había visto eso.”

“Porque siempre andas en ese teléfono con el TicTok y quién sabe qué.”

“¿Y el pozo? ¿Tienes idea de cuándo le puedes entrar a eso?”

“Échame una llamada la próxima semana cuando tengas ese terreno nivelado.”

“Lo puedo tener nivelado en un par de horas.”

“Cuando lo tengas listo la próxima semana, échame una llamada.”

“Sigues diciendo la próxima semana, y estoy pensando que traes un camión de pozos en la bolsa de atrás. También me da la impresión de que crees que no puedo cortar una simple plataforma nivelada.”

“No es eso. La mayoría de la gente dice que está lista, y perdemos mucho tiempo llegando y nada está listo.”

“Me parece justo. ¿Pero si te mando fotos, me puedes meter en la agenda?”

“Ni siquiera tienes casa todavía.”

“Pero vivo aquí.”

“Ahí tienes ese garrafón de agua.”

“Sí, pero ¿ves ese excusado? Son cubetas del estanque, hombre. Necesito un lugar donde bañarme. Tengo que tener agua.”

“O sea, nomás llámame la próxima semana cuando tengas lista la plataforma.”

“Está bien. Te escucho.”

Capítulo 73 – miércoles, 28 de febrero

“Chamaco, ¿por qué estás en la casa, no estás en el trabajo?”

“Apá, métete en lo tuyo.”

“Es asunto mío. Tú en la casa. Mi casa.”

“Esta es mi casa, Apá. Yo rento esta casa.”

El chamaco cree que Kerry King le renta una casa que no tiene mi nombre de por medio. Cree que esto es su lugar y que yo nomás ando de colado porque él es buena gente. Ha de ser bonito escribir la historia nueva en tu cabeza cada día sin que hagan falta los hechos del pasado que salgan a echar a perder la mentira de hoy y que hagan más difícil decir una mentira nueva mañana. Toda la vida del chamaco empieza en la mañana, y a lo mejor cambia antes de la comida, y mañana el hoy se olvida por completo, mentira nueva inventa la historia.

“Apá, otra vez se te olvidó el había una vez.”

“Pinche chamaco, siempre respondón. No hay razón pa’ quedarse en la casa, no nos entra dinero. No te vas a andar colgando de mi cheque que llega mañana, trabajé toda mi vida pa’ sacar cuatrocientos cincuenta, y por fin regresa después de todos estos años.”

“Apá, a ti no te llega ningún cheque mañana. Investigué cómo programan esos cheques, y lo basan en qué día naciste, no en el primero del mes. Tu cumpleaños es el veintitrés, y a ti no te llega ese dinero hasta el 27 de marzo.”

“¿Cómo está eso? ¿Cómo es que llegaste a ese detallito ?” No está bien de ninguna manera, pero quisiera saber cómo llegó a eso en su cabeza de sabelotodo.

“Apá, está ahí mismito en esos papeles que tienes en la barra. Primero estaban en la barra de la casa vieja, y en vez de moverlos pa’cá y ponerlos en tu cuarto, los pones ahí mismito en la barra de la cocina otra vez, orgulloso como pavo real de que te va a llegar un cheque. Lo dice ahí mismito en esos documentos que a ti no te llega tu cheque hasta el veintisiete de cada mes.”

“Mira lo que sabes. Mañana es veintinueve. Este es año bisiesto, sabelotodo.”

“Apá, el sabelotodo eres tú. Te sientas aquí en este porche, y me ves, y luego luego empiezas con por qué no estoy en el trabajo. Pues, Apá, como eres tan listo tú dime por qué.”

“Porque eres un flojo, por eso.” Y ahora este chamaco hocicón, me tiene aquí atorado en este porche, no hay ni espacio pa’ voltear una silla pa’l otro lado, tengo este barandal del porche en plena cara, no puedo ver más allá de estos barrotes. Tan listo que empaca a toda la familia y nos sube a la loma, y ahora no tenemos porche, no tenemos dónde sentarnos a pensar, no tenemos ni idea de cómo se siente sentirse uno con la naturaleza como lo teníamos allá en la casa – ahora es la casa de Rusty. Él cría a su familia en mi casa, y este chamaco me arrincona, barandal de madera podrida es todo lo que veo, ni a dos pies de mi cara, todo mientras trato de sacar los siguientes pasos con ese yanqui, y él nomás deja el mejor lugar que hemos tenido pa’ recuperar esa hondonada. Nomás deja de ir. Y también necesitamos ese dinero.

“Apá, sabes muy bien por qué no voy a esa hondonada a trabajar todo el día gratis si me embargan el cheque.”

“Así es como lo hacen, embargan el sueldo, pero tampoco tiene todo el sentido porque no nomás te faltas al trabajo por dinero, ni andas buscando trabajo en efectivo.”

“Me acabo de levantar.”

Otro problema ahí mismo, el chamaco se duerme todo el día si lo dejas. “¿Por qué no le hablas a Emma y a la señora Mernie Newell? Como te digo, andaban preguntando por ti, quieren que les ayudes a raspar y pintar el centro comunitario, y cuando menos te das cuenta ella te consigue una pista de trabajo por día con pago en efectivo, y compramos mandado, no hay comida en esta casa.”

“¿Tu solución es que deje un lugar donde trabajo gratis y me vaya a trabajar gratis a otro lugar? Eso no compra mandado. Además, Meghan trabaja hoy en la noche, y trae todas esas sobras.”

“Eso sí me gusta.”

“A lo mejor trae una bolsa de esos bolillos como la semana pasada. Estaban buenos.”

“Claro que sí. Si trae otra vez esa carne molida, esta vez voy a hacer pastel de carne. Tienes que hablarle a Emma, es todo lo que digo.”

“Ahí vas otra vez, tumbar el árbol de la señora King, raspar el centro comunitario, recoger basura a la orilla del camino, suenas como esa Betty Wiggins, que diz que trabaje gratis pa’ armar esa red de contactos. No hay ninguna cara nueva que vaya a conocer en ese centro comunitario que me consiga efectivo por trabajo de día.”

Trabajo de día y ya se fue medio día. No tiene sentido. “¿Por qué no nomás te regresas a esa hondonada y manejas esas máquinas y te pagan el viernes?”

“Sí me pagan el viernes, Apá. Me pagan lo de la semana pasada este viernes. Y si me quedo afuera toda esta semana, eso desbarata las cuentas, y me dan efectivo el próximo viernes por culpa de ese yanqui tan arrogante, y a un hombre se le paga el viernes, no importa que tengas que empeñar algo pa’ pagar, al hombre se le paga.”

“Se me olvidó ese de la retención, el dos, van una semana atrasados.”

“El tuyo también, Pa. Esos papeles dicen que tu cheque llega este 27 de marzo, eso es atrasado. Por fin llega la hora de pagar el dinero retenido y lo retienen un mes más nomás por si las dudas.”

“Jed espera que le pague lo del libro que me dio por esa camioneta. A lo mejor voy a esa oficina y les pido que me ajusten la fecha.”

“Así no funciona, Apá.”

“¿Qué voy a hacer? Jed va a estar esperando ese dinero el primero.”

“Pues, Apá, a lo mejor tú eres el que mejor debería conseguir trabajo de día en la limpieza del centro comunitario de Emma.”

Siempre respondón. Le enseño que tengo un problema de veras, y a este chamaco no le importa que di mi palabra, escupida en la pata y todo, y cómo tengo que juntar esos doscientos pa’l primero, y él dice que vaya al centro comunitario de voluntario, y que haga un contacto que me consiga un día de trabajo, no piensa que esa limpieza ni siquiera es hasta el dos de marzo, y yo debo el primero.

“People Ready, como siempre me dices. Vete a People Ready.”

“Es Labor Ready, chamaco.”

“People Ready, Apá. Le cambiaron el nombre hace años.”

“Cambiar un nombre no cambia el significado. Quiere decir que manejo hasta Knoxville, llego antes de que amanezca, y a lo mejor no me escogen pa’ ningún trabajo, y manejo todo el camino de regreso y algún inmigrante se quedó con mi trabajo.”

“Apá, te he dicho más de una vez, bájate la aplicación JobStack en tu teléfono, y nomás entras y reclamas tu turno, mira aquí.”

El chamaco tiene un teléfono que le hace el trabajo, no tiene dinero, pero tiene un teléfono que trabaja por él. Yo tengo una computadora que trabaja pa’ mí. “Cody, ¿has andado en las noches usando mi computadora y arrancándole esas teclas? Nomás anoche desapareció otra – la W. Primero fueron el uno y el dos, y luego la Q apareció perdida, y anoche se fue la W, y no puedo entrar a ninguna página web sin que encuentre esa W.”

Capítulo 74 – miércoles, 28 de febrero

“Hey.”

“Hey.”

“Noticia de última hora.”

“¿Tienes la versión del titular?”

“Los de los pozos están todos coludidos. Literalmente tienen tanto trabajo que a lo mejor llamas a Atlas, y llega Samson.”

“Hablas como intervención telefónica – entiendo lo que dices, pero sonaríamos igualito a una transcripción en clave de una intervención telefónica si alguien decidiera escuchar.”

“Samson y el gran trabajo del pozo.”

“¿Tienes otros cintillos?”

“¿Qué es chryon?”

“Chyron. El cuadrito de texto en la parte de abajo de la pantalla que te dice si ese miembro del equipo de producción tomó demasiado café esta mañana.”

“O sea, ni siquiera hemos cubierto la historia del pozo todavía. Todavía tenemos que meter aquí la entrevista de la víctima y a la autoridad de último minuto en el tema conectada desde su sala con la opinión que estamos tratando de manipular, y luego necesitamos a un reportero de verdad que haga un enlace a cuadro con palabras evasivas que parezcan confirmar la opinión.”

“Bueno, Michael. Estamos hablando del pozo. Estoy parada en un restaurante leyendo el escrito de un abogado en apoyo de una solicitud de orden urgente para que se justifique, castigo indebido y todo el lenguaje rimbombante que hace falta para convertir mi simple ejecución de una orden de recolección de evidencia en un enjambre de abejas con forma de serpiente.”

“Espérate. No estaba poniendo suficiente atención. ¿Cómo cerraron el lugar por una simple orden de cateo? No puedes cerrar un negocio dos días nomás por una orden de cateo.“

“No puedo hablar contigo de esto.”

“Pero. No puedes castigar…”

“Michael.”

“Okay, tienes razón. Perdón. Entonces, hay una camarilla de poceros con tanto trabajo que sienten que tienen que hacer triaje con las llamadas.. Y encima este en particular es contratista general por su cuenta.”

“¿O sea que construye casas?”

“Ajá.”

“¿Le enseñaste un plano de la casa?”

“Mejor. Le di una de las copias.”

“¿Entonces va a cotizar la obra?”

“Supongo. Odio ser tan negativo, pero no hubo ni una respuesta derecha. Le preguntaba directo, si nivelo el terreno, ¿puedes meter el pozo?, y la respuesta era como, cuando lo tengas nivelado la próxima semana, me hablas. Y le digo que lo puedo tener listo en un par de horas, y él cambia el tema a los peces del estanque.”

“Eso no está bien. ¿Qué dijo de que tú estés escarbando el hoyo?”

“Ni se me ocurrió. De hecho, pasamos justo al lado, y hablamos de eso – pero eso fue antes de que supiera que tiene licencia de contratista. Nunca dijo nada de no dejarnos escarbar el hoyo, pero si lo piensas, él sabe que estamos escarbando el hoyo, y se llevó una copia de los planos.”

“Suena legal.”

“Tienes que hablarle a HousePlans y pedir que manden unas copias más. Nomás me quedan dos para repartir.”

“Lo hago cuando salga de aquí.”

“Pero no estamos teniendo nada de suerte con estos constructores. Así que lo que de veras tienes que hacer es hablarle a Maddron.”

“Hoy en la noche tenemos entrenamiento en la PD. Le pregunto.”

“¿En serio?”

“Sí, si te lo dejo a ti, vamos a estar sin casa para siempre.”

“Estoy esposado.”

“Hablando de esposas. Anoche me llegó la cuenta de peter, y más te vale encontrar veinte mil dólares.”

“LMA.”

“Me dijiste que eran trece.”

“Excedentes, y además no sabíamos lo del hotel.”

“¿Dónde lo hospedaste?”

“Mi amor, vino desde Clarksville, y no lo iba a meter en un motelucho de mala muerte.”

“¿Dónde se quedó?”

“En el Pigeon Forge Marriott.”

“Jesús, Michael. Tú vivías en un cobertizo, y él tenía servicio a la habitación.”

“No usó el servicio a la habitación, Stefanie.”

“Seis mil en excedentes.”

“Siete.”

“Su renglón de hotel es de seis mil cien.”

“Estuvo aquí más de treinta días.”

“Michael, tienes que parar. ¿Por qué los muchachos salieron en siete mil esta semana?”

“Contrataron un par de jornaleros.”

“¿Por qué?”

“Fue una semana de locos. Poner mantillo y arreglar el camino junto al estanque, Cortar árboles y moverlos para abrir el paso de la nueva entrada, Terminar de impermeabilizar el techo del cobertizo; ese se estaba goteando. Impermeabilizamos las juntas, y le metimos unas losas abajo para nivelarlo. Fuimos con Karen a tumbar un pino, y nos trajimos su ramerío al Drip, y cargar y descargar muebles, Mover piedra de la entrada a la plataforma, Organizar el tráiler y preparar la mudanza del cobertizo.”

“¿Cuál mudanza del cobertizo?”

“Tenemos que mover el cobertizo para terminar la huella del asiento de la casa.”

“¿Y los $1472 en Green Acres Rock?”

“Adoquines planos. Después de mover el cobertizo, lo quiero levantar un poquito para que no se metan los roedores abajo.”

“Me está costando mucho ser mi mejor versión contigo ahorita. Tienes – que – bajarle – a – todo.”

“Ojalá pudiera.”

“¿Cómo vas a mover el cobertizo --- en el que vives --- y a dónde lo vas a mover?”

“Tengo una compañía que se llama Mountain Barn Builders que va a venir, y lo van a montar en una mula y moverlo como unos cincuenta pies cerro arriba para no tener que moverlo otra vez hasta que me mude.”

“¿El tipo va a traer burros para mover un cobertizo?”

“No, es una máquina que se llama Mule. Tiene como unas uñas de montacargas más o menos al frente. Le pone ruedas abajo de un lado, y levanta el otro lado con la máquina, y lo va rodando a donde tiene que ir.”

“¿Y no le puede hacer daño al cobertizo?”

“Podría. Pero hay que hacerlo. Vamos a sacar todo al patio antes de que venga para quitarle peso.”

“Oye, estoy aquí sentada, y hay dos personas formadas para hacer preguntas. Me tengo que ir. Deja de gastar dinero.”

“Ya paro, pero ¿Karen ya está lista para que vivas ahí para siempre?”

“Me tengo que ir.”

“Te quiero.”

“Te quiero.”

Capítulo 75 – miércoles, 28 de febrero

“Este, Pues, Hay un tipo que se metió allá abajo en el patio de la maquinaria.”

“¿Es ese Boyd?”

“No, un Hyundai gris.”

“No conozco a nadie con un Hyundai.”

“Está allá abajo.”

“¿Por qué no sonó el Ring?”

“Ahí está, pero todavía no ha pasado por ahí.”

“¿Dónde está el carrito de golf?”

“Está en los tráileres.”

“Qué útil.”

“Pues baja a saludar a quien sea que sea y súbelo.”

“Va.”

“Chingado, voy contigo y lo subo en el carrito de golf.”

“La Kitty quiere entrar.”

“Déjala entrar. No puedo creer que ando afuera en camiseta en febrero.”

“Está bonito. Pero no va a durar.”

“No va a tardar, y la lluvia ya nos tiene fuera por hoy.”

“Fíjate dónde pisas.”

“Me hubiera puesto las botas. Ya está hecho un lodazal.”

“Rusty anda escarbando como loco hoy. No le pude seguir el paso.”

“Parece pura tierra a estas alturas.”

“Pero buena pizarra sólida en la base.”

“Eso va a estar divertido. Habla y consíguenos una excavadora con martillo rompedor hoy. Con la lluvia van a andar de flojos, así que sí la traen.”

“¿Sunbelt?”

“Busca precios. Stef me tiene con la cabeza en el dinero. Prueba A&A – todos. Pero que quede hoy. Ya ves que trae una bola de piedra azul asomándose, y tenemos que empezar por ahí, o vamos a estar aquí un mes.”

“Herc Rentals casi siempre es el más barato.”

“Nomás háblale a los cuatro y saca el mejor precio. Rentala por una semana. Va a salir en como dos mil. Mientras, yo le hablo a Ag Pro a ver si puedo comprar una barata. Si esto tarda tres semanas, son seis mil ”

“Por lo menos – Pero no se te olvide que también vas a tener que martillar ese muro de la entrada.”

“Sí, de seguro voy a comprar una.”

“¿Todavía quieres que consiga una rentada?”

“Sí. Nadie va a tener un martillo rompedor en existencia, y ya que empezamos, tenemos que terminar antes de que un inspector se aparezca por aquí y vea que estamos escarbando sin permiso.”

“Buen punto. A lo mejor ese es el departamento de construcción ahorita.”

“Lo dudo. Ellos andan en vehículos blancos. Este Unistrut aguantó bien.”

“Es mucho más fuerte que la madera para los marcos solares, eso que ni qué.”

“Además, con las patas enterradas, tenemos un arreglo aterrizado.”

“Aun así me hubiera gustado ver esa idea de la malla ganadera.”

“Eres un sádico – parece que ya se está bajando.”

“¿Crees que nos vio?”

“Seguro. Ese bato no cabe en un Hyundai.”

“Ha de ser el carro de su vieja o algo.”

“La grúa está en el taller o algo.”

“¿La grúa?”

“Fue lo primero que se me vino a la mente – tiene pinta de chofer de grúa.”

“Te lo he querido decir – cada vez que paso y lo veo, y luego se me olvida.”

“¿Qué?”

“¿Ves cómo el agua está cortando el camino aquí a media loma? Creo que lo podemos arreglar con una alcantarilla sencilla de lado a lado.”

“Pero a lo mejor no me quedo con este pedazo de camino. Es básicamente la parte de atrás de la presa, y no quiero carros subiendo por aquí.”

“Aun así, este escurrimiento va a cortar la ladera casi de lado a lado.”

“Ya nos vio. ¿Por qué nomás está parado junto a su carro?”

“Está hablando – trae Bluetooth.”

“A lo mejor es ese contratista – ni siquiera apunté el nombre.”

“Altas esperanzas.”

“Altas como Fozzie Bear. Suena como que le está ladrando a quien sea con el que está hablando.”

“Le están poniendo una regañada.”

“Ha de ser bonito tener oídos jóvenes.”

“Está diciendo, no quise decir eso, no señora. Sí, señora. Ahora está saludando con la mano y diciendo quihubo.”

“Sí, esa parte sí la agarré, sabelotodo. Quihubo.”

“Soy Jeff.”

“Soy Michael.”

“Acabo de hablar con tu vieja.”

“¿Mi vieja, ja? ¿Y cómo te fue?”

“Es de armas tomar.”

“¿Y cómo fue que acabaste hablando con ella?”

“Tu correo – traté de hablarte a tu número cuando llegué, y no contestaste, así que le hablé al otro número que tenías en tu correo.”

“Dejé mi teléfono en el cobertizo cuando bajé a recibirte – ¿quién eres?”

“Jeff, de Smokey Mountain Builders.”

“¿La troca en el taller?”

“Nel. Esa es mi nave.”

“Te las vas a ver negras con esa cosa aquí adentro.”

“¿Este es el terreno correcto?”

“Este es.”

“No hay manera de que ninguno de mis muchachos aguante todo este lodo.”

“A nosotros tampoco nos encanta, pero estamos aquí por el bosque, y al bosque no le gusta la grava por todos lados.”

“¿La casa va aquí?”

“Ah, no. Va arriba en el cerro de donde bajamos.”

“¿Tienen área para estacionarse allá arriba?”

“Nel. Es una ladera, y estamos escarbando el asiento de la casa ahorita – No podemos poner una entrada al frente hasta que esté puesta la cimentación.”

“La entrada al frente no va a importar si no puedes meter los camiones aquí.”

“Nosotros entramos sin problema.”

“Mis muchachos no van a hacer esto.”

“Probablemente es lo mejor. Pero qué bueno que te ahorré la subida a pie.”

“Yo no iba a subir eso a pie. Si no hubieras bajado, nomás me hubiera largado después de colgarle a tu vieja.”

“Stefanie. Gusto en conocerte, Jeff.”

“Igualmente. Suerte con esto, compa. Pero nunca vas a encontrar constructor.”

“Qué alentador. Que no te falte chamba. Gracias por tu tiempo.”

“Oye, déjame preguntarte, ¿por qué no consigues una cuadrilla de terracería y metes piedra aquí y pones la entrada como debe ser?”

“Pues, Jeff. Normalmente no contesto una pregunta con otra pregunta, pero esa me descuadra. ¿Qué quieres decir cuando dices como debe ser?”

“Esto parece obra de presupuesto.”

“¿Y cuál no? Explícate, si eres tan amable.”

“No puedo ver todo el lugar, pero acabo de manejar más de un cuarto de milla dando vueltas y vueltas por bosque cerrado con el carro vibrando todo el camino.”

“¿Y qué sugieres?”

“Sugiero que tumbes cincuenta o sesenta de esos árboles, y enderezas el camino.”

“Son dos curvas abiertas. ¿Te atascaste en algún momento?”

“No.”

“¿Te patinaste? ¿Te saliste?”

“No. Pero brinca mucho.”

“Brinca. Y tiene esas curvas.”

“Pues, sí. Me metí, y no puedo ver camino arriba, y tengo que meterme antes de saber si el camino siquiera sigue hasta la otra curva, y paso las dos antes de llegar siquiera aquí, y desde aquí tampoco puedo ver nada.”

“O sea, la privacidad.”

“No, es lo brincado y la privacidad y los árboles apretando el camino.”

“O sea, ¿se te rayó el carro con las ramas o algo?”

“Es un carro bonito. ¿Es un veinticuatro?”

“Apenas lo agarré la semana pasada.”

“Está bonito. Entonces las ramas no están como en el camino ni nada, ¿verdad? O sea, las cortamos bien parejo, ha de haber como treinta pies entre las más cercanas a ras de suelo.”

“Es como un túnel.”

“Sí, el dosel está allá arriba y bien tupido, eso sí, pero eso no te está rayando el carro ni nada.”

“Si cortaras un montón, tendrías vista despejada al cielo.”

“¿Y la grava? ¿Está suficientemente gruesa?”

“Nomás digo que nunca vas a meter camiones aquí.”

“Hace un par de semanas tuvimos camiones de concreto aquí adentro como si nada.”

“¿Ya empezaste?”

“No, mandamos lanzar un muro de concreto lanzado para detener un cerro que cortamos.”

“Ah, ya tienes cuadrilla de terracería.”

“Nosotros somos la cuadrilla de terracería.”

“¿A qué te dedicas?”

“Robo bancos.”

“---”

“Es mejor que dejar que ellos me roben a mí. ¿Qué más ves, Jeff?”

“Ya tienes un montón de piedra aquí.”

“A estas alturas han de ser casi cien camiones.”

“¿Lo dices en serio?”

“Era un suelo de bosque virgen lleno de manantiales y arroyos cuando llegamos, y apenas podía caminarlo hasta aquí. Esta entradita sigue casi otro cuarto de milla para arriba hasta una curva cerrada que da la vuelta hacia la cochera de la casa.”

“Media milla de entrada. Eso es mucho caminar – de subida.”

“Es bastante suave, pero – Tanner, ve por el carrito de golf, y llevamos a Jeff para arriba a ver la mera vista.”

“No vi eso.”

“Sí. Entonces, ¿alguna vez has cotizado una obra que trae cien camiones de piedra perdidos en la tierra nomás para que puedas entrar y hacer el plan?”

“Eso es mucha piedra.”

“Un camión a la vez.”

“Pues, súbete.”

“Ni te oí venir.”

“Es eléctrico.”

“¿Cómo lo cargas?”

“Paneles solares. Súbete. Ya vas a ver.”

“De veras está bonito este lugar.”

“Ya te está cambiando la canción un poquito.”

“El camino brinca todavía más en este carrito de golf.”

“Todavía no lo quieres soltar. Está bien. Ya vas a ver. Es una chamba bastante buena. Tenemos cuatro de tiempo completo y planes para un quinto, y van a estar disponibles para tus propios muchachos cuando llegue el momento.”

“Mis subcontratistas no hablan inglés.”

“La montaña de Babbel, entonces. Pero yo hablo español. ¿Cómo te comunicas con ellos?”

“Casi no voy a la obra. Trabajo con los dueños, y ellos son nativos, así que ellos se encargan de la obra.”

“Espérate, ¿tú no manejas tus obras?”

“Sí. Nomás no tengo que presentarme para hacerlo.”

“Supongo que no te serviría de nada presentarte si no puedes hablar con los trabajadores. Pero ¿cómo haces un cambio o corriges el rumbo si lo haces a distancia? O sea, ¿qué tal si un barandal de escalera va del lado equivocado o algo común?”

“Normalmente me mandan fotos.”

“O sea, como un videojuego.”

“Probablemente un poco más complicado que eso.”

“Yo me paso todo el día aquí arriba con estos muchachos. No me imagino dejarlos solos para que tomen cada decisión por su cuenta.”

“Yo me lo imagino todos los días.”

“Bien jugado, Tanner. Pero no lo dices en serio.”

“Chingado que no. Pero tienes razón. Me vuelve loco – y a todos los demás también – cuando no te encuentro para preguntarte cómo quieres esta cosa o la otra.”

“¿Te pasa mucho eso, Jeff?”

“Nunca dejan de llamar, compa.”

“Me lo imaginé – supuse lo mejor con lo del bolsillo vibrando.”

“Nunca paran.”

“¿Por qué no nomás contestas?”

“Pueden esperar. ¿Qué son esos tráileres?”

“Nomás son herramientas y material.”

“¿Y la bifurcación del camino, esa va como para los vecinos?”

“No, esa de la derecha sube por la parte de atrás de la presa al estanque.”

“Oye, el otro día me fijé que esta cosa batalla en esta subida, pero con los tres arriba, está cañón.”

“Está pesado, ¿verdad? Aun así, quince no está mal.”

“Es mejor que caminar.”

“Ah --- órale, esto es una obra aquí arriba.”

“Pues, sí. ¿Qué esperabas?”

“Más de lo de allá abajo.”

“¿Ves lo que hicimos con ese camino de la derecha, cómo lo conectamos aquí arriba con este? El plan era cerrar ese que sube por atrás de la presa y que todos entraran por aquí, pero --- Tanner, creo que vamos a conectar los dos caminos aquí mismo, hacer un circuito para dar la vuelta por lo menos durante la obra porque Jeff aquí me puso a pensar que va a haber un montón de camionetas con las cuadrillas, y van a necesitar dónde estacionarse y dar la vuelta y eso.”

“Aun así no les va a gustar.”

“O sea, ¿qué no tienen camionetas?”

“Vans, más que nada, pero muchos de los muchachos nomás tienen carro.”

“Los carros nunca van a subir hasta aquí antes de que termine el camino.”

“No van a trabajar esto.”

“O sea, estos muchachos se estacionan allá abajo en el patio todos los días y suben caminando.”

“Sí, así es. Y te lo agradecemos mucho también, Bossman.”

“¿Bossman, ja? Eso lo vemos luego.”

“Entonces tienes dos excavaciones. ¿Empezaste allá arriba y te diste cuenta de que estaba mal y luego te viniste para acá --- esto todavía no está bien.”

“Eres un tipo interesante, Jeff.”

“No estás escarbando el asiento de la casa ahí, ¿o sí?”

“Pues, sí. Es el centro del lote, justo al lado del estanque. Hay una terraza que da toda la vuelta alrededor de la casa, y encima de la cimentación va a quedar como a quince pies sobre el agua. Va a estar preciosa.”

“Estás bien cerquita de ese escurrimiento.”

“Eso ya lo he oído. Tenía la esquina más cercana a veinte pies. Ya la planeé para atrás a treinta.”

“¿Has estado aquí arriba cuando llueve?”

“No he estado aquí arriba cuando no está lloviendo.”

“Me gustaría ver eso cuando pasa el agua.”

“Es invisible. Mira la hojarasca en el suelo. El agua no mueve las hojas.”

“Aun así me gustaría verlo.”

“Vas a tener tu oportunidad en como una hora si te quedas a comer – ¿Quieres algo? Tanner, toma el pedido de Rusty y de Devin y vamos echándolo a andar.”

Capítulo 76 – 29 de febrero

“Quihubo, Tommy.”

“¿Qué andas haciendo aquí, Cabezón?”

“Pues, señor, vine a llevar a su niña a cenar si usted lo permite.”

“Pues, lo permito, pero no vayas a creer que nomás porque ustedes dos están casados la puedes traer de regreso a la hora que se te dé la gana.”

“No señor. Ni lo pensaría. ¿Cómo andas, compa?”

“Bien atareado. Andábamos arrancando una terraza hoy, y ya no estoy joven como antes.”

“¿En serio? No puedes… No deberías andar haciendo esas cosas.”

“No hay de otra. Mike agarró la chamba, ayudar a una señora que vive allá abajo, y yo y Stephen es todo lo que tiene pa’ hacer el trabajo.”

“Parece que Clover va a tumbar esa puerta a patadas si no entro a saludar.”

“Stefanie de seguro también anda con ganas. Lo único que hace toda las noches es sentarse en la casa a ver Jeopardy y la Wheel of Fortune conmigo y con Karen.”

“Ha sido un mes largo.”

“Se siente como dos.”

“Cuesta acostumbrarse, eso que ni qué. Llevamos un mes así, y aparte de un par de cenas y una cita en la noche, el teléfono es todo lo que tenemos.”

“Le abro a Clover.”

“No, no le abras. Así no tengo que estar ahí adentro meneando mi propia cola pa’ que se mueva.”

“Por lo menos Maddron ya está dentro.”

“¿Qué? Eso no me lo dijo. Le iba a preguntar anoche, pero nunca me dijo que ya estaba dentro.”

“Capaz que acabo de echar a perder una sorpresa.”

“Ay, hombre. Ya suéltalo. Ahí viene.”

“Oye, Stef, este hombre se aparece en mi entrada, dice que tiene una cita contigo hoy en la noche. ¿Es cierto?”

“Hola, Clover. Esa es mi cara. Tranquila, perrita. Okay, okay, súbete a la troca, ahí está. Órale, viene bien prendida. Hola, amor. Te ves bien bonita.”

“Y tú te ves como indigente.”

“Es pura coincidencia.”

“¿Y vas a coincidir con una regadera esta semana?”

“Ha sido una semana bien ocupada.”

“Sí, pero no te has bañado en cuatro días.”

“Pues, órale, entonces.”

“Qué asco.”

“A mí no me veas. Yo te trato de decir que tienes la boca grande.”

“Compa, lo único que dije fue que se veía bonita.”

“Pues, te apareces pa’ la cita, pareces que te acabas de caer de la máquina en un montón, y te la vas a ganar así.”

“Gracias por la ayuda, compa.”

“El gusto es todo mío.”

“Mi amor, súbete. Tenemos que comer, y ahora necesito tramar y maquinar una cita pa’ contentarte.”

“En eso tienes razón.”

“Se la traigo temprano, señor Cotter, señor.”

“Eso parece.”

“Súbete, Sudoroso. Tengo hambre.”

“Cuidado con los pies. Tommy, pórtate bien mientras no estamos. Esa lengua de víbora no es tan selectiva como crees.”

“Ella es un ángel, y mientras te tenga a ti, tengo puerto seguro.”

“Nos vemos en unas horas, compa --- Mi amor, ¿qué vamos a cenar?”

“Pues, pensé que nos sentaríamos a comer en algún lado, pero a lo mejor un autoservicio.”

“¿Y lo llevamos al Drip?”

“Ni loca. Ese cobertizo huele a cenicero.”

“Huele peor que eso.”

“Nel, a cenicero.”

“La troca no está mucho mejor. Anoche tuve que dormir aquí otra vez.”

“Ya sé que no ayuda con las noches frías, ahorita, pero para el otoño ya vas a estar libre. Hablé con Maddron anoche, y dijo que sí lo hace.”

“¿Es en serio? ¡Qué chido! ¿Qué dijo?”

“Dijo que sí lo hace.”

“¿Con ganas?”

“O sea, dijo que está bien ocupado.”

“O sea, un retraso.”

“No. Quiere que comamos el viernes.”

“¡Ay hombre, esto es grande! ¿Entonces esta es una cena de celebración?”

“Lo era.”

“Perdón, amor. No me di cuenta.”

“Nunca se me ocurrió que ibas a ir a nuestra única cita y no ibas a planear bañarte primero.”

“Sí, ya lo veo.”

“Te va a dar sarna o algo si no te compones.”

“Creo que tienes que estar en contacto con sarna para que te dé sarna.”

“Un salpullido, entonces.”

“¿Quieres regresar a la casa, y me lavo, y saco algo de ropa de mi ropa limpia?”

“No tengo ropa lavada para ti.”

“Okay, nos vemos con Maddron mañana y le enseñamos el terreno y los planos y llegamos a un acuerdo, y el sábado salimos a cenar como gente.”

“Tengo entrenamiento del State todo el fin de semana.”

“Esto de las dos agencias es una friega.”

“El State ya nos tiene con Red-dots, y tenemos entrenamiento todo el fin.”

“Gran manera de agarrar a una tiradora de noventa y ocho y volverla una idiota tropezándose.”

“El FBI le puso unas a Phil el año pasado, y dice que se acostumbró.”

“Ese tipo tiene demasiados trabajos. Sevierville, Revenue, y el FBI.”

“Dos hijos, esposa, y todavía encuentra tiempo para bañarse.”

“Ahí está la falla de ese plan sorpresa.”

“¿Cuánto va a tardar si Maddron empieza de inmediato?”

“Calcúlale un mes para meterse en la tierra.”

“Tú ya estás metido en la tierra.”

“Eso se nota, pero digo con zapatas. Tiene que sacar los planos, sacar permisos, conseguir los oficios. Ese primer mes es un montón de teléfono. Y para eso le pago el quince por ciento.”

“Veinticinco por ciento.”

“¿Qué?”

“Dijo que es costo más veinticinco.”

“Con razón.”

“¿Con razón qué?”

“Es un buen pellizco.”

“¿Quieres que le diga que no?”

“No, no. Eso no. He hecho este cálculo de materiales de todas las maneras posibles, y compré la lista de madera con el plano de la casa, así que se la mandé a Tindell’s cuando pedí las armaduras para el taller.”

“Espérate, ¿qué? ¿Cuándo pediste las armaduras del taller?”

“¿Sorpresa?”

“Nel. No. Quedamos en que el taller espera hasta que esté construida la casa.”

“Estaba tratando de adelantar unas cosas. Lo que tarda.”

“¿Cuánto costaron las armaduras?”

“No ves la LMA, ¿verdad? Compré las armaduras para el taller imaginario porque esas tardan como seis semanas en producirse, y no quiero llegar al punto en que esté listo para ese edificio y apurarme para esperar.”

“¿Cuánto, Michael?”

“Cinco mil. Pero ese no es el punto. Necesitaba sacar precio del paquete de madera, y los quería convencer de darme buen precio, y les ofrecí también el paquete del taller.”

“Espérate, no compraste la madera para el taller, ¿verdad? No, espérate. Tú no vas a construir esta casa. ¿Por qué estás sacando precios de paquetes de madera?”

“Tengo que estimar, Stefanie.”

“¿Por qué? Ese es el trabajo del contratista.”

“Sí, pero yo tengo que comprar el servicio, y cómo negocio si no sé cuánto cuesta.”

“Es Maddron.”

“No era Maddron el lunes cuando mandé la solicitud.”

“No, Michael.”

“Sí, Stefanie. Ya pedí las armaduras para el taller, y aunque Maddron sí construya la casa, él no va a construir el taller.”

“Michael, todo mi trabajo son recibos mezclados. Cada uno de estos geniecitos cree que si revuelve el conteo del efectivo, puede enredar el expediente. En el trabajo no caigo, y en la casa tampoco voy a caer.”

“No estoy haciendo eso.”

“Sí lo estás haciendo. Crees que si pones las Armaduras en un renglón de gastos con la cotización de la madera puedes probar la diferencia de precio y engañarme para que te deje construir la casa.”

“Mi amor, he conocido un montón de contratistas allá arriba, y el único que usó precios reales es el que está a punto de quedarse sin chamba construyendo la mismita casa que estamos construyendo. Esa casa ya casi está.”

“Él no es contratista con licencia.”

“¿Y qué? Cada contratista con licencia al que le hablas contrata a los mismos muchachos, un bato que apenas habla inglés, no tiene licencia de manejo, tiene tres números de seguro social, y el contratista le paga menos de lo que ganaría si trabajara directo conmigo. Apenas ayer conocí a un tipo que prueba exactamente el punto.”

“Maddron, Michael.”

“Sí, se llama Michael. ¿Y?”

“Buen intento. Escúchame. Tú no vas a construir esta casa, y tu planecito de sacar los permisos tú mismo y dejar que Enrique la construya, ¡eso no va a pasar!”

“¿Para dónde doy vuelta?”

“Me da igual.”

“Stef. Tenemos que comer.”

“No tengo hambre.”

“Ándale, no te enojes.”

“No estoy enojada.”

“No voy a jugar a adivina-mi-emoción contigo. Estás afectada, y es porque tienes un ideal en la cabeza, y yo estoy forzando cada nervio de mi cuerpo para acomodarlo, pero tú nomás te pones más y más dura. Vivo en un cobertizo, Stefanie. Tú vives en tu cama de cuando eras niña. Tenemos como la mitad del dinero que necesitamos para construir este lugar, y yo estoy viendo un calendario con clima de verdad – clima que a mí me importa.”

“No me hables así.”

“Stefanie, llevamos un mes en esto, y está planeado por lista de deseos. Acepté tu idea del GC, a Maddron – veinticinco por ciento, eso es precio de concierge.”

“¿Qué es precio de concierge?”

“Hay batos por ahí que cobran veinticinco, pero la tarifa normal es quince. Veinticinco es lo que le cobras al tipo que está a cinco estados de distancia y no tiene más que tiempo y presupuesto de sobra.”

“También es lo que tienes que cobrar cuando de veras no tienes tiempo para hacer algo, pero no le puedes decir que no a tu amigo.”

“Es justo, pero tienes que entender. Tenemos seiscientos para construir esta casa, y eso quiere decir que tenemos que terminar la casa con $480,000.00.”

“¿De qué estás hablando?”

“Cuatrocientos ochenta más veinticinco por ciento son seiscientos. Y ahora la cotización de Tindell’s de veras se comprueba sola. Un contratista generalmente consigue un carpintero de estructura a siete u ocho dólares el pie por la mano de obra, y el paquete de madera generalmente sale de cinco a quince el pie dependiendo de lo complicado de las armaduras, pero nosotros compramos el plano con estructura de dos por seis, y nuestro techo es de casi cuarenta y cinco cuadros y armaduras complicadas con la sala de techo abovedado.”

“Michael, me estás matematiqueando.”

“Son números, y no cambian. El paquete de armaduras fue de treinta y ocho mil, y el paquete de estructura fue de veintisiete, eso son sesenta y cinco mil nomás por los palos.”

“Todavía quedan cuatrocientos quince.”

“O sea que sí estás matematiqueando. La cimentación es de doscientos noventa pies lineales de ICF de diez pulgadas de grueso, barato eso son veinticinco en concreto y diez por los moldes, treinta y cinco antes de que se escriba el primer cheque de mano de obra.”

“Trescientos ochenta.”

“Bueno. Ahora vamos a pagarle a los carpinteros. Ocho el pie por la casa, cuatro mil pies de muros, eso son treinta y dos y el techo, eso son cuatro mil quinientos a dos dólares, nueve mil.”

“¿Cuarenta y uno? Eso da trescientos treinta y nueve.”

“Ahora necesitamos la mano de obra del concreto. Ese es un rango bien amplio. Hagamos de cuenta que el del concreto tiene su propia bomba; no va a colar esta casa ni por un centavo menos de lo que igualen los materiales – treinta y cinco por el mes.”

“¿Mes?”

“Ajá. Va a tomar un mes colar las zapatas, poner los moldes, apuntalarlos y colar. Suerte que nomás son como nueve camiones, así que podemos colar un día corrido, y no vamos a acabar con juntas frías por todos lados como en Hardin Valley.”

“¿Entonces treinta y cinco?”

“Ponle treinta.”

“Trescientos nueve.”

“Entonces ciento setenta y uno nos da una cimentación, una estructura, y una cubierta de techo. El techo son quince por los materiales, y puedes apostar tu lindo trasero que son otros diez para ponerlo.”

“Doscientos ochenta y cuatro.”

“Ventanas, cincuenta.”

“Doscientos treinta y cuatro.”

“Puertas exteriores, tres sencillas, dos dobles, y las dos de la entrada principal. Si nos vamos baratos en esas dos, a lo mejor salimos con veinte instaladas.”

“Doscientos catorce.”

“Ahora vivimos en una caja de triplay con techo y puertas. Sin plomería, eléctrico, HVAC, electrodomésticos, azulejos del baño, cubiertas de cocina, gabinetes, escaleras, puertas de recámaras, puertas de cochera, terraza, y ahí se van tus doscientos catorce.”

“Ya lo veo. Pero no es tanto como pensaba.”

“Eso es costo, más veinticinco. Cae justito en nuestros seiscientos si todo sale perfecto. Y cada centavo de excedente sale del colchón de la LMA y de nuestros sueldos, y esos ya están apartados para el trabajo de infraestructura.”

“Tú no vas a construir la casa, Michael. No me voy a pasar de vivir en una obra a vivir en la siguiente.”

“Está cerca, Stefanie. Bien cerca. Aun con todo esto, no he contado la pintura, los marcos de puertas y ventanas, el zoclo, el taller, lo solar; me imagino dos juegos de ductos porque necesitamos calefacción de gas de respaldo, y no hacen un sistema geotérmico de doble combustible que de veras sea eficiente.”

“Michael.”

“Okay, dejemos esto en pausa. Ya lo repasamos, y por lo menos me tengo que echar una rebanada y una ensalada, o el estómago se me va a comer el espinazo.”

“No me gusta este lugar.”

“¿Puedes nomás pedir una rebanada y vamos a cenar el sábado?”

“Tengo entrenamiento el sábado en la noche, y ya le dije a Emma que iba a ayudar en el centro comunitario.”

“¿Qué te tiene planeado?”

“Tiene a un montón de gente juntándose para una limpieza y pintada. Deberías venir.”

“Este. Híjole, qué bueno que fuiste tú la que preguntó y no ella.”

“Sí, ella de seguro lo habría notado.”

“Sutil, ¿ja? No quiero trabajar en el centro comunitario ahorita, y tengo un millón de cosas nuestras que sacar – sobre todo ahora.”

“Mmjm.”

“¿A qué hora es lo de Maddron mañana?”

“Todavía no lo cuadro, pero dijo que a la comida.”

“¿Seymour Grill?”

“Está bien.”

“Cuádralo. Paso por la casa modelo a ver si puedo contactar al dueño para pedirle permiso de recorrer la obra con nuestro contratista --- No puedo creer que acabo de decir eso.”

“¿Te va a dejar?”

“Seguro que sí. Es una obra.”

“¿Todavía es una obra?”

“Hace rato que no paso por ahí, pero probablemente. ¿Necesitamos un cheque para Maddron mañana?”

“O sea, trae uno, pero no hablamos de eso. Dijo que iba a tratar de armar un contrato a grandes rasgos – por lo menos algo para revisar.”

“Esto ya se va a poner serio. Ya gasté como treinta mil esta semana, y en cuanto…”

“¿Cómo chingados gastaste treinta mil dólares en una semana?”

“Primero, está la piedra, mi amor. Hay una bola enorme de piedra azul de pizarra sin erosionar justo en medio del asiento de la casa. Rentamos una máquina con martillo rompedor, y pedí nuestro propio martillo rompedor a Ag-Pro.”

“¿Un martillo rompedor cuesta treinta mil dólares?”

“No. La renta fue de dos mil, y el martillo rompedor fue de ocho.”

“No te detengas ahí. Eso nomás son diez mil.”

“Te oigo, Stefanie. De veras. Pero tienes que entender.”

“No entiendo, y no voy a entender…”

“Tienes que. Ahora escúchame. Estás atacando los renglones y el costo, pero no estás convirtiendo la información en conocimiento.”

“Tienes razón. Soy una estúpida.”

“Ándale. Ya bájale. Para ahorita mismo.”

“No me hables así.”

“Tengo que. Me estás hablando como si me estuviera gastando el dinero en cartas de Pokemon o algo. Es nuestra casa, mi amor, y de un modo o de otro se tiene que construir.”

“Treinta mil en tres días, Michael.”

“¿Tres días? No son tres días.”

“Acabamos de hacer esto en el mismísimo estacionamiento de restaurante hace tres días.”

“Sí, pero los gastos de verdad no están todos en esos tres días. El tubo de la alcantarilla es una factura. Ya lo habíamos hablado, y ahora lo tenemos que pagar.”

“Las armaduras, Michael.”

“Sí, pues esos sí son tres días. Técnicamente.”

“No sé qué quiere decir técnicamente, pero más te vale llegar a algo con esto.”

“Okay. Escúchame. Gasté como catorce mil de la LMA, la Nómina pasó el martes, siete mil, pero eso todavía salió de mi sueldo. Y gasté nueve mil en la tarjeta.”

“¡No me estés bromeando! ¡Ya traías más de sesenta ahí!”

“Para. Vamos a gastar mucho dinero. Mucho. O sea, muchísimo. Va a haber muchos miles de artículos en miles de recibos a lo largo de cientos de días. No me puedes micromedir hasta la muerte. Gasté nueve mil en la tarjeta. Compré la malla contra erosión y la anguila para alrededor del estanque, y una renta de máquina, pero esa todavía no se cobra.”

“Eso pone la tarjeta de crédito arriba de setenta mil.”

“Ya sé, amor, pero es más fácil pasar la tarjeta que hacer un cheque – ¿de veras nos vamos a gastar toda la cita en esto?”

“Abona la tarjeta con la LMA. Yo no soy esta persona.”

“Tú no eres la persona que lo está gastando.”

“Págala… De veras deberías contestar tu teléfono.”

“Es otra llamada de spam.”

“Nunca deja de sonar.”

“Agárralo. Se cayó al lado de tu asiento.”

“Es Cody.”

“¿Cody?”

“Esto va a estar interesante. Quihubo, Cody.”

“Quihubo, Bossman. Perdón que no he llamado. He estado enfermo.”

“Eso es lo que pasa cuando te largas hecho una furia a media jornada diciéndome que me vaya a la chingada. Te pones tan enfermo que no puedes ni usar el teléfono.”

“Sí. Me agarró la mugrera.”

“¿Covid?”

“No, Michael. La Mugrera no es Covid. La Mugrera es mugrera.”

“Quihubo, Stefanie. ¿Cómo estás?”

“Hola, Cody. Me dicen que faltaste un par de días. ¿Quieres cambiar de lugar?”

“¿Señora?”

“Nada, compa. Nomás dice que está un poquito celosa.”

“Mañana ahí estoy. Perdón que no llamé.”

“Perfecto. ¿Le hablaste a Tanner? Todavía no tienes seguro, pero a lo mejor encontramos cómo cobrar una visita a urgencias si la necesitas.”

“Nel, no necesito eso. Mañana ahí estoy.”

“Bien.”

“Okay, pues, bye, entonces.”

“Bye, compa.”

“Eso estuvo interesante. ¿Por qué lo dejaste regresar?”

“No es mi decisión.”

“¿Cómo está eso?”

“Es socio de la compañía que contraté para hacer el trabajo.”

“Sabes que eso no es real, ¿verdad?”

“Sí es, Stef. Es real. Tiene que serlo o estoy cometiendo fraude fiscal.”

“Michael. Tú contrataste a esos hombres.”

“Los escogí para un regalo. Mi proceso fue escoger a alguien y dejar que él escogiera a los demás. Han sabido en cada minuto del camino que si no son una compañía, entonces no los pongo a trabajar. Puedo saber más que ellos. Hasta puedo micromanejarlos, pero de ninguna manera puedo contratarlos, correrlos o castigarlos sin castigar a cada uno de ellos. Y la única manera en que puedo hacer eso es usar sus servicios o no usar sus servicios.”

“Tú controlas su trabajo.”

“También controlo a DirecTV y al topógrafo. Robby Giles me pidió prestado mi láser rotativo. ¿Eso lo hace mi empleado?”

“Te crees muy listo, ¿verdad?”

“Mira, ya tengo a Cody vigilando cada movimiento que hago con la esperanza de que cometa algún tipo de delito y me llegue mi merecido, preferiría no tenerlo en la casa también. Necesito comer.”

“Me estoy muriendo de hambre.”

“¿Tú? Yo tengo tanta hambre que ya me estás empezando a parecer uno de esos guajolotes de caricatura.”

Capítulo 77 – viernes 1 de marzo de 2024

“La puerta está abierta.”

“La Kitty está en el árbol cortado.”

“¿Ónde anda?”

“Ni idea.”

“Gato, ¿ónde está ese yanqui?”

“Está perdida.”

“Pues, este, supongo que nomás nos ponemos a trabajar.”

“El asiento está seco. Yo y Russ le podemos entrar a esto.”

“Devin, ya sé que estás harto de la malla de sedimentos, pero la tenemos que poner. Escarbar un hoyo sin permiso ya está mal, pero hacerlo sin malla de sedimentos es estar pidiendo a gritos una vergüenza.”

“Pongamos la anguila.”

“¿Tan mal, ja?”

“Compa, clavé cien estacas, y las ampollas me dijeron que me quedara en la casa.”

“Te oigo. Pero esa anguila tampoco es crucero de placer. Esas astillas de madera pesan rapidísimo cuando empiezas a jalar el calcetín alrededor del estanque.”

“¿Qué no podemos nomás enganchar la punta al skid y arrastrarla?”

“Aun así, es un tubo de diez pulgadas lleno de astillas, de trescientos pies de largo, y el skid no la va a acomodar por la orilla del agua.”

“De veras ya no puedo volver a darle con ese marro. La mitad de estas ampollas se reventaron. Mira.”

“Deberías ir a urgencias hoy en la noche a que te den una pomada antibiótica o algo.”

“Tengo Neosporin.”

“No puedes darle al marro, eso que ni qué, pero no creo que puedas jalar esta anguila tampoco.”

“Cody no va a soltar ese skid.”

“Lo soltaría, pero esa ladera no es lugar para un bato sin entrenamiento en un punto ciego que rueda. Pero te vamos a entrenar en él. Te lo prometo. Hoy no es el día.”

“Nomás me pongo guantes.”

“¿Seguro? No tienes que trabajar con las manos así.”

“Nomás son ampollas, compa.”

“Déjame verla otra vez. Sí, ¿ves? Con eso no puedes arrastrar rollo contra erosión. Esas anguilas son como tejidas y raspan con las astillas saliéndose, y esa ampolla está enorme.”

“Ya no es ampolla.”

“Peor todavía. Mírala. Ya casi te llega a la palma, y ya tiene tierra abajo del pellejo.”

“Está bien.”

“No vas a jalar la anguila con eso. Búscalo en Google, cómo tratar una ampolla grande reventada en la palma.”

“Ya lo hice anoche cuando la reventé.”

“¿La reventaste a propósito?”

“Más o menos. Agarré una perilla de puerta, y se rompió, pero no se vació como toda de una vez, así que la reventé un poquito más grande.”

“¿Qué decía?”

“¿Tus ampollas te hablan, Tanner?”

“¿Qué dijo Google?”

“Mantener limpio, no arrancar, pomada, doctor si se me cae la mano.”

“Con eso queda decidido. Nunca en mi vida había visto una ampolla tan grande. Esa cosa te llega hasta adentro de la palma, y no vas a jalar anguila. Así que esto es lo que vas a hacer. Ponte guantes, agarra esos clipcitos que dejamos en la repisa del tráiler, y empieza a acomodar los cables colgando atrás de los racks solares, y cuando termines con eso me avisas. Yo pongo el resto de la malla de sedimentos.”

“Eso no va a tardar.”

“Ya sé, pero los dejamos pendientes, y te puedes pasar el día en todas esas cosas casi terminadas, limpiar y organizar las herramientas si se nos acaban esas. Es eso, o te vas a urgencias.”

“¿Los clips en la repisa de arriba?”

“Eso pensé. Míralo allá arriba. Es duro con esa máquina, pero trabaja esa tierra como si la máquina fuera parte de él.”

“Odia esa máquina.”

“¿Por qué dices eso?”

“Nomás es la cara que pone cuando Rusty agarra la excavadora.”

“Es como un ballet, pero rudo, mira. El bato tiene como un círculo no más grande que la máquina misma para trabajar, y quién sabe cómo levanta esa tierra, la sube arriba de la máquina para tener espacio para girar, todo mientras baja el cucharón alrededor del muro de piedra – en una ladera manejando para irla a tirar. Yo tiraría la mitad de la carga o voltearía la máquina.”

“Es un artista. Pero odia estar aquí.”

“Ya sé, pero no tiene sentido. Es literalmente perfecto para él. Es su propio jefe, pero no tiene que andar cotizando obras todos los días para que siga llegando el trabajo.”

“Imagínate.”

“Ya me lo imaginé.”

“No está bonito.”

“No está tan mal, pero esta chamba me puso a pensar. O sea, tienes una compañía, y la gente llama, y vas a ver el trabajo, y lo platicas, es como una entrevista de trabajo todos los días de tu vida. Cody no está hecho para eso, y creo que él lo sabe, pero como equipo, Yo y Rusty podemos hacer las cotizaciones y él puede manejar cuadrillas y máquinas, y tendría todo el tiempo a solas en una máquina que aguante, y le va a tocar todo eso nomás por quedarse con la primera chamba hasta que se acabe la chamba.”

“Esa es la parte difícil. Ya empezó.”

“¿A renunciar?”

“Sí.”

“No creo que esté renunciando. Creo que nomás quiere trabajar medio tiempo con sueldo de tiempo completo.”

“Pero no está ganando sueldo de tiempo completo. El lunes y el martes se fue temprano, y el miércoles, el jueves ni vino.”

“Además, le embargan el cheque.”

“Está tratando de que le paguen en efectivo.”

“No va a funcionar.”

“¡Oigan!”

“¿Nos oyó?”

“Más vale que empujen esa puerta pa’ abrirla ‘ora, ‘n dejen meter a ese gato.”

“No, no nos puede oír parado en ese cucharón.”

“Mírenle a ese gato. Quiere entrar.”

“Ya la veo, compa.”

“No hay manera de que nos haya oído en esa máquina.”

“¿Cuánto tiempo estuvo fuera de ella?”

“No me fijé en él.”

“Kitty, ¿cuánto llevas sentada en este escalón – ya voy. Me pregunto si sabe que dejó la puerta abierta.”

“No, cuando la instalé, nos interrumpieron, y me dijo que le pusiera un cerrojo, pero eso tampoco lo alcanzamos a hacer. Apuesto a que nomás se zafó cuando la cerró.”

“Entiendo por qué estamos poniendo malla de sedimentos, pero está raro como porque él no sacó permiso para empezar a escarbar, entonces ¿qué importa si tienes una malla de sedimentos bien instalada?”